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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1415 - Ver ahora
Transcripción completa

Reconoce que me estás ocultando algo.

Sabes que los secretos solo me gustan

cuando soy yo quien los guarda.

Cuando terminen las obras, volveremos a tener beneficios.

Y para entonces habremos perdido nuestro colchón de seguridad.

¿Y no sería mejor contarle la verdad sobre mi identidad?

Eso implicaría contarle lo de los laboratorios de Barcelona.

¿Y qué tiene eso de malo?

Cuanto menos gente sepa quién es Rodrigo Lluch, mucho mejor.

Me preocuparía más por su descubrimiento químico que por él.

Su hijo merece un homenaje así, le guste o no.

Pero no me puedes obligar a asistir, así que no insistas.

Cómo me gustaría que Pascual estuviera aquí,

para que viese que la inversión hecha no ha sido en balde.

Lo que tendría que hacer Pascual...

es llamar o mandar una carta de vez en cuando.

No me gusta que hables así de tu padre.

Ya sabes que ha sufrido mucho.

¿Y por eso él nos hace sufrir a nosotros ahora?

Es una carta urgente del Partido Conservador.

¿Le he dicho ya que me parece un hombre muy interesante?

Disculpe, doña Genoveva.

No debería haber hecho eso.

No me parecen correctos estos acercamientos.

Somos vecinos y, además, trabajo para su esposo.

Es mejor que mantengamos la distancia.

¿Me habla de corrección alguien a sueldo de don Aurelio Quesada?

Lo más importante no es que trabaje para su esposo,

sino que soy un hombre casado,

y soy fiel a mi esposa. Valeria no se merece esto.

Son pocos los hombres fieles

cuando se les presenta la oportunidad de no serlo.

Pocos o muchos, yo soy uno de ellos.

Me siento honrado por sus deseos, pero me debo a ella.

Celebro que sea usted uno de esos pocos hombres íntegros.

Ha superado la prueba.

¿Prueba?

A mí me gustan los hombres leales, enamorados de sus esposas,

fieles y respetuosos.

Lo contrario a mi esposo, por decirlo claro.

Pensaba que usted lo era

y he querido comprobarlo.

Me alegro por Valeria, a la que tengo gran aprecio.

Ya.

Aun así, me gustaría que no le comentara nada a Valeria,

podría preocuparse.

No se preocupe, no lo sabrá.

Don Aurelio tampoco.

Contaba con ello.

Aun así, y ahora que soy plenamente consciente

de su fidelidad hacia a su esposa...

Y hacia su esposo, don Aurelio.

También hacia mi esposo.

Creo que...

usted y yo podríamos llevarnos bien,...

muy bien.

(Sintonía de "Acacias 38")

Perdón.

Me he dejado un libro de solfeo. En realidad, yo ya me iba.

He venido a traerle a David un pañuelo que se dejó ayer en casa.

Muchas gracias, doña Genoveva.

Es curioso, nunca había visto ese pañuelo.

Es nuevo, lo compré ayer. -Claro.

Eso lo explica todo.

Ya tiene el pañuelo, yo me marcho.

Por cierto,

hacen ustedes una pareja maravillosa.

Me encantaría repetir un encuentro como el de ayer.

Por supuesto.

Para nosotros también fue una velada muy grata.

Claro, doña Genoveva.

Mándele nuestros saludos a don Aurelio.

Lo haré. Con Dios.

Con Dios.

¿Estaba sucediendo lo que parecía?

No, no, esa mujer solo quiere ponerme a prueba.

Por lo que he visto, estabas a punto de no superarla con nota.

Don Aurelio debería tener cuidado con esa mujer.

Su esposa puede ser un obstáculo para nuestros propósitos.

No estoy segura de quién debería tener más cuidado,

si don Aurelio o tú.

Buenas noches. -Buenas noches.

¿Poniendo la mesa? Que no te vea tu madre.

No me delate ante ella,

si se entera de que una hija suya ha hecho una labor de la casa,

se muere del disgusto.

¿Ah, sí?

Entonces, creo que debo delatarte sin más demora.

Es difícil convivir con ella, ¿no?

¿Qué te voy a decir que tú no sepas?

Es mi madre y la quiero.

Pero hay veces que no la soporto ni un minuto.

Vamos a dejar de hablar del tema porque es la hermana de mi esposa

y no me queda más remedio que aguantar,

pero podría poner más de su parte y dejar de llamarme muchacho.

Un día voy a explotar.

Don Liberto, soy adulta y no me voy a asustar,

quiero saber qué problemas hay en casa.

No se crea que no me entero,

porque la tía Rosina y mi madre intentan ocultármelo.

Tenemos problemas económicos. -Eso lo sé.

Pero creo que hay algo más que unos simples recortes.

Ya.

Vamos a sentarnos.

Verás, Azucena, yo pensaba que podríamos salir adelante

sin pasar demasiadas estrecheces,

pero los inquilinos que tenemos en el local

nos pidieron hacer una reforma.

Por un lado, es costosa,

y no nos viene bien, claro,

pero la obra es necesaria, no quiero perder a estos inquilinos,

cuidan el local y son buenos pagadores.

Así que, hay que hacerla. -No queda más remedio.

Por eso estamos viendo de dónde sacamos el dinero.

Y en medio de este problema, aparecemos mi madre y yo.

Que sois la familia de mi esposa.

Nunca os daríamos la espalda.

Además, vosotras no tenéis la culpa de nada, y tú, la que menos.

Pero vamos a dejar el tema.

Y no le digas a tu madre y a tu tía que te lo he contado.

(ASIENTE)

Háblame de tu novio.

Don Liberto...

Azucena, puedes confiar en mí.

Mire, no sé si está superando la situación de estar distanciados.

Le escribí sugiriéndole que podía venir a pasar unos días.

Ni siquiera ha contestado.

Será el correo, que cada día va peor.

Ya.

Pero me da que no es correo, sino la falta de interés.

Escucha, Azucena,

ningún hombre en su sano juicio

dejaría pasar a una moza tan bonita como tú.

Te lo digo yo.

Servando, ¿qué lee con tanto interés?

La bolsa, que está en alza.

¿Qué?

La bolsa está en alza y va a seguir subiendo toda la semana.

Es la hora de los valientes.

Estoy viendo todos los movimientos que hay

del oro, de la plata, del petróleo,

del café en los mercados americanos.

Como si hablase en chino.

Claro, no lo puedes entender.

Esto no lo entiende cualquiera,

tienes que estar preparado y asumir riesgos.

Fíjate,

os voy a decir una cosa, en tres meses voy a ser rico.

Usted ya es rico, tiene una pensión.

Rico de verdad, millonario.

Puede que hasta funde mi propio banco, la Banca Servandina.

Por favor, bájese del burro, no sea que se caiga.

A las buenas. ¿De tertulia?

Aquí, el Servando, que está haciendo castillos en el aire.

Castillos. Otra cosa, un castillo en Naveros del Río,

con dos torres. ¿Antes o después que el banco?

Al mismo tiempo.

Saber invertir es hacerte de oro.

¿Y usted sabe de eso? Por supuesto.

Yo llevo preparándome toda la vida para esto.

Hay que tener iniciativa,

valor, agudeza...

Así que le faltan tres meses para dejarnos a todos turulatos.

Sí. Bueno, y me voy a comprar un automóvil de lujo,

con chófer incluido.

Ajá. Casi me da vergüenza decirle lo que vengo a decirle.

Que dice Fabiana que si puede ir a cambiar las toallas sucias

de las habitaciones.

Hay que ver, de verdad.

Uno intentando forjarse su fortuna,

y tengo que hacer de palanganero, leche.

Échame un vistazo al quiosco, Jacinto.

La Bolsa es mi camino.

La bolsa de la ropa sucia es su camino.

Vamos.

Qué elegante. ¿Algo especial hoy?

Tengo que ir a ver a Felipe, después tengo una consulta

y una reunión con el director.

¿Un ascenso?

No, de momento, creo que no.

¿Cuándo se van a dar cuenta de que eres el mejor médico del hospital?

Tiene que darte un cargo más importante.

Mi vida, que estamos bien de momento.

Yo preferiría ser la esposa de un jefe de departamento,

no de un simple médico. Tienes que ser más ambicioso.

Tus aspiraciones tendrán que esperar de momento, Alodia.

Tú no dejes que abusen de ti,

que si no estoy yo para pincharte, no haces nada.

No te preocupes, mi vida. Bueno, me voy, anda.

Antes de que te vayas tengo que pedirte una cosa.

Necesito cien pesetas, cariño.

¿Veinte duros?

¿Y puedo saber para qué quieres 20 duros?

Para darte una sorpresa.

No sé si llevo 20 duros encima.

Anda, Ignacio,

que es un capricho pa tu mujer. ¿No me lo vas a dar?

A ver...

Mira, justo, veinte duros. Me dejas desplumado, chiquilla.

¿Llevas veinte duros en el bolsillo?

¿No sabes que existen los bancos?

Un médico no puede ir con cuatro reales en el bolsillo,

que lo mismo tiene que invitar a alguien.

Tampoco conviene que vaya con 400, hay ladrones.

Bueno, tito,

me gusta darle un capricho a mi mujer de vez en cuando.

Y me voy, que llego tarde.

¿Te vas ya, sobrino? -Sí. Y no me esperen para comer.

¿Y para cenar?

Depende de cómo vaya la operación, pero en principio no. Ya avisaré.

Con Dios.

El médico más ocupado de toda España.

Ignacio tiene reunión con el director del hospital.

Yo creo que le van a ascender al puesto de jefe de departamento.

-Desde luego, trabaja más horas que nadie.

Seguro que encuentra momentos para entretenerse.

-(DON JOSÉ CARRASPEA)

¿Y tú qué vas a hacer con cien pesetas?

Es pa comprar un piano que me ha ofrecido Servando,

pero es una sorpresa, no se lo digan a Ignacio.

¿Para qué quieres un piano?

Para tocarlo.

Pues como no sea por encima...

¿Se fía de algo que le vaya a vender Servando?

Menudo tunante.

-No digas eso, Maruxiña,

desde que se casó con Fabiana está de lo más formal.

Pero la cabra tira al monte.

Dejen de quitarme la ilusión, ¿sí?

Apártate, Maruxiña.

(Piano)

Era así, ¿no?

(ASIENTE) Perfecto. Estoy muy sorprendida.

Tengo buena maestra.

Yo tardé mucho más en hacerlo bien.

¿A qué edad aprendió?

¿Aprender en serio? A los siete años.

Pero ya sabía tocar alguna cancioncilla.

A los tres o cuatro años.

¿Y dice que yo aprendo deprisa? Qué vergüenza.

Ya hemos terminado, ¿no? -Sí.

Le aseguro que no solo es buena alumna,

he disfrutado mucho de la clase. -Gracias.

¿Puedo pedirle algo? -Claro.

Me gustaría verla tocar, aunque sea un minuto.

Por supuesto, no me cuesta nada.

(Piano)

(Piano)

Me encanta.

Pero también me deprime: nunca seré capaz de tocar así.

No diga eso, todo es trabajo y esfuerzo.

He tenido una idea.

¿No le gustaría tocar en la academia de baile?

Allí, todo el mundo apreciaría su arte.

Es que no sé si me queda mucho tiempo en Acacias.

¿Se marcha usted y su esposo?

-No.

Es que nunca se sabe.

El mundo es muy grande y nada es para siempre.

Buenas, Azucena. ¿Cómo ha ido la clase?

Maravillosa. Su mujer es la mejor maestra que se puede tener.

Lo que cuenta es tener una alumna aplicada.

Bueno, me voy yendo. Hasta la próxima clase.

Espero poder oírla tocar algún un día.

Quite, quite, qué vergüenza.

Con su permiso. -Con Dios.

¿Qué tal, bien?

Bien.

Muy bien.

¿No sabes cuánto tiempo te queda en Acacias?

¿Has perdido el juicio?

Espero poder reunirme pronto con Rodrigo.

Eso no va a suceder si no te comportas de otra manera.

Por favor, Valeria, esto no es un juego.

Bueno días, Lolita. -Buenos días.

¿Viene de ver a don Felipe? -De allí vengo.

La herida va mejor, gracias a los cuidados del enfermero.

Me alegra oírlo.

Pero no todo son buenas noticias, la cojera le llevará un tiempo.

Y va a costar que cierre la herida.

Si se hubiera preocupado por ella desde el principio...

No creo que a don Felipe le importe que tarde más o menos.

Está cojo, no tiene a dónde ir, le dará igual.

Pero yo lo digo por Prudencio, el enfermero, a ver si aguanta.

Sin su ayuda, el asunto se puede eternizar.

Y está harto de Felipe.

Lo sé, ayer estuve en la casa y me di cuenta.

Le pedí a Felipe que se comportara.

¿Y nada? -Como el que oye llover.

No escucha a nadie.

¿Ni a don Ramón?

Se lo he pedido, pero mi suegro no es una persona fácil.

Yo ya no sé qué hacer, Lolita.

Este hombre tiene los males en el alma, no en el cuerpo.

Espero que entren en razón,

aunque sea por mediación del espíritu santo, chiquilla.

Es lo único que nos queda.

Le diré a mi tita que pida por ellos a la virgen del Carmen,

que los deseos se le cumplen, según ella.

Me voy a la consulta. -Gracias.

Con Dios.

Buenos días, Lolita. -Buenas.

Vengo de la reunión con el ayuntamiento.

¿En qué han quedado?

Además del monumento,

se va a colocar una placa en homenaje a los fallecidos.

Se va a invitar a todos sus familiares.

¿No será un acto multitudinario? Esperaba algo más íntimo.

Va a ser un gran acto, Lolita:

familiares, vecinos, autoridades, prensa...

Tenemos que avisar a la señora Fabiana y a la señora Inma,

deben estar prevenidas para tener muchos clientes ese día.

No era eso lo que queríamos.

Tengo que contestar a la petición del Partido Conservador,

si quiero que su líder hable en el acto o no.

Eso sería fantástico.

No.

Y más ahora, eso sería convertir el homenaje en un acto político más.

Lolita,...

cuando Antoñito murió...

estaba a punto de ser ministro, no lo olvides.

Todo lo que tenga que ver con él,

incluida su memoria, es un acto político.

Piensa en lo que Antoñito habría deseado.

Ahí están, las toallas sucias.

¿Y crees que este es sitio para dejarlas con esto lleno de clientes?

Con los años que llevamos con la pensión

y no eres capaz de hacer algo por ti mismo.

¿Y qué hago con ellas? Quitarlas de mi vista

hasta que se las lleven para lavar. De verdad, no aprendes.

De verdad, de verdad, trabajar, trabajar, trabajar.

Para esto, más me hubiera valido nacer pa mulo de carga.

Disculpe. -Disculpe usted, caballero.

Enseguida le pongo el café.

No, si quería hablar con usted.

Me presento, soy Luis Mañas, agente de la propiedad inmobiliaria.

Fabiana Aguado de Gallo, para servirle a Dios y a usted.

¿En qué le puedo ayudar?

Pues mire, iré directo al grano.

Represento a una sociedad interesada en comprar locales comerciales

en este barrio.

Me pregunto si su pensión está en venta.

No.

Le... ruego que no sea tan categórica,

no conoce mi oferta.

Ni aunque me dé usted todo el dinero del mundo.

Esta pensión es mi vida y la de mi esposo.

Hemos trabajado mucho para sacarla adelante y no la vamos a vender.

Así que no se esfuerce, caballero.

Lo lamento. Estaba dispuesto a hacerle una oferta irrechazable.

Entonces, la rechazo antes de que me la haga.

Como quiera. Si cambia de opinión...

Lo siento, señor, no voy a cambiar de opinión.

Ah. Pues nada.

¿Qué le debo por el café?

Cortesía de la casa, caballero, esta usted invitado.

Muchas gracias.

A más ver.

¿Qué quería ese hombre, una habitación?

No, comprarnos la pensión.

¿Por cuánto?

No lo sé, le he dicho que no está en venta.

¿No le has dejado que te diga cuánto ofrecía por ella?

No está en venta, nos dé lo que nos dé.

¿Para qué vamos a escuchar ninguna oferta?

¡Ya basta, por favor, a ver si tiene más cuidado!

No sé dónde le han enseñado su trabajo.

Gracias, Pruden.

No ha sido usted muy amable con él.

Lo que me faltaba,

ser amable con alguien que hace su trabajo sin delicadeza.

A mí no me ha dado esa impresión.

Me ha parecido atento y cuidadoso.

Es mi pierna, ¿de acuerdo?

Solo yo sé cómo hace ese enfermero su labor.

No lo sé, y es cierto que la pierna es suya,

pero si quiere que las cosas vuelvan a ser como antes,

debería tener paciencia y acostumbrarse a las curas.

Don Ramón, dígame,

¿quién le ha pedido que venga a hablar conmigo,

Lolita o el doctor Ignacio Quiroga?

Da igual quién haya sido, el caso es que se trata de un buen consejo.

No querrá quedarse cojo.

No es algo que me preocupe. Debería.

Es usted el más interesado en que se cure

y no puede ahuyentar a todos los que hay a su alrededor.

¿No lo dirá por la criada que me robó?

No, claro, pero el enfermero no le ha robado,

se limita a hacer lo que debe.

Ya me lo ha dicho.

Cuénteme algo distinto.

¿Cómo va todo por el Ateneo?

Como siempre. Estoy pensando en dejar de ir.

¿Algún problema?

No hay día que no me pregunten por el homenaje a mi hijo,

me tienen harto.

Y hoy ha caído la gota que colma el vaso.

Me he encontrado con un representante

del Partido Conservador.

Dudo que sea la primera vez. No, no es la primera vez,

pero para variar, me pregunta por el homenaje

y me dice que un alto cargo del partido

quiere participar en el acto,

quizá, el mismo Eduardo Dato.

Lolita no me ha dicho nada.

Ni a mí, no sé a qué espera para hacerlo.

Hablaré con ella, que luego todo se lía y se lía.

No quiero que nadie utilice la memoria de mi hijo.

Me arrepiento de haberle dicho a Lolita

que participaría en el homenaje.

Usted se ha comprometido con mi nuera,

ahora le toca apechugar con las consecuencias.

Lo hice por honrar a los que murieron.

(LEE) "Por una mirada un mundo,

por una sonrisa un cielo,

por un beso, yo no sé qué te diera por un beso".

Esta está bien.

Azucena,

por un beso, yo no sé qué te diera por un beso.

(LEE) "La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?".

"Los suspiros se escapan por su boca de fresa...".

Esta no, que me voy a trabar.

¿Estudiando?

Algo así.

Pero esto no es mecánica.

Son poemas.

Hay que saber de todo. El mundo no son solo caballos de vapor.

Desde luego.

Pero la poesía nunca te había interesado.

Que yo sepa. -Nunca es tarde.

"Y el saber no ocupa lugar", eso dice mi padre a todas horas.

Es verdad, pero no te metas a poeta y abandones la mecánica.

Tranquila, que eso es lo mío.

Buenos días. Muchas gracias.

Mire, abuela, este Gustavo Adolfo Bécquer es brillante.

"Volverán las oscuras golondrinas, en su balcón sus nidos a colgar".

"Y otra vez, con el ala a tus cristales, jugando llamarán".

"Pero aquellas que el vuelo refrenaban,

su hermosura y mi dicha al contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres...".

Para, que ya se ha ido.

(RÍE)

Cincuenta, setenta y cinco...

Una, dos, tres, cuatro, cinco... Cien, muy bien.

¿Es que necesita contarlo? ¿Cree que le iba a engañar?

No, no, por favor, vamos.

Ni se me había ocurrido,

pero ya sabe, las cuentas claras y el chocolate espeso.

Por cierto, ¿sabe que los franceses lo toman más clarito?

Pues claro que lo sé.

No me va a enseñar costumbres francesas a mí,

que soy esposa de un médico.

Por supuesto.

Discúlpeme, que lo había olvidado por un momento.

Pues no lo olvide.

¿Va a comprar un piano con tan poco dinero?

No se crea, que es una cantidad importante.

Será pa usted.

Cierto, pa usté, pa mí no.

Un piano viene costando de mil a dos mil pesetas.

¿Y entonces?

No le voy a conseguir un piano,

le voy a conseguir algo mejor, un clavicordio.

¿El qué? Un clavicordio.

A ver, es mucho más apañao pa meterlo en una casa,

y encima, mucho más fácil de tocar

y aprenda.

¿Si es mejor, por qué vale menos?

Eh...

Fíjese... Fácil, fácil. Principalmente, por dos razones.

Primero, pues lo que le he dicho, que para una casa, ocupa menos.

Y segundo, porque ya está en las revistas especializadas.

Dicen que dentro de poco va a estar de moda

en todas las casas de familias de bien.

Vamos, que van a salir los pianos por la ventana.

Además, va a subir como la espuma el precio de los clavicordios.

Entonces, me tengo que comprar dos.

Uno pa usarlo, y otro, para venderlo en unos meses.

Qué espabilada es usted, no pierde una oportunidad, ¿eh?

A ver si se cree que soy una paleta.

No, por supuesto que no, es la esposa de un médico.

Lo único es que tendré que hablarlo con mi proveedor.

De momento, déjelo, ya le diré si me decido a invertir en clavicordios.

No, no, no, la inversión de lo clavicordios...

Eso es mejor que invertir en bolsa.

No tiene que dejar usted pasar esta oportunidad.

Bueno, me lo pensaré.

Le tengo que dejar. Y no tarde en traer el clavicordio.

Sí, sí.

Ya me imagino tocándolo por las noches y mi marido mirándome.

Qué bonita visión esa.

Me gustaría también imaginarme a mí haciendo eso, pero con mi Fabiana,

pero no creo que aprenda nunca a tocarlo.

Los clavicordios no son para cualquiera, Servando.

Me voy.

Con Dios.

Con Dios.

Palomita mía.

Qué cosa más bonita, leche.

Échame un vistazo un minuto al quiosco, que ahora vuelvo.

Estoy ocupada. Es solo un minuto.

Tengo un negocio en ciernes que nos va a dar muchas alegrías.

Venga.

Buenas tardes.

Ya veo que se alegra de verme.

¿Cómo está usted? Yo bien.

¿Ha pasado buena tarde? Yo sí.

Sí, supongo que la habrá pasado bien.

La vida es bella cuando no se es más que un muchacho.

¿Y mi esposa?

Se acaba de levantar, supongo que ha ido al baño.

A lo mejor le interesa saber cómo van los asuntos familiares.

Supongo que mal.

Se equivoca.

Ya he hablado con los obreros

y han empezado con la reforma.

¿De dónde ha salido el dinero? -Eso es asunto mío.

-A no ser que se haya metido en un lío.

-No se preocupe.

Las obras terminarán muy pronto

y los inquilinos pagarán sus mensualidades.

Es todo lo que hay que saber.

-Hortensia, por favor, ¿me dejas a solas con mi esposo?

Sí, a ver si te enteras en qué embrollo se ha metido.

No me fío nada.

Liberto, ¿qué es eso de que la obra está en marcha?

¿Quién te ha prestado el dinero?

-Ha sido una suerte que nos encontráramos,

últimamente, está usted muy caro de ver, don Ramón.

Para lo que hay que ver en España, mejor quedarse en casa.

No diga eso, a mí me sigue gustando este país.

Y he conocido muchos, ya le digo.

Un disparate, eso es lo que es este país.

¿Es que no lee las noticias que llegan de Cataluña?

Andan a tiros los del sindicato libre con los de los obreros.

Yo creo que son hechos puntuales.

Aunque últimamente están ocupando mucho espacio en los periódicos.

¿"Puntuales", dice usted?

Portada, día sí y día también.

¿Y qué hace el Gobierno? Mirar para otro lado.

No es eso lo que dicen los diario.

Dicen que hay mucha represión.

Ni la mitad de la que debería de haber.

Y por no hablar de Marruecos,

una guerra que no sabemos si va hacia delante o hacia atrás.

Don Ramón, fíjese en el día que hace:

luce el sol,

la temperatura es agradable, el barrio está muy bonito.

¿De verdad cree que nos tenemos que poner a discutir

sobre los sindicatos o las colonias?

Discutir no, don José, debatir.

Si los españoles de bien no debatimos, ¿quién va a hacerlo?

A mí me agota, lo reconozco.

Lo que me interesa es la vida real, no la de las noticias.

¿La vida real?

(ASIENTE)

Escoger el vestido o la corbata que se van a poner

en la inauguración de la plaza...

y olvidar que aquí mismo, aquí mismo

hubo un atentado en el que fallecieron familiares y amigos.

Pero no se equivoque,

nadie está banalizando, todos recordamos aquel día,

don Ramón, perfectamente,

a las víctimas y a don Antoñito.

Soy su padre y a nadie le importa mi opinión.

Todos quieren aprovecharse de su recuerdo.

Buenos días. -Qué sorpresa, reina mora.

Me alegro de encontrarles aquí.

Quería hablar con usted, don Ramón.

Por favor, siéntese, doña Bellita. Gracias.

Usted dirá.

He hablado con mi familia.

Ellos me han mandado un giro con el dinero que necesitaba.

Pero Liberto,...

siempre has dicho que no querías pedirle nada a tu familia.

Nunca había hecho tanta falta como ahora.

Y espero que sea la última vez.

Sí, seguro que sí.

A partir de ahora, todo va a ir bien.

Con tu hermana aquí, nada va a ir bien.

No digas eso.

¿Has visto lo que ha dicho? "A ver en qué lío se ha metido".

Porque está nerviosa, tiene problemas.

Vino a refugiarse con nosotros

y, nosotros tenemos tantos problemas como ella.

En eso te equivocas, nosotros tenemos uno más.

Además, de los nuestros, tenemos que soportarla a ella.

Por la que más lo siento es por Azucena,

no merece cargar con su madre toda su vida.

Venga, no seas así, no se lo tengas en cuenta,

ya sabes cómo es.

Vamos a salir de esta... Juntos.

-"Yo no he sabido qué decirle a ese hombre".

Lo que sí es verdad es que estaba muy alterado

cuando ha llegado a casa pa hablar con Ignacio.

Le he visto tan demudado, que le he preguntado qué ocurría.

¿Malos tratos de don Felipe?

Digo, desplantes, malas palabras, insultos...

Y no solo eso,

no le deja hacer su trabajo y se niega a recibir las curas.

Pues tiene que ser grave.

Ignacio había escogido a ese enfermero por lo paciente que era.

Pero don Felipe

es capaz de acabar con la paciencia

del enfermero más templado del mundo.

Por muy calmado que sea ese hombre, Pruden,

habrá acabado con su paciencia.

¿Será cierto que lo trata tan mal?

Con lo que fue don Felipe en tiempos, todo un caballero

y un seductor por el que suspiraban las mujeres del barrio.

Hace ya muchos años de aquello.

¿Han oído hablar de alguien a quien don Felipe no trate mal?

Desde luego, es el terror de las criadas.

Maruxiña siempre nos cuenta sus quejas por los ruidos del altillo.

Está obsesionado con los ruidos, se los inventa.

Dice que los vecinos gritan,

que la nueva vecina, Valeria, aporrear el piano a todas horas.

Qué barbaridad, si la mujer toca como los ángeles.

¿Y qué se puede hacer? ¿Usted puede hablar con él?

¿Cree que no lo he hecho ya?

Esta mañana lo he intentado, pero no entra en razón.

Yo pensé que el enfermero iba a renunciar en el acto.

Le he convencido para que espere a que mi sobrino regrese del hospital.

Si don Felipe tuviera familia...

Yo vivo con Lolita, nos llevamos mal,

pero somos familia, nos queremos.

Eso me mantiene atado al mundo.

En fin, veré lo que puedo hacer.

Vaya, vaya, no lo deje pasar.

No se preocupe, ya pago yo las consumiciones.

Se lo agradezco y le debo una invitación.

Una excusa para vernos más.

Gracias por venir a avisarme, doña Bellita. Con Dios.

Siempre fue usted la mejor baza para mediar en este barrio.

Con Dios.

No sé qué pasa en este barrio que todo se derrumba.

Lo de don Ramón y don Felipe es culpa de aquel atentado.

Maldito día.

No es solo eso.

Estoy seguro de que Liberto anda con problemas que no quiere contar.

Eso no me extraña,

que la hermana de Rosina no debe de ser fácil de llevar.

Pero hay algo más.

Alguna vez le he visto con ganas de hablar conmigo,

y después, no lo ha hecho.

Tal vez no se haya atrevido.

Ya sabes que le tengo aprecio.

-(LEE EN INGLÉS) "I am, you are, he is..."

Es más fácil que en español. Solo hay que...

"I am, you is,

he..."

(EN INGLÉS) ¿Estudiando inglés? -¿Qué?

Que si estás estudiando inglés.

Ah, sí, bueno, estoy empezando.

Todavía no sé nada.

Yo lo estudié de pequeña,

era una obsesión de mi padre.

Quería que aprendiera inglés y francés,

si no aprobaba, no me dejaba tocar el piano.

Qué suerte, a mí me enseñaron español y mal.

No es verdad.

Se te entiende.

¿De verdad sabes francés?

(EN FRANCÉS) "Oui, tes yeux sont très beaux".

¿Qué me has dicho?

Que tienes unos ojos bonitos.

Los tuyos tampoco son feos.

No será la primera vez que te lo dicen.

Cuándo, ¿hoy o a lo largo de mi vida?

Hoy, tres veces.

(RÍE)

Presumido.

¿Cómo es que te ha dado por aprender inglés?

Me gustaría ir a EE. UU.,

a Nueva York,

empezar allí una nueva vida.

¿Has estado en Nueva York?

No, no, pero la verdad es que me gustaría.

Bueno, cuando tenga casa allí, te invitaré a hacerme una visita.

¿Te das cuenta?

Todo el mundo piensa que somos un matrimonio feliz

y no sabemos nada de las ilusiones del otro.

Yo sí que sé cuál es tu gran ilusión,

reencontrarte con tu verdadero esposo.

Te he oído llorar por las noches.

Pero eso solo lo sabes tú.

Pronto pasará y serás feliz.

Cada vez tengo más dudas.

Esta situación se está alargando más de lo que esperaba.

Tengo miedo por el bienestar de Rodrigo.

Ten ánimo, Valeria.

Pronto pasará.

Algún día, Aurelio será parte del pasado, para los dos,

para ti y para mí.

Voy a dar una vuelta, a despejar un poco la cabeza.

¿Necesitas algo? -No, gracias.

-"Jacinto".

Dígame, señorita Azucena. -¿Ha llegado ya el correo?

Sí, lo acabo de repartir.

He dejado un sobre en casa de su tía.

¿De Burgos?

No, de Lisboa, es de la señorita Leonor.

Es la hija de doña Rosina. -Sí, mi prima.

Claro, sí, su prima, sí.

Me gusta cuando vienen cartas de Lisboa, sus sellos son muy bonitos.

Ya.

Pero descuide, si llega una carta de Burgos,

yo corro a buscarla y se la entrego en mano.

Gracias, Jacinto.

A mandar.

Disculpe. Es que iba concentrado en la lectura.

Hay que andar con cuidado. ¿Qué lee?

A Rubén Darío, un poeta nicaragüense bastante laureado.

¿Lo conoce? -Y tanto.

"Margarita, está linda la mar,

y el viento lleva esencia sutil de azahar".

Qué belleza. Y en su voz, más todavía.

Gracias. ¿Cuál es su poema favorito?

El de la princesa.

Ah, "La sonatina".

No, el de... La princesa está triste.

Sí, se llama "Sonatina".

"La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave sonoro,

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor".

¡Guillermo!

Sí, esa, La salmantina. -"Sonatina".

"Sonatina".

La verdad es que yo soy más de mecánica,

pero me interesan otras cosas, como la poesía y la música.

Me encantaría hablar con usted de estos temas.

Claro que sí, ya hablaremos y le prestaré libros.

¿Le gusta Juan Ramón?

Juan Ramón...

Juan Ramón Jiménez, es otro poeta, español.

Sí, Juan Ramón Jiménez, sí.

Bueno, pues ya hablaremos de él.

Con su permiso.

Y tenga cuidado, no tropiece con Jacinto,

no queremos que se rompa la crisma por culpa de la poesía.

(Puerta)

¿Hablando con Antoñito?

Sí.

Ya sé que no cree en estas cosas, pero yo sí.

Y no le hago daño a nadie. A ti misma.

Asunto mío.

Vengo de casa de Felipe, de hablar con el enfermero una vez más.

¿Ha ocurrido algo?

Pruden, que no aguanta más.

Esta mañana vi lo mal que lo trataba Felipe.

El hombre ha ido a quejarse a casa de los Domínguez del Campo.

Menos mal que no estaba don Ignacio.

No sé qué va a ser de este hombre, se va a quedar solo.

A lo mejor, es lo que quiere que pase.

No podemos permitirlo.

Le he pedido a Pruden que espere a hablar con don Ignacio,

hasta que encuentren un sustituto.

¿Y lo ha logrado?

Es un buen hombre,

me ha prometido que le dará una nueva oportunidad,

pero conociendo a Felipe, no va a cambiar aunque le den un centenar.

Otra cosa.

Me he enterado en el Ateneo...

de la posible presencia de algún miembro del Partido Conservador

en el homenaje.

¿Es verdad que proponen que sea Eduardo Dato?

En la carta no decía nada del orador.

Ya.

Son del partido de Antoñito, quieren estar presentes.

Pero no han contestado, supongo que usted no quiere.

Te equivocas, Lolita.

Llevo todo el día pensando en esto,

y la posible presencia de Eduardo Dato me ha abierto los ojos.

Sí, quiero que vengan

que den la cara,

que hablen y condenen en público lo que ocurrió,

que reconozcan que el país se les escapa entre las manos

por su falta de firmeza ante la violencia,

que prometan atajar el desorden...

No le entiendo.

no quiere que sea un acto político

pero sí que haya un discurso político.

¡Lo que quiero es que se decidan a hacer política

de una vez por todas!

Mire,

estoy harta, harta de la política,

harta de usted.

Ya no puedo más, la política fue la que me quitó a mi marido.

Aurelio, qué sorpresa.

No le esperaba. -No se apure, nadie me ha visto.

Pase.

Ah, están dejando ustedes la casa muy bonita.

Bonito piano.

¿A qué ha venido?

¿A qué va a ser, mujer? A hablar de nuestras cosas.

Usted y yo solo tenemos una cosa en común, mi esposo.

Y se me acaba la paciencia.

¿Y hará cuando se le acabe?

La paciencia no es algo que se venda en las tiendas.

No creo que Lolita se la pueda traer del pueblo ese tan ridículo

que tiene ni encargándoselo.

Vamos, Valeria, que yo estoy de su parte.

Empiezo a dudarlo.

Estoy protegiendo a su esposo y a usted.

De hecho, he venido a traerle buenas noticias.

¿Buenas? ¿Voy a poder ver a Rodrigo?

El día está muy próximo.

Tras la firma del Tratado de Versalles,

Francia ha levantando la presión sobre sus enemigos.

Mi esposo nunca fue enemigo de los franceses.

Su esposo está acusado de robar la patente del fertilizante

que él mismo creó para dárselo a los alemanes.

¡Es falso, eso falso!

Será falso, pero él mismo limpiará su imagen cuando esto acabe.

Vamos, mujer, espere un poco más, no lo eche a perder, un par de semanas.

No me queda más remedio, pero mi confianza se agota.

¿Cree que es la única que está sufriendo?

Porque a mí no me gusta nada

la mentira a la que sometimos a Genoveva durante la cena.

No sé cuánto le cuesta engañar a su esposa.

Mucho. Créame, no es fácil.

Ayer estuvimos escuchando el disco que nos trajo.

Qué preciosidad.

Por favor, ¿por qué no interpreta alguna pieza para mí?

Me encantaría.

No es el momento.

Se lo ruego.

(Piano)

Los únicos protagonistas ese día van a ser nuestros muertos.

Tiene que ser un acto íntimo y silencioso,

lejos de los alardes de los políticos.

Además,

¡¿a usted por qué le interesa todo esto ahora,

si nunca le han gustado los homenajes?!

Pero mientras tanto, si a usted le parece bien,

me gustaría venir a visitarla para...

disfrutar de su talento musical

y de su compañía.

¿Qué tripa se te ha roto ahora?

Quería decirle que no se preocupe por la situación financiera.

Ahora que tanto usted como su hija viven bajo nuestro techo,

yo me encargaré de su seguridad económica.

Eso es lo que me aterra.

¿Qué hiciste después?

Me convertí en un mercenario.

Un sicario...

dispuesto a cualquier cosa que me pidiera el que pudiera pagarme.

Me interesa la mantequería completa.

Soy agente inmobiliario

y estoy dispuesto a pagar una gran cantidad de dinero.

¿Te ha escrito tu novio? -No, sigo a la espera.

Si te cansas de esperar a ese pollo, tienes un admirador en Acacias.

Era el capataz de la obra.

Los cimientos están podridos, hay que cambiarlos enteros.

Nos va a salir por un pico.

Marina me ha traído a la nueva enfermera de don Felipe.

Le presento a Dory.

¿Una mujer?

Sí. Pero no se apure, como ya le hemos dicho a doña Lolita,

llevo cuidando enfermos toda la vida.

Tengo toda la experiencia del mundo.

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Acacias 38 - Capítulo 1415

27 ene 2021

David rechaza el acercamiento de Genoveva. Cuando llega Valeria los descubre en actitud equívoca. Genoveva justifica su visita. A solas, David y Valeria se quejan por la situación. El Quesada visita a Valeria y le reitera su promesa de que Rodrigo vuelva. Ella toca el piano para él.

Lolita duda qué responder al partido de Antoñito. Por su parte Ramón verifica que las cosas entre el enfermero y Felipe van mal. Se entera de que un representante del partido quiere hablar en el acto.

Azucena encara a Liberto y le pregunta qué sucede. Guillermo trata de impresionar a Azucena y planea un encuentro con ella para hablar de música y poesía. Liberto, ya desesperado, le pide dinero a su familia.

Mañas hace una oferta por la pensión que Fabiana rechaza tajante, aunque Servando cree que se ha precipitado. Alodia pide dinero a Ignacio, está ilusionada con comprarle un piano a Servando.

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