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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1380 - ver ahora
Transcripción completa

Su compañía es lo que más aprecio en estos momentos.

En ese caso, nada debe impedir que nos veamos.

Hay muchos detenidos, tengo que marcharme.

Prométeme que tendrás cuidado.

Si Natalia sale a pasear por el barrio,

será el momento perfecto para que ocurra delante de todos.

Sí, es una buena ocasión.

Le ayudaré a reclutar gente para el Churro va.

Seremos un equipo mejor que el Athletic.

No seas empalagosa, chiquilla,

tú con tus cosas y yo con las mías.

¡Quieto! -Eso es, mi niño guapo.

A ver qué llevan estos dos en el carro.

¿Qué demonios es esto?

Los planes que le conté sobre Natalia Quesada...

han de acelerarse, no pueden demorarse más.

¿Eso quiere decir que nos vamos a dejar de remilgos y pasar al ataque?

Eso es.

(Motor de coche)

¡Natalia! ¡Eh, eh!

¡Natalia!

¡Suéltala!

¡Felipe!

-¡Eh, eh!

¡Natalia, venga!

¡Corra!

¡Jacinto! ¡Jacinto!

¡Chiquillo!

¡Para! ¡Ah!

¡Eh, eh! -¡Ven acá!

Pero ¿quiénes eran esos? -Pero ¿qué ha pasado?

Han intentado secuestrar a Natalia.

Señorita, ¿está uste bien?

¿Habéis cogido el número de placa? Lo lamento, señor.

Tranquilícese. Ya, tranquilícese.

Cuando se recupere, iremos a comisaría, ¿de acuerdo?

Cuenten conmigo para lo que sea, cualquier declaración, lo que sea.

Sí, cuente conmigo para cualquier cosa.

Daré vuestros nombres.

Puede que os llamen a declarar. Ahora no hace falta.

(NATALIA LLORA)

Yo me voy a retirar. Mis titos me estarán esperando.

Sí, váyase usted. -Cuénteles todo lo que ha pasao.

Y que doña Bellita no salga, puede que todas estemos en un aprieto.

¿Estás bien, Jacinto? -Estoy bien.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Risas)

Anda, anda. Qué hombre. -(RIENDO) Que no.

-(BELLITA SE RÍE)

Aquí tienen el champán que me han pedido.

Trae aquí este filtro de amor.

Oye, ¿y tu contento habitual?

¿No te alegras que haya terminado de grabar el disco?

Claro que sí, señora.

Pues se nota muy poco. -¿Te pasa algo?

No, señor, no me pasa na. Si no me necesitan más...

No, no, no, vete si quieres, anda.

Espera, ¿sabes dónde se ha metido Ignacio?

¡¿Y por qué tengo que saber yo dónde está?!

Hija, qué humos, por Dios. Marcha, marcha.

(Puerta)

Dirá lo que sea, pero tiene la cara más mustia que un nazareno.

Enhorabuena, tita.

Y a uste también, por lo que le toca, tito.

Le toca todo, que sin él no hubiera sido posible.

Y eso es así.

¿Han brindao ya? -Espera, espera.

¿Sabes qué es lo que le pasa a Alodia?

Ni idea, ¿qué le pasa?

Puede que ella necesite algo de caso,

pero con yo con los estudios, es imposible.

Di que sí, tú a lo tuyo,

que ya podrás alternar cuando seas una eminencia.

¿Quieren que les cuente lo sucedido ahora mismo?

Eso ni se pregunta. -Tita, un caballero donde los haya.

Acabo de salvar a Natalia de un secuestro.

¿De un secuestro? -De un secuestro, tito.

Dos hombres en un coche se la querían llevar y lo hemos evitao.

Oye, ¿y se saben las razones de tal atropello?

No. Yo me he dedicao a pelearme con esos malhechores.

Madre mía, chiquillo.

Madre mía.

Ya nos enteraremos.

Ahora, a brindar por el disco.

(RÍEN)

Que nada ni nadie nos agüe la celebración.

Ole.

Por la gran Bella del Campo y su gran obra maestra.

¡Ole!

No, y por Ignacio, el caballero sin miedo.

No, tita, por uste y nada más que por uste.

Ole y ole los caracoles.

(Pasos)

Ten, tómate esto, te calmará los nervios.

Estoy bien.

Que está bien, dice.

Y ha estado a punto de que le dé un ataque.

¿Qué más me puede decir?

Nada más de lo que ya le he dicho.

Intentaron secuestrarla. ¿Quién, dónde?

A lo primero no le puedo contestar.

A lo segundo sí, en la calle Acacias.

No tuvieron mucho sigilo,

lo hicieron delante de todo el mundo.

Solo les importaba no ser vistos.

Felipe evitó que me llevaran.

Me limité a llevar a su hermana a un lugar seguro.

Fueron Ignacio Quiroga y Jacinto

los que se enfrentaron con los secuestradores.

Otra vez.

¿Y la policía que ha dicho? Nada, como de costumbre.

No creo que tengan noticias de los hechos.

Íbamos a comisaría cuando...

su hermana sufrió los mareos y fuimos al hospital.

Aun así, ha llegado bastante alterada.

¿Qué te han dicho?

Solo tengo magulladuras.

Los mareos pueden ser debidos a un golpe o por el susto.

Suficiente hizo con mantenerse de pie.

Estoy bien.

-Gracias.

Iré a comisaría.

(Se cierra la puerta)

Inútiles.

Incapaces, son basura.

¡Aficionados!

¡Y para colmo, aparece el abogado de pleitos pobres!

De no ser por él, ahora mismo estaría camino de no sé dónde.

No, de no ser por él, ahora estarías a salvo de unos y otros.

¿Quieres decir que el secuestro fue cosa tuya?

Lo ideamos Genoveva y yo.

Cuevas tenía que buscar a sus mejores hombres,

¿lo entiendes ahora?

(LLORA)

Y yo...

¿Sin contar conmigo?

¿Qué soy yo para ti? -Tenía que ser creíble.

Pierre Caron se mueve en un mundo de engaños...

y traiciones.

Cualquier error por tu parte,

un exceso de confianza, podría haberle hecho sospechar.

(LLORANDO) Jugáis conmigo, Aurelio.

Los dos.

No me merezco esto, no me lo merezco, podría haber salido mal.

Tenían orden de no causarte daño y de tratarte con el debido respeto.

¡También tenían orden de secuestrarme!

¡Estoy harta!

¡Estoy harta de ti, de Genoveva, y estoy harta de mi apellido!

La familia no te da derecho a todo. -No.

¡No puedes disponer de mi vida como te plazca!

¡Cállate! Nunca,...

¡nunca más vuelvas a hablar así, ¿me oyes?!

¿Me oyes?

(LLORANDO) Solo quiero tener una vida normal, Aurelio,

una vida como la de todos los demás.

Es que no eres como todos los demás,

eres una Quesada.

(LLORA)

Solo quiero cuidar de ti, ¿me oyes?

Cuidar de ti.

(NATALIA LLORA)

(Suenan las campanas en Acacias)

Muchas gracias.

Hasta mañana.

Hola, Daniela.

Miguel.

¿No están aquí mis abuelos?

No, han salido.

Tenían cita con un proveedor. ¿Quieres desayunar?

Un café me vendría bien, gracias.

De la sangre no vas a hablar, claro.

Esto no es nada.

Terminará siéndolo si no dejas de tocarte.

Déjame limpiártelo.

Gracias.

¿Has pasado la noche en comisaría?

Prestando atención a los detenidos.

¿No serías tú uno de ellos?

(RÍE) Pues no.

Lo de la herida ha sido un malentendido con un policía.

Yo me he limitado a cumplir con mi deber de defensa.

Pareces orgulloso.

Lo estoy.

Han sido horas tensas, pero han merecido la pena.

¿A pesar de las trabas?

Bueno, las trabas terminan estimulándote.

Los agentes y el juez han puesto todas las posibles,

incluso alguna más.

¿Te amenazaron?

Bueno, he de decirte que por un momento llegaron a intimidarme.

Eso sí, el apoyo y experiencia de Alberto fueron cruciales.

Sois un equipo, ¿eh?

Hemos acompañado a algunos líderes sindicales

en sus declaraciones.

Muchos de ellos ya habían recibido palizas

cuando nos dejaron verles.

¿Antes de declarar?

No, no, intentando hacerles declarar.

Gracias a nuestra insistencia,

hemos conseguido supervisar los atestados finales,

y dentro de lo que cabe, todo ha salido bien para ellos.

Voy a por su café.

Tenía que haber visto a esos hombres, Daniela.

Templados, bravos, recibiendo...

palizas e insultos sin abrir la boca.

Parece que les admiras.

Me siento orgulloso de haber estado a su lado.

(Puerta)

Muy buenas.

¿Qué le ha parecido mi artículo del periódico de hoy?

Entiendo su preocupación, don Ramón, pero...

es una soflama que ha surgido más de las entrañas que de la cabeza.

Una soflama y, sobre todo, una insensatez.

Supongo que ha tratado de contenerle.

En varias ocasiones. También su esposa lo ha intentado,

pero el insensato de mi hijo

se niega a poner freno a sus salvajadas.

Cree que la nación debe ser lo que él piensa que es.

No es muy democrático. Pero no se culpe usted.

Antoñito no solo es ya un hombre, sino diputado en Cortes.

Si él decide mantener esa postura,

nada puede hacer usted para evitarlo.

Excepto darle un capón que le haga retumbar la caja de los sesos,

a ver si se calla un ratito. Inténtelo, pero...

no le garantizo los éxitos.

A lo mejor consigue radicalizarlo más.

Los capones los carga el diablo, ¿verdad?

Ánimo, amigo, no se torture.

Las revueltas han pasado,

y quizá, su hijo no vea necesario seguir sentando cátedra.

Dios le escuche, amigo.

Con Dios.

No es usted ecuánime.

Obviamente no,

no se puede ser imparcial con semejantes elementos subversivos.

Debería haberles visto en comisaría.

Ni los he visto ni pienso hacerlo.

La policía se basta y se sobra para manejarlos.

La policía no busca esclarecer los hechos,

solo adjudican delitos a los detenidos, sean quiénes sean.

Gracias.

-Gracias.

Alguien tiene que pagar.

¿Qué más dará? Si están todos cortados por el mismo patrón.

Habrá inocentes y culpables, como en cualquier otro colectivo.

La ley no puede aplicarse sobre cualquiera de ellos.

Vamos a ver, si a ellos se les llena la boca

llamándose compañeros o camaradas,

pues que paguen los unos por otros.

A la gente de bien nos da igual a quién le toque la china.

Les sacan las confesiones a bastonazos.

Porque no respetan la ley

y se empeñan en negar los hechos y las culpas.

Vamos a dejarlo, no vamos a llegar a acuerdo.

Y menos, siendo usted colaborador de estos elementos.

Supongo que, si es usted tan cumplidor de la ley,

estará de acuerdo en que "esos elementos"

tienen derecho a la asistencia letrada al detenido.

Lo que me molesta es que sea usted quien se la preste.

Que sepa que si sigue así,

va a tirar su carrera por la borda.

¿Por ejercerla?

Nadie que se precie querrá contratar a un abogado con esa actitud.

¿Pues sabe lo que le digo?

Que correré el riesgo.

La igualdad ante la ley y la justicia social

son ideales por los que vale la pena comprometerse.

¿Igualdad y justicia social? -Sí.

Lea mi artículo, aquí defino claramente

¡lo que es la igualdad y la justicia social!

Y luego, cuando tenga conocimiento de causa, me avisa.

¿Se fía usted de ese mancebo de droguería?

Es avaricioso.

Pero por el dinero prometido, dirá la verdad.

Quién compró el preparado que mató a Felicia.

Y quién le pagó para que dijera que fue Natalia.

Ambos nombres coincidirán, ya lo verá.

Méndez, le conozco bien, siempre va un paso por delante.

¿A quién cree que delatará?

No adelantemos acontecimientos ni sospechas.

Esta tarde saldremos de dudas. ¿Cuándo y dónde?

A las seis, en unos arrabales poco transitados.

Preferiría que no me acompañara.

El muchacho podría asustarse.

Le pueden tender una emboscada.

Descuide, son muchos años tratando con chusma, les conozco.

Sabré cuidarme llegado el caso.

Como prefiera.

Tras el encuentro pásese por aquí. Le invito a cenar.

¿Teme que no le informe?

Quiero confirmar cuanto antes que Natalia es inocente.

Aquí estaré.

¿Ocho y media? Ocho y media.

Con Dios. Con Dios.

¡Imbécil!

¡Mi marido es un imbécil!

¿Qué han hecho?

Han conspirado un poco y se han despedido con unas risas.

No soporto la satisfacción que siente por sí mismo.

Te rendiste a sus brazos en su momento, algo tendrá.

Lujuria tiene. La lujuria es lo único que le mueve.

Aunque claro, él dirá que es amor.

Se ha encaprichado de Natalia,

pasará por encima de todo para tenerla.

Arruinando de paso nuestros planes.

¿Qué crees que trama con Méndez?

Algo en mi contra, no te quepa la menor duda.

Me voy a pensar terminar con ese policía asqueroso.

Ya no es policía.

Sigue actuando como si lo fuera,

lo que significa que lo lleva en la sangre.

Estaría mejor muerto.

Cuando supe que ese malnacido había arruinado nuestros planes,

yo también pensé en darle matarile.

Pero recapacité.

Genoveva... Genoveva.

No nos podemos permitir ataques de ira ni arrebatos, no.

Acabaremos con Felipe cuando sea oportuno.

Y con Méndez. Y con Méndez.

Pero ahora debemos centrarnos en proteger a Natalia.

Y a nosotros mismos.

Evidentemente, sería muy arriesgado intentar secuestrarla otra vez.

Antes que nada, deberíamos tener preparada una contramedida legal,

en el caso de que Pierre denuncie a Natalia por espionaje.

La denuncia podríamos bandearla, pero...

estaríamos expuestos si el gabacho cumple su amenaza

y se lleva ilegalmente a Natalia a Francia

para juzgarla por alta traición. No se atreverá.

Es una bravata para atemorizar a Natalia.

Ni su embajada le apoyaría.

Se quedaría en la calle y señalado.

Son diplomáticos, espías tal vez, no una banda de secuestradores.

En tiempos normales, quizá,

pero en tiempos de guerra no sabes lo que es capaz de hacer.

Te aseguro que ese francés no se atrevería,

por mucho dinero que le ofrezca Marcos.

Otra cosa es denunciar a Natalia ante los tribunales españoles.

¡Tenemos que actuar ya! ¡No podemos quedarnos a esperar!

Eres tú quien debe sosegarse.

No tardaremos en dar con la solución.

¿Adónde vas? Me voy, me marcho, no sé.

No estoy acostumbrado a que mis planes fallen.

Me retiraré a pensar.

(RESOPLA)

(Se cierra la puerta)

No diga que no fue na,

porque que esos canallas corrieron como galgos

porque uste se los comía por las patas.

Solo hice lo que me exigía mi honor y el de la señorita Quesada.

El pico que se gasta el doctor.

Ya me explico yo las cosas, sí.

Mi primo anda más escaso de pico,

pero también le echó bemoles. Ven.

Ay.

Si llego a tener mi honda, les pego un cantazo que los avío.

Di que sí,

que ese es el lenguaje que entienden esos sinvergüenzas.

Una honda hubiera sido inútil en distancias tan cortas.

A mí me habrían bastado mis puños,

siempre que se hubieran atenido a las reglas del boxeo,

las que fueron proclamadas

por el barón de Queensberry en 1889.

Y tanto, las normas, claro.

Uste las conoce bien, que se llevó un par de guantazos.

Pero ¿cómo vamos a discutir las reglas en mitad de una pelea?

Esto es como cuando el lobo tiene hambre,

que si te descuidas, te zampa medio rebaño.

Pachasco que sí, primo, menuda tontá.

"Qué tonta".

Si me disculpan,

acabo que recordar que tengo que repasar la lección de anatomía.

Con Dios.

¿Qué mosca le ha picao?

No sé. A lo mejor hemos dicho algo inapropiao.

Los señoritos son muy delicaos.

Si se molesta, dile que he sido yo,

que no ha sido Casilda, conmigo no se atreverá.

No sé yo si se van a creer la diferencia.

Será su palabra contra la de tres.

¿Desde cuándo vale de algo nuestra palabra frente a la de los señores?

-Ya. Bueno, cambiando de tema,

tengo un problema muy gordo.

Servando, no me digas más. -¿Cómo lo sabes?

¿En qué te ha enredao? -No ha sido él,

ha sido la Fabiana, que lo lleva en palmitas.

Quiere que le ayude a buscar cristianos

para apuntarse a su concurso,

pero los porteros y los mozos me han dicho que nones.

¿Tú dices lo del Churro va?

-¿El Churro va?

Pero si a mí se me da de perlas. -¡Pues anda que a mí!

Era la mejor brincadora de Cabrahígo, y allí no es fácil,

que allí concursan desde los críos hasta los yayos de 90.

¿Os apuntaríais al concurso? -¿Qué se gana?

Yo solo juego si hay premio.

Una banda muy vistosa de seda y oropel,

y atención,

el peso en castañas del equipo ganador.

-¡Yo juego! -Ahí.

El premio no es muy allá, pero qué se le va a hacer.

Yo también juego.

Me llevaré la banda de seda y oropel.

Ahí.

Si hay una banda que ganar, me la llevaré yo,

que para eso tengo prosapia.

Señora, no sabe lo que está diciendo.

El juego es el Churro va.

Yo ya sé jugar al Churro va.

Jugaba de pequeña con mis primos, y jugaba bien.

¿Habla en serio? Mire que se trata de saltar por encima de...

Oye, que la ignorante eres tú, no yo.

Conozco perfectamente las reglas

y el desarrollo del juego.

¿A mí me va a enseñar a jugar una mocosa?

Sé jugar, es más, soy la mejor.

Eh, ¿qué es la prosapia?

Otro día te lo explico.

No sabe lo que dice ese hombre,

por muy diputado que sea y por mucho que le publiquen.

Los palos se los deberían dar a ellos,

a los que quieren permitir que la policía se salte la ley.

Si es diputado es porque la gente confía en él.

Perdón. Muy buena aclaración.

Rectifico: sí sabe lo que dice, pero lo que dice,

solo tiene por objetivo perpetuar los privilegios de unos pocos

a costa de la opresión y el hambre de muchos.

Según tengo entendido, eso no se resuelve en la calle,

sino logrando una mayoría en las Cortes.

Las leyes están hechas por los opresores para proteger

a los opresores.

El derecho a la asistencia letrada al detenido es una ley,

y ahí está.

Una ley que se saltan a su antojo

y que me ha costado una brecha en la ceja.

Así aplican la ley en las comisarías.

Bueno, pues...

busque una mayoría dispuesta a buscar justicia como Dios manda.

¿Justicia? Te diré lo que ellos entienden por justicia.

A los sueldos de miseria, a las jornadas de sol a sol,

a los que impiden los actos de protesta

y a los que detienen por ejercer la libertad de palabra,

eso es justicia.

Puede que tenga razón,

pero la única vía para cambiar las cosas, es la parlamentaria.

¡Son cartas marcadas!

¿Cómo va a competir en las Cortes un obrero o un campesino?

Eso es lo que ellos quieren.

¡La lucha en las calles es la manera de cambiar las cosas!

Eres un loco.

Solo un loco se enfrentaría a los poderosos sin más armas

que sus ideas.

Somos muchos.

Puedo no estar de acuerdo, pero estoy orgullosa de ti.

¿Orgullosa de un loco de remate?

Orgullosa de un loco maravilloso.

¿Cuántas veces te he dicho que no te toques la herida?

¿Te duele?

No.

Se lo agradezco, querido amigo, pero no,

me siento sin fuerzas para seguir hablando de mi hijo.

-No es usted responsable de sus excesos y extremosidades.

-Eso también me lo han dicho ya.

Y sí soy responsable, al menos, en parte.

Yo fui quien le metió en el cuerpo el gusanillo de la política.

-Pero usted militaba en las filas de la moderación y del progreso.

-Lo que quizá le llevó a él a enrolarse en las filas

de la reacción y el descomedimiento.

Eso ya nunca lo sabremos.

Pero, al menos puede consolarse

pensando que las barbaridades de Antoñito

no las dice para medrar, sino porque las cree.

Flaco consuelo.

En fin, me voy a casa,

que casi todo da menos miedo cuando te abraza la mujer a la que quieres.

Dulce reflexión. Nos vemos, amigo.

Hombre. -Buenos días.

-Muy buenos días.

Mi más sincera admiración, querido Ignacio.

Mi admiración y mi gratitud en nombre de la agredida.

Muchas gracias.

Ya ha llegado a sus oídos también. -Los vecinos no hablan de otra cosa.

Demostró mucho coraje ayudando a Felipe a liberar a la Quesada.

Como digo siempre, tito,

hice lo que hubiera hecho cualquier otro caballero.

Y lo de que ayudé a don Felipe no es del to una realidad.

Eso es lo que había oído contar.

El galeno tiene otra versión de los hechos.

Cada uno hizo lo que tenía que hacer.

Don Felipe puso a Natalia a salvo,

y yo me enzarcé con el que llevaba la voz cantante,

vamos, con el jefe de la partida, tito.

¿No le había dicho?

Sea como sea, tanto la señorita Quesada como el barrio

están en deuda con ustedes. -Y con Jacinto,

que también se jugó el físico.

Jacinto... -Perdón, señores,

me ha surgido algo importante, pero sigan.

Usted siga echándole flores al muchacho,

que él todavía no se lo tiene suficientemente creído.

Una vez más, Ignacio, muchas gracias en nombre de todo el barrio.

A usted, Liberto. Gracias.

¿Reparte usted novedades?

Sí. -Pues ya está usted largando.

En qué anda metido su sobrino no he logrado averiguarlo,

pero confirmo que el negocio, sea el que sea,

no es de los habituales y tiene muy mala pinta.

Algo más que raro se trae entre manos.

Anda, venga, que será un momento, y nos vamos a tronchar.

Que no, deja de insistir ya, por favor.

¿Qué te cuesta? -La dignidad, ¿te parece poco?

Bueno.

El Churro va es muy digno.

En Cabrahígo lo hacen desde el cura hasta el sargento,

pasando por el alcalde y sus ediles.

Pero en tu pueblo son todos unos dementes,

no son buenas credenciales.

Me voy a callar. Venga, va, solo un poquito.

Que no, Lola.

Esas cosas no las podemos hacer en un salón, y yo estoy herido.

Tienes unas cosas. -Bueno...

Lo romperán los patosos, no una jugadora fina como yo.

Lola, estate quieta.

O jugamos o no te dejo leer de aquí a Semana Santa.

Que vamos a destrozar la casa y yo estoy herido.

Dame el periódico, por favor. -Pues vamos a la calle.

Que no podemos ir a la calle, que soy diputado.

¿Estás loca? El periódico.

Si no es en la calle, tendrá que ser aquí.

Venga, que estás muy serio. -Lola, que no. Estate quieta.

Venga, así sonríes un poquito.

Venga. -Señor, dame paciencia, por favor.

Venga. -Sí, ya.

Venga, levanta. Ayúdame.

Qué paciencia, de verdad.

Ayúdame a mover el sofá.

Atrás.

Ahí está.

Tú ponte ahí.

Voy a quitar el jarrón, que todavía me abres la cabeza.

Qué exagerao. -Ya me pongo yo.

Qué tiquismiquis, cariño. Venga, ponte.

Ten cuidado. -Que sí. Apóyate.

Que sé cómo es.

Ponte en pompa. -Sí.

En pompa. -Que sí, que ya me pongo.

Abre las piernas.

Abre las piernas más. -De verdad...

Ahora cojo carrerilla y salto.

Cuidado. -Que sí. ¿Preparao?

Cuidado.

A la de una... -Cuidado.

Que sí. A la de dos...

Que voy, cariño. -Sí.

¡Ahí va! -¿Son eso formas, hijo mío?

En esta casa no hay respeto por el Churro va ni las tradiciones.

Ver a mi hijo con toda su humanidad expuesta no es una tradición,

al menos, no aquí.

Es el Churro va, suegro, es un juego muy decente.

En Cabrahígo somos campeones invencibles.

Ya veo que Servando os ha convencido.

También lo intentó conmigo.

No tenéis perdón.

Yo he hecho lo que he podido, pero ya la conoce.

En lugar de hacer tonterías,

deberías reflexionar sobre las consecuencias de tus artículos.

Yo he reflexionado todo lo que tenía que reflexionar,

ahora les toca a ellos, que si no, este país se va al garete.

Esta es la última vez que te lo digo:

deja de publicar barbaridades.

Cada vez que dejo de escribir en el periódico, padre,

reciben miles de cartas pidiendo que vuelva a hacerlo.

Muy bien. A partir de hora,

cada vez que salga publicado un artículo tuyo,

yo me quedaré en casa.

A los amigos y conocidos les das tú las explicaciones.

Pues se las daré encantado.

Nada me hace más feliz que defender mis ideas,

y las defenderé caiga quien caiga.

También será la última vez que diga esto:

te estás exponiendo a Dios sabe qué.

¿Saltamos el...?

-¿Cómo puede ser tan defectuoso?

Acaba de arriesgar el pellejo

por salvar a una dama de sus secuestradores.

El barrio lo tiene en palmitas.

Lo cortés no quita lo valiente.

Un hombre puede ser cabal y aguerrido

y, mostrarse capaz de cualquier cosa por parné.

¿Por dinero? No. Tiene todo lo que necesita.

Y su objetivo es doctorarse en medicina.

¿Para qué iba a meterse en berenjenales?

En berenjenales no sé,

pero él y su compinche se adentran en los arrabales

como Pedro por su casa.

¿No será porque es muy campechano?

Este... se encuentra como en su casa en el arrabal y en palacio.

Puede que por eso le tirara la medicina.

Puede.

¿Algo que se haya dejao en el tintero?

Sí. Su sobrino y el agranujado de su compañero suelen campar

por los alrededores de la Venta del Moro, lugar no muy recomendable.

Ya sabe cómo son los jóvenes

y cómo les tira el peligro y mojar en todas las salsas.

Se lo digo para que sepa qué amistades tiene su sobrino.

Y así es. Pero ahora está encumbrado y no hay quien le tosa.

Además, que necesito pruebas,

no comentarios dejaos caer sobre dónde para o no para.

Déjeme seguir. Tengamos paciencia.

Si hay algo que reprocharle,

lo averiguaré.

Con Dios. -Con Dios.

¡Se ha destapado!

¡Una dulce y desinteresada cocinera italiana, decías!

¡Ni dulce, ni desinteresada

y, todavía está por ver que sea italiana!

Al menos, es cocinera.

¡Cállate, cállate, que por tu culpa ha entrado en nuestra casa!

Si la contrataste tú,

que no esperaste a que volviese de Suiza.

Tú la pusiste a prueba a tu vuelta y no notaste nada raro.

Tú, que te jactas de ser el que más conoce a las personas.

(ESTORNUDA) -No seas injusta, Sabina,

que he tenido aciertos inconmensurables.

Eres un ingenuo.

¡Esa perra sigue en nuestra casa porque tú no querías...!

(ESTORNUDA) -¿Otra vez esos celos ridículos?

¡Que no, que no son celos!

Lo que digo es que te maneja a su antojo.

Y no solo nos ha vendido a la Policía,

sino que ha dejado sin voluntad a nuestro pobre nieto.

¿Qué pasa con Miguel?

Que se ha enamorado, vidente, se ha colado por ella.

El pobre incauto.

No me vengas con esas,

que tú la contrataste porque Miguel le hacía ojitos.

Y nuestro nieto, de incauto nada, que más de uno quisiera.

¿Te vas a quedar ahí sin hacer nada? -¿Y qué quieres que haga?

¡Los dos! ¡Lo haremos tú y yo!

Vamos a descubrir

cuanto antes, en qué anda metida la tal Daniela, si es que se llama así.

¿O no crees que oculta algo?

De eso me has convencido, sí.

¿Cómo vamos a hacer lo que quiera que vayamos a hacer?

Tú te encargarás de organizar la trampa.

Y lo vamos a hacer hoy mismo.

Vaya, vaya, vaya, de modo que son ustedes las señoras

que quieren presentarse como equipo

para competir en el sin igual concurso de Navilla del Río,

pedanía excelsa.

Y yo, yo también, Servando.

Creo que también se refería a ti.

Como ha dicho señoras...

¡¿Lo son o no lo son?!

(ELLAS) ¡Así es!

Y las he convencido yo. Bueno.

Eso y que me apetece mucho conocer La Navilla.

A mí, Servando, el Churro va,

me tira desde que estaba en el bombo de mi madre.

Yo no tengo por qué justificarme,

pero mis primos se peleaban para que estuviera en su equipo.

Aparte de querer lucir la banda churrera.

A ver si se va a poner tiquismiquis y no las vas a aceptar.

Sean como sean, serán las mejores churromangueras del barrio.

Señoras, ya saben ustedes que yo soy de mente abierta

y serían unas excelentes churromangueras.

Además, serían un equipo muy competitivo,

pero me temo que no van a poder participar,

porque son ustedes mujeres.

¡Qué sandez!

Vamos a ver, señora mía,

el Churro va es un juego muy viril.

Por favor, no diga eso.

Soy capaz de saltarle por encima, quietarle la boina y no despeinarme.

Es usted un imbécil, Servando. Alguien tenía que decirlo.

¿No se lo ha pensado uste bien?

¿No ve que yo sería un potro perfecto para Casilda?

Soy capaz de echarme al lomo a tres como ella

y a doña Rosina de propina. Vamos a ver,

que no lo digo yo, que son las normas.

Pues átate los machos, Servando,

porque si no nos coges, nosotras mismas formaremos nuestro equipo.

Eso es. -¡Las Rosas de Acacias!

Pero qué bien elegido el nombre. Bueno, señoras,

no se me subleven, ya consultaré las normativas.

Consulte lo que quiera, ¡pero está decidido!

¡Si hay que cambiar las normas, se cambian!

¡A mí no me dicen cómo se juega los de Navaja de la Fuente!

Navilla del Río, señora. -¡Como se diga!

¡Vamos, Rosas! -Vamos.

¿Qué?

(RESOPLA)

(PUERTA)

Anabel.

¿De dónde vienes?

De casa de los Quesada.

Tenía que interesarme por Natalia, como usted comprenderá.

¿Qué le ha pasado?

Sabe perfectamente que han intentado secuestrarla.

Perfectamente, ¿por qué?

¡Porque es evidente...!

¡Y muchas más bofetadas te mereces!

¿Crees que puedes acusar en vano a tu padre

de todo lo que le pasa a esa furcia?

¡No la insulte! -¡¿Que no la insulte?!

¡Tú debieras ser la primera en defender a tu familia!

¡A tu habitación! -No.

¡No me va a encerrar!

¿Es que no ha escuchado a su padre?

Lo siento.

Perdóneme, he hablado sin pensar.

No quiero atribuirme unas funciones que no me corresponden.

Me saca de mis casillas ver cómo le habla de esa forma.

Tranquila, Soledad.

No estoy enfadado contigo.

Al contrario, te lo agradezco mucho.

Esta muchacha no tiene ni idea de lo que es una familia.

La echábamos de menos, Bellita.

Es cierto.

Nuestras tertulias no son lo mismo sin su gracejo.

También yo las echaba a faltar a ustedes,

pero lo primero es el arte.

Qué gran verdad. Y qué sensibilidad rebosa usted.

He oído que la grabación ha sido una tortura.

No me hable, creía que no llegaba al final.

Bellita, el que algo quiere, algo le cuesta.

Pero ahora se disfruta más, ¿verdad?

En eso lleva usted razón.

No hay nada como el esfuerzo

y la superación para quererse más a una misma.

Cuando se ha terminao la faena, eso sí.

Dicen que ha quedado un álbum de discos precioso

y que se venderá como rosquillas.

Yo seré la primera en comprarlo.

Yo no soy muy dada a los halagos, ya me conocen,

pero me siento muy orgullosa de ser su vecina,

y su amiga, de usted y de toda su familia.

Muchas gracias.

Y más ahora,

que su sobrino Ignacio salvó a Natalia de un secuestro seguro.

Rosina, no creo que debamos hablar del incidente.

¡No, queridas, no se preocupen!

Si se sienten incómodas porque Felipe estaba allí

siguiendo como un perro en celo a esa muchacha, pierdan cuidado,

no me importa, ya estoy curada de espanto.

Don Felipe siempre ha sido un caballero.

Defendió a Natalia, como hubiera defendido a cualquier otra.

Es posible.

Siempre que la dama sea una jovencita y estén en una cita.

Porque no sé si lo saben, tienen algo

el caballero y la princesa.

Siento haber sacado el tema. No lo pensé.

A las buenas, señoras. -Buenas.

¿Ya se puede comprar su álbum, doña Bella?

Dentro de unos días. Van a sacarlo junto con el libro.

Servidora quiere ser la primera en comprarlos.

De eso ni mijita, Fabiana.

Yo te los regalo con mucho gusto y con mucho cariño.

Siéntate, y tómate lo que quieras, que hoy convido yo.

Gracias, señora, es uste muy amable,

pero no me puedo quedar, tengo faena en la pensión.

Solo quería saludar.

Con Dios, Fabiana.

Con Dios.

Fabiana es la prudencia en persona. -No como otras,

que no saben que las clases no deben mezclarse so pena la cosa explote

como sustancia química.

¿Me está usted riñendo por convidar a Fabiana?

Muy perspicaz.

¿Quiere usted jaleo?

Un café, un chocolate,

unos churros y unos buñuelos de viento.

De acuerdo. -Hoy vamos a matacaballo.

Un poco apurados, sí.

Qué desastre de tarde.

¿Sabes que uno de los mozos nos ha fallado?

Sí.

Y encima, Sabina se ha tenido que ir para casa

porque la vecina de arriba se ha debido dejar el grifo abierto

y nos está inundando. -Lo siento mucho.

Haré lo posible para que no se note tanta ausencia.

Te lo agradeceré.

¡El vino!

¿Qué pasa?

Un cliente me ha pedido una botella de reserva y se me había olvidado.

Tampoco ha tardado tanto.

Pero es un pejiguero y y se va a poner hecho un basilisco.

¿Me podrías hacer un favor?

Usted dirá.

Bajar a la bodega y subirme la botella.

Por supuesto.

Viña Larencio Reserva de 1901.

Según pasas la verja, en una caja que hay a la izquierda.

Mas te vale acudir a la cita,

o te acordarás de mí si no lo haces.

¿Lo ha traído?

La cantidad acordada.

Pero antes quiero escuchar el nombre de quién te encargó el compuesto

para envenenar a Felicia.

Y el de la persona que te pidió que acusaras en falso a Natalia Quesada.

No se apure, se lo contaré todo.

A que este blandengue ha sido incapaz

de enredar a esa metomentodo.

(Pasos)

(Estornudo)

(Estornudo)

Gracias, era cuanto necesitaba saber.

No andaba yo desencaminado.

No quiero que le digas a nadie que te has encontrado conmigo.

Como si yo no hubiera existido nunca.

¿Comprendido? Ni te mostrarás nervioso

o diferente ante nadie, y menos ante quien tú ya sabes.

(ASIENTE)

Y no hagas grandes gastos,

se enterará tu entorno y alguno habrá que quiera quitártelo.

¡Ah!

Rápido, vete a por el otro. -¡Ah!

¡Ah!

Me parece extraño, Méndez es muy puntual.

¿Puede estar inmerso en alguna investigación?

Por eso estoy preocupado.

Mi señorito se aprovecha de to. -¿Qué ha pasao? Me estás asustando.

He perdido mi virtud, Casilda.

¿Qué va a ser de mí?

Solo quería ganarse nuestra confianza

para clavarnos el puñal por la espalda ¡a conciencia!

Lo lamento, abuela, ¡pero no pienso escuchar tales sandeces!

¡Se lo advierto,

o deja de decirlas de una vez, o usted y yo nos vamos a enfadar!

Llego la hora de los valientes.

Esta gesta entrará en los anales de Navilla del Río.

¡¿Preparados para hacer historia?!

¡Sí!

A Alodia se le han pegao las sábanas.

Me extraña, con lo cumplidora que ella es siempre.

Haríamos muy mal en tenérselo en cuenta.

Casilda, ¿qué haces aquí?

Alodia me ha dao las llaves de la puerta de servicio.

¿Dónde está?

Siento interrumpir.

¿Podría hablar con Miguel a solas?

-¿De Méndez? ¿Tiene noticias suyas?

¿Por qué habría de tenerlas? Sé que trabaja para usted.

Una pared recién enfoscada.

Quizás un túnel para desvalijar el banco de la calle.

Lo más probable.

Si prestas testimonio ante un juez español, del que te hablé,

podría darnos un permiso para un registro cautelar.

-"Veré cómo puedo irme del restaurante".

"Pero allí estaré".

"¿Un regalo? -Te lo envía Fausto".

Seguro que te va a encantar.

No puede ser.

Es un placer ver...

la sonrisa de sus labios...

y el brillo de sus ojos.

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Acacias 38 - Capítulo 1380

01 dic 2020

Felipe, con ayuda de Jacinto e Ignacio, impide el secuestro de Natalia. Cuando Aurelio se entera de que el abogado ha frustrado su plan se lo cuenta todo a Natalia, quien se enfada al saber que fue idea suya. Anabel y Marcos vuelven a discutir fuertemente.

Llegan buenas noticias de la mano de Méndez, que informa a Felipe que se verá con el mancebo esa misma tarde. Durante su encuentro unos hombres lo apalean.

En casa de los Domínguez todos brindan menos Alodia, Bellita ha acabado el disco e Ignacio ha quedado como un héroe. Méndez le da una pista a Jose sobre la investigación de su sobrino: la Venta del Moro.

Miguel regresa agotado de la comisaría y cuenta a Daniela lo sucedido con los presos. Ramón se queja de la tozudez de su hijo. Daniela y Miguel se besan, Sabina los ve, y deciden poner a prueba a Daniela, pero ella no cae en la trampa.

El Salto del burro sigue viento en popa, Jacinto se encuentra a unas participantes inesperadas: Lolita, Rosina y Casilda, pero Servando no admite a mujeres.

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