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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

-Somos pobres, Asun, métetelo en la cabeza.

-Jaime no es así.

-Si parecieran lo que son, nunca nos cazarían.

-Jaime, no.

¿Quién es la afortunada? -Ubaldo, no te lo voy a decir.

Ya me diste otra información. Ella no lo sabe, ¿a que no?

Ni siquiera estoy seguro de lo que siento yo.

-Los dos le debemos mucho. Así solo demuestras es ingratitud.

-No quieres verlo, te ha cegado. Te estás engañando.

-Podríamos hablar con él para que deponga su actitud.

Matías, no voy a dejar que el cáncer se extienda.

Ramón, sí, soy yo.

Ya me ha informado Matías.

Sí, lo sé. Quiero que lo despidas.

-El techo se cayó justo cuando Felisa y yo estábamos...

-(RÍE) ¡Qué casualidad! -No, que no es eso.

Justo cuando hablábamos de que en la casa pasaba algo raro.

-En mi casa, imposible.

Pero vamos a hacer una cosa.

Como solo es para dormir te voy a dejar las llaves.

Pero de aquí, de la oficina.

Si no trabajo, puedes salir y entrar cuando quieras.

-Me alegro de haberte visto. -¡Qué pavisoso eres!

¡Eso es una despedida!

Invítala a merendar, ya lo tendrías que haber hecho.

-Creo que iba a besarme. -¿A besarte?

¿En la boca?

-No sé si se hubiera atrevido, pero se lo he visto en sus ojos.

¡Y ganas no le faltaban!

No sé, mi Teniente. Tengo que ver dónde y cómo

es más conveniente poner el foco de la infección.

-¿Cuándo lo vas a tener listo?

-Lo mejor sería conocer los hábitos...

-¡No tengo tiempo!

Despertar abrazada a la ironía

de ocultar

la razón de cada día

para amar en tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento

y descubrir

sorprendida mi tormento y mi dolor

con tu amor envuelto.

No es sencillo

avanzar olvidando lo vivido

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar

por todo aquel que tuvo que olvidar

para empezar.

Música suave

-Ya he tirado los escombros del trastero de tu padre.

-Trastero, ¡qué mal suena! Es su alcoba.

Al menos hasta que se cayó el techo.

¿Crees que lo podrás dejar en condiciones?

-Lo estamos intentando.

Pero tonterías no voy a hacer, que eso se vuelve a caer.

-Trino, cállate.

Que esta vez se ha librado mi padre, pero la próxima...

-Estamos estudiando la forma de apuntalarlo.

Para dejarlo en condiciones hay que gastarse unas perras.

-¿Y si les decimos a los vecinos que se hagan cargo ellos?

El trastero es suyo. -No sé si podemos hacer eso.

-¿Por qué no? -Porque es de la portería.

Ellos nos lo han dejado.

-O sea que el arreglo va para largo.

-Pues sí. Me temo que tus hijas y tu padre

van a tener que compartir cuarto un tiempo.

-¿Qué traes en esa caja? ¿Los escombros?

-No, hombre. ¿Sabes lo que he sacado de allí?

Eso no cabe aquí. -¿Entonces qué es?

-Una caja del vecino y la he traído por si te servía algo.

-Seguro.

Estos ricos son tan caprichosos que tiran las cosas casi nuevas.

Ese hombre recibe paquetes de todas partes.

-¡Ya te digo! A veces se oyen voces que a saber qué están hablando.

-No sé si habla muchos idiomas o tiene visitas de extranjeros.

-Pues no sé por dónde pasan, porque por el portal yo no los veo.

-Entrarán por la puerta de servicio.

(GRITA) -¿Qué?

-¡Qué horror! Otra vez el demonio ese tan feo.

-El que llevamos por equivocación a casa de los Hernández Salvatierra.

-¿Por qué lo habrá tirado ahora?

-¿Por qué va a ser, hija mía? Porque es más feo que un demonio.

-¿Por qué no podemos celebrar la merienda de antes de Navidad?

Porque este año no es como todos.

Es una costumbre familiar y hay que respetarla.

Tienes una hija gravemente enferma.

Precisamente por eso. Quiero que todo siga igual.

No estamos de humor, al menos yo.

habrá que hacer un esfuerzo.

Para ella es muy importante la normalidad.

Una fiestecita en casa la animará.

Solo faltaría que se sienta culpable por no celebrar la merienda.

Me sorprende que, precisamente tú, hables de normalidad.

Algo más debe haber para que insistas tanto.

Cada año repites que es la última vez que la organizas.

A mis primos no los soportas. Este año tienes la excusa perfecta.

No entiendes nada, Andrés. Lo hago por Almudena.

Pero este año sí que es posible que no invite a tus primos.

Quizás solo vengan mis amigos. ALMUDENA: (GIME)

Es como lo de los masajes. ¿crees que son necesarios?

A mí me parecen un martirio chino.

Aunque sean dolorosos son imprescindibles.

¿Qué quieres? ¿Que pierda la movilidad de las piernas?

Timbre

Corre, vete a abrir.

A ver si es tu profesora de francés y te cambia el humor.

-"Li-li-tu". Vaya nombrecito.

Que da repelús. -Sí que da repelús.

-Pero igual es bueno y vale un dineral.

-Y por eso lo tiró. ¿Tú te crees que es tonto?

Eso no vale ni un real.

Mételo en la caja, que no quiero eso en mi casa.

¡Qué cara más fea!

-¿Y si nos lo quedamos y lo coloco yo en el rastro?

-¡Déjate de tonterías, Trino!

Seguro que el techo se ha caído porque esto rondaba por ahí.

Ahora mismo lo tiro. Fuera de mi vista.

¡Qué horror!

-Hola, Andrés. Buenos días, Juan Carlos.

-Juan Carlos pasaba por la oficina

y he pensado que estaría bien que habláramos los tres.

-Hola, Eulalia. -Hola.

-Y, de paso, interesarme por el estado de Almudena.

Mi mujer es la experta.

-Está mucho mejor, gracias. -¿Se va a recuperar del todo?

-Naturalmente que sí.

Estamos haciendo todo lo posible para que vuelva a ser la misma.

-Seguro que así será.

Vamos a mi despacho, allí estaremos más tranquilos.

-Sí, yo también voy a misa.

-Tírala, no la quiero ni tocar.

-En cuanto acabe aquí, me pongo con el trastero.

Le diré a tu padre que me ayude. -No enredes, hazlo tú solo.

-No, que yo solo no puedo. Yo de albañilería sé lo que sé.

-¡Ale! -Buenos días.

-Igual se lo digo a Marcelino.

-Tú lo que quieres es tener una juerga diaria.

-Qué exagerada eres. Estos trabajos entre dos son más llevaderos.

-Y con la charla se tarda un siglo en terminarlos.

Buenos días, Doña Eulalia.

Música de tensión

-"Lilitu.

Demonio mesopotámico relacionado con el espíritu maligno Lilu.

Demonio errante.

Es representada como la virgen de la desolación, frígida y estéril.

Diablo que vaga de noche buscando a hombres y niños

a los que matar para beber su sangre."

-¿Se encuentra bien? -¿Qué hace esa figura ahí?

-Es horrible, ¿verdad?

¿Se acuerda que se la llevamos por error?

-Claro. Pero ¿qué hace danzando por aquí otra vez?

-Su vecino la ha tirado.

-¿No la querrá usted? -¡Cómo la voy a querer!

Apártela de mi vista. Me produce auténtico pavor.

-Estaba en ello. -Cuanto antes, Trino, por favor.

-Qué exagerada esta mujer, ¿no?

Es como si hubiera visto al mismísimo demonio.

-La mujer será aprensiva. A mí también me da repelús.

-Sí, Adelina, sabes que te considero la mejor

pero no te quiero mentir.

Estoy visitando también otras academias.

La verdad es que hay algunas que no están nada mal.

Lo sé, Don Vicente. Sé cómo funcionan estas cosas.

Pero sé que la mayoría de las contratadas saldrán de aquí.

(RÍE) Cómo se nota la seguridad que tienes en ti misma.

Te gusta pisar fuerte.

Sabes vender bien a tus alumnas.

Son las mejores porque aprenden con la mejor.

(RÍE) Está visto que no tienes abuela.

Si no me digo yo estas cosas, no me las dice nadie.

Te lo digo yo, chiquilla. Es verdad.

Me acuerdo cuando no daban un duro por mí.

Sí, te costó hacerte respetar.

Y no olvides quién fue de los primeros en apostar por ti.

-Como sabía que te vería, te he traído un detalle de camino.

-Debería decirte que no tendrías que haberte molestado,

pero me encanta.

Me encanta el detalle y que hayas venido a verme.

-Eres muy amable.

-Me has alegrado el día. Hasta ahora había sido horrible.

Me dan unos masajes en las piernas que me hacen ver las estrellas.

-Pero serán buenos para ti.

-Sí, eso dice mi madre. Pero a mí me dejan agotada.

Como si me hubieran dado una paliza.

Cuando he sabido que estabas aquí,

he pedido que ayudaran para venir a verte.

-A mí también me gusta venir a despachar con tu padre a casa.

Así tengo ocasión de verte y charlar contigo un rato.

-Juan Carlos, Andrés espera.

-Me ha dado cinco minutos y aún no han pasado.

-Déjale un ratito más.

Nunca olvidaré lo que hizo por mí para que consiguiera un nombre.

Ahora lo tengo como profesora y estoy orgullosa de cómo lo hago.

¿O no está de acuerdo?

-¿Crees que si no fuera así, estaría aquí charlando contigo?

Me gustan tus alumnas, especialmente un chica...

Consuelo creo que se llama.

Esa jovencita de muslos bien torneados.

Sí, Chelo.

Yo también me fijé en ella cuando puso el pie en la academia.

Es una chica muy atractiva.

Sí, le falta técnica pero tiene madera para ser una gran artista.

Ya sabes que lo de la técnica...

A mí me gustan más las bailarinas intuitivas.

Las que tienen el arte donde tú ya sabes.

Ya.

Pero me temo que esta chica no será tan fácil como las otras.

Chelo es de esas que no ceden a los favores de un hombre,

por muy empresario que sea.

A estas alturas de mi vida, esa contrariedad me estimula más.

Música de tensión

-¿A qué está jugando con Almudena?

-¿Perdón? -No me tome por tonto.

Sabe muy bien a qué me refiero. He escuchado sus galanterías.

Y sé que no es la primera vez que le hace regalos.

-Me apena mucho que esté enferma.

-Yo creo que se está aprovechando de su inocencia

y dándole esperanzas que no va a cumplir.

-Ve mala intención donde no la hay.

-Eso espero, Juan Carlos. Por su bien.

Si queréis trasladamos la reunión al salón.

-Estábamos saludando a Eulalia. ¡Vamos, por favor!

Música de tensión

-No sé qué me pasa últimamente, pero tengo un hambre...

-Yo también estaría comiendo todo el día.

Pero solo cosas buenas, como dulces o helados.

-Yo me lo como todo. No hay pastelería que se me resista.

-Si tu bolsillo no protesta...

-La que protesta es mi tripa. ¡Se me está poniendo tremenda!

-Pues tampoco te pases.

Que una bailarina con sobrepeso no está bien vista.

-Fíjate, cuando me agacho. Me choca un poco.

-Justo ahora que Don Vicente está eligiendo bailarinas.

-Es que no sé qué me pasa.

-No te preocupes.

Será porque estás nerviosa por las pruebas.

-Si cada vez que tengo una prueba me quedo como un fideo.

No sé. Supongo que todos cambiamos.

-Como estás haciendo ejercicio, se te abre el apetito.

Es normal. ¡Chicos!

Un momento de atención, por favor.

Ya conocéis todos a Don Vicente Montortal.

Uno de los empresarios teatrales más importante de España.

A ver si os lucís. Tenéis una oportunidad única.

Los chicos se quedarán para apoyar en la coreografía,

pero, en esta ocasión, Don Vicente no los necesita.

Música de tensión

-"Su vecino la ha tirado.

-¿No la querrá usted? -¡Cómo la voy a querer!

Apártela de mi vista. Me produce auténtico pavor."

-Hola, mamá. -Hola, hijo.

¿Qué tal las clases en la facultad? -Como siempre.

Tenemos exámenes dentro de poco, así que me toca estudiar.

No lo dejes para el último momento.

Por cierto, no me has contado cómo ha ido tu paseo con Conchitín.

-¿Paseo? Solo la acompañé a casa.

-Solo quería saber si te cae bien, si te parecía simpática.

Su madre habla maravillas de ella.

-Simpática era. Sobre todo charlatana.

No paró de hablar de carreras de caballos

y de cómo les gusta ir al hipódromo.

-Son muy aficionados, sí. Algún día podrías acompañarles.

Como voy a invitarla a la merienda de Navidad, podríais quedar.

-Lo de ir al hipódromo no es una cosa que me apetezca.

En todo caso, iría con mis amigos, no con una desconocida.

-Una desconocida, dice.

Si os conocéis desde que ibais en el carrito.

-Hace años que no nos vemos.

-Culpa de su madre y mía por no haberlo fomentado.

-¿Le prestaba mi chupete? -Jaime, no digas tonterías.

Timbre

Otra vez.

-Chelo, alegra esa cara mujer.

No tiene por qué pasar lo del otro día.

-Como me levante la falda, le suelto un guantazo.

-No te preocupes que no ha traído bastón.

-Es que mírale. No me gusta cómo me mira.

Parece que me desnuda con la mirada.

-Pues te aguantas un poco.

Porque depende de él que tengas trabajo en esto o no.

Chicos, ¿estáis listos? Empezamos.

Acordaos, no podéis desaprovechar esta oportunidad.

Empezamos con un foxtrot.

Música de baile

Muy bien.

-Doña Eulalia, es la hija de los porteros.

¿La hago pasar? -Claro, por supuesto.

-Buenas tardes, siento el retraso.

-No tendrías que disculparte si fueses más puntual.

-Es que me he entretenido... -No te disculpes. ¿Cómo estás?

-Bien liada. Por eso he llegado tarde,

he tenido que hacer unos arreglos complicados y me he retrasado.

-Eres capaz de llegar a todo.

El trabajo, las clases, el tiempo en la portería...

Y todo con una sonrisa en la cara.

-Si pierde tanto tiempo sonriendo, no le valdrá la pena ir a clase.

Es una falta de respeto para tu profesora y para tu compañera.

-Perdóneme, voy corriendo. -Yo también voy a estudiar.

Si me aburro, te doy unos golpecitos en la pared.

-No te comportes como un crío, por favor.

¡Marina!

-Señora.

-Tengo que irme. Cuando acabe la clase,

que Almudena descanse, que no reciba ni una visita.

Y que la hija de los porteros se vaya cuanto antes.

-Sí, señora. -Muy bien.

-¡Qué paliza, madre mía!

-Nos ha apretado bien las tuercas.

A mí me ha encantado. He sentido como si volara.

-Mira que eres novelera.

-¡Lo digo en serio! En un salto lo he sentido.

-Yo estaba pensando era en salir para ir a comer algo.

-Se me venía a la cabeza una bayonesa con cabello de ángel

que me voy a comer ahora mismo. ¿Te vienes conmigo?

-Pero si tú invitas. -Hecho.

-Muy bien, chicas, pero que muy bien.

Sois unas consumadas bailarinas.

Lo mismo le dais a un Foxtrot que a un chachachá.

Me ha encantado tu interpretación del tango con ese toque español.

-Gracias.

-Estoy tan satisfecho que me complace anunciaros

que ambas estáis preseleccionadas.

A la espera de que termine mi ronda por las demás academias

y decida el elenco definitivo.

Mansos como corderos.

Así quiero a los trabajadores.

-Lo están. Y más, después del último despido.

Nada como una medida ejemplar, para acabar con la rebeldía.

¿Dónde se habrán creído que están?

Espero que ningún trabajador haya protestado por el despido.

Nadie se ha atrevido a rechistar.

Al menos, yo no me he enterado. Y eso que era muy querido.

Que no se hubiera pasado de listo.

Pero ha sido una pena. Era muy trabajador y responsable.

No se puede dejar crecer a la mala hierba.

Se corta de raíz y punto. Puede que lleves razón.

Estás de acuerdo conmigo, ¿verdad? Que sí. ¿Por qué insistes?

Te noto taciturno.

Ya, pero no es por eso.

¿Entonces? Juan Carlos.

¿Otra vez?

Está en esta empresa por ti.

Por eso me siento más responsable.

Ya resolvimos aquellos pequeños problemas.

Es que no se trata de algo profesional. Es... No sé.

No me fio de él en general.

En las obsesiones de cada uno ya no me meto.

Todo está bien, Matías. Todo está bien.

-Me gustaría que aceptarais una invitación para que celebremos

que habéis entrado en la lista de mis candidatas.

-Muchas gracias. Estamos encantadas.

¿A que sí, Chelo? ¡Además yo tengo un hambre!

-Yo lo siento mucho pero no voy a poder ir.

Me espera en casa mi madre para que le ayude con unas cortinas.

-¿Cómo? -Sí.

Ha habido un pequeño incendio en casa,

y se han quemado las cortinas del salón.

-Ya, es una pena.

Ante semejante desgracia está claro que no puedo luchar.

Me gustaría que la próxima vez no puedas decirme que no.

Porque lo que celebremos sea tu elección

para formar parte de mi compañía.

-De verdad, lo siento muchísimo.

-Si quiere, lo dejamos para otro día.

-No, tengo mucho placer en invitarte a tomar algo rápido.

Andando.

Y, especialmente, con los verbos acabados -car, -cer o -cir.

Tiene que cambiar la C por la Q o la Z,

para mantener el sonido original.

Por ejemplo, tocar, vencer o zurcir

en sus formas toqué, venzo o zurzo.

Venzo, no beso.

A ver, tú que te ríes tanto. Déjame ver.

Pero bueno, ¿y estos corazones?

¡Madre mía!

Visto que las señoritas están tan románticas hoy,

me parece que dejaremos de lado la lengua

y daremos una clase de literatura,

del Romanticismo español del siglo XIX.

-El Romanticismo es de amor, ¿no? Bueno, entre otras cosas.

Hay poetas que escribieron en esa época

los más bellos poemas de amor de la literatura.

¿Conocéis a Gustavo Adolfo Bécquer?

-A mí no me suena. -Es el de las rimas, ¿no?

Es el famoso autor de...

"Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar.

Y, otra vez, con el ala a sus cristales jugando llamarán."

-¡Qué bonito!

¿Os gusta?

La estrofa que más os va a gustar es esta.

A ver si me acuerdo.

"Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar.

Tu corazón, en su profundo sueño tal vez despertará."

-A mí me dice eso un chico y me desmayo.

-Y yo.

¡Ay, madre! Vaya par.

Música de piano

-Jaime me cae francamente bien.

Me resulta de lo más agradable. -Me alegro, cielo.

Él piensa lo mismo de ti. -¿Se lo ha dicho?

-Sí. Me ha dicho que eres encantadora.

-No estaba yo tan segura.

Fue muy educado y muy correcto.

-Es que es muy tímido y muy educado, ya lo sabes.

Pero mejor, ¿no?

A mí no me dan confianza los que son tan aduladores.

-A mí tampoco. Y eso que la que no paró de hablar fui yo.

Me daba vergüenza ir callados y me dio por hablar de mis caballos,

del hipódromo y de mis bailes.

Y debió creer que soy una parlanchina.

-No, todo lo contrario.

Le pareciste una chica encantadora, muy simpática y muy amena.

-Qué apuro me está dando. -Pues apuro ninguno.

Tu madre y yo somos muy amigas.

Muchas veces hemos hablado de que nos encantaría

que vosotros también tuvieseis esa amistad.

¿Recuerdas que os llevábamos a la Casa de Fieras del Retiro?

-Claro. Cómo nos reíamos viendo el foso de los monos.

-Ese cariño, con el tiempo, se podría convertir en otra cosa.

-¿Otra cosa?

-Quiero decir que todo empieza por una amistad y...

Que vosotros habéis sido educados en un mismo círculo.

Lo más natural sería que... ¿Entiendes lo que quiero decir?

-Sí. A mamá tampoco le gusta que haga amistad con otra gente.

-Claro. -Pero con Jaime no coincido mucho.

Como tiene amigos en la universidad...

-De eso me encargo yo.

Quería contar contigo para una merienda antes de Navidad.

Me han dicho tus padres que no podrán venir pero...

-Cuente conmigo. Me encantaría, Doña Eulalia.

-Estoy segura de que Jaime se alegrará de volver a verte.

Jaime. -Hola, Irene.

¿Esperas a alguien?

No, he salido a airearme entre tema y tema.

Y, de paso, me quito de encima a mi madre.

Está muy pesada con las hijas de sus amigas.

Las madres siempre se preocupan por los amigos de sus hijos.

Y tú estás en edad de tener novia.

Ya, mi madre está obsesionada.

Pero no sé si es para que me eche novia o para que no me le eche.

¿Por qué le habrá cogido esa manía a Asunción?

Es que es muy guapa.

Sí, pero...

Y últimamente pasáis mucho tiempo juntos.

Vivimos en el mismo edificio. Es lógico, ¿no?

Pero eso a tu madre le pone nerviosa.

Ya lo sé y no lo disimula.

Y no lo entiendo, es una tontería. Solo somos amigos.

Bueno, Jaime, no sé.

Quizá tu madre no ande tan desencaminada en lo que intuye.

Quizá yo también piense que Asun siente algo por ti.

¿Te ha comentado algo? Ni falta que hace.

Tengo ojos en la cara y se nota el interés que tiene por ti.

Interés que, por otra parte, parece mutuo.

¿O me equivoco?

No sé qué decir, Irene.

Música de piano

Disculpa, ya hablamos en otro momento.

Miguel. -¿Qué quieres?

-Quiero hablar contigo.

-Si necesitas que repare algo, se lo dices a mi padre.

-Quiero saber si trabajas para mi padre o para Matías.

-Que yo sepa, para tu padre, la empresa es suya.

-No me refiero a tu trabajo como mecánico.

-No te entiendo. -Si trabajas de soplón para ellos.

¿Eres un topo? -No soy ningún topo.

Y a ti no tengo que darte explicaciones.

-Has cambiado mucho desde hablábamos de qué hacer

para que los obreros tuvieran conciencia de sí mismos.

-Si tú lo dices. -Me engañaste.

Me hiciste creer que se podía confiar en ti.

Desde que te despidieron... -Por meterme en líos.

-Pero te volvieron a readmitir. Y cambiaste de bando.

Han despedido a un trabajador porque lo has delatado.

Has informado a Matías y él, a mi padre.

-No tengo nada que ver con ese despido!

Si me quieres creer bien y si no, estás en tu derecho.

No me importa que me cuelgues el San Benito de soplón.

Música de tensión

Déjalo, Ubaldo, ya lo termino yo.

Atiende a aquel cliente. Ya le he cobrado.

Disculpe, es que mi marido

cuando habla de música, se emociona tanto,

que consigue quecompren discos que no estaban buscando.

No le haga caso, le encanta exagerar.

Aquí tiene.

Puede volver cuando quiera.

Recibimos novedades casi todas las semanas.

Hasta luego, muchas gracias. Adiós, buenos días.

Y no exagero.

Cuando te pones a hablar de todos esos cantantes y músicos,

se nota que no lo haces por vender sino porque te gusta compartirlo.

Pero por eso la gente compra.

Menos mal que no me ves como un charlatán de feria.

Todo lo contrario.

¿Qué tal la clase hoy? Bien. Muy bien.

Aunque las chicas estaban un poco desconcentradas.

¿Y eso? Son devotas tuyas. Tenían la cabeza en otra parte.

¿No les has reñido?

Me ha tocado reconducir la clase,

y les he hablado de la poesía romántica.

(RÍE) ¿Y eso?

Estaban distraídas porque estaban pensando en chicos.

No me digas que empiezan ya con esas cosas.

Asunción todavía es más seria y un poco más reservada,

pero Almudena... es enamoradiza desde que nació.

¿Incluso ahora?

Fíjate que yo creo que ahora su enamoramiento

es lo único que le evade de lo que tiene encima.

Pero son enamoramientos platónicos.

Ahora le toca a un arquitecto joven que trabaja para su padre.

-Los suspiros son aire y van al aire.

Las lágrimas son agua y van al mar.

Dime, mujer, cuando el amor se olvida,

¿sabes tú adónde va?

-¿Estás estudiando? -Sí.

-¿Y qué estudias?

-Pues a un poeta llamado Gustavo Adolfo Bécquer.

-Me suena. No sé de qué, pero me suena.

-¿No es de una calle del centro? -Que yo sepa es un poeta,

pero, a lo mejor, también hay una calle con ese nombre.

-¿Y qué tal el día? ¿Bien?

-Sí, normal. ¿Y el tuyo?

-Tengo que contarte una cosa.

Pero prefieres que te la cuente en otro momento, no pasa nada.

-Desde que has entrado sabía que querías contarme algo importante.

-Más que importante, es algo... Es gordo.

Me ha pasado algo muy gordo, Asun.

-¿Estás enamorada? -Eso no sería gordo.

Y de aquí a que me enamore pueden pasar siglos.

-Entonces, ¿qué es?

-Se trata de una confesión.

-¡Ay, Chelo, por Dios, no me asustes!

-¿Te acuerdas que te conté cómo había sido la prueba?

Sí, estabas muy cansada pero contenta.

Te había salido requetebién y habías bailado mejor que nunca.

-Pues era todo mentira.

-¿No te salió bien? ¿No te eligieron?

-No es eso.

No hubo tal prueba.

-¿Tampoco existe un empresario que busca bailarinas?

-Eso sí es verdad.

-Ay, me estás liando.

¿Y la hija del portero? Asunción.

Yo creo que está perdidamente enamorada de Jaime.

¿Te lo ha dicho? No.

Es muy reservada.

Tiene mucho sentido común, sabe que esa relación no será posible.

Yo creo que a Jaime no le es del todo indiferente.

Aunque me ha dicho que no ha sentido el Amor, con mayúscula.

No, es un tema de su madre que no lo va a consentir.

¿Crees que va a dejar que su niño salga con la hija de los porteros?

Es cierto. Aunque sea un error.

Porque cuando el amor aparece, no hay nada que hacer.

¡Y quién sabe de eso mejor que nosotros!

Lo nuestro está por encima del amor, tonto.

¿Crees que Jaime está realmente enamorado de Asunción?

Creo que podría llegar a estarlo.

Aunque él aún no sea consciente.

Cuando te dijo que no sabe nada del amor, no te mintió.

Pareces una experta.

Ya sabes que me gusta mucho observar.

Y la verdad es que, los chicos son tan obvios.

Se les nota todo en la cara. (RIENDO) Yo me lo paso muy bien.

(RÍE)

Solo espero que, sobre todo ellas, no sufran demasiado.

Muy buenas tardes. ¿Qué desea?

-A ver, sí es verdad que hay un empresario,

que se llama Don Vicente.

Y está buscando coristas para su revista.

Y sí es verdad que vino a la academia.

Pero no hizo esa prueba.

Al menos, no la hizo como yo te la conté.

-Entonces, ¿cómo fue?

-Pues nos pusimos todas las chicas en fila,

porque a los chicos no quiso ni verlos.

Y nos tuvimos que levantar la falda hasta media pierna.

-¿Os quería ver las piernas?

-Eso mismo pensé yo. No te imaginas cómo nos miraba.

Parecíamos ganado.

No te lo conté, me daba mucha vergüenza.

-¡Qué cara dura!

A lo mejor no existe esa revista. -La revista sí que existe.

Es un empresario conocido y ha contratado a chicas

y es amigo de Doña Adelina.

Me dijeron que me elegían para las otras pruebas.

-¡Por tus piernas!

Por eso necesitabas unas medias de cristal.

Si lo llego a saber...

-Me da vergüenza decirlo, pero me eligieron por mis piernas.

Pero hoy hemos hecho la prueba de verdad.

-Pero en la prueba, ¿tenías que bailar?

-Sí, hoy ha venido a la academia y ha visto la clase entera,

y solo hemos bailado. Nada más.

-Bueno, eso suena mejor. ¿Qué tal te ha salido?

-Muy bien. He bailado muy bien, Asun.

Y él me ha felicitado y me ha dicho que tengo mucho talento.

Pero... -¿Hay más peros?

-Me da que no se fija solo en mis cualidades artísticas.

Sino en las físicas. Vamos, que le parezco mona...

-¡Chelo!

¿No te habrá propuesto nada? Porque lo mato.

-Directamente no, pero...

sí que nos ha dicho si queríamos ir a tomar algo.

Pero yo le he dicho que no.

-Muy bien, Chelito.

Menos mal que aún tienes algo de sentido común.

-Ahí está mi dilema.

¿Tú crees que soy una exagerada?

-No.

-Es que Luci dice que no puedo ser tan remilgada.

Ella se ha ido con él. -Pero tú has hecho muy bien.

-Pero...

¿Y si siempre va a ser así?

¿Y si para trabajar como bailarina

hay que ser un poco ligera de cascos?

-Yo no creo que para ser artista tengas que serlo.

Al revés, hay artistas muy honestas e incluso beatas.

-Sí, pero es diferente cuando estás empezando.

De repente, creo que esta obsesión mía por el baile

es una equivocación y que tengo que pensar en cosas más normales.

Que no sea la vaquería, claro.

-Si quieres que te aconseje,

nunca traspases una línea que no quieres traspasar.

Por si luego te puedes arrepentir.

Y si te gusta el baile, adelante.

Se puede bailar honestamente y abrirse camino.

Y yo estoy segura de que lo vas a conseguir.

-¡Ya estáis cuchicheando! ¡Menudas cotorras!

-¿Miguel, a ti qué te pasa?

Música de piano

-Es muy amable, Don Vicente. Nunca había probado las ostras.

Y aunque tienen un aspecto raro... Muchas gracias.

Estaban buenísimas. Y el vino también.

Que ya veo que se me ha subido un poco a la cabeza.

-No, para nada. ¡El vino es muy sano!

¿Quieres ahora un licorcito?

-¿Un licorcito? ¡Venga! Un día es un día. (RÍE)

-Un licor y coñac.

-Me encanta verte disfrutar.

Es que la juventud de ahora ya no sabéis hacerlo.

Ya no salís a las salas de fiestas,

ni frecuentáis los bares y las tabernas del centro.

Estáis hechos unos sosos y unos pánfilos.

-También depende mucho de los cuartos.

La vida se está poniendo muy cara y no...

-¡Tonterías!

Yo también me divertía mucho cuando no tenía donde caerme muerto.

-Ahora estáis echados a perder. Mira esa amiga tuya...

-¿Chelo? -Chelo.

¿Qué chica hace años se hubiera perdido la oportunidad

de alternar con un empresario como yo?

-Si ya se lo digo yo. Pero es que es muy suya.

-¿Viene de la pata del Cid? -No, sus padres son porteros

de un edificio de la plaza de Santo Tomé, ¿sabe?

-Sí, claro.

-Son cuatro hermanos y sus padres no llegan a fin de mes.

Ella trabaja en una vaquería. -Ya.

-Pero pone muchísimo esfuerzo en pagarse las clases.

Quiere llegar a ser importante en el mundo de la revista.

Muy importante.

Como todas las que estamos con Doña Adelina.

-A lo mejor es que de tanto estar todo el día entre leche,

se le agria el carácter. (RÍE)

-No, qué va. Está chapada a la antigua.

Como viene de pueblo y no tiene mundo.

-Eso tiene fácil arreglo.

-¡Qué rico!

Pero yo no soy así. Yo tengo una alegría, ¡bueno!

¿Qué tal si ahora me invita a un pipermín?

-Los suspiros son aire y van al aire.

Las lágrimas son agua y van al mar.

Dime, mujer, cuando el amor se olvida,

¿sabes tú adónde va?

-Hola, hija. -Hola.

-¡Hay que fastidiarse con la voces esas!

Que no te dejan dormir.

-Se cuelan por el patio y es como si las tuvieras en la cabeza.

-En la oreja. Run, run, run, run.

-¿Qué voces? Yo no he oído nada.

-Aquí parece que se oye menos, pero dentro, retumban.

Tengo la cabeza como un bombo. -Yo me he desvelado.

-¿Es para tanto?

-Vienen del principal izquierda y son como moras, no sé.

-Voy a ver.

-A mí me suena como si fuera latín de misa.

-¿Desde cuándo sabes latín?

Si cada vez que hay que responder en la iglesia, te quedas mudo.

-No digo que sepa, digo que me suena a latín.

-A mí me da miedo. Además, latín no puede ser.

Si ya nadie lo habla.

-¿Y las monjas? ¿Y los curas? ¿Y el Papa?

-Nuestro vecino no es ni monja ni cura ni Papa.

Es un viejo solterón que colecciona cosas raras,

y que tiene la casa llena de antiguallas.

-Pues serán las visitas pero alguien habla.

-A mí no me parece de recibo tener invitados a estas horas.

Además, ¡qué raro! ¿Por dónde entran?

Nunca los vemos. Qué cosa tan extraña.

-Mira, no tengo el cuerpo para misterios a estas horas.

-Suena como a árabe. Como una lengua de Asia.

-Otra que tal. ¿Tú qué sabes cómo hablan en Asia?

-Son sonidos muy extraños, en cualquier caso.

-Extraños sí, pero como todo lo que pasa en esta casa.

El caso de la descuartizada aquí mismo, en esta casa.

Lo de las manchas de la pared, como arte de magia.

Que se caiga el trastero de tu padre, así, tan raro.

Por no hablar de la figura esa del demonio.

-¿Qué figura, padre? -Eso son cosas de tu padre.

Vete a dormir que ya es muy tarde y te tienes que levantar pronto.

-A ver si esos ruidos no suenan en mi habitación.

-Buenas noches.

-Si oyes eso, te pones un trapillo o lo que sea como un tapón,

pero que no te desveles.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Anda que tú también, Trino, a qué viene hablarle del demonio.

¿Qué quieres? ¿Que no duerma?

-He metido la pata, ¿qué quieres que te diga?

Pero no me dirás que en esta casa no pasa algo raro.

-Pues sí, la verdad. Parece cosa de brujería.

Dios nos coja confesados.

Música de violines

-Tranquila, mi vida.

Tranquila. Todo está bien.

Todo está en orden, cielo.

Yo y el espíritu santo, al que te encomiendo siempre,

no vamos a permitir que te pase nada malo.

Tranquila, mi vida.

-¿Mamá, qué pasa? ¿Qué hora es?

-Es muy tarde, duérmete. -¿Qué haces levantada?

-Que no podía dormir y he ido a beber agua

y de paso he pasado a ver cómo te encontrabas tú.

-Estaba durmiendo, ¿verdad? -Sí, cielo.

-Respirabas un poco agitadamente,

por eso te he acercado los vahos de eucalipto aquí a la mesilla.

-¿Notas el olor? -Sí.

-Cómo me cuidas, mamá. -Siempre cariño.

Siempre.

Anda, duérmete, que yo me quedo aquí un ratito contigo.

Padre nuestro, que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.

-En esta casa te tenemos mucho aprecio, Asunción.

Me gustaría invitarte a una merienda que celebramos antes de Navidad.

Con algunos familiares y amigos.

-Al compañero que echaron, lo habían delatado.

Le fueron con el cuento a Don Andrés o a Don Matías.

Y dicen que he sido yo. -¿Quién se lo dijo?

-Ahí está el problema, que el que lo dice es Jaime.

Yo no he delatado a nadie. Se lo juro.

-He invitado a Asunción a la fiesta.

-A la fiesta, ¿de verdad? -La he invitado personalmente.

-¡Mamá, dame un abrazo!

-No podría permitirme comprarme unas medias de seda.

Ninguna de tus compañeras podría.

No te preocupes, no se las estás robando a nadie.

Pero ¿de quién serán?

Qué cortita eres a veces. Es un regalo.

-No entiendo qué se te ha perdido en esa casa.

Tenemos que arreglar el cuarto del abuelo,

y ahora un vestido nuevo.

No estamos para mucho dispendio.

He estado hablando con Don Vicente

y sois las candidatas para su compañía.

-¿Vamos a debutar en una revista?

-Yo no quiero meter cizaña entre hermanos.

-Miguel no quiere decirme nada pero yo sé que es algo serio.

¿Por qué no intentamos solucionarlo?

Eulalia ha invitado a Asunción por algo.

Y mucho me temo que tenga que ver con Jaime.

Se dejaría despellejar viva antes de ver a su hijo con ella.

-Yo vería con buenos ojos que tuvieras una relación con mi hijo.

Me encanta que te intereses por él.

-En ese caso, ¿cuál es el problema?

-Muy sencillo, que tú no eres la única interesada.

¿No quiere tomar algo? No creo que sean horas.

Y no estando su esposa, no me parece apropiado.

¿Tan peligroso le parezco?

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 69

15 dic 2010

Cada vez más convencida de los sentimientos que unen a los dos jóvenes, Irene pone a Jaime al corriente de las prevenciones de su madre hacia una posible relación entre él y Asunción. Jaime informa a Miguel de sus sospechas de que está detrás de la relación que provocó el despido del trabajador de la fábrica de su padre. Eulalia pone en pie un plan para acercar a Jaime a la hija de Cuca. Eulalia está convencida de que solo con la ayuda de la muchacha podrá impedir los avances de Asunción hacia su hijo. Consuelo está cada vez más incómoda con las miradas y la actitud libidinosa de don Vicente. Cuando éste la invita a tomar algo para celebrar que ha sido preseleccionada para la compañía, Chelo rechaza la invitación. Trino encuentra en la basura la estatuilla del demonio mesopotámico y trata de convencer a Felisa para que se la queden. Tras

escuchar voces extrañas que salen del principal izquierda, Eulalia vuelve a tener malos presagios y se vuelca en la oración para proteger a Almudena de todo peligro. 

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