Presentado por: Alexandra Alévêque Dirigido por: Christophe Castagne | Jérôme Mignard | Stéphane Jacques | Mikaël Lefrançois | Alexandra Alévêque

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan.

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Durante varias semanas vive, come, se mueve, a -52 °C en la ciudad más fría del mundo, empapada hasta los huesos en la más húmeda o sin aliento a cada paso, en la ciudad más alta de nuestro planeta. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan, tanto conductuales como organizativas. ¿Cómo son estas inusuales ciudades? ¿Cómo viven sus habitantes? ¿Qué tenemos que aprender de ellos?

Y es que mañana todos seremos urbanos ... El hombre, inexorablemente, quiere vivir en la ciudad. Dos tercios de la población mundial estarán hacinados en 2030, y esta cifra seguirá aumentando. El resultado está ahí: Ciudades que crecen, en cualquier lugar, de todos modos. Y hombres para vivir en ellos, adaptarse a ellos y encontrar la manera de convertirlos en su 'hogar, dulce hogar'.

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Para todos los públicos Bienvenidos a mi extraña ciudad - Episodio 1: Chinguetti - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

(Música)

Alexandra de Arabia.

Para mí, era un sueño

y Mauritania lo ha hecho realidad.

El Sáhara,

el desierto más grande del planeta me recibe con los brazos abiertos.

Después de tres horas de viaje llegaré a Chinguetti,

la ciudad que corre el riesgo más grande del mundo

de desaparecer bajo la arena de las dunas.

(Música)

El paisaje es grandioso.

(Música)

Un decorado que te deja sin palabras.

Está a punto de hacerse realidad mi sueño de niña:

voy a vivir en mitad del desierto.

¿Dónde estás, Lawrence de Arabia?

Peter O’Toole, espérame, ¡estoy llegando!

¿Qué ha pasado?

¡Maldita sea!

¿Maldita sea?

¡Me parto de risa!

¡Espera, así no! ¡Para, para, para!

¿Van a ayudarnos?

Echadnos una mano. Nos hemos quedado atascados.

-Saldremos de aquí. ¡Inch’Allah!

Inch’Allah. Ya verás.

¡Sííííí!

¿Porque es un sí, no?

¡Síííí!

(Música)

(Música)

(Música)

BIENVENIDOS A MI EXTRAÑA CIUDAD

(Música)

Aquí estoy. Por fin he llegado a Chinguetti.

Apodada “la perla del desierto”,

esta ciudad está incluida

en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO.

Fundada hace mil doscientos años,

Chinguetti sufre la amenaza de un enemigo despiadado: la arena.

Las dunas avanzan implacablemente y arrasan todo a su paso.

La desertificación y la escasez de lluvias amenazan a la comunidad

y complican sobremanera la vida de los habitantes.

(Música)

¿Y a quién se le ha ocurrido viajar con una maleta de ruedas?

¡A mí!

Seguro que ellos me ayudan.

¡Hola!

Hola, ¿qué tal? ¿Qué tal? ¿Todo bien?

Sí, todo bien.

¿Sabéis dónde está la casa de Salima y de Aichetou?

¿Por allí? Sí.

¿Todo recto? Sí.

¿Está muy lejos? No.

Bueno, pues genial. Muchas gracias. De nada.

Gracias, ¡adiós!

Durante dos semanas,

afrontaré el día a día de la lucha contra la arena

acompañada de mi familia de acogida.

Buenos días. ¿Es aquí? Sí, es aquí.

Soy Alexandra. ¿Cómo te llamas? Me llamo Radija.

¿Radija? ¿Eres la hija de Salima? Sí.

¿Y tú, bonita? ¡Hola! Muriam.

Buenos días. ¿Te llamas Muriam?

Vamos.

Esa es la puerta de la casa.

¿Y cómo hacemos?

Por aquí no cabe mi maleta.

¿Retiramos la arena? No me fastidies... ¿En serio?

¿La retiramos?

Espera, bonita, que te ayudo.

¿Cómo hacemos?

¿Bastará con esto?

¿Probamos a ver si cabe?

Eso es, eso es.

¡Madre mía!

¡Hola!

¡Alexandra! ¡Buenos días!

Soy Salima. Buenos días. Buenos días, Salima.

Bienvenida. Muchas gracias.

Muchas gracias. Yo soy Alex y he retirado la arena para entrar.

Gracias. Gracias.

He venido con este maletón.

Te presento a Aichetou. ¡Aichetou! Encantada, señora.

Buenos días. Buenos días.

Este es Mohamed Mahmoud.

-Buenos días. Buenos días.

Todo esto es vuestra casa. Eso es.

Este es el patio interior. -Sí.

Bueno... Perfecto.

Esta es tu habitación. ¡Mi habitación!

Tu habitación.

¿Es para mí? Así es.

¿En serio? Es para ti.

Tú duermes ahí. ¿Ahí?

Sí, ahí.

Por las mañanas, sacude los zapatos.

¿Que los sacuda? ¿Por qué?

Por si les hubiese entrado algo.

Espera. ¿Cómo que “por si les hubiese entrado algo”?

¿Algo como qué?

Como un escarabajo o un escorpión.

Por eso tienes que sacudir los zapatos antes de ponértelos.

Pero yo escorpiones no quiero. En la habitación no hay escorpiones.

¿Y en este techo tan bonito y tan trenzado?

De ahí no caerá ninguno. ¿Ninguno?

No.

¿No me caerá nada por la noche? Nooo.

Tengo mis dudas sobre que no haya bichos.

La ducha.

¿Qué tenemos aquí? ¿La ducha?

¿La ducha? A ver...

¡Madre mía!

La ducha... y el retrete.

En el mismo espacio. Eso es.

Vale. Dime cómo hago para ducharme.

¿Para la ducha? Sí.

Llenas el cubo, coges agua y te lavas.

Y te sientas en la piedra.

Me siento allí, en la piedra. Aquella es la ducha.

Genial.

¿Y qué ha pasado aquí? Es la antigua cocina.

Se ha venido abajo, después de mucho tiempo,

por culpa de la arena.

¡Por culpa de la arena! Sí, se cayó por la arena.

Pero ¿por qué? ¿Por el peso? Sí, porque tenía mucha arena encima.

Sí, ya veo la arena del techo.

Esa es la puerta original. ¿Cómo que la original?

Yo he entrado por aquella.

Aquella es... ¿Es la nueva?

Y esta es la antigua. ¿Y eso por qué?

Porque ya está muy vencida por culpa de la arena.

Pero esa no puede ser la puerta. ¿No has visto lo que mide?

No, fíjate.

Llega hasta más abajo.

Todavía hay dos metros hacia abajo.

O sea, ¿que se han acumulado dos metros de arena?

Sí, así es.

Desde el exterior de la casa,

el hundimiento de la fachada es incluso más patente.

¿Es esa? Sí, esa es la puerta.

¡Es imposible! Pues ya lo ves.

Eso significa que el patio, donde está la familia ahora,

era la carretera. Sí, era la carretera.

¡Es que la duna os va a comer!

Ya se ha comido la casa, al menos, una parte.

¿Y qué haces tú? ¿Luchas?

Intento despejarla, pero al final me canso.

Entiendo que Salima tenga miedo

de que este océano de arena termine engulléndolo,

como ocurre en las poblaciones costeras

asustadas por la subida del nivel del mar.

(Música)

Cuéntame, ¿qué es esta tienda?

Es la tienda que hemos instalado para dejarte a ti la habitación.

¿Cómo? Sí.

¿Para que tenga la habitación para mí sola?

Para que tuvieras tu habitación.

¡Hombre, no! ¿Os vais a instalar todos en esta tienda?

Sí. Aquí dormiremos y comeremos.

Muchas gracias.

Es un poquito incómodo, ¿no?

¿Me tengo que quitar los zapatos? Sí, quítatelos.

En Mauritania,

no hay una buena recepción sin un buen té a la menta.

-El té a la menta está delicioso

y además es muy bueno para la garganta.

¿Crees que me va a curar la garganta y la nariz?

-Sí, seguro. Bébete el té y verás como te ayuda a curar el catarro.

Todo de golpe, no. -No, no.

Tienes que saborearlo.

¡Qué rico!

Está caliente. Sí, muy rico.

Dime, ¿cómo me llamo? -¡Alexandra!

Sí, o Alex. -Alex.

-Alex.

Alex, eso es. ¡Alex! ¡Bien dicho!

-¡Alexandra!

-Alexandra. Eso es, es fácil.

El viaje, el 4x4 y el desierto han acabado conmigo.

Es hora de resguardarme en mi cuarto.

Muchas gracias, Salima.

A ver, la lucecita... Aquí está.

Hasta mañana. Muchas gracias.

Buenas noches. Buenas noches.

Chao, chao. Chao.

Tras una rápida inspección,

no tardo en descubrir que no dormiré sola.

Antes de acostarme, daré las buenas noches

a mi pequeña compañera de habitación.

(Música)

Lo siento, no puedo dejarte campar a tus anchas por mis cosas.

Igual te llevas un chancletazo.

La he perdido.

¡Tarde!

En fin.

Buenas noches, compi.

¡Ay, que no me he sacudido los pies! He llenado de arena el saco.

(Música)

(Música)

(Música y bramidos de los camellos)

A primera hora de la mañana,

en Chinguetti, como en todas las ciudades musulmanas,

el muecín de la mezquita llama a los fieles a la oración.

Acabo de llegar,

pero ya he entablado una gran amistad.

Muriam, la pequeña de la casa, no me quita ojo de encima.

¿Quieres una? ¿Quieres?

Venga, que te preparo una tostada.

¿Quieres mayonesa, Muriam?

¿Quieres una con mayonesa?

Primera vez que lo veo.

Aquí tienes, qué rica, ¿las mezclas?

¿Mahonesa y confitura? Sí, como si fuera mantequilla.

¡Es una golosa!

Como si fuera su hermana mayor, acompaño a Muriam al colegio.

He oído que una de las aulas corre el peligro de venirse abajo.

¿Somos las mejores amigas? ¿Somos amigas?

Pues claro que lo somos.

Estábamos destinadas a encontrarnos.

¿A que sí, peque?

Nos esperan veinte minutos a pie;

suficiente para impresionar a la pequeña con mi repertorio.

(Canturrea)Dos kilómetros a pie, ya son, ya son.

#¿En qué trabaja ella?

#Vende pantalones, faldas y enaguas, chalecos de franela.

#Vende pantalones, faldas y enaguas.

#Mami yo no voy, voy, voy, a por el mejillón.

#Ya no tengo cesto yo, del pueblo alguien se lo llevó.

Soy como un coche escoba: vengo con tres más.

Vamos, hora de entrar en clase.

No os quedéis atrás.

¡Venga!

¡Pues este cole no tiene mala pinta!

El recreo también constituye un problema en el colegio.

En apenas tres meses,

el patio construido con hormigón se ha transformado

en un inmenso cajón de arena.

El fenómeno va a más y el director, inquieto, hace lo que puede

para repeler al enemigo.

¿Qué hace aquel caballero?

Está retirando la arena, que vuelve una y otra vez.

¿Está retirando la arena del patio?

Sí. Aunque la retire, si empieza a soplar el viento,

se cubrirá todo de arena otra vez.

Es un trabajo interminable. Sí, interminable.

Desde luego, sí.

Pues tiene para dos años.

Y más. Porque la arena siempre vuelve.

Siempre vuelve. Siempre vuelve.

Es una catástrofe.

La desertificación es una catástrofe, así es.

(Música)

A pocos metros de allí,

se encuentran los restos de la escuela primaria.

El mes pasado,

un grupo de arquitectos vino a constatar los desperfectos

y emitir un veredicto que no deja lugar a dudas.

Los peritos nos dijeron que teníamos que irnos de la escuela,

porque había un riesgo de que se derrumbase el techo.

Le sigo.

Hace tres meses dábamos clase aquí.

¿Esto estaba lleno de alumnos? Aquí se daba clase.

¿Puedo intentar abrir? Claro.

Cuesta abrirlo. Lo conseguiremos.

Poco a poco.

¡Vaya!

Directamente en la clase.

Es muy angustioso. Sí.

Como un grifo de arena. Parece agua.

Es como un grifo abierto.

Es la arena de la duna.

El desierto es nuestro océano.

No es de agua, es de arena.

No tiene fin. No.

Es la metáfora del avance del desierto.

Toda una metáfora.

No tiene fin. No.

Y ¿cómo luchar contra esto?

Si es que aunque retirásemos esta arena, no serviría de nada.

No.

Quito esto y cae otro tanto. Fíjese.

Y más que caerá.

No sirve de nada. No sirve de nada.

¿Y cree que el hombre le ganará la batalla al desierto?

Es muy difícil. Es una batalla.

Sí.

Llevo poco aquí, pero empiezo a entenderlo.

Es una imagen aterradora,

una verdadera guerra entre el hombre y el desierto.

Creo que es una batalla difícil de ganar.

Somos resignados, somos musulmanes,

creemos que esto lo ha enviado Dios y que no podemos hacer nada.

Para ustedes es una cuestión del destino.

Maktub, está escrito. Maktub.

Eso es. No vale la pena luchar.

No vale la pena. Hay que entregarse al destino.

Aceptarlo. Sí. El destino.

Maktub. Maktub.

(Música)

¿Cómo reaccionar ante todo esto?

Los miembros de la comunidad hacen lo posible

por adaptarse y sobrevivir,

a la espera de saber qué decisión les tiene reservada Dios.

(Música)

Hoy, en la tienda, toca ocio en familia,

pero esta vez con los dioses del balón.

(Comentarista en árabe)

¿Quién juega?

Atlético de Madrid... Vale...

...contra Real Madrid.

Muy bien. Dos equipos españoles.

Están jugando una final en Arabia Saudí.

Vale. ¿Te gusta el fútbol?

Sí, me gusta el fútbol.

Siempre voy con el Real Madrid. Entiendo.

Soy seguidor del Real Madrid.

¡Vaya! Sí.

¡Así se hace!

Estoy contento. Al contrario que Aichetou.

¿A ella le da igual? No, ella es del Barça.

¿Sí? Sí.

¡Qué va! ¡Aichetou!

¿Eres del Barça?

¿Sí?

Me alegro por Zidane.

¿A qué jugador francés conoces?

El mejor jugador que había era Platini.

Claro, en el Saint-Etienne.

Ahora sí, a la cama.

No parece que haya ningún bicho en la habitación:

techo despejado y zapatillas en su sitio.

En lo más profundo del desierto,

tampoco hay que olvidar las buenas costumbres.

Pues este es el resultado:

sin base de maquillaje, mirad.

Esta es la arena del desierto que ha terminado en mi rostro.

Ah, qué silencio.

(Un camello brama)

No, camellos, ¡a dormir!

A ver, a ver... Este bañito...

Nunca me habría imaginado

el frío que hace en el desierto por la mañana.

¡Ooooh!

¡Aaaah!

¡Está helada!

Hace mucho frío.

He mirado antes y ponía ocho grados.

Por las tardes hace frío, pero por la mañana...

¡Qué frío!

Tengo la mano congelada.

Ahora hay que lavarse el resto. Será rápido.

Voy a darme algo así como una ducha.

Me vais a perdonar que cierre la puerta.

¿Hola? ¿Alexandra? ¿Sí?

¿Estás lista? Sí.

Ven, que tengo que enseñarte el trabajo.

Ya estoy lista. ¿El trabajo?

Sí, con palmeras.

¿Con palmeras? Sí.

¿Trabajas con palmeras? Sí, es mi trabajo.

Pues quiero verlo.

Quiero verlo. Qué buen día hace.

¡Qué luz! Sí, sí, sí.

¿Y están lejos las palmeras? Están lejos.

¿En serio? Sí, sí.

Uf, qué duro está.

Así debería bastar.

¿La dejo así? Sí.

Vamos.

¡Qué luz! Sí.

(Música)

Salima trabaja en uno de los palmerales de la ciudad.

Para llegar a él, hay que cruzar el Oued,

el río seco que divide Chinguetti en dos.

(Música)

En este oasis, las palmeras dan dátiles,

el fruto por excelencia del desierto.

Los dátiles son el primer recurso económico de la región

y, al parecer, tienen un sabor exquisito.

(Música)

Anda, mira. Ahí tienes una palmera a la que le quedan algunos dátiles.

¿Y nos los podemos comer? ¿Están a punto?

Puedes probar alguno.

Ya verás, pruébalos. Están deliciosos.

Sí, están muy ricos.

Pero su calidad es el fruto de grandes esfuerzos.

Salám Alaicúm. Hola, buenos días.

Hola. ¿Qué problema tienen?

Es el pozo que utilizo para regar las palmeras,

pero está obstruido por la arena.

Hacen falta tres personas para retirar la arena de un pozo:

dos para tirar de la cuerda y una para bajar hasta el fondo.

-Me embadurno de aceite de oliva

porque en el fondo del pozo hace mucho frío.

Me ayuda a protegerme de la humedad.

De lo contrario, no podría trabajar en el pozo.

¿Y baja sin protección ni nada?

¿Apoyándose en las piedras?

(Música)

¿Qué profundidad tiene este pozo?

Dieciséis metros. ¡Dieciséis!

¿Todo bien, señor?

¿Cómo se llama? Armedou.

Armedou, ¿todo bien?

Ah. Es el primer saco de arena. El primer saco de arena.

Bien, bien.

Toda esta arena supone un problema.

Nos obliga a despejar el pozo dos o tres veces al año.

La culpa la tiene el viento que sopla desde el Sáhara.

Nos trae la arena, que entra en el pozo

y que termina por taponarlo.

Tres horas y ciento cincuenta sacos más tarde...

¡Ya está! Listo, listo. Ya está.

Listo. ¡Sí! ¡Tenemos agua!

Hay agua en medio de toda esta arena.

Aún no está transparente, pero hay agua.

Nos vale, nos vale. Sí, nos vale.

Atención...

¡¡Sale!!

(Música)

Chinguetti existe gracias a estas capas freáticas.

Pero desde las grandes sequías de los años 50,

cada vez hay que excavar a más profundidad

para encontrar agua.

(Música)

Y, cuando riegas, intentas ahorrar agua, ¿verdad?

Claro, siempre presto mucha atención, tanto aquí como en casa.

En el desierto, el agua vale más que el petróleo.

Escasea tanto y es un bien tan preciado

que para nosotros el agua es como la vida.

El agua es vida.

(Música)

Justo al lado de su palmeral, y gracias al agua,

Salima esconde su rinconcito de paraíso.

(Música)

Salima, ¿qué es esto?

Es trigo. ¿Trigo?

Sí, trigo. Trigo.

Trigo.

¡Hay un montón!

¿Y qué haces con todo este trigo?

Lo trituramos y luego hacemos nicha,

una especie de gachas,

algo así como cuscús. ¡Cuscús!

Sí. Y un plato que llamamos alaïche.

Nunca me habría imaginado

que vería un jardín del Edén en pleno desierto.

Aquí encuentras

casi todos los ingredientes para un guiso de verduras:

berenjenas, tomates, cebollas, berzas y nabos.

Un huerto casi tan bueno como el de mi abuelo.

¿Y eso qué es? ¿Zanahorias?

Sí, zanahorias.

¡Cuántas!

¡Y allí tienes más!

Qué bonitas. Menudas hojas. Sí, muy bonitas.

Son zanahorias de arena. Sí, zanahorias de arena.

Es un huerto increíble. Sí.

¿La pruebo? Sí, adelante.

Está muy rica.

¿Sabes por qué? Porque sabe a zanahoria.

He comido zanahorias que no sabían a nada.

Esta, sí.

Sí, sabe a zanahoria. Una huerta en medio del desierto.

¡Genial! Sí.

Mientras que en Europa nos devanamos los sesos para mejorar los huertos,

les echamos fertilizante para mejorar la tierra,

tú consigues esto en la arena.

¿Cómo es posible?

Yo fertilizo la arena con estiércol de cabra y de camello.

Pero es lo único que echo.

Y, sobre todo, nada de químicos.

Eso nunca jamás.

Arena, agua y excremento de camello. Y listo.

Caca de camello o de cabra.

Y conseguimos un gran huerto.

Y, además ahorramos.

Sí. Eso está muy bien.

Es fantástico.

Con el fin de protegerse de la arena que rodea sus plantaciones,

Salima lucha con lo que encuentra a mano.

¡Ahora lo entiendo! Haces una especie de cerca.

Sí, lo has entendido.

Vamos a construir una valla para proteger el palmeral.

Porque ¿dónde está la duna de la que te viene la arena?

Justo ahí, ¡mira!

Ah, sí, está ahí. ¡Claro!

Y detrás habrá otra, ¿no?

Sí, y llega hasta Tombuctú.

Son casi mil kilómetros de dunas por el Sáhara.

Interminable.

Arena y más arena.

O sea, que luchamos contra el Sáhara.

Exacto.

Bien. Tranquilo, no hay problema.

(Música)

Salima tiene que reconstruir a conciencia su vallado,

que el viento y la arena se han llevado por delante.

No dejaremos que nos frenen los mil kilómetros de desierto.

¡Nooo!

Y como si fuera el mito de Sísifo,

debe reconstruir su muro varias veces al año.

Palmeras y alambre contra el Sáhara.

¿Quién ganará?

Quizá gane el más fuerte, que es el Sáhara.

¿Tú crees?

No, no digas eso. Nos vas a minar la moral.

El Sáhara tiene una fuerza descomunal.

¿Ya está? Sí, terminado.

Vamos a verlo. Alejémonos.

Enhorabuena. ¡Está genial!

¿Es bonito?

Estoy muy orgullosa de haberte ayudado a hacerlo.

Desde luego, una pared como esta no se lo pondrá fácil al Sáhara.

Por culpa del calentamiento global,

las lluvias son muy escasas y las tormentas, muy frecuentes.

El resultado es que se intensifica la desertificación

y el Sáhara va ganando terreno.

Avanzará cerca de dos kilómetros al año.

(Música)

(Llamada al rezo)

(Llamada al rezo)

Ya estoy a la mitad de mi estancia.

Aïchetou y yo hemos organizado un día de chicas.

Y, sin que sirva de precedente, empezamos poniendo algo de orden.

(Música)

¡Anda, debajo de la alfombra también hay!

Oye, me gusta tu escoba. Funciona bien.

Sí. Arena y más arena.

Venga, fuera, ¡a barrer!

(Música)

¿Cuántas veces al día o a la semana tienes que limpiar así?

Lo hago durante todo el día; cinco o seis veces al día.

En cuanto hay viento,

la arena se mete por todas partes y lo recubre todo.

Entra en la cocina, en las habitaciones, en la tienda...

y me paso todo el día con la escoba en la mano.

Nunca paro de trabajar. ¡No tiene fin!

Estoy harta de tanta arena.

Ya, pero me temo que la arena va a seguir ahí.

El desierto no va a cambiar de sitio.

¿Cómo ves el futuro?

Cada año va a más y no se va a quedar ahí.

Pero no me quiero ir de Chinguetti.

Aquí están mis padres, mis hermanos y mis hermanas.

Quiero quedarme aquí

y espero que encontremos la solución a tanta arena.

Pero, sobre todo, me gustaría tener que dejar de limpiar todo el día.

No voy a volver a quejarme.

En casa, cuando limpio, no paro de quejarme.

Digo 'estoy harta', pero la próxima vez pensaré en ti.

En serio.

Y, en ese momento, se levanta el harmattan,

el viento del desierto.

A la vuelta nos espera otra sesión de limpieza.

Hace viento. ¿Me ves el pelo? ¿Ves cómo vuela?

Hoy es un día ventoso.

Este viento cálido y seco llega directamente del norte de África

y atraviesa todo el Sáhara.

Obliga a los habitantes de Chinguetti

a vivir en un infierno cuatro meses al año.

Desde la aceleración del cambio climático,

sopla con más frecuencia y con más virulencia.

(Música)

¿Estás bien, cielo? Mírala, con su capuchita...

Ay, la arena: en los ojos, en la boca...

En el pelo, ya, ni hablamos.

En tres días tendré pelo de paja.

Caray. ¡No hay quien pueda!

Te empujo. ¡Te empujo!

Si es que como abra la boca, se me llena de arena.

Me entra en los ojos. Esta arena es terrible.

Pica, ¿verdad?

¿Este es el viento que te llena la casa de arena?

Así es.

La tormenta cruza el Sáhara y el viento nos trae la arena.

El resultado es que las dunas avanzan hacia las casas

y el lecho del río se cubre de arena.

Este viento es el responsable de la desertificación.

De todas formas, hay demasiada arena.

Mira... ahí está el desierto. Sí.

Ahí está. Es duro. Sí, sí.

Venga, pequeña, que casi estamos. ¡Un poquito más!

Por suerte, los edificios nos protegen algo de la tormenta.

En los tenderetes de algunas tiendas

encontramos lo esencial a precios insuperables.

Mira: “Más barato que si fuera gratis”.

¿Qué puede haber más barato que algo gratis?(Ríen)

Vamos a buscar. ¿Qué nos llevaremos, Aïchetou?

Camello. Aquí hay mucho y lo encuentras todo el año.

Quiero medio kilo de carne. Pero solo de carne, nada de hueso.

¿Sabes que es la primera vez que voy a probar carne de camello?

¿A qué sabe?

La carne de camello está muy rica. Ya verás, está deliciosa.

La cenaremos esta noche con cuscús.

Shukran.

Vamos, pequeña.

El cuscús. Ahí va todo.

¿Quién te enseñó a cocinar?

Me viene de familia: las tortitas, el cuscús, el pan, los guisos...

Me lo enseñó todo mi madre.

Venga, ayúdame.

¿Tamizo como estabas tamizando tú? ¿Paso la mano así?

Sí.

Aïchetou, tengo una curiosidad: ¿cuántos años tienes?

Tengo entre 25 y 30 años.

¿No lo sabes exactamente? Sí, por supuesto.

Es para hacerte pensar.

¿Y qué edad tenías cuando te casaste con Salima?

Eso sí que no lo sé,

pero creo que debía tener unos 15 años.

Era pequeña.

Era muy pequeña.

Un día vino a mi casa para hablar con mi padre.

Al cabo de un rato,

me envió a una señora mayor para pedir mi mano.

Poco después, nos casamos, y desde entonces vivo aquí, con él.

¿Y qué pensaste la primera vez que viste a Salima?

Me gustó en cuanto lo vi.

El primer día que vino a casa de mis padres me pareció guapo

y me enamoré de él.

Ay, ¡los misterios del amor!

(Música)

Tras una tarde entera de preparación y dos horas de cocción,

el cuscús está listo.

Ay, ay, ay... ese cuscús.

Te cedo la cámara y me grabas tú.

Es la primera vez que me grabas comiendo.

En esta pantalla ves lo que estás grabando.

Tú miras ahí y apuntas hacia mí. ¿Me ves?

Genial. Pues estás grabando tú. ¿Vale? Voy a probar.

Adelante.

Primera vez que pruebo la carne de camello.

Veamos. A ver.

(Salima tararea)

Tendré que pedir un deseo, ¿no?

Y si no me gusta, ?¿qué digo? Que aproveche.

Que aproveche.

Está algo recio.

Está duro.

¿Duro? Un poco.

Sí, pero está rico.

Para mí, está... Está rico.

Tiene mucho sabor.

Está algo correoso, pero muy rico.

Y con las legumbres de la huerta de Salima,

es un placer para los sentidos.

(Cantan en árabe)

(Cantan en árabe)

(Cantan en árabe)

(Música)

Esta mañana, el viento ha amainado.

(Música)

Tras la tormenta, los vecinos acuden en masa al hospital de Chinguetti.

Todos muestran una gran variedad de síntomas.

¿Aïchetou y Alexandra?

Por ejemplo, Aïchetou.

Le duelen mucho los ojos desde que fuimos al mercado.

Gracias.

Tiene cita con el doctor Michel Malik,

un médico egipcio que ha llegado como cooperante.

Hola, soy Alex. Encantado, Alex.

Y ella es Aïchetou. Buenos días. ¿Qué tal, Aïchetou?

Siéntate aquí.

Dime, ¿qué te pasa? -Me duelen mucho los ojos.

Voy a examinarte.

Mira hacia aquí.

Hacia arriba.

Tienes que echarte colirio.

Dos gotas al día, por la mañana y por la noche.

Y te recetaré otras gotas para limpiarte los ojos.

Échatelas tres veces al día.

Tiene una inflamación de los ojos, una conjuntivitis.

Es fundamental que no se exponga al viento ni a la arena.

Aquí es casi imposible. Sí, no es fácil.

¿Hay muchos casos como el de Aïchetou en Chinguetti?

Sí, es muy habitual, sobre todo, en niños,

porque se pasan todo el día rodeados de arena,

no se lavan las manos y se frotan continuamente los ojos,

y luego se pasan la enfermedad fácilmente unos a otros.

¿Cuáles son

las principales enfermedades que ve aquí,

vinculadas a la arena?

Aquí se ve escorbuto, conjuntivitis, alergias...

la solitaria...

También se ve bronquitis y asma,

tanto en niños como en adultos.

Y anemia.

Les falta hierro en sangre.

Y todo, por una mala dieta.

¿Y es bueno para la salud vivir en el desierto?

Creo que la vida en el desierto es dura.

A la gente le falta agua, electricidad y productos frescos.

La gente lucha contra su entorno para lograr sobrevivir aquí.

Se acostumbran a esto desde que nacen.

Es una adaptación lenta y gradual, día tras día, año tras año.

(Música)

A pesar de que el viento ha soplado solo un día,

la ciudad ha quedado sepultada bajo toneladas de arena.

Tras cada tormenta,

el ayuntamiento organiza grupos de voluntarios

para campañas de retirada de arena.

Nos unimos con Salima al grupo de voluntarios.

No solo hay arena, también hay caca de cabra.

Es buena para las palmeras.

¿Es buena para las palmeras? Sí, les viene muy bien.

Muy bien.

¡No puedo! ¡Pesa!

Sí. Pesa mucho. Mucho.

No puedo.

Ven. Ven, burrito. Acércate.

La evacuación de la arena me genera algunas dudas.

Mélaïnine y sus camaradas vacían los sacos en el lecho seco del río,

a unos cien metros.

Por aquí fluye el río Oued cuando va cargado de agua

y se lleva toda la arena hasta más abajo,

así que aprovechamos.

Pero tiene que haber agua. Sí.

Y no está garantizado. Eso es.

Si llueve bien fuerte una vez cada diez años, nos vale.

¿Diez años? Pero eso no es nada.

Tampoco es mucha agua.

Ya. Pero estamos en el desierto.

Cierto.

Las últimas lluvias cayeron hace dos años.

Les deseo que las próximas no tarden ocho años en llegar.

¿Hemos terminado? ¿Ya hemos terminado con esta zona?

Les pido un favor: conozco a una persona

que tiene muchísima arena en la puerta de su casa

y todos los días tengo que retirarla. Es Salima.

¿Podríamos ir todos con los equipos a retirar la arena?

¿Vamos? (Todos) ¡Vamos!

¡Venga! Vamos, Salima.

Estoy harta de tener que quitar la arena de tu puerta.

Hartita estoy. -Venga, Salima.

¡Venga! ¡Vamos, chicos! Venga, venga, venga.

¡Vaya tropa!

Gracias a estos hombretones,

la puerta de la casa de Salima pronto se abrirá como debe.

¡La puerta!

Se abrirá y se cerrará.

Madre mía, qué maravilla.

Sí, más.

No quiero ver un grano de arena.

Sí, yo creo que así está bien.

¡Vamos!

Mira, mira esto. Un milagro. ¡Cuidadito! ¡Tachán!

¡Listo!

Se abre fácilmente, ¡con el meñique!

Muchas gracias, es una alegría.

Si tú estás contento, yo también.

Estábamos hasta el gorro de retirarla todas las mañanas.

Hasta el turbante. ¡Hasta el turbante!

Hasta el gorro o el turbante.

¡Bravo!

Gracias.

Y, sin embargo,

existiría una solución que cambiaría la vida de Salima.

Me ha hablado de un ingeniero

que está convencido de que podría salvar Chinguetti

empleando árboles.

¡Hola! Buenos días.

¿Qué tal? Muy bien.

Encantado.

¿Es usted Isselmou? Sí.

Le estaba buscando.

Me habían dicho que era el señor con un hermoso bigote.

¿Es usted? Sí. Gracias, soy yo.

Isselmou supervisa un programa de plantación de acacias.

¡Aúpa!

¿Cuántas nos llevaremos?

Si tenemos tiempo, plantaremos doscientas.

Tenemos que plantar doscientas.

Si da tiempo, plantamos doscientas. Sí.

Vale.

¿Cómo nos ponemos?

(Música)

La reforestación alrededor de Chinguetti forma parte

de un proyecto faraónico.

Bautizada como «la gran muralla verde»,

el objetivo de este programa es

frenar el avance del desierto en todo el Sahel.

Un total de once países se han unido

para plantar cientos de millones de árboles

en una franja de siete mil ochocientos kilómetros de largo

y quince de ancho, de Dakar a Yibuti.

¿Lo sacamos todo?

Isselmou, ¿lo sacamos todo?

(Música)

En esta parcela de cinco hectáreas,

Isselmou y sus equipos plantan y cuidan de miles de árboles

para levantar un verdadero cinturón vegetal

que proteja la ciudad.

(Música)

Vamos a plantar aquí el primer árbol.

Cinco pasos, y el segundo. Uno, dos, tres, cuatro y cinco.

Y hacemos otra línea al lado. La puedo hacer yo:

uno, dos, tres, cuatro, cinco...

Muy bien, adelante.

¡Cuidado, que has ido a la izquierda!

¿Me he desviado? Sí, has ido a la izquierda.

Todo recto. Siempre me voy a la izquierda.

Uno, dos, tres, cuatro y cinco. Vale. ¿Con las piernas bien firmes?

Puedes hacerlo normal, pero hacia aquí.

Vale, vale.

Uno, dos, tres, cuatro cinco... ¡Cinco! Muy bien.

Venga, esos árboles.

Empezamos.

¡Aquí! Sí.

Isselmou ya ha plantado cinco mil árboles.

Todavía tiene que plantar dos mil más

para completar el programa.

¿Excavo más? Sí.

Desde que he llegado a Chinguetti no paro de excavar y retirar arena.

Lo cojo... Como si fuera un niño.

¿Como un bebé? Sí.

Entiendo.

¿Sabes? Me cuesta creer

que esta pequeña acacia y las otras consigan frenar la duna.

Inch’allah, si Dios quiere, la frenarán.

¿Cómo?

Tiene raíces que irán hacia abajo en busca de la humedad.

Bloquearán la arena y, conforme crezcan,

la arena no se moverá.

O sea, que este arbolito, cuando eche raíces, sujetará la duna

y las ramas frenarán la arena.

Frenarán la arena.

Este arbolito que ves lo frenará todo.

¿Y qué parecerá todo esto? Un bosque.

Un bosque.

Un gran bosque de dieciséis hectáreas.

¿Aquí? Aquí.

Aquí habrá un gran bosque. Si Dios quiere.

¡Inch’Allah! ¿En cuánto tiempo? En cuatro años.

¿Cuatro años? Sí.

Vaya.

Tú crees en la muralla. Yo, sí. Inch’Allah.

Funcionará. Funcionará. Seguro.

Pero la acacia tiene que ser grande.

(Música)

También es imprescindible

que los camellos y las cabras no devoren las plantaciones.

Pero, sobre todo, que por fin vuelva a llover.

Y eso no será mañana.

(Música)

Este paisaje es increíble.

Sublime a la par que aterrador.

Esta ciudad, Chinguetti, tras la duna,

es como un barquito en medio del Océano Pacífico.

Un barco al que le entra agua

y cuyos viajeros intentan achicarla pero solo tienen de cucharillas.

Por ahora, van tirando, pero ¿cuánto tiempo más? No se sabe.

(Música)

Las grandes despedidas.

Ya está. Se terminó.

Ay, la carita de Muriam, ¡qué carita!

Mi ratoncito. Sí, ayúdame.

¿Y ahora se abrirá fácilmente?

¡Eh! Listo.

Una acera sin arena. Bueno, casi.

Bien, amigos... Vaya, Muriam se viene conmigo.

Pequeña, Alex se tiene que marchar.

Es hora de que vuelva a casa.

(Música)

Bueno, pues os dejo aquí.

¿No os llevo a Tar, donde hay menos arena?

¿Os quedáis en Chinguetti?

No, no nos marcharemos de aquí.

Lucharemos contra la arena y ganaremos.

Y luego reconstruiremos nuestra casa.

O sea, que nos quedamos en Chinguetti.

Te gusta tu ciudad, ¿eh? Claro que me gusta, ¡es mi ciudad!

Bueno, me voy antes de que lloremos.

Adiós, adiós.

Muchas gracias, muchas gracias a todos.

¡Adiós, ratoncito! ¡Adiós, ratoncito! ¡Adiós!

Bueno, pues ya se terminó. Adiós, Chinguetti.

Creo que Francia queda todo recto, o eso me ha dicho Salima.

Adelante. ¿Qué, Chewbacca?

Vamos.Ya verás, Francia no tiene nada que ver.

No hay dunas y nada de arena. Verde y prados.

Podrás pacer y luego beber y beber...

Te gustará. Te gustará, Chewbacca.

(El camello brama)

¿Qué? Sí, sí, sí. Estoy de acuerdo. Venga, vamos.

Vamos.

(Música)

El del bigote grande.

¿Le suena la escena

de Louis de Funès con el bigote grande?

Bienvenidos a mi extraña ciudad - Episodio 1: Chinguetti

52:15 23 mar 2021

La ciudad de Chinguetti se encuentra en el corazón del Sahara, en Mauritania. Es una joya en peligro de extinción. Conocida desde la Edad Media por su arquitectura e influencia cultural, la pequeña ciudad está amenazada por el implacable progreso del desierto.

Contenido disponible hasta el 14 de diciembre de 2023.

La ciudad de Chinguetti se encuentra en el corazón del Sahara, en Mauritania. Es una joya en peligro de extinción. Conocida desde la Edad Media por su arquitectura e influencia cultural, la pequeña ciudad está amenazada por el implacable progreso del desierto.

Contenido disponible hasta el 14 de diciembre de 2023.

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