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No recomendado para menores de 12 años Anillos de oro - Capítulo 11: Todo un caballero - ver ahora
Transcripción completa

-¿Cuánto le debo? -190.

Se deja usted el paquete. -Ya, ya. Miraba.

Gracias.

-Aquí tiene consultas sólo por las tardes.

A partir de las cinco.

Puedo darle las señas de donde trabaja por las mañanas.

Pero sé que, en cambio, allí sólo va lunes, miércoles y viernes.

Así que ahora no le pilla.

-¡Vaya por Dios! Tenía tanto interés de poner esto en marcha.

-¿Por qué no vuelve a las cinco?

-Sí, pero... Va a ser muy mala hora para mí.

¿Y no podría encontrarlo, aunque fuese por teléfono?

-Yo no tengo autorización para darle el n de su casa.

No, es que allí no está nunca.

-Bueno, entonces volveré otro día.

-Llámele primero. -Eso.

-¡Ay! Se me ocurre.

Come en un restaurante, cerca de aquí.

Bajando, a la izquierda.

-¿Ramón Sanjuán? Sí, no creo que tarde.

-¿Vendrá, seguro? -Algún día falla. Pero a esta hora.

¿Le sirvo algo mientras espera?

-Una cerveza. -Muy bien.

-Ya he recogido la mesa. ¿Algo más? -Sí. Lava esta lechuga.

Y aquí ya está todo. Ahora sólo falta que venga papá.

-Dónde ha ido. -No sé, hija.

Hoy se ha levantado misterioso.

-Entonces no me digas más. Ha ido a por tu regalo.

-Este lo tengo desde anoche. -¡Caramba! ¡No está mal!

-Ya le he dicho que si se había vuelto loco.

¡Chon, no veo las aceitunas!

-No le haga caso, Srta. Concha. Se puso como una niña pequeña.

-No, si me lo merezco. 40 años de aguantar a tu padre...

Son muchos años.

-¿Y tú qué le has regalado? -¿Yo? Una pitillera, de plata.

Con una inscripción. -¡Si viera qué inscripción!

Luego dirá... -¿Qué querías? Es un regalo.

No le iba a insultar en un regalo. ¿Están todos?

-Todos. Y los críos dando una guerra de mil demonios.

Como papá tarde mucho... -No sé dónde se habrá metido.

Sí, me acuerdo.

Estudió conmigo en la facultad. Hace mucho que no nos vemos.

¿Quiere comer conmigo? -Mire, me gustaría mucho...

...pero, precisamente, hoy. Mis nietos, en fin, ya sabe.

Bueno, nos sentamos, tomamos la cerveza y me cuenta.

-Miguel, las natillas de la ocho.

Tal como están las cosas, es de agradecer que me recomiende.

Le va muy bien, ¿no? -¿A mí?

No, a él. -Ah, sí, muy bien montado...

Estudió con uno de mis hijos, es muy amigo de casa...

Mi mujer... ¡Bah, total!

Y él me dijo que usted me...

Que usted me podía solucionar mi problema sin demasiado...

Lo que quiero decir es que mi economía no es muy brillante.

No se preocupe por eso, Antonio.

Los amigos de mis amigos son mis amigos.

En estos casos hay unos mínimos para gastos de comisión.

El resto lo hablamos. -¿Pero no serán...?

No, no, no, no se preocupe.

Bien, ¿y de qué se trata?

-De un divorcio. Ya. Y quién quiere divorciarse.

-Yo.

Quiero divorciarme yo.

-Las natillas. -¡Hombre!

-A Andrea dáselo tú o se pondrá perdida.

-No, no, no. Si la niña está sentada con los mayores,...

...es que ya sabe comer como una señorita.

-Es que las natillas son muy difíciles, abuelo.

Hay que hacer una excepción. -Nada de excepciones.

O la niña come o no come.

Y si no come, pues se le sirve primero en la cocina.

En esta mesa ninguno de vosotros se ha sentado...

...hasta que no ha tenido edad para comportarse.

-Los tiempos cambian, papá.

¿No te vas a resignar nunca a admitirlo?

-No tengo por qué resignarme. Además, estoy encantado.

Y ya era hora, ¿no? Pero eso sí, que cambien para bien.

Podréis educar a vuestros hijos tan mal como queráis.

En eso no me meteré, porque no me vais a dejar.

Pero aquí, en mi casa, los niños tienen su sitio...

...y los mayores tienen su sitio también.

Y si se reúnen es porque unos y otros saben convivir.

¡Mira esta cómo se ha puesto!

-Pues por mí que no quede.

-No, yo quiero comer con los mayores.

-Venga, siéntate. No montes ahora el número.

-¿Yo? Es papá y sus manías formulistas.

-Si no guardáramos las formas, no se podría vivir.

En las formas está buena parte del respeto a los demás.

-Ya se salió con la suya, hija, como siempre.

Muy liberal, muy liberal.

Pero en esta casa se ha hecho toda la vida lo que ha querido.

-Pero qué dices. Qué tiene que ver una cosa con otra.

-Venga, papá, admite que eres un poco dictatorial. Sé honesto.

-¿Dictatorial yo? Desde luego, ¡lo que hay que oír en esta mesa!

-Un incomprendido, Antonio, eso eres.

Esta gente no aprecia lo que vale un patriarca.

-Muy bien, yerno, muchas gracias.

No saben lo que tienen.

-¡Chis, chis, que te veo!

-¿Entonces para qué me has regalado la pitillera? Además, fíjate, tres.

-Bueno, bueno, un día es un día. Te dejo.

¡Ay, qué mona!

¡Y qué cosita!

¿Qué le debo?

Está bien.

-Hola, Miguel.

¿Cómo estás?

-Ja... Ya lo ves.

Tan cambiado que... que no estaba seguro de que fuera yo.

-Los dos hemos cambiado.

-Eh... Siéntate.

¿Qué vas a tomar?

-Un descafeinado.

Uno no puede ya ni tomarse una copa.

(TOSE)

Tengo la tensión alta. -Y yo... Y yo también.

(RÍE) Cosas de la edad. -Claro.

-Buenas tardes. ¿Qué les sirvo?

-Un descafeinado y otra cerveza para mí.

-Muy bien.

-Gracias por venir. -No.

-Cuántos años...

-Y cuántas cosas...

-¿Va a esperar al señor o quiere cenar antes de la película?

-Si quieres verla tú, hazte a la idea de que no la pasan.

O de que es esta casa no existe un televisor.

Mi hermano vendrá cuando le parezca oportuno.

-Si yo no digo nada, señora. Más vale así.

-¿Entonces le espera? -¿No te estoy diciendo que sí?

Anda, anda a lo que tengas que hacer.

-Yo no puedo mezclarme, compréndelo.

-Caray, pues bien que te mezclaste aquel día en Zaragoza.

"Tienes que conocer a mi hermana. Voy a presentarte a mi hermana.

¿Te ha gustado mi hermana? parece que le has hecho...

...mucho tilín." Mi hermana por aquí, mi hermana por allá...

Entonces no...

No tenías tanto reparo en mezclarte o no.

-Sí, muchas veces he pensado que...

Que toda la culpa fue mía.

-Hombre... Eso tampoco.

Era muy guapa.

Muy guapa y... Y muy señora.

Pero soy un animal...

Ni siquiera te he preguntado qué tal sigue.

-Sigue lo mismo, muy guapa, muy señora,...

...y mucho más animal que tú.

(TOSE)

Televisión.

-¿Has terminado? -Sí, señora.

-Pues hala, a dormir.

Ya vendrá el señor cuando le parezca.

-Aunque no lo creas, me he alegrado mucho de verte.

-Yo también, Miguel.

-El tiempo lo borra todo, ¿verdad?

-Por lo visto, todo no. -Hombre, ella ya sabes cómo es.

-Pues precisamente por eso.

Si fueras tú quien intentara convencerla...

-Ya te he dicho que te preparo la entrevista,...

...pero no puedo intentar convencerla de algo...

...con lo que yo tampoco estoy de acuerdo, Antonio.

(TOSE)

Ves como el tiempo...

...no lo borra todo. (TOSE)

Bueno, si no borra todos los rencores,...

...tampoco borra algún buen recuerdo.

Dicen que los viejos...

...nos olvidamos de lo que hemos hecho el día anterior...

...y empezamos a recordar el pasado.

Pues...

Tú y yo algún buen recuerdo en común del pasado...

...ya lo tenemos. -Algunos, algunos...

Bien lo sabe Dios. -¿Entonces tú me avisas...

...cuándo puedo hablar con ella? -Lo antes posible.

-Espero tu llamada.

-Y cuídate esa tos.

-Lleva muchos años conmigo.

Empezó en la cárcel.

Y tú cuídate ese reuma.

Que sabe Dios dónde empezaría.

-Mejor no recordar el pasado.

Eso lo llevamos dentro. -Tal vez.

-Repito que, si quieres, te llevo. -No, no. De verdad, gracias.

Tomaré un taxi. ¡Taxi!

Adiós, Miguel. -Adiós, Antonio.

-Llámame, no se te olvide. -Descuida.

Eran los dos militares. Hicieron la carrera juntos,...

...la misma promoción, la misma arma... Uña y carne, vamos.

Y este se casó con la hermana del otro.

Te he dicho que me cosas un botón, no que me bordes las iniciales.

Te faltaban dos, pesado. Encima que me molesto.

Sólo te he dado uno. Por eso quité uno de abajo...

...y lo he pegado aquí arriba. Eres un desastre. Mira cómo vas.

Ahora me vas a contar lo de que tengo que casarme, ¿no?

O aprender a coser botones. Si sé coser botones, es que ese...

...se me ha caído en la calle. Lleva un costurerito de bolsillo.

Y un bolsito para el maquillaje también.

Entonces, cásate. ¿Ah, sí?

¿Y de qué me sirve si se me cae un botón en la calle?

De nada. Pues entonces...

¿Y qué pasó? Se casó con la hermana de su amigo hace...

...más de medio siglo y ahora se quiere divorciar de ella.

¿Qué pasó en medio? Les pilló la guerra.

Al hermano en un lado y al marido en el otro.

A uno le condecoraron y a otro le metieron en la cárcel.

Lo de siempre. ¿Y eso qué tiene que ver con ella a estas alturas?

¿No lo entiendes? Después de cuarenta años juntos...

Separados, después de cuarenta años separados.

¿Qué buscas? La aguja. Se me ha perdido...

...y me pone nerviosísima. ¿Por qué supones que está...

...en tus zapatos? Si no está ahí, me da un ataque.

Lo más normal es que esté en mi camisa o en tu falda.

En tu camisa no está.

(TOSE)

(RÍE) ¿Crees tenemos que explicarle la vulgar realidad?

En absoluto. Pensaría que queremos confundirla.

¿Así qué pensará? Lo mismo.

Estas señoras siempre piensan en lo mismo.

¿Qué hacemos? De momento, merendar, milady.

Que la vida es corta. También tienes razón.

¡Ah!

¡Estaba aquí!

Llaman a la puerta.

-Señora, que ya está aquí ese señor que viene a verla.

-Está bien. ¿Le has pasado al gabinete?

-Sí, señora.

-¿Le has preguntado si quiere tomar algo?

-Huy, pues no se me ha ocurrido. -Has hecho bien.

¿Se ha sentado? -No.

Estaba mirando por el balcón. -Pues que siga...

Que siga mirando.

Dile que me has avisado y que tenga la bondad de esperar.

-¿Entonces le digo que se siente? -¿No me has oído?

Le dices que tenga la bondad de esperar.

¿Quieres sentarte?

Querías hablar conmigo, tengo entendido.

-Sí, tu hermano te habrá dicho... -Que querías hablar conmigo.

Nada más.

-Pero tú habrás imaginado... -Yo tengo otras cosas...

...más importantes en que pensar.

-Está bien, Matilde. Está bien.

Todos estos años no te han cambiado.

Sigues igual de acogedora... Y de amable.

-Eso se queda para otro tipo de mujeres, las decentes...

...no tenemos que hacernos perdonar nada siendo acogedoras.

¿Qué es lo que quieres? -Quiero que nos divorciemos.

-No seas absurdo. -Al contrario,...

...me parece lo único razonable. -Deberías saber...

...que yo no hago esas cosas. -¿Qué cosas?

-Pues esas cosas.

Tenemos una separación de bienes y cuerpos...

...y a mí con eso me basta. -A mí no.

-Pues no sabes cómo lo siento, porque te vas a tener...

...que conformar con ella. -No tienes nada que temer...

...de un divorcio, las cosas seguirían igual.

Y tu pensión no te iba a faltar, al contrario.

-¿Qué quiere decir al contrario? -Que podíamos revisarla un poco...

Ponerla al día. (RÍE) ¿Me estás queriendo...

...comprar, Antonio? Con tan poco, además.

¿No creerás que ha sido tu ridícula pensión la que me ha permitido...

...vivir como yo acostumbro, todos estos años?

-Que yo sepa nunca la has rechazado.

-Naturalmente, era tu obligación y mi derecho.

-Pero si no te servía para nada. -¿No estarás intentando...

...hacerme gracia? (RÍE) No.

Me gustan las empresas difíciles, las imposibles no.

Lo que quiero decir es que me alegra mucho que tu familia...

...haya gozado siempre de una buena posición económica,...

...y que mi humilde dinero te haya parecido...

Como una propina.

No intento comprarte, Matilde. Lo único que intento es...

...hacer las cosas como es debido. -Para hacer las cosas...

...como es debido, no debiste irte a vivir con una mujer...

...que no era la tuya.

-Ahora lo es. -No, ni lo será mientras yo viva.

-Pero Matilde... Si somos ya todos un hatajo...

...de viejos. ¿Crees que esta discusión es seria?

-Si no te lo parece, ¿por qué has venido?

-A regular una situación que dura ya toda la vida...

...y llevarla a cabo con la mayor cortesía posible hacia ti.

Quiero casarme con mi mujer, ¿comprendes? Y para ello...

-Tú mujer soy yo.

Y no te hagas ilusiones de que me vaya a morir antes que tú.

Dios no te hará ese favor. -¿Dices a Dios qué tiene que hacer?

-No blasfemes, ¿eh? -Hazme el favor, delante de mí...

...no blasfemes. -No seas ridícula,...

...no he blasfemado en mi vida.

¡Bah! Debí suponer que sería inútil...

...venir a hablar contigo. -Antonio...

No tan inútil, tú y yo tenemos otro tema pendiente.

-¿Qué tema? -La casa de Escalona.

-Bueno, ¿y por qué no dejas estar ese asunto?

A estas alturas ya, Antonio... ¿Qué más nos da un trámite...

...más o menos? -No, no, no pienso irme...

...al otro mundo sin dejar legalizado este asunto.

-¿Pero por qué le das tanta importancia a esas cosas?

Nuestros hijos son mayores, y a mí, bien sabe Dios...

...que me da lo mismo.

-Pues no te dio lo mismo hace poco tiempo,...

...cuando me devolvieron mi graduación y mi rango.

Y si no recuerdo mal, tú estabas tanto o más...

...emocionada que yo. -Eh, eh, eso era otra cosa.

Significaba mucho para ti. -¡Y esto también!

Y además queda lo de la casa de Escalona.

Oy, la famosa casa. ¿Vamos a litigar ahora por una casa?

-Era de mi familia y quiero que lo siga siendo.

-Si nos hemos podido pasar 40 años sin ella, bien podemos...

-Mira, Concha, tú y yo nos pasamos sin ella,...

...pero la construyó mi abuelo.

Mi padre y yo nacimos en ella, y cuando me muera...

...no quiero que se la queden, quiero que la tengan mis hijos.

-Si aquel juez se la concedió...

Poco vas a poder hacer. -Bah, eso fue un chanchullo...

(RÍE) Como otro cualquiera. Fíjate, yo estaba en la cárcel...

Matilde vivía ya con su hermano y con su cuñada...

Y le vino muy bien decir que la casa de mi familia...

...fue el hogar conyugal para que el juez se la concediera.

¡Pero era mentira! ¡Qué va!

Matilde y yo jamás pisamos esa casa mientras...

...estuvimos casados... Ay, si revisaran esa sentencia...

-Lo que tendrían que revisar es la casa...

¡Buena debe estar tanto tiempo cerrada!

-No me importa. Aunque se cayese a pedazos...

-Aunque sea un montón de escombros.

-¿Pero y por qué ese empeño? ¿Para qué quieres tú esa casa,...

...si en todos estos años ni siquiera has ido a ver cómo es?

-Me da igual como sea. Lo que no pienso consentir,...

...es que se quede esa gente con ella, que no son nadie...

...ni tienen ningún derecho. -Son su familia...

-Su familia soy yo. -No seas bruta, Matilde...

Esa chica se portó muy bien con él, precisamente cuando...

...tú le volviste la espalda. -No le volví la espalda.

-Él estaba en la cárcel. -Podías haber ido a verle,...

...haberle ayudado... -Eso lo dices tú.

¿Tú? -Yo no era su mujer.

Además, seguramente también hice mal,...

...ahora veo las cosas de otra manera.

-Pues yo no. -Todos estos años...

...has tenido la sartén por el mango...

Pero ahora ya... -¿Ahora ya qué?

-Ahora existe una ley de divorcio, lleváis toda la vida separados,...

...si él quiere presenta una demanda y se divorcia.

Quieras tú o no. -Y quemo la casa.

-¿Qué dices mujer, qué dices? Te has vuelto loca.

-Bien clarito se lo dije cuando estuvo aquí:

Tú da un paso, que a mí me llegue un papel...

¡Y quemo la casa! -Tiene recuerdos de familia.

-Sí, una colección de abanicos que me prometió...

...su madre cuando éramos novios. -Poco te deben importar...

...cuando no has ido por ellos. -No me importa tenerlos yo...

-Lo que no consentiré es que los tenga nadie.

-Y las condecoraciones de su padre.

-Si las tuvieran aprecio, ya sabe lo que tiene que hacer.

-Qué barbaridad. Ya no sé qué decirte.

-Como que no tendrías que decirme nada.

Ay, pero dejemos este asunto que es muy viejo y aburrido.

¿Vienes conmigo a ver a Consuelito? -¿A esa residencia?

Por nada del mundo. -¿Ves como eres?

Consuelito era prima de tu mujer.

No mía. Tú tienes más obligación con ella que yo.

-¿Tiene hijos, no?

-Ir a visitarla, es una obra de caridad.

-Y lo que tú le estás negando a esa familia, qué es.

-¡Me voy a ir de esta casa, si sigues hablando de este asunto!

-Está bien, mujer. Está bien.

Anda, termina de comer.

-No tengo apetito.

(TOCA UNA CAMPANILLA)

-¿Llamaban los señores? -El café.

-¿Lo van a tomar aquí? -Cuando no digo otra cosa,...

...es que lo quiero aquí.

-No te enfades. Si quieres te acompaño a ver a Consuelito.

Creo que tiene que meterse por esa desviación.

-¿Conoce usted el camino?

Yo es que en la ciudad no tengo problemas.

Como la palma de mi mano.

Pero en cuanto me meto en carretera...

-No, yo es la primera vez que vengo.

¿Vamos bien, tú que lo conoces? -Claro que vamos bien,...

...si no lo diría. Por aquí a la derecha.

-¿Este será un sitio nuevo, no? -No le sé decir.

-Últimamente están abriendo muchas residencias...

...de estas por aquí en los alrededores.

-Es una zona muy sana. (RÍE) Pues si va usted...

...a mirar es un contradiós. -¿El qué?

-¿Para qué quieren los viejos zonas sanas...

...si saben que los traen para ver si se mueren pronto?

Bueno... A lo mejor estoy metiendo la pata.

Es que hablo mucho, ¿sabe? Todo el día aquí metido...

...en el taxi... pues figúrese.

¿No irán ustedes a este sitio a quedarse?

-No, vamos de visita.

Espere aquí un momento.

-Has hecho pero que muy requetebién.

¿Que quiere el divorcio? Pues que lo pidan.

Que lo pidan. Aunque se lo acaben dando...

...que eso habrá que verlo. Siempre les costará...

...más tiempo y más dinero que si tú das facilidades.

-¿Pero a la larga, qué va a ganar Matilde con eso?

-¡Huy, hijo! Primero jorobar... que no está mal...

...y luego lo que te acabo de contar: el tiempo.

¡Huy!, y a nuestra edad... el tiempo vale mucho.

Estirándolo un poquito se puede morir él,...

...o morirse esa pájara.

Y muerto el perro, se acabó la rabia.

-Pero, ¿y por qué no ceder de una vez?

¿Por qué tanto ensañamiento? -Parece mentira...

...que tú, Miguel, que eres tan religioso,...

...me vengas ahora con estas.

Si nos vamos a hacer tibios los más fuertes...

Ah... las costumbres están podridas.

Mi hijo lo comentaba el otro día...

...y con mucha razón. Quieren acabar...

...con la familia, que es el pilar de la sociedad.

Y hay que defenderla como sea.

-Tu hijo fue quien te trajo aquí, ¿no?

-No sé qué quieres decir con eso. -Nada.

¿Y cómo es que no está aquí hoy?

-No puede venir siempre. Tiene muchas cosas que hacer.

-Claro. ¿Y tu hija?

-Pues esa... Esa peor. Está muy atada y...

Y venir hasta aquí...

-¿Y esa es la clase de familia que estamos defendiendo tanto?

La verdad... siempre creí que la familia era otra cosa.

-¡Hale, tú! ¡Venga!

Venga, suéltate. ¡Muy bien!

Ahora tú. Abajo. ¡Muy bien!

-Hola, abuelo. -¿Qué?

-Abuelo, Belén no me deja jugar. -¿Pero cómo que no te deja jugar?

¡Concha! ¡Concha! -¿Qué pasa?

-A ver este niño, que juegue.

Es que no se puede leer el periódico, hombre.

-Anda, deja al abuelito. Déjalo, no le molestes.

(LLORA UN BEBÉ)

-Anda, ¿tú de dónde sales? -Del pediatra.

-Hola. -Y si te quedas con esta,...

...me voy al cine con José. ¿Dónde está mamá?

-Ahí está con toda la tropa, ¿no las ves?

¿Cómo sabías que estábamos aquí? -Me dijo Toni que salían...

...y que os dejó a los críos. Imaginé que bajaríais.

¿Me admitís el refuerzo? -No sé por qué lo preguntas,...

...porque supongo que has quedado con tu marido.

-Sí, pero si no queréis...

-Desde luego... ¡Ay, Dios mío!

No tenéis vergüenza, abusáis de vuestra madre.

El día que se canse... -Venga, pero si le encanta.

Y a ti también. -Sí, me encanta a mí también.

Pero un ratito. Por costumbre no me encanta.

-¿Qué hay, mamá? -Hola, cielo mío.

-Vamos... -¿No daréis guerra...

...a los abuelos, no? -Te llevas...

...a los de tu hermano, o nos dejas a esta.

-La recogemos por la mañana. -Pues veniros a comer.

-Si no te hacemos trastorno...

-Anda, tienes tú más cuento...

Hasta luego.

-Bueno, bueno, venga... Cálmate, muchacha.

-Hala, y nosotros ahora a casa. A merendar.

-Concha. -Dime.

-El bolso. (RÍE) ¡Ah! Dámelo.

-¿Cómo les ha caído? -Bien, ya sabes cómo son.

-¿Podemos irnos tranquilos? -Sí.

No los ves. -Hale, tú también.

Los chiquititos de la manita. -Pues hala, vámonos.

-No pierdas el cochecito. ¡Hale!

-¿Ha sido feliz con esa mujer?

-Pues no sé qué decirte. Si te digo que sí...

...te pondrás furiosa y si te digo que no...

...me dirás: "Lo ves, lo ves".

-Pues dime la verdad. Y así no te calientas la cabeza.

-Antonio pasó mucho, tú lo sabes. -No empecemos otra vez...

...con esas cosas.

No es lo que te estoy preguntando.

-Han sido felices y todavía lo son.

La única sombra... -Déjame de sombras y paparruchas.

Ahora estoy hablando de cosas serias.

Tenía razón ese taxista. -¿Qué taxista?

-Hay formas de ver la vida que son un contradiós.

¿Cuántos hijos son? ¿Cuatro?

-Tres... Lo sabes mejor que yo.

Cada vez que nacía uno y de llegaba el soplo,...

...había que meterte en la cama una semana.

-¿Son chicos los tres, no?

-Son doce. Doce chicos.

Y los doce tuertos y pelirrojos.

-La niña no vale nada. Sale a la madre.

-Pues tengo entendido que es muy buena chica.

-¿Cuál de las dos? -Las dos.

Algo tenían que tener.

Entonces ¿se quieren?

-¿Ellos dos? -Todos.

Esos padres, esos hijos, ese montón de nietos.

¿Se quieren?

¿Lo son de verdad?

¿Son una familia? -Oye,...

...¿y por qué no se lo preguntas a él?

-Eso es exactamente lo que pienso hacer.

-Y la muñequita ahora a dormir.

La más chiquitita con la más grande de todas.

Un sitito para mi niña. (LA NIÑA LLORA)

Ven aquí, cielo mío. Haz un sitito para esta chiquitina.

Así. No llores, vida mía.

No llores. Dame un besito, vida mía. Un besito.

Llanto de la niña.

-Anda. Mira, chiquitina.

-Hasta luego, mamá. -No vengas muy tarde.

-Y tú no me esperes despierta.

A portarse bien, ¿eh?

Llanto de la niña.

Como te vea mamá. -Bah, deja a tu madre tranquila.

De cuando en cuando, uno puede tomarse libertad, ¿no?

-Si te sube la tensión, verás.

¿Tú qué pasa? ¿Que vas a salir tan compuesto?

-Si me dejas dinero, sí.

-Vaya, hombre. Dinero.

¿Tú sabes cuánto me debes ya?

-Si no quieres amargarme la noche, no.

Hay que tener confianza en la juventud. Darnos tiempo.

-Estás tú bueno con la juventud. Toma.

-Papá...

-Está bien. Eh, eh. -Hasta luego.

Y que os deje dormir la tribu.

-Y no vuelvas tarde. -Que no.

Teléfono.

Ya voy, Andrés. Ya voy.

Ah, eres tú.

Sí. Los niños están en la cama ya.

Espera que se lo pregunto.

Es Conchi, si le habéis dado la medicina a la niña.

-No se hubiese ido al cine, no tendría ninguna duda.

-¿Se lo digo? -Claro que no.

Si se hacen las cosas se hacen de buen grado.

-Les das la mano y te toman el pie. -¿Qué hay, hija?

-¿Le habéis dado la medicina a la pequeña?

-Se la he dado. Se la he dado.

Nada, conmigo no protesta.

-Venga, corta, va a empezar. -Mamá, va a empezar la pregunta.

-Corre, no la veas empezada. -Vale, adiós. Hasta mañana.

Te dan la mano y te coges el pie. Luego hablas de los demás.

-Es que los demás se pasan.

Si nos dejasen a los niños un día, no digo que no.

Pero por costumbre. -¿Dónde está?

-¿Se puede saber qué buscas? -La botella.

Nada. Aquí está. -Concha, por favor.

-Mira que te gusta gruñir. ¿A ti te estorban?

-No es eso. -Entonces.

-Lo que pasa es que me gustaría que pudiéremos disfrutar un poco.

-Si yo ya disfruto.

-Pero yo prefiero entrar salir. Hacer lo que nos diera la gana.

-Claro, como si fuéramos novios. -Sí, como si lo fuéramos.

Porque nunca hemos sido novios.

¿No lo echas de menos? -Qué cosas se te ocurren.

A estas alturas.

-Abuela, agua. -Si no me dejarán sentarme.

-¿Lo ves? Te lo dije.

Teléfono. Concha.

-Bueno. -Abuela, yo también quiero agua.

-Dígame.

¿De parte de quién?

Un momento, por favor.

-¿Quién es? -Es Matilde.

-Concha. -¿Qué?

¿Te lo ha dicho... así?

-No, pero es Matilde.

-Sí, dime.

¿Que si soy feliz?

No sé por qué me lo preguntas.

Nunca pensé que valoraras tanto la felicidad.

-Y no lo hago.

La mía al menos.

-¿Quieres decir que te preocupas por la de los demás?

-No.

-Entonces ¿de qué estamos hablando?

-¿Nunca has tenido cargo de conciencia?

-¿Por lo de Concha, dices?

-¿Por qué iba a ser si no?

-Sí.

Al principio, alguna vez.

(TOSE)

Nuestra vida en aquellos años fue muy difícil.

Y en ocasiones me sentí culpable de hacérsela compartir.

-Pero a ella no le importaba.

-No, en absoluto.

-Tus hijos ya no viven contigo, ¿no?

-Sólo el pequeño, los demás ya...

-¿Los ves a menudo? (RÍE) -Sí.

Mucho más a menudo de lo que quisiera.

-¿Es una broma?

-Por supuesto.

-Entonces... debe de ser verdad.

-¿Debe de ser verdad el qué?

-Que sois una familia.

¿Qué hay, Antonio? -Usted perdone. Llego tarde, ¿no?

No se preocupe. Vamos bien. Mi compañera está arriba.

Los que no han llegado aún son los otros.

-Vaya, por Dios.

Estoy un poco nervioso...

Compréndalo. Después de tantos años.

Bueno, no se preocupe.

Lola Martínez Luque, mi socia.

Mucho gusto. -¿Cómo está?

¿No están? No, y este juez es un hueso.

Como le hagamos esperar, malo.

Como no venga hoy, lo tenemos enfrente para siempre.

¿La cree capaz de no presentarse?

-Últimamente, parece que estaba en buenas disposición.

Pero... como creerla capaz,...

...la creo capaz de cualquier cosa.

Estaba pensando mal. Ahí vienen.

-¿Llegamos tarde? Nos hemos perdido por esos pasillos.

-No tenemos costumbre de venir. Y yo vengo todos los días.

¿Entramos? -¿Todos?

No, primero la señora.

¿Tiene su carné de identidad? -Por supuesto.

Cuando quiera.

Por aquí. ¿Me sigue?

-¿No te importa darme un cigarrillo?

-No, no. Pero ¿tú no te habías quitado de fumar?

-Sí, pero no sé. Los nervios. -Ya.

-¿Y... tienes?

-Sí, claro.

Gracias.

(TOSE)

-Entonces, quedamos en que se ratifica usted...

...en todo lo expuesto en la demanda y en el convenio.

-Me ratifico.

-Tenga usted la bondad de firmar, aquí.

Bueno, ya está.

-¿Ya está?

¿Esto es todo? Todo.

-Qué poca cosa, ¿verdad?

-¿Ahora tengo que entrar yo? No, no hará falta.

-Qué poca cosa.

Bueno, adiós, Antonio.

-Adiós.

-Adiós. Adiós.

-Adiós, Antonio.

-Adiós, Miguel.

-Adiós. Adiós.

Ahora sí, ahora entramos nosotros.

-Ah. Gracias.

-A ver, acérquense los novios y los dos testigos.

No, no, al revés, los testigos a los lados.

-Ya, señor juez, pero es que los novios somos nosotros.

-Antonio y Concepción. -Eso es.

-¡Estupendo!

¿Tienen los anillos?

-Ya lo creo, señor juez, hace mucho.

-Pues vamos allá.

(LEE) Dadas las circunstancias, pasaremos por alto...

...los formulismos que impone la ley...

...y concretaremos los artículos 66, 67 y 68 del Código Civil...

...que amparan los derechos y obligaciones de los cónyuges.

El marido y la mujer son iguales en los derechos y obligaciones.

El marido y la mujer deben respetarse y ayudarse...

...en interés de la familia.

El marido y la mujer guardarán fidelidad...

...y se socorrerán mutuamente.

Antonio y Concepción,...

...¿consienten en contraer matrimonio libremente...

...y efectivamente?

¿Consienten, consienten?

-Sí, sí. -Ah, sí.

-Claro que consentimos. -Sí, consentimos.

-Por las potestades que me confiere la ley vigente,...

...declaro celebrado válidamente este matrimonio.

-¿Qué? Ya estarás contento, ¿no?

-¿Y tú? A mí no me vengas con cuentos.

Esta boda te hacía tanta ilusión como a mí.

-Porque te la hacía a ti.

Pero a mí, Antonio, me importa mucho más esto...

...que esto.

-¿Será posible? ¿No os da vergüenza?

De eso ya tendréis tiempo en el viaje de novios.

Todos os esperan.

-Vamos, Concha. Ya me parecía que tenían prisa.

-Primero, los más pequeños. -Sí.

-Venga, ahí está. -Dame otro plato.

(HABLAN A LA VEZ)

Bueno, al menos esta vez se me ha casado uno.

-Que digan lo que quieran, pero yo me caso tras 40 años.

-Papá, que las fieras nos dejan sin tarta.

¿Y es verdad que os vais de viaje de novios?

-A Betanzos, ¿qué te parece?

¿A Betanzos, y por qué allí? -¡Ah! Cosas de los jóvenes.

No, si estáis muy... -Come tarta.

Bien.

El juez le devuelve a Antonio la casa de Escalona.

-Lo suponía.

Pero eso no tiene importancia.

En realidad, nunca he disfrutado de esa casa.

Yo... Precisamente.

Antonio quiere que la disfrute. -¿Cómo?

Que le cede la casa en usufructo mientras viva...

...si, a su muerte, vuelve a ser de su familia.

Es decir, de los hijos de su segundo matrimonio.

Lo que sí le pide es que le envíe las condecoraciones de su padre.

-Por supuesto.

Dígale también que le enviaré una colección de abanicos...

...que fue de su madre.

Estoy segura de que a su esposa le gustará tenerlos.

-Siempre fue un caballero.

-Sí, eso sí.

Siempre lo ha sido, todo un caballero.

-¡Ay, ya! -Que llaméis al llegar.

-Si no debíamos ir, pero es que me hacía ilusión.

Esto sí me hacía ilusión. -Di que sí.

Sin viaje de novios, los matrimonios van mal.

-No seas payasa. -Sube.

-Ya te despedirás después.

-Adiós. -Te despides desde la ventanilla.

-Un besito, un besito nada más.

-Papá, que avisa.

-Sí, hombre, sí. Venga, sube, Concha.

A ver, lo que falta. Dame esa maleta. Sí.

Pasa. Ahí, eso es, ahí est. Muy bien.

-¡Ay! Gracias, cielo.

-Bueno, y a portaros bien, ¿eh? -Cuidad de mis niños.

-Y tú, cuidadito con las saliditas de noche.

-No te aproveches, ¿eh? Que luego...

-Todas, mamá, todas.

Me quedo solo. Me pienso aprovechar.

Silbido del tren.

-Manda una postal del famoso Betanzos.

-Hala, y a portaros bien, ¿eh? Lo dicho.

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Anillos de oro - Capítulo 11: Todo un caballero

16 nov 2020

Antonio y Concha llevan conviviendo 40 años, son padres y abuelos, pero Él quiere legitimar su situación, por lo que decide divorciarse de su esposa Matilde, a la que no ve desde la Guerra Civil.

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