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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1482 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Te quieres casar conmigo?

Pues claro que sí.

-¡Ah!

Mi madre precisa reposo.

Estoy encantada de poder atenderla.

Naciste fuera del matrimonio.

-Yo ya sospechaba que algo raro había sucedido.

Pero debería contárselo a Pascual.

Señores, les presento a Gabriela, la hija de Genoveva.

-Lo único que espero es que me traten mejor que a mi madre.

Lo que sentimos ahora

veremos si da paso a algo más.

De momento, podemos querernos como hasta ahora.

-Me parece bien.

No sé si le quiero más que a un amigo

o si me quiero volver a enamorar y sentir ese calor en el pecho.

Mira en tu interior y averígualo.

Si quiere volver con Alodia, tendrás que irte a Écija

y poner allí tu consulta. -Acepto las condiciones.

(ALODIA) A partir de ahora, mando yo.

Es el secretario de la junta.

Sí, soy yo.

Muchísimas gracias.

Sí, es una gran noticia, se lo agradezco.

Madre, debería quedarse en cama y dormir un poco más.

No entiendo su empeño en querer levantarse

y desoír los consejos del médico.

Acércame al sofá, por favor.

Le ayudo.

Gracias, cariño.

Así estoy mucho mejor.

Veo que no me va a hacer caso.

Detesto perder el tiempo en la cama,

como si fuera una impedida.

¿Qué vas a pensar de mí?

No tiene que hacerse la fuete conmigo.

Todos enfermamos alguna vez.

Nunca me ha gustado que me tomen por blanda.

Además, no pienso desperdiciar este día

por un simple malestar.

Ya sé de dónde viene mi cabezonería.

Me gusta que estés aquí.

¿Y tú, mi niña, cómo has dormido hoy?

Tampoco he dormido muy bien.

Me desperté varias veces y me ha costado conciliar el sueño.

¿Y eso, hay alguna cosa que te preocupe?

Recuerdo que tuve una extraña pesadilla con los vecinos.

Paseaba por la calle.

Ellos se me acercaban y me acosaban a preguntas.

Todo fue muy violento.

Gabriela, lo siento mucho.

Sé bien lo incómodo que es ser el centro de atención.

Pero en mi pesadilla había algo diferente.

Entre los vecinos estaba Marcelo, increpándome como uno más.

¿Nuestro Marcelo?

Ese hombre me da miedo.

Aunque lo disimule, sé que no le caigo bien.

No, son imaginaciones tuyas.

Sé que el carácter de Marcelo puede resultar un poco inquietante.

Pero si hay alguien que mira por nuestro bienestar, es él.

Me mira de una manera que no me gusta.

Insisto en que no te preocupes por lo de Marcelo.

Y en cuanto a los vecinos,

perro ladrador, poco mordedor.

Gabriela, tú eres una Salmerón.

Por su bien, es mejor que ellos te teman a ti

mejor que tú a ellos.

Viéndome rodeada de todos,

me hago una idea de lo que ha tenido

que pasar para hacerse respetar.

Con tu belleza y tu riqueza pondrás a todos a tus pies.

(Pasos)

-Con permiso.

Le traigo su medicina, señora. -Gracias.

Puedes retirarte, ya me encargo yo.

¿Qué quiere?

-Se me había olvidado traer el azúcar,

por si la señora quería mitigar el mal sabor.

-No hace falta, así está bien.

Vuelva a la cocina.

Aquí tiene, madre.

Gracias, cariño.

Has venido en el mejor momento.

Eres un regalo del cielo.

Me paso la vida esperando con esta mujer.

-Buenos días. -Buenos días.

¿Puedo ayudarle en algo? -Sí.

Igual sabe si vive aquí el doctor Ignacio Quiroga.

Tengo entendido que reside aquí.

-Residía, se ha marchado a vivir a Écija.

-¿A Écija? -Écija, sí.

Un pueblo de Sevilla, él es originario de allí.

-Qué contrariedad tener que prescindir de sus servicios.

-Sí, siempre viene bien tener un médico cerca.

Habrá que acostumbrarse.

(RÍEN)

¿Puedo ayudarle en algo más? -A ver.

Igual ya se lo ha dicho mucha gente.

¿Usted no ha pensado en ser artista del cinematógrafo?

-No, en absoluto, me dedico a los negocios.

-Planta de galán no le falta.

-Se agradece el cumplido.

Sobre todo, viniendo de una mujer tan hermosa como usted.

-¿Usted por quién me ha tomado para piropearme así?

-Disculpe, perdóneme, no quería molestarla.

-Mi marido es un señor muy serio.

-No lo pongo en duda.

-Imagínese cuando sepa que otro hombre me ha piropeando.

-No tiene por qué saberlo. -¿Quiere que le mienta?

-A ver, yo... -¿Quién es usted?

¿Y qué hace hablando con mi marido?

-Nada, señora, solo le estaba preguntando por unas direcciones.

Buen día.

-Buen día.

Has estado un poco violenta.

-¿Tú te crees que soy tonta o qué?

-¿Por qué?

-Porque el único que tenía cara de tonto eras tú,

dejándote seducir por esa. Hay que ser muy lerda

para no darse cuenta que te estaba intentando seducir.

Y entérate, alfeñique.

Aquí la única que te seduce soy yo.

-Sí, señora, eso lo tengo clarísimo.

Quiero que leas esta carta. -¿De quién es?

Calcetines...

¿Seguro que no quiere que lleve nada más a Cabrahígo?

Con eso es más que suficiente, hija.

En el pueblo no hay tanta vida social.

Quiero que le vean bien guapo y elegante.

No vayan a pensar que no le cuido bien.

Igualito estoy ahora que hace unos años.

¿Ya le has dicho a Moncho que vamos a ir a verle?

Todavía no.

No se vaya a hacer ilusiones y luego pase algo.

¿Has pensado qué hacer con la mantequería?

Se va a encargar Paquita,

una muchacha del mercado que me ha recomendado Casilda.

Si a mí me parece muy bien que pienses en la gente,

pero a ver si esa muchacha no es capaz de salir adelante

y es peor el remedio que la enfermedad.

Que no, suegro, no voy a cerrar la mantequería.

Va a seguir abierta

para surtir del mejor género al barrio.

En ese caso, no insisto más, veo que lo tienes muy claro.

En fin, voy a seguir con el inventario.

Si entra alguien, me avisa. Descuida.

-Muy buenas. Fidel.

Precisamente ahora iba para su casa.

¿Ha sucedido algo? No, en absoluto.

Pasaba por aquí y quería saludarles.

¿Está Lolita?

¡Lolita!

¿Puedes salir un momento?

-¡Va!

¡Uy, Fidel! Qué alegría verle fuera del hospital.

-Sí, sí. Quería hablar con ustedes.

(LOLITA ASIENTE)

¿Qué te parece? He tenido que leerla varias veces

por si estaba equivocado.

-Está claro, estos americanos quieren reunirse contigo hoy.

-No sé, cariño, estoy un poco nervioso.

¿Qué pueden querer estos?

-Quién sabe, pero pronto saldrás de dudas.

-No sé qué me quieren ofertar, no sé a qué se dedican.

-Por si acaso, vete con tiento.

A lo mejor son unos estafadores o timadores, no sé.

-Sí, claro, siempre poniéndote en lo peor.

Vamos, que llegamos tarde. -Piensa mal y acertarás.

Anda.

A ver, ¿cómo que ha dejado su trabajo en la Policía?

-Es la única forma que tengo de ajustar cuentas con mis errores.

Créanme que me arrepiento mucho de haber llevado a cabo

una venganza que más que alivio,

me ha provocado dolor y culpa.

-Entiendo lo que dice.

Pero hay policías honestos que hacen bien su trabajo.

-Por supuesto que sí y a muchos los conozco por sus nombres.

Pero no me siento con fuerzas para formar parte de ellos.

Ahora quiero empezar de nuevo.

Y eso se lo debo a usted.

Fueron sus palabras las que me hicieron recapacitar.

¿Yo?

Sí, ¿no recuerda la conversación en el hospital?

Usted se preguntaba si merecíamos empezar una nueva vida.

He cometido tantos errores que me cuesta pensar

en cómo seguir adelante.

Son esos errores los que nos refuerzan

para empezar de cero.

En mi caso, no solo en lo laboral,

sino también, en lo personal.

Sí, yo también he pensado en hacer borrón y cuenta nueva.

De hecho, nos vamos Lolita y yo a Cabrahígo

a estar un tiempo con mi nieto.

No sabía que tenían intención de marcharse.

Y menos, con tanta premura.

-Necesito ver a Moncho, le echo mucho de menos.

-Supongo.

¿Y será por mucho tiempo?

El necesario para restañar las heridas.

-Tampoco puede ser mucho porque tengo un negocio que atender.

Se va a quedar una muchacha aquí

para cubrir el negocio mientras estamos fuera.

-No será por mucho tiempo, entonces.

-Un mes, dos, quizá.

No sabría decirle, una temporada.

Y luego nos traeremos a Moncho a vivir aquí.

-Me alegro por los dos, de corazón.

Y me gustaría invitarles a comer por todo lo que han hecho por mí.

No va a poder ser, Lolita tiene que hacer el inventario

y tenemos que ir a elegir el chófer que nos llevará al pueblo.

-Creía que se ocupaba usted. Pues sí, hija.

Pero es un viaje muy largo y es mejor

que vayamos los dos a elegir al conductor.

-Entiendo.

Pues en otra ocasión será.

(ASIENTE)

Voy a seguir.

(Pasos)

Ya he dado aviso a la compañía eléctrica

para que vengan a hacer una revisión.

No son normales los bajones de tensión

que estamos sufriendo últimamente.

Una casa como esta no puede estar como si fuera una pocilga.

Cada dos por tres, a media luz.

Nunca pensé que diría semejante cosa,

pero se echa de menos un portero que solucione estos asuntos.

No dice nada, está muy callada, Luz Divina.

¿Sigue angustiada por la conversación de ayer?

-No, no tiene nada que ver con eso.

Tengo que contarle algo que ha ocurrido esta mañana.

-¿De qué se trata?

-He visto cómo Gabriela echaba unos polvos

en la medicación de doña Genoveva.

-¿Qué tipo de polvos?

-Solo sé que se lo sacó del colgante

y lo echó en el vaso que bebió la señora.

-¿Estás segura de que no era su medicación?

-No es, desde luego, la que le recetó el doctor.

-Sabía que esta joven no era trigo limpio.

-Piensa lo mismo que yo, ¿verdad?

-Ahora entiendo los mareos y las palpitaciones.

Gabriela está envenenando a doña Genoveva

delante de nuestras narices.

-¿No puede ser un reconstituyente que haya comprado ella?

-Si fuera así, no lo haría a nuestras espaldas.

Hay que dar cuenta de esto a las autoridades.

-¿No cree que deberíamos avisar a la señora antes?

-Jamás nos creería. Tan encariñada está con su hija

que sería capaz de despedirnos por dudar de ella.

-No entiendo cómo quiere hacer daño a su madre.

Con lo bien avenidas que parecen. -Razones no le faltan.

Desde el odio por su abandono

a la avaricia para quedarse con su fortuna.

-No podemos quedarnos de brazos cruzados.

-Voy a denunciarla antes de que sea demasiado tarde.

A mí esto del Bris & "Gorden" me suena a chamusquina.

-Se pronuncia Bris & Holden Corporation.

-Si uno suena mal, el otro, peor.

-Es muy raro que ninguno de los conocidos

de Liberto del Ateneo haya oído hablar de esos dos nombres.

-Yo de ustedes, me pasaba por la comisaría

para ver si hay algún mafioso detrás de esto.

-Es verdad, si es que el nombre suena a chufla.

-El mundo está lleno de timadores y maleantes.

-Sí, te voy a hacer caso, vamos a ir a comisaría.

Y gracias por traerme las pardinas. -De nada, mujer.

Sé que le encantan a su hermana y a usted.

En fin, a más ver, Rosina.

-A más ver, Lolita. Gracias.

-¡Ay, Casilda! -Lolita.

-Te he dejado ahí las lentejas.

-¿Está don Liberto en casa?

-No, no está. ¿Para qué lo buscas?

-Es que tengo un asunto muy importante que contarles.

Me gustaría que estuvieran los dos.

-No está, pero dime a mí lo que tengas que decir.

-Anda, las...

-Las pardinas.

Las ha traído Lolita.

-Pues verá, señora, es que...

He decidido dejar de faenar para usted.

-¿Qué dices?

-Yo llevo toda la vida a su servicio.

Y ahora que tengo unas perricas,

me gustaría montar un negocio.

-¿Sí, vas a montar un negocio? -Sí.

Una mercería, mismamente.

Un local junto al mercado.

La muchacha que lo lleva me va a ayudar a comenzar.

-Mira qué bien.

A mí me parece una insensatez

gastarte el dinero en eso, pero bueno.

Ya veo que te estás tomando muy en serio

el papel de nueva ricachona.

-Quiero que sepa que en cuanto encuentre una sustituta,

yo dejaré de faenar aquí.

-Si es lo que quieres, no seré yo quien te lo impida.

Bueno, me voy a la iglesia.

Voy a ver si encuentro una muchacha voluntariosa,

hacendosa para sustituirte.

Allí te encontramos Maximiliano y yo hace muchos años.

Demasiados, diría yo.

Hasta más ver, que te vaya muy bien en la mercería.

(BELLITA) Que sí, Candelaria, que Alodia tiene su cuajo.

Pero no es mala gente.

Con cariño, la tienes comiendo de tu mano.

Bueno, escucha, Candelaria,

que me reclama mi marido. Un besito.

Ea, con Dios, hermana.

-Señora, ¿quiere un poco de "queixo"?

-No, gracias, Maruxiña, no me apetece queso ahora.

-¿Qué ha dicho tu hermana de la parejita?

-Que ya están instalados, en una casa muy buena,

en el centro del pueblo, al lado del ayuntamiento.

-Toquemos madera para que dure.

Bueno, y que todas las mujeres del pueblo sean más feas que Picio.

-¡Oh! ¿Feas en Écija?

Si allí son unos bellezones.

Si hasta van pintores de Madrid a retratarlas.

-¿No me digas?

Pues esperemos que no haya ninguna enfermera

que se llame María Elisa.

-Tiene que portarse como un señor si no quiere terminar mal.

-"Bendito", señora.

(Teléfono)

Casa de los Domínguez del Campo, dígame.

Sí.

¿Cómo, cómo, puede repetir?

¡Ay, madriña!

(Puerta abriéndose)

¿Está usted solo?

¿Con quién iba a estar?

Pensé que estaría con Fidel, que le habría acompañado.

Al estar tanto tiempo en el hospital,

supuse que tenía ganas de tertulia.

También yo pensaba que ibas a tardar más en volver a casa.

¿No tenías tanto que inventariar?

Sí, pero me he dejado la libreta con las señas de un proveedor.

Aquí está.

¿A usted qué le pasa?

¿A mí, qué me va a pasar a mí?

Mire lo serio que está, igual que antes,

que parecía a disgusto con Fidel.

¿De verdad que no sabes por qué estoy así?

Pues si usted no me lo dice...

Sí, te lo voy a decir. Y no te hagas la tonta.

Está claro que Fidel siente atracción hacia ti.

Venir de visita es una demostración de sus intenciones.

¿Y por eso tiene usted esa cara tan larga?

Con Fidel me he callado por discreción.

Pero contigo no me puedo callar.

No haces más que darle alas.

Esto despierta rumores por todo el barrio.

¡Pero bueno, rumores de qué!

Me comporto como una amiga incondicional de Fidel.

Además, ¿qué pasa si es verdad?

¡Así que lo admites!

Tengo derecho a ilusionarme.

Estos años me he desvivido por mi hijo y por usted.

Habrá llegado el momento de pensar en una misma.

Lolita, hay pasados y pasados.

Y el de ese hombre es demasiado negro como para ignorarlo.

Pero no para perdonarlo.

Y yo ya lo he hecho.

Al igual que lo he hecho con usted.

Ya sé lo que le pasa.

Usted tiene miedo

de que se manche el recuerdo de su hijo.

Y eso nunca va a pasar. No lo dude.

Hola, Casilda.

¿Estás llorando?

-No, no, ya sabe usted, cuando pelo cebollas...

-Pero si no estás picando cebollas.

-Ya, es que lo he hecho antes

y todavía me dura la llorera de las malditas cebollas.

-¿Seguro que te encuentras bien?

-Sí, créame, señor, que sí.

-Estoy buscando a Rosina. ¿Sabes dónde está?

-Claro, está en la puerta de la iglesia con su hermana,

buscándome una sustituta.

-¿Cómo que buscándote una sustituta?

-Es que me marcho, don Liberto.

Me han dado aviso de que el local de la mercería

ya está disponible y no quiero que nadie se me adelante.

-Entiendo.

Solo puedo desearte mucha suerte.

Pero me molesta ser el último en enterarme.

-Pues no se moleste usted.

Si yo no le he avisado antes,

es porque no tenía el negocio seguro.

-No te molestes, Casilda, estaba de broma.

Casilda.

Te vamos a echar muchísimo de menos.

Sobre todo, Rosina, que no sé qué va a hacer sin ti.

-A la señora le da igual, don Liberto.

No me ha dicho ni siquiera una palabra bonita.

Es más, parecía que le daba una buena noticia

diciéndole que me marchaba.

-Me cuesta mucho creer que Rosina piense así.

-Ya.

A mí también.

No vea el disgusto que me he llevado viendo su reacción.

-Estoy convencido de que hablaba de boca para fuera.

Escucha.

Esta casa no va a ser lo mismo sin ti.

Si no fuera porque no quiero influir en tu decisión,

insistiría para que te quedaras.

-Muchas gracias, don Liberto.

Usted siempre tiene una buena palabra para animarme.

No como su señora esposa.

-¿Sabes qué?

Estoy convencido de que Rosina no te está diciendo la verdad.

Qué te voy a contar a ti, ya sabes cómo es.

(SUSPIRA)

Un billete a Ginebra.

Sí.

Supongo que ya no hay vuelta atrás.

Lo compré ayer cuando salí de la reunión

con la junta de ampliación de estudios.

Supongo que esta es la razón de la llamada de ayer.

Me convocaron en cuanto recibieron la tesina

con las correcciones de mi tutor.

Era el último requisito que necesitaban.

Se han equivocado al emitir el billete.

Pone fecha de mañana.

Si quieres, vamos y lo cambiamos. El billete está bien.

El tren sale mañana.

¿Mañana?

En unos días se celebra la primera conferencia internacional

de psicotécnica en Ginebra.

En ella participarán eminencias, como el doctor Claparède

o Pierre Bovet, el director del Instituto Rousseau.

No sé quiénes son.

Supongo que son muy importantes por la forma de hablar de ellos.

Es una oportunidad única para conocerlos en persona.

Y para que conozcan mi trabajo.

Mi tutor ha acelerado la corrección de mi tesina

para que pueda ir a esa conferencia.

Cree que me pueden aceptar como su alumna.

Tarde o temprano me iba a ir.

La conferencia acelera algo que iba a ocurrir.

Lo sé.

Lo sé y tienes todo mi apoyo.

Solo que te vas cuando no me he hecho a la idea

de que vas a ser mi esposa.

Soy feliz porque vas a cumplir tu sueño, pero...

Lo sería aún más si pudiera estar junto a ti en estos momentos.

¿Y tú?

¿Has contestado a la oferta de trabajo de aquel empresario?

Aún no.

Es una oferta muy buena, puede que se la den a otra persona.

Te escribiré, no te preocupes.

(LLORA)

Es que te voy a echar mucho de menos.

No sé qué voy a hacer sin ti.

Tranquila, no llores.

Perdóname, tengo una mezcla de sentimientos terrible.

Tan pronto lloro de felicidad como de una pena tremenda.

Ven.

Pues claro que sí, Bellita, ahora se lo preparo todo.

-Agradecida, lolita.

¿Lo tendrás todo listo para esta tarde?

-Pues claro, no le va a faltar ni un gramo de jamón.

Eso sí, el champán, no sé cuántas botellas tendré.

-Tú siempre has tenido buenos vinos.

-Claro.

-Unas botellas de un buen tinto y apañado.

-¿A qué se debe tanto licor?

-Para una celebración.

-Eso ya me lo imagino, pero digo el motivo.

-He recibido una llamada del Gobierno

que me ha alegrado el día.

-Ya me extraña, los políticos no dan más que disgustos.

-No es el caso, Lolita.

Han decidido darme un galardón.

-¿Un galardón, Bellita? -Sí.

Yo estoy muy contenta. -¡Enhorabuena!

-¡Ay, qué felicidad, hija!

-¡Qué alegría más grande! -Gracias.

-Señoras, disculpen mi atrevimiento al interrumpirlas.

Preciso hablar urgentemente con doña Lolita

-No se apure, Marcelo. Luego te cuento.

-Por favor. -Con Dios.

-Gracias.

-Usted dirá.

-Es menester que me ponga en contacto con su amigo Fidel.

Tengo entendido que es un alto cargo de la Policía.

-Lamento no poder ayudarle.

Mi amigo Fidel ha dejado el cuerpo de Policía.

-Quería pedirle asistencia.

Hay un asunto muy delicado que quiero denunciar

y quería consultárselo a alguien como él.

-Seguro que un compañero suyo puede ayudarle.

La oficina está aquí al lado.

La comisaría, no tarda en llegar.

-Iré para allá. Gracias, de todas maneras.

-Marcelo.

¿Cómo está Genoveva? Estará aprovechando con su hija.

-Sí, sí, las dos están muy bien, gracias.

-Y otra cosa.

¿Su denuncia no tendrá que ver con el incendio

de los laboratorios Quesada, donde falleció Aurelio?

-No se lo tome a mal, doña Lolita.

Ya le dije que es un asunto muy delicado.

Quisiera ser discreto sobre el asunto.

-Sí, disculpe, no quería molestar.

-Con su permiso.

¿No se están retrasando demasiado?

-Pues sí, los emisarios de Bris & Holden Corporation

deberían estar aquí desde hace rato.

-Ya verás como tengo razón y no son empresa ni nada.

Seguramente, son unos timadores.

-¡Rosina, para ya!

Es lo último que necesito para calmar mis nervios.

-¡Ya verás como llevo razón!

A lo mejor son unos gánsteres que quieren secuestrarte

para pedir un rescate.

-Seguro, ya sé de dónde ha sacado Leonor la imaginación.

-Y encima, sin portero.

Porque Jacinto sería un gañán, pero seguramente,

los espantaba con unos garrotazos y su grito ovejero.

-Te lo pido por favor, ya está bien.

Tenemos que tranquilizarnos y que dejes de fabular.

-¡Es que nos lo ponen en bandeja!

¿Qué les costaba poner el motivo de la reunión?

-Querrán interesarse por el mango limpiador.

¿Por qué otra cosa va a ser? -Sí, sí.

Sabía que nos lo iban a quitar de las manos.

No tendríamos que haber vendido la patente.

-Te recuerdo que aumentamos el precio y lo pagaron.

-Más podríamos haber sacado.

A todos les sobran los reales, menos a nosotros.

-Sigues a vueltas con lo del premio de Casilda.

Al final, te molesta que nos abandone.

-¡Ay, por favor, cómo me va a molestar!

Si es una sirvienta.

Hay sirvientas como amapolas en el campo.

-No me creo que no vayas a echarla de menos.

-Pues créetelo, quién iba a echar de menos

a esa pequeñaja entrometida y entrañable.

(Puerta)

-Deben ser ellos. Voy a abrir.

-Sí.

-¡Ah!

-¡Susana!

¡Armando!

-¿Qué hace tu marido abriéndonos la puerta?

Tu criada sigue siendo la misma.

-Y tú también. ¡Cómo te he echado de menos!

-Tieta.

-¡Qué guapa!

Y usted.

Todavía no me lo puedo creer, Lolita.

No ha tenido conmigo ni un cariño, ni una palabra bonita.

Fue como si yo no estuviera allí.

-Yo creo que está fingiendo, que es todo pose.

-Eso mismo piensa don Liberto.

Pero yo no estoy tan segura.

Siempre he pensado que en el fondo, es una buena mujer.

Pero últimamente, parece que no tiene corazón.

Que piensa más en sí misma que nunca antes.

-A ver, que Rosina es como es lo sabemos todos.

Pero si está haciendo eso,

es porque tiene miedo de que te vayas.

-¿Y porque tiene miedo de que me marche

me trata como si fuera una alpargata?

O peor.

Porque al menos, a una alpargata se la mira.

Hasta la hermana me ha dado las gracias por mis servicios.

-Anda que no llevas años con Rosina.

-Pues sí.

Como para que ahora me sustituya

por la primera que pase por la iglesia.

-¿Y qué esperabas, que te rogara que te quedaras?

Vamos a ver, Casilda.

¿Tú te quieres ir o no? Porque parece que no.

-¿Y por qué piensas eso?

-Otra en tu lugar estaría soñando con su mercería

y no lloriqueando por lo que dice su señora.

¿Sabes qué te digo? Que le zurzan a Rosina.

Hay que ser sincera, sobre todo, con una misma.

-Como si yo... -¡Yepa ya!

(Tambor)

¡Yepa ya! -¡Pero si es Jacinto!

-¿Qué hace este hombre aquí y con un bombo?

-¡Yepa ya!

Vale, vale, para, que voy a hablar.

Para, para. ¿Qué?

¿Qué os parece el alcalde de Villagordo de Muladar?

-La verdad es que un rato pintón sí que estás.

-Oye, pero ¿cómo es que has vuelto?

-De visita, prima. Aquí, con el concejal

y con Toni, el hijo de Romualdo, un primo segundo.

Su padre dice que tiene la piel muy fina para el campo.

Le he dicho: "No te preocupes, yo le busco alguna cosita".

¡Saluda! -A las buenas.

-A las buenas, Toni.

A dar el callo. -Ahí.

-¿Qué tal todo por aquí?

-Has venido en el momento adecuado.

Está la Casilda muy arrugada.

-¿Qué pasa, Casildilla?

-Ay, no sabes tú lo que te echo de menos.

Cómo echaba de menos estas pastas.

(RÍE)

-Y el café.

El que tomamos allí no tiene nada que ver con este.

-¿Y cómo no nos han avisado?

-Queríamos daros una sorpresa.

Además, hemos venido para quedarnos.

-¡Ah! ¿De verdad?

-Llevamos meses planeando el regreso

y nos ha costado guardar el secreto.

-Conociendo a su mujer, me hago una idea.

Qué alegría más grande.

La que está aquí también es mi hermana Hortensia.

Y la niña, ¿te acuerdas de ella?

-Claro que sí, Azucena. Estará hecha una señorita.

-Guapísima. La eligieron para una compañía de danza francesa.

Pero decidió no marcharse.

-¿Qué compañía?

-No sé, solo sé que estaba en París.

-Ah, en París, nada menos.

Le podríamos haber dado algún contacto.

-Ya no será necesario después del cambio de planes.

-Has llenado muy bien mi ausencia trayéndote a tu hermana.

-Eso, nunca.

Qué bien nos lo podemos pasar las tres.

Podemos ir a misa, a ver las sastrerías del centro,

a merendar en las churrerías.

-Los tejeringos, cómo los echo de menos.

-Tranquila, nos pondremos al día.

Comeremos churros mientras hablamos del barrio.

-Llámalo por su nombre, mientras cotillean.

-Bueno, querido sobrino, más bien,

haremos un análisis de la vida cotidiana en Acacias.

-Buen apunte.

-¿Espera a alguien? Le noto preocupado.

-Estoy esperando a unos empresarios americanos.

Tal vez conozca la empresa. Bris & Holden Corporation.

-¿Los conoce?

Son gánsteres, ¿verdad?

-En realidad, nosotros somos los emisarios

de Bris & Holden Corporation.

-¿Co...?

¿Cómo dice?

-Sí.

-¿Quién es Bris y quién es Holden?

(RÍE)

-Rosina.

-No me digas que no hay sacrificio más bonito y romántico

que el que ha hecho mi hija por amor.

-Sí, ahí nos ha ganado a todos.

Ha dejado el listón bien alto. -Así somos las Rubio.

Apasionadas y valientes.

-Guillermo es afortunado de tenerla.

Se le ve contento y feliz, pasean, hacen cosas juntos.

Sin embargo, no ha dejado de estudiar.

-Espero que sepa lo que tiene y la trate como se merece.

-Confío plenamente en él.

Hará todo lo posible para apoyarla

y que pueda continuar su carrera de bailarina en España.

-Son tan guapos y jóvenes, son una pareja preciosa.

-Ya.

Hortensia.

¿Quién crees que se casará antes, ellos o nosotros?

-Casarse.

No sé, qué cosas dices.

-Es normal pensar en el matrimonio en estas circunstancias.

Te quiero, mis intenciones son serias.

Tú eres una mujer tradicional.

Me gustaría hacer las cosas como Dios manda.

Hortensia, ¿estás bien?

-Pascual.

Hay algo muy delicado de mí que nunca te he contado.

-Dime.

-Nunca he estado casada.

¿No me vas a decir nada?

-Lo siento, pero nunca pensé que tú...

¿Entonces, Azucena? -No, mira, déjalo.

Ya me lo has dejado bastante claro.

Además, no te culpo por repudiarme.

-¿Qué le ha pasado a Hortensia, que ha salido pitando?

¿No habréis vuelto a discutir?

-Acaba de contarme algo muy serio

que me obliga irremediablemente a tomar una decisión.

(Pasos)

¿Quién anda ahí?

Pero usted...

(CHISTA)

No soy un fantasma, querida niña.

Aurelio.

No puede ser.

Gabriela, detrás de mí.

Me subestimaste pensando que un incendio acabaría conmigo.

(TOSE)

(TOSE)

-¡Señor!

-Gracias a Dios.

(TOSE)

-Dese prisa, señor.

Esto va a explotar.

(TOSE)

-¡Señor!

¡No puedo respirar, señor!

(TOSE)

Nunca el anillo de los Quesada fue tan útil.

Véngate de mí, pero a ella no le hagas nada.

Sabes que eso va a ocurrir.

Mi venganza no estaría completa sin su muerte.

Aurelio, por favor.

Haz conmigo lo que quieras, pero a ella déjala marchar.

He esperado tanto este momento.

Y resulta que el destino me presenta en bandeja de plata

mi venganza sin buscarla yo siquiera.

Ella no tiene la culpa de lo que te he hecho yo.

Es joven.

Tiene toda la vida por delante.

¡Y Natalia también lo era!

Tú no tuviste la más mínima piedad con ella.

Ha llegado el momento de sufrir en tus propias carnes el dolor

y la impotencia

de ver morir a la persona que más quieres.

No, no, por favor.

¿Seguro que no quiere nada de comer?

-No, con un café es suficiente, muchas gracias, Lolita.

-Yo ya me he tomado unos cuántos, mejor no me tomo nada.

-He aprovechado que Ramón no estaba en casa

porque quería hablar con usted a solas.

-Usted dirá.

-Puede que me equivoque.

Pero me da la sensación de que Ramón

se siente un poco celoso por la amistad que tenemos.

-Ya, algo de eso hay, sí.

El hombre está un poco torcido con el asunto.

-¿Y no ha pensado que puede que tanga razón?

Que cuando el río suena... -No haga caso de habladurías.

A la gente le gusta mucho molestar.

-A mí no me molestan, son una buena señal

para mis pretensiones.

-¿Qué pretensiones, Fidel?

-Lolita, quiero confesarle algo.

Todo este tiempo en el hospital he estado pensando mucho

en el futuro.

En un futuro cerca de usted.

No sé si recuerda lo que me dijo sobre mis intenciones

al ir a visitarla.

Pues tenía razón.

Mis visitas no solo eran por amistad.

Me gustaría que usted me diese la oportunidad

de poder pretenderla.

Si eso fuese posible, claro.

¡Luz Divina!

Está viva.

(AURELIO) Ha llegado tu momento.

-El señor. -Y vas a sufrir.

Por favor.

Viendo cómo muere esta hija que tanto quieres.

No.

Despídete de ella.

Por favor.

¡No!

No, no.

¡No!

(Disparo)

-Madre.

-Serás estúpida.

¿De verdad piensas que así vas a evitar que acabe con su vida?

Levántate.

Levántate.

Por favor, Aurelio. Por favor.

(LLORANDO) Aurelio, por favor.

No, no.

(Disparo)

¡Ah!

Marcelo.

¡Ah!

-Señor, lo siento.

No podía tolerar semejante barbarie.

(MARCELO) ¡Una ambulancia!

Mi señora está herida, muy grave.

Sí, en el principal de Acacias 38.

No me queda mucho tiempo.

¿Alguna vez me has amado como yo a ti?

Necesito oírlo.

Necesito saber si hubo algo bueno en mi miserable vida.

Yo lo único que quiero es tener un futuro mejor.

-¿Por qué no coges el toro por los cuernos

y le hablas desde el corazón?

Que te apena dejarla.

Que la consideras parte de los tuyos.

-Una criada le ha dicho a mi madre que vieron a Aurelio.

-Sí, claro.

Esta historia se la contaré a la hija de Rosina.

Es escritora, le vendrá de perlas.

Han traído un paquete para usted.

-"Corazonada".

-Yo la conozco, es un auténtico éxito.

No se sabe nada de la autora, es un misterio su identidad.

¿Qué es eso de que a doña Bellita le van a dar un premio?

-La medalla al mérito artístico.

Es el honor más grande para una artista.

-Se me ocurre que podríamos hacer algo

para celebrar su premio. Ya, ya.

¿Algo como qué?

Qué ganas de mostrarla.

-Para eso vas a tener que esperar a otro momento.

-¿Dónde se ha metido todo el mundo?

-¿Y si le cantamos el "Yepa ya"? ¿Se acuerdan de la letra?

# Vámonos para... # Descansa, descansa.

No me gusta mucho fotografiarme.

Quería que tuvieras mi imagen para cuando no estemos juntos.

Te voy a echar mucho de menos. Yo no.

¿Esta es tu forma de despedirte?

(FIDEL) Imagino que ese silencio significa

que no comparte mis sentimientos.

-Le agradezco su sinceridad y el cariño que me muestra.

Pero no sé si estoy tan segura de lo que siento como usted.

(GABRIELA) Tanto tiempo esperando esto, soñando con verla morir.

Nunca habría esperado de usted semejante nobleza y valentía.

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Acacias 38 - Capítulo 1482

03 may 2021

Casilda anuncia a Rosina que su intención es dejar de servirla y montar un negocio propio. Mientras tanto, Lolita le aclara las cosas a Ramón: ella tiene derecho a rehacer su vida y Fidel, también. No están haciendo nada malo ni deshonrando a sus muertos. Hortensia está decidida a contarle a Pascual el gran secreto de su pasado. Susana y Armando aparecen por sorpresa en Acacias y se reencuentran con sus queridos Rosina y Liberto. Un hombre misterioso llega a la calle Acacias: es el mismísimo Aurelio Quesada, que ha vuelto de entre los muertos dispuesto a acabar de una vez por todas con Genoveva Salmerón.

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