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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

-Venga, don Abel, por favor. Se ha vuelto loco.

¡Está como loco! -De acuerdo, tranquilo.

-Sería mejor para todos... Héctor, que voy contigo.

-Ana estará allí.

Es un asunto de mi hermano y voy contigo.

-¿Ah, sí? -Se concentra mucho.

Es muy buena alumna.

-Me está enseñando incluso que hasta en mi desgracia...

...puede haber cosas positivas. -Claro que sí.

-Esta noche, cuando ha vuelto a casa,...

...se ha dedicado a destrozarlo todo. Estaba fuera de sí.

No os lo podéis imaginar.

-Es una mujer muy positiva.

Y estoy segura de que siempre ha sido muy alegre.

Y quiere mucho a su hijo, muchísimo.

-Ella no quiere separarse por las malas.

Ana quiere que acepte... Ana, un momento.

¿Tú quieres separarte de verdad?

Porque mi hermano es bueno, es buena persona...

...y ahora mismo está enfermo.

-No estoy segura de querer recuperar la fe en alguien que...

...libra a los malos y castiga a los buenos.

-No rezaré para que recuperes la fe,...

...sino para que recuperes la esperanza, Lucía.

-Es Alfonso quien reacciona con violencia.

Qué pena.

Qué pena. Con lo felices que podíamos ser los cuatro.

Despertar con la luz de la mañana...

...y renovar otro día más la fuerza...

...para amar en tiempos revueltos.

No es sencillo avanzar olvidando lo vivido...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar...

-Cariño, ¿te pasa algo?

Pienso.

-¿En qué pesabas?

En cosas tristes.

Pero supongo que es por el embarazo.

-Es por lo de Alfonso, ¿verdad?

Sí.

-Siento mucho que tengas que pasar por todo esto.

Pero no debes dejarte llevar por la tristeza.

En tu estado necesitas cuidarte.

Pase lo que pase, todos vamos a salir perdiendo.

Yo sé que mi hermano se ha pasado de la raya y mucho,...

...pero es mi hermano, Héctor, y tengo que ayudarle. Y es así.

-Cariño, ven, ven.

Ven conmigo.

Siéntate.

Lo que está claro que aquí la víctima es Ana.

Sí, es cierto.

-No te negaré que Alfonso también carga con lo suyo,...

...pero ponerle la mano encima a una mujer es intolerable.

Sí. No entiendo qué le pasó por la cabeza para hacer algo así.

Y tampoco me puedo imaginar cómo estará ahora...

...sabiendo que todos le damos de lado.

-Debió pensarlo antes de hacer algo así.

Héctor, seguro que está muy arrepentido.

Yo conozco a mi hermano y sé que es un bruto.

Pero es que también es una buena persona.

-Que sí, que sí, que le pierde ese pronto que tiene.

Luego se da cuenta que ha metido la pata...

...y se desvive por arreglar las cosas.

Sólo que las cosas ya no tienen arreglo.

Tengo que volver a hablar con él.

-¿Pero tú crees que va a querer escuchar a alguien?

¿Y qué hago, olvidarme de mi hermano?

-No, pero deja enfriar las cosas.

¿No ves que cuando hablamos con él se pone a la defensiva?

Ahora mismo, para tu hermano el mundo se divide...

...en dos bandos: el suyo y el de Ana.

Y, o estás en uno o estás en otro.

Pero no puedo dejar que mi hermano se arruine la vida sin yo...

-Ni siquiera te molestes, cariño.

No sabemos dónde se ha metido.

¿Cómo?

-Creemos que está en un hotel, pero a saber dónde.

¿Que mi hermano está viviendo en un hotel?

-Sí, me lo dijo Ana.

Por supuesto, a mí no me costaría más de un par de horas localizarlo.

Pero otra cosa... ¡Hasta este punto hemos llegado!

Mi hermano está viviendo en un hotel y yo ni siquiera lo sé.

-Buenos días. Hola, buenos días.

-Un café con leche y una ensaimada, por favor.

Bueno, y lo que se tome él me lo cobras a mí.

Si a él le parece bien, claro. No, no, me parece estupendo.

Muchas gracias. -Muchas veces.

¿Y ese dispendio?

-Bueno, porque el dinero está para gastarlo.

Ya he pasado muchas penalidades, ahora que tengo unos cuartos...

...hay que celebrarlo. ¿Tirándolos?

-Naturalmente. Y con una sonrisa, además.

Si supiera la de veces que yo he dejado aquí a deber dinero.

No tenía ni para el tranvía, ni la pensión ni nada.

Pero bueno, parece que ahora pues la vida me sonríe.

Pues amén.

Y muy agradecido.

-Yo también muy agradecida.

¿Por?

-Pues porque yo quería pedirle un favor.

A ver.

-Yo tengo un sueño. ¿Ah, sí?

-Es muy sencillo y a la vez muy difícil.

Y crees que yo puedo ayudarte a conseguirlo.

-A lo mejor.

-¿Desde cuándo vive en un hotel? No sé, un par de días o tres.

¿Y desde cuándo lo sabías?

-¿Qué más da eso?

¿Desde cuándo sabías que Ana y mi hermano...?

-¿Tenían problemas? Hace tiempo. ¿Y por qué no me lo has dicho?

-No te enfades conmigo, por favor.

¡No, Héctor, es que es mi hermano!

A veces parece que se te olvida, hombre.

-No se me olvida, pero te he dicho mil veces que...

...las cosas de una pareja son cosas de ellos.

Sí, de ellos y tuya, porque tú sí lo sabías.

-Ana me contó que las cosas no andaban bien.

Pero también me pidió discreción. Muy bien, estupendo.

Con Ana sí puedes hablar ciertas cosas,...

...pero conmigo, que soy tu mujer, no.

-No saques las cosas de quicio, Teresa.

Se van a separar y yo no sabía nada.

¿No te parece lógico que esté enfadada?

-Intenta comprenderme. Acuérdate de cómo te ponías...

...cada vez que se nombraba a Ana en esta casa.

Si te hubiera dicho que tenían problemas,...

...le hubieras echado toda la culpa a ella.

Mi amor, todo lo que tiene que ver con Ana te afecta mucho.

Y a veces te impide ser objetiva.

En su momento, pensé que era mejor que no supieras nada.

No quería que te alterases.

Pienso en la criatura que llevas dentro y...

Y haría cualquier cosa para ahorrarte un disgusto.

Antes me has dicho que no puedes evitar el ponerte de su lado.

Muy bien, pero hazme un favor. -¿Qué?

¡No vuelvas a ocultarme nunca nada! ¡Nunca!

-Cálmate, ¿quieres?

¡Yo podría haberle ayudado, porque es mi hermano!

-En realidad, yo lo que necesito son consejos, Salvador.

Yo quiero que me diga si la idea que tengo es posible...

...o es completamente descabellada.

Bueno, pues a ver, ¿qué sueño es ese?

-Quiero crear mi propia compañía de teatro.

Sí. Sí, porque yo no quiero ser una actriz secundaria siempre.

Yo quiero llegar a lo más alto y quiero tener éxito...

...y que nadie me mande.

Y para eso hace falta tener una compañía de teatro.

Y quiero que tenga éxito.

Y para tener éxito hace falta un buen texto, un texto original.

Así que estoy pensando encargárselo a Cristina Barea.

Acabáramos.

-Eso se hace, ¿no? ¿Qué cosa?

-Pues esto de encargar un texto a un autor, un personaje bueno.

Sí, sí, claro que se hace.

-¿Yo lo podría hacer o es un poco sacar los pies del tiesto?

No. No necesariamente.

Pero, claro, la cosa no es tan sencilla...

...como plantarse delante del autor...

...y pedirle que te escriba el dictado.

-No, claro, claro.

Habrá que pagarle también. Por supuesto.

Pero es que no basta con pagarle. -¿Cómo que no?

No. Cualquier actor un poco experimentado querrá tener...

...ciertas garantías de que la obra se va a estrenar en condiciones.

-Pero es que esas cosas nunca se saben.

Pueden pasar un montón de cosas.

Precisamente por eso hacen falta ciertas garantías.

Por ejemplo, una compañía seria con gente experimentada.

O sea, ¿que es imposible? No, yo no he dicho eso.

Pero Roma no se construyó en un día.

Antes de pensar en encargar una obra,...

...habría que pensar en cuánto cuesta...

...poner en pie una compañía.

Hay que tener contactos,...

...hay que tener dinero para pagar muchos sueldos...

...y hay que tener ciertos estrenos decentes...

...antes de picar tan alto.

Mira, hay mucha gente que sueña con el éxito y la fama.

Pero muy poca gente se arremanga y se pone a trabajar de verdad...

...para conseguir su sueño.

Porque, claro, soñar es fácil y agradable,...

...pero trabajar, matarse a trabajar...

...sin que a uno le reconozcan el esfuerzo,...

...eso ya no es tan fácil ni tan agradable.

-Teresa, no te quieres dar cuenta, pero tu hermano estaba muy enfermo.

Ni los médicos han logrado hacerle entrar en razón.

Se ha hecho todo lo que se ha podido.

Me tratas como a una niña. -Eso no es cierto.

A tu madre también se lo ocultamos.

¿Me vas a decir que también a ella la hemos tratado como a una niña?

Me has engañado, Héctor.

Y yo podría haberle ayudado. -¿A qué?

A mantener unido su matrimonio durante un tiempo, ¿cuánto?

¿Semanas, meses?

Tarde o temprano habrían acabado así o peor.

No. -Ana ya se ha llevado un bofetón.

Y quién sabe si no se habría llevado una paliza.

...de no tener el carácter que tiene.

¡Mi hermano no es así! -Tu hermano ha perdido el norte.

Y ya no tiene arreglo.

Héctor, no hables así.

-Es triste, pero tiene que empezar de cero.

Olvidándose de Ana, olvidándose de su carrera como boxeador.

Lo ha tirado todo por la borda y lo ha hecho él solo.

Yo no lo juzgo, Teresa, pero es lo que hay.

Está solo y sin nada.

Y solo es como tendrá que arreglar su vida.

Porque mientras haya gente que le saque...

...las castañas del fuego no levantará cabeza. ¡Jamás!

Tienes razón.

Pero yo tengo que ayudarle.

-Permítame su abrigo. -Sí.

-Siéntese, póngase cómoda. Está en su casa.

-Gracias.

-¿Qué quiere tomar? -No, nada, nada, gracias.

-¿No, seguro? -Seguro, claro.

-Bueno. Cuénteme.

-Pues vengo a despedirme.

-¿No me diga que se va ahora mismo?

-El tren sale esta tarde.

-Ay, Dios mío.

Cuánto la voy a echar de menos.

Pero me alegro mucho por usted.

-Yo también te voy a echar mucho de menos.

Pero yo creo que tocaba ya que diera este paso.

-Sí, va a ser muy feliz.

Prométame que me escribirá todas las semanas.

-Pues claro que sí. -Yo también lo haré.

-No, tú no gastes tinta conmigo, tú tienes otras cosas...

...más importantes que escribir. -Ojalá pudiera.

-Ay, Cristina, que tienes que escribir una novela.

-Sí, pero es que ahora estoy un poco atascada.

A lo mejor más adelante, cuando Abel se recupere...

...y yo olvide un poco todo lo de la locura del estreno.

-No, no, no, eso son excusas; tienes miedo.

-No, no, yo no tengo miedo. -Sí, sí, tienes miedo.

Tienes miedo a no ser una escritora tan brillante como Salvador.

-Yo nunca me podría comparar con Salvador.

-Es que no te tienes por qué comparar...

...ni tienes por qué imitar su estilo ni el de nadie.

Tú eres única, tu voz es única.

Ni mejor ni peor que la de Salvador.

Tú lo que tienes que hacer para llegar a ser...

...una buena escritora es trabajar, trabajar y trabajar.

Y dejar de pensar tonterías de si vales o no vales...

...o si puedes llegar a tener éxito.

No, tú limítate a escribir, ¿eh?

-Sí, sí, seguramente tenga razón.

Pero, sinceramente,...

...creo que no tengo nada que contar.

-Pero, ¿cómo que no tienes nada que contar?

Cristina, ¿no has vivido este último año intensamente?

¿Acaso no has tenido que fingir ante la prensa...

...y ante cientos de personas?

¿Acaso no has vivido momentos muy dramáticos...

...con tu marido y con Salvador?

No me digas que no tienes nada que contar.

Quizás lo que pasa es que tengas demasiadas cosas que contar...

...y no sepas por dónde empezar.

-Entonces, según usted, ¿debo contar cosas de mi vida?

-No, no, necesariamente no tienes por qué contar tu vida, no.

Pero quieras o no, tu vida estará siempre en tus novelas.

Como dice Carmen Laforet:

"El argumento lo puedes inventar, pero el ambiente...

...se tiene que vivir". -Sí, se tiene que vivir.

-Pues mira, te he traído esto.

-¿Qué es esto?

-Pues la prueba de que sé de lo que hablo.

-Muy bien. Sí, va usted muy bien.

-¿No me desvío? -No.

-No, va usted directa a la tienda de Novedades.

-Que esto es lo más difícil, eh.

Mantenerse en línea recta cuando no hay una pared para apoyarte.

-Pues lo hace usted estupendamente.

Ya estamos llegando. Un poquito más...

Cuidado con el escalón.

Ahí está. -Ah, sí.

-Muy bien. Pues ya estamos aquí.

-¿Y qué hay en el escaparate?

-Pues hay una camisa blanca muy elegante.

Y un jersey azul cielo con unos motivos florales.

Y también hay un bolso de piel y unos guantes de piel...

...y unos zapatos de charol negros muy bonitos.

-¿Y qué más hay?

-Pues también hay una bufanda de lana.

Tiene pinta de ser muy amorosa.

De las que apetece llevar puesta todo el día, incluso en casa.

De las que abrigan mucho, pero no agobian, ¿sabe?

-Sí, son muy prácticas.

Cuando llevas una buena bufanda no hace falta ir tan abrigado.

Hola, buenos días. -Hola.

-Eres Teresa, ¿verdad? Sí, claro.

¿Qué tal, cómo está, doña Lourdes? -Ay, hija, pues nada, tirando.

¿Conoces a Lucía? -Hola.

Sí, sí, nos hemos visto por el barrio. ¿Qué tal?

-Bien. -¿Y qué tal esa barriguita?

Muy bien. Creciendo. Toque, toque.

-¡Huy! ¡Pero si está enorme ya! Ay, qué alegría, hija.

Los niños son lo más maravilloso del mundo.

Ojalá tengas muchos.

Bueno, vamos uno a uno, eh.

-Una sobrina mía dio a luz el mes pasado...

...y no he podido ver al pequeño.

Lo fui retrasando y ahora ya no podré verlo nunca.

-No diga eso, doña Lourdes. -Sí, hija, sí, si es la verdad.

Solamente un milagro podría devolverme la vista.

Vamos, mujer. -Escúchame, hija.

No dejes nunca para mañana lo que puedas hacer hoy.

Porque no sabes nunca lo que te puede deparar la vida.

Anda, vamos dentro, que me estoy quedando helada.

-Sí, claro, vamos.

A ver... Por aquí. -Gracias.

-Es un manuscrito. -Sí.

Es mi primera y mi última novela.

-Ah, ¿pero es suyo? -Sí, hace muchísimos años.

-Nunca me había dicho nada.

-Porque es la novela más ingenua, más tópica que te puedes imaginar.

-No diga eso. Seguro que está muy bien.

-Que no, que sí, que te la traigo para que veas...

...lo que es una mala novela.

Una novela escrita por alguien que no tiene...

...el talento de escribir.

Justo lo contrario que te pasa a ti.

Que a ti te sobra, hija.

Lo que necesitas es creértelo.

-Muchas gracias. -Nada.

Pues léela.

Y puede ser que te divierta un rato.

Pero luego ponte manos a la obra, Cristina.

Que no quiero morirme sin ver tu nombre...

...en el escaparate de una librería.

-Y ahora... Ahora me tengo que ir porque, hija mía,...

...mis compañeros de instituto se han empeñado en hacerme...

...una fiesta de despedida.

Es con su mejor intención, pero tú sabes que a mí estas cosas...

-No le gustan nada. -No me... No me gustan.

(LLORANDO) Ay, mi vida.

Dame un abrazo. -Sí.

La voy a echar mucho de menos.

-Cuídate mucho, mucho. -Y usted también.

-Ven aquí. (LLORAN)

-Gracias por el regalo, Marce. No tenías que haberte molestado.

-Bueno, es un placer. Usted siempre se ha portado bien con nosotros.

-Pero dos cajas de vino es mucho dispendio de Dios.

-No se crea. Nos vienen del pueblo regaladas, como quien dice.

Pero yo solo con las dos cajas no puedo.

-Bueno, pues ya te ayudo yo. Así me oreo un poco.

-Pues si es por orearse, acompáñeme a ver a Arnaldo.

Tengo que recoger unos zapatos. -Ya me estás liando.

-Que no, que es un momento.

Los tenía encargados y ya los recojo. ¡Arnaldo!

-¿Qué pasa? -¿Dónde se ha metido Arnaldo?

-Anda. ¿Y no deja cartel ni nada?

-Si es que últimamente trabaja muy poco, está muy relajado.

Hay que fastidiarse. (HÉCTOR RÍE)

-A ese chico le han echado todo el bote de brillantina.

-Vaya pelos que lleva, ¿no?

La verdad es que va hecho un cromo.

Yo creo que va a ver al padrino para que le dé dinero.

-Caramba, qué alfombra.

Ya me gustaría a mí tener una alfombra así.

-A mí me gustaría tener los cuartos que debe costar.

-Costará un ojo de la cara, pero el gusto que tiene que dar...

...estar en tu casa con los pies descalzos sobre una alfombra así.

-No se me aburguese, que eso es para ricos.

-¿Para ricos? Debe de ser persa por lo menos.

-Puede ser persa o puede no serlo.

Hay alfombras en todos los lados del mundo.

Puede ser de muchos sitios.

Bueno, ¿vamos a llevar las cajas de vino?

Cuanto antes las llevemos, antes lo probamos.

-Vamos. -¡Héctor!

-Voy

-No sé yo este rosa, Lucía.

Tiene que ser un vestido muy, muy especial.

-¿Y este? -A ver este. Este me gusta más.

Manolita. -Hola, Ana, ¿qué tal?

Bien, ¿y tú? ¿Necesitas algo?

-Pues mira, estoy buscando un regalo para Clementina.

¿Qué te parece este vestido? A ver.

-Bonito, ¿no? Sí.

Sí, pero, no sé, a mí me gusta más este para Clementina.

¿Pero no sería mejor regalarle algo para la niña?

-No, no, de eso nada.

Mira, yo, como tú sabes, he parido más de una y de dos veces.

Y no sabes lo mal que sienta que todo el mundo...

...le regale al bebé y a ti nada.

Venga a regalar patucos y arrullos y sabanitas para el moisés...

...y a una, que la zurzan.

Así que, no, no, yo quiero regalarle a Clementina...

...un vestido bien bonito.

Uno que pueda lucir cuando baje los kilos del embarazo.

A ver si por el hecho de ser madre, una no puede ser mujer.

Y Clementina es muy joven.

Aún puede disfrutar mucho de la vida.

No, me parece muy bien.

Pero entonces, yo creo que te deberías llevar este.

Es el más atrevido. -A ver...

¿No? -Es bonito, bonito.

¿Tú crees que le sentará bien? Sí, de maravilla.

Y si no, lo cambias y santas pascuas.

-Pues muchas gracias.

Lucía, hija, ¿me lo envuelves para regalo?

-Le pongo una caja muy bonita.

-¡Ana!

¿Cómo está Alfonso, hija?

Pues... mal, mal, cada vez peor. -Cuánto lo siento.

Pero si yo creía que estaba más recuperado.

Sí, de lo suyo está mejor. O eso parece.

Pero lo nuestro cada vez va peor.

-Ay, Ana. Mira, yo lo único que te puedo decir es que...

...eso pasa en los matrimonios.

Pues borrascas. Pero hay que confiar porque las aguas...

...siempre vuelven a su cauce.

No, Manolita, lo nuestro no es una borrasca.

Es un temporal, un naufragio.

-Vaya por Dios.

Ay, este Alfonso. -¡Buenos días!

Hola, Rosa. -¡Hola!

Buenos días. ¿Estás ocupada, vuelvo en otro momento?

-No, no, yo estoy aquí con una cosa. Luego...

Bueno, ya sabes dónde estamos para lo que quieras.

-Sí, muchas gracias. Y tú lo mismo, eh, Ana.

Adiós. (ROSA Y ANA) Adiós.

¿Vamos?

Y la chaqueta lleva un broche con forma de mariposa. Toque.

-Me lo llevo. ¿Sí, segura?

-Segurísima. Me lo has descrito tan bien.

Es como si lo hubiera visto.

Y tiene un tacto exquisito. Sí.

Pues ahora mismo se lo envuelvo. A ver...

-Serías un buen lazarillo, eh.

Describes las cosas muy bien. Gracias.

-¿Podrías hacerme un favor?

Describirme a Lucía. -Qué bromista es usted.

-Ella también describe muy bien.

Cuando vamos por ahí, me dice cómo son las calles, la gente,...

...los edificios, pero hay una cosa que no sabe hacer,...

...describirse a sí misma.

Bueno, porque eso es muy difícil.

-Por eso te lo pido a ti.

¿Es tan guapa como dice todo el mundo?

-Doña Lourdes, por favor. -Calla, que no hablo contigo.

Pues sí, es guapísima. -Me están avergonzando las dos.

-Bueno, pues te aguantas.

Y dime otra cosa, Teresa,...

...¿cómo una chica tan guapa, tan buena,...

...tan apañada como es Lucía,...

...no tiene marido y media docena de hijos?

-Basta ya, doña Lourdes. Por favor se lo pido.

-Bueno, si es una broma, boba.

Ahora, Lucía estará deseando que se la trague la tierra.

-La voy a echar mucho de menos. Es lógico.

Era un gran apoyo para ti. -Sí.

Todo escritor necesita un mentor.

-Tú también has sido mi mentor. No es lo mismo.

La relación que tenías con doña Adela era...

No sé. -Sí.

Pero supongo que es lo mejor para ella.

Aquí, en Madrid, estaba muy sola.

Y debe de ser bonito ir a vivir con una vieja amiga,...

...una compañera de estudios.

Si no estás casada, claro.

¿Sabes que me hizo un regalo de despedida?

Un manuscrito. ¿De quién?

-Suyo. ¿Cómo?

-Sí. No sabía que doña Adela escribía.

-No, en realidad, no. Lo escribió de joven.

Decidió que no valía nada y no lo volvió a intentar.

¿Y entonces por qué te la regala?

-Ella siempre ha confiado mucho en mi talento y dice que...

...mi único problema es que no tengo fe en mis capacidades.

Y por eso me ha dado algo sin talento,...

...para que vea la diferencia.

Escucha su consejo.

Tienes que creer más en ti misma.

Tienes que compartir tu talento con el mundo.

-Sí.

Después de estar con ella me han entrado ganas de escribir.

Bueno, a lo mejor sólo era cuestión de tiempo.

Sí.

Se te ve más calmada.

Se te nota en los ojos.

-¿Sí? Sí.

Esa luz en la mirada.

-Sí. Bueno, es que estas últimas semanas han sido tan...

Sí.

-Bueno, nos vamos a ir ya.

No, pero quiero hacer otra cosa antes.

Por favor, sácame una bufanda...

...como una que tienes en el escaparate.

Sí, sí, tengo una aquí. A ver...

Esta.

Toque.

-Sí. Toma, cóbrate.

No sé si son 100 pesetas. Sí. Ahora le devuelvo el cambio.

-Lucía, acércate.

¿Qué, es amorosa, eh?

-¿Pero es para mí? -Pues claro.

-No sé qué decir, doña Lourdes. Muchas gracias.

-¿Le sienta bien?

Ni hecha de encargo. -Pues eso es lo que yo quería.

Tome, el cambio. -Gracias, hija.

Bueno, vámonos, Lucía.

Vamos, hija. -Sí.

Venga, muchas gracias. -Gracias a usted.

A disfrutarlo. -Adiós.

Adiós. -Cuidado, cuidado con el escalón.

-Estos últimos días no podía concentrarme.

Estaba como... Descentrada.

-Sí, sí, descontrolada.

No tenía tiempo para pensar las cosas...

...y hacía las cosas un poco a lo loco.

Era como si estuviera en una noria y todo diera vueltas...

...a toda velocidad.

Sin poder controlar el rumbo de mi vida.

Pero... Bueno, ahora que han pasado unos días...

...y hay varias funciones al día, ya no es tan emocionante.

Claro. La novedad ha dejado paso a la rutina.

-Sí. Sí, bueno, algo así.

Se ha perdido la magia.

-Y, bueno, las cosas con Abel también están mejorando.

Ya no sufre tanto y ve las cosas con cierta perspectiva.

Falta le hacía.

-Y yo ahora quiero volcarme en él.

Necesita mi apoyo. Claro.

Me alegro por él.

Por los dos.

-¿Sí?

Te lo digo de corazón.

Me alegra saber que has vuelto a encontrar un poco de paz.

-Buenos días, padre. -Buenos días, Lucía.

¿Cómo está usted, doña Lourdes? -Muy bien.

Con esta mujer tan buena llevándome del brazo no me puedo quejar.

-Bueno, me alegro de que se entiendan bien.

-¿Está mi hijo por aquí?

-Pues no. Ha tenido que salir a hacer una visita.

-¡Si es verdad! Qué tonta, si me lo ha dicho esta mañana.

Tengo la memoria peor que la vista.

-Pero no creo que tarde mucho en volver.

¿Si quiere sentarse y esperarle? -Muy bien.

-A ver, con cuidado. -Por aquí. Yo le ayudo.

Así... ahí. Muy bien. -Eso es.

-Lo que pasa es que tenemos que ir a la botica...

...para recoger las gotas para mis ojos.

-Si me da la receta, puedo ir yo a buscarlas.

-Ah, pues, a ver... Sí.

Muy bien, hija. Muchas gracias.

-Pues enseguida vuelvo. -Ahora nos vemos.

-¿Quiere tomar algo, doña Lourdes?

No puedo ofrecerle gran cosa, pero si quiere...

...un vaso de agua o una taza de café.

Ah, también tengo una botella de anís que guardo...

...para algunas ocasiones. -Pues mira, me animo a lo del anís.

-Claro, eso está hecho. -No quisiera interrumpirle.

-No, no se preocupe.

No estaba haciendo nada que no pueda esperar.

-¿Le puedo hacer una pregunta de carácter religioso?

-Sí, claro, adelante.

Pregunte, pero ya sabe usted que yo ahora mismo...

...no estoy ejerciendo. -Sí, lo sé, lo sé.

Pero precisamente es una pregunta sobre...

Bueno, en fin, sobre su renuncia a vestir los hábitos.

-Adelante. Pregúnteme lo que quiera saber.

-¿Ha perdido la fe?

-No. No, doña Lourdes, por supuesto que no.

Lo que he perdido es la confianza en algunas personas que...

...llevan la Iglesia en España. Tome, ahí tiene.

-Lo comprendo, hijo. ¿Pero sigue creyendo en Dios?

-Por supuesto.

-¿Y sigue usted creyendo en los diez mandamientos?

-Naturalmente, doña Lourdes.

-¿Podría usted recordarme el octavo mandamiento?

Porque ya ha visto que no estoy muy bien de la memoria.

-Sí, claro. El octavo mandamiento, doña Lourdes.

"No levantarás falso testimonio ni mentirás".

¿Pero a qué viene todo esto, doña Lourdes?

-Quiero que me diga la verdad sobre Lucía.

¿Quién es esa mujer? ¿Cuál es su pasado?

¿Por qué ha insistido tanto usted en que yo la aceptara?

Tiene que decirme la verdad, padre Ángel.

-¡Joder! -¡Madre mía!

Caray, cómo pesa, ¿no? -La verdad es que sí.

-¡Uf! ¿Dónde vas? -A su casa.

-No, mejor por ahí, al despacho.

-¿Cómo que al despacho? Que está muy lejos.

-Venga, Marcelino, que no se diga.

-Porque soy el hombre más fuerte del barrio.

Héctor, una cosa, ¿y por qué hay que llevarlo al despacho?

-Porque en casa se me agriaría. Teresa no puede probar el alcohol.

-Ah, claro, por el embarazo. -Claro.

Desde que Carmen se fue ya no bebo en casa.

-¿Y cuando le apetece qué hace? -Me lo tomo en El Asturiano.

O me lo tomo en el despacho.

Teniendo vino allí siempre puedo invitar a una copa...

...a los clientes o bebérnoslo Bonilla y yo...

...cuando resolvemos un buen caso. -Eso también es verdad.

-Pero no te creas que he montado una taberna, eh.

Oye, oye, un descansito. ¡Aaay!

-Venga, Héctor.

Pues sí que pesa, sí. -Sí.

-Pues tiene usted razón.

Además, un vinito de vez en cuando no hace daño a nadie.

-Pues no. -Que los médicos son tremendos.

Que le duele la cabeza, no beba usted vino.

-Pues sí. Y les da por prohibir el tabaco también.

-Sí, pero a mí eso como tabernero me importa menos.

Que tiene uno lumbago, le dicen que no beba vino.

Que te duele una muela, que no bebas vino. Qué exagerados.

-Pero yo, por si acaso, obedezco.

Que los embarazos son muy delicados.

-¿Qué? ¿Le damos? -Se me había ocurrido una idea.

Mire, yo ya le he hecho el regalo.

Le doy un real y se las lleva usted las dos, ¿le parece?

-Tira. -¿Tiro, verdad?

Venga, vamos con el vinito. -Esta es tuya.

-Si las dos son suyas, hombre. -Ya, pero esta pesa menos.

Por lo menos hasta allí.

Ya sé que es un poco pronto, pero mira,...

...hay días en que si uno no se entona un poco no hay manera.

-¿Te has levantado con el pie izquierdo?

Más bien me he caído de la cama.

-¿Qué ha pasado, Ana?

Bueno, a lo mejor te molesta que te pregunte.

No, claro que no. Eres la única persona que pregunta por mí,...

...por lo que me pasa a mí.

No por Alfonso, que es por quien me pregunta...

...todo el mundo últimamente.

"¿Cómo está, está mejor, va a volver a boxear?".

Ya estoy harta.

¿Quieres otra?

-No, si no la he probado. Gracias. Pues yo necesito otra.

Yo entiendo que me pregunten con buena intención,...

...pero es que estoy cansada. Quiero vivir mi propia vida.

No sé, puede que sea injusto, pero es así.

No quiero que me pregunten más por él.

-Ana, no es injusto. No es injusto en absoluto.

He hecho todo lo posible por ayudarle, bien lo sabe Dios.

Pero es que yo no me voy a dejar arrastrar por él.

-Y haces bien.

Tengo un negocio, tengo mucha gente que depende de mí.

Voy a abrir una sucursal nueva. -¿De verdad?

Pero si es que tú tienes un montón de proyectos, ¿no?

Y pienso tener más, eh.

Yo soy así; necesito actividad.

Cuanto más trabajo tengo más trabajo quiero.

No sé, me gusta plantearme nuevos retos.

-No sabes cómo te entiendo. Si es que yo soy igual.

Mira, hemos estrenado la obra con éxito.

Hemos salido en un par de periódicos y muy bien,...

...pero es que a mí me da igual, no me conformo, quiero más.

¿Pero no pensarás dejar la obra? -No, no, no, ni loca.

Lo que voy a hacer es... Bueno, lo mismo que tú.

Voy a buscar más trabajo.

Pero si tienes dos funciones diarias.

-No, no hablo de una obra para hacer ahora.

Hablo de un proyecto de futuro.

Perdóname. Perdona, perdona, que estoy hablando de mis sueños.

Me estabas contando tus problemas. Lo siento, ¿qué me decías?

Que no, sigue. Que ahora me has dejado intrigada.

-¿Seguro que quieres saberlo? Sí.

-Pues entonces te acepto otra copa.

Gracias.

-El próximo año le regalo otra cosa. Los vinos pesaban mucho.

-Como tú quieras.

Oye, Marce, ¿me acompañas a los almacenes?

-¿A los almacenes, a qué?

-Es que la alfombra que he visto antes,...

...quiero preguntar cuánto cuesta.

Me gustaría darle una sorpresa a Teresa.

-Por preguntar no se pierde nada. -Vamos, que no se diga.

-Vaya día, vaya día. -¡Vaya por Dios!

Qué ojo tengo, eh. Pues sí que ha durado poco.

-¡Pero si ha volado!

-Yo que quería regalársela a Teresa.

-Bueno, casi mejor. Eso seguro que costaba un dineral.

-Y que lo digas.

-Además, igual eso no era persa ni nada. Igual era de Plasencia.

Venga, vamos a tomar un vinito. -De Plasencia, de Plasencia.

-Doña Lourdes, está usted un poco alterada.

-No, no, estoy perfectamente.

Sólo quiero que me diga la verdad sobre Lucía.

-¿Y qué le hace pensar que no le he dicho toda la verdad?

En fin, puede que me equivocase al elegirla.

¿Ha tenido algún problema con ella? -No, no, en absoluto.

Es tan buena cuidadora como usted me dijo.

No hubiera encontrado un lazarillo mejor.

-Bueno, ¿y entonces cuál es el problema?

-Esa chica guarda un secreto.

Y yo no me quedaré tranquila hasta que alguien me lo cuente.

-¿Qué clase de secreto, doña Lourdes?

-Pues esperaba que usted me lo dijera.

-Mire, no sé a qué viene todo esto.

Yo le presenté a Lucía porque pensaba que le sería de ayuda.

-Basta, padre Ángel, eh.

Sé perfectamente lo que intenta hacer.

-¿Lo que intento hacer yo? -Sí, está dando rodeos...

...para no contarme una mentira.

Es muy irritante, eh, que no me dé una respuesta directa...

...cuando yo le hago una pregunta muy directa.

-Mire, usted sabe todo lo que tiene que saber de Lucía.

Es una buena chica, una enfermera excelente...

...y sabe hacer de lazarillo. Bueno, y encima necesita dinero.

-Y también necesita comprensión y afecto...

...y un poco de estima para ella misma.

-Sí, estoy de acuerdo.

-Mire, padre Ángel, a esa chica le ha pasado algo.

Yo no sé qué ni cuándo,...

...pero llevo media vida trabajando con médicos...

...y reconozco perfectamente cuando alguien ha sufrido un trauma.

Esa melancolía, esa tristeza,...

...ese violentarse cuando se le hace un halago o un elogio.

-Bueno, tal vez deberíamos preguntarle a ella, ¿no cree?

-No. Ella no me va a decir nada...

...porque usted la ha aleccionado muy bien.

-¿Que la he aleccionado yo? Doña Lourdes...

-Mire, padre Ángel, si no me quiere decir nada, pues usted sabrá.

Sólo quiero que me diga una cosa. ¿Ella está bien?

-Yo creo que sí, doña Lourdes.

-Pues una de dos: o no me dice la verdad...

...o es usted muy poco perspicaz.

-Quiero montar una compañía de teatro propia.

Y si tú quieres, puedes participar en ella.

¿Una compañía propia? -Justo.

Mira, lo primero que tenemos que hacer es...

...una gira promocional por España.

Quizá te parezca un poco fantasioso, pero es que no lo es.

Ana, que yo tengo un pálpito, que voy a llegar a ser...

...alguien en esta profesión. Y además estoy en racha.

Mira, el otro día había un artículo en el periódico que ponía:

"Rostros del teatro español". Y yo estaba allí.

Y decían que era de las actrices más prometedoras del momento.

Es que es el momento de hacerlo.

Mira, sólo necesitamos un buen director...

...y un texto con mucha fuerza.

¿En quién estoy pensando?

En Cristina Barea, supongo. -Justo.

Como a ti te gusta, las tres juntas otra vez, tres mujeres.

¿Qué te parece?

Pues sería maravilloso, Rosa, de verdad,...

...pero es que no sé si ahora es posible.

-Bueno, es posible si tú quieres.

Es un reto, Ana. Y a ti te gustan los retos, ¿no?

Llaman a la puerta. Adelante.

Teresa.

¿Qué haces aquí?

Hola. -Hola, Mauricio.

Ya sabía que estabas aquí, me lo dijo Lucía.

-Hola, hijo. ¿Estás ahí, con Lucía? Sí, sí, sí, está aquí.

Ya me ha contado que habéis dado vuestro paseo por la mañana...

...y que le has hecho un regalo muy bonito.

-Sí, todo muy bien. ¿Me acompañas a casa?

Pues no sé, depende. ¿Hay pacientes?

-No, ahora mismo no hay nadie. Pues venga, vamos.

-Ya hablaré otro día con usted, padre Ángel.

-Cuando usted quiera, doña Lourdes. ¿Hablar de qué?

-Pues de lo que a ti no te importa. Anda, vamos, vamos.

Bueno, perdón, perdón. -Doña Lourdes, sus gotas.

-Ah, gracias, hija. -Y su vestido.

Dame, dame, yo lo llevo. Muy bien.

Adiós. -Adiós.

-Hasta luego.

-¿Pasa algo?

-No, no, no. No hay ningún problema, Lucía.

¿Pasa algo, está todo bien?

Sí, sólo quería hablar contigo, pero...

Pero que puedo volver en otro momento.

Rosa, ¿te importa que me quede con...?

-No, no, no, claro que no.

Ah, y piensa en lo que te he dicho. Lo haré.

-Puede ser una buena oportunidad. Muy bien.

-Hasta más ver. Adiós.

Lo siento, ¿he interrumpido algo? No, no, no, tranquila.

¿Quieres tomar algo? No, no, no, gracias.

Bueno, pues siéntate.

¿Te traigo un cojín? No, no, no hace falta. Gracias.

¿Qué tal, cómo has pasado la noche?

Bueno, Cristina y Abel han sido muy amables.

Pero no se duerme igual en casa ajena.

Ya, ya me lo imagino.

Tenías miedo de volver a casa.

Sí. Por si Alfonso volvía a...

Bueno, en realidad quería estar acompañada.

No sólo por el miedo, sino... Bueno, ya sabes.

Sí. Yo habría hecho lo mismo.

Qué triste es todo lo que está pasando, Ana.

Sí, pero más que el dolor, lo peor es la tristeza.

Con los felices que podríamos haber sido.

Y no sé cómo se ha estropeado todo.

Se abre la puerta. -Hola, cariño.

-Hola, ¿qué tal?

-¿Cómo estás? -Pues mira, aquí trabajando.

¿Y tú, te pasa algo?

-No, ¿por qué?

-No sé, te noto un poco... -¿Un poco qué?

-No sé, pareces... -Ay, perdona, cariño.

Es que estoy pensando en una idea para mi novela.

-Ah, muy bien.

-Sí. Creo que me voy a poner a escribir ahora mismo.

-Perfecto. Vas a escribir un libro fantástico.

-¿Y tú qué tal?

-Liado con lo de la separación de Ana Rivas.

-Menudo trago, eh. -Pues sí.

Lo que tiene esa pobre chica por delante...

...no es un camino de rosas.

-Sí, cuanto antes se separe de Alfonso, mejor.

-Cuando la cosa llega a las manos, raramente tiene solución.

-No me imaginé que Alfonso fuera de esa clase de hombres.

-Seguramente ni él mismo sabía podía pegar a un mujer.

Pero ya lo ves.

-¿Y crees que puede volver a hacerlo?

-No tendrá la oportunidad.

Ana no es mujer que tolere este tipo de cosas.

-¿Y no puede obligarle a volver con él?

-Eso es lo que debemos evitar.

-Bueno, ¿quieres un café?

-No, no, no, tú olvídate de mí y concéntrate en lo tuyo.

-¿Sí? -Sí.

Ánimo.

-Julia comprendió que a partir de aquel momento...

...su vida sería siempre así.

-Vaya, vaya, vaya.

Ana, yo no he venido para pedirte que disculpes a mi hermano...

...porque sé que no puedes y que ni siquiera se lo merece.

Y a lo mejor yo tampoco.

Pero yo quiero pedirte perdón.

¿A mí?

¿Por qué? Porque también te he dejado sola.

¿Pero a qué te refieres, a anoche?

A todo, Ana, a todo.

Me he portado muy mal contigo.

Te he juzgado, te he criticado.

En vez de cuidar nuestra amistad y crecer juntas,...

...pues he preferido enfadarme...

...y cerrarte la puerta cuando más lo necesitabas.

Lo siento.

Lo siento muchísimo.

No, soy yo la que te tiene que pedir perdón, Teresa.

Sí.

Una amistad no se rompe por culpa de una sola.

No.

Yo también he sido muy terca y muy orgullosa.

Y no te he cuidado nada durante el embarazo.

Perdóname tú a mí.

Ojalá todo pudiera ser como antes.

Claro que sí, todo puede ser como antes.

Bueno, yo me voy, ¿no?, porque...

Porque tú tendrás muchas cosas que hacer.

Gracias por venir.

Gracias a ti.

Nos veremos pronto.

Cuando quieras.

Adiós.

-No sé, déjame que me lo piense.

Te lo devuelvo, pero tú me lo guardas, ¿verdad?

-Claro que sí. -Gracias, hija.

Ay, mira, si está ahí Teresa. Le voy a preguntar a ella.

Teresa, Teresa, qué bien que estés aquí.

Ven un momento, que me vas a ayudar.

Mira, que quería hacerle un regalo a Clementina,...

...pero me apetecía regalarle...

Teresa, hija, ¿estás bien? Sí.

Sí, sí, sí, vengo de hablar con Ana.

-A ver, mírame, que tienes muy mala cara.

¿Tienes contracciones o algo?

No, no. -Teresa...

¡Ay, Dios mío!

-Ay, Dios mío, esto es un ataque de pánico. Si te conoceré yo.

Ven, ven, sujétate bien.

Lucía, no te preocupes, que yo sé lo que le pasa.

La voy a llevar donde Ana.

Así, así, cariño, venga.

Ana... ¿Qué ha pasado?

¿Se ha puesto de parto? -No, no, creo que no.

¿Un ataque de pánico? -Sí.

Teresa. Manolita, un vaso de agua, por favor.

Teresa, tranquilízate. Ya está, respira.

Respira hondo y no pienses en nada. Se te va a pasar enseguida.

Ya está, ya está.

-Toma, cariño.

¿No crees que deberíamos llamar a un médico?

No, Manolita, se le va a pasar enseguida.

Sólo necesita relajarse un poco. Sí.

-Tus zapatos, Marce. -Aquí tienes, Arnaldo.

Muchas gracias, que vaya bien. (AMBOS) Adiós.

-Arnaldo trabaja estupendamente, aunque está subiendo los precios.

-Marce, me tienes que decir qué queréis de regalo esta Navidad.

-Pues no hace falta nada. -¿Cómo que no?

¿Crees que mi mujer me dejará aceptarte el vino entonces?

-Pues ir al bautizo del niño. -Sí, menudo regalo.

Seguro que os presentáis con otra caja de vino.

-Seguro. Manolita se emociona como si los hijos fuesen suyos.

-Mira, ¿has visto?

A este también le han regalado una caja de vino,...

...sólo que no la ha compartido con nadie. ¡Oiga, amigo!

¡Amigo, que va a coger frío ahí!

O peor, este acaba durmiendo en el cuartelillo.

-Héctor, a lo mejor no se encuentra bien.

-Este está borracho.

-¿Has visto lo raro que va vestido? -Será moro.

Iría al dispensario del padre Ángel y se ha quedado traspuesto.

-Pues el dispensario es para allí. ¡Oiga, Mohamed, Mohamed!

¡Hostias! -¡No toques nada! Ni se te ocurra.

Está tieso.

Hay que llamar a la policía. -Un muerto.

-Ana, ¿de verdad que no quieres que llame al doctor Salcedo?

No. Si no se le pasa en cinco minutos, lo llamamos.

-También podría avisar a Héctor. Creo que está con Marcelino.

No, no. ¿No le quieres preocupar por una tontería, verdad?

Ya está, Teresa.

Relájate, intenta respirar tranquilamente.

Cierra los ojos y no pienses en nada.

Yo estoy contigo. ¿Ya?

-Ana...

Ana, ¿sabes qué es lo que me preocupa?

Pues que antes era normal que le pasaran estos ataques...

...por todo lo que le pasó y eso.

Pero, ¿y ahora, qué le ha podido pasar?

Pues muchas cosas, Manolita.

Que su hermano no está bien. -Ya, eso es verdad.

Y su madre se acaba de marchar.

Más el embarazo, más la tienda que acaba de abrir, pues...

-Sí, un negocio siempre da muchos quebraderos de cabeza.

No te preocupes, se le pasará enseguida.

Relájate, que yo estoy contigo, Teresa.

-Debo reconocer que al principio estaba un poco asustada.

Pero doña Lourdes me lo está poniendo muy fácil...

...y estoy aprendiendo mucho de ella.

-¡Mauricio! Hola. Hola, ¿qué tal?

-¿Cómo estás? Me alegro de verte.

Estoy muy bien, gracias, con mucho trabajo.

-¿Sí? Si es que son muchas cosas.

Y me había olvidado de lo desagradable que es...

...esa sensación de que te falte el aire.

Es como si una fuerza invisible te presionara el pecho...

...y no te dejara.

-Bueno, os vendrá bien a los dos. A ti te quita trabajo...

...y para los dos es bueno tener una compañía femenina.

Pero no sólo le hace compañía.

Le está ayudando a desenvolverse, incluso cocina cosas sencillas.

Le está viniendo muy bien a mi madre.

-Ah, qué bien. ¿Y de dónde sale esta mujer?

-¿Pero qué misterios?

-Para empezar, el hombre este llevaba una chilaba.

-Oh, qué misterio, un moro con una chilaba.

Lo raro sería que llevara un sombrero mejicano.

-No sólo es eso, padre, hay muchas más cosas.

-Cuéntamelo todo. ¿Qué ocurrió, por qué te dio el ataque?

Ya te lo he dicho, me dio sin más.

-¿Y te había pasado algo así en estos últimos meses?

-Rosa, ¿has visto el periódico? -No.

-Tienes que ver esto.

-Lo que esconde "El diablo bajo la cama".

Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 180

18 may 2010

Teresa se siente dividida entre su lealtad a Alfonso y su compasión por Ana. Héctor inclina la balanza a favor de Ana ya que cree que ella es la principal víctima en la situación que vive la pareja. Lourdes intenta conocer más a fondo a Lucía e inquiere a Angel sobre su vida pero éste Angel le oculta que se trata de una religiosa. Adela se despide de Cristina entregándole una novela inédita que ella escribió en su juventud. Héctor y Marcelino reparan en una llamativa alfombra que los almacenes han puesto en el escaparate. La alfombra arrastra, misteriosamente, la muerte de un desconocido vestido con una chilaba. Teresa, finalmente, decide visitar a Ana y por primera vez deja asomar que tal vez haya sido injusta con ella en el pasado. A la salida tiene un ataque de pánico que le obliga a volver al despacho de Ana. Ana se ocupa de ella como lo hacía en el pasado cuando Teresa se veía asaltada por el miedo y le costaba respirar.

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