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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1438 - Ver ahora
Transcripción completa

Eres un miserable y un mercenario.

Te quiero fuera de mi vida.

¿Por qué aceptaste si no querías venir?

Sí, quería ir, pero mi tía y mi madre me obligaron a salir

con el plomo ese que me viste.

Pero no hay mal que por bien no venga.

Con esto, me he dado cuenta de quién eres.

Me ofreció dinero, en metálico,

para pagar las deudas de la finca de Burgos.

Pascual es un hombre muy generoso.

Pero me vas a asegurar que no habrá más infidelidades

mientras vivas aquí. -Fue un desliz.

Y se terminó. No volverá a suceder.

¡Abuelo!

Buen viaje.

Hortensia no debe saber de dónde viene el dinero.

Si se entera que el dinero viene del huertano, jamás lo aceptaría.

Obedecerle ahora a usted

es lo más beneficioso para todos.

¿Y cómo saber que puedo fiarme de usted?

Y esta es toda la correspondencia que fue robada

de la casa de Rodrigo Lluch en Barcelona.

Lo que no te mata, te hace más fuerte.

Valeria, la estaba esperando.

He venido en cuanto he leído su nota.

Supuse que despertaría su interés. Haga el favor de sentarse.

No se trata de una visita de cortesía.

¿Por qué quería verme?

Directa al grano.

Cualquiera diría que no le agrada mi compañía.

Ya sabe que no confío en usted.

Así que dígame qué sucede.

Está bien, le daré capricho.

El motivo de que la haya llamado se puede resumir en una palabra:

Rodrigo.

Al parecer, ya no tiene tantos reparos en compartir mesa conmigo.

¿Ha averiguado algo sobre el paradero de Rodrigo?

Aún no, pero no tardaré demasiado. Me he propuesto encontrarlo.

Pero para eso, preciso que me confirme cierta información.

¿Qué sabe de los años que estuvo estudiando en Alemania?

Por aquel entonces, no estaba con él.

Me habló con cariño de la Universidad de Marburgo

y de su estrecha amistad con un condiscípulo.

¿Un tal Otto Hanh?

Así es, el físico Otto Hanh.

¿Cómo sabe su nombre?

Contésteme, por favor.

¿Qué tiene que ver Otto Hanh con su desaparición?

Valeria, paciencia,

pronto tendrá respuestas, pero va a tener que confiar en mí.

Haré todo lo posible por localizar a su esposo.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Puedo sentarme?

Creí haberte dejado claro que no quería volver a verte.

Nunca.

Lamento imponerte mi desagradable presencia,

pero es vital que hablemos.

Tú y yo no tenemos nada que decirnos.

Te acabo de ver hablar con Genoveva.

Si no quiero que me hables, tampoco que me espíes.

Valeria, esa mujer es muy peligrosa.

Sí, muy peligrosa, aún peor que Aurelio.

Vale.

Estoy rodeada de lobos,

algunos, con piel de cordero.

Mira, no sé qué te ha dicho, pero no la creas.

Solo intenta manipularte.

Exactamente igual que tú.

Valeria, escúchame, te lo ruego. -Escúchame tú a mí.

Genoveva es mi única esperanza para encontrar a Rodrigo

y no pienso rechazar su ayuda porque un mentiroso me lo pida.

No me juzgues tan duramente.

Lamento todos mis engaños,

pero lo hacía por tu bien. Te lo juro.

Tu palabra no vale nada, y ha quedado demostrado.

Fuera de mi vista.

Márchate tú o seré yo la que me vaya.

Cálmate, te lo ruego. Te recuerdo que...

ante nuestros vecinos,

seguimos siendo marido y mujer, no montemos una escena en la calle.

Poco me importan ya las apariencias.

¿Te vas tú o me voy yo?

Está bien, no te molestaré más con mi presencia.

Niño, ¿has visto eso?

Pobres, parece que los rumores son ciertos.

A la vista está que se llevan como el perro y el gato.

Un perro y un gato muy mal avenidos.

Con lo enamorados que se los veía antes.

En fin. Vamos, morena. -Venga.

(Puerta)

Lolita, estás aquí.

Pensé que estarías en la mantequería.

Después de irse Moncho no tenía cuerpo pa despachar.

Quizás podríamos salir a dar un paseo, se ha quedado buena tarde.

Salga usté si quiere, yo prefiero quedarme en casa.

Comprendo.

¿Quieres que te prepare algo para comer?

Lolita... ¿Tan difícil es de entender

que no quiero salir, ni comer, ni respirar siquiera?

Quiero estar sola,

ante el retrato, añorando tiempos mejores.

Lolita, no puedes rendirte.

Ya hemos pasado por esto.

Sabes que regodearte en tu dolor no conduce a nada.

¿Y me lo dice usté?

Usté, que no ha sido capaz de acercarse a mi hijo, su nieto.

Déjeme sola, por favor.

Cada uno lidia con su pena como sabe o puede,

ya debería saberlo.

Está bien.

Lamento que mi mera presencia te moleste.

Seré yo quien salga a dar un paseo,

no quiero molestarte más.

No hay quien te entienda, querida.

¿Qué hacemos aquí aguardando en la calle

cuando deberíamos estar en casa llorando por haber perdido todo?

Calla.

Ya te lo dicho, esperamos a Liberto.

Algo me dice que va a traer buenas noticias.

¿Acaso sabes algo que yo ignoro?

No, nada. Tan solo te pido que tengas fe.

¿Fe, en el muchacho?

Vamos, estás pidiendo un imposible.

Si dependemos de él, la finca está perdida.

¿Aún no te has dado cuenta de que ni sabe

ni puede sacarnos del embrollo?

Hortensia, eres mi hermana y te quiero mucho,

pero como le vuelvas a llamar "muchacho", no respondo.

¿Y cómo quieres que le llame?

¿Has probado a hacerlo por su nombre?

Al fin, Liberto.

¿Traes noticias?

Sí, y son inmejorables.

Eso habrá que verlo.

He enviado el dinero a Burgos. Las deudas están saldadas.

Pero, entonces ¿ya no vamos a perder la finca?

¿De dónde has sacado el dinero?

Me lo ha prestado un amigo.

Ay.

Sea quien sea, bendito sea. Daba la finca por perdida.

Ya ve que no, y sin necesidad de vender el piso.

¿No tienes nada que decirle a Liberto?

¿El qué?

¿Qué te parece gracias o alabarle sus gestiones?

Antes tendríamos que darle gracias a nuestro Señor,

es un auténtico milagro que haya sido capaz de solucionarlo.

Lo que sí deberíamos hacer es celebrarlo de inmediato.

Me parece bien. Pero sin despilfarrar.

Como mucho, un chocolate con churros.

Chocolate con churros.

Vamos. Ah, bueno, y porras. -Y churros, churros.

Ay, sí, sí.

-Oh.

Madre, que me gusta mucho su nuevo pelo.

(Puerta)

Me he olvidado la cartera.

¿Qué estás haciendo, Lolita?

Hija, ¿qué pasa?

Pasa...,

que estoy rota,

estoy mutilá,

que estoy destrozá por dentro.

Que no puedo más.

(LLORA)

Te felicito por haber sobrevivido a la infusión de Marcelo.

Me han traicionado muchas veces como para confiar en nadie.

Otto Hanh, Universidad de Marburgo.

Operadora, póngame con el despacho del detective Cuevas.

Gracias.

Cuevas, soy yo, Genoveva.

Dígame si tiene sus papeles en regla para salir del país.

Preciso que viaje al extranjero. Tiene que encontrar a una persona.

Esta misión es de vital importancia para mí,

y como, tal le será recompensada.

No, no, prefiero darle todos los datos en persona.

Esta misma tarde pasaré por su despacho.

Téngalo todo preparado para partir de inmediato.

¿Por qué me mira así?

¿Sucede algo?

Le escuché hablar por teléfono con una mujer sobre mí.

Ya le dije que era una vieja amiga.

Y antes no quise decírselo, pero...

no creo que sea muy correcto escuchar conservaciones ajenas.

Tampoco lo es hablar de uno a sus espaldas.

¿Quién era esa mujer que se preocupa por mí?

Te he hecho una pregunta.

Aunque empiezo a sospechar la respuesta.

¿A quién tiene que rendir cuentas de mi estado?

¿Está en mi casa bajo las órdenes o la supervisión de alguien?

Claro que no. Tan solo bajo las suyas, don Felipe.

Me gustaría creerlo.

Está bien, es cierto que hablaba de usted.

Pero no hay nada oculto, ni malo en ello.

Su resistencia a decirme el nombre de esa mujer,

me hace pensar lo contrario. No hay ninguna resistencia,

hablaba con Marina.

¿Marina?

No tengo el gusto.

La que me recomendó a Lolita para el puesto.

Ah, sí. ¿Y?

Se ha enterado del cuestionamiento que hace el doctor a mi labor.

Le preocupa que no dé la talla después de dar la cara por mí.

Aun así, no le debe ninguna explicación.

No lo veo así.

Me siento en deuda por haber hablado de mí en términos tan elogiosos.

Sentía que debía tranquilizarla.

Si se queda más tranquilo, la llamo para que se lo confirme.

Sí, operadora.

Espere. -"¿Sí?".

Espere.

"¿Dígame?".

"¿Dígame?".

No hace falta hablar con Marina.

Le dije que confiaría en usted y así lo haré.

Gracias.

(Llaman)

Gracias, Marcelo, olvidé las llaves.

¿Está mi esposa en casa?

No, señor, ha salido a hacer unas gestiones.

Dígame, señor, ¿ha dado con la persona que buscaba?

Así es.

Está alojado en un lugar seguro,

a la espera de mi llamada para realizar su trabajo.

¿Confía en él?

Ciegamente.

No es el primer encargo de esta índole que me hace.

Era uno de los mejores y más antiguos sicarios de mi padre.

Nunca me ha fallado.

Me alegra escucharlo.

¿Y qué tal por aquí? ¿Alguna novedad?

Pues sí, la verdad es que he hecho un par de descubrimientos

muy interesantes. Todo marcha tal y como planeamos.

Ya verá como no se arrepiente de haberme hecho caso.

"Comprendo, la situación es complicada para usted"

y, este asunto hay que resolverlo cuanto antes.

Eso que me pide puede ser una alternativa.

Entonces ¿qué me dice?

¿Va a hacerlo?

No, no puedo darle gusto en lo que me pide.

Esta será la primera vez que me falla, me está decepcionando.

Lo tenía por alguien con más agallas.

No se trata de falta de valor,

he cumplido órdenes peores que esta.

Créame, señor, si me niego es solo para protegerle.

¿"Protegerme"?

¿Desde cuándo es una ventaja que no siga mis instrucciones?

El señor se está dejando llevar por la rabia.

No podemos hacer nada contra su esposa

hasta que no tengamos los negativos de esas fotos

que le incriminan en un asesinato.

Si somos rápidos, podemos acabar con ella

sin darle ocasión de que esas fotografías vean la luz.

¿Y si fracasamos?

¿Está dispuesto a correr un riesgo tan enorme?

Están en juego su fortuna, su libertad, hasta su vida.

¡No puedo esperar más tiempo! ¡Ella tiene que morir!

Y lo hará, y pronto,

pero deje vía libre a doña Genoveva,

deje que se confíe.

Le vuelvo a pedir paciencia. Encontraremos su punto débil

y acabaremos con ella

sin necesidad de recurrir a métodos tan peligrosos.

Déjeme llevar este asunto, señor.

Tengo una clara ventaja sobre usted,

que doña Genoveva viva o muera, me resulta indiferente.

Eso me permite actuar siempre con la frialdad

que requiere semejante encargo.

Está bien, seguiré sus instrucciones al pie de la letra,

pero quiero resultados, y los quiero pronto.

Espero que no se equivocara.

¿Qué descubrimientos son esos de los que habla?

Su esposa ha examinado con sumo detalle

la correspondencia del profesor Lluch.

¿Y ha encontrado algo? -Yo diría que sí.

Ha llamado a un tal detective Cuevas

para reunirse de inmediato con él.

De hecho, ahora estará en su despacho.

Quería encargarle una misión en el extranjero

con suma urgencia.

Conozco bien a Cuevas.

No es la primera vez que ella recurre a sus servicios.

Pondré a alguien de mi confianza a seguirle en su viaje.

Si Genoveva ha dado con una pista,

seremos nosotros los que saquemos partido de ella.

Buen trabajo, Marcelo, como siempre.

Hay algo más, señor.

Su esposa ha tenido ciertos problemas de salud,

mareos, vómitos...

¿Qué trata de decirme?

Me temo, señor, que pueda estar encinta.

No contaba con ello.

Pero esto no cambia nada.

Tenemos que continuar con nuestros planes.

La venganza contra Genoveva puede esperar en mi propio beneficio;

pero la deslealtad de ese canalla de David,

no va a quedar impune.

Si no le importa, prefiero no conocer los detalles.

Puede retirarse.

Operadora, con el hotel Kabul, por favor.

Habitación 242.

Ha llegado el momento.

Quiero a David Expósito muerto mañana mismo, a más tardar.

(Suenan las campanas)

(Puerta)

A las buenas, señorita.

Señorita,

¿estás bien, te ha pasao algo?

Nada, Casilda. Que todos los hombres son idiotas.

Arrea, ¿y por qué me sales ahora con eso?

Ayer tuve una buena con Guillermo.

¿Y eso por qué? Si ese muchacho es pan de Dios.

Más bien, del diablo. Ha resultado ser un caradura.

Mira que me extraña. ¿No lo estarás juzgando mal?

(Pasos)

Al fin apareces, hija.

Ven, tenemos que hablar.

Vete a la cocina, que aquí no se te ha perdido nada. Va.

¿Ha pasado algo?

Sí, niña, algo maravilloso.

Hemos hablado con la familia López Saldaña.

No tengo el gusto.

Eso va a solucionarse pronto.

Sí sabrás que es una de las familias más influyentes de la ciudad.

Por favor, ¿en qué emplearán el tiempo las chicas de hoy en día?

En bailar y formarme, tía. -Tontunas,

si no sabes quién corta el bacalao en tu ciudad?

Si gracias a ustedes, ya me voy enterando.

Así que, ¿los López Saldaña son de abolengo?

Claro, pero eso no es lo más importante.

Lo más importante es que tienen un hijo casadero.

Si quieres, podríamos concertar un encuentro con él.

Él está deseando conocerte.

Ya, mire... -Antes de que te niegues,

debes saber que, al parecer, es un muchacho muy simpático y atractivo,

además, ha pasado una larga temporada estudiando en Inglaterra.

Y ahora quiere establecerse de nuevo en España y formar una familia.

Está bien, si ese es su deseo, se lo concedo.

¿De verdad?

¿No te vas a negar ni a montar un espectáculo?

No.

¡Azucena!

-Es tan buen partido... -Claro.

No puedo estar más satisfecha,

las obras van más rápido de lo que pensaba.

Nos iremos de nuevo de su casa

antes de que se enteren de que estamos aquí.

No te creas, que ya nos hemos enterado.

José.

Los obreros están terminando de tirar los tabiques.

Me da coraje el dineral que os estáis gastando en la obra.

Cuando acabemos, tendremos un salón como Dios manda.

Era necesario. -Mujer, tanto como "necesario".

¿Cómo que no?

Un médico, como Ignacio, debe dar recepciones y fiestas de postín

y tiene que contar con espacio para ello.

Y un buen despacho, ¿verdad?

Que no, tito, si mi Alodia quiere fiestas,

haremos las mejores de la ciudad.

Todo sea por hacerla feliz.

Eres un amor, Ignacio.

Da gusto verte tan entregado a tu esposa.

(JOSÉ CARRASPEA)

Uy, cuídese esa tos, que tiene muy mala pinta.

Tía, si quiere acompañarnos a ver esos muebles,

será mejor que salgamos. -Tienes razón, hijo, vamos.

¿Seguro que no quieres venir, José?

Segurísimo.

Voy a disfrutar de la tranquilidad.

Con Dios.

Vámonos nosotros.

Ahí te quedas.

Con Dios.

Con Dios. -Con Dios.

Hombre, ¿adónde vais vosotros?

Veníamos a ver si podemos hablar un ratito con don José.

Ahí está, que se quería quedar tranquilo un rato.

Estupendo, claro. Pues pasad,

que nosotros vamos saliendo.

Con permiso. Con Dios.

Permiso.

Pues sí que me ha durado poco la paz.

Con permiso. ¿Es buen momento, don José?

¿Serviría de algo que dijera que no?

Es que... Claro que no.

Además, venimos a proponerle una gran idea.

Si no es molestia.

¿Cómo va a ser molestia, Jacinto,

si venimos a proponerle que se haga millonario?

Mejorando lo presente.

¿Vienes a ofrecerme uno de tus negocios?

No... No.

Negocio no, es la oportunidad de hacerse de oro.

De esas que solo se presentan una vez en la vida.

Una.

Me temo que van a pasar más veces.

No, no, no.

Usted... simplemente escuche esta palabra:

naranjas.

Naranjas.

¿De la China?

(AMBOS) No, de Valencia.

La oportunidad de participar en un negocio

de importación de naranjas de Valencia.

Hemos pensao en comprar una gran cantidad a don Pascual

y venderlas a las fruterías.

Y de esa manera, hacernos millonarios con la comisión,

y hemos pensado en usté, ¿qué le parece?

No sé, ya me contaréis cómo os va.

Yo no pienso poner un real.

Oiga, piénselo. Pero oiga, don José,

¿qué podría fallar en esto?

Estando vosotros en el ajo, la pregunta sería qué no va a fallar.

Perdone...

Que no, que no. Piénselo bien.

Ya tuve bastante cuando invertí mis ahorros

en las aceitunas "Bella del Campo". Casi perdemos hasta la camisa.

Hablamos de... No insistáis.

Hablamos de vitamina C.

Dejadme tranquilito. Que no. Ácido ascórbico, vitamina C.

Va bien. -Muy bonito.

Para las toses... Venga, tira.

Piense... No son mandarinas.

No, no.

Descansa un rato, Lolita.

Luego te traeré algo para comer.

Cuando se le quite ese odio, volveremos a ser una familia...

los tres.

Y nos querremos mucho.

Ya verás, cariño, algún día.

¿Qué estás haciendo, Lolita?

Pasa...

que estoy rota,

estoy mutilá,

estoy destrozá por dentro,

que no puedo más.

(LLORA)

Permita que le repita mi agradecimiento, don Pascual.

No es preciso, es nuestro deber ayudar a los amigos.

Y así lo ha hecho.

No sé qué hubiera sido de nosotros sin su ayuda.

Ya he hecho la transferencia a los acreedores de Burgos

y las deudas están saldadas.

Me alegra haberle resultado de utilidad.

Dígame, ¿su esposa y su cuñada han quedado tranquilas

y satisfechas?

Dentro de lo posible, que no se pueden pedir milagros.

Pero hay algo que quería comentarle al respecto.

Si bien mi esposa está al tanto de la ayuda que nos ha prestado,

a Hortensia no le hemos contado nada.

¿No sabe que he sido yo quien les ha prestado el dinero?

No, y créame que por mi bien,

es lo mejor que podemos hacer, que siga ignorándolo.

¿Cree que si lo hubiera sabido, no habría aceptado el dinero?

No tengo duda, por eso le pido que me guarde el secreto.

Me asombra lo obcecada que puede llegar a ser.

Descuide, puede contar con mi silencio,

lo último que quiero es causarle inconvenientes.

Buenos días. -Buenos días.

Ya sé que mi esposo le ha dado las gracias por su generosa ayuda.

Y bueno, también quiero pedirle disculpas, Pascual,

le juzgamos mal.

Rosina, no es necesario,

es un placer ayudarles en la medida de mis posibilidades.

Rosina, ¿se puede saber qué estás haciendo ahí?

Es mejor que no nos vea juntos. ¡No olvide lo que le he dicho!

Perdona, querida, le estaba cantando las cuarenta a ese cantamañanas.

Don David.

Don David.

Perdone.

Qué bueno haberlo encontrao,

preciso de su consejo como experto en inversiones.

¿Y no podía ser en otro momento, Servando?

-Jacinto. -Jacinto.

Ahora tengo prisa.

Solo será un segundo.

¿Cuál es su opinión sobre la venta de naranjas?

¿Le ve futuro?

Sí, claro, puede ser una buena inversión.

Los países nórdicos se pirran por los cítricos.

Ya. ¿Y por las naranjas?

Sí, también, Jacinto.

Qué majos los vascos y cántabros.

Jacinto, me temo que por países nórdicos,

me refiero a algo un poquito más al norte que San Sebastián.

Sí.

Si decide invertir en semejante área,

debe tener un respaldo económico en caso de dificultades.

¿Y qué dificultades puede haber?

Las propias de cualquier producto agrícola, Jacinto:

malas cosechas, inundaciones

o una plaga, como la del pulgón naranjero, precisamente.

Qué cenizo. Con lo contento que me había puesto con los nórdicos.

Yo solo quiero avisarle de los pros y los contras.

Y ahora si me permite, ya le he dicho que tengo prisa.

Ya hablaremos de naranjas en otro momento.

Déjelo, que con lo del pulgón ese se me ha puesto mal cuerpo.

A más ver, Jacinto. -Hasta luego.

¡Disculpe, don David! -¡Largo, Jacinto!

¡Largo!

¡Ah!

¡Don David!

Sangre. Apriete, voy a buscar ayuda. ¡Un segundo!

¡Socorro, socorro, policía!

Llame a la policía, hay un herido en el callejón. ¡Rápido!

¡Socorro!

¡Auxilio!

Don... Don David.

¿Dónde se ha metido?

Podemos estar satisfechos,

está tolerando la reducción de la medicación.

La verdad es que me encuentro perfectamente.

Quizás llegó el momento de que demos otro paso.

Podríamos reducir algunas dosis más.

Tampoco es preciso apresurarse.

Las noches son lo más difícil,

a pesar de la tranquilidad que me da tenerla en casa.

Está bien, esperaremos un par de días

antes de retirar ningún otro medicamento.

Pero no mucho más, se lo advierto.

Te agradezco la paciencia.

(Puerta)

¿Quién puede ser a estas horas?

¿Espera a alguien? No, no. Voy a ver.

Buenas, don Felipe.

Doctor, qué sorpresa.

No debería sorprenderle tanto ver a su médico.

Es que ya no lo esperaba tan tarde.

Antes de ir a casa he pensado en venir a verle,

a ver qué tal se encontraba. Siéntese.

Me encuentro perfectamente.

Está bien saberlo, pero creo que eso me corresponde a mí decirlo.

¿Qué hace toda su medicación aquí?

He hecho una pregunta, señorita Dori.

Doctor,

debe saber que hemos decidido rebajar la medicación que tomo.

¿"Hemos decidido"?

Que yo sepa, ninguno de los dos es médico.

¿Esto es cosa suya?

Debí despedirla hace tiempo,

aunque nunca creí que se atreviera a tanto.

-Esas pastillas tienen un efecto más psicológico que físico,

de nada sirven.

Estoy harto de sus tontunas. -Escúcheme, don Ignacio,

Felipe bien puede controlar su necesidad de tomarlas.

Doctor, de hecho, de hecho, llevo un tiempo haciéndolo así.

Hemos ido rebajando la medicación poco a poco.

En cinco días, toma casi la mitad de pastillas.

¿Y se queda tan tranquila?

¿Cómo se atreve a cuestionar mi tratamiento?

Doctor, por favor, no la tome con ella,

ha sido mi decisión.

No le corresponde a usted tomarla. Olvida que soy yo quien las toma.

Y usted olvida que el doctor soy yo.

Si quiere jugar con su salud, hágalo,

pero esto es una irresponsabilidad.

Dios quiera que cuando eso empeore, lo cojamos a tiempo.

Con Dios.

(Música de piano)

(Música de piano)

(Puerta)

Jacinto, ¿sucede algo?

Sí que sucede. ¿Está don David?

No, estoy sola. -Ya me lo temía.

¿Dónde se habrá metido?

¿Le ha pasado algo a David?

Doña Valeria, le han atacao en plena calle.

Un canalla se disponía a dispararle por la espalda.

¿Le han disparado?

Por fortuna, he llegao a tiempo de frenarlo,

y su marido lo ha desarmao.

Gracias a Dios. -Aguarde,

que el tipo le ha herido con un cuchillo.

¿Qué? ¿Y dónde está?

Eso me gustaría saber, que mientras pedía ayuda, se esfumó detrás.

¿Cómo que se esfumó? ¿Herido?

No ha podido ir lejos.

Voy a la calle a ver si le veo. Si averiguo algo, le cuento.

Sí, por favor.

Se lo agradezco.

Por favor, por favor, que no le pase nada, por favor.

Ya viene la niña. Pon el jarrón junto a la ventana.

¿Adónde vas con el jarrón? Ponlo sobre el piano.

¿Y si directamente lo dejo caer al suelo?

(AMBAS) ¡No!

(Puerta)

¡Oh, tiene que ser él, Ángel López Saldaña!

¿Qué hacemos? -Pues...

-Yo no es por meterme, pero podía empezar por abrir la puerta.

¡Sí, corre, abre!

-Va, va, va. Vamos.

Pero qué escote.

(RÍEN)

Señoras, el señorito Ángel López Saldaña.

Qué agradable sorpresa.

-"Sorpresa" dice.

Me ha tenido toda la tarde limpiando.

Veo que ha traído unas pocas flores.

Sí. Unas rosas para doña Rosina.

Soy yo.

(RÍE NERVIOSA)

Unas hortensias, para doña Hortensia.

Y las azucenas, para la señorita Azucena.

Qué detalle.

Los López Saldaña somos así.

Menos mal que en la casa no hay ninguna

que se llame cardo borriquero.

-Casilda, ¿no tienes nada que hacer en la cocina?

Sí.

Por cierto, ¿donde está su hija, me encantaría darle las flores?

Aquí me tiene.

No exageraban al hablar de su belleza, querida.

Es digna hija de su madre y sobrina de su tía.

No sé qué más hacer por ella, Fabiana.

Si la hubieras visto abrazada a mí y llorando como una niña pequeña...

Se me rompe el alma con solo recordarlo.

Ay, pobre, Lolita,

la marcha de su hijo ha sido la gota que ha colmao el vaso.

Pobre criatura, cuánto lleva sufrido en esta perra vida.

¿Y todo por culpa de quién, Fabiana?

De esos malditos anarquistas.

Nos destruyeron la vida para siempre.

Don Ramón, no empiece con la cantinela de siempre.

Se lo pido por favor,

no es momento pa eso, sino pa cuidar de Lolita.

Lo sé, Fabiana, lo sé, pero no puedo evitarlo.

El rencor crece dentro de mí al ver sufrir a los que más quiero.

Si al menos pudiera encontrar un castigo

para los culpables de sus crímenes...

Fabiana, sabes que a pesar de nuestra distancia,

siempre he querido a Lolita como si fuera una hija,

como quería a Antoñito.

No soporto verla sufrir de esa manera.

Lo sé, don Ramón, lo sé.

Ni siquiera he sido capaz de mostrarle mi cariño a Moncho.

Estoy en deuda con ellos.

No se me torture más.

Hay una forma de resarcirlos.

Míreme.

Con amor, con mucho amor.

Yo, de momento, iré a verla.

A ver si puedo ayudarla en algo.

Fabiana...,

te lo agradezco.

Yo lo sé.

Bueno, usté quédese aquí tranquilo,

y tómese su café. A más ver.

(Puerta cerrándose)

Operadora, póngame con Fidel Soria, por favor.

Sí, sí.

Fidel, soy Ramón.

Tenemos que vernos de inmediato.

Quiero hablar con usted de aquello que me propuso.

¿Cómo?

No puede ser.

No puede ser. Mírelo bien. David Expósito.

Pero ¿ha llamado a todos los que vienen en el listín?

Está bien, gracias. Gracias por su atención.

Nada.

No saben nada de él en ningún hospital.

David.

Perfecto.

No soy capaz de imaginarme una vida sin ti.

No puedo estar a tu lado y...

no decirte lo mucho que te deseo.

A mí me pasa lo mismo.

(EXHALA)

(Puerta)

Muy buenas.

Don Felipe.

Cómo me alegra verle caminando ya solo.

Gracias, Jacinto. ¿Se ha enterado de lo sucedido?

No.

Han atacado a don David, el marido de doña Valeria.

Se ha llevao una cuchillá.

No me lo puedo creer.

Hacía tiempo que no pasaban estas cosas en el barrio.

¿Y cómo se encuentra? A saber, porque se ha esfumao.

Me giré un momento y desapareció.

Qué extraño.

Estoy de los nervios desde entonces.

Se habrá ido al hospital. Ya verás como aparece sano y salvo.

Si se ha ido por su propio pie, no puede estar tan mal.

Dios le oiga, don Felipe. Con Dios.

Oiga, ¿seguro que puede pasear usted solo?

¿No quiere que lo acompañe? No, Jacinto.

La mejoría se demuestra en pequeños gestos como este.

Eso es verdá.

Además, Dori ha salido a la botica.

Seguro que la encuentro por el camino.

Oiga, don Felipe,

¿usté sabe algo de naranjas?

¿"De naranjas"?

¡David!

(SE QUEJA) -Perdona. ¿Te he hecho daño?

¿Qué tienes?

Dios, mío, ¿qué te han hecho? ¿Es muy profunda?

Tranquila, tranquila, es una herida superficial, nada más.

Maldito sea, esto es obra de Aurelio Quesada.

Sí, es lo más probable.

Sí, ayúdame.

Pero ha fallado en su intento. -Solo esta vez.

Pero ¿dónde estabas? He llamado a todos los hospitales.

He creído oportuno no acudir a ninguno,

no fuera a ser que el matón de Aurelio me estuviera esperando.

He ha ido a ver a un amigo médico, él me ha curado la herida.

Por favor, ¿seguro que estás bien?

¿No me engañas?

Estoy mejor que nunca. Ahora sí.

Amor.

(SE QUEJA) -Vamos a sentarnos.

Sí. -Vamos.

Ya está, ya está.

Vamos a sentarnos aquí.

Aquí, siéntate.

Tranquila, mi amor.

Eso es.

Sí, Jacinto, naranjas, pero no sé nada de ellas.

Siento no poder ayudarte.

Yo lo decía por si le interesaba participar.

No me embarco en negocios que desconozco.

Eso tiene sentido, pero era por si sabía algo sobre el tema.

Jacinto, ya te he dicho que no sé nada sobre naranjas.

Dori..., qué agradable casualidad.

Llevaba tiempo queriendo hablar con usted.

Disculpe, creo que no nos han presentado.

Estoy segura de que Felipe le ha hablado de mí.

Es usted muy conocida en el barrio, doña Genoveva.

Entonces, podemos dejarnos de formalidades.

Como le decía, llevaba tiempo queriendo hablar con usted.

¿De qué?

¿De qué va a ser, mujer?

De la salud de mi antiguo esposo.

Aunque no tengamos relación, me sigo preocupando por él.

Ha llegado a mis oídos la dedicación con la que lo cuida,

que hasta duerme en su casa algunas noches.

Es digno de admiración.

Con Dios.

Le agradezco sus palabras.

No, de nada.

Espero que pronto podamos tomar un café

o un té, ya que vamos a vernos por estas calles.

Eres un inútil, lo has arruinado todo.

¿Qué he arruinado?

¡Todo!

Tenía a Valeria a punto de comer de mi mano.

¿Me la está jugando?

No le comprendo. ¡Acabo de verla con Genoveva!

¿No me lo irá a negar?

Coincidimos en la calle y hablamos.

No puedo confiar en nadie.

¿Sabes algo de Azucena?

Mi señora y su hermana le han buscado otro pretendiente.

¿Otro?

Me encantaría conocer a tu amigo, el que nos prestó el dinero.

Podríamos matar dos pájaros de un tiro si le invitas a comer.

Siéntate conmigo y toma algo caliente, te entonará el cuerpo.

Me voy a la cama, no me moleste en to el día.

-"¿Comprarme naranjas?".

Usted no las proporciona, nosotros las vendemos

y después se las pagamos, ¿qué le parece?

Le parece bien, ¿verdad?

Un momento, creo que he entendido algo mal.

¿Quieren que les dé naranjas gratis?

¿De verdad te gusta ese pretendiente?

Ese pretendiente...

se llama Ángel López Saldaña

y es de una de las familias más distinguidas.

No te estoy preguntando por él,

te estoy preguntando si te gusta.

-"¿Qué va a ser de nosotros?".

De momento, protegernos de Aurelio.

He herido su orgullo, y...

no va a tardar en aparecer para cobrar su venganza.

Mi empresa tiene contactos en las altas esferas.

Podrían hacerles la vida imposible si persisten en su negativa.

¿Cómo dice?

-Hemos ido a uno de los mejores restaurantes.

Uno de categoría, no como esa taberna de medio pelo.

Hortensia. -¿Recuerda usted...

la operación alternativa que me comentaba hace unas semanas,

la destinada a limpiar este país de indeseables?

¿Qué quiere saber de ella?

Todo.

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Acacias 38 - Capítulo 1438

01 mar 2021

Genoveva confirma con Valeria el dato sobre Rodrigo y David las sorprende. Se produce una discusión entre David y Valeria. Genoveva se cita con el detective Cuevas y Marcelo lo escucha. David es atacado por alguien, pero consigue salvarse. Cuando David llega a casa, herido, Valeria y él se funden en un apasionado beso…

Tras la marcha de Moncho Lolita está hundida, Ramón trata de animarla, en vano. Lolita, desesperada, se corta el pelo y está a punto de desmayarse…Ramón corriendo la socorre. Por otra parte, Felipe enfrenta a Dori, que le convence de que hablaba con Marina, pero Felipe se queda inquieto. Ignacio no se fía de Dori y Felipe la defiende. Dispuesto a dar un paseo el abogado ve a Genoveva y Dori hablando…

Las hermanas Rubio discuten mientras esperan la llegada de Liberto. Claudia le cuenta a Azucena que Guillermo es un chico encantador y ésta acepta a que le presenten a un nuevo pretendiente: Ángel Saldaña. Rosina y Liberto disimulan ante Hortensia su agradecimiento a Pascual.

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