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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1436 - Ver ahora
Transcripción completa

Está en una cita con otro hombre. -Ni lo pienses, peor para ella.

¿No me has hablado de otra chica de la academia que se llama Claudia?

Sí. -Llámala ahora mismo.

Valeria no volverá a confiar en ti. Y no la culpo.

¿Y en ti sí?

Yo sé cómo ganarme a esa mosquita muerta.

He estado pensando en la cita de ayer con Rafael Morales Tierraseca.

¿Te gustó?

No quiero que me vuelvan a organizar una encerrona como esa.

¿Has montado alguna vez en barca? -No.

Pues será lo primero que hagamos. Vamos, en marcha.

-¡Bien!

-"¿Me vas a echar la culpa a mí?".

Mañana llamo a los obreros.

¿Os volvéis a instalar en esta casa?

Es usted una persona que ha sufrido y debe volver a la normalidad.

Y para eso, no bastan las medicinas que le da el doctor.

Pero tiene que confiar en mí. Usted manda y yo obedezco.

Ya no puedo imaginarme una vida sin ti.

A mí me pasa lo mismo.

¿Qué hemos hecho?

(SOLLOZA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Valeria.

¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

Perona, no puedo evitarlo.

¿Te arrepientes de lo que hemos hecho?

No, no.

En el fondo de mi alma deseaba que ocurriera.

No podemos negar nuestros sentimientos.

Te amo.

Yo a ti también, con todo mi corazón.

David...

Por mucho que no me arrepienta de esta infidelidad,

no puedo negar que todavía amo a Rodrigo.

Tranquila, Valeria.

Tal vez...

Tal vez confundas tus sentimientos, y lo que...

llamas amor, sea lealtad...

o afecto por el tiempo que habéis pasado juntos.

No lo es.

No sé lo que me pasa.

No sé si he perdido el oremus...

Quizá se pueda amar a dos hombres a la vez.

A fin de cuentas,

él sigue siendo tu esposo,

no puedes pasar página sin más.

Su recuerdo es cada vez más borroso,

como si fuera un espectro.

Es mucho el tiempo que lleváis separados.

Y sin apenas saber dónde está ni cómo se encuentra.

Estas últimas semanas han sido terribles para ti.

De no ser por tu compañía,

creo que hubiera hecho una barbaridad.

No saber si está vivo o muerto,

si Aurelio le está protegiendo o le ha secuestrado...

Yo tampoco lo sé, Valeria.

pero te juro que haré todo...

lo que pueda para averiguar si tu esposo se encuentra bien.

¿No será peligroso para ti?

Tu tranquilidad vale más que cualquier riesgo que pueda correr,

no tengo miedo.

Debería estar avergonzada por lo que hemos hecho,

pero me siento feliz...

y aliviada.

No sabes cuántas veces me he imaginado este momento.

Yo también fantaseaba con entregarme a ti.

(RIENDO) ¿Qué me está pasando?

Que estás enamorada.

Apriétame el delantal, no quiero que quede ninguna arruga.

Como te lo apriete más, vas a perder el aliento.

Da igual, quiero ir impecable.

En casa de mis señores, cualquier fallo supone una reprimenda

de las de órdago a la grande.

Ponte esto mejor, que no sé qué pareces.

Así. Muy guapa.

-¿Una achicoria, primo?

Sí, sí, bien cargado.

He pasado la noche dando vueltas en la cama,

como si estuviera llena de chinches.

Y seguro que la tienes llena de chinches,

a saber cuándo fue la última vez que vareaste bien ese colchón.

Mejor me vendría un café para despejarme del todo.

Claro, y a mí un bocadillo de jamón serrano, no te jeringa.

El café es para los señoritos.

Mis señores lo mandan traer de Cuba.

¿No hay otro sitio más cerca? Seguro que se les va el sabor.

¡Qué va! Tienen unos recipientes para que no pierda el aroma.

Don Aurelio es muy mirado para eso,

tengo que moler el café para que este a su gusto.

-Ya me imagino a doña Genoveva presumiendo de eso.

A nosotros, en nuestra casa,

nos gusta desayunar el café

que recogen grano a grano dos mulatos así de grandes

y así de fornidos.

Lo recogen del suelo. -(RÍEN)

Lo has clavado. -¿Qué alboroto es este?

¿No sabe que tiene que guardar respeto a los señores de esta casa?

Pues claro. Yo solo trataba de animar a mis compañeros.

Si quiere perder el tiempo con simplezas,

busque entre sus iguales a la víctima de sus burlas.

No regañe a Casilda, era algo inocente, sin malicia.

Eso lo dirá usted.

Cualquier falta de consideración a un señor debe ser reprendida.

Y ustedes, dense más prisa,

a estas horas deberían estar en sus puestos de trabajo.

(CASILDA IMITA A MARCELO) "Dense prisa,

ya deberían estar en sus puestos de trabajo".

(RÍEN)

Será calambre el tío.

Madre mía, es que tiene mal humor, tiene mal humor.

-Pues sí.

Menos mal que me ha pillado a mí, si llega a ser Luzdivina, la fusila.

No quiero ni pensarlo, menudo sofoco.

Lo que no sabía es que este ha dormido aquí,

esto parece la pensión del peine.

Quien no pasó la noche aquí fue Dori.

¿Y dónde ha pasao la noche?

En casa de don Felipe.

Se quedó allí por si al señor le daba otro ataque de madrugada.

Eso me suena a excusa, y de las baratas.

Uh...

Don Felipe y su enfermera durmiendo bajo el mismo techo,

menudo peligro.

Más que ponerse delante de un miura.

A saber lo que puede pasar por las noches en esa casa.

Pero, a ver, ¿qué insinuáis,

que entre ellos dos hay más que palabras?

-Hombre, Maruxiña,

no hay más que verlos,

bueno, verlos y darle un poco al magín.

-Ya vale, ¿no? Dejemos de hablar de los demás.

Marcelo va a tener razón.

A saber lo que decís de mí cuando me marche.

¿Qué bicho le ha picado a esta? ¿Quién ha hablado mal de nadie?

¿Qué?

Nada.

Ay, espere. Yo también quiero una con el ministro.

Don Ramón, parece que les ha enganchado bien el cura.

Yo no sé lo que les estará contando,

pero ya lleva un buen rato.

Es que mi marido me está esperando.

-Tres, dos y uno.

(Explosión)

No, no, aquello ya pasó.

Don Ramón, buenos días.

¿Qué, cómo anda usté?

Hoy ha salido muy temprano de casa.

Sí, no podía estar allí mucho más tiempo.

¿Esa va a ser su nueva costumbre,

salir de casa antes de que cante el gallo?

No, solo de momento.

No puedo cruzarme con mi nieto,

me recuerda a cada momento

aquel infausto día, no dejo de revivirlo.

Don Ramón, ese niño es otra víctima más.

Ninguna culpa tiene el angelito.

Ninguna.

Pero no puedo evitar... verme a mí mismo

aquí sentado...

con el carrito de mi pequeño al lado.

Yo quise avisar a Antoñito y a Carmen, porque...

intuí el peligro,

pero... no podía, no podía dejar a mi nieto solo.

Escúcheme.

No se torture, ¿me oye?

Lo que ocurrió, nadie podía haberlo evitado.

Ya no hay marcha atrás, bien lo sé,

pero no puedo dejar de pensar que, aquel día,

yo podría haber hecho mucho más de lo que hice.

Por eso, no puedo ni ver a mi nieto.

Hágame el favor,

no se torture más,

trate de seguir adelante y de darle a Moncho

el cariño que necesita de su abuelo.

Ya me gustaría.

Pero cuando veo el rostro de Moncho,

no dejo de ver el de mi hijo, cuando era un crío.

Y no puedo dejar de pensar ni un segundo,

que lo he perdido para siempre.

Haga un poder y no pierda también a su nieto.

La casa se me cae encima, estoy irritable y temo reaccionar mal.

Por eso procuro ausentarme, por el bien de todos.

Sé que si se comporta de esta guisa,

es porque está convencido de obrar cabalmente,

pero no puede evitar a Moncho siempre,

eso sería una barbaridad pa los dos.

Necesito más tiempo para poder trata con él

y ser ese abuelo cariñoso y afable que todo nieto precisa.

¿Sabe que Moncho regresa al pueblo mañana?

No, no lo sabía. No sabía que se iba mañana.

No puedo permitir que se vaya así. Cálmese.

Servando y yo le ayudaremos a que se encuentre con el niño.

Tengo una idea de lo que podemos hacer.

Claro,

si a usted no le parece inoportuna nuestra intervención.

¿Todavía no está el desayuno?

Ya le he dicho a Casilda que lo prepare, estoy hambrienta.

Y yo.

¿Has pasado mala noche? Yo he dormido como un tronco.

La verdad es que no, tuve un sueño de lo más extraño.

He soñado con mi hija.

Hace tiempo que no la ves, la echas de menos.

¿Qué tiene eso de raro?

Que, en mi sueño, Leonor tenía cinco años y jugaba con el hijo de Lolita.

Sí que es gracioso, Leonor podría ser la madre de Moncho.

La mente es muy caprichosa cuando uno duerme.

Liberto, ver a mi hija pequeña otra vez, me ha emocionado,

es que ha pasado tanto tiempo...

y tan rápido.

Parece que fue ayer cuando corría por la calle tras de su aro.

Sí que ha pasado rápido, sí.

Lolita tiene que estar muy feliz de tener aquí a su hijo.

Sí. Pero va a pasar un suplicio cuando tenga que decirle adiós.

Ese es el drama que tenemos las madres, despedir a nuestros hijos.

¿Todavía no está el desayuno?

A esa criada tuya habría que azotarla.

Con aguantar lo que aguanta en esta casa, ya tiene bastante castigo.

¡Bastante castigo tengo yo de aguantaros! Siéntate.

¡Hortensia!

¿Has conseguido que Azucena te cuente algo

sobre lo de Valeria y David?

No ha soltado ni prenda. -Qué siesa que es la niña a veces.

Mi hija es un cielo,

será que Valeria no quiso ponerla al día.

¿Qué se supone que pasa?

Eso es lo que queremos saber.

Creemos que entre David y Valeria hay un bache

y queremos saber cómo de profundo es.

-Siempre tienes que meterte donde no te llaman,

lo que le ocurra a esos dos es solo asunto suyo.

(Teléfono)

¡Casilda, atiende el teléfono!

Deja a la criada que termine el desayuno,

o se nos va a juntar con la cena. Ya contesto yo.

¿Sí?

Sí. Yo soy Liberto. Soy su esposo.

Llaman desde Burgos. -¿De Burgos?

Sí.

¿Cómo?

¿Cómo que ha desaparecido?

Esto no quedará así,

pronto pondré a todo el mundo en su sitio.

No le será difícil vengarse de David,

es un pobre desgraciado,

apenas podrá defenderse cuando usted decida acabar con él.

No es él mi primer objetivo.

¿En quién está pensando?

En mi esposa.

No soporto su mera presencia,

el simple hecho de escuchar su voz, me trae a la memoria

lo que le hizo a Natalia.

Pensaba que actuaría antes contra David.

Todo a su tiempo, primero quiero eliminar a Genoveva.

En mi opinión, se está precipitando, esa revancha puede esperar.

No, Genoveva me tiene en jaque.

Está amenazando mis negocios y mi propia libertad,

es demasiado riesgo dejarla respirar.

¿Ha pensado ya como quiere hacerlo?

Con veneno.

Será usted

quien se encargue de administrarle algo

que vaya acabando poco a poco con su vida

y que no deje ningún rastro.

Todo es posible, pero...

Ya sé que no le agradan esas soluciones tan drásticas,

pero no tengo otra opción. Si no cae ella, caeré yo.

Comprendo, la situación es muy delicada para usted

y hay que solucionar este asunto cuanto antes.

Lo que me pide puede ser una alternativa.

¿Qué me dice?

¿Va a hacerlo?

-"No puedes ser".

Explícanos eso de que ha desaparecido el administrador.

Según me han contado, ha estafado a más familias

que como nosotros eran clientas suyas

y se ha fugado con todo el dinero.

¿Con el nuestro también?

Las deudas que creíamos liquidadas siguen pendientes,

y hay que saldarlas de nuevo. -¡Y un cuerno!

¡Que le reclamen el dinero a ese malnacido del administrador!

Muy bien dicho, hermana.

¡Nosotras no tenemos la culpa de que ese tipo haya salido rana!

Que le busquen a él.

¡Me temo que esto no funciona así!

Los acreedores pueden llevarnos a juicio

y perder toda la finca.

¿Y qué hacemos ahora? -No lo sé.

Se me ocurre utilizar parte de la hipoteca para pagar las deudas.

Lo malo es que la cantidad va menguando

y tenemos que hacer frente a las letras mensuales.

¿Con lo que nos dan por el local del centro no tenemos bastante?

No. Aunque ya hemos terminado las obras,

las rentas no son suficientes para afrontar gastos.

No puede ser, no podemos perder la finca de nuestros ancestros.

¡Ya os advertí cientos de veces

que no podíais derrochar tanto el dinero, pues ni caso!

Te juro que nos apretaremos el cinturón más que nunca.

Se acabó el vino, comeremos con agua, y compraremos solo lo justo.

¡O no comeremos nada!

Yo, en el peor de los casos, comeré porque me tengo que mantener,

pero solo comeré yo. ¿Estáis de acuerdo?

Me voy al banco. -Muy bien.

¿Cómo te fue ayer en la zarzuela con Claudia?

Bien, Claudia es muy alegre y simpática.

Ya. No lo dices muy convencido.

Puede que sea porque no me gusta tanto como Azucena.

Siempre te ha de gustar lo más complicado.

De pequeño ya te subías a lo más alto de los árboles

a coger las naranjas más altas, fuera de tu alcance.

Siempre has sido un luchador.

Si se lucha por las cosas, se consiguen.

Cierto.

Pero, también es verdad, que eres muy joven para sufrir tanto.

¿Por qué no le das una oportunidad a Claudia y te olvidas de Azucena?

Es cierto que Azucena se resiste a mis pretensiones,

como aquellas naranjas tan altas que nunca llegue a coger.

Pues eso, déjala estar.

Puede que sea lo más sensato, ni siquiera se ha dignado a verme

después del plantón que me dio. -Ya.

Mira, yo solo te digo una cosa,

a veces, las naranjas que están más abajo del árbol,

son las más dulces.

Siempre que cuides bien el árbol.

¿Quiere el señor que le prepare un piscolabis?

No, déjame que disfrute del silencio.

Cuando vuelva Alodia, se termina la paz ipso facto.

Tiemblo cada vez que pienso en las tareas que me va a mandar,

como si no tuviera yo otra cosa que hacer.

Desde luego.

Lamento que Bellita se haya empeñao en que se vuelvan a instalar aquí

en vez de irse a un hotel.

Esto va a volver a ser peor que las calderas del averno.

Jose, que te he escuchado. No seas exagerado,

ya han estado viviendo con nosotros y no ha pasado nada.

¿Le has dao llave?

Prepárate, que ahí llegan. -Estoy preparadísimo.

¿Los recibo a porta gayola?

Buenos días, familia. -Buenas.

Buenos días.

Maruja, coloca estas cosas. -¿Esto es todo lo que trae?

No seas mendruga, esto es lo del doctor,

lo mío lo traen unos mozos en varios baúles.

Estoy muy contenta de volver al principal,

sé que les hace ilusión que estemos por aquí.

Claro. ¿Van para largo esas obras?

Mejor no pregunte. -Serán unas pocas semanas.

Los obreros van a cambiar los tabiques de sitio.

Lo que viene siendo empezar la obra de nuevo.

No te apures, sobrino, aquí podéis estar todo el tiempo que haga falta,

que pa eso somos familia.

¿Tú qué haces ahí parada?

¡Venga, coloca nuestras cosas!

Y trae algo de comer, que estoy desmayá con la mudanza.

¿Así recibe a sus señores una criada como Dios manda?

De verdad, Maruja... -Maruxiña.

¿"Maruxiña"? Tú sí que eres Maruxiña.

¿Y esto?

Esto es una rosa para otra rosa.

Pa que digas que tengo menos detalles que la rueda de un carro.

Yo no tengo queja ninguna, Servando,

es de suponer que los hay aún peores.

Tendrás tú queja,

te ha tocado el premio gordo en la lotería de esposos.

La pedrea o un tercer premio, como mucho.

Que es una broma, pichoncito mío.

Yo estoy muy contenta de todas formas.

Vas a encontrar tú por ahí a un marido más cariñoso,

más detallista y más fiel que yo.

Eso no te lo discuto, Servando,

que hay algunos que eso de la fidelidad

no la guardaron ni el día de su boda.

Y no te tienes que ir muy lejos, ahí tienes al sobrino de Bellita.

Ya los he visto de vuelta a casa de los Domínguez

a él y a su esposa.

Sí. Pobre Maruxiña,

otra vez le viene el demonio de la atravesada de Alodia.

Y pobre de don Jose,

que tiene que aguantar las impertinencias de su sobrina.

Y pobre de doña Bellita, que esa tiene que aguantar a todos.

Menudo horror de casa.

Más les valdría salir corriendo y no decir a nadie a dónde van.

Muchas gracias. -Con Dios.

Pues don Ignacio y Alodia

no son los únicos que se han mudado,

que Dori no ha dormido en el altillo.

¿Y dónde duerme ahora?

En casa de don Felipe, dice que para cuidarle mejor por las noches.

No veo qué necesidad tiene de hacer eso,

él ha dormido bien hasta en sus peores momentos.

Pero como el otro día se puso pachucho,

dice que así le tiene más controlado.

Ya, y nosotros nos chupamos el dedo.

Que le de más pastillas, y to solucionao.

No me parece decente que una mujer de buen ver

se meta a vivir con un hombre por muy enfermo que esté.

Yo no veo mal que Dori esté con don Felipe.

Es una chica educada. Y si don Felipe anda tras de ella,

eso quiere decir que se va recuperando

y que igual vuelve a ser el mismo y se le olvidan las penas.

Bueno, visto así, no es tan mala la situación,

aunque sea poco decorosa esa convivencia.

Con Dori en casa, don Felipe va a levantar cabeza a escape.

No hay nada mejor que el amor para quitar las penas,

gitana mía.

(Puerta)

Por fin sales de tu despacho.

¿Se puede saber en qué andas? Llevas toda la mañana encerrado.

Tengo asuntos que resolver.

Supongo que sobre David.

Es posible.

Comprendo que quieras vengarte,

pero es mejor que te contengas.

No veo por qué tengo que esperar para vengarme.

Porque es mejor que me dejes esa tarea a mí.

Yo manejaré a David

y lo eliminaré cuando no nos sea de utilidad.

Haz lo que creas oportuno, no estaré por aquí,

debo marcharme de casa un par de días.

Quedamos en que no saldrías hasta que sanaran tus heridas.

¿Por qué tienes que salir con tanta urgencia?

Tengo negocios pendientes.

¿De qué tipo?

No voy a contarte nada más, me marcho, y punto redondo.

No.

No te vas a marchar así, tienes que decirme cuáles son tus planes.

No pienso hacerlo. Aurelio, ¿qué pasa?

La venganza que estás tramando no es contra David, es contra mí.

Como hagas algo en mi contra, vas a salir escaldado,

ya sabes las bazas que puedo jugar contra ti.

Lo sé perfectamente, querida.

Voy a ver si Marcelo tiene listo mi equipaje.

¿Qué le ocurre, señora?

Señora, dígame algo.

Señora, señora.

Señora. ¿Qué ha ocurrido?

La señora ha perdido el sentido. Me ha dado un susto terrible.

Estoy bien, ha sido solo un vahído.

¿Quiere que avise al señor? ¿Llamamos a un médico?

No, estoy bien.

No digas nada a nadie.

Ayúdame a levantarme. Claro.

Bueno, si Moncho quiere otro bizcocho de limón,

se lo haré en un santiamén. -Le está mimando demasiado.

Qué va.

De todas formas, tenía que preparar algo para la merienda.

Esta tarde he quedado con tu suegro,

Servando y yo vamos a ir a merendar a tu casa, algo tendré que llevar.

¿Han quedado a merendar con don Ramón?

Así es. Con don Ramón,

contigo y con Moncho.

Si te parece bien.

Me parece raro, Fabiana.

Esta mañana me encontré con tu suegro

y le vi mu mustio,

por eso he pensao que podíamos hacer una merienda en tu casa

pa despedir a Moncho en familia, como Dios manda.

Vamos, que quiere ponerle fácil a Ramón el pasar un rato con su nieto.

Como si no fuera bastante que sea el hijo de Antoñito.

Compréndele,

para él no es fácil estar con Moncho,

por eso, hemos pensao que estando todos, la cosa iría rodá.

¿No es fácil estar con un niño que es un amor y encima su nieto?

Eso no hay cristiano que lo entienda.

Haz un poder, Lolita, y trata de ayudarle.

Estoy hasta el moño de ser yo la que siempre ayuda a todo el mundo.

Baja la voz, que tienes al niño en la trastienda dormido y te va a oír.

Tome, su cambio.

Ea. -Muchas gracias, hija.

Anda...,

nos vemos esta tarde.

Estaba cerrando.

Perfecto, porque venía para invitarla a comer.

Ya. No tengo ni tiempo ni ganas,

voy a aprovechar que Moncho se ha dormido para hacer inventario.

Comprendo, pero... comer tendrá que comer.

Sí, pero aquí mismo,

me abro una lata, chorizo de Cabrahígo y pan.

Ya. Me parece un plan estupendo,

tanto, que me apunto, si me invita, claro.

El director del banco ha estado más agrio que un limón.

Con lo simpático que ha sido siempre.

Porque íbamos a llevarle dinero,

ahora que se lo pido, todo cambia. -Chist.

Vamos, que no suelta ni un duro. -Y eso no es lo peor,

he hablado con nuestros acreedores de Burgos

y no nos dan más días para saldar la deuda.

Qué agonías. ¿No se pueden esperar un poco más?

Ni un minuto. O pagamos o se quedan con la finca.

Para, que me falta hasta el aire. ¿Qué podemos hacer ahora?

Lo primero, mantener la calma,

lo segundo, gastar menos que una monja en pendientes,

y lo tercero, que lo entienda tu hermana.

(GRITA) ¿Vamos a vivir en la miseria?

Baja la voz, no le des tres cuartos al pregonero.

¿Vamos a vivir en la miseria?

¿No te he dicho que lo primero es mantener la calma?

Sí.

Pero yo no dije en serio lo que de comer con agua, Liberto.

Se sabe que con un poco de vino, la comida entra mejor.

Para ti nunca es un poquito de vino.

Por favor, lo estoy pasando mal, no puedo seguir así.

Mira mi ropa, ajada, pasada de moda...

Con mis amigas hago el ridículo. Bueno, si ya no voy a merendar.

¿Vamos a tener que quedarnos en casa sin salir

para que no se vean nuestras ropas, a base de pan y agua?

Rosina, ¿quieres escucharme?

Ni lo uno ni lo otro, pero tengo que pensarlo.

Pero hazlo con tiento.

Yo soy muy sacrificada, puedo gastar lo justo,

pero tengo mis necesidades:

ropa decente, comida... -¿Sabes lo que tenemos que hacer?

Vender, o bien la finca, o el piso donde vivimos.

Son nuestros únicos activos.

Eso nunca, el que vende pierde. Mejor que pienses en otra cosa.

Iré a preguntar a otro banco,

a ver si son más generosos con los créditos.

Ya puedes estar yendo al banco, no tardes.

¿Quiere un café, Liberto? Le convido.

Se lo agradezco, Pascual, pero tengo prisa.

Gracias.

Ea, pues ya está la mesa puesta.

Esto sí que es un almuerzo de lujo.

El chorizo es de Cabrahígo, el queso es de un pueblo de la Mancha

que me lo traen a esta tienda

y, las anchoas, de Santoña, que es dónde mejor las preparan.

Me da que elige con mucho mimo lo que vende.

Si se quiere que un negocio funcione, hay que traer lo mejor.

Veo que le va muy bien.

A base de mucho trabajo y mucho esfuerzo.

No solo he conseguido que mi mantequería tenga fama,

también vendo a otras tiendas de la ciudad.

Es usted una mujer de bandera.

Muy pocas pueden decir que se han hecho a sí mismas.

Me ayudó casarme con Antoñito,

la tienda la pusimos con su dinero.

sí, pero fue usted la que la puso en marcha, eso tiene mucho mérito.

Será que no me sé estar quieta.

Recuerdo que mi mujer me hablaba de esta tienda,

y de lo mucho que le gustaba darse un paseo hasta aquí

y comprar su tónico.

Su tónico y más cosas, que siempre se iba con el capazo lleno.

¿Quién me iba a decir que acabaría en esta tienda con usted

recordando a mi mujer?

¿Quién me iba a decir que en uno de esos paseos,

mi mujer y mi hijo...?

Es lo que nos queda de ellos, el recuerdo.

Brindemos por los que ya no están.

Por Antonio Palacios, por María José, por Alejandro,

por Carmen,

y por todos los que perdimos aquel aciago día.

¿Qué tiene pensado hacer cuando termine el inventario?

Lo de todos los días, atender la mantequería.

Entonces, no le puedo proponer dar un paseo con Moncho y con usted.

A Moncho le gusta mucho pasear, no le voy a negar ese capricho.

¿A qué hora nos recoge?

A las buenas, Servando. Buenas, Jacinto.

Estaba pensando...

que deberíamos dar cuenta hoy, a no más tardar,

el dinero de don Ignacio.

Bueno, ya lo gastaremos cuando se nos ocurra algo

que merezca la pena.

Pero ten en cuenta que hay muerte repentinas

y, que hay mucha gente que no le da tiempo a gastarlo.

Yo tengo que merendar en casa de los Palacios,

pero después nos podríamos ir a dar un garbeo.

Bueno..., que para pasear no hace falta dinero.

Vamos a ver, cuando digo darnos un garbeo,

entiéndase, recorrer todas las tabernas que podamos.

Ah, ya, ya, ya.

¿Y Fabiana le va a dar permiso para semejante tropelía?

A Fabiana la tengo comiendo de la palma de mi mano.

Le he regalado una rosa para demostrarle mi amor,

y de paso, para que me deje salir de picos pardos.

Ya.

¿Y si lo dejamos pa otra día?

Mañana tengo mucha tarea y quiero estar descansado.

¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué me pones tantos peros?

¿A mí? No, nada, nada.

Seamos sinceros, usté y yo no tenemos edad

para recorrer tabernas y tugurios con el dinero que me han dado.

Oye, oye, habla por ti, yo estoy hecho un chaval.

Además, parte de ese dinero me corresponde.

Por que tienes ese dinero, ¿no es cierto?

Eh...

No, ya no me queda ni una perra chica.

¿Te lo has gastado todo? ¿Te has ido de chusma solo?

No, ¿por quién me toma? No, no, no.

Lo he dado todo al cepillo de la iglesia.

¿Cómo se te ha ocurrido ese disparate?

No me sentía bien, ese dinero viene de una mala acción,

de tapar una infidelidad, de ser cómplice del mayor de los pecados.

Eso era dinero sucio.

No, no, si yo respeto tus rectos principios,

pero si no querías ese dinero, habérmelo dado a mí,

yo no le hago asco a un billete por mucha mugre que tenga.

Pues al cura le ha parecido muy bien que diera todo el dinero.

No le va a parecer perfecto, administra él el cepillo.

Lo hecho, hecho está. Ya tengo mi conciencia tranquila.

El que tenía que tener remordimientos es don Ignacio,

no tú, burro.

Me ha parecido que hablaban de mi esposo.

¿Tienen algo que decir de él? -Eh...

No, que nos alegramos mucho que hayan vuelto al barrio.

Es una suerte tener a un médico a mano.

Si se creen que les va a atender de balde,

van listos, Ignacio solo tiene pacientes con pedigrí.

Ni que fueran sabuesos.

-Y usted deje de murmurar y limpie el portal,

que parece una cuadra.

Si por mí fuera, le mandaba de vuelta con sus ovejas.

Mejor que este todo limpio cuando regrese.

"Todo perfecto".

¿Qué hace, Luzdivina?

Preparando una tisana, la señora no se encuentra bien.

¿Qué le ocurre?

Ha tenido un desfallecimiento en el salón

y luego ha vomitado cuando se iba a acostar.

Ya me encargo yo de preparar la infusión.

Vaya al salón a por una de las tazas de porcelana.

Ya sabe que a la señora le gusta que le sirvamos las infusiones

en una de ellas. -Disculpe, ahora mismo se la traigo.

El agua está a punto de hervir.

¿Ya tiene la taza?

Aquí la tengo, como usted me ha pedido.

Espero que mis guisos no sean la causa de la indisposición

de la señora.

No creo que tenga nada que ver,

estará indispuesta por otra causa.

Si empeora, iremos a buscar un médico.

Voy a rezar para que no sea nada.

Me parece muy adecuado, rece por ella, rece.

¡La situación es desesperada!

Así que tendrás que comprar a cuenta siempre que puedas.

No sé yo si me van a fiar,

los del mercado están escamados con nosotros.

Ve a comprar a otro sitio donde no nos conozcan.

O compra patatas y arroz, lo que sea más barato.

Vamos a terminar comiendo solo berzas, como los animales.

Eh... ¿Qué ha ocurrido ahora?

Hija, no te vamos a andar con paños calientes,

el administrador se ha fugado con el dinero

y no ha pagado las deudas.

Seguimos debiendo mucho dinero y no sabemos cómo liquidarlo.

Vamos a perder la finca, igual que perdimos a la abuela.

Bueno, no se apuren, ya buscaremos una solución.

Yo me puedo poner a trabajar. -¡De ninguna manera!

Tú eres una señorita y seguirás con la danza,

aunque para ello nos muramos de hambre.

-Si quiere colaborar, no se lo niegues.

Mi hija no va a trabajar como una cualquiera,

tiene que seguir con sus clases y buscar un marido pudiente.

Azucena, ¿nos dejas un momento, por favor?

Ese banco tampoco nos concede el crédito.

Dios mío.

Ahora sí que estamos perdidos.

Lo mejor que podemos hacer es vender este piso al tal Mañas

por lo que quiera darnos por él.

A esta hora, debería estar merendando con mi nieto,

pero por más gente que me acompañe,

sigo sin tener fuerzas de hacerlo.

Don Ramón,

no soy el más indicado para dar consejos,

pero debe superar sus limitaciones y entregarse al cariño de ese niño.

Mañana no lo tendrá en casa.

Es cierto que el tiempo se agota, pero sigo estando bloqueado.

Tiene la oportunidad de enfrentarse a sus demonios,

no lo deje pasar, hágalo por usted...

y por su nieto.

Sé que mi rechazo hacia Moncho es absurdo,

pero el hecho de pensar en encontrarme con él

me produce una angustia insufrible.

Temo que si estoy a su lado, tenga una mala reacción

que termine por estropearlo todo. Arriésguese,

cualquier cosa es mejor que dejar que se marche sin intentarlo.

Tiene razón.

Iré y trataré de comportarme

como el abuelo cariñoso que siempre he sido

aunque no sé si seré capaz de abrazarle.

Estoy seguro de que lo conseguirá, le deseo la mejor de las suertes.

Gracias, Felipe.

(Puerta cerrándose)

Ya se ha ido don Ramón, ¿verdad?

Sí, tenía cosas que hacer.

Tenemos un trabajo pendiente.

¿Preparado?

¡Abuelo!

¿Abuelo?

El abuelo ha tenido que salir.

Iba a merendar con nosotros. -Ya. Pero será otro día.

Hoy lo hemos pasado muy bien de paseo con Fidel.

A la próxima, viene el abuelo contigo.

No te pongas triste, cariño.

¿Sabes qué?

El día menos pensado, me presento de sorpresa en Cabrahígo.

¿Eso te haría feliz? -¿Se quedará para siempre?

Eso me gustaría, cariño.

Pero... ahora no puedo.

Le prometí a tu padre que cuidaría de tu abuelo,

y tengo que quedarme aquí para cumplirlo.

(Timbre)

¿Se puede? Claro, están en su casa.

Muy buenas.

He traído un bizcocho de limón más grande que una piedra de molino.

Lo voy a cortar con mi espada. -Muy bien.

Ven conmigo, que te doy un buen trozo.

¿Y don Ramón, no ha venido?

Ya.

Entre. Sí.

-"¿Qué sintió cuando se disipó el humo de la explosión?".

Al principio...,

una gran confusión,

después, mucho miedo,

y cuando comprendí lo que estaba pasando,

una rabia incontrolable.

¿Se dio cuenta de que entre los fallecidos

había conocidos suyos?

Sí.

La explosión fue en nuestra propia calle.

¿Fue entonces cuando...

empezó a surgir la rabia dentro de usted?

(EXHALA) Lo siento.

Lo siento, no puedo seguir, son...

demasiadas preguntas. Don Felipe, escúcheme.

Tiene que enfrentarse a ese momento.

Ignorar o reprimir ese trago no hará que desaparezca el dolor.

Recordar no me ayuda,

solo... hace que me sienta peor.

Puede que así sea en un primer momento,

pero tiene que aceptar que ese día pasó

y que la vida continua.

Si no lo consigue, no podrá seguir adelante.

No puedo.

Son muchos los que murieron en esa explosión.

Pero usted no fue uno de ellos,

pudo haber muerto, pero sigue vivo.

Y por eso tiene que recuperarse,

se lo debe a los que tuvieron menos suerte que usted.

Sí.

Sigo vivo.

¿Quiere apuntarlo en su cuaderno?

Sí.

(Puerta)

¿Dónde estabas?

¿Has averiguado algo de Rodrigo?

No, Valeria, no sé nada.

Valeria...,

no puedo ocultártelo por más tiempo.

El señor Quesada

te tiene retenida porque eres un señuelo

para forzar el regreso de Rodrigo y así poder capturarlo.

¿Qué?

Pero... ¿y la carta?

¿Cómo la consiguió? -La carta es una falsificación

por encargo del señor Quesada.

¿Cómo?

Entonces ¿Rodrigo está huyendo de Aurelio?

Lo que no entiendo es porque tu esposo no te llevo con él.

¿Tú sabías esto y te lo has callado?

Eres el cómplice de Aurelio.

¿Me has engañado para servir a tu amo?

¿Eres consciente del daño que me has hecho, lo sabes?

¿Conoce a algún empresario interesado en comprar naranjas?

Puede ser, puede ser, sí.

Cuando se disponga, me lo presenta y hablamos.

Yo también puedo perder este piso, Hortensia.

Reconoce que sería culpa de tu marido.

No ha estado a la altura.

Otra vez Claudia. -Eso digo yo.

No tengo nada con Claudia.

Pero sea como sea y creas lo que creas,

yo no te dejé plantada.

¿Ha dado con alguna solución rápida?

La única solución que se me ocurre es utilizar parte de la hipoteca

para saldar esas deudas,

pero eso nos obligaría a vivir para pagar las cuotas.

A no vivir, más bien.

¿Por qué le diste una propina tan abultá a Jacinto cuando te fuiste?

¿Eso qué era?

¿Una recompensa por un favor secreto?

Es la primera vez que no le veo saltar en defensa de los Quesada.

Quizá es que nunca habíamos hablado con tanta franqueza.

Obedecerle ahora a usted es lo más beneficioso para todos.

No, estoy bien,

es solo que me gustaría que fuéramos más precavidas ahora.

Estoy bien, no tiene de qué preocuparse.

Sí. Él confía en mí y hará lo que le diga, no se preocupe.

¿Con quién habla?

-"¡Márchate!".

Eres un miserable.

Y un mercenario.

Te quiero fuera de mi vida.

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Acacias 38 - Capítulo 1436

25 feb 2021

Valeria despierta junto a David, avergonzada. Aurelio solicita a Marcelo que envenene a su esposa. El matrimonio Quesada se enfrentan entre sí y él anuncia su marcha por negocios. Genoveva se siente indispuesta y Marcelo le prepara una infusión misteriosa. David confiesa a Valeria el auténtico plan de Aurelio.

En el altillo se comenta que Dori se muda con su señor y especulan sobre ambos. Lolita, enfadada aun con su suegro, improvisa una comida con Fidel en la mantequería. La conexión entre los dos es inevitable. Moncho le pide a Servando y Fabiana que sean sus abuelos, encogiendo así el corazón de Lolita.

El administrador de la finca de las Rubio se ha fugado con el dinero. Azucena ofrece ponerse a trabajar para ayudar a la familia y Liberto propone vender su casa en Acacias. Pascual nota los nervios de Liberto. Tras la llegada de Alodia e Ignacio se acaba la paz en casa de los Domínguez sobre todo para Maruxiña.

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