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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1407 - ver ahora
Transcripción completa

¿Se te han subido los humos por estar fingiendo ser un caballero?

Perdona, pero tenía que decírtelo.

No puedes ponerte en peligro por el ansia o por la zozobra,

ni tampoco poner en peligro a tu marido.

¿Y ahora te permites aconsejarme?

¿Quién te has creído que eres?

Quien te protege. -Protégeme cuando me ataquen.

Mientras tanto, eres un desconocido para mí.

Estas aquí por dinero, por obedecer

al señor Quesada, pero no para decirme

lo que tengo que pensar o sentir. -No pretendía humillarte.

Entonces, no saques a relucir tu petulancia.

Vivimos entre estas cuatro paredes,

solo intentaba hacerlo más fácil para los dos.

Y hacer mi trabajo, claro.

Y sí, soy un empleado del señor Quesada, y no me avergüenzo.

Limítate entonces a eso, a tu trabajo.

La falsa intimidad la dejas para cuando paseemos por esas calles.

No fingiría intimidad si no fuera estrictamente necesario.

Pero lo es.

Los que intentaron matar a tu marido están al acecho

y no te conviene dar que hablar.

No ganarían nada atentando contra mí.

Puede que no,

pero quizá piensen que eres la única que sabe dónde está tu marido.

¡Ojalá!

No insistas, Valeria.

Deja ese aire paternalista.

Es imposible tratar contigo. -¡No trates, te lo estoy diciendo!

Siempre te he tratado con respeto, fuera y dentro.

La convivencia es una prueba, lo sé, pero lo es para ambos.

No.

No es lo mismo para ti que para mí.

Tú puedes marcharte.

Perderías el empleo, sí, pero nada más.

Yo puedo perder a mi marido.

Y la vida.

¡Quiero que esto termine!

Todos queremos que termine.

Y esperemos que sea pronto.

Pero de momento, te pido una sola cosa, ten paciencia.

¿Paciencia... cuando el señor Quesada me tiene en la oscuridad?

Necesito noticias de mi marido.

Pronto se personará el señor Quesada y te las traerá.

(Piano)

(Música melancólica)

(Sintonía de "Acacias 38")

(SUSPIRA)

Buenas noches.

Fin de jornada, ¿no? A casa a disfrutar del descanso.

¿Y uste?

A mí todavía me queda. -Ya, por eso le pregunto.

Es hora de cerrar comercios, pero no de que don Felipe haya cenao.

Sí, ahora subo.

La cena la he servido, pero me falta administrar los medicamentos.

Necesitaba estirar un poco las piernas.

Le acompaño.

Agota, ¿verdad?

Vacía por dentro, sí.

Me sabe mal tener que decirle esto:

pero no ha sido buena idea encomendarle a don Felipe

el discurso para la inauguración de la plaza.

¿Qué ha dicho?

Decir no ha dicho nada, pero, hágase usted cargo,

mientras escribe no deja de recordar el atentado y sus consecuencias.

A lo mejor, enfrentarse a su desgracia le hace tirar p'alante.

No lo creo, al contrario.

Puede que tanto revivir aquellos momentos retrase su curación.

No me diga uste eso.

Lo comparto con usted porque sé que tiene en casa algo muy parecido.

O peor.

Se nota que no vive usted con don Felipe.

Ni uste con mi suegro. -Dios me libre.

Estoy harto, doña Lolita. -Deje el "doña".

Dice que puede que sea mejor que nuestros enfermos

miren cara a cara a su desgracia.

Don Felipe no le ha perdido la cara nunca.

De ahí las consecuencias. -Ya.

Como desdén, desapego.

Si es que les da igual gente, solo les importa su desgracia.

Lo explica usted muy bien.

Pero don Felipe muestra también otros síntomas:

saca su dolor a gritos,

se despierta en medio de la noche bañado en sudor, enajenado.

Aterrao.

Estoy llegado al límite de mis fuerzas.

No diga uste eso. Es nuestro deber cuidarles.

Hay deberes que matan.

Y aun así, le ayudaría sin desfallecer

si viera que hay alguna mejora, pero...

así...

Don Felipe no mejora porque no quiere mejorar.

Sí que hay algo de regodeo en la desgracia.

No tengo ninguna esperanza, de verdad.

Con mi ayuda o sin mi ayuda,

no creo que sane si él no se lo impone a sí mismo.

Aguante uste,

se lo pido por favor.

No piense en la curación.

Piense que les damos cariño, que así no están tan solos.

No le corresponden a uno, Lolita.

Lo hacemos por ellos, no por nosotros.

Don Felipe es un tirano.

Yo no puedo decirle a usted cuánto más seguiré a su lado.

Su infusión, señorita.

De tú, Casilda, de tú.

Ah, sí, perdone. ¡Perdona! Se me ha escapao.

Rubén Darío.

Ah, bien. ¿Y qué lees?

Un poema de Rubén Darío.

Se titula: "Margarita, está linda la mar".

¿Te leo un fragmento?

O un pedazo, lo que mejor le venga.

"Margarita, está linda la mar

y el viento lleva esencia sutil de azahar;

yo siento en el alma una alondra cantar;

tu acento: Margarita, te voy a contar un cuento".

Qué cosa más bonita.

Un poco cursi, eso sí,

pero eso lo hace más requetebonico todavía.

¿Y qué cuento le cuenta?

El de una princesa

que se escapa para buscar una estrella para hacerse un prendedor.

Se va contra la voluntad de su padre, el rey.

Con los reyes no se juega, que tienen muy mala baba.

Eso lo he oído yo.

En realidad, lo que quiere Rubén Darío

es que Margarita se sienta como una princesa.

Ese sí que sabe.

"Las princesas primorosas se parecen mucho a ti:

cortan lirios, cortan rosas, cortan astros, son así".

Quién tuviera un galán tan bien dispuesto.

Ya estás soñando, ¿ves?

Para eso sirve la poesía:

hace que te vuele la imaginación y te emociona.

Hay que ver cuánto me recuerdas a tu prima Leonor.

Ella andaba siempre con la nariz en un libro

y escribiendo, tenía los dedos manchaos de tinta.

Era su vocación. La mía no es leer ni escribir.

La poesía me inspira para lo que de verdad me gusta:

el ballet, la danza...

Cuando bailo es cuando me siento realmente feliz.

Arrea, pues yo creo que nunca he tenido un sentimiento así.

¡Vamos, menos cháchara, que es hora de servir la cena!

Sí, señora.

¿Cómo has pasado la tarde?

Leyendo.

¿Poesía?

A falta de otra cosa más intensa,

como por ejemplo, una carta de mi novio.

Siempre a vueltas con lo mismo.

El chico quiere ser abogado, no literato.

Ya tiene bastante como para estar escribiendo todo el día.

No le pido que me escriba sin descanso,

tan solo cuatro letras para decir que me echa de menos.

¡Que no le des tanta importancia, leñe!

¿A qué se la doy entonces?

A los estorbos que se atraviesan en nuestro camino.

Me estoy oliendo que a tu tía Rosina...

no le van las cosas tan bien como trata de aparentar.

¿Qué cosas?

El dinero, los negocios, lo que sea.

¿No te has fijado que aquí se pasan estrecheces?

No lo he notado, no.

Pues se pasan.

No como en casa de un maestro escuela, pero están ahogados.

No creo que les falte de nada.

Y lo comparten todo con nosotras sin titubeos.

Ojalá tengas razón,...

pero me da en la nariz que no, que pasan apuros.

Dios mío, ya me gustaría equivocarme.

La leche.

¡Pero funciona de una vez!

¡Maldita máquina del demonio!

¡Ande!

Y ahora se va la luz.

Una linterna.

Ay. Aquí.

Ahí está.

Los de la compañía de la luz van a conseguir que yo, Servando Gallo,

defensor a ultranza del progreso y la innovación,

clame al cielo y a maldecir todo lo eléctrico

y lo que funciona con electricidad.

A ver.

¡Malditos plomos del demonio!

(Llaman)

¿Quién va? ¡Ah! Soy yo.

Eres tú.

¿Se le ha vuelto a ir la luz?

Lo justo para recordarme que existe la oscuridad y el café frío.

Deje que le eche yo un ojo.

¡Uy, cuidadito, que va Edison!

A ver.

(SERVANDO GRITA)

(RÍE) Muy gracioso, ¿eh?

A ver.

Ah, claro, claro.

Ay, son los plomos.

Oh, diagnóstico certero.

Uno, que se fija. Claro, ¿y el arreglo?

¿El arreglo? Yo de eso no sé.

No me ha guiado el Señor en los caminos de la ciencia.

No hace falta que lo jures.

(Llaman)

¿Quién va?

Buenas noches, señores. Adelante, adelante.

Servando, tiene el local muy fúnebre.

Desde fuera da muy mala impresión.

Son los plomos. ¡Tú qué sabrás, hombre!

Veamos si tiene razón. ¿Dónde está la caja?

Justamente detrás de usted. Ahí la tiene. Tome.

Gracias.

A ver.

¿Tiene arreglo?

Todo tiene arreglo menos la muerte.

A ti te seguían las ovejas porque ibas con el garrote, ¿eh?

¡Uy!

¡Equilicuá! Toma ya. Y la luz se hizo.

A partir de ahora

le voy a tener a usted en mejor consideración.

Lo que no le va a tener es en mejor invitación.

No hace falta, tengo que irme.

Cualquier cosa que necesiten, no tienen más que llamarme.

Para eso están los vecinos. Buenas noches.

Buenas noches. A la paz de Dios.

Con la tontería, tengo mecánico electricista.

Qué muchacho más servicial, ¿eh?

A la primera, ha tocado dos cositas...

Se me olvidaba lo más importante,

están invitados a la inauguración.

Mañana a mediodía, no me falten.

¿A mediodía? ¿Vamos comidos o sin comer?

Qué pregunta más miserable.

Sin comer, faltaría más.

Mi abuela ha cocinado para un regimiento.

(RÍEN)

Buenas noches. Con Dios. Gracias.

De verdad, qué bien me cae el muchacho.

Lo dije desde el primer día que le eché la vista encima.

Ahí.

Qué prestancia.

(Suenan las campanas en Acacias)

Don Ramón, ¿está uste ahí?

A ver qué manía le ha entrado ahora.

(Llama a la puerta)

Don Ramón, buenos días.

(Llama a la puerta)

(Abre la puerta)

Si cree que voy a ir detrás de él, que espere sentao.

No tengo yo otra cosa que hacer que estar pendiente de sus pataletas.

Señorita, conferencia con Cabrahígo, por favor.

Sí, el aparato del ayuntamiento me vale,

conozco al alguacil,

en la escuela le llamábamos el Vinopocho.

No, no, quiero hablar con Monchito,

con Moncho Palacios, Moncho el de las Cuatro Esquinas.

Sí, espero.

Si Vinopocho de crío ya daba dolores de cabeza,

ahora que es alguacil, tendrá a todo el pueblo con jaqueca.

¡Moncho, cariño, qué guapo estás!

Ya sé que no te veo, es un decir.

Sí, claro que voy a ir a verte. Muy pronto, claro.

¿Sabes lo que te digo?

Que voy este fin de semana, sin falta.

¡Claro que te lo prometo!

¡Vaya por Dios!

¡Dile al Vinopocho que no te meta prisa!

¡Que se enfade!

Venga, sí, a la escuela, no llegues tarde.

Te quiero, cariño.

(Timbre)

Ya va.

Lolita, menuda rasca a estas horas de la mañana.

Daría lo que fuera por una bufanda de lana de oveja.

¿Vienes a ver si tengo alguna?

Vengo a decirte que tienes un gachó esperándote en la mantequería.

¡Ah, sí, el que me trae el membrillo!

Gracias, ahora bajo.

Traigo también una carta para don Ramón.

El cartero dice que me la deja por error pero es a propósito.

Dámela a mí, que don Ramón ha salido temprano.

Si está por aquí se la puedo acercar yo.

No sé dónde está.

Ya es mayorcito, no voy a estar pendiente de él.

Hasta luego.

Se sirve por la izquierda del comensal

y se retira el servicio por la derecha.

Que no tenga que volver a repetírtelo.

¿Todo a su gusto, señor?

Sí, a mi gusto.

No voy a ser muy exigente los primeros días,

aunque he de decir que la salsa de huevos rancheros no hería.

Lo siento, señor,

aún no he encontrado unos chiles lo bastante fuertes.

Tranquilo, me hago cargo.

De eso, precisamente, quería hablarle.

Aparte de las insuficiencias en el mercado de abastos,

¿qué le parece la ciudad, el barrio, nuestra casa?

Me son tan familiares, que no me he parado a pensar en ello,

si exceptuamos el tamaño del domicilio familiar.

Ya sé que es español, pero todo ha cambiado mucho.

Cuando emigró a México, este país era un imperio,

y ahora, apenas mantiene sus fronteras.

En especial, las africanas.

Su opinión.

Ya le dije que a mi parecer,

en México su familia vivía en una hacienda,

aquí, en un bloque de vecinos.

También teníamos la mansión de Ciudad de México.

Y en la colonia del Hipódromo.

Acacias, señor, es un barrio, uno más.

Ya. ¿Decepcionado?

Nunca, don Aurelio.

Tiene que ser virtud del buen servidor el saber adaptarse

a los cambios sin que merme la calidad de vida del señor.

No tendrá queja, se lo aseguro.

Lo creo.

¿Sirven las muchachas?

Están por pulir, señor,

pero no serán las primeras a las que convierto en excelentes doncellas.

Doy fe de ello.

Doy fe. Ya sabe usted que tiene carta blanca

en lo que se refiere a selección y organización del servicio.

¿Tendremos cocinera?

Confío en que muy pronto.

Sigo tratando de encontrar a la más adecuada.

Perfecto.

Y en cuanto a la casa,

deseche usted temores,

nos mudaremos a otra más acorde a nuestra clase y posición.

En otro barrio, por supuesto.

Me alegraría por usted, señor.

Y yo me alegro de que nos haya acompañado.

Solo tenía usted que decirlo.

La vida en Acacias va a ser más sencilla estando usted a mi lado.

Echaba de menos a mi ayo.

También yo a usted, señor.

Aunque eso es lo de menos.

Ya sabe que don Salustiano, en su lecho de muerte,

me pidió que cuidara a su primogénito como le cuidé a él.

Soy un hombre de palabra.

Más allá de sentimientos, obedeceré a su padre hasta mi muerte.

O hasta que usted diga otra cosa.

¡Y aquí tienes la mantequería!

Se las saluda, señoras.

Mi hermana, que tenía muchas ganas de conocer tu colmado.

Tanto como ganas... Curiosidad, más que otra cosa.

Pues está uste en su casa, doña Hortensia.

He de reconocer que siempre me han gustado los ultramarinos.

Ese olor a canela y otras especias...

A chorizo y a morcilla.

¡Y de Cabrahígo! Tenemos los mejores géneros.

¿Quiere catar algo?

Me acaban de traer carne de membrillo.

Sí, me encantaría.

Ahí tiene.

Um.

¡Buenísimo!

Por una vez, una tendera dice la verdad.

Pónganos una lata. De las grandes, ni que decir tiene.

Eso está hecho. También está gustando mucho la mojama.

De Barbate, claro.

Los Domínguez se le llevan por kilos.

Pues no vamos a ser menos que los Domínguez. Pónganos dos.

¿Piezas? -No van a ser lonchas.

¿Qué me dice de este café?

Qué ojo que tiene la señora. Es el más caro.

Le viene de familia, Lolita.

Es de Jamaica, que está como por Galicia pero más allá.

En casa no lo gastamos, pero doña Genoveva dice que es pura "amorsía",

que está de aúpa.

Ambrosía, manjar de dioses.

Nos llevamos tres. -¿No serán mucho tres?

¿Mucho? Yo creo que nos quedamos cortas.

Si es tan bueno, se lo quitarán a Lolita de las manos

y seremos las únicas que no tomen café de Jamaica.

¿Algo más?

No, gracias, que llevamos prisa.

Estaba yo mirando este chocolate suizo.

¿Qué pretendes, que me salgan lorzas hasta en el alma?

Nada más, gracias.

La cuenta, que mi hermana no da una satisfacción así la maten.

Ahí está.

¿No te habrás confundido?

¿No será la cuenta del cuartel de granaderos de la calle Mayor?

No, doña Rosina. Se lo explico.

Cuatro con ochenta de la moja...

Por favor, no repase los números como a las pobres.

Perdona, Lolita, me vas a perdonar, pero no he traído suelto.

No tiene que perdonarte, que te lo apunte y sanseacabó.

Yo se lo apunto, doña Rosina, no se apure.

Usted nunca compra de fiao. Esta y las veces que quiera.

Luego viene Casilda con los cuartos y se lleva el género.

Naturalmente, no vamos a ir nosotras por ahí cargadas.

(RÍE) Es verdad.

No es tanto bulto.

No es por el bulto,

es que una dama solo puede cargar una sombrilla sin pasar vergüenza.

O un perrito pequinés.

(RÍEN) A más ver.

Hasta luego.

(RESOPLA)

Madre mía, abuela, visto así todo junto,

parece un banquete en el cielo.

Va a ser la admiración de propios y extraños.

De eso se trata, de que propios y extraños conozcan y estimen

las recetas de la abuela. -No habrán probado una tortilla así.

Coge un trocito de jamón de los callos, ya verás.

Um. -¿Qué?

Excepcional.

Aunque se le ha ido a usted la mano.

No se trata de que coman para toda la semana.

Que se hagan una idea de cómo serán las raciones.

De mi comedor, nadie saldrá con hambre.

Tranquila, que no se hará usted fama de tacaña.

No, lo odiaría.

Pierda cuidado.

Bueno, pues esto ya está.

Voy a terminar de poner las mesas.

De eso nada, que ya estoy yo aquí.

Gracias, hijo.

¡Por Dios, déjalo ya, Servando, ¿no ves que funciona?!

Funciona hasta que deja de funcionar, y luego, ¿qué?

(SUSPIRA)

¡Uh!

Es que...

¿Hay un café para una mantequera más cansá que un burro?

Faltaría más, hija, ahora mismo te lo pongo.

Te lo pongo yo, tú sigue con las mesas.

Vaya por Dios. ¿Y dejar lo que estás haciendo?

No me importa, luego lo cojo donde lo interrumpí.

¿Y la semana? ¿Muchos clientes?

Depende. ¿Cuántos son muchos para ti?

Es que...

No estamos llenos, pero tampoco nos falta faena.

¿Algún conocido?

Pues no. Bueno, un viajante de Alpedrete,

que vende botones, cintas y puñetas de esas.

Gracias. Nada.

¿Y tu suegro, qué?

Cascarrabias, qué quiere que le diga.

Parece estar más animado.

Nos ha dicho Jacinto que salió de casa muy temprano.

Sí, por ahí andará.

Él tampoco ha sido mucho de salir.

Igual se está recuperando. A mí no me lo cuenta.

¿Desde cuándo falta?

Desde esta mañana.

No ha dormido allí y se ha llevao ropa.

¿Y a ti eso no te importa?

No puedo estar pendiente de él todo el día.

Ni dejar que un hombre que no está en sus cabales

ande por ahí sin saber dónde.

No digas que no está en sus cabales,

que te monta la marimorena.

Lolita. -Me da igual dónde esté.

Tampoco me importaría que no volviera.

Lolita.

Ay.

Tenía la esperanza de que estuviera aquí.

Ya te he dicho que el único conocido es un viajante de...

¡Servando, recoñe, ya!

Leche, qué carácter. Sí, sí, sí.

Tu suegro... te lleva tratando mal demasiao tiempo, ya lo sé,

pero tú no eres así.

Lo que yo he pasao no lo aguanta nadie.

Has hecho lo que estaba en tu mano, eso es verdá.

Pero si le pasara algo, no me lo perdonaría nunca.

Hombre, eso ya es más normal.

Hija, no te empeñes en tapar tus quereres.

Eso ha sido un arranque, seguro.

Volverá con el rabo entre las piernas.

Dios la escuche.

¿Ve?

Se las da de tiesa, pero el corazón no le cabe en el pecho.

Es más buena que el pan.

Y no se merece que su suegro la trate así,

por muy jorobao que esté.

Tiene razón.

¡Uy, uy!

Ahora va bien.

Tres paquetes de café; del carísimo,

mojama, carne de membrillo... Es que no paraba.

Es una pelea constante contigo.

Fue ella, yo estaba muy comedida. -Claro, claro.

¿Cómo está usted, don Liberto? -No se puede decir que esté mal.

Está estupendo, como puede comprobar.

A usted ni le pregunto, a la vista está que no hace falta.

Luce primorosa.

Es usted un adulador.

Tendré que ponerlo en conocimiento de su esposa.

Ella sabe que soy un sincero compulsivo.

Un requebrador es lo que es usted.

Muy buenos días.

Buenos días. -Buenos días.

No me han presentado.

Disculpe. Don David Expósito.

Para servidla.

El esposo de Valeria, si no me equivoco.

No se equivoca.

Son nuestra más reciente adquisición.

Un matrimonio encantador. Hacen una pareja envidiable.

Gracias.

El cumplido se aprecia más viniendo de una señora tan bella como usted.

Un requebrador. Pero no se lo diga, que ya se lo he dicho yo.

Ha dicho Expósito, ¿verdad?

(ASIENTE)

El caso es que me resulta usted familiar.

No por el apellido, claro.

Es más bien es su cara,

su porte. No sabría decirle.

Es posible que nos hayamos visto en alguna ocasión.

Un besamanos, una recepción quizás.

No parece muy factible.

He pasado los últimos años fuera de España.

Qué raro, nunca olvido una cara.

Pero, en fin, de nada vale forzar a la memoria.

Ya tendremos ocasión de aclararlo.

Desde luego. Si hay algo que aclarar.

Ya veremos.

Ha sido un placer, señor Expósito. El placer ha sido mío.

Señores, con Dios.

Con Dios.

Es la esposa de don Aurelio Quesada.

No tienes por qué advertirle.

Aunque estuviera soltera, David está casado y bien casado.

No soy quién, pero le aconsejo mantener las distancias con ella.

Es una mujer peligrosa.

No haga caso, está hecho un gruñón

y tolera poco los defectos ajenos.

Entonces, tiene un problema con usted,

no sabría qué reprochar.

No para, David. Lo que yo digo.

No está de más ser precavido.

Que tenga un buen día. Con Dios.

Señora.

Una casa de locos tiene que ser esa.

Desde casa de mis titos escucho a don Felipe gritando.

Y mire que es buen muchacho el hombre.

A santo no sé si llegara, pero el cielo se lo tiene ganao a pulso.

No diga usted eso, que como se haya ganao el cielo,

va a coger las de Villadiego.

No sería de extrañar.

Pobre hombre, todo el día para arriba y para abajo

ni una palabra amable.

Eso no es trabajo de un enfermero.

A las buenas.

Muy buenas.

No quieran saber cómo está Lolita.

¿Y eso?

El suegro, que la trae a mal traer.

Otro que tal baila.

No es que la traiga a mal traer, es que no da señales de vida.

¿No ha aparecido todavía? -No sabrán ustedes nada, ¿no?

Mi tito me ha dicho que don Ramón no aparece ni por las tertulias.

A veces aparece y otras no.

Por muy mal que lo haya pasao, que lo esté pasando

y que lo vaya a pasar, no tiene derecho a hacerle eso a su nuera.

Esa no es forma de vivir.

Cuando está porque está, y cuando se pira, porque se pira.

Contigo porque me matas, sin ti porque me muero, como dice la copla.

A lo mejor no les viene mal a ninguno pasar un tiempo separaos.

Necesitan un descanso.

¡Maldita bomba!

Y tanto.

Vamos... Se llevó...

y mire a los que dejó.

En fin. Yo me voy a marchar ya.

¿Va usted para el centro?

Voy a la consulta, Jacinto, a la consulta.

Si se topa con don Ramón, dígale de la angustia de su nuera.

Sí.

Sin problema.

Muchas gracias. -A más ver, doctor.

Muchas gracias.

Ay, Jacinto...

Qué aproveche.

Uy, doña Inma, abundante y todo en su punto.

Tiene usted un don para la cocina casera.

He salido a tomar el aire, porque si no, me empacho.

No puedo parar de comer.

Viniendo de usted, que es del gremio,

su opinión cuenta más.

Ya nos juntaremos un día pa hablar de recetas.

Claro. -Buenísima idea.

Pone uste esto en mi pueblo y se le saltan las lágrimas

hasta al sargento de la guardia civil.

Y ese cochinillo... Señora mía, qué cochinillo.

Le hacen a uste un monumento encima del abrevadero.

No será para tanto.

Buah. ¿Y los callos?

Señora mía, qué callos, de verdad.

Esos los ponen en "La última cena", y Judas no traiciona a nadie,

al menos, hasta que se termine los callos.

Gracias, de verdad. Es usted un buen crítico culinario.

Por supuesto.

Por ahí vienen las señoras.

Vámonos.

Ave María purísima.

¿Os queréis creer que por un momento me ha parecido que estábamos

en un albergue de pordioseros?

Al menos, a los pordioseros les dan la sopa boba,

que es más ligerita, y no como esas judías con tocino,

que se te agarran y no te sueltan, como si el tocino siguiera vivo.

De un mal gusto apabullante. La comida y el local.

Tampoco exageremos.

En Acacias habrá gente a la que le gusta este estilo.

Y no a las peores gentes, ni mucho menos.

Menestrales, no digo que no.

Clases subalternas.

Destripaterrones.

Así se les dice a los campesinos, y no abundan en la ciudad.

¡Pues destripa... destripaladrillos!

(RÍEN)

Por su gesto, intuyo que no les gusta el ambiente.

Ni que fuéramos jornaleros.

A mí siempre me han encantado las tabernas,

incluso sus mesas.

Nadie te reprocha nada si te subes a una mesa

y te marcas un zapateao como Dios manda.

No me extrañaría que lo próximo que se inaugurase fuera una trapería.

Creo que con hacer acto de presencia ya hemos cumplido.

Tú, fíjate, que yo...

ni en el rancho del Ejército se come tan bien.

Y eso que cuidan a su gente.

Pero si tú no has sido quinto.

Me da igual, pero no he comido mejor en mi vida.

(FABIANA SUSPIRA)

¿Este?

No, ponme este, que a David le chifla.

Sigue contando.

Lo que te decía, Valeria,

que mi suegro no se ha ido porque sí, sino para echármelo en cara.

Cuánto rencor hay ahí, ¿no?

Pues sí.

Antes era un hombre bueno, un hombre cabal donde los haya.

Y mira cómo son las cosas. -Ya volverá.

O no, y me deja con este come come toda la vida.

Si no se ha llevado su ropa es que piensa volver.

Ojalá. Yo le dije que ahí tenía la puerta,

pero él me dijo que me fuera al pueblo.

Son prontos. -Me da pena alguien tan amargado.

Sí. Está tan amargao,...

que solo disfruta haciendo daño a los que tiene más cerca, o sea, yo.

Ya.

Dicen que le pasó lo mismo ese tal don Felipe.

No lo conozco todavía.

Otra pena.

Antes era garboso,

le gustaba la vida y se enamoraba enseguida,

buen abogao...

Pobre.

Y es lo que hago cuando me encuentro con ese mendigo.

Me he acordado mucho de usted estos días, Lolita.

Es lo que tienen los aniversarios.

En su momento, hubiera crucificado a los responsables,

y no se me ha pasado todavía.

Gracias.

Yo también pensé en uste cuando me dijeron de su regreso.

Valeria.

Qué vestido tan encantador.

Casi tanto como su marido, al que acabo de conocer.

Un hombre muy apuesto.

Yo temblaría cada vez que saliera solo de casa.

Por fortuna, no soy celosa. Y David me es fiel, por descontado.

¿Y él es celoso?

Porque también tendría motivos de zozobra.

Eso podría ser un insulto para mí.

No, por Dios, no, yo no quería insinuar nada.

Pretendía ser un comentario halagador

entre mujeres dos mujeres.

¿Llevan mucho casados?

Para nosotros seguimos en la luna de miel, sin que el tiempo cuente.

Me ha dicho que ha vivido en el extranjero,

¿se conocieron viajando? Su queso, Valeria.

Te lo apunto. -Gracias.

Espero que nos veamos pronto, doña Genoveva.

Por supuesto.

Quiero saber cómo se hace para vivir en una luna de miel sin fin.

¿Qué le pongo? Voy a cerrar pronto.

Asuntos familiares. Sí.

Servando, no puede ser tan difícil.

Las revistas francesas se distinguen a la legua.

¿Y no le haría a usted apaño una revista española de España?

Son las que más se venden.

¿Y a usted le llaman quiosquero? Y algunos, periodista.

Pero creo que con recochineo.

No me cabe duda.

¿Cómo compara usted una revista francesa con una vulgaridad de aquí?

Por Dios. Francia es el país de la moda.

Ah, caramba. Para usted la perra gorda.

Pero sepa que la marquesa de Arambol...

se lleva todos los meses...

estas dos revistas: "Mujeres selectas"

y "Señoras de hoy".

Y con esto, ya estoy traicionando yo

la confidencialidad de quiosquero-cliente.

¿Y qué marquesa es esa? ¿Vive en el barrio?

Yo creo que nunca la he visto. Distingo a una marquesa a la legua.

No, es que siempre...

manda a su doncella a por las revistas,

para que no sepan qué revistas lee

y no puedan copiar su estilo sin par.

Y ya he dicho demasiado.

Y esa mujer tiene que ser muy elegante, ¿verdad?

Uy, "elegante".

La doncella...

La doncella viste mejor que la mayoría de las señoras de por aquí.

Ya.

Si me guarda el secreto, me llevo estas dos revistas.

Nada,... soy una tumba.

Ah, por cierto,

también he de decirle

que la doncella me dijo

que la marquesa está haciendo cambio de armario,

y me ha pedido las revistas de mayo,

la de junio,

la de julio,... la de agosto...

y el resto de las del año pasado.

Ya encontraré la forma de agradecérselo.

Podría empezar por pagarlas.

Cójalas. Seis pesetas.

Sí, tengo aquí, Servando, no se preocupe.

Tenga. Y quédese con la vuelta.

Muy bien.

Con Dios, señora.

(RÍE)

Servando. ¿Qué?

¿No habrás sido capaz de colocarle lo que no le has vendido a nadie?

Quiere ser una señora y el que algo quiere, algo le cuesta.

¿Yo? ¿Yo abusar de alguien con estas cosas?

De verdad, parece que no me conoces, Fabiana.

(Timbre)

Suegro.

Alegra esa cara, chiquilla, que traigo buenas noticias.

He visto a don Ramón en un café donde solemos hacer tertulias.

¿Está bien? -Perfectamente.

Le dije que estabas muy preocupada. -No tenía por qué decirle na.

Es la verdad, ¿no? Eso me dijeron Fabiana y Jacinto.

Buenas tardes, don Jose y compañía.

Buenas tardes.

Ya me marchaba.

Con Dios.

Gracias.

¿No me va a dar ninguna explicación?

Vengo a recoger mis pertenencias,

lo que me queda en casa, mis cosas.

No me puede tratar como si nunca hubiera estado casado con su hijo.

¿Explicaciones?

De acuerdo.

He pasado la noche en un hotel y he tenido tiempo para pensar.

No podemos seguir viviendo en esta casa los dos.

Ya no.

¿Y adónde va a ir que más valga?

Felipe me ha ofrecido una habitación.

Nos entendemos, comprendemos nuestro mutuo sufrimiento.

Nos ayudaremos.

Piénseselo.

Esa casa no va a ser la alegría de un día de mayo.

Lo mismo se enciscan mutuamente.

No soy un crío, Lolita.

Y no soy tan inocente como lo era tu marido.

Tus consejos o advertencias no me enredan.

(SUSPIRA)

(RESPIRA AGITADO)

¡Gerardo!

¡Gerardo!

Señor, su chocolate está servido.

Ah, muchas gracias.

Me he acordado.

Sé que David Expósito trabajo a tus órdenes durante la guerra.

No se te ocurra negarlo.

¿Acechabas durante mis reuniones de negocios?

¿Qué te traes con él?

Siempre tan suspicaz, tan recelosa.

Soy tu marido, ¿recuerdas?

Por eso mismo, no debes tener secretos conmigo.

¡Gerardo!

Necesito la pastilla.

(Puerta)

Felipe.

Felipe, traigo mis cosas.

No me abre.

Le costará llegar. ¿Gerardo no está?

¡Corre a buscarlo! Creo que se ha marchado pa siempre.

Me lo dijo, pero pensé que era un cabreo.

¿Y lo dices ahora, mentecato?

Felipe está impedido, ¡podría pasarle algo!

¡Abre la puerta ahora mismo!

A don Felipe no le gustan las sorpresas.

¡Hombre de Dios, si no abre es porque no puede!

¡Abre o tiro la puerta abajo! Sí, tengo las llaves en el chiscón.

Felipe.

Felipe, ¿me oyes?

(Puerta)

Felipe, ábrame, por el amor de Dios.

¡Felipe!

Felipe.

(Puerta)

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Acacias 38 - Capítulo 1407

14 ene 2021

Valeria y David disputan sobre los términos de su convivencia. A Genoveva no se le escapa una y se interesa por la relación laboral entre Aurelio y David. Más tarde acusa a su esposo de conocer previamente a Valeria.

El enfermero de Felipe se sincera con Lolita sobre su hartazgo por cuidar a Felipe. Ramón desparece de casa y se presenta más tarde para recoger sus cosas: se va a vivir con Felipe. El abogado yace desmayado junto a un charco de sangre.

Casilda y Azucena hacen buenas migas. Hortensia comparte con su hija las sospechas sobre la situación económica de Rosina y Liberto. Rosina se ve obligada a dejar a deber a Lolita una gran compra de Hortensia. Tras conocer a Valeria, Genoveva fuerza a las Rubio para que le presenten a David.

Guillermo y Azucena tienen un amago de colisión. Inma se esfuerza por agradar a los vecinos. Se produce la inauguración del restaurante, pero no consigue una buena acogida por parte de las señoras.

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  1. Pilar Méndez

    Tengo curiosidad por saber qué piensa Casilda sobre la actitud altanera e insoportable de la nueva Alodia, como dice Martíviri:" no pidas a quién pidió ni sirvas a quién sirvió".

    15 ene 2021
  2. isidro

    hola felicidades por Acacias que gran serie y mejores actores Enhorabuena gracias y un saludo

    14 ene 2021