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No recomendado para menores de 12 años Anillos de oro - Capítulo 7: A pescar y a ver al duque - ver ahora
Transcripción completa

-¿Saco ya la merienda, señora?

-Mi hijo no puede tardar.

-No creo que aparezca hasta la hora de cenar, si aparece.

-Sería la primera vez que no venga a cenar.

-Una vez tenía que ser la primera.

-Desde que nació dice que el niño va a hacer esto, lo otro...

Sin que acierte en nada. -Ojalá no hubiera acertado en nada.

-No empecemos, Rita, no empecemos.

Quite, quite, quite. -Allá usted, señora.

Ya sabe que sólo quiero lo mejor para él.

-¿Y yo lo peor?

-A veces la mejor intención... -Que no empecemos.

Usted tiene mucha culpa de todo lo que pasa.

-¿Yo?

Esta sí que es buena.

-Usted y su madre, que en paz descanse, lo han tenido...

...toda la vida entre algodones.

-Yo hubiera querido que saliera a jugar...

-Sirva la merienda.

Tampoco voy a estar esperándole como una estúpida...

...por si quiere venir.

-¿Quiere otro café?

-No, no...

¿Qué hay, Tere? -Hola, Ramón.

Ponme un café.

No, mejor dame un coñac, estoy tieso.

-¿Qué significa? ¿Tienes frío o que no vas a pagar?

¿He dejado alguna vez de pagar aquí?

-Alguna, cuando estás tieso.

Pues tú tranquila, que las finanzas marchan bien.

Sin delirios, pero bien.

Oye, ¿quién es ese de la juerga?

-No sé, un nuevo en la plaza.

Lleva ahí desde las tres de la tarde.

¿Así? -Así.

¿Miro si está muerto?

-No debía habérselo dicho así, tan de sopetón.

Hay que tener más tacto.

Más mano izquierda para tratar a la gente.

Y mira que se lo habré dicho veces. -Yo soy muy clara y directa.

-Y muy sargento de varas.

¿Qué le pasó con el padre?

Tan clara y tan directa que un día lo hartó y hasta hoy.

-Hasta hoy, no. Hasta que murió. -Pues ya ve.

-¿Qué veo? Mi hijo no se parece a su padre en nada.

-Ay, ojalá se le hubiese parecido en algo.

Ojalá.

(TARTAMUDEA) Oiga.

-Dame una cerveza para el poeta.

-Te llama el muerto.

-65 pesetas.

-No, no, perdóneme, ¿podría prepararme algo de comer?

-¿Algo de comer?

Algún bocadillo tendrá que ser. -Sí, sí, perfecto.

-¿De qué lo quiere?

-¿Podría ser un pepito?

-No tenemos cocina, ni plancha. Si acaso algo frío, fiambres y eso.

¿Lo quiere de jamón?

-Estupendo.

-¿De jamón y queso? -Ah, claro, mejor. Mucho mejor.

-¿Algo para beber?

-Pues otro café con leche.

Y si no... descafeinado.

Sí, sí, descafeinado.

-¿Con leche? -Sí.

Con leche.

-¡Mixto y un descafeinado con leche!

Jadeos.

-Ay, quieto.

Te parezco ridícula, ¿a que sí?

¿Pero qué dices, Aurora?

Cada cual es como es.

-Ha sido culpa mía.

No he debido subir a esta casa.

¿Pero tú en qué mundo vives?

No pasa nada porque subas con un señor a su casa.

No tiemblan los cimientos de la civilización. Es normal.

Sobre todo cómodo.

Para esto, para tomar una copa, charlar, oír música, yo qué sé.

No es pecaminoso, te lo aseguro.

No tienes que confesarte.

Y si el señor es un imbécil, se precipita y lo estropea todo,...

Es culpa suya.

Hay que ponerle un cero.

-Estarás pensando que soy una cursi.

Estarás pensando, pues, no sé.

No suelo pensar tanto.

Me canso.

-Ahora seguro que no me volverás a llamar nunca más.

Vamos a ver si he entendido bien.

En tu entorno se sigue pensando que el hombre es un ser peligroso.

Que sólo quiere aprovecharse de ti. Pues no es así.

A mí me interesas tú.

¿Entiendes?

Tú, en general.

Tu amistad, tu compañía, tu conversación.

¿Te das cuenta la cantidad de tonterías que me haces decir?

Anda, vámonos.

-Sí, llévame a casa. No, no te llevo a casa.

Ahora nos vamos a dar una vuelta y olvidarnos de esta idiotez.

¿Dónde quieres ir? -Pues no sé.

Es muy tarde, ¿no?

¿Qué pasa que te regañan en casa?

-¿Ves como estás enfadado? ¿Quién, yo?

-Sí, tú, sí.

En mi casa son muy chapados a la antigua, lo sé.

Pero no tienes que tomarme el pelo.

Hace mucho que no tengo edad de que me regañen.

¿Adónde quieres que vayamos?

No sé, a un fumadero de opio, ¿te parece?

-Mira, pues a lo mejor me gustaba.

Ya verás, seguro.

Venga, Santa Bernardette, te voy a presentar a mis amigos.

A ver si te haces mayor de una vez.

-¿Está bien así?

-Gracias, Rita.

-Lo que pasa, es que a los treintaitantos años,...

Sigue siendo un niño.

Eso es lo que pasa.

-¿Y quién tiene la culpa?

-Hijo único, siempre metido entre faldas.

Consentido, mimado, protegido...

-No lo he sabido hacer bien. Es verdad.

-Señora, a veces las cosas son porque tienen que ser y ya está.

Mire mi hermano, sin ir más lejos.

Huérfano de padre y toda la vida entre mi madre y seis hermanas...

...mayores que él.

Y siempre ha sido una mula, señora.

Una auténtica mula. Bueno, usted ya lo conoce.

Le digo que eso es cuestión de suerte.

-No me hubiera gustado que fuera una mula.

-Ya me entiende, señora.

El nuestro nació así y nada más. -El nuestro nació cómo, Rita.

¿Cómo? -Pues...

Delicado,...

Sensible...

Tímido.

-¿Có... cómo?

-Digo que qué afición. La hora que es y ni pestañea.

¿Qué dice? -Nada.

Pero, ¿tú le conoces? -No lo he visto en mi vida.

Campanadas.

-¿Tú también juegas? -¿Eh?

-Al ajedrez. Que si sabes jugar.

-Sí, sí... Un poco. -¿Con estos?

-No, con mamá.

Con mi madre. -Pues yo no sé ni mover las fichas.

-Yo sí, pero lo hago muy mal. Mamá... Mi madre me gana siempre.

-Rita... Rita.

-Aquí estoy, señora, abajo. -Rita...

-Me estoy empezando a preocupar.

A ver si le ha pasado algo. -Calle usted, por Dios.

¿Qué le va a pasar? Estará por ahí.

-¿Dónde es "por ahí"? -Por ahí, con sus amigos,...

...con quien sea. La criatura se ha impresionado.

Le largó usted la noticia así de golpe y...

Se ha impresionado, es natural.

-Lo natural sería que... diciéndole lo que le he dicho,...

...estuviera junto a su madre. -Junto a su madre está siempre.

Habrá querido variar. -Ay, Rita, mi hijo no tiene amigos.

Se trata sólo con la familia. Y, eso, poco.

De casa a la tienda y de la tienda a casa.

-Si le hubiera usted dejado estudiar...

-Él tenía su negocio. ¿Para qué necesitaba estudiar?

-Y todo para tenerlo aquí, metido en casa todo el día.

-Si dentro de media hora no ha llegado,...

...llamo a la Policía.

-Bueno, pues... gracias otra vez.

Si no es por ti, sigo tragándome partidas de ajedrez hasta mañana.

Qué pesados. -Te acompaño.

A estas horas, sabe Dios. Te acompaño, te acompaño...

(INTERFONO) ¿Sí? ¿Quién es? -Soy yo, mamá. Ábreme.

Bueno, pues... muchas gracias otra vez.

Muchas gracias. -Adiós.

A lo mejor algún día me acerco por el pub y nos vemos.

-Hasta otro día. Adiós. -Adiós.

Ruido de motor.

-Ya está, señora, ya está ahí. -Ay, gracias a Dios.

Me voy a la cama.

Que no sepa que le hemos estado esperando.

-Pero, hijo... ¿Cómo llegas a estas horas?

Sin llamar, sin decir nada. Me tenías en vilo.

-¿Mamá está despierta? -No, no...

Tu madre se fue a la cama después de cenar.

-¿Dónde has estado?

-¿Cómo se siente? -Bien.

-Hablaste por fin con el médico. (ASIENTE)

-Te dijo lo mismo que a ella. -Peor... Mucho peor.

La vamos a perder muy pronto.

(LLORA)

-Cálmate...

Tranquilízate.

Anda... Cálmate.

(SOLLOZANDO) Cálmate.

-Buenas noches. -Que descanses, hijo.

Ladridos.

-Tranquilo, bonito.

Ese médico no sabe una palabra, mamá. No está al día.

Siempre ha sido un alarmista, además.

Consultaremos a uno bueno, a un especialista.

Y si hay que operar, se opera... -Arturo, hijo, lo que tú quieras.

Pero júrame una cosa. -¿Qué, mamá? ¿Qué?

-Júrame que te casarás... Y formarás un hogar.

(RÍE) Pero, ¿en qué quedamos? -Las pastillas, señora.

-De pequeño, me pedías que no me casara nunca,..

...que estuviera siempre contigo. -Ahora te pido lo contrario.

No quiero irme al otro mundo con el remordimiento...

-Por favor, el otro mundo... Qué manera de sacar las cosas...

...de quicio. ¿No te estoy diciendo que ese médico es imbécil?

-Escucha, Arturo...

Dejémonos de pamplinas y hablemos claro.

Arturo, la sociedad no acepta ciertas cosas, ¿comprendes?

-No.

(TOSE)

-Pues está muy claro...

Quería decirte que hay que seguir a unos esquemas...

...o te dejan fuera. Eso si no te crucifican.

Ahora toca ser liberales, sí, sí; pero...

-Mamá, un discurso ahora...

Después del día que me hiciste pasar ayer con tus aprensiones.

No sé adónde quieres ir a parar... -A que te cases.

-¿Te das cuenta la manía que ha cogido?

-No te me vas a quitar de encima echando el asunto a broma.

Quiero que te cases.

Te decía que ahora toca ser liberales, pero es de fachada.

Es de boquilla. Funciona solamente en algunos...

...círculos, entre alguna gente.

Entre la tuya, no.

Y en el mundo, en general, tampoco.

El mundo quiere pareja: un hombre, una mujer... Hijos.

Todo el que se salga de eso se considera un peligro.

Y se lo hacen pagar.

A veces muy caro, a veces más barato. Según sopla el viento.

Pero siempre se lo hacen pagar. -Charlie, tranquilo.

-¿Me escuchas, hijo? -Sí, mamá, te escucho.

-Yo misma, desde que se fue tu padre, he sido un cordero...

...negro entre corderos blancos. Una separada.

Y toda la vida me he pasado, tú lo sabes,...

...siendo más exigente que nadie, más limpia que nadie,...

...más honrada que nadie... más rígida que nadie.

No fueran a decir. Con miedo, ¿comprendes?

Con miedo de que me consideraran...

Distinta.

-Bueno, bueno... Todo eso quedó atrás.

Ahora ya no te habría pasado eso. Son otros tiempos.

-Ah, ah...

-Despacio... -A mí puede que no, pero a ti...

-¿A mí qué, mamá?

-La sociedad no acepta así como así a un...

A un solterón.

Yo no quiero que tú seas un solterón.

-No lo seré, mamá.

-Júramelo, no quiero morirme con esa angustia, júramelo.

-Lo juro, pero no te hagas ilusiones de que vas a morir, ¿eh?

-Arturo...

-Toma. Y métete adentro, que hace mucho frío.

Rita, por favor... -Sí, señor.

-Adiós.

Rita... -Sí, señor.

-Arturo, hijo.

-¿Sí, mamá?

-Dame otro beso.

-Anda, anda, para adentro. -Sí.

-Rita... ¡Vamos, Charlie, vamos!

-Padre nuestro que, atento siempre a las súplicas de tus fieles,...

...escuchas los deseos de nuestro corazón.

Concede a tu siervo, cuyo cuerpo acabamos de depositar en tierra,...

...participar con tus elegidos de la recompensa de la gloria.

Por Jesucristo, nuestro Señor. -Amén.

-Dale, Señor, el descanso eterno...

...y brille sobre ella la luz perpetua. Amén.

Desde lo hondo a ti grito, Señor. El Señor escucha mi voz.

Que estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica...

-Arturo.

-¡Ay, qué alegría, que alegría señoritos!

-Hola.

-¡Otra vez en casa! ¿Y el viaje? -Muy bien.

-Me alegro. -Perdóneme, pero vengo cansada.

-Hala, pues a descansar, señorita. Hala, hala.

Traiga. Deme, señorito.

Ladridos. -¡Ay, qué alegría!

-¡Charlie, Charlie, ven!

¡Ah, ya, ya!

Mira, Charlie, es mamá. ¡Mamá!

¿Te acuerdas de mamá?

¡Pobrecita!

-Arturo. -¿Qué?

-Mira qué cosa tan bonita. -Es de mamá. Trae, trae.

-Es preciosa. Me encantaría usarla. ¿Usarla tú? ¿Qué dices?

-Hijo, perdona. Pensé que si era de tu madre, pues no sé...

-Tú no tienes por qué llevar nada de segunda mano.

Tú te compras una nueva o te la regalo yo.

Ahora vuelvo. Vamos, Charlie, vamos.

(LADRA)

Ladrido.

Preciosa, pero... no sé, me gustaría algo más sencillo.

-Cómo no. Tiene esta otra también en carey y oro.

-Demasiado sencillo. -Bueno tenemos esta otra.

Oro de 18 quilates, oro blanco. Muy juvenil y muy elegante.

-Ah, es bonita, sí. ¡Caray, 240 000!

¿No tiene nada que baje de las 200 000?

Pero esta está muy bien. Muy bien, me gusta. Esta misma.

Hola.

Toma, Rita, para que te entretengas.

-Muchas gracias, hijo. Son cotilleos, pero me entretienen.

-Y esto para ti, para que veas que no me olvido de las cosas.

-¿Qué es? -Ábrelo.

-Mujer.

-Mire, Rita, ¿le gusta?

-¡Ay, qué cosa tan fina!

¿Se la habías pedido? -No, ha sido cosa de él.

-¿Has visto qué detalle? ¡Te quejarás!

¿Sirvo ya la cena? -Sí, vengo muerto de hambre.

Hoy no se ha parado en la tienda, -Pues eso es bueno, hijo.

-Las cerillas, Rita.

¡Pobrecita!

Todavía me parece que la voy a ver ahí, sentadita, haciendo su punto.

Ahora tendré que acostumbrarme a llevar jerséis de confección.

-Es ley de vida, Arturo. Hay que sobreponerse a las cosas.

Mirar hacia delante, ser fuertes. -Claro, para ti es fácil decirlo.

Tú no conociste a mi madre.

-¿Sabes una cosa? Quiero que me lleves a la tienda.

Pero no de visita.

A trabajar. -¿A trabajar? No veo la necesidad.

Tenemos gente de sobra. -¡Pero yo quiero ir!

¡Quiero estar contigo!

-Bueno, bueno, ya veremos.

-Hala, hala, a la mesa.

-¿Por qué has cambiado de sitio?

-¿Yo? Es verdad, pues... ni me había dado cuenta. Es que...

-La he puesto yo ahí. Así estará más cómoda para servir y...

-En este sitio estaba muy bien. -Pero es que...

-Anda, ven.

Rita, sírvenos la cena, por favor. -Enseguida.

Campanada de un reloj.

-¿Duermes?

¿Aurora? -¿Qué?

-Si noto que estás despierta, mujer.

Irradias tensión. Igual que una estufa irradia calor.

-¿Tú crees?

-Lo de tu insomnio es patológico, patológico.

En cualquier caso, deberías tomar alguna pastilla o algo.

¿Quieres que baje a hacerte una tila?

-No, no, voy yo.

-A ver si coges frío.

-Ojalá. -¿Qué?

-Nada, nada.

-Ay, hija, qué rara estás.

Alguien llora.

Llantos.

(LLORA)

-¿La he despertado, Rita?

Discúlpeme. No sé lo que me ha pasado.

He tenido una pesadilla.

Yo creo que todavía extraño la cama.

-Si sabía yo...

Si sabía yo que esto tenía que pasar.

Y su madre empeñada en que se casara.

-¿Que tenía que pasar qué? ¿Qué?

-Pues eso, que habréis tenido alguna pelotera.

Como te he oído llorar y Arturo no está aquí contigo.

-¿Qué tendría de particular?

Todos los matrimonios discuten, sobre todo al principio.

-Claro que sí, hija.

Si yo no digo nada.

Nada.

-Como que no hay nada que decir.

-Pues mejor que mejor.

-Rita.

¿Qué hay arriba?

-¿Arriba dónde?

-Pues arriba, en ese altillo que está siempre cerrado.

-Ah, hay...

-Sí, ahí, ¿qué hay?

-Nada, cosas de Arturo.

-¿Cosas de Arturo? ¿Qué cosas?

-Es una leonera, un cuarto suyo.

Pero no se te ocurra subir, no sabes cómo se pone.

-¿Por qué? -Ya sabes cómo son los hombres.

No quiere que nadie se meta allí a revolver ni a ordenar.

Con decirte que no dejaba entrar ni a su madre.

-Pero es que yo no soy su madre, soy su mujer.

Su mujer.

Buenas noches, Rita.

Buenas noches, señora.

(GRUÑE Y LADRA)

Calladito, Charlie.

(GRUÑE)

-Chis.

(LADRA)

-¿Qué haces tú aquí?

-¿Esta es tu leonera, no?

O sea, tu cuarto.

He subido a ver si me gustaba más que el de abajo.

Y sí.

Me gusta más.

No sé por qué nos hemos instalado tú y yo...

...en el de tu madre teniendo este. Estaríamos mucho mejor aquí.

-Tú seguirás donde estás.

Deja de hacer el idiota de una vez y vete a la cama.

Y me harás el favor de no venir a enredar aquí nunca más.

¿Está claro? Esto es privado.

-¿Privado? -Sí, privado.

Aquí vengo yo para estar solo.

-Con Charlie.

-En cualquier caso, no contigo.

No contigo, ¿está claro?

Sal de aquí, hazme el favor.

-Bueno, hombre, no te pongas nervioso.

Ya me voy a mi sitio.

¿Me dejarás que me tome antes la tila, no?

O... ¿prefieres que me la tome en tu cama?

-Aurora, por favor, no quiero enfadarme contigo.

Vete a dormir.

-He dicho que te vayas.

Ten.

Bueno, pues si tiene usted la amabilidad de sentarse,...

...ahora nos lo suben.

-Muchas gracias.

-¿Me disculpa, por favor?

Parece que mi señora tiene problemas.

Lleva muy pocos días aquí y todo se le hace un mundo.

-Ande, ande, no se queje.

Su señora es monísima.

Aunque no hiciera nada más,...

...¿no le sirve poco de elemento decorativo?

-Eso mismo pienso.

-¿Piensas qué?

-Que de eso la tiene, de decoración.

-Adiós. Buenos días. -Buenos días.

-¿Qué querían?

-No lo sabían ni ellos. -Pero mujer, esos son los mejores.

Tú tienes que convencerles y vender por ellos.

De lo que se trata es de vender, vender.

Mira José Mari. Lleva en la tienda menos días que tú y va genial.

¿Qué es lo que te pasa?

Al principio parecía que te gustaba esto.

-Al principio sí. -¿Para quién son, don Arturo?

-Para esa señora de ahí. Rosi. -Dígame, don Arturo.

-¿Qué tal José Mari? Parece que se maneja bien, ¿eh?

-Tiene mucha labia, desde luego.

-¡Labia! Pues no ha dicho usted nada.

¡Labia! Importantísimo, en el comercio importantísimo.

-Eso quiero decir, sí, señor. -Anda, vamos.

-Y la diferencia de precio no es tan grande.

Pero la última opción es suya.

Pero repito, es mucho mejor entelar que empapelar.

Perdón por la intromisión, Aurora.

-Por Dios, si aquí tú estás en tu casa.

-Naturalmente que lo estás. -Gracias. Sois muy amables.

-Me lo traje para hacer balance de panas después de cenar.

En la tienda no podemos concentrarnos.

-Pues muy bien.

-¿Qué nos ha preparado Rita para cenar?

-Ah, pues no sé.

Como no me dijiste nada que venía Morales.

-¿Cómo Morales? José, Aurora, José.

-Bueno, José.

-Gracias, Rita, estás en todo.

Por favor, sírvenos la cena. Tenemos que trabajar.

-Enseguida.

-Hija, tú no eres feliz. -¿Tú crees?

-¿Y tú, crees que no me he dado cuenta?

Hace mucho que se lo vengo diciendo a tu padre.

"La niña no es feliz, no se debió casar con ese hombre".

-Ay, mamá, sermón a media tarde no, por favor.

-Es que me siento un poco responsable, no creas.

Empezaste a salir con Arturo por olvidar a aquel otro...

...que te traía a mal traer.

-Tú no eres responsable de nada. Yo ya soy mayorcita.

-Sí, pero es que yo me puse muy pesada...

...conque aquel chico no te convenía.

Arturo me parecía más serio y formal.

-Y lo era. Aquel chiquito no era más que un abogadillo.

-Eso hubiera sido lo de menos porque tu padre podía ayudarle.

Pero a mí me parecía que salía contigo para divertirse.

Que no traía buenas intenciones, vamos.

Y como tú eras un poco bobalicona...

En cambio, Arturo...

En cambio, Arturo traía los papeles bajo el brazo.

-Muchas gracias, José. Si no fuese por ti...

Anda, atiende a la señora.

-Sí, que es un pedido importante. -Pues anda. Perdone.

-Vamos a ver. Quedamos en señora de Domínguez. Dirección...

-Gaviota, 20. -Gaviota, número 20.

-¿Ramón Sanjuan? ¿Eres tú? Soy Aurora.

(PONE MÚSICA CLÁSICA)

Aurora, ¿qué fue de aquel pajarraco?

-¿Qué pajarraco?

Sí, aquel tan remilgado que te mandaba flores.

Me pidió tu teléfono. ¿Te llamó? -¿Por qué lo preguntas?

¿Pero sabes quién te digo? -Sí, Arturo.

Eso es, Arturo.

Aquel que parecía un sacristán.

¿Llegaste a salir alguna vez con él?

Es que como entonces nos tirábamos los trastos a la cabeza.

-Sin haber llegado a nada. Porque tú no querías.

-El que no quería eras tú.

¿Que yo no quería qué? -Casarte.

Ah, casarse, la gran palabra.

-¿Y ahora quieres?

Yo pienso como entonces, Aurora.

No sirvo para vivir con nadie.

-Yo no te hablo de vivir con nadie. Te hablo de casarse.

¿Y cuál es la diferencia?

-La diferencia es la sociedad. Ah.

-Y no te hagas el cínico. Lo sabes tan bien como yo.

A ver, ¿qué daño le hacemos a la sociedad...

...con nuestra relación?

De momento, yo soy libre y tú también.

-No. ¿Cómo que no?

-Que yo no lo soy. No te entiendo.

-Pues es muy fácil.

¿Quieres decir que hay alguien más?

-Quiero decir que estoy casada.

Coche acercándose.

-Hace mucho frío, ¿eh?

-Sí, un poco.

-Pasa, pasa.

¿Qué quieres tomar? ¿Whisky, coñac, un gin-tonic?

-Ya sabes que no bebo.

-Pero hombre, un día es un día, ¿no?

¿Te piensas quedar ahí,...

...quieto como un pasmarote? -No me siento a gusto aquí.

Prefiero mi apartamento. -¿Pero por qué?

Esta es mi casa, la de mi familia, el solar de mis mayores.

Tengo derechos aquí, ¿sabes? Todos los derechos.

Aurora se ha ido con su madre a la modista o a la peluquería.

Me dijo que vendría pronto.

No, que vendría tarde. Y Rita no está.

Hoy es jueves, Rita libra los jueves.

Se va a ver a su hermana a Colmenar.

-Ya veo que tienes todos los derechos.

Cuando no está el gato, los ratones bailan.

-Tú lo ves todo muy fácil.

Pues no es tan fácil.

Vivimos en una sociedad y hay que respetar esa sociedad...

...si quieres que te respete a ti.

-Ya.

¿Y por qué no lo haces entonces? ¿Por qué no la respetas?

¿O te parece bastante respeto algo de farsa?

Una pantomima de normalidad.

-¿Otra vez, José?

Tenemos toda la tarde para nosotros.

No me la amargues, por favor.

Anda, tómate algo, ponte cómodo.

-Vamos arriba. -¿Qué?

-Que te dejes de preámbulos.

Vamos arriba.

Claro que me escandalizo.

Llevas dos meses engañándome a mí...

...y a un pobre que supone que estás con tu madre.

Y quieres que no me escandalice.

¿De qué te crees que estoy hecho, de piedra pómez?

-Creí que ibas presumiendo de no tener prejuicios.

Presumo de eso, no de no tener vergüenza.

Yo puedo pasarme por el forro a la moral tradicional,...

...pero no ando por ahí engañando a la gente.

-¿Te vas a casar conmigo o no?

¿Cómo?

-Si te vas a casar conmigo, esta noche hablo con Arturo.

¿Y si no, qué? -Si no, ¿para qué?

Si lo que prefieres es que sigamos viéndonos así,...

...pues nos seguiremos viendo así. Allá tú.

¿Estás hablando en serio? -Algo tendríamos que decidir, ¿no?

Yo ya lo he decidido. -Pues me gustaría oírlo.

No, te sonaría muy mal.

Tú eres una muchacha muy bien educada.

Adiós, Aurora.

-Cuando... Cuando se te pase el berrinche, me llamas.

¿Adónde, a casa de tus padres?

-Te llamaré yo, como de costumbre.

¡Pues a lo mejor no me encuentras!

-Rita... ¡Rita!

¡Rita!

¡Rita! ¡Rita, por favor, ábreme!

¡Rita! ¡Abre, abre!

¡Ábreme, por favor! ¡Por favor, Rita!

Rita, no seas burra, mujer. ¿Dónde vas a ir?

Escucha... -No escucho nada. Tú eres...

Mira, no sé ni cómo llamarte. -Ni eres quién.

Lo que tienes que pensar es que... -¿Que yo no soy quién?

He vivido en esta casa mucho antes que tú.

Te he tenido en los brazos desde que naciste, y te digo más...

Tu pobre madre quería engañarse como fuera.

Pero sé bien cómo eres desde que no levantaras...

...ni tanto así del suelo.

Venías a jugar con las cosas de mi cuarto...

...y a mirarte en el espejo. -Las cosas son como son...

-¡Quita! -De lo que se trata es...

-Es de que calle, ¿no?

De que calle y tape. Pues eso sí que no, hijo mío.

Para eso no cuentes conmigo... Antes me muero de hambre...

...en un asilo. -No, Rita, por favor, Rita...

-¡Quita! -No te vayas.

Rita, ¿qué voy a hacer yo sin ti?

No me dejes solo, por favor. Rita, no te vayas, Rita...

No... no podría...

Mamá hubiera pedido que te quedaras.

Ella lo hubiera comprendido.

-¿Tu madre? Tu madre no hubiera comprendido nada.

No te hagas ilusiones.

Ella se emperraba en que te casaras y te casaras...

Para evitar esto, precisamente.

No para buscarte una tapadera.

Por más que yo le decía: "Que no, señora, que no.

Que va a ser peor el remedio que la enfermedad".

Ella erre que erre.

Yo sí me hubiera quedado contigo.

Hasta que me hubiera muerto.

Cuidándote.

Pendiente de ti como he hecho siempre.

Sólo... con que hubieras vivido solo...

O... o con quien te hubiese dado la gana.

Pero sin engañar a nadie, Arturo. Sin engañar a nadie.

Ni tenerlo de tapadera. Eso no.

Ser lo que se es sin tapujos.

O se vive como todo el mundo de verdad.

No de boquilla.

Lo que tú haces...

...es demasiado asqueroso.

-¡Como le digas una palabra a Aurora te mato!

-Infeliz...

¿De verdad crees que ella no se lo imagina?

-Una palabra y...

-No, hijo, no. Allá tú y tu conciencia.

Aunque me parece que tú no tienes conciencia.

Cerradura. Sólo tienes un álbum de fotos.

-Una palabra y te mato. ¿Lo oyes? ¡Te mato!

Hola, ¿cómo estás? ¿Qué tal lo has pasado? ¿Bien?

¿Y tu madre, cómo se encuentra?

-Hija, ¿de dónde vienes?

¿Te ha pasado algo? -A mí no.

¿Por qué?

Lo que pasa es que la gente está podrida.

Y uno no se puede fiar de nadie.

Sin generalizar, si no te importa. Anda...

Haz el favor de animarte un poco, que esto es muy caro.

Con la pena, te has bebido media botella.

¿Me vas a reprochar el whisky que tomo en tu casa?

No te lo pienso reprochar. Como sigas a este tren,...

...te lo voy a cobrar. Simplemente.

Tenga usted amigos para esto. No, y se quejará encima.

Claro que me quejo. ¿A qué crees que vengo?

A lloraros un poco en el hombro.

Bueno, y en resumidas cuentas, ¿qué piensas hacer?

Seguir. ¿Con ella?

No. Seguir con tu whisky. Daros el coñazo hasta que se me pase.

¿Que se te pase el qué? ¿No me harás creer...

...que esa señora te importa? ¿Que no?

Por supuesto que no.

¿Y entonces, por qué sufre? ¿Quién sufre?

Este. Este no ha sufrido en su vida.

Le gusta contarse películas para no aburrirse.

Y ya está bien por hoy.

Anda, échate. Si no se quiere ir, ponle...

...una manta en el sofá, pero que nos deje en paz hasta mañana.

Lo dicho: tenga usted amigos para esto.

Supón que se divorcia;...

...se presenta en tu casa y te dice que es libre...

...cual pájaro. ¿Qué harías?

Huir a las Bahamas, como mínimo. Ves como no me toma en serio.

Yo sí. ¿Qué harías, eh? ¿Te casarías con ella entonces?

No te preocupes, no hay problema. Esa no se divorcia por nada.

Sin seguro, sin red, sin un segundo matrimonio concertado...

Qué va, hombre. Venga, venga.

Apuesto a que se fue con él hasta que la muerte los separe.

¿Cómo es el marido? ¿Le conoces? ¿Cómo le va a conocer?

Pues sí que le conozco. ¿No se había acabado la película?

Le conocí hace tiempo y me pareció normal.

Como ella no quería hablarme de él...

Eso sí, tenía cara de buen chico.

¿Y qué más da?

Adiós. Oye.

Muy rico el whisky, ¿eh? (RÍE)

Hasta mañana. Adiós...

Um...

-Mira, estas son las fotos de la boda.

-¡Ay! Ella está monísima, ¿eh? Monísima.

-Sí, tienes razón. -Bueno, ¿y él?

Él también es muy guapito. (RÍE)

-Sí, mira y estas son las de la petición.

Ay, gracias, Marisol. -Gracias, muchas gracias.

-La verdad es que hacen un pareja estupenda, ¿eh?

-Sí, son preciosos. -Majísimos.

-Mira, ¿y esto? Fíjate. Mira, aquí se me ve a mí.

-La Bolsa de Madrid bajando, la Bolsa de Barcelona bajando,...

...la de Zurich exactamente igual. Es que la economía es un desastre.

(HABLAN A LA VEZ)

(SEÑORA) ¡Quique, ven, mira que fotos tan lindas!

-¡Ay, por favor...! Qué loco estás, aquí no.

Por favor, ¿y si entra alguien? Ay...

Ay... quieto... Quieto... Ay, quita.

-Ven aquí.

Mañana en casa. -En tu casa, vale.

Pero más tarde que de costumbre, tengo peluquería.

Timbre. -Bueno, pues mañana en casa.

-Ay... ¡Ay, qué loco estás! (RÍE)

Timbre.

-Marisol, la puerta que están llamando. ¡Ay, Dios!

¡Antoñito, qué alegría! Pasa, pasa. -Buenas tardes.

-¿Cómo estás? -Bien.

-Estás guapísimo. Antoñito, mi familia.

-Mucho gusto. (TODOS) Encantado.

-Antonio Serrano, mi nuevo encargado.

-Ajá. -Antoñito es como de la familia,...

...por eso le he traído. -¡Ah, muy bien!

-¿Qué tal estás, Antoñito? (RÍE)

-Gracias por la invitación, Aurora.

-¡Ay, por Dios!, si aquí tú estás en tu casa.

-¡El champán! (SONRÍEN)

-¡Marisol, las copas!

(RÍE) ¡Huy! -Ya.

¡Ah! (RÍEN)

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Anillos de oro - Capítulo 7: A pescar y a ver al duque

10 nov 2020

Arturo, joven retraído e inmaduro, de buena posición económica, ha vivido siempre entre mujeres, muy protegido, especialmente por su madre que, enferma, le hace prometer que se casará cuando ella muera.

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