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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1414 - Ver ahora
Transcripción completa

Solo tratamos de ayudarle.

¡¿No me habéis oído?! ¡Fuera de mi casa!

¿Soy bienvenido para desayunar con ustedes?

Pa chasco que sí. Supongo.

¿No dijo don Ignacio que iba a traer a otro enfermero?

Sí. Justamente, le he dejao en la casa con él.

Me he apuntado a una academia de baile.

De seguir así, Lolita va a perder el oremus,

tiene muchas cosas encima.

Y por si tuviera poco, se acerca la inauguración de la plaza.

Estoy deseando saberlo todo sobre usted.

¿Por dónde quiere que empiece?

Por el principio. -"Tengo malas noticias".

Tenemos que hacer reforma en el local que tenemos alquilado.

¿Qué se le ofrece?

¿A ti te hace tilín mi prima o qué?

Es momento de que vuelva a ponerme al frente de nuestros negocios.

¿Tienes alguna queja de cómo los he llevado?

No, has sido un buen aprendiz. Pero sigues sin estar a mi altura.

Mire que han pasado años,

pero el nudo de aquí no hay quien me lo quite.

La última vez que te vi, no podías ni mantenerte en pie.

Como que me ha costao reconocerla.

Aquel acto de homenaje fue muy emotivo,

todo estaba muy reciente.

¿De dónde sacó las fuerzas para seguir?

Yo no tenía ganas ni de levantarme.

De mi hija... y de mi nieto.

Mientras no los olvide, seguirán conmigo.

No hay día que no piense en Antoñito y Carmen.

Cada uno drena el dolor como puede.

Unos mejor que otros.

Fabiana me ha puesto al día sobre la actitud de tu suegro.

No quiere homenajes ni actos, solo venganza.

El dolor no es un buen consejero cuando se busca justicia.

Dígaselo a él, a ver si a usted le hace caso.

Tiene la misma sonrisa que su nieto.

(SONRÍE) Alejandro.

Qué guapo era.

Aquella tarde vinieron a comprar un tónico que hacen en mi pueblo.

Yo mismo lo sigo usando.

A mi hija le encantaba.

Le hacía unos rizos muy bonitos, como los tuyos.

No sé ni cómo no los he perdido con el disgusto.

Será por ese tónico capilar. -Será.

Deberías unirte a nuestro grupo.

Todos hemos perdido a alguien en aquella tragedia...

y nadie mejor que nosotros para apoyarnos los unos a otros.

No sé si estoy preparada para hablar de aquello con desconocidos.

Esa explosión nos ha unido más que ninguna amistad.

Ya.

No somos unos desconocidos, Lolita.

La gente que te quiere

está preocupada por ti.

Por eso, Fabiana me ha ido a buscar, para que te ayude.

Nada ni nadie me va a traer a mi Antoñito.

Ni a mi María Jose,

ni a mi nieto Alejandro.

Pero la vida sigue.

Sobre todo para ti, que tienes un hijo.

Y no sabe lo que le echo de menos.

Si al menos lo tuviera conmigo.

-Lo tendrás,

y pasearás con él por una plaza con el nombre de su padre.

Plaza de Antonio Palacios. Qué bien suena.

Y mejor lucirá.

Yo te ayudaré a preparar los actos para la inauguración.

¿De verdad? -Sí.

Y mientras lo disponemos todo,

hablaremos y nos consolaremos la una a la otra,

¿qué te parece?

Está bien.

Vamos, que se ha hecho tarde.

¿Me acompaña? -Claro que sí.

(Sintonía de "Acacias 38")

Hacía tiempo que no descansaba tan bien.

Habrá contribuido algo el ejercicio nocturno.

Nada mejor que una noche de pasión para un descanso reparador.

Disculpen.

¿Desean más café los señores? .Sí, gracias.

Marcelo, transmita mis felicitaciones a la nueva cocinera.

El servicio de anoche fue excelente.

Se lo diré. ¿Café, señora?

No, gracias, estoy bien.

Echo de menos el pasado.

¿Cuál de ellos, querida?

Los desayunos en armonía tras veladas ardientes.

¿Ah, sí? Los años no pasan en balde.

Es una lástima, pero así es.

Afortunadamente, los dos sabemos compensar el paso del tiempo

con la comunidad de intereses.

Quien no se consuela es porque no quiere.

Hablando de consuelo,

espero que la velada te haya Servido

para darte cuenta de que no te oculto nada

sobre Valeria y David.

Ambos han resultado ser unos excelentes contertulios.

Quizás deberíamos repetir.

No creo que sea conveniente

tanta confianza entre jefe y empleado.

¿En qué trabaja exactamente David?

Ya veo que estaba equivocado. ¿Equivocado, en qué?

Pensaba que con la cena habías satisfecho tu curiosidad.

Reconoce que me estás ocultando algo.

Sabes que los secretos solo me gustan

cuando soy yo quien los guarda.

¿Me lo vas a contar o no?

¿No quieres pan?

Te lo unto en la mantequilla, si quieres.

No, gracias, no tengo ganas, Liberto.

Cariño,...

todo va a salir bien, hazme caso.

Me veo comiendo pan duro para afrontar las obras del local.

De momento, tenemos pan fresco, no te pongas en lo peor.

¿Seguro que no hay forma de posponer esa reforma?

Sabes que no, son muy buenos inquilinos y no quiero perderlos.

Pero por no perderlos a ellos, nos vamos a perder nosotros.

Serán solo unos meses.

Nos apretaremos el cinturón y tiramos de ahorros.

¿Unos meses, cuántos?

No lo sé, pero...

Piensa que cuando terminen las obras,

volveremos a tener beneficios.

Y para entonces habremos perdido nuestro colchón de seguridad.

Siempre podemos pedir un préstamo.

¿A quién?

No lo sé, pero a don Ramón, desde luego que no,

no quiero volver a abusar de él. -Pues agudiza el ingenio,

a mí no se me ocurre de quién tirar.

Confía en mí, ya daré con alguien.

Y tú intenta no gastar más de la cuenta.

Sí.

¿Adónde vas?

Voy a hablar con los obreros que se van a encargar de las obras.

Y luego, quizá me pase a ver a Felipe.

Mi amor,

anímate, todo va a salir bien, ya verás.

¿Adónde se ha ido Liberto?

A supervisar las obras del local.

Rosina, ¿confías en tu marido?

¿Qué quieres decir?

Que si lo ves capaz de sacarte de este embrollo.

Pues claro que sí, siempre lo ha hecho.

Mucha fe tienes tú en ese muchacho.

¡Ese muchacho es mi marido, no un pelele como pareces insinuar!

Yo solo digo que lo veo muy verde.

Maximiliano sí que era un caballero.

Liberto no tiene nada que envidiar al difunto Maximiliano

como caballero.

Templa, que si tú dices que el muchacho es así, yo punto en boca.

Me quie...

¿Azucena, dónde está?

Terminando de arreglarse.

Vamos a dar un paseo, ¿quieres venir?

Contigo no.

Pero bueno, voy a ir porque me vendrá bien tomar el aire.

No le digas nada a la niña de lo de las obras del local.

Bastante tiene con saber que estamos en la ruina.

Cuanto menos mencionemos la palabra "ruina", mejor.

Nada de gastar con el paseo.

Tranquila, que no habiendo, difícilmente se gasta.

Dios mío.

(Música)

(Música)

Había pensado trabajar como corredor de bolsa de comercio,

siempre que usted me dé el visto bueno.

Sí, suena bien,

la bolsa... es una buena cortina de humo.

Los vecinos no sabrán en qué consiste,

pero les tranquilizará y dejarán de preguntar.

La elección tiene sentido, siempre se le han dado bien los negocios,

y más, cuando la mentira está de por medio.

No sé si tomármelo como una crítica o un halago.

Tómeselo como una advertencia para que no baje la guardia.

Si es por eso, no se preocupe,

estaré vigilante de los intereses bursátiles de su empresa.

Se lo agradezco,

así matamos dos pájaros de un tiro.

¿Le ha comentado algo su esposa sobre la cena de anoche?

Quedó encantada, y por contagio, yo también.

Espero haber sabido aplacar su curiosidad.

Con Genoveva nunca se sabe.

Creo que ve a Valeria como a una rival,

puede salir por cualquier parte.

¿Como para crearle problemas?

Nada que no se pueda solucionar,

a fin de cuentas, ella es mi esposa

y ambos compartimos intereses económicos.

¿Y no sería mejor contarle la verdad sobre mi identidad?

No.

Eso implicaría contarle lo de los laboratorios de Barcelona.

¿Y qué tiene eso de malo?

Créeme, cuanto menos gente sepa quién es Rodrigo Lluch, mucho mejor.

Me preocuparía más por su descubrimiento químico que por él.

Con ambas cosas debemos ser discretos, no lo olvide.

¿Qué tal le va con el enfermero?

Será mejor que no saque el tema. No me apetece hablar.

Como quiera, no era mi intención incomodarle.

(Puerta)

Tranquilo, no se mueva, que ya abro yo.

Hombre. -Oh.

Hola. Don Jose, ¿qué hace usted aquí?

Vaya, parece que hoy, a nadie le viene bien mi presencia.

No me malinterprete, no es eso, es que...

¿Qué?

Me alegro que esté acompañando a Felipe.

Yo vengo a lo mismo. -Pase, pase.

Pase. No vea cómo está hoy.

Puf.

Se han puesto de acuerdo para hacerme compañía.

Espero no haber interrumpido nada. -No se preocupe,

Siéntese, siéntese.

Cuéntenos, ¿alguna novedad con sus negocios?

No, va todo bien.

Gracias.

¿Y usted, qué, don Felipe?

¿Qué tal con el nuevo enfermero? ¿Otra vez la misma pregunta?

Lo mismo le he preguntado yo al llegar.

Los dos conocen la respuesta.

¿Cómo estarían si tuviesen a un extraño haciendo ruido

y dándoles instrucciones?

Lo hace por su bien, no creo que tenga mala intención.

Solo le está haciendo las curas de la herida.

¿Qué quiere que haga?

¡Que se marche,

eso quiero, que se marche, y que se marchen ustedes!

Estoy harto de sus palabras y de su compasión. ¡Fuera!

Muy bien.

Vámonos, don Jose.

¿Tú estás tonto?

¿Cómo se te ocurre irle con el cuento al joven?

Por ti, que una mujer sin varón necesita a alguien que la proteja.

¿Qué me proteja? ¿Tú crees que no sé defenderme solita?

Calma, que solo lo he hecho para acallar las malas lenguas.

Qué malas lenguas, si no he hecho nada malo.

Tú eres demasiao bien pensada, prima,

demasiao. -Buenas.

Me gustaría hablar un momento contigo, Casilda.

¿Te importa dejarnos solos?

Claro, claro.

Lo que le haya contao mi primo, no es cierto.

Desde que su esposa le abandonó, ha perdido la chaveta.

¿Jacinto está casado?

No sé de dónde se ha sacado que quería conquistarte.

Ni caso, que ya le digo que ha perdido el oremus.

Quiero que sepas que eres una mujer muy simpática y agradable.

Muchas gracias. Pero no hace falta que se justifique.

En realidad, necesito que me guarde un secreto.

¿Un secreto?

Quien me gusta de verdad es Azucena.

¿La sobrina de doña Rosina? -Eso es.

Por eso me acerqué a ti, para que me contaras de sus gustos y aficiones.

Acabáramos.

Siento haber participado en este malentendido, créeme.

No, no, no, no se aflija,

es normal que beba los vientos por la señorita Azucena.

Es una muchacha tan... -Tan de todo,

le gusta bailar, leer, escuchar música en el gramófono.

¿Sabes cuáles son sus gustos de lectura?

Siempre la veo leyendo.

Ahora no caigo, la verdad.

¿Podrías averiguarlo?

Bueno, veré qué puedo hacer.

Le dejo, que tengo mucha faena dentro y fuera de la casa.

Casilda,...

te aseguro que mis intenciones son de lo más honestas.

Ya.

La señorita Azucena me gusta de verdad.

No, no, si se ve.

Pero no le prometo na, ¿eh?

Con Dios. -Gracias.

Fabiana, ¿ha visto a mi suegro?

En lo que llevo de mañana, no ha entrado por aquí.

¿Dónde se habrá metido este hombre?

No te preocupes, que ya sabes cómo es.

¿Te pongo algo calentito?

No, gracias, Fabiana.

Buenas. Buenas.

Fabiana, ponme un café.

Ahora mismo, don Ramón.

Don Ramón, ¿a que no sabe de dónde vengo?

Me han convocado en el ayuntamiento

para decirme que faltan cuatro días para inaugurar la plaza.

Cuatro días están ahí al lado, como quien dice.

-Por eso.

Quieren saber quiénes vamos a ir de la familia.

Será para reservar asientos en primera fila.

¿Ha pensado ya qué va a hacer?

¿Les digo que acudirá o no?

Pensé que lo había dejado bien claro.

No quiero saber nada de ese acto.

Su presencia es importante, piense en los que dejó atrás.

Por eso mismo no iré, para no dar carroña a la prensa.

Ni siquiera tiene que hablar con ellos.

Que no.

No pienso hacer de bulto para que los políticos de turno

se luzcan a costa de mi apellido. Recapacite, por el amor de Dios.

Si por mi fuera, esa plaza jamás llevaría el nombre de mi hijo.

Su hijo merece un homenaje así, le guste o no.

De acuerdo,

pero no me puedes obligar a asistir, así que no insistas.

Su café, don Ramón.

Déjalo, Fabiana, se me han quitado las ganas.

Ahí tiene. Porque Liberto me paró,

si no, hubiera mandao al malaje de don Felipe a tomar viento.

Ni se ayuda ni se deja ayudar, es un dolor de cabeza.

De muelas, diría yo.

Que se lo digan a Lolita, que se desvive por ayudar, y pa na.

¿Y de Ignacio, qué me dices?

A fin de cuentas, es el médico de cabecera del susodicho

ni gracias le ha dado. No querría yo verme en su pellejo.

Porque es un profesional,

pero un día se va a hartar y la vamos a tener bien gorda.

Buenas, señores. Muy buenas.

Venía a por mi periódico. Sí, claro.

¿Quiere que le adelante algo?

Se lo agradezco, pero hoy prefiero que me sorprenda la lectura.

¿Saben cuándo van a inaugurar la plaza?

Me han dicho que en unos días, pero no exactamente cuándo.

Muy verde veo yo esto para tenerlo listo en unos días.

Ya espabilarán, por la cuenta que les trae.

Ojalá sea así.

Estoy de polvo y de ruido hasta aquí.

Bellita me ha dicho que Valeria va a amenizar el acto tocando el piano.

Así es, está entregada escogiendo la pieza que va a interpretar.

Dígale que será un placer para todos poder disfrutar de su talento.

Valeria es una gran amante de la música

y aprovecha cualquier ocasión para compartirla con otros.

Eso denota que posee una sensibilidad excepcional.

De hecho, esta tarde vamos a al Teatro Real a ver una ópera.

Querrá decir esta noche.

Hemos escogido la sesión vespertina, ya que tengo que acostarme pronto.

Ah.

¿Acaso parte usted de viaje mañana? -No.

Pero tengo que estar pronto en la bolsa mañana

y velar por el interés de mis representados.

Comprensible que quiera estar despejado,

que por algo mueven ustedes ahí miles de pesetas.

Un momento, ¿que uste trabaja rodeado de billetes?

Si les digo la verdad, señores,

no vemos el dinero, solo jugamos con él.

¿Cómo que juegan?

Decidimos el valor de las empresas y animamos

a que la gente invierta en ellas para subir su valor.

Es sencillo y complejo al mismo tiempo.

He de marchar. Con Dios, señores.

Con Dios. Con Dios, don David,

¿Ha oído uste eso, don Jose?

O sea, entiendo que son todo ganancias

sin tener que doblar el lomo.

Eso es todo un negocio.

(RÍE) Bueno, yo también le dejo, que he quedao con Bellita pa comer.

Con Dios. Con Dios, con Dios

La bolsa...

Tómate esto, a ver si te alivia el malestar de tu suegro.

Gracias por la infusión.

Aunque me va a hacer falta un barril entero.

Vas a tener que sacar fuerza de debajo de las piedras.

Y si no, me las dibujo, qué remedio.

¿Qué tal con Marina?

La vi muy dispuesta a echarte una mano.

Es muy buena mujer. Me va a ayudar con los preparativos.

Ya sabía yo que te vendría muy bien hablar con ella.

Más me preocupa el enfermero de don Felipe.

Ya me contó Jacinto que tuviste que mediar

para que la cosa no fuera a mayores.

Pero me da a mí que la próxima no cuela y sale volando.

Mujer, no cures las heridas antes de tiempo.

A Pruden se le ve un hombre con aguante.

Además, ya te digo yo a ti que esto va a salir muy bien.

¿Cómo está tan segura?

Porque se lo he pedido a la Virgen de los Milagros,

y esa a mí nunca me falla.

Pues pida también por don Felipe. Luego subiré a verle.

A ver qué percal me encuentro hoy.

Buenos días.

Pero bueno, dichosos los ojos, la familia Rubio al completo.

La familia Rubio, sí.

Aquí estamos, dando una vueltecita por el barrio.

Nada mejor que un buen paseo antes del almuerzo.

Precisamente, ahora mismo íbamos a comer al restaurante.

¿Por qué no se vienen con nosotros? -Eso, anímense,

así prueban los arroces de doña Inma.

Esa mujer tiene un don, se lo digo yo, que de arroces sé un rato.

Mis favoritos son el de arroz con bacalao, y el de cangrejo.

Sin hacer de menos el de conejo con caracoles.

Tampoco exageren, que no es pa tanto.

Además, chupetear caracoles no es de mucho postín.

Por cierto, ¿el doctor no los acompaña?

Está trabajando, hay muchos pacientes dependiendo de él.

Es admirable la dedicación que tiene por su oficio.

Es lo que tiene trabajar con vidas humanas.

Bueno, ¿qué, don Liberto, se animan o no se animan?

Eh...

Me temo que será en otra ocasión.

Casilda nos ha preparado un guiso de cordero

y no me lo perdería por nada del mundo.

(RÍE)

Pero que el guiso se lo pueden cenar esta noche o mañana mismo.

Con el tiempo los guisos reposan y suelen estar mejor.

No lo dudo, don Jose, pero...

entiéndanme, es mi plato favorito y se lo he pedido hacer ex profeso.

Vaya.

Pues sí que le gusta el cordero, qué lástima.

Don Jose tiene razón.

El guiso estará más sabroso esta noche.

¿Qué dices? -Pues... que nos unimos a la comida.

Se avisa a Casilda y santas pascuas.

Ea, no se hable más. Mesa para siete.

Todos pa dentro, vámonos.

Ya, pero... ¿no es demasiado temprano para comer?

Mejor, así comemos sin prisa y alargamos los postres.

Los postres, Rosina. -(RÍE NERVIOSA)

Buenas. -Buenos días.

Buenos días, señor Inma. -Buenos días.

Vamos a tener que juntar dos mesas,

que se nos ha unido la familia Rubio.

Muy bien, no hay problema. Déjenme un momento y se las preparo.

Ea.

Doña Rosina, se va a chupar los dedos.

(TODOS RÍEN)

Retírese a su cuarto y descanse.

Hablaré con don Felipe para que se modere.

Muchas gracias.

(EXHALA)

Por mucho que diga Fabiana,

ni la Virgen de los Milagros me va a ayudar con esto.

¿Hablando sola? Don Felipe.

Ten cuidado con ese hábito,... no sea que te tomen por loca

y te metan a un enfermero insufrible en casa.

¿Tanto le cuesta poner un poquitico de su parte?

Si has venido a reñirme, ya sabes dónde está la puerta.

Solo quería recordarle que el acto será en cuatro días.

¿Cuatro días?

Me lo han dicho estaba mañana en el ayuntamiento.

Pero no...

No queda nada, y lo que he escrito no me gusta.

Bueno, aún tiene unos días para retocar su discurso.

Si quiere, yo puedo escucharlo antes.

No, no. Es un borrador, y como te digo, que no me gusta.

Al menos tiene borrador, yo ni eso.

¿También vas a hablar?

Me gustaría decir unas palabras, pero no sé por dónde empezar.

(Puerta)

Ese inútil es incapaz de no hacer ruido.

¡Pruden! Don Felipe...

Cálmese, por favor, lo habrá hecho sin querer.

Céntrese en su discurso.

Marcho a la mantequería. Llámeme si necesita algo.

Además de las papas aliñadas y los platitos con queso

pa acompañar el aperitivo,

nos va preparando un arrocito de los suyos.

Pero no pa siete, pa ocho. Más vale que sobre que no que falte.

Eso. Y para beber, un vinito blanco fresquito.

No sé, don Liberto, tres botellas para empezar.

Perfecto.

¿Por qué arroz se han decidido?

Ah. Escucha, Jose, el de cangrejos, que Rosina lo tiene que probar.

Me ha hablado tanto de él, que habrá que catarlo.

Eso sí, generoso de cangrejos, por favor.

Sí, por favor, que yo es lo único que voy a comer.

Entonces, pide un plato de cangrejos solo pa ti,

no nos vayas a dejar el arroz pelao.

¿Podría ser, doña Inma? -Por supuesto.

Un plato de cangrejos para doña Alodia.

Enseguida se lo preparo.

Y les traigo las bebidas enseguidita, ¿eh?

¿Ha reconsiderado retomar las clases de música?

No hay nada que reconsiderar.

El solfeo me ha resultado bastante pesado y aburrido.

Puede ser, pero es necesario si quiere tocar el piano.

Ya les comenté que ha dejado de interesarme el piano,

no creo que sea bueno para mis dedos.

"Los dedos", dice.

¿Qué, dándole al magín?

(SONRÍE)

Sé lo que a usted le pasa, amigo,

sí, no tiene por qué fingir.

Sí, sí.

Don Felipe va a acabar con todos nosotros.

Pero usted no se achique y pa'lante.

Sí, sí, no queda otra.

El zagal ya me había dicho por qué no quería nada con mi prima,

pero quiso confrontarla para que la cosa no fuera a más.

Claro, una mujer sin honra es como una oveja sin lana,

no es cosa de dejar el malentendido en el aire.

Ya, ya.

¿Qué mira con tanto ahínco?

La bolsa. ¿Tú sabes lo que es la bolsa?

¿Se refiere a la talega?

Esa bolsa no, esta, esta bolsa.

Es una manera de invertir dinero

para ganar más dinero.

Como cuando jugamos al tute.

Sí. Bueno, es algo complicado. Supongo que no lo entenderás.

Yo porque lo hablé con mis amigos David y Jose, que si no...

Mucha confianza tiene con los señores pa hablar de perras.

¿Y tú qué haces aquí dándome la chapa?

Vete a trabajar al portal, venga.

Don Liberto, ¿qué le ha parecido el arrocito?

Muy bien, tenía usted razón, don Jose.

Si me disculpa, voy a casa a reposar un poco.

Sí, yo voy para allá.

Madre, yo voy a ir yendo a la academia.

Muy bien. Después nos vemos.

Nos sentamos en la terracita

y nos tomamos un cafelito y algo dulce, ¿no?

Yo voy a comprar una revista al quiosco.

Muy bien. Vamos.

¿Qué? ¿Cuadran las cuentas?

No solo cuadran, sino que van sobradas.

Eso es bueno, ¿no? -Hombre...

Gracias a Dios, parece que arrancamos..

Sabía que sus arroces iban a triunfar.

¿Y lo dices ahora, a toro pasado, listillo?

¿Cómo?

Ya le dije que usted en el pueblo era la mejor.

Sí, pero en la ciudad no es lo mismo,

la gente tiene el paladar muy exigente.

Eso creen ellos, pero lo bueno está bueno aquí y en Pekín.

¿"Pekín"? ¿Y eso dónde está?

Da igual, lo que importa es que el restaurante funciona,

y es gracias a usted.

Cómo me gustaría que Pascual estuviera aquí,

para que viese que la inversión hecha no ha sido en balde.

Lo que tendría que hacer Pascual...

es llamar o mandar una carta de vez en cuando.

Guillermo, hijo, no me gusta que hables así de tu padre.

Ya sabes que ha sufrido mucho.

¿Y por eso él nos hace sufrir a nosotros ahora?

Casilda, pasa.

¿Me traes información de Azucena? -Sí.

Soy todo oídos.

Le gustan mucho los libros y la música.

Eso ya me lo habías dicho.

¿No me traes algo nuevo?

Sí. He visto en su mesilla de noche un par de libros.

¿Y?

Uno es de Bécquer,

que a la fuerza tiene que ser extranjero,

y el otro es de Rubén Darío.

Sabía que le gustaba la poseía.

Y recuerde lo que le dije,

que le gusta poner música en el gramófono?

¿Has podido averiguar qué tipo de música escucha?

Mire, eso ya no,

porque todos los nombres de los artistas son en francés

y no he podido retener ninguno.

Tranquila, la información que me has dado es oro.

¿Ah, sí? -Pues sí.

Muchísimas gracias, Casilda, de verdad.

No hay de qué. A más ver.

Hasta luego.

Aquí tienes tu revista, Alodia. Doña Alodia.

Sí, perdón, doña Alodia.

Por cierto, una pregunta, doña Alodia,

¿sigue uste interesada en aprender a tocar el piano?

Yo puedo enseñarle.

¿Usted, el piano? Por favor, no me haga reír.

Sí, sí. Ríase si quiere,

pero yo le puedo enseñar a usted a tocar el piano...

sin necesidad de aprender solfeo.

¿Y eso cómo es? Tocando de oído.

¿"De oído"? Sí, de oído.

Así aprendí yo a tocar el órgano en la iglesia de mi pueblo

y, desde entonces, no ha habido mejor organista que yo.

Entonces ¿el órgano y el piano son parecidos?

Bueno, sí, se podría decir que son primos hermanos,

uno más calavera que el otro. Ya se lo explicaré con el tiempo.

Si está dispuesta a darme un adelanto,

intentaré conseguirle un piano de pared a buen precio

y le enseñaré a tocar el piano de oído.

¿Y podría meterlo en casa de los Domínguez?

Por supuesto. ¿En qué casa no cabe un piano?

Lo rico que estaba el arroz y el buen rato que estamos echando.

La buena comida y la compañía nunca fallan.

Ahí ha hablado usted, Rosina.

Por cierto,

hay que ver la niña tan educada que ha criado usted, Hortensia.

Se ha hecho lo mejor posible,

aunque no ha sido fácil.

Y tanto, una mujer sola...

y viuda con una niña tan chica...

Ni siquiera llegó a conocer a su padre, una desgracia.

Con padre o sin padre, Azucena tiene un saber estar exquisito.

Señoras, qué alegría verlas reunidas.

Hemos aprovechado el buen tiempo para tomar un café aquí afuera.

Tome asiento y acompáñenos, será en enorme placer.

Si me lo dice con esas formas.

(RÍEN)

Y díganme, ¿de qué hablaban en tan buena armonía?

La compañía ha estado sublime

y el montaje no tiene nada que envidiar a otros que he visto.

Me alegro de que te haya gustado.

Estas dos horas han conseguido hacerme olvidar todo.

Esa era la intención.

¿Y a ti? ¿Te ha gustado?

Bueno,

no me dormí, como otros caballeros de la platea y los palcos.

Muchos solo van al teatro y a los liceos para aparentar.

Yo diría que hoy, eran la gran mayoría.

Pero ¿te ha gustado o no?

Yo vengo de un mundo que no tiene nada que ver con todo esto.

Me considero un auténtico ignorante

sobre la materia musical.

Por cierto, no te lo he dicho antes, pero te queda muy bien el pelo.

¿Estás esquivando mi pregunta? -¿Por qué tendría que hacerlo?

No sé, porque...

se supone que los hombres como tú presumís de no tener sensibilidad.

Venga, te ha gustado, aunque sea un fragmento, uno pequeñito.

Bueno...

(TARAREA)

(RÍE)

Lo sabía.

La canción era muy pegadiza.

Es la primera vez que te veo relajado.

¿Tú crees?

No lo sé.

Será verdad que la música amansa a las fieras.

Muchas gracias. Aquí tiene.

¿Aquella no es Valeria?

Sí, y su marido.

Podríamos preguntarle de dónde vienen.

Pues...

¡Valeria!

¡Valeria!

Ve con ellas.

Yo te espero en casa.

Pero antes, debemos aparentar

que somos un matrimonio bien avenido.

Perfecto.

Valeria y su marido hacen una pareja perfecta.

Los dos son encantadores.

Buenas, señoras.

Buenas. Muy buenas, Valeria.

Siéntese un rato con nosotras.

No querría molestar.

¿Molestia?, para nada. Un momentito.

Niño. Mi alma, acerca una sillita pa la señora.

Por supuesto.

Nos preguntábamos de dónde venían usted y su marido tan elegantes.

Aquí tiene, señora. -Gracias.

De ver una ópera en el teatro, Aida, del maestro Verdi.

Usted y mi hija harían muy buenas migas.

Las dos son unas enamoradas de la música.

Doña Hortensia nos contaba que su hija Azuzena

tiene un gran talento para el baile,

está tomando clases de danza.

La cultura es algo que llevamos en la sangre la familia Rubio.

Mi hija Leonor y mi sobrina se pierden por una pieza musical,

un libro...

En eso, Azucena ha salido ganando, porque además baila.

Y la mía escribe.

Veo que las dos muchachas son muy cultivadas.

Y en el caso de Azucena, no estaría de más que tomara clases de música.

Una muchacha casadera como ella,

no debería desestimar ninguna oportunidad para aumentar su caché.

De momento, que se centre en la danza, y más adelante, ya se verá.

-Sí.

Yo podría darle clases, como hice con Alodia.

Gratuitas, claro.

¿Lo haría usted?

Por supuesto, sería un placer.

Pero ¿y no sería mejor comprobar antes

que la alumna reúne un mínimo de cualidades?

Pa no perder el tiempo, más que na.

Mi hija haría una prueba.

¿Y no convendría que antes hablaras con Azucena,

no vaya a ser que no le interese?

La conozco y, seguro que lo hace encantada,

y lo superará con creces,

que por algo tiene el oído educado por sus clases de ballet.

Pues ¿esta misma tarde?

Un día más sin ti, mi amor.

¿Tienes que repetir ese paripé todos los días?

¿Le ha dicho Felipe algo del nuevo enfermero?

No sé nada.

ya lo averiguaré mañana cuando vaya a visitarlo.

Se lo agradecería.

Estoy preocupada por si Pruden se va.

(Timbre)

Voy a abrir.

Marina, pase, por favor.

Marina, este es mi suegro, don Ramón.

Encantada.

Marina me va a ayudar con los preparativos del acto.

Ella también perdió a familiares en el atentado.

En ese caso, mejor las dejo a solas.

Ya le dije que no quiere ni oír hablar del tema.

No pasa nada, me hago cargo. -Siéntese, por favor.

Todo esto me viene muy grande. -Tú tranquila.

Además, aún nos quedan cuatro días, hay tiempo para todo.

Hazme caso y no te preocupes.

Bastante tienes con cuidar de tu suegro y llevar tu negocio.

Si solo fuera eso...

¿Cómo que solfeo?

Valeria se ha ofrecido a darle clases de forma gratuita.

¿De forma gratuita, seguro? -Sí, de forma gratuita.

Ahora se pasará por aquí.

Yo pensaba que le interesaba la danza.

¿Ahora el solfeo? ¿Mañana qué va a ser?

También le interesa el solfeo, es una muchacha completa.

¿Qué te parece, entonces?

Ya te he dicho que no nos cobrará, no tienes por qué preocuparte.

Perdóname.

Después de hacer cuentas,

es lo que menos me inquieta. La moza no tiene culpa de nada.

No nos van a llegar los ahorros para la obra.

Maldita obra, qué poco oportuna.

Le he pedido a Felipe un préstamo, pero no estaba en condiciones.

(RESOPLA) Ni estaba, ni estará. No sé ni para qué te has acercado.

Me siento muy egoísta por no apoyarle más.

No, no, haces mal en culparte,

a fin de cuentas, está muy bien atendido,

ah, y de cuartos no anda nada mal.

¿Y has pensado otra manera de conseguir el dinero?

Cuando fui a ver a Felipe, don Jose Domínguez estaba con él.

¡Ay! No, eh, ni se te ocurra pedirle a Jose.

Una cosa es pedirle a Felipe o a Ramón, que son amigos de siempre,

y otra es que Acacias se entere de nuestra ruina.

¿Es que nunca te cansas de aparentar?

¡Jamás!

Pues el arroz con cangrejos y el vino estaban muy buenos,

¡pero estaba fuera de lugar esa comida!

¡¿Quieres bajar el tono, muchacho?! Que se te oye desde la escalera.

"Muchacho"...

No estaríais discutiendo.

Liberto me contaba los problemillas para afrontar las obras.

Siempre te he dicho que no está a la altura.

¡Y yo te repito que jamás me ha fallado, ¿te enteras ya?!

Buenas tardes.

¿Les ocurre algo? -No, nada.

¿Qué va a pasar? -Estamos bien.

Hablando de nuestras cosas. -Tranquilamente, ¿no lo ves?

Sí, les veo raras.

Prepárate para tu prueba.

Sí, querida, Valeria está al llegar y no la vamos a hacer esperar.

Tranquila.

Qué mal disimulas.

Puf...

¿Habrá que contratar a un afinador para el piano

si las clases son aquí?

Ay, por favor. -(RESOPLA)

Entiéndame,

conozco a don Felipe de toda la vida

y no podía dejarlo solo con esa pena.

Como si tú no tuvieras la tuya propia.

A él, cada vez se le está agriando más el carácter.

Ya no encuentro enfermero que le cuide.

Quizás yo también pueda ayudarte con eso.

¿Usted?

Conozco a alguien que podría estar interesado en cuidarle.

El problema no es gente que quiera trabajar,

sino que aguanten, y Felipe lo pone muy difícil.

Déjame que lo intente, al menos para que se corra la voz.

No se preocupe, Marina,

tenemos a un enfermero que acaba de empezar.

Ya verás cómo este aguanta.

Dios la oiga.

Y en cuanto al acto, déjalo en mis manos.

No es el primero que organizo, así que algo sé.

Confía en mí.

(Timbre)

¿Quién será?

Aquí tiene.

Agradecida. -Buen día.

¿Ocurre algo, Lolita?

Es una carta urgente del Partido Conservador.

(Puerta)

Genoveva. ¿Puedo pasar?

Valeria no está en casa. Lo sé.

Está en casa de don Liberto dando clases de música a Azucena.

¿Me va a dejar pasar o no?

Sí, sí, claro. Por supuesto.

¿A qué ha venido?

Me ha dicho mi marido que se dedica usted a asuntos bursátiles.

Así es, soy corredor de bolsa.

¿Y en qué me recomendaría invertir en este momento?

Hay varias opciones. el tabaco sin ir más lejos.

Tras la guerra han subido las acciones.

Nada mejor que un cigarro para olvidar las penas del conflicto.

Otra opción es invertir en divisas

y hacerse con alguna cuando esté en alza.

¿Hay alguna otra recomendación que deba tener en cuenta?

Eh... Bueno, en... ¿Sabe?

¿Le he dicho ya que me parece un hombre muy interesante?

¿Qué quieres hacer con 100 pesetas?

Es pa comprarme un piano que me ha encargao Servando.

No se lo diga a Ignacio, que es una sorpresa.

¿Pa qué quieres un piano?

Pa tocarlo.

Como no sea por encima. -"Háblame de tu novio".

Le dije por carta que me encantaría que viniera a pasar unos días

y no me ha respondido.

Escucha, Azucena, ningún hombre en su sano juicio

dejaría pasar a una moza tan guapa como tú.

Lo digo por Prudencio, el enfermero, a ver si aguanta,

que sin su ayuda, el asunto se puede eternizar y el hombre está harto.

Represento a una sociedad interesada en adquirir

locales comerciales en este barrio.

Me pregunto si su pensión está en venta.

No quiero que nadie utilice la memoria de mi hijo.

Todos los días me arrepiento de haberle dicho a Lolita que...

iba a participar en el homenaje.

He hablado con los obreros, ya han comenzado la reforma.

¿De dónde has sacado el dinero? -Es asunto mío.

Me alegro de encontrarles.

De hecho, quería hablar con usted, don Ramón.

No quiero que le comente nada a Valeria, podría preocuparse.

Tranquilo, no sabrá nada. Don Aurelio tampoco.

Don Liberto anda en problemas que no quiere contar.

Mira, eso no me extraña.

Noto que tiene muchas ganas de hablar conmigo,

pero al final, no lo hace.

Yo soy más de mecánica.

Pero también me gustan otros temas, como la poesía y la música.

Y me encantaría hablar de esos temas con usted.

Estoy harta,

harta de la política, harta de usted.

Ya no puedo más. ¡La política me quitó a mi marido!

Creo que...

usted y yo podríamos llevarnos... bien,...

muy bien.

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Acacias 38 - Capítulo 1414

26 ene 2021

Genoveva sigue interesada por David. Aurelio confía en haber aplacado la curiosidad de Genoveva y da su permiso a David para que juegue en Bolsa mientras protege a Valeria. Valeria y David se dan un beso en los labios para hacer el paripé frente a las vecinas. Genoveva se insinúa a David.

Va quedando menos para la inauguración de la plaza, y Ramón sigue sin querer saber nada. Las cosas entre Felipe y Pruden van mal. Marina ofrece ayuda para conseguir otro enfermero, Lolita lo rechaza y recibe una carta del partido.

Liberto encara las obras y Hortensia decide no contarle nada a Azucena de este nuevo percance. Celebrando en el restaurante, los Domínguez piden a lo grande y Liberto se apura. Liberto quiere pedirle dinero a Jose, pero Rosina se niega. Azucena se da cuenta de que le están escondiendo algo. Guillermo explica a Casilda que todo ha sido un malentendido y le pide ayuda con Azucena. Inma y Guillermo hablan de Pascual y Casilda trae a Guillermo información sobre Azucena.

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  1. Victoria

    Como no se puede comentar en el capítulo 1415 quiero hacerlo aquí. Me gusta muchísimo el vestuario de los Domínguez en estos años 20; especialmente en el capítulo 1415, el vestuario de Jose era precioso con esa tonalidad beige pero, es que cuando llegó Bellita también estaba elegantísima. Mi felicitación al Departamento de Vestuario. Me gustaría ver a Lolita lucir algo con un poquito más de color, teniendo en cuenta que hace ya 5 años que murió su esposo, entiendo que era otra época pero, le haría falta un pequeño cambio (siempre desde mi punto de vista). Ya he comentado que me encanta el personaje de Valeria y su cambio de peinado le queda perfecto, felicitaciones también al Departamento de Peluquería porque ha sido un acierto. Necesito ver a Felipe recuperado y feliz, por favor. Cómo puede Liberto aguantar a esa nefasta cuñada sin ponerla en su sitio como se merece? entiendo que él no haya querido "frenar" nunca a su esposa (que cada día se lo merece más) porque la quiere pero, lo de la cuñada es demasiado. Desde luego las hermanas Rubio son para "echarle de comer aparte". Estoy deseando volver a ver a D. Ramón departiendo amigablemente con sus vecinos y de buen humor.

    28 ene 2021