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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 673 - ver  ahora
Transcripción completa

"No confío en Úrsula. Y tengo un mal presentimiento".

"Temo que algo vaya a salir mal".

"Si así fuera,... espero que leáis esta carta

y encontréis el camino para entender mis razones".

Recoja sus cosas inmediatamente.

Daré aviso a Blanca cuando regrese.

"¿Qué pasará" cuando lo sepan?

No me importa. No me importa nada ni nadie.

No pensemos en lo que pueda acontecer.

Al menos por esta noche.

Nos debemos aunque solo sea una noche de felicidad.

Tú no eres una buscona ni quieres serlo.

-Ay.

-Suélteme, animal, que ya no quiero nada con usted.

-Tú te vienes conmigo que lo vamos a pasar muy bien un rato.

-¿Qué está pasando aquí?

-"¿Has averiguado algo" sobre el paradero de Blanca?

-Por el hospital no ha pasado. Nadie la ha visto.

-Dios bendito.

Por fuerza ha tenido que ocurrirle algo.

-¿Y Olga?

Tal vez ella sepa dónde está su hermana.

¿Has hablado con ella?

-No.

No he hablado con ella.

No tenemos boca suficiente para agradecerte lo que has hecho.

-Lolita, todo lo que tienes de grande lo tienes de buena.

¡Ay! -Bueno, me voy a la cocina, que,...

que una no está acostumbrada a tantos halagos y...

que me están dando así los mareos.

-Muchas gracias, cuñada.

-"Con su permiso, preciso hablar con usted".

-No es el momento más oportuno.

-Créame, lo que le tengo que contar nos interesa sobremanera a los dos.

-No sé en qué podemos coincidir nosotros.

-En Simón y Elvira.

-"Olga no soportó" ser despreciada de nuevo.

-No puedo evitar sentir pena por ella.

-No la compadezcas.

No hay duda de que Olga

se ha llevado a la fuerza a Blanca.

Y que a través de ella y de ese niño

puede consumar su venganza. -"Olga, ten piedad de mi hijo".

-¿Por qué?, nadie la tuvo del mío.

Ahora...

Ahora... vas a pasar

por todo lo que yo pasé.

Es lo justo.

Y lo que se va a cumplir.

¿Sabes?

Tomás... decía que se debían de hacer sacrificios.

Y eso es lo que tú eres.

Como uno de esos becerros que sacrifican en el Antiguo Testamento.

Tomás me lo hacía leer... todas las noches.

Pero ahora todo cobra sentido.

Tú...

y ese crío que llevas dentro...

seréis mi sacrificio.

-Olga, yo no tengo la culpa. Y tú tampoco.

Solo hay una culpable.

(Ruido de hojas)

-Chist.

Debió ser el viento.

Nadie... va a venir a salvarte.

Nadie.

(Puerta que se cierra)

Buenos días, padre.

¿Qué hace aquí tan en silencio?

Esperándote.

¿Por qué has tardado tanto?

Al final me demoré hasta rezar el Ángelus.

¿Ocurre algo?

No, nada. ¿Qué va a ocurrir?

¿Qué tal en el convento,

fue de tu agrado?

Sí. Cierto es que tienen una disciplina muy férrea.

Espero poder adaptarme a la vida allí.

¿Estás segura de lo que vas a hacer?

Esta vez me voy por decisión propia.

Lo he pensado y ha de ser así.

Necesito la paz y el equilibrio que solo ese lugar puede transmitirme.

Ingresaré en pocos días.

Me alegro de que lo tengas tan claro.

Voy a preparar mis cosas.

¿Qué cosas?

Quiero empaquetar mis aceites

y mis vestidos para donarlo a los pobres.

Hay muchas muchachas que no tienen nada.

Y estarían encantadas de verse guapas

con mis ropajes.

Estoy orgulloso de ti, hija.

Muy orgulloso.

Gracias, padre.

Estos suizos están buenísimos.

Muchas gracias, Víctor, por acordarte de nosotras

y traernos la merienda. -Bueno,

¿y cómo llevan la reapertura? -Está entusiasmada.

-Es cierto.

No puedo ser más feliz. Aunque sé que ahora

la gente me mirará de otra manera por haber mentido

durante tanto tiempo...

sobre la maternidad de Simón.

-La gente lo que tiene que hacer es no hablar de lo que no conoce.

Nadie abandona a un hijo así como así.

-¿No conoces este barrio? La crítica y la condena

son sus entretenimientos favoritos.

-Cariño, ¿ya estás de vuelta? -Simón,...

Víctor ha traído unos suizos, ¿quieres uno?

-No. No, gracias.

-¿Cómo ha ido el viaje?

¿Bien? ¿Solucionaste las gestiones?

-¿Gestiones?

-Sí, las gestiones que doña Celia te pidió que hicieras para su negocio.

-Sí. Sí, las solucioné, sí.

-Pues has llegado en el momento oportuno para darnos tu opinión.

Estábamos comentando con Víctor...

una idea que ha tenido para llevar a cabo aquí en la sastrería.

-Sí, ¿qué idea es esa?

-Hacer una reinauguración como Dios manda.

O sea, hacer que todo el barrio se entere que la sastrería Séler

vuelve a estar abierta con doña Susana al mando.

-Quizá lo mejor será ir recuperando la posición poco a poco.

Mucha gente podría aprovechar la fiesta para arremeter contra mí.

-No, eso no va a pasar. -¿Por qué no?

Es cierto que he mentido a todo el mundo y durante mucho tiempo.

No voy a pretender ahora que me perdonen así como así.

-Siento decirle que yo también lo creo.

Deberíamos esperar un poco.

No podemos fingir que no pasa nada, cuando en realidad, todo el mundo

sabe del engaño, ¿verdad, cariño?

¿Conoce a este hombre?

-No.

-Mire el retrato.

-No lo había visto en mi vida.

-Usted contrató a este hombre para que amenazara al abogado

de Antonio Palacios y así no pudiera defenderlo en el juicio.

-No.

-Usted utilizó el mismo método

con Sepúlveda para que testificara en contra de Antonio.

-¿Por qué iba a hacer yo eso?

-Porque quiere que Antonio Palacios...

pague por un delito que ha cometido usted.

-Eso no es cierto. Ese hombre es un estafador.

-Está mintiendo.

-Yo no tengo nada que ver con esta estafa.

Yo solo soy una víctima, una víctima de ese... desalmado

de Antonio Palacios.

-Usted le engañó con sus argucias.

-Yo lo único que hice es decirle,

una y mil veces, que quería un negocio limpio.

No quiso hacerme caso, no quiso escucharme.

Así que me desvinculé del asunto. -Le robó el dinero.

-¿Yo?

Sabe Dios que nunca me llevaría lo que no es mío.

Y menos con el dinero para un monumento homenaje

de nuestros muchachos caídos en la guerra.

¿Se puede tener menos escrúpulos?

-Miente. -¿En qué se basa, señor comisario?

¿Acaso tiene algo para inculparme?

No sé, mi firma en algún contrato o el testimonio del alcalde

diciendo que se reunió conmigo, o alguien que me viera

recoger un maletín.

-Ya basta, cállese. -No, yo no hice nunca nada de eso.

Así que nadie podrá inculparme de ningún delito.

Antoñito es el único culpable, y el único que pagará con cárcel

su condena. -Estoy cansado

de sus mentiras.

Solo se lo voy a preguntar una vez más.

Y esta vez me va a decir la verdad.

¿Hola?

¿Virginia?

¿Habéis visto una niña por aquí? -No, no he visto a nadie.

-Ay, Virginia.

Maldita sea mi estampa, ¿dónde se habrá metido esta niña?

-Casilda. ¿Qué haces aquí?

-Pues "na", que he subido a ver si por algún casual

la niña había venido a refugiarse o alguien la ha subido.

¿Ha descubierto algo, Servando?

-"Na" de "na". -No puede ser.

Lleva ya mucho rato desaparecida. Esto es muy raro.

¿Dónde estará?

-Yo he preguntado por la calle y, parece ser que nadie la ha visto.

-¿Qué, alguna novedad?

-Hemos buscado por todas partes. Y ni rastro de ella.

-Ay, no puede ser, no se la ha podido tragar la tierra.

-Pues a nosotros ya no se nos ocurre dónde mirar más.

-Lleva muchas horas desaparecida. Y con el frío que hace.

Pero vamos a ver, ¿cómo se nos ha podido escapar, eh?

¿Cómo la hemos podido perder de vista? Me cachis.

-A mí también se me ha escapado.

La última vez que la vi estaba con Servando y, de repente,...

-¿Y ahora qué hacemos? -Hay que encontrarla antes

de que llegue la anochecida.

-Sí, ¿y si vamos a los guardias? -Servando, ¿come usted flores?

Pero vamos a ver, ¿es que no se da cuenta de que si los guripas

la encuentran antes que nosotros, se la van a llevar a un orfelinato?

Hombre, que están sus padres en la cárcel, por Dios, qué cosas.

-Es verdad, no lo había pensado. No te pongas así, mujer.

-Bueno, tenemos que encontrarla.

Hay que seguir buscándola.

Tenemos que dar con ella antes que los guripas.

-Canija, no te apures, esa niña es una superviviente,

fuerte como un roble y valiente. Ya verás como está bien.

-Eso es verdad, Casilda.

Esta niña sabe cuidarse por sí sola, así lo ha hecho siempre.

Aun así, la encontraremos. -En eso tenéis razón.

La niña es corajuda y tiene la piel más dura que el esparto.

-Sí, yo no paro de pensarlo, Casilda.

Blanca, en cambio,...

ella sí que no sabe cuidarse por sí sola.

Ya lleva unas horas desaparecida, sin que nadie sepa nada de ella.

Eso sí que es para temerse lo peor.

-Y encinta que está, el pobre "angelico".

Eso sí que es para preocuparse.

En este barrio, si no es por uno, es por otro,

la cosa es no vivir en paz, ni siquiera en Navidad.

Bueno, ¿qué, seguimos? -Venga.

-Sí. -Vamos.

¿Puedo marcharme ya?

-Llévenselo.

-Usted sabe que sin pruebas no puede retenerme aquí.

-Largo.

¡Maldita sea!

-Intuyo que no ha ido bien.

-Es un tipo muy listo, Felipe.

Lo ha negado todo.

Y sabe que sin pruebas voy a tener que liberarlo.

-No. No puede hacer eso.

Tiene que retenerlo unos días más.

Al menos hasta la celebración del juicio.

-Solo podemos acusarle de agresión y de posesión de arma blanca.

La navaja que le incautamos. Pero nada más.

No tenemos pruebas contra él. -Las encontraré.

Pero no lo libere aún. Demostraré que ese hombre

es culpable. -¿Cómo, Felipe?

¿Cómo?

Sabe cómo funciona esto. Los hechos son los hechos.

-Ese hombre amenazó a la familia Palacios y a mí mismo.

Tenemos esas amenazas por escrito. ¿Acaso no son pruebas?

-Pruebas que podrían ser desestimadas fácilmente.

Podrían haberlas escrito ustedes para salvar a Antoñito.

Podrían haber sido falsificaciones. -No, no lo han sido.

-Pero eso hay que demostrarlo ante el juez.

Y, lamentablemente, es muy difícil.

-¿Y el carruaje que me arrolló?

¿También falsificamos eso?

Estuve a punto de morir, ¡por el amor de Dios!

-Lo conozco lo bastante como para saber que usted

no ha falsificado nada.

Que ese accidente es tan real, como que Belarmino es un sinvergüenza.

Pero para demostrarlo necesitamos pruebas objetivas, y no las tenemos.

No tenemos nada. -¡Socorro!

¡Guardias, me están atacando! -Discúlpeme.

-Comisario. ¡Comisario!

Lo sabía. Olga carece de imaginación.

Es tan previsible.

(Puerta que se cierra)

Carmen, déjanos solos.

¿Has descubierto algo?

¿La has encontrado?

-Lo único que sé es que Olga sigue desaparecida.

Nadie la ha visto tampoco.

¿Qué ocurre?

-¿Puedo serte sincera?

-Por favor.

-Discutí con Olga porque había revelado a Diego

el secreto sobre el cuaderno de tu padre.

-¿Qué significa que discutió?

-La eché de casa a patadas. Por traidora.

Ahora temo que Olga, para vengarse de mí,

trate de hacerle daño a Blanca.

Olga sabe que Blanca y ese niño...

es lo único que me importa en la vida.

-¡Maldita sea! ¿Por qué siempre

tiene que tener la culpa de todo? ¿Por qué tuvo que discutir con ella?

-No es momento para lamentarse.

Hay que hacer algo. Hay que encontrarlas

antes de que sea demasiado tarde. -¿Dónde puede estar?

Tal vez en la cabaña de Tomás, en el bosque de las Damas.

-Eso es lo primero que pensé yo también y...

envié a un mozo para comprobar si estaban allí.

-¿Y?

-Me acaba de llegar un telegrama diciendo que no.

-¿Dónde puede tener a mi esposa? ¿No se le ocurre nada?

-Reconozco que sí.

Creo que pueden estar en un lugar. Tengo...

un pálpito.

-¿Dónde? Hable.

-No.

-¿Cómo que no?

-No.

No pienso abrir la boca ni mover un dedo

si no destruyes antes la declaración que tu padre escribió en mi contra.

-¿Está tratando de chantajearme?

-Llámalo como quieras. -Es usted tan mezquina.

-Soy práctica.

Rompe esa declaración...

y te diré dónde puedes encontrar a Blanca.

-No pienso hacer eso. No pienso destruir los deseos

que mi padre escribió en ese papel. Nunca lo haría.

-¿Prefieres arriesgarte a perder a tu esposa?

-No puede chantajearme con la vida de mi esposa y mi hijo.

¿Es eso todo lo que les quiere?

-Les quiero. Te juro que les quiero.

Pero más me quiero a mí misma.

Tiraría mi vida por la borda si esa declaración sale a la luz.

Quémala. Y te diré dónde encontrar a Blanca.

-No la necesito. Podré encontrarla sin usted.

Entonces, ¿el comisario no ha conseguido que Belarmino confiese?

-Me temo que no. Pero eso ahora nos ha de dar igual.

Nosotros tenemos que preparar el juicio.

Sabes lo que te juegas, ¿no?

-Sí, lo sé, pero no puedo evitar que me hierva la sangre

sabiendo que no podemos hacer nada contra ese canalla.

-Sigues sin centrarte, hijo mío. -¿Cómo quiere que me centre,

padre,... sabiendo que Belarmino está a pocas celdas de aquí?

Me dan ganas de arrancarle la cabeza

con mis propias manos. -No vayas a cometer

ninguna tontería, Antonio. -Ni se te ocurra, Antoñito.

Cometer un error sería terrible. Como cuando se aplazó el juicio.

Anda, siéntate. Siéntate

y cálmate.

Antonio,... has de ser consciente que lo tenemos difícil.

Muy difícil.

Belarmino sigue negándolo todo.

Y el comisario no tiene ninguna prueba real contra él.

-Agredió a Lolita. ¿Eso no es prueba suficiente?

-Con eso, el comisario solo puede retenerle unas horas más,

hasta la celebración del juicio.

-O sea, que Lolita se puso en peligro para nada.

-Antes de que lo suelten,... se me ocurrirá algo.

Te lo prometo. -Ya.

¿Y si no?

-Has de confiar en mí.

-Es hora de irnos.

Sé fuerte, hijo mío.

-Padre, por favor, dígale a Lolita que quiero verla antes del juicio.

No, no, por favor, escúcheme. Este sitio es horrible,...

y más aún para pasar aquí las Navidades.

Pero incluso en sitios horribles como este,

estoy seguro de que hay gente buena.

Gente capaz de tener un detalle con el prójimo, ¿no cree?

Te estaba buscando.

-Pues "na".

Yo me he "asentao" aquí un poco a descansar los pinreles, Martín.

Estoy "matá" de tanto buscar a la chiquilla.

-Anda, trae.

Canija, ¿por qué no te vas a casa a descansar un poco?

Yo me quedó aquí, en la estufa, por si regresa la cría.

-Yo no me muevo de aquí así me caiga un rayo.

Además, he engañado a doña Rosina "pa" no tener que faenar hoy.

-Vete a casa, canija, hazme caso. Yo me quedo haciendo guardia.

-No, Martín, que no, que yo me quedo en la calle.

Voy a descansar cinco minutillos y sigo buscando a la niña.

-¿Y qué vas a hacer si no aparece, pasar la noche a la intemperie?

-Tampoco iba a dormir. -Vas a coger una pulmonía.

Dicen que prevén heladas esta noche.

-Ay. Madre mía de mi vida, pero no me digas eso.

Se me parte el alma, de verdad. Esta criatura va a pasar la noche

al raso si no la encuentro. -No te preocupes,

quizá busque refugio en un portal. -Pues peor me lo pones.

Si la encuentra un vecino y llama a los guripas,

ya no podemos hacer nada, Martín. Dios mío de mi vida, pero ¿qué...?

Soy una tarambana, ¿cómo la he podido perder de vista, eh?

Dios mío de mi vida, ni dos días

me ha durado la criatura. Tienes suerte de que no tengamos hijos.

Porque... ya los habría matado.

-No te fustigues, canija. Tú serías...

la mejor madre del mundo.

Esto ha sido un golpe de mala suerte.

-¡Ca...! Perdón, perdón.

Ca... Casilda, han...

-Servando, ¿qué?

¿Qué? -Que han visto...

Que han visto merodear... a una niña sola por los Jardines del Príncipe.

-¿De verdad?

Pues esa tiene que ser Virginia. Venga, vamos a por ella.

-Vamos.

-"Los resultados de los análisis no pueden ser mejores".

Sus niveles de mercurio en sangre han descendido sobremanera.

Con una dieta diurética estricta lograremos expulsar lo que queda.

Me siento muy orgulloso del resultado de la transfusión.

Esto puede significar un hito en la historia de la medicina.

Estaba usted muy mal y le hemos salvado la vida, don Diego.

Sin embargo, no parece usted muy contento.

-Lo estoy, doctor, solo que...

tengo la cabeza en otro lugar. -¿Dónde?

-Con Blanca.

-Ya le dije que se alejara de su cuñada.

-Cierto. ¿Por qué me lo dijo?

¿A qué se debe su insistencia? -Usted hágame caso.

Además, ahora debe pensar en usted.

Su estado de salud es débil y debe guardar reposo.

-Me encuentro bien, solo necesito salir de este encierro.

-Lamento decirle que tendrá que esperar un poco.

Hacer vida normal ahora sería muy peligroso.

Podría volver a enfermar

y todo lo que hemos hecho no habría servido de nada.

-Le digo que me encuentro bien. -No podemos arriesgarnos.

¿Se da cuenta de lo injusto que sería que echara por tierra

el trabajo de los profesionales que se han dejado la piel para salvarlo?

Amén del sacrificio de su hermano.

-Lo siento, doctor.

De acuerdo, ya conoce usted mi carácter.

-Aquí cuidaremos de usted. Así que no haga ninguna tontería.

Blanca, te encontraré, aunque sea lo último que haga.

La verdad es que tienes mal aspecto.

Nada que ver con la chica radiante que me pareciste

el primer día que te vi.

En ese momento no pensé que pudiéramos llegar a ser

como verdaderas hermanas.

Y he de reconocer...

que durante algún tiempo fui verdaderamente feliz.

Pensé que de verdad había algo entre nosotras.

-Lo sigue habiendo, Olga.

Eres mi hermana. Te quiero.

-Quizá me quisiste en algún momento, pero ahora

no hay amor entre nosotras. Sino distancia.

-Úrsula es la culpable de eso.

Ella nos ha querido poner en contra.

Ella es la causa de nuestro distanciamiento.

-¡La causa de nuestro distanciamiento es Diego!

¡El amor que sentías por él fue lo que nos separó!

¿Tú no entiendes...

lo que supone para mí perder a alguien como él?

Deje eso.

Deje eso, doña Celia, yo me ocuparé.

Siento presentarme tan tarde a trabajar,

le prometo que recuperaré las horas perdidas.

-No hace falta que disimule conmigo.

Simón,... lo sé todo. -¿Lo sabe, qué sabe?

-Sé lo que me ha contado Adela.

Que ha pasado la noche con Elvira.

Le vio subirse en un coche con ella.

Y, al no aparecer en toda la noche,...

dedujo que habían dormido juntos.

Me ha pedido que le diga a Susana que yo le he mandado fuera

por un viaje de negocios.

-Ahora entiendo la actitud de Adela de hoy.

Pero ¿por qué me protege, por qué no arremete contra mí?

-Porque le ama.

Es mucho más fácil ponerse una venda en los ojos

que enfrentarse a la verdad.

Y la verdad es que...

ama a Elvira. ¿No?

-Sí.

Y no puedo seguir luchando contra mis sentimientos,

no puedo ir contra mí mismo.

Voy a fugarme con ella.

Vamos a huir juntos para intentar ser felices lejos de aquí.

-¿Está seguro?

-Sí, es hora de ser honesto conmigo mismo y dejar de vivir

en una mentira.

-Pues en ese caso... le deseo suerte.

-¿No va a tratar de disuadirme?

-Lo que siente por Elvira es real,

¿no?

-Tan real como que estoy aquí ahora mismo.

-Pues en ese caso,... no se puede luchar contra el amor.

De nada sirve. Él siempre encuentra

la manera de salirse con la suya.

-Siento todo el dolor que le voy a causar a Adela.

He de hablar con ella, he de enfrentarme a la verdad.

Bueno,...

gracias por no juzgarme, doña Celia.

-¿Cómo voy a juzgarle? Si yo...

haría lo mismo.

Cuando Adela lo pase mal, no estará sola.

Yo estaré a su lado

para hacerle el camino más llevadero.

-Gracias.

Se lo agradezco mucho, doña Celia, es usted una buena amiga.

-"No sabes..."

con qué pasión me hacía el amor.

Sus besos.

Sus caricias.

Y la forma en que me poseía como si fuese la única mujer del mundo.

¡Y todo eso lo perdí por tu culpa!

-No se pueden controlar los sentimientos.

-No.

En eso tienes razón.

Nadie puede.

Ni siquiera yo puedo controlar mi deseo de ver tu cara

pálida y desmejorada sobre un charco de sangre.

Sé... que no está bien.

No. No está bien. No debería pensar esas cosas.

No.

Pero es que no dejo de pensarlas sin cesar.

Pero es que desde chiquitina disfrutaba con el dolor ajeno.

Me faltó tino para acabar contigo.

Y después hubiese ido a por madre.

Pero ella...

me detuvo.

Y caí en manos de Tomás.

No sabes...

lo feliz...

que fui viéndole morir.

-Olga, estás confusa.

No estás viendo las cosas con claridad.

-Todo lo contrario.

Por fin las veo diáfanas.

La venganza será el bálsamo para mis heridas.

¿Y no está tardando mucho su padre, señorita?

-No me pongas más nerviosa, Lolita. Estará al llegar, ten paciencia.

-¿Alguien quiere un dulce? -No. Yo no.

Tengo el estómago cerrado por culpa de los nervios.

-Yo cojo uno, doña Trini. Gracias.

-Tendría que haber preparado yo el ágape.

-Que no, que tú no tienes la cabeza para estar ahora en faena.

Por lo menos no hasta que venga Ramón y nos cuente algo.

-Don Ramón, ¿qué ha pasado?

-Belarmino... no ha confesado.

Niega que tenga que ver con ninguna estafa.

Niega lo de las amenazas, lo niega todo el muy...

-Maldito calavera. Maldito endriago sin corazón.

-Pero, Ramón,... ¿no hay alguien que le pueda obligar a decir la verdad?

¿Alguien que le apriete las tuercas?

-Lo haría yo mismo con mis propias manos, te lo aseguro.

Pero hemos de respetar la ley, hemos de confiar en la justicia.

-¿Y de qué nos sirve confiar en la justicia?

Si confiamos en los testigos y se echaron para atrás.

Confiamos en la policía y de "na" nos ha ayudado.

Y ahora que cogemos a Belarmino, se va a ir de rositas.

-Que Sepúlveda y el edil de Cádiz

no hablaran fueron golpes muy duros, sí.

-¿Y si me presento yo como testigo?

-¿Tú?

-Yo he visto a Antoñito y Belarmino reunidos muchas veces.

-Felipe hace mucho que desestimó tu testimonio, Víctor.

Pero te agradezco mucho el gesto, hijo.

Hemos de confiar en Felipe.

Él va a sacar a Antoñito de este atolladero.

-Ya verás que sí.

Y que Dios así también lo quiere. Vamos a ver,

el juicio es mañana. Ahora no podemos venirnos abajo, ¿vale?

-Por cierto, Lolita,... Antoñito me pidió

que fueras a verle. Tiene que hablar contigo antes del juicio.

-¿Puedo ir ahora?

No sé qué hacer, no sé dónde más buscar.

-La vamos a encontrar. -Está débil por el embarazo.

Tiene que haber cogido un carruaje, pero nadie parece haberla visto.

No puede estar muy lejos.

-Cálmese. Los nervios no son buenos consejeros en estas situaciones.

-El tiempo corre en nuestra contra.

¿Dónde está Blanca, dónde puede estar Blanca, maldita sea?

-Le digo que tiene que mantener la calma.

Así no puede pensar con claridad.

-¿Qué estás haciendo aquí?

-Me he enterado de que Blanca está desaparecida.

-¿Y? -Quiero ayudarte.

-No necesitamos tu ayuda. -Te la daré igualmente.

-Lárgate.

-Samuel, por favor, no me puedes hacer esto.

No me puedo quedar postrado en una cama sin hacer nada

sabiendo que Blanca está desaparecida.

-¿Por qué crees que podría estar en peligro?

-Olga y yo tuvimos una discusión.

Puede que reaccionara mal.

-Entiendo. Lo que tratas de decirme

es que por tu culpa, Olga podría estar haciéndole daño a Blanca.

Te odio, Diego. Lo has arruinado todo.

Siempre lo arruinas todo. Toda tu miserable vida

arruinando la de los demás.

-Deja que te ayude. -No.

Yo encontraré a mi esposa, ¿me oyes?

Lo último que necesito es tu ayuda. -No te lo tomes así.

-Hermano. -Olvídame, Diego, olvídame.

-Será mejor que le deje.

Está muy nervioso.

Diego, le ruego que no se entrometa en esto.

No empeore más las cosas.

-Bruja.

-Pobre chico.

Está realmente nervioso y preocupado.

Va a darle un ataque al corazón.

Es una pena que esté dando palos de ciego.

Con lo fácil que sería decirle dónde se encuentra su esposa.

-Señora,...

¿me permite una pregunta?

¿Por qué no lo hace?

Usted lo sabe desde hace horas, desde que recibió ese telegrama.

-Cierto.

-Y usted no le desea

ningún mal a su hija, y mucho menos a la criatura que lleva dentro.

-Bien sabe Dios que es así. -Entonces, ¿por qué no hace nada?

Con todos mis respetos, pero usted sabe que la señorita Olga

es capaz de cualquier locura.

Esa chica no está bien. -Basta. Cállate.

¿Acaso crees que no me duele?

¿Que no me desgarra por dentro quedarme con los brazos cruzados?

Quiero salvar a mi nieto.

Eso es lo que quiero.

Ese niño es lo que más deseo en el mundo.

Y nada me dolería más que perderlo.

De nada serviría salvarlo,...

si no me salvo a mí también.

Estoy atada de pies y manos.

Gracias.

¿Antoñito?

-Gracias.

-Antoñito de mi alma.

¿Qué significa todo esto?

-Bueno,... quería celebrar una cena

de año nuevo contigo.

Al fin y al cabo, son las primeras Navidades que pasamos juntos, ¿no?

-¿Y cómo lo has conseguido? ¿No te habrás metido en un lío?

-No, no.

Me he hecho amigo de... los funcionarios.

Uno, que sigue teniendo recursos. -¿Recursos?

La lengua que Dios te ha "dao".

Que hay cosas que no cambian por mil años que pasen.

-Por favor,... señorita.

Qué gusto verte tan animado. Es que...

pensaba que te iba a encontrar hecho un carbón

cuando tu padre me dijo que viniera. -Bueno, tampoco...

estoy como una balsa de aceite. Que...

algo de...

nervios y miedo sí tengo.

-Serías de piedra si no lo tuvieras. El juicio es mañana.

-Sí, por eso quería hablar contigo, Lolita.

-¿Por qué?

-Si mañana... ocurriera lo peor...

-Eso no va a pasar.

-Bueno, pero si pasa y me declaran culpable,

voy a estar aquí

muchos años.

-Bueno, no pienses en eso ahora.

-Lolita,... yo quiero que tú seas feliz.

-¿A qué viene eso? -No quiero que te pases

toda tu vida esperándome.

Debes...

olvidarte de mí y... rehacer tu vida con otra persona.

-Eso no lo digas ni en chanza,

¿me oyes?

No me voy a olvidar de ti.

Ni tampoco voy a hacer mi vida con otra persona.

-Lolita, por favor... -No.

Mi corazón es tuyo, Antoñito Palacios.

Eres... el amor de mi vida.

Y eso no va a cambiar por muchos años que pasen.

Esperaré,...

gordita y canosa,...

al viejecito calvorota sin dientes en el que te convertirás.

¿De acuerdo?

(Se abre una puerta)

¿Qué haces trabajando a estas horas?

-Quería terminar de bordar la sabanita de nuestro hijo

antes de tener más encargos

en la sastrería. Ahora tengo tiempo.

-¿Para nuestro hijo?

-Sí, claro, para cuando Dios

quiera otorgarnos ese regalo.

-¿Me lo das, por favor?

Adela, no puedes seguir viviendo en un mundo de fantasía.

Hemos de enfrentarnos a la verdad de lo que está sucediendo.

-¿Qué quieres decir? -Pues que tenemos que hablar.

Tenemos que hablar en serio.

Vamos, ahora estamos solos, no has de disimular.

-¿Disimular? No, yo no estoy disimulando.

-Sé que me viste subirme al coche con Elvira.

-No quiero oír tus excusas.

-No, no... no iba a dártelas.

Solo quería serte sincero, contarte la verdad de lo que siento.

-¿De lo que sientes? Simón, sé lo que sientes.

Tú tienes unos impulsos como hombre, y...

es normal. Yo, como esposa tuya que soy,

he de respetarlos.

Pero... no te juzgo. Lo acepto y te perdono.

-No. Pero no hay por qué, no tienes por qué hacerlo.

-Simón, no quiero saber nada de lo que me tengas que decir.

Prefiero no saberlo.

Tú eres mi esposo, y yo soy tu mujer,

y eso no va a cambiar.

Todo seguirá igual entre nosotros.

-¿Por qué hablas así?

-¿Así cómo? -No lo sé, como...

como si estuvieras segura de ello.

-Es que lo estoy.

Confío en Dios todopoderoso y en su bondad infinita.

Créame, lo que le tengo que contar nos interesa sobremanera a los dos.

-No sé en qué podemos coincidir nosotros.

-En nuestro interés por Simón y Elvira.

-Está bien, pase.

Usted dirá.

-Seré breve.

Mi marido ha vuelto a traicionarme con su hija.

-Mi hija no quiere ni ver a su esposo.

-Pues bien que se fue ayer con él

en un coche a motor.

Mi marido aún no ha regresado,

ha pasado toda la noche fuera.

-Ha pasado la noche con Elvira.

-No tengo ninguna duda.

-¿Hasta dónde puede llegar la depravación de esos dos?

-Yo he asumido mi desgracia.

Como buena esposa, me resigno y acepto los caprichos

de mi marido. Al fin y al cabo, él es un hombre.

Ni a él ni a mí nos señalarán cuando todo esto se sepa.

Pero Elvira no podrá levantar cabeza, son demasiados escándalos.

Su hija ha tocado fondo.

-Le aseguro que he intentado

reformarla. Pero tiene el mal dentro.

-Pues tendrá que ser mucho más efectivo.

Mire, si Elvira...

Si Elvira sigue metiéndose en mi matrimonio, me veré obligada

a pagar tres cuartos al pregonero. No habrá sitio en el país

donde esconder su vergüenza.

-Le juro que tomaré medidas contundentes.

Pero debemos ir con tino. Tiene que contarme todo lo que sepa.

Todo.

-¿Ve como teníamos intereses en común?

Ya he empaquetado parte de mis cosas

para donarlas a la parroquia.

¿Qué ocurre? ¿Qué hace con ese revólver?

Estoy poniendo a punto mi arma,

nunca se sabe cuándo la voy a tener que utilizar.

¿Sabes cuántas veces he matado

a un hombre con este revólver?

No. Y no me gusta imaginarle matando.

Nunca me ha temblado el pulso.

El momento más delicado es cuando apuntas a una víctima

que tienes a corta distancia.

Le miras a los ojos y sientes su miedo,

pero es tu vida o la suya, así que no hay compasión para el enemigo.

Padre, ¿qué hace?

Pero hija, ¿te he asustado?

No temas.

Encontrarás la paz intramuros, ya verás.

Claro. Tiene razón.

Voy a seguir preparando mis cosas.

¿Por qué?

Madre.

¿Por qué? Solo es una niña.

Madre.

Todo es mentira.

Todo... es mentira.

-Olga.

Olga, tienes que escucharme. Todo esto

tiene que acabar.

Sé que lo has pasado muy mal. Que tu vida ha sido un infierno.

Pero todo eso ya pasó. Aún puedes ser feliz.

-¿Qué sabrás tú?

-Yo te ayudaré, Olga.

Madre es la culpable de todo esto. Nos alejaremos de ella

y te cuidaré. -¡Que te calles!

-Olga, ella nos ha manipulado para ponernos en contra.

Tú solo querías que te quisiera.

Solo querías pertenecer a una familia.

Pero ella se aprovechó. Tú no tienes la culpa.

¿Quién no querría algo así?

Olga...

-(OLGA LLORA)

-Pensé que me quería.

Pensé que por fin

tenía una madre.

Y ella me apartó de su lado ¡otra vez!

Me insultó como si le asqueara.

Y yo solo cometí un error.

Un simple error.

¿Por qué no me quiere?

¿Tan mala soy? -Tú no eres mala.

La mala es ella.

Tú solo eres un animalito herido que necesita que la sanen.

Y yo lo haré, Olga.

Solo necesitamos un poco de tiempo.

-¿Te duelen las muñecas?

¿Quieres que te afloje un poco las cuerdas?

-Por favor.

-Sé que tú no tienes la culpa.

Perdonad la hora, pero no quería irme a casa

sin consultaros una cosa.

-Ah, pues somos todo oídos. -Víctor me ha propuesto

que haga una reinauguración de la sastrería.

Pero no sé si es buena idea.

-Si dejáramos de hacer las cosas por el qué dirán, nunca haríamos nada.

Será una buena ocasión para ponerme otra vez el vestido verde oro.

Aunque me queda un poco grande. Tienes que tomarme de la cintura.

-Póntelo, te cojo la medida y me lo llevo.

-Ah, bueno, pues ahora mismo.

-En realidad, quería hablar contigo, Liberto.

¿Habéis convocado una reunión y no nos habéis invitado?

-¿Vosotras tampoco podéis dormir?

-Cada vez que cierro los ojos me imagino a mi hermano

con el uniforme de preso.

-Uy, qué mala imagen, señorita. -Bueno,...

no podemos estar así. Seguro que Antoñito está durmiendo.

-Eso es verdad. A mi hermano nada le quita el sueño.

-Lo mismo esto sí. Seguro que se ve en África,

y con una bola colgando del pie. -"Dígame de una vez lo que sabe".

-Deberías tranquilizarte.

Carmen ha ido a por más té,

te vendrá bien para templar los nervios.

-¡No juegue conmigo!

-¿No te enseñaron educación de niño?

Nunca es tarde, aunque ahora te costará más aprender.

Si quieres hablar conmigo,... siéntate

y compórtate. -¡Ya está bien!

Su hermano puso su vida por usted en juego.

-Lo sé.

Y sé que si volviese a necesitarlo, esta vez él no me ayudaría.

Pero en mi estancia en el hospital,...

es como si solo tuviese un pensamiento.

Un solo recuerdo que me mantenía vivo, Blanca.

Por eso tengo que encontrarla.

-Para luchar por ella, primero tiene que reponerse,

y la única forma es, sometiéndose al tratamiento

que le marcan los médicos. -Tengo que protegerla.

El Antoñito... Hoy es el día del juicio, ¿no?

-No he pegado ojo en toda la noche, "preocupá".

Ni don Ramón, ni doña Trini, ni la señorita María Luisa.

Jugando al cinquillo "pa" que pasaran las horas.

-Va a salir en libertad. Tengo el presentimiento.

-Ojalá que sí, Casilda,

pero como le declaren culpable, yo robo el tren de correos.

Si se lo llevan "pa" África, que me voy detrás con él.

¿Qué tal el viaje de negocios? -No ha habido viaje de negocios.

Era falso. -¿Cómo?

-He pasado la noche con Elvira.

-¿Y Adela?

-Lo sabe. -Tú sabes

que vas a acabar con Elvira. Sin remedio.

-Pero Adela es mi esposa. -Por eso deberías hablar con ella

cuanto antes.

Y hacerle el menor daño posible.

Es una lástima que no puedas venir.

-A mí me lo va a decir.

-En cuanto sepamos algo, llamaremos a La Deliciosa

para que os informen. -Ya he avisado a Víctor

para que suba la camarera a darnos noticias en cuanto llamen.

-Vamos. -Don Felipe,...

haga lo posible y lo imposible por sacar a Antoñito de la cárcel.

-Tranquila. No te voy a defraudar. Con Dios.

-Mucha suerte. -"Aprovecharemos tu viaje"

al convento.

Mañana saldrás en un carruaje y yo te esperaré en un cruce

a las afueras de la ciudad. De ahí iremos a Barcelona

para coger el barco a Génova. ¿Por qué Génova?

Tengo contactos allí.

Además, hablo el idioma. Trabajé para un conde italiano.

Podré conseguir trabajo de mayordomo,

o para él o para alguno de sus conocidos.

Será maravilloso.

Y yo tardaré poco en hablar italiano.

No paro de soñar con dormir a tu lado todas las noches.

¡Hable de una vez, maldita bruja! ¡¿Dónde está Blanca?!

¿Dónde está Blanca? -¡Pare, pare, que la va a matar!

-Mátame si quieres.

Me llevaré el secreto a la tumba.

-Usted sabe dónde está.

-No diré nada...

hasta que no hayas quemado la declaración de tu padre.

-"Señor juez, voy a demostrar"

que este hombre miente.

A los cargos a los que se enfrenta, tendremos que añadir el de perjurio.

-Digo la verdad, señor juez.

Yo fui el primer estafado por ese tal Antoñito.

Bueno, el primero no.

En América está demostrado que hizo de las suyas

con unas inversiones en bolsa,

con los seguros de muerte.

Se lo ruego, señor juez, hay que sacar a ese facineroso de la calle.

-"¿Ya te lo has pensado?". -Usted gana.

Le daré la declaración.

-Ganamos los dos.

-¿Dónde está Blanca?

-El papel.

Samuel.

Espero que sepas hacerlo bien.

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Acacias 38 - Capítulo 673

08 ene 2018

Olga tortura psicológicamente a Blanca. Úrsula chantajea a Samuel: si no rompe la declaración de Jaime no le dirá dónde está Blanca. Diego teme por Blanca y sale del hospital a escondidas pese a la negativa del doctor. Samuel rechaza su ayuda. Belarmino niega todo en el interrogatorio.

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  1. Victoria

    Ayer 1.032.000 espectadores y una cuota de pantalla de 9,4% ... ésto me parece una clara señal de que Acacias es una buena serie con muchos atractivos para un público diverso, sobre todo, su buenísimo equipo de actores que, a pesar de la juventud de muchos de ellos, nos van demostrando dia a dia su crecimiento.

    09 ene 2018
  2. laura

    Lastima que los mejores personajes y actores Mauro y Teresa, hayan sidos alejados porque esta temporada es verdaderamente aburrida, Blanca no es una actriz sino un cartòn animado, muy buena la actriz que desarrolla el papel de Olga, Diego fatal! ( desde Italia)

    09 ene 2018
  3. cansino

    Ah, los personajes Blanca y Diego, hacen FATAL su papel!!!

    08 ene 2018
  4. cansino

    jajajaja, a por lo mismo con simón, elvira y el padre que la parió, y suerte que se puede correr por internet todo el rollo de úrsula , samuel y família.

    08 ene 2018