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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1325 - ver ahora
Transcripción completa

Deberíamos decirle la verdad a Lolita.

Dios quiera que... nuestro nieto no tenga que crecer sin una madre.

¿Por qué no deja de poner la mesa y nos vamos a un restaurante?

-Tal vez más adelante podamos compartir un rato juntos.

¿Te parece bien? -Tal vez otro día.

Bueno, ¿y Antoñito, ya ha vuelto a casa?

Eso solo le incumbe a mi marido y a mí.

¿Está claro?

Si quiere invertir en nuestros negocios,

hable conmigo, no lo haga con los Quesada, le irá mejor.

Y he conseguido las señas de un tal doctor Ramos.

Trabaja en Sevilla y está especializado

en enfermedades de la sangre. -¿Has podido hablar con él?

Todavía no. Voy a pedirle que venga a ver a Lolita.

-"El viaje de Miguel...".

-Es lo que necesitábamos para que no lo relacionen con el robo.

Necesito que me haga un favor muy importante.

¿De qué se trata?

(DOÑA SUSANA GRITA)

-¡Auxilio!

¡Auxilio! ¡Auxilio!

¡Auxilio!

¿Fue usted quien encargó las fotografías

que podrían acabar con la carrera de Antoñito Palacios?

¿Usted se piensa que soy idiota, señora?

¿Pretende que me haga responsable de esas fotografías?

No solo eso,

pretendo también que me diga el nombre del fotógrafo que las tomó.

No me puedo creer que una mujer de su posición y fama

carezca de técnicos de confianza.

Buen argumento.

Pero recuerde que estuve un tiempo, digamos,

recluida y he perdido contactos.

Me urge bastante.

Y en caso de que fuera como usted dice,

¿qué ganaría yo diciéndoselo?

Al contrario, perdería seguridad:

ese técnico podría irse de la lengua.

Ganaría mi amistad. ¿Acaso no quiere ser mi amigo?

(RÍE)

Creo que no se hace una idea del poder que detento.

Pero me ha caído en gracia.

Le daré un poco de tiempo para que me traiga ese nombre.

¿No se le ha ocurrido que es eso precisamente lo que quiero?

Hasta la próxima, entonces.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Y esa infusión? ¿Es que has ido a segar las hierbas?

¿No ves cómo estoy?

Ya va, señora, que el agua tarda en hervir.

Jesús...

¡Esto una desgracia, una auténtica desgracia!

Si me permite un consejo,

deje de gritar, o todos se enterarán de que está usted vivita y coleando.

Además, no sabemos na de lo que sabe ese hombre.

Ni siquiera sabemos quién es. -¡Un homicida,

un matador, un perro ansioso de sangre!

Cálmese. La policía le está interrogando

y pronto sabremos de él.

Yo ya lo sé todo, lo vi en los ojos, ¡como dos ascuas!

Era ese demente que lleva meses persiguiéndome.

Jesús...

Ea, todo aclarado, como el agua del arroyo claro.

Era el admirador loco. La policía lo ha identificado.

Lo encerrarán, ¿no? -Pues claro.

Se van a poner en contacto con Argentina.

Los jueces tendrán que decidir si lo enchironan aquí

o le mandan a su país a cumplir condena.

(SOLLOZA)

Pero niña, que se acabó la pesadilla.

No ha sido una pesadilla, ha sido real.

Pude ver el reflejo plateao del cuchillo.

Qué exagerá.

Ven aquí.

Ay, ay...

Ven tú también, ven tú también, hija.

Ven acá.

Jesús, Jesús.

(DON ROBERTO) ¿Ha amanecido ya? -(DOÑA SABINA) En ello está.

Deben ser las seis y algo, más o menos.

Anda, toma.

Esto levanta a un muerto.

No digas eso, que ya de por sí, este túnel parece una tumba.

La tumba de un faraón será, porque...

estas traviesas podrían aguantar siglos.

Ni un terremoto las derrumbaría.

Sabina, es una obra a prueba de bombas.

¡Otra vez! ¡No tientes a la suerte!

Con que aguante hasta día del golpe, me doy por satisfecha.

Ve a descansar, anda.

A mediodía tenemos que ir al centro a recoger el vestuario y las pelucas

para nuestras nuevas identidades. -A sus órdenes, Cleopatra.

Andando, Marco Antonio.

(EN LATÍN) "Alea jacta est".

Um...

No sé qué huele mejor, si el desayuno

o su aroma a albaricoque.

¡Déjese de galanterías y desayúnese!

Por cierto,

Dígame lo que le apetece comer estos días, que tengo que ir al mercado.

Lo que me apetece no se puede comprar.

Se lo digo en serio, señor,

¿qué le apetece?

Eh... Está bien. Hoy comería estofado de carne.

Para mañana, pregúntele a Anabel, los próximos días no comeré aquí.

Salgo de viaje mañana a primera hora.

¿Adónde va?

Viaje de negocios.

¿Cuántos días?

Lo digo solo para saber la ropa que tengo que ponerle en la maleta.

Si se queda corta, compraré lo que necesite.

Soledad,

yo jamás le reprocharía nada.

Hasta que se quede sin calzones, señor.

No necesitas saber nada más, no se preocupe.

¿Por qué me mira así?

¿Es porque le da pena mi ausencia?

¿Sabe?

Me gusta saber que te preocupas por mí, Soledad.

Siendo mi señor, raro sería que no lo hiciera.

¿Cuidarás de Anabel como cuidas de mí?

Sabe que sí, señor, que no es la primera vez que se ausenta.

No le digas nada a Anabel.

Le dejaré una nota.

Señor, no me parece muy ade...

(DOÑA FABIANA) ¡No me venga con esas, Servando"

Cuando una habitación la ocupan dos huéspedes,

hay que poner dos aguamaniles y sanseacabó.

Ganas de gastar a lo tonto, con uno sobra.

Si aquí la gente no se lava, como mucho, se quitan las legañas

y tiran p'adelante.

¡Madre del amor hermoso!

Pero ¿qué haces tú aquí, alma de cántaro?

He venido a tomar un café, ¿no me lo van a poner o qué?

No nos insultes, esta es tu casa y eres la invitada principal.

Te voy a poner un café,

que te va a levantar el ánimo por encima de las nubes.

Sin achicoria. Sin achicoria.

Y va a salir negro negro, como una noche sin luna

o como el profundo de tus ojos, fíjate lo que te digo.

Pues ya que está uste tan servicial, cuele uno pa mí también.

Los pobres no necesitan criados.

¿Qué ha dicho?

Que sí, le voy a poner uno, y así comprueba

que me salen mejor que a usted. Pero niña, siéntate.

Cuéntanos, ¿qué tal por casa?

Pues...

Bueno, tenía ganas de volver,

pero pa estar encerrá como en el hospital,

pues me agobia un poco, la verdad.

Y... por eso he bajao,

pa estirar las piernas y que me dé un poco el aire.

Carmen y mi suegro

me tienen en palmitas,...

pero una echa de menos la calle.

Has venido buscándole, ¿verdad?

¿Cómo está?

Consumío,

de arriba pa abajo, eso sí.

No para. Duerme menos que una lechuza.

¿Come?

Poco.

Y eso que nos esforzamos por cocinarle lo que más le gusta.

Pero, pa mí, que es el arrepentimiento

lo que se lo come a él.

Razones tiene pa arrepentirse, Fabiana.

Y no digo yo que no, pero...

No me lo vaya a defender. -No, hija, no.

Dios me libre,

pero tampoco es pa que lo pague con el destierro a perpetua.

¿No le vas a dejar volver a casa?

Puede que un día de estos.

Lolita, el orgullo está mu bien pa marcar territorio,

pero cuando te empieza a amargar la vida...

Aquí están.

Dos cafés más negros que la brea.

(RÍE) Venga, Servando.

Se puede clavar una cuchara dentro.

Es café café.

Agradecía.

¡Antonio! ¡Antonio, hijo!

Perdone, padre, que voy enfrascado en mis pensamientos.

Pensando en Lolita, supongo. -Eso es.

Ayer, apenas terminó la votación, salí a escape

por si podía hablar con el doctor Ramos.

¿Lo conseguiste? -Sí.

Y le convencí para que viniese a examinar a Lolita.

¿Y cuándo vendrá? -Esta misma noche.

Eso es maravilloso, se ha dado mucha prisa.

Tuve que emplear toda mi oratoria

para convencerle de que cogiera el tren.

Imagino que ya estará en él.

Reconozco que es el primer rayo de esperanza que veo en días.

Tienes que ser prudente, ya te lo he dicho.

No me eche un jarro de agua fría cada vez que hablo de curación.

Hoy en día, los milagros no existen.

Ramos es un doctor, no un santo guiado por la mano de Dios.

Si no creo yo en la curación de Lolita, ¿quién lo hará?

Si a mí me parece muy bien, hijo.

Pero no te dejes llevar por un optimismo exagerado,

ni tampoco por el pesimismo.

Espera que el doctor haga un diagnóstico

y no eches las campanas al vuelo con antelación.

¿Cómo lo vas a organizar con el doctor?

Había pensado que antes de que viera a Lolita,

reunirme con él, enseñarle los informes médicos,

y cuando los estudie, que él mismo decida cuándo y cómo examinarla.

Si el doctor decide verla, tendrás que decirle a Lolita la verdad.

No. No si no tiene esperanzas.

Me parecería muy cruel decirle que...

Bueno, eso, que le quedan pocos días.

Como quieras, hijo, tuya es la responsabilidad.

Para que Lolita no vea al médico,

voy a necesitar que Carmen me ayude.

Para que saque a Lolita de casa, ¿no?

Exacto. He pensado podrían ir al cinematógrafo.

Me parece una buena idea.

A Lolita le gustan mucho las películas.

Ella en sí misma es peliculera.

¿Cree que Carmen me ayudaría? -Hará lo que le pidas, hijo mío.

¿Tiene prisa?

Lamento mucho no acompañarte en estos momentos tan tensos,

pero tengo cita con el notario.

Vaya, vaya,

soy consciente de que últimamente ha desatendido sus asuntos.

No importa.

Me alegro que te intereses por el negocio familiar, pero...

yo sé reconocer cuando un hombre está siendo exigido por la vida

en demasía.

Bueno, cuando todo esto se solucione,

tendremos tiempo para ponernos al día.

Así será, hijo mío. Suerte.

Gracias.

Ayer, en el Congreso,

no votó a favor de mis intereses.

Puede tener queja de mí, pero no del sentido de la votación.

La mayoría de los diputados votaron a favor de sus intereses.

Por suerte, no puse todos los huevos en la misma cesta,

es decir, la suya.

Usted era la segunda opción.

O la tercera, diría yo, viendo lo que han votado mis colegas.

Otros diputados con menos escrúpulos.

Ya. Pues permítame que no le felicite.

Lamento mucho que sus oscuros asuntos hayan tenido éxito.

Eso confirma mi idea sobre la limpieza que este país necesita.

Usted siga limpiando, que otros recogerán los frutos.

¿Cree que me voy a arrepentir?

Pues no. Estoy muy orgulloso de haber votado con conciencia,

cosa, por cierto, de la que usted carece.

Puede que tenga razón, pero no la he echado nunca en falta.

La ley aprobada solo es el principio,

luego tiene que sacar adelante su sucio negocio.

Lo haré, no lo dude.

O no, o se cae con todo el equipo y pierde la inversión inicial.

Querido prócer, siento decirle que no me verá usted en la ruina.

Me verá, eso sí,

nadando en oro, y nunca olvidaré que usted intentó evitarlo.

¿Viva? ¿Has pensao lo que estás diciendo?

¿Cómo va a estar mi señora viva?

Eso mismo le he dicho yo a mi primo:

"Que los muertos, muertos están, y con esas cosas no se juega".

Pero él está emperrao en que la mujer que vio era Bellita.

Pues, perdona que te lo diga, pero tu primo tiene visiones.

¿No se comerá las setas del campo?

Dicen que algunos, después de comérselas,

ven la "santa compaña".

Si hasta las ovejas tienen cuidao de no zampárselas.

Y Jacinto no se come nada que no se coma una oveja.

Entonces, será que se le está espesando el seso

por la falta de Marcelina.

¿Ah, sí?

¿Tú crees que puede llegar a tanto la privación de mujer?

Anda la osa, parece mentira que no los conozcas.

Si a un hombre le quitas de hembra un tiempo,

se ponen tontos tontos.

Miran lo que no tienen que mirar y ven lo que no tienen que ver.

¿Y eso puede ir a más?

Casi siempre.

Si Jacinto ha empezado así,

terminara viendo subir por la escalera

a las mujeres del rey Salomón.

¿Ese no era el que cortaba a los críos por la mitad con una navaja?

Con una espada. Y no los mataba, amagaba na más.

(LOLITA SUSPIRA)

Le he perdío la costumbre a estas escaleras.

(RESOPLA SOFOCADA)

Hasta estoy pensando que me estoy aseñorando.

Dentro de na,

me veréis sacar un pañuelo de la manga.

Siéntate. No tendrías que haber subío.

Aunque eche el bofe, Casilda, lo vale por charlar con las amigas.

¿Cómo está mi Monchito? ¿Cómo está mi niño?

Está dormío, Casilda. Déjale, que luego te saluda.

Podríamos haber bajado nosotras.

De eso na, que aquí, con las labores,

es donde salen las charlas mas jugosas.

¿Quieres agua?

Sea.

De todas maneras, está usted más recuperada, ¿no?

Mejor que nunca.

Mejor que antes, sí. Por dentro y por fuera.

Ahora el que está peor es mi marido, sobre to por dentro.

¿No le has perdonao?

A su debido tiempo, Casilda.

Se merece sufrir una miaja.

Se merece un escarmiento.

Nunca les viene mal un castigo.

Y por que este no es más mayor,

si no, lo pensaría, pero así de crío, pues...

se entera bien poco.

Ahora sí que me creo que te estés recuperando.

Ya te lo he dicho, Casilda, que me encuentro como...

¡Ay, ya, Lolita!

Sujétala. -¿Qué le pasa?

¡Mujer, abre los ojos!

¡Lolita! -¡Zarandéala, Alodia!

Lolita, Lolita...

¡Agua!

¡Agua, vamos a darle agua! -Coge un vaso de agua.

Lolita. -Ay.

Lolita, mírame.

Lolita. -(LOLITA SE QUEJA Y MONCHO LLORA)

Que se me cae. -¡Siéntala, Alodia, siéntala"

Voy.

Venga, Lolita. -No me des na,

no, lo echaría to.

Lolita, ¿esto te ha pasao más veces después de salir del hospital?

No es de preocupar.

Vaya, buenos días.

¿Venías a verme?

No, qué más quisiera yo que pasar la mañana contigo

hablando de todo y nada.

Tengo una cita con Genoveva,

me ha mandado llamar.

¿También tú bailándole el agua a esa mujer?

¿Cómo amanecieron las dos muchachas más bellas de la ciudad?

No hace falta que me respondáis.

Una alegre y cantarina; como los pajaritos,

y la otra, un poco menos alegre y mucho más altanera.

Si empiezas con piropos, me marcho. -¡Espera!

No puedo, Anabel, ya llego tarde.

Deberías camuflar un poco mejor tus sentimientos.

Ha quedado patente que te inquieta quedarte a solas conmigo.

No te creas el centro del universo.

Además, no es la primera vez que nos hemos visto a solas.

Eso es lo que te inquieta.

¿O es que te excita?

Desde que me viste a medio vestir, ¿has tenido recuerdos?

Estás endiosado.

No eres tan inolvidable como te crees,

ni mucho menos. -¿Ah, no?

No he sido yo quien ha llevado la conversación por esos derroteros.

Puedes decir misa, pero no, Aurelio, olvídate,

ya no ocupas mi mente ni un poquito.

(RÍE)

¿Seguro? ¿No?

¿Y quién lo hace? Ah, ya,...

ese picapleitos de medio pelo, ¿no?

Puede.

No me engañas ni un poquito.

Es poca cosa para ti ese muchacho.

Tú eres Anabel Bacigalupe,

no una vulgar modistilla, que es a lo que él puede aspirar.

Quizás es eso lo que te duele,

que a pesar de tu apellido y de tu ilustre familia,

yo haya preferido a Miguel, letrado y honrado.

¿Ya se ha ido de viaje?

Ya le echo de menos.

No. No te creo.

No ha nacido Anabel para guardar ausencias.

No. Yo creo que preferirías salir

reír, tomar unos tragos con un viejo amigo....

¿Me estás invitando?

Lo teníamos pendiente.

He cambiado, Aurelio.

Ya no habrá nada entre nosotros, ni siquiera un trago.

No has cambiado tanto, ni mucho menos.

(Pasos)

Sí que está raro, sí.

¿Ya le han felicitado sus superiores

por la detención de ayer?

Están pensando en hacerme unos honores como reconocimiento

a mi labor en defensa del orden y la ley.

¡Bien merecido que se lo tiene!

¿Cómo no nos había dicho nada?

Anda que no tuvo uste coraje

acudiendo sin pensar al grito de doña Susana.

Otros ni se hubieran meneao, to acobardaos.

También acudió Jacinto.

Y justo es reconocérselo a él también.

A Jacinto más,

por no ser agente de la autoridad y carecer de obligaciones.

Cuando la muerte acecha, poco da que se lleve uniforme o no.

El miedo se hace con cualquiera. Y la valentía es

no dejarse apabullar cuando nos pasa eso.

Qué razón tiene.

Se nota que uste ha estado más a la duras que a las maduras.

Alguna que otra vez, sí.

De los valientes es el mundo.

Ahora no se podrá echar atrás para invitar a una ronda, ¿verdad?

Bueno, si son unos cafés, póngalos.

A las buenas.

Buenas. -¿Se sabe algo del asaltante?

Ni me he molestado en preguntar. -Yo tampoco sé quién era.

Pero estoy seguro de que a la mujer a la que atacó era Bellita.

¡Y vuelta la mula al prado!

¡Que deje de decir barbaridades, pastor de ovejas!

No me hace gracia que te pases el día

con el nombre de una difunta en la boca.

Que eso da mal fario, sobre todo, por la pesadez.

Vi lo que vi.

Pero tu testimonio no cuenta,

lo tiene que corroborar un agente de la autoridad, ¿verdad?

¿Vio usted a doña Bellita?

Yo ni la vi, con el cuchillo tenía bastante.

Vamos a ver,

si no la vio el sereno, que está entrenado para identificar

a malandrines y delincuentes,

pues es que la difunta sigue difunta y ya está.

¡Que lo dejen ya!

-Digan lo que digan, hablaré con don Jose,

que lo mismo no es viudo.

De esas cosas se da cuenta un hombre, por Dios.

En cuanto le vea se lo pregunto.

¡Tendrás valor!

Deja a don Jose en paz,

que bastante tiene con lo que tiene.

Esto es mu raro.

Siempre supe que no era usted una mujer fatal

que sedujo a nuestro diputado solo para ponerle en un compromiso.

Le agradezco su comentario,

no hay muchas en el barrio que piensen así.

Porque no se fijan.

A mí no me hizo falta más que verla caminar

para saber que había algo más.

Irradia usted tristeza.

Y es tristeza de amor.

¡El amor!

El amor es algo que no pueden soportar los bienpensantes

cuando se da con espontaneidad, ajeno a cálculos y contratos.

Y no solo eso.

Me culpan de la infidelidad de Antoñito,

pero también de la enfermedad de Lolita.

La despellejarían a usted si les dejáramos.

Me sosiega ver que está usted de mi lado.

No podría ser de otra forma.

Yo no soy quién para juzgarla.

Eso me digo yo de las que me critican e insultan.

¿Con qué derecho se creen para juzgar al prójimo?

Fanáticos y fanáticas.

Y capillitas.

Efectivamente.

Créame, si su pasión hacia Antoñito es sincera,

no hay nadie que vaya a comprenderla más y mejor que yo.

Por suerte o por desgracia,

siempre he sido apasionada

sin importarme lo que pensaran los demás.

Espero alcanzar algún día ese aplomo del que usted hace gala.

Mi pasión es sincera,

me envuelve y me empuja,

pero creía que no me afectarían las críticas, y sí lo hacen.

Es usted demasiado joven

para alzar la cabeza y olvidarse de los timoratos.

Cuente conmigo para lo que desee.

Para empezar, yo podría ser su refugio.

Y ahora, dicho todo esto,

creo que debería darle mi opinión real.

Estoy deseando escucharla.

No me voy a andar con paliativos:

creo que debería terminar su relación con el diputado Palacios.

¿Cómo dice?

Es un hombre casado y padre de una tierna criatura.

Creía haberle escuchado que no era usted

una de las bienpensantes moralistas.

Sus palabras me descubren que solo es una mojigata más.

Si ha escuchado bien mis palabras,

siempre fueron precedidas de una condición:

dije que debería dar rienda suelta a su pasión,

siempre que fuera sincera. ¡Y lo es!

No, Natalia, conmigo no valen las mentiras.

Su amor o su deseo...

de Antoñito tiene más que ver con intereses comerciales

que con un afecto sincero.

Quiero lo mejor para usted,

por eso le digo que se olvide de él.

A la larga, saldrá usted trasquilada, lo presiento.

Supongo que podría dar crédito a su presentimiento.

Me gusta usted, Natalia Quesada.

Me recuerda a mí misma cuando tenía su edad.

Me gustaría confiar en usted.

Haremos grandes cosas juntas.

Seremos más que amigas.

Maestra y discípula.

Hola.

A las buenas.

¿Qué, sigues en trato con los fantasmas?

¿Le has preguntado a don Jose si sigue viudo o casado?

No te has atrevido a entrarle, como si lo viera.

No se ha dejao ver por aquí.

¿Dónde se habrá metido el guitarrista

ahora que no hay terraza en el restaurante?

No ha ido a ningún lao, sigue en su casa.

Eso es raro.

Cuando yo enviudé, se me caía la casa encima.

A él no se le cae na, porque está con su esposa.

¡Y dale! ¿Vas a seguir con eso? ¿Hasta cuándo?

Hasta que os deis cuenta de que tengo razón.

¿No le gustaría que fuera verdad?

¿No le gustaría ver a Bellita bajar más tiesa que un ocho

y con la gracia que le salía por tos los poros?

Sí, tenía gracia, pero la muerte se lleva hasta a los más graciosos.

Tú necesitas de urgencia que vuelva Marcelina.

Estás perdiendo el norte, lo que es verdad, bueno y malo.

Lo que diga, pero doña Bella del Campo sigue viva.

Vamos a cambiar de conversación o te ganas un soplamocos.

¿Sabes qué le pasa al sereno que está mustio?

No es ni la sombra de lo que era. Ya.

¿Y no barruntas nada de lo que le puede pasar?

No suelta prenda.

Ese sí que está muerto, y no doña Bellita.

¡Hala, ya te has ganado el soplamocos!

Lo estás pidiendo a gritos. Hala, el que lo busca lo encuentra.

Con él te quedas. Y barre mejor esto, por Dios.

Qué poco arte.

(Puerta abriéndose)

¿Te vas a bañar?

Si es así, me marcho para que estés más a gusto.

El que te vas a bañar eres tú.

¿Yo? ¡Pero si no me hace falta!

No es necesidad, te he preparao el barreño pa que lo disfrutes.

¿Y a santo de qué lo tengo que disfrutar yo?

Porque trabajas y te lo mereces.

Yo te ayudaré a desvestirte.

Pero ¿entero? -No te hagas de rogar.

¡Jacinto!

¡Jacinto!

Templa mujer, que me has hecho almorzar a matacaballo.

Porque es hora de abrir la mantequería

y me tienes aquí quitando la mesa.

Lolita apenas ha probado la comida. -Ya.

Dijo que estaba desganada,

que ha visitado a unas amigas

y que le han hecho picar algo por aquí y algo para allá.

Y tú no crees que sea así.

Pues no, Ramón.

No lo creo.

Lo que yo creo es que no tiene apetito,

pero trata de no preocuparnos. Ni apetito ni fuerzas.

Tan mal no estará si se ha pasado la mañana de picos pardos.

Por eso te lo digo.

Salir sale, pero cuando vuelve, está hecha polvo,

Si se ha ido al cuarto para que Moncho durmiera

y se ha quedado ella frita antes que el crío.

Y tú crees que está fingiendo que tiene ánimos.

Pues sí.

Y además, cree que nos tiene engañados.

(Timbre)

Yo voy.

Casilda. -A las buenas, seña Carmen.

¿Está la Lola?

Está, pero está dormida, necesita descansar.

No creo que hoy sea... -Mejor.

Mejor que esté planchando la oreja.

Lo que vengo a decir es pa uste y pa don Ramón.

Venga aquí y charlamos un rato.

No echaré de menos estas calles.

¿Y a los amigos?

¿Tampoco?

Claro que sí.

Ya sabe a lo que me refiero.

Si sigue así, Genoveva ganará la partida.

No consienta que le infunda desapego por las cosas que ha querido.

Las cosas me son un poco indiferentes.

No voy a consentir que Genoveva me distancie de la gente.

Les aprecio mucho a ustedes...

y a los criados y criadas que amaban a Marcia.

Espero que vuelva renovado.

Volveré renovado...

y con ganas de disfrutar de su compañía.

(Puerta)

Con permiso, don Liberto. Don Marcos.

Buenas tardes. Buenas tardes.

Don Felipe, vengo a despedirme.

Mañana no estaré aquí.

Muchas gracias.

Si tiene problemas con el piso, Liberto se lo solucionará.

Tenga usted mucho cuidado.

Toda Europa central va a convertirse en un avispero.

Será un desastre sin precedentes.

Me compensará convivir con mi hijo.

Más valdría que se lo trajera usted aquí.

No consentiría dejar su trabajo, le apasiona.

Y de avisperos y desastres, también los tengo aquí.

Siéntense, por favor. Les prepararé una copa.

Habla de una vez, que te escuchamos con atención.

Me lo he pensao muy mucho el venir aquí,

no quiero ser una entrometía.

Casilda, al grano.

Me van a tachar de agorera

o exagerá, pero no podía quedarme con la duda.

La Lola me matará si se entera de que he venío con el cuento.

Casilda, por el amor de Dios, habla ahora o calla para siempre.

La duda que me tiene consumida...

es...

¿están ustedes seguros, ustedes creen

que la Lola está tan sana como ella cree?

¿Por qué dudas que no esté sana?

Sube las escaleras del altillo agotá;

ella, que hasta subió esas escaleras con don Felipe en brazos.

Ha estado en el hospital,

es normal que las piernas se le resientan.

Resuella como un caballo percherón.

Y se ha privao de repente.

¿Se ha desmayado? -Sí.

Ha cerrao los ojos y se ha mareao.

Siéntate, Casilda.

No, señor, no sería oportuno.

Siéntate.

Sentaos las dos.

Casilda,...

Lolita no lo sabe,

pero... los médicos le dan muy pocas esperanzas de vida.

Su enfermedad es poco habitual y...

y aún no se conoce muy bien su progreso.

Cuéntale también lo del doctor Ramos.

Hay un médico en Sevilla que investiga esta enfermedad y...

Antoñito cree que podría indicarle un tratamiento que la salvara.

Don Antoñito lo cree...

pero uste no.

Es su mujer, la quiere mucho,

es comprensible que se quiera agarrar a un clavo ardiendo.

¿Y ella no lo sabe?

¿No les parece que tiene derecho a saberlo?

Puede ser.

Pero Antoñito...

es la máxima autoridad en este asunto y él no quiere que se entere.

Casilda,...

tú tampoco le puedes decir ni una palabra.

Yo...

Ella es mi amiga.

Pero ustedes mandan.

Gracias.

Voy a marcharme.

¿Cuánto tiempo le queda?

Si el doctor Ramos no nos dice algo nuevo,

muy poco tiempo, Casilda,

muy poco tiempo.

Si fuera usted, yo ya no me quedaba en casa.

Muerto el perro, se acabó la rabia.

Ahora está usted tan segura, paseando como aquí en su casa.

Eso mismo le llevo yo diciendo to la tarde.

No estoy preparada para salir todavía.

La gente se haría cruces.

En este barrio, la gente se hace cruces sin verte.

Les gustaría que salieras pa tener motivos y hacerse cruces.

(RÍE) Déjese de aprensiones.

Los vecinos estarán encantados de verla vivita y coleando.

No puede dudar de su admiración y su cariño.

No les gustará que les haya mentido. -Se les olvidará al verla.

De hecho, ya hay quien cree haberla reconocido.

Jacinto, sin ir más lejos.

Venga, mujer, no puedes seguir enterrada en vida.

Sales, das unas explicaciones y a otra cosa, mariposa.

No puedo, de verdad que no.

Yo siempre he respetado mucho a mi público

y no puedo enfrentarme a él y ver en sus ojos el reproche.

Cuanto más retrase su aparición, peor será.

Calla, que creo que he encontrado la solución

pa hacerte pasar el trago.

¿Qué solución, Jose?

Que te conozco, y te tengo a ti más terror que a mi público.

Ya, ya. (RÍE)

¿Adónde va ahora?

(Se cierra la puerta)

Aurelio.

¿Qué tejemanejes te traes?

Cosas de negocios.

Nada de secretitos conmigo.

O estamos juntos en esto o me desentiendo del todo.

¿Qué es eso?

No quería que lo supieras, pero...

sea tu voluntad.

Es un compuesto de hierbas que se usa para, digamos,

anular la voluntad de las mujeres indecisas.

No.

Anular su voluntad, ¿hasta qué punto?

Depende de la dosis.

En grandes cantidades, puede provocar la muerte.

¿Y para qué quieres eso, Aurelio? -Ya veremos.

De momento, me ha servido para que sepas que existe

y que no te fíes de cualquiera.

¿Cómo te ha ido con doña Genoveva?

Muy bien.

Me la he ganado.

Será mi aliada. -Lo sabía.

Va a ser muy bueno tenerla de nuestra parte.

Esta noche voy a visitarla y remataré la faena.

¿No pensarás usar con ella tu compuesto?

¿Quién sabe?

(Pasos)

Lolita.

Pero venga, anímate, que dicen que es una película muy chistosa.

Qué manía con el cinematógrafo, que no me apetece.

Ah, pues nada, me dejas con las entradas compradas.

Yo no le dije que las comprara. Haberme avisado antes.

Sí, en eso tienes razón, pero fue sin pensar.

Pensé que te iría bien ver una sesión

para quitarte de la cabeza esas cuitas que se te acumulan.

¿Qué "cuitas", Carmen?

Porque del hospital ya he salío.

Y lo de Antonio va.

Lento, pero va.

Mira que eres cabezona.

Pues las entradas no se pueden devolver, tú verás.

Las entradas no se pueden devolver, no,

porque no se compran por adelantao.

To quisqui va a la taquilla justo antes de ver la película.

No. -No.

No.

To quisqui, no.

Porque...

to quisqui no conoce al taquillero como servidora.

El hombre ha querido hacer una gracia dándome las entradas,

y ahora vas tú, y no te apetece ir.

Si tú quieres que quede mal con él, pues ya está.

No se preocupe uste, que todas las sesiones se llenan, no sufra.

Ay, de verdad...

¿Todavía estáis aquí?

¿Y a uste qué más le da?

A mí ni me va ni me viene,

pero pensé que te vendría bien ir al cinematógrafo.

Uy, uy, uy, uy, uy...

Ustedes dos me quieren sacar de casa, ¿se puede saber por qué?

(Puerta)

Pero ¿todavía estáis aquí? -Ea, otro que tal baila.

No, Lolita, aquí no baila nadie.

Por eso quería llevarte al cinematógrafo,

porque... Antoñito venía a casa porque me ha pedido ver al niño.

Sí, Lola, yo no quería molestarte, pero necesito ver un rato a mi niño.

Eso no tiene ni pies ni cabeza.

¿Cuándo te he negado que veas a Moncho?

Ya, pero tiene que ser ahora, justo ahora,

que luego me voy al Parlamento.

A estas horas.

Pues sí, a estas horas. ¿Qué sabrás tú de Parlamentos?

Venga, va. Si nos damos prisa,

todavía llegamos con las luces de la sala encendidas, vamos.

Vamos. Vamos, Carmen, vamos,

que aquí se está calentando el ambiente.

(ANTOÑITO CARRASPEA)

(ANTOÑITO RESOPLA)

Niño, si tú supieras todo lo que está pasando.

Pensé que terminaban por no marchándose.

Ya sabe lo cabezotas que pueden llegar a ser las de Cabrahígo.

¿A qué hora dijo el doctor Ramos que venía?

Ya debiera estar aquí.

He preparado todos los informes médicos.

Madre mía.

Ahí tiene.

Entiéndame, no es que no me alegre de su visita,

pero no le esperaba tan pronto.

Debo confesar que ansiaba volver a verla.

Tan encantador como su hermana.

¿Me trae una respuesta?

Yo fui quien encargó las fotografías.

Eso ya lo sabía.

Mi interés radica en saber por qué

y en quién es el fotógrafo que las captó.

Los motivos son cosa mía.

El fotógrafo fue un tal Cuevas.

Él hizo las fotografías y se encargó del chantaje.

Un colaborador muy completo. Y no lo sabe usted todo,

es uno de los mejores detectives del país.

Dígame dónde puedo encontrarle.

No, no lo busque, yo se lo traeré.

Como prefiera.

Parece que nos entendemos bien, ¿verdad?

Eso mismo estaba pensando yo.

¿Le parece bien si brindamos para celebrar nuestro acercamiento?

Ahora mismo traigo el champán.

Esperemos que no se tome todo tan a la ligera como la puntualidad.

No desesperes, hijo, paciencia. -Hay vidas que dependen de él.

No se puede permitir llegar tarde.

(Timbre)

¡Ahí está! -¡Corre, ve a abrirle!

Doctor, le esperábamos como agua de mayo.

Pase, por favor.

Doctor, muchas gracias por haber venido.

Todas nuestras esperanzas descansan en usted.

Aquí tiene los informes.

El doctor Ramos asegura

que la enfermedad de Lolita está... muy avanzada.

Ya no se puede hacer más por Lolita que permanecer a su lado.

¿Qué me está pidiendo, que me rinda?

¿Qué sucede, y esos gritos?

Que tienes que ver el diario. -¿Y pa eso tanta urgencia?

En la página central hay una noticia que no puede esperar.

Yo creo que te va a interesar.

He pensado que estando tu padre y tu novio de viaje,

no tienes ninguna excusa para rechazar mi convite.

Me temo que acepto, si quiero dejar de oírte.

Pues hasta esta tarde entonces en tu casa.

Con Dios.

Te has empeñado en dejarme claro que somos enemigos,

como tal he de tratarte.

Pronto te darás cuenta de la magnitud del error que cometes.

¿Ahora me amenazas? Por cierto, Lolita,

¿quién era ese hombre tan elegante que os visitó anoche?

¿De qué hombre me habla? -No sé, por eso te lo pregunto.

Yo paseaba con mi Liberto y nos preguntó dónde quedaba tu casa.

Y pensar que unas pocas piedras nos separan de la sucursal bancaria...

Y mañana mismo caerán a nuestros pies.

"Y todos los tesoros del banco a nuestra disposición".

-"Ten claro que no vamos a dejar dentro ni una miserable peseta".

-"Casi que me da pena el director del banco".

-"He recibido un telegrama". -Lo sé, yo se lo entregué.

Me lo manda Arantxa. ¿Y qué le pone?

-"Nada puede salir mal".

-¿Y esta agua?

Señor Cuevas,

tengo las mejores referencias de usted como detective privado.

Este retrato es de mi esposo,

¿podría viajar mañana mismo?

¿Sucede algo? -Antonio, no soy tonta.

Sé que me estoy muriendo.

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Acacias 38 - Capítulo 1325

09 sep 2020

Lolita se interesa por Antoñito, aunque le haya perdonado aun quiere darle un escarmiento. Por su parte Antoñito ha logrado convencer al doctor Ramos para que visite a su esposa.
Sabina y Roberto tienen un bonito momento, previo a un golpe que darán los Olmedo al día siguiente.
Marcos anuncia a Soledad que se marcha a un viaje inesperado, sin darle más detalles. A espaldas de su padre Anabel baja las defensas y se deja llevar por las atenciones de Aurelio.
Jose y Alodia intentan tranquilizar a Bellita: afortunadamente el seguidor fanático ya está en manos de la policía y nada tiene que temer. Jacinto cuenta, sin que nadie llegue a creerle, que vio a la folclórica paseando por la calle.
Genoveva adopta a Natalia como su pupila, ve similitudes entre la mexicana y ella. Felipe se prepara para su marcha de Acacias y no puede reprimir la nostalgia.

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  1. Maribel

    Casilda ... ¡qué personaje tan tierno!!. Marita es una actriz extraordinaria a pesar de su juventud, además se le da muy bien tanto la comedia como la tragedia, hoy a vuelto a emocionarme. En cuanto a Don Marcos, me tiene asombrada, ha pasado de querer que se le hiciera la autopsia a su difunta esposa, a olvidarse del tema y liarse con su criada Soledad y eso que Felicia fue "su primer amor" y según dijo, volvió de América porque quería recuperarla, en fin, se le estará "espesando el seso" como le dijo Alodia a Casilda. Siempre pensé que Soledad ocultaba algo, incluso cuando murió Felicia tan "repentinamente", llegué a pensar que ella tenía algo que ver en su muerte. Respecto a Doña Bella del Campo ... vamos a ver Bellita, primero disgusto porque no podía salir y ahora tragedia porque puede salir, mujer que va a seguir llevando "dos carabinas".

    09 sep 2020