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Celia - Capítulo 2: Doña Benita - ver ahora
Transcripción completa

Hay en Madrid una niña,

hay en Madrid una niña,

niña que Celia se llama, ¡ay, sí!

Niña que Celia se llama.

A las personas mayores,

a las personas mayores,

Celia no entendía nada, ¡ay, no!

Nada de nada de nada.

Y se pasaba los días,

y se pasaba los días

viviendo un cuento de hadas, ¡ay, sí!

Viviendo un cuento de hadas.

Celia, hija mía,

¿qué vas a hacer con tanta fantasía?

Celia, cállate.

Be quiet, you are a naughty girl.

Celia, chiquitina,

nunca serás emperatriz de la China.

Celia, ¿qué hace usted?

Ora pronovis, pórtese bien.

Celia.

(ORACIÓN EN LATÍN)

¡Amén!

Ven, Cirila, ven.

Que me la... que me late el corazón.

Ven, Cirila, ven y cálmame este trip,

tripi tripi tripi tron.

-¿Pero qué es eso?

-Ay, papá, ¿qué va a ser?

La Cirila. Si la canta todo Madrid.

-Bah. Soy el soldad del regimiento

-Anda, dame el sillón y llévate esto.

(TARAREA)

Toma, para que veas que lo sé todo.

-¿Qué es?

(SUSURRA) Ten cuidado, que no lo vea tu madrastra.

-¿Y qué tiene que ver ella? Hija, pareces tonta.

Ahora no te lo puedo decir.

-¿Por qué? Porque no me dejan hablar contigo.

-¿Y eso? Es que si te lo cuento,

ya estoy hablando contigo. -Tú estás chaveta.

Qué casa tan preciosa, oye.

-Deje, deje, del equipaje me ocupo yo.

Ay, ¿tú eres Celia?

Celia, esta es doña Benita. -Cuidado.

Ay, qué preciosidad.

Pero si es igualita que tú.

Igualita, igualita.

O mejor dicho, que tu hermana, la mayor.

¡Ay! Corazón mío.

Mira, este es Pitojito. ¿Te gusta?

Bueno, vamos, Benita. Ahora te subirán las cosas.

Y tú ya me explicarás lo que haces aquí.

-¡Venga!

(MAÚLLA)

Hola, Pirraquitas. (MAÚLLA)

¿Tú tampoco duermes?

¿Qué te pasa? (MAÚLLA)

¿Hay algo ahí?

(MAÚLLA)

Pero, chiquilla, ¿qué haces tú levantada aestas horas?

Mirando la luna.

Pero eso no se puede hacer. ¿No ves que te atonta

y muy fácilmente te puedes ir del mundo

sin que te des cuenta?

Mira lo que le pasó a un leñador de un pueblo vecino al mío.

¿Qué le pasó?

Pues mira.

Se puso a mirar a la luna

y cuando quiso volver a su casa, no encontró el camino.

Se fue por un sendero blanco como un rayo de luz

y que se acababa Dios sabe dónde

y aún está allí, esperando el santo advenimiento.

Pero si no te la has bebido. Es que está fría.

Está fría porque no te la has bebido, picarona.

Déjame que te la caliente.

¿A dónde vas tú? Contigo, si no, no me la tomo.

Doña Benita, ¿y las estrellas qué son?

Las estrellas son los brillantes de la capa de Nuestro Señor.

Pues miss Nelly decía que eran mundos.

¿Ah, sí? ¿Te vas a creer todo lo que diga una inglesa?

¿Y el sol? ¿El sol?

Del sol no se sabe nada.

Unos dicen que es un agujero que se le ha hecho en el manto

a la Virgen, y que por ahí se ve la Gloria.

Otros, que es la carroza del mismísimo Dios,

pero vaya usted a saber.

Lo que importa es que calienta, ¿no?

Doña Benita, ¿de dónde he venido yo?

¿Tú? De París de la Francia.

¿Y tú? ¿Yo?

Yo no me acuerdo ya. Hace tanto tiempo...

Mi hermanito ha venido del cielo.

Puede ser, porque es mismamente un angelito.

Un angelito feo.

Todos son feos al principio,

lo que pasa es que los padres no se dan cuenta.

¿Y los angelitos del cielo también son feos?

¡Que va! Los feos son los que nos mandan para acá.

¿Y qué hacen con los otros?

Pues lo mismo que los monaguillos.

Entran y salen y le cuentan a Nuestro Señor

todo lo que hacemos aquí.

¿Y los demonios?

Esos eran los más guapos de todos.

¡Como pasa siempre! Pero de repente

se volvieron malísimos y hubo que despedirlos.

Anda, bebe.

El día que nací yo,

¿qué planeta reinaría?

Por dondequiera que voy,

qué mala estrella me guía.

Estrella de plata, la que más reluce,

¿por qué me llevas por este calvario

llenito de cruces?

Tú vas a caballo por el firmamento

y yo cieguecita voy por las tinieblas

a pasitos lentos.

Ay, buenas noches, corazón.

(PIENSA) Esta señora es más buena que el pan.

Menuda diferencia con aquella miss Nelly

que nunca me dejaba hacer nada.

Pues fíjate, doña Benita, aunque sea tan buena,

también tiene un enemigo mortal.

-¿Ah, sí? ¿Quién es? ¿Juana?

Frío, frío.

-¿La cocinera? No, no es una persona mayor.

-¿Un niño? Ni sí, ni no.

Si te rindes, te lo digo. -Hija, cómo eres.

Es un moro. -¿Un moro?

Sí, un morito.

Mi papá tiene un hermano muy guapo que se llama Rodrigo.

Hasta ahora vivía en África porque era militar

y cuando venía dormía en el piso de abajo,

el que era de los abuelos,

pero esta vez, como se va a quedar, ha traído un moro de ayudante.

Timbre.

Timbre.

(TOSE)

Pero, Rodrigo, ¿cómo llegas sin avisar?

¡Tío, tío! -Ya ves, una sorpresa.

¿Me has traído algo? Oye, eso no se pregunta.

-Mira, ahí lo tienes.

¡Maimón!

Pasa.

Vamos, saluda. (ACENTO ÁRABE) -Muy buenos días.

-¿Y qué más? -Tengan ustedes.

Muchas gracias. Es muy mono.

-¿Y tú no le dices nada? Hola.

-Hola.

-Pero, Maimón, ¿dónde has dejado los regalos?

Parece un poco salvaje.

-Es que los viajes le asustan un poco.

Tenéis que tratarle con afecto,

porque si no, puede resultar temible.

¡Ay! Jesús, María y José. ¡Un moro! Me está robando.

-Por favor, no soy ladrón, no quiero robar nada.

¿Qué querías llevarte? ¿Qué escándalo es ese?

-Oye, ¿pero dónde vas? -¡Mujer mala fuera!

¡Benita, por Dios! -¡Mamarracha ella!

-¡Oye! ¡Habrase visto el moro este!

-Te vas a enterar, ¿eh?

No sé cómo habrá llegado todo con los vaivenes del barco.

Por lo menos lo tuyo, Celia, no ha podido romperse.

¿Qué es, tío?

¿No puedes aguardar un segundo?

Anda, como los de la princesa Fátima.

-¿De qué hablas?

De algún cuento. No piensa en otra cosa.

-Mira qué palacio tan bonito. ¿Tú crees que estará encantado?

Claro, y los que viven dentro son de cristal también.

-¿Hasta el rey? El rey el que más, para eso manda.

-Oye, tú, me parece que ha pasado mucho rato.

Bah, eso no es nada, en los cuentos siempre pasan años.

-Entonces ya se habrá muerto doña Benita.

No seas tonta, lo decía en broma. ¿Cómo se va a morir así como así?

Lo que no sé es si vamos a poder encontrarla.

Pues yo no le puedo decir a mamá que se nos ha perdido.

Ay, ¿dónde se habrá metido esa criatura?

Ay, Dios mío, como se hayan perdido no quiero ni pensarlo.

-¿Estás seguro? ¿Han visto ustedes a dos niñas,

una rubia y otra oscura muy estiradas para su edad?

-Pues no. -No, no.

-Yo tampoco he visto a nadie. ¿Son nietas suyas?

Como si lo fueran. Sobre todo la rubia.

Ay, Dios mío, qué angustia.

-¿Y cómo las deja ir? ¿Para eso le pagan?

Ay, si buscas milagros, mira, peste y dolor desterrado,

mísero y enfermo huido, leproso...

-¿Y qué mas ha pasado con Maimón?

Al principio estuvo mucho tiempo sin volver a casa,

pero el otro día subió con una carta del tío.

-Gregorio, sube un poco más.

Maimón. -Hola.

Hola.

-Niña, quítate que te voy a manchar.

No cierres, que me ahogo.

Pero si hace mucho frío.

El frío es sano, y deja a los albañiles en paz,

no se te vayan a caer encima.

Déjame eso ahí, que no atino.

Timbre.

Timbre.

-¿Tú? ¿Qué quieres?

-De mi amo. -A ver, trae.

Déjale pasar, mujer.

-Celia, bonita, Maimón te quiere mucho a ti.

Y yo también te quiero mucho porque eres muy bueno.

-No, yo malo. Tú buena como paloma.

-Ay, hijos, parecéis los amantes de Teruel.

-Quiero decir oración para que doña Benita ponerse buena.

Sí, sí, pasa, pero que no te oiga porque la podría armar.

¿Te has curado ya?

Ni que eso fuera la purga de Benito.

Anda, déjame tranquila, que tengo un mareo...

(REZA EN ÁRABE)

(SUSURRA) Date prisa.

(HABLA EN ÁRABE)

(OBREROS) -Se ha enganchado. Se ha enganchado en el balcón.

-Voy, voy. -Vale, vale.

(CHISTA Y HABLA EN ÁRABE)

-Venga, tirad fuerte.

¡Ay, ay, un terremoto!

¡Pero dónde me llevan! ¡Qué es esto!

(GRITA) -Tirad fuerte.

¡Que me caigo! Ay, hija mía, sácame de aquí.

¡Juana, Juana, que doña Benita se nos va al patio!

Ay, ¿pero qué me pasa a mí?

-No hay momento tranquilo en esta casa.

¿Pero dónde va esa criatura?

-¡Habéis enganchado una cama! -Qué horror...

-Con cuidado. Eso lo ha hecho Maimón.

¿Pero cómo? ¿Es que ha entrado en mi cuarto ese maldito moro?

No le insultes. Encima de que venía a curarte...

(GRITA) -La ha matado.

-Ay, Dios mío.

-Esas son. -Para.

¿Quién es Celia? Yo.

-¿Y tú? -María Teresa.

-Menudo par de piezas. -Corre, corre.

-Venga, arriba.

-¿Dónde iban ustedes? Querían escapar, ¿eh?

Se acabó la aventura, ¿eh?

-Hay que ver.

No seas tonta. Si no nos van a hacer nada.

-¿Ah, sí? ¿Y tú cómo lo sabes?

Porque sí. ¿No podríamos correr más?

-Esa es de la piel del diablo, te lo digo yo.

En cambio, mira a esta.

Ande, señor guardia, déle al caballo.

-¿Quiere la señorita echar una carrera?

Sí, venga. Tonto el último. -¿Pero dónde vas? ¿Estás loco?

¿Ha visto usted a dos niñas preciosas,

una morena y otra rubia? (EL HOMBRE CANTA)

-No se preocupe, señora. Verá usted cómo...

Verá usted, sí, verá usted.

Bendito sea el Señor. ¿Pero dónde estaban?

-Aquí las tiene, señora. Que no se le escapen otra vez.

Muchas gracias, ¿eh?

Me vais a matar.

Otro susto como este y no lo cuento.

¿Por qué? Si lo hemos pasado muy bien.

Claro, muy bien. Adiós, caballito.

¿Sigues enfadado por la factura de la modista?

Ojala todos los problemas vinieran por ahí.

Es que no sé lo que me pasa.

Me parece que estoy harto de hacer lo que hago

o de ser como soy.

Rarezas. Trabajas demasiado.

Para lo que sirve...

No será un reproche, porque yo no sé hacer milagros.

Además, ahora necesitamos un ama para Baby.

¿Y eso no lo puede hacer doña Benita?

Doña Benita ya tiene suficiente con Celia,

y habrás de reconocer que ha sido la solución.

Ahora, quien me preocupa es Baby.

(LLORA)

-Parece que llora el crío.

-Eso es bueno para los pulmones. Yo no puedo estar en todo.

¿Pero no te comes la piel? Es que no me gusta.

Pues te dejas lo mejor.

Todo lo que me dejo es lo mejor. ¿Las espinas también son lo mejor?

No, si palabras a ti no te faltan, no.

¿Qué le pasa a Baby? -No lo sé, señora.

Si quiere voy a verlo. No, deja, ya voy yo.

(LLORA)

¿Por qué lloras, bonito mío? Ay, díselo a tu madre.

Oh, qué peste.

¡Benita! No llores tú.

No llores que ahora te ponen limpito.

¡Benita!

Hay que cambiarle de todo. Yo me voy a lavar las manos.

Ay, ay, ay, ay, ay.

¿Quién es el rey de la casa?

Mi Cuchifritito mío. ¿Quién es? Mi Cuchifritín.

¿Cuchifritín? Qué nombre tan bonito.

Baby suena a los Almacenes París.

Cállate tú, mi cielo, cállate tú.

Papá, papá, hay que bautizar otra vez a Baby.

¿No me digas?

Tenemos que llamar al cura y a los monaguillos

porque el otro nombre ya no vale.

¿Pero qué estás diciendo?

Que ahora Baby se llama Cuchifritín.

¿Cuchiqué? Cuchifritín.

Pero no seas absurda, hija.

Cambiar de nombre es muy bueno. Seguro que se vuelve más listo.

Yo también estoy cansada de ser siempre Celia.

Parece ser que hoy nos ha dado a todos por lo mismo.

¿Tú quién querrías ser, hija? Pues... No sé.

La chica que reparte los periódicos

o la que pide con el ciego en la esquina.

Esa vida no la aguantabas tú ni una semana.

Las croquetas, que no se han tocado,

súbaselas a Cándida. ¿Qué tal se encuentra?

-Sigue en la cama. Por favor.

Este año, la gripe es malísima. Estoy aterrada por Baby.

Dirás por Cuchifritín.

(NARRA) Antes de nacer yo, la señora Cándida

era la portera de esta casa,

pero ahora friega escaleras y hace recados para vivir.

-¿Quién es? -¿Cómo se encuentra hoy? ¿Mejor?

-Sí, sí. -Al menos, tiene muy buena cara.

-Muchas gracias, hija.

-Ya verá que sopa más calentita le traigo

y qué "cloquetas" más buenas.

-Huy, qué ricas. -¿Me sujeta esto?

-Qué buena eres, qué buena... -Abríguese, doña Cándida.

Aquí está muy calentita. Si supiera el frío que hace ahí fuera...

-Muchas gracias, hija, que Dios te lo pague.

Esta sí que es una ocasión para ser alguien más

y dejar de ser Celia.

-Pero eso pasa en todos los pueblos, doña Benita.

Si viera las cencerradas que les dan a los novios en el mío.

Yo no hablo de bromas, que lo mío es muy serio,

y si no, que se lo pregunten a mi sobrino.

¿Me puedo llevar este visillo roto, doña Petra?

-Sí, hija. -¿Para qué lo quieres?

Para jugar.

-Pues si ponen el divorcio, las bodas van a perder mucho.

No lo pondrán, no se atreverán. -Eso dicen.

Quite, quite.

Yo no le voy a subir sobras a doña Cándida.

Cisterna. Todo será de primera calidad.

-¿Qué haces aquí de esta facha? Jugando a las hadas.

-Bueno, pero ojito con revolver.

(MAÚLLA)

Quita, Pirracas.

Déjame trabajar.

(MAÚLLA)

Vete.

(MAÚLLA)

Y ahora unas perrillas, que nunca vienen mal.

Puerta abriéndose.

-¿Quién es? ¿Quién va?

(NARRA) Como ve poco, no se dará cuenta de nada,

sólo verá que brilla todo.

-¿Pero quién es?

No te asustes, noble anciana. No vengo a hacerte daño.

Dime, buena mujer, ¿qué puedo hacer por ti?

-Sois... Sois santa Apolonia, ¿verdad?

Os he rezado tanto...

No, soy un hada que te quiere mucho.

-¿Una qué?

Un hada. Pide por esa boca. Todo se te concederá.

-Pues.. Si tuviera un poco de leche caliente...

Ahí va, se me ha olvidado.

-Miel. Es muy buena para los catarros.

Eso sí.

-Ay, santa Apolonia. ¿Quién me lo iba a decir a mí?

¿De verdad no sois santa Apolonia?

Te he dicho que no. ¿Qué queréis ahora?

-Como querer, querría un poco de dinero.

¿Dinero? ¿Para qué?

-Para quedarme en la cama y no ir a fregar.

Tomad.

-A ver.

Bueno...

Tenéis que ser santa Apolonia. Gracias, muchas gracias.

¿Eso es todo?

-También querría un médico

para que me quitase este dolor de pecho que tengo.

Lo tendrás. Todo lo tendrás. Tú confía en mí.

-Dejadme besaros las manos.

No, me voy, que me quedan por hacer muchos milagros todavía.

Ya volveré. -Cuando queráis.

Uh...

Adiós, buena mujer, adiós.

Adiós, adiós, buena mujer, adiós.

-Ay, Señor, ay.

Pues eso hicieron los lobos.

-Pero en todos los pueblos hay lobos, doña Benita.

En el mío, sin ir más lejos, se comieron un zagal.

¿Sí? Los señores de Gálvez.

Que venga don Antonio a ver a la señora Cándida.

En la buhardilla.

Sí.

Sí.

¿Yo? Yo soy la doncella.

¡Que no falte, que está muy malita! Adiós.

¡Ay! La varita mágica.

¿Sí? -Don Antonio,

que quiere hablar con usted.

¿Don Antonio, el médico, conmigo? -Sí.

Hombre, don Antonio. ¿A qué se debe?

Estamos todos bien. La gripe de momento nos respeta.

-Pero a la señora Cándida no.

Además, tiene una artrosis de caballo.

¿No me habéis avisado vosotros?

¿Nosotros?

Que yo sepa, no.

¿Quieres un café? -Sí, hace frío.

Pues alguien me ha llamado.

Ella dice que ha venido santa Apolonia

y le ha traído esto.

En cualquier caso, esa señora necesita cuidados.

Juana, por favor, después sube a verla.

-Sí, disimula. Ya verás cuando se entere tu papá

de quién es santa Apolonia.

Pues no me dirá nada porque él también quiere ser otra persona.

Estaba pensando en usted. -¿Ah, sí?

Esto no funciona, don Antonio.

No sé por qué será, si serán los nervios o qué, pero...

No me encuentro a gusto ni conmigo mismo.

Vámonos, que se está poniendo el cielo como panza de burro.

Venga, vámonos corriendo, anda.

Espera. ¿Es por aquí o es por allá?

Por aquí. No, por allá. Por allá.

Ay, no, por aquí.

Espera un momento.

Pero si íbamos bien.

¿Pero qué íbamos a ir bien? Ven, es por aquí.

Ay, no... Yo no estoy segura.

Ay, ay, yo estoy confundida. Yo no soy de Madrid

y tú, tú no me ayudas ni nada. Si no me has hecho caso...

Qué barbaridad....

¡Oiga! Que nos deja dentro.

-Pues dense prisa, que hay que cerrar.

Dios mío, que ahogo, qué barbaridad.

Ay, con lo que va a nevar y nosotras perdidas.

Vamos a rezar un Ave María.

¿Pero por qué no preguntamos a alguien?

Porque van a pensar que somos de pueblo

y se van a reír de nosotras.

Bah, qué tontería. Yo voy a preguntar.

Oye, chico, ¿tú sabes por dónde se va a la calle Serrano?

-Pues al revés. ¿Cómo que al revés?

-Al otro lado. Por aquí está Pacífico.

La calle Alcalá está para allí.

Eso no puede ser. -Anda que no.

¿O usted ha llegado en el tren de las once?

¡Qué descaro! ¿Habrase visto?

¿Dónde lo lleváis? -Al quemadero.

¿Lo vais a quemar? -Si no sirve para nada.

Lo estaba criando la burra, pero como se ha muerto...

Pobrecito, con lo guapo que es.

-Nos dan cinco duros por él. Si tú nos das más...

¡Doña Benita, doña Benita!

(AMBOS) -¡Doña Benita, doña Benita!

Doña Benita, dame dinero para comprar el burro,

que lo van a matar.

¿Pero tú te crees eso?

-¿Para qué lo llevamos al quemadero si no? ¿Para que le den rosquillas?

Pero seréis bárbaros...

¿Qué os ha hecho este animal?

-Nada, pero "entodavía" no sabe comer

y está a régimen lácteo. Ya me dirá usted.

Se ha quedado sin madre el pobrecito.

-Efectivamente, y una "ma" sale cara, ¿sabe?

Anda, doña Benita...

¿Cuánto quieren?

-Tres duros.

¿Tres duros? ¡Qué atrocidad!

-¿Pues cuánto nos da?

¿Yo? Pues...

Dos duros como mucho.

¿Y luego qué vamos a hacer con él?

Ya veremos. Con tal de que no lo maten...

Venga, sí..

-Suyo es.

Y dense la vuelta, que por ahí se pierden.

En qué líos me mete esta niña.

Mira, ¿ves?, mira. Ya está empezando a nevar

y nosotras en la calle. Y perdidas.

Campanadas.

-¡No puede ser! Ay, Pedro. "Ofú", qué aventura.

Mira, es mi mansito. Lo querían matar.

Fíjate qué malos. -Como se cague...

Ah, no, ni hablar. Ahí no.

Pues el perro de los del tercero es igual de grande

y sube en el ascensor. -Eso es verdad.

No cagan burros ahí dentro. -Prefiero no verlo.

Cuidado, no se enganche una pata. -Tú no tengas miedo, ¿eh?

-Hala, para arriba.

(REBUZNA)

Ven, bonito.

(LLAMA AL TIMBRE)

(GRITA)

Es tonta. ¿Habrase visto? Toca, toca.

-¿Pero qué animal es este?

¿Es que no has visto un burro en tu vida?

-En un piso no.

¿Cómo que no vamos a entrar? -Valiente manicomio.

Pasa, pasa, hijo. -Y usted, parece mentira.

Tiene menos seso que la niña. ¡Déjame en paz!

Tráele un vaso de leche caliente al pobrecito, anda.

-Justo en eso estoy yo pensando. Por mí como si revienta.

Y si alguien cree que voy a limpiar lo que ensucie semejante animal,

está aviado. -Qué mono es.

Ven conmigo, guapo. Eso ya lo sabíamos.

-Pero cómo se ha puesto usted, doña Benita.

¿Qué le íbamos a hacer? No íbamos a dejar

al pobrecito animalito que lo iban a matar.

-Aquí se la tomará mejor.

Ay, ya no se muere. Mira qué cara más pícara tiene.

Le llamaremos Picarín. ¿A que es bonito?

-No tiene ni tres meses. Es un bebé.

¿Un bebé?

Hola. ¿Quieres conocer a Picarín? ¿Sí? Pues ven conmigo, precioso.

Ya verás qué bien.

Arre, borriquito, vamos a Belén,

que mañana es fiesta y al otro también.

Tocotón, tocotón, tocotón. Tocotón, tocotón, tocotón.

(REBUZNA)

Quieto, Picarín, quieto.

Que lo vas a tirar. Estate quieto, Picarín.

(BABY GRITA)

-Ay, mi chiquitín. ¿Cómo es posible?

-¿Qué son esas patadas?

-Por poco se nos desgracia. -¿Pero quién?

Ella. -¿Qué has hecho tú, di?

Deja a la niña en paz. -¿Pero quién te manda a ti

traer animales a casa? ¿Quién te manda a ti? Vamos.

Si me pegas se lo diré a mi papá.

-Y yo también le diré unas cuantas cosas.

Un día lo vas a matar. Un día lo matas.

Osito mío, no ha sido nada.

¿Qué ha pasado? Trae. Nada, no ha sido nada.

Golpe. Un malentendido, ¿verdad?

-Qué horror.

¡El jarrón! Apártate, Juana.

Pobrecito. (REBUZNA)

-Y ahora sal burro, sal, venga, fuera, ¡burro!

Cuidado, no lo ahogues, con lo "salao" que es.

¿Y esta era tu solución?

Llanto. (REBUZNA)

-¿Pero dónde se habrá visto un burro en una casa?

Rebuznos.

¿Y Celia? ¿Dónde está Celia?

Soy la garçon, çon, çon,

con el pelo "ondulao".

Maullido. Soy la garçon, çon, çon,

con el pelo "cortao".

Soy una niña bien, bien, bien, bien.

Soy una niña chic, chic.

Y parece mi cara, y parece mi cara galleta de biscuit.

Y parece mi cara, y parece mi cara galleta de biscuit.

(MAÚLLA)

¿Tú crees que estoy tan moderna como dicen?

Porque yo no sé lo que significa eso.

Tan orgullosa como estaba mamá de mis rizos

y de pronto, sin consultar,

como si el pelo no fuera de una.

En fin, ya los conoces.

Maullido.

-Vamos. -Hola, monina.

Yo en esa silla no me siento. -Tú te sentarás donde se te diga.

A ver qué va a ser esto.

¿Babero? Eso sí que no.

-Mira, no empecemos, ¿eh?, no empecemos.

¡Ay, que me ahogas!

Como este, ¿ve?

Con la raya a un lado y con las patillas hacia delante,

como un caracolillo, y la nuca me la deja despejada.

-Entendido, señora.

Pero, mamá, ¿por qué me tienen que cortar el pelo?

Porque viene el verano, hija, para que no pases calor.

(MAÚLLA)

Sí, ya lo sé, ¿pero qué otro remedio me queda?

Menuda es la gente mayor para llevarles la contraria.

-¿Con quién hablas tú?

-¿Pues con quién va a ser? Con la gata...

Maullido.

Maullido.

(PIENSA) Bueno, si te fijas, tampoco estoy tan mal.

¿Tú qué opinas? (MAÚLLA)

Soy la garçon, çon, çon, con el pe...

¿Sabes lo que te digo? (MAÚLLA)

Que yo tampoco quiero que pases calor

si es verdad que viene el verano.

(MAÚLLA)

Ven aquí, no te escapes. (MAÚLLA ASUSTADA)

Ven. No seas mala, ven aquí.

No me arañes, ¿eh? Venga, así.

Si vas a quedar muy bien.

Yo tampoco quería dejármelo cortar y ahora estoy encantada.

Que no haya ningún pelo en la cama de mamá.

A ver.

Es que para ir a la playa hay que estar con el pelo corto.

Entonces te lo corto a ti igual que me lo cortan a mí.

¡Pirracas, ven aquí!

Pirracas. Pirraquitas.

No seas tonta, anda ven.

Bueno, a ver, que viene el verano.

¿No lo sabíais? Fuera pelos todo el mundo.

Usted, miss Nelly.

Qué guapa, qué bien se queda.

Hay que ver cómo le favorece este corte.

Y ahora el morrito.

Usted también, señorita Julieta.

Así. Qué barbaridad, señorita Julieta.

Cómo le crece el pelo.

Pasos.

-Madre mía, la muñeca.

¡Dámela! Soy el peluquero

y la estoy dejando a lo "garçon".

-¿Pero no te da pena? Ni pizca,

y te lo voy a cortar a ti también. -¡Pero bueno!

¿Pero tú qué te has creído? ¡Vamos, fuera!

Pues así nunca vas a estar moderna.

Y no te saldrá novio.

(RESOPLA)

-Vamos, cómo ha dejado al oso.

Si fuera mi hija se iba a ganar un bofetón...

Silbato del afilador.

(PIENSA) Con los zapatos de mamá y el colar de lápiz azul

o cómo se diga, estoy moderna perdida.

El collar me lo regaló el tío Rodrigo

Timbre. el día de su cumpleaños.

-Pasa, que tus primas ya han llegado,

y a ver si me alegráis al tío, que tal día como hoy

se pone imposible,

como si nadie más que él envejeciese.

-Celia, bonita, bonita tú.

Hola.

-Adelante, Celia.

Felicidades, tío. -Gracias, Celia.

¿Qué te pasa?

-Me duele un poco la cabeza.

¿Quieres que juguemos a la pipirigaña?

-Sí, justo. ¿Entonces cantamos lo de...?

En Cádiz hay una niña, en Cádiz hay una niña...

-Ni hablar, ni hablar. Para canciones estoy yo.

Toma. Vamos.

Ale, merendad y pasadlo bien,

pero no hagáis mucho ruido, por favor.

Ya he dicho a tus primas

que cada una tiene un regalo que daré luego,

pero el más bonito, un collar de lapislázuli de la india,

será para la que se porte mejor.

Yo me encargaré de matar al dragón.

-Deja en paz al bicho, que no hace mal a nadie.

En los cuentos siempre hay que matar a los dragones

para recibir algo.

-He dicho que no.

La que arme escándalo se queda sin premio, ¿entendido?

-Ten, ¿os gusta el chocolate?

-Sí. -Y a mí.

(PIENSA) Con este par de primas tan sosas

no sé cómo me las voy a arreglar para ganar el premio.

-El collar será para mí porque no me voy a mover

de esta silla en toda la tarde.

-Pues yo lo mismo, ni siquiera pienso hablar.

Pues que os aproveche. A mí, un día que quise ser buena,

me llevaron al médico para ver si estaba mala.

Pues vaya una fiesta.

(CHISTA)

(SUSURRA) -Ellas...

(HABLA EN ÁRABE)

-Basílides, el morito nos está sacando la lengua.

-Qué paciencia hay que tener con ese moro.

-Las moras son ellas.

-¡Ya verás! ¡Ay! ¡Pero bueno!

-¡Tonta! -Está pegando a mi hermana.

-¡Niñas! ¿Pero es que no podéis

tener consideración con vuestro tío?

-Venga, acuérdate del collar.

(SUSPIRA) ¿Por qué suspiras?

-Llorando, llorando mí. ¿Pero por qué?

-Nadie quiere Maimón. Yo sí te quiero, toma.

-Doña Benita echar Maimón mal ojo. Desde entonces, todo salir mal.

Hijo, tampoco será para tanto. -Sí, sí, de verdad.

Ñam, qué bueno es.

¡Ah!

-¿Qué ha pasado?

Dios mío, el tibor chino.

-Menudo cumpleaños. Anda que ya le has dado el día.

-¿Quién ha sido? El gato.

-¿El gato? ¿Pero qué gato? Si en esta casa no hay gato.

¿Ah, no? Pues... He sido yo.

-Ya se ha quedado sin collar.

(PIENSA) Y eso creía yo también, aunque no me importaba

con tal de que no castigaran a mi amigo.

-Aquí tenéis los regalos.

-Celia bonita, mejor que todas. Ella no romper jarrón,

romper mí, mí por haber ahogado. Bonita, ella santa.

Mira que te van a calentar más aún. -Anda...

-Gracias, tío.

-Gracias, tío.

Muchas gracias.

-¿Me prestarás el collar?

Ahora sí que voy a estar moderna con esta preciosidad.

Rugido.

Es el demonio, no me cabe duda.

-En mi pueblo pasó una vez. -Y en el mío.

Lo mejor es echar agua bendita. -¿Dónde la tenemos?

En la pila de mi cuarto.

¿Qué pasa, hay ratones otra vez?

No, no, un ratón no, es un bicho muy grande

que tiene cuernos, el demonio, el demonio.

Y lo ha debido traer el... El... El Marimón este como se llame.

¿Pero qué dices, Benita? Santo Dios, Santío Mortal.

Venga, Benita, esto es una ridiculez, dejadlo ya.

¡Quita de ahí, niña!

(MAÚLLA)

Ven, Pirraquitas. Huy, si es Pirracas.

(MAÚLLA) No les hagas caso.

¿No ves que no entienden nada? (MAÚLLA)

¿Pero qué herejía le has hecho al pobre animal?

La he preparado para el verano.

Quiero que esté tan guapa como yo.

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Celia - Capítulo 2: Doña Benita

31 dic 2019

Llega doña Benita, pero la pobre anciana está lejos de ser el remedio buscado para Celia. Celia y una amiguita se pierden en el Retiro y tendrán que llamar a la Policía. El padre de Celia tiene un hermano, Rodrigo, antiguo oficial del ejército africano, que al retirarse vuelve a Madrid con un joven morito como asistente, Maimon. Celia y Maimon encajan admirablemente, y entre los dos urden las trastadas más sorprendentes. Un día Celia decide resolver los problemas de una anciana inválida haciéndose pasar por su hada protectora. Y una tarde de nieve, Celia llega a convencer a doña Benita para que compre un borriquillo. Lo meten en la propia casa de la calle Serrano. Los destrozos causados por el animal y el peligro que corre "Cuchifritín", el bebé, al querer Celia subirlo al burrito, convencen a los padres de que llamar a doña Benita no fue la mejor solución.

Histórico de emisiones:
12/01/1993
10/03/2009
07/07/2012
31/12/2012

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