Serie documental de cinco capítulos, dirigida por Juan Frutos, que cuenta el último viaje del Emperador hacia su retiro en el Monasterio de Yuste, mientras rememora su azarosa vida a través de los diferentes países que recorrió. La serie conjuga diferentes géneros, con un contenido riguroso de la mano de prestigiosos investigadores internacionales, un atractivo formato de cuaderno de viajes y cuidadas recreaciones históricas con un elenco de primer nivel

El reparto está encabezado por Mario Zorrilla, que encarna a Carlos V y Juan Gea, que da vida a Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa

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Carlos V. Los caminos del Emperador - El nacimiento de un Emperador - ver ahora
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La muerte de Carlos V en el Monasterio jerónimo de Yuste

supuso una triste, aunque esperada efeméride

en el Imperio.

El Emperador dejó preparado el camino con eficacia.

Felipe deberá acompañarme en mi despedida de Flandes,

una vez logre apaciguar los ánimos de estos reinos.

Su hijo, Felipe II

continuó la magnánima obra que inició su padre.

Pero Carlos V, en aquellas últimas jornadas,

no era ni por asomo el reflejo de lo que había sido:

un joven e incansable viajero que consiguió dominar el mundo.

Nació en Gante, en los Países Bajos, el 24 de febrero de 1500.

Se educó en la refinada Corte de Malinas.

Yo voy a ser el rey.

Al amparo de su tía Margarita;

hasta que Bruselas, y más concretamente,

el Palacio de Coudenberg se convirtió en su morada.

Un muchacho que llegó a tierras castellanas,

por primera vez, en 1517.

Su alteza no haría más de lo que todos sus antepasados

habían hecho.

Que desafió al pueblo por ser, a ojos de este, un extranjero,

usurpador de la Corona.

¡Fuera!

¡Eso no puede ser!

¡Fuera de Castilla!

¡Marchaos a vuestra tierra!

Para muchos eruditos fue el “Rey Viajero”;

el César que luchó a los pies del Elba;

que se coronó en Aquisgrán;

que visitó ciudades de las actuales Alemania,

España o Italia

y cuyos dominios llegaron hasta las exóticas tierras

del Nuevo Mundo.

Un Emperador que tuvo a su mujer, Isabel de Portugal,

como confidente y confesora;

como Emperatriz pertinaz que supo entender

los proyectos megalómanos de su esposo.

Una historia de amor que comenzó en Sevilla

y se truncó, repentinamente en Toledo,

lo que significó un antes y un después en la vida de Carlos V.

Carlos fue un implacable Monarca que supo unificar el Imperio

y conciliar los intereses de unos y otros.

Su Majestad, habéis conseguido la unidad del Imperio.

Habéis logrado lo que ningún César consiguió unificar.

Un Imperio que hubo de gestionar hasta sus últimos días,

cuando ya las fuerzas flaqueaban y su sueño pasaba tan solo,

por salir de Bruselas lo antes posible y comenzar así,

su retiro.

Pronto arribaréis a vuestro paraíso perdido.

Por fin, en 1556, logra alcanzar el puerto de Laredo;

su entrada en la Península Ibérica.

¡Es el rey!

¡Ahí viene, miradle!

El inicio de una complicada ruta que le llevaría a tierras extremeñas;

un lugar apartado donde moriría

dos años después de su llegada.

Europa, tal y como la conocemos, es el resultado de batallas

y guerras a lo largo de los siglos;

un heterogéneo conglomerado de países y naciones,

fruto de tiempos belicosos, de cambios inevitables.

Hoy día, es una suerte de territorios autónomos, diversos,

que tuvo en la figura

de Carlos I de España

y V del Sacro Imperio Romano Germánico,

a un personaje imprescindible

en la configuración de su dibujo actual.

Para entender ese periodo hay que elegir a tres personajes:

Carlos V que reinó en Flandes, en España, el Sacro Imperio;

también Francisco I, el rey de Francia;

y a Enrique VIII, rey de Inglaterra.

Carlos V es el emperador más grande de la historia,

tanto por la extensión de sus territorios

como por ser el último monarca que pretendió hacer realidad

el sueño de un imperio universal.

Carlos V fue un rey medieval.

Estaba convencido de gestionar un reino

impregnado por los valores de la Edad Media.

Es el Señor de los Cristianos y todos tienen que obedecerle.

Pero muchos no lo hicieron.

Carlos V había conseguido lo que ni Alejandro Magno

ni los emperadores romanos lograron:

dominar un vastísimo territorio

no solo en Europa, sino también en las lejanas tierras de ultramar.

El mundo a vuestros pies, Majestad.

Vuestras tierras se extienden, vastas y anchurosas, por el orbe.

Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el Gran Duque de Alba,

fue hombre de confianza de Carlos V;

también lo fue Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa,

III Conde de Oropesa y obediente súbdito del Emperador.

Majestad, habéis conseguido la unidad del Imperio.

Habéis logrado lo que ningún César consiguió unificar.

El sueño de Alejandro Magno y los Emperadores romanos

hecho realidad.

Si me lo permitís, Majestad, tan grandes territorios

confunden al pueblo.

Los nuevos territorios procuraban riquezas,

pero era complejo hacer ver al pueblo que, tan vastos dominios,

reportarían igualmente beneficios para ellos.

Es el único camino para que no se resquebraje el imperio.

El malestar era continuo, debido a un rey ausente

y en constantes desplazamientos.

Consejeros imperiales, como Filiberto de Saboya,

comandante de los ejércitos y primo del Emperador,

sabía la manera de proteger la idea imperial de Carlos.

Preservar la fe católica

y no dejarnos cegar por las ambiciones.

Y que el pulso no tiemble ante los herejes.

Su Majestad, solo de este modo podremos seguir cimentando

y consolidando este Imperio.

El Imperio

donde nunca se pondrá el sol.

Carlos V era el Rey, el príncipe;

y en el siglo XVI el príncipe era el Estado

y el Estado era el príncipe.

Carlos V posiblemente fue el monarca más influyente y más poderoso

de la primera mitad del siglo XVI.

Pero su gran sueño era unir Europa.

Trabajó para ello de manera incansable y creo que logró,

en cierto modo, unir esos territorios.

Carlos, amante de la cartografía y compilador de mapas impulsivo,

dejó un complejo dibujo imperial; una seductora suerte de ciudades,

pueblos, aldeas, relacionadas, de una forma u otra,

a su colosal figura.

Hay tres ciudades ligadas a la infancia y juventud

de Carlos V:

Bruselas,

Malinas y Gante.

El 24 de febrero de 1500, un ostentoso baile se celebra

en la Corte de los Príncipes en Gante.

Juana I de Castilla, más tarde conocida

como “Juana La Loca”, abandonaba, exaltada, aquella celebración.

Estaba a punto de dar a luz.

En aquel momento, sería harto complicado imaginar que ese bebé,

de ojos azules y tez pálida,

se convertiría en el hombre más poderoso de la tierra.

“Te llamarás Carlos”.

En Gante, en el lugar que ocupaba el Palacio de Prinsenhof,

se erige actualmente una estatua

que inmortaliza la figura de Carlos V.

También queda en pie,

de aquella entonces imponente residencia de los Condes de Flandes,

la denominada Puerta Oscura,

que sirve de acceso al actual casco histórico.

Antes de Prinsenhof,

los condes residían en el Castillo de Gravensteen,

cuyo sistema de fortificación está prácticamente intacto.

La muralla contaba con nada menos que 24 torres.

La Catedral de San Bavón también está ligada

a la figura de Carlos V,

pues aquí tuvo lugar el bautizo 13 días después de su nacimiento.

Junto a San Bavón, el templo más antiguo de la ciudad,

se levantan otras iglesias como la de San Miguel.

Muy próximos están la Iglesia de San Nicolás

o el Ayuntamiento.

Nos encontramos en una ciudad vinculada a Carlos V

de forma innegable;

estamos en el lugar de nacimiento del Emperador.

Los Países Bajos, la actual Bélgica era un centro financiero,

un centro económico en Europa y era el lugar de la Corte.

La cultura cortesana, la cultura de los nobles,

del saber estar y vivir como un noble.

Todo eso debería aprenderse en la Corte de los Austrias

en los Países Bajos, si no, no eras nadie.

La propia infancia de Carlos V era un viaje constante.

Todavía en Bélgica, el joven Carlos fue llevado a Malinas.

La educación de Carlos V hasta que llega a Castilla en 1517

siempre fue en Flandes.

La primera parte de su educación, hasta casi los 7 años,

está en Bruselas;

luego su tía Margarita de Austria se lo lleva a Malinas,

donde está hasta que marcha a Castilla en 1517.

En la actualidad, al igual que en tiempos pasados,

todo gira en torno a la Grote Markt.

A los pies de esta plaza se yerguen edificios que ponen de manifiesto

la importancia de Malinas en la época del Ducado de Borgoña,

ya en manos de los Austrias.

Sobresale la Catedral de San Rumoldo,

Patrimonio de la Humanidad desde 1999.

Junto al templo, una estatua recuerda

la figura de Margarita de Austria, tía de Carlos V;

para los flamencos,

una mujer ejemplar en la historia de la región.

Margarita de Austria era una mujer culta.

Fue regente de los Países Bajos a principios del siglo XVI

y se encargó de la educación de su sobrino Carlos.

Yo soy Carlos Carlos.

Yo soy Carlos.

Según los cronistas contemporáneos, Carlos V no fue un buen estudiante

y se interesaba más por el ideal caballeresco.

Su abuelo, Fernando el Católico, consciente de que algún día

podría ocupar su trono,

mandó al humanista jienense Luis Cabeza de Vaca

para que le enseñara castellano.

Yo voy a ser el Rey.

¡Yo voy a ser el Rey!

Prosigamos.

Yo soy.

Margarita puso empeño para que Carlos

y el resto de sus sobrinos aprendieran también latín,

matemáticas o geografía.

Actualmente el Palacio de Margarita de Austria sigue en pie.

Su patio aún conserva el halo renacentista

que debió tener el lugar

donde Carlos empezaría a chapurrear el castellano.

Se trabaja mucho y se potencia mucho el protocolo borgoñón.

Es una corte refinada, que cuida los detalles

y eso va a influir considerablemente la vida de Carlos.

El carácter controlador y entrometido

de Margarita de Austria

y la presión del señor de Chievres

para que Carlos abandonara Malinas

provocó la vuelta del joven Príncipe a Bruselas.

Carlos volvió a Bruselas en 1515.

La ciudad es, todavía hoy,

un ejemplo paradigmático del refinamiento

y elegancia de la corte borgoñona,

además de ser el lugar donde más tiempo residió el Emperador.

Bruselas es la ciudad donde Carlos V pasó más tiempo,

comparándola con el resto de ciudades en las que vivió el Emperador.

Se afirma con datos que el 17% de su vida

la pasó en Bruselas.

Bruselas es la ciudad más importante en el periodo activo de Carlos V.

Desde que tiene 15 años hasta los 55, estuvo el 17% de ese tiempo

en Bruselas; 7% en Valladolid y el resto de ciudades vienen después

con porcentajes de pernoctaciones mucho menores.

La huella imperial se aprecia,

por descontado, en cada calle de la denominada capital de Europa.

Uno de los emblemas de la ciudad

es la espectacular torre del Ayuntamiento,

ubicada en la Grand Place.

Carlos residió en diferentes periodos en esta ciudad belga.

El Palacio de Coudenberg fue su morada.

Cuando Carlos V estaba en Bruselas se hospedaba en este Palacio.

Le encantaba quedarse en su palacio bruselense,

porque se encontraba muy próximo al Bosque Real donde cazaba,

una de sus aficiones preferidas, cuando no estaba en alguna batalla.

Era su manera de relajarse en Bruselas.

Le gustaba quedarse aquí.

Unas obras sacaron a la luz

el que había sido el Palacio de Carlos V.

Hoy se encuentra bajo tierra, pero lo que queda de él,

nos permite imaginar que, ciertamente,

había sido una de las residencias más excelsas de Europa.

En el Aula Magna Carlos V

fue proclamado Señor de los Países Bajos en 1515.

Coudenberg era la sede de la Corte y desde donde el Emperador

gobernaba sus territorios,

apoyado por reconocidos consejeros borgoñones; y asistido abnegadamente

por la nobleza de la ciudad.

La Catedral de Bruselas, de estilo gótico,

se empezó a construir en el siglo XIII

y es también uno de los inmuebles

relacionados con la vida de Carlos V;

una oda a la dinastía de los Austrias.

Las vidrieras de esta Catedral

son el reflejo del linaje de los Austrias,

es un álbum de familia.

En el coro, frente a mí, se puede ver a Carlos V

con su hermano Fernando.

A su izquierda y a su derecha se puede ver a otros miembros

de la familia.

Es el retrato de la familia que regía estos territorios.

El joven Carlos había recorrido, antes de cumplir los 17 años,

muchas ciudades ilustres de Europa,

pero aún no había pisado suelo ibérico.

Carlos desde su nacimiento

es caballero de la Orden del Toisón de Oro,

es Duque de Luxemburgo, ya en 1506, con seis años,

Conde de Flandes, señor de los Países Bajos

pero con la muerte de su abuelo materno

y la enajenación mental de su madre, recluida en Tordesillas,

Carlos tiene que ir a Castilla:

tiene que reclamar su derecho sucesorio.

El futuro Carlos I de España partió el 8 de septiembre de 1517

hacia Santander con una flota de 40 barcos.

Tras 12 días de navegación,

las corrientes terminan arrastrándolo a Asturias,

concretamente a la localidad de Tazones, hoy puerto pesquero

perteneciente al Concejo de Villaviciosa.

El futuro Emperador debía tomar posesión de estos territorios

tras la muerte de su abuelo Fernando El Católico

y conocer, por fin, a su hermano: su rival en la sucesión.

Hay un bando flamenco

que tiene mucho interés por esa reivindicación de que Carlos

haga valer sus derechos a la Corona de Castilla.

Durante varias jornadas recorrió la cornisa cantábrica,

cuando el otoño empezaba a despuntar.

El 29 de septiembre llega

a la primera ciudad de la actual Cantabria donde pernocta:

San Vicente de la Barquera.

Laurén Vital, cronista que acompañaba al futuro Rey,

llegó a decir:

“San Vicente era una villa hermosa y pequeña,

situada en la vertiente de una montaña,

donde las casas llegan hasta el agua y la mayor parte de sus habitantes

son pescadores”.

Carlos V probablemente viera el hoy llamado Castillo del Rey

que se levanta en un promontorio rocoso,

el cual conforma el corazón de la Puebla Vieja.

La Iglesia de Santa María de los Ángeles

es el templo más destacado del pueblo

y se erige junto al castillo.

Las viejas murallas protegen casas palaciegas, hospitales.

Pero Carlos V no eligió ninguno de estos inmuebles para pernoctar

las 14 noches que pasó en San Vicente de la Barquera,

en su primer contacto con Castilla.

El futuro Emperador optó por el Convento de San Luis,

construido en el siglo XV.

El futuro Emperador prosigue su primer viaje por Castilla

en 1517.

El séquito parte de Cantabria

atravesando las actuales provincias de Palencia y Valladolid.

Su destino era Tordesillas.

Carlos y su hermana Leonor pasaron por localidades como Reinosa,

Aguilar de Campoo con el objetivo de llegar hasta Tordesillas

y visitar a su madre, heredera legítima.

Pero tienen también otro asunto importante que es encontrarse

con su hermano Fernando.

A las puertas de Valladolid, en Mojados,

tiene lugar un episodio histórico que ha llegado

hasta nuestros días:

el encuentro con su hermano Fernando, al que jamás había visto.

Para muchos, la presencia de Carlos era el advenimiento de un usurpador.

Se dice que Carlos era un extranjero, porque viene de Flandes,

porque viene rodeado de flamencos, porque no sabe la lengua castellana,

porque todos los cargos que empieza a dar son para flamencos.

La hermana mayor de Fernando y Carlos, Leonor,

se encontraba igualmente en aquella jornada histórica.

¡Carlos!

Tenéis en mí al primero y mayor de vuestros vasallos.

Fernando se mostró sumiso y conciliador,

aunque no pocos nobles veían en aquel joven

al verdadero príncipe.

Fernando, incorporaos...

Os lo ruego hermano.

Levantaos.

¡Hermano!

Los hermanos se conocieron

en un escenario de conflicto diplomático

entre castellanos y flamencos.

En el fondo hay unas negociaciones y una situación bastante tensa

entre el bando castellano y el bando flamenco.

Fernando ya va viendo que no le va a tocar nada,

que no va a tener participación en el gobierno

y que parece que Carlos se lo quiere quitar de encima.

Una de las formas que tiene Carlos de compensar a su hermano pequeño

es concediéndole el Tosión de Oro.

¡Viva el Rey!

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!

Ahí es donde se va a poder discutir de las cuestiones políticas

y de los derechos sucesorios al Reino de Castilla.

Los hermanos, junto con sus respectivos séquitos

pusieron rumbo a Mojados.

El lugar que acogió aquel encuentro, es hoy un pequeño municipio

a pocos kilómetros de Valladolid.

En época de Carlos V fue villa episcopal

y de su importancia dan buena cuenta algunas de las edificaciones,

cuyos muros guardan aún la historia de aquella visita.

La llegada del entonces Príncipe Carlos

se produjo el 11 de noviembre de 1517.

El futuro Emperador se hospedó en el Palacio Episcopal,

del que apenas si quedan restos.

Sí del lugar donde pernoctó su hermana Leonor,

la casa solariega de los Ponce de León,

que aún puede verse junto a la Iglesia de Santa María.

En este templo se celebró un breve acto religioso,

que ofició el entonces Obispo de Segovia

y Señor de Mojados, Don Diego de Rivera.

Mojados acogió en esos días a un ingente número de personas,

donde se mezclaban nobles, eclesiásticos, lacayos, soldados

y pueblo llano.

La villa acogió a dos futuros emperadores, Carlos y Fernando;

y a la que sería más tarde reina, Leonor, primero de Portugal

y luego de Francia.

Asistimos a uno de los momentos más reseñables del pueblo.

Es más, estamos ante uno de los capítulos

de la historia de España.

Carlos concedió a Fernando el Toisón de Oro

en el Monasterio de El Abrojo por lo que entraba a formar parte

de la insigne orden caballeresca fundada por el Duque de Borgoña.

Así pues, el príncipe Carlos lograba calmar los ánimos

de su hermano Fernando.

¡Fuera de Castilla extranjero!

¡Marchaos a vuestra tierra!

El joven Carlos llega a Valladolid para proclamarse Rey de Castilla,

en unas Cortes no exentas de polémica.

Amparará a los pobres, los humildes, las viudas y los huérfanos.

Con todo bien atado, Carlos acude a Aquisgrán

para coronarse Emperador, como hiciera Carlo Magno,

700 años antes.

Durante estos episodios, guardados en los libros de historia,

el Rey viajero visitará ciudades como Toledo, Guadalupe o Sevilla,

donde contraerá matrimonio con Isabel de Portugal.

Tras su segunda coronación en Bolonia, el joven Emperador

sigue enfrentándose a problemas como el luteranismo;

o la gestión de unos dominios difíciles de controlar.

Carlos V. Los caminos del Emperador - El nacimiento de un Emperador

28:14 02 feb 2019

Con 17 años, Carlos V, el Rey Viajero, pisa por primera vez Castilla, adentrándose en la tierra que terminó por heredar. En un tenso encuentro cerca de Valladolid, Carlos, al que el pueblo ve como un extranjero, usurpador de la Corona, conoce a su hermano Fernando, su rival en la sucesión.

Con 17 años, Carlos V, el Rey Viajero, pisa por primera vez Castilla, adentrándose en la tierra que terminó por heredar. En un tenso encuentro cerca de Valladolid, Carlos, al que el pueblo ve como un extranjero, usurpador de la Corona, conoce a su hermano Fernando, su rival en la sucesión.

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    33:26 02 mar 2019

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  • Llegan las despedidas

    Llegan las despedidas

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  • 29:21 09 feb 2019 El joven Carlos llega a Valladolid para proclamarse Rey de Castilla, en unas Cortes no exentas de polémica. Con todo bien atado, Carlos acude a Aquisgrán para coronarse Emperador. Durante estos años, visita ciudades como Toledo, Guadalupe o Sevilla, donde contrae matrimonio con Isabel de Portugal.

  • 28:14 02 feb 2019 Con 17 años, Carlos V, el Rey Viajero, pisa por primera vez Castilla, adentrándose en la tierra que terminó por heredar. En un tenso encuentro cerca de Valladolid, Carlos, al que el pueblo ve como un extranjero, usurpador de la Corona, conoce a su hermano Fernando, su rival en la sucesión.

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