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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1358 - ver ahora
Transcripción completa

Nadie podrá separarnos de nuevo. -¿Ni tu padre?

Nunca le perdonaré todo el tiempo que nos han hecho perder.

¿Quién podría querer matar a Felicia?

Felicia no tenía enemigos, pero yo sí.

Qué mejor manera de atacarme, que eliminando a mi esposa.

-"Estamos preparando una fiesta de inauguración".

Su deber es invitar a los vecinos,

otra cosa es que ellos decidan si venir.

Es una estrategia, Aurelio.

¿Y si abres tu propio negocio?

¿Qué me va a parecer?

(TOSE)

¿Qué pasa, tito?

Eran del Ministerio de la Guerra.

Les acaban de dar parte de un accidente

de un político expedicionario,

cuyas iniciales responden a A. P. R..

Antoñito Palacios Ruzafa.

Parrandero, fulero,

embustero y ¡pichabrava!

Vaya regalito que nos ha caído encima.

Este es el pago por su buen servicio como alcahueta.

No quiero ese dinero.

Cójalo. ¿De qué habla?

No me lo he ganado.

Venga conmigo, pase.

Siéntese ahí.

Usted ha hecho lo que le pedí que hiciera,

gracias a usted, Anabel está en mis brazos.

Yo no he hecho nada. Ella deseaba estar con usted,

no necesitó que yo la incitara.

Eso es un tecnicismo. Si no la hubiera encubierto

para que su padre no descubriera sus salidas, no habría sucedido.

Claro que sí.

Quizá habría tardado una semana, dos...

pero el resultado habría sido el mismo.

Hay cosas que están escritas.

Cójalo. Cójalo. No volveré a ofrecérselo.

¿Es que le parece poco? -No, es suficiente, sí.

Es usted muy generoso. No es eso.

Digamos que es mi homenaje al amor.

No sé de qué habla.

Anabel está enamorada de usted,

incluso cuando estaba prometida con el joven Olmedo,

estaba enamorada de usted.

Ha tenido que escoger,

y entre la inocencia del amor con Miguel

y la pasión del suyo,

se ha decidido por el segundo.

Dudo que esa sea una razón para usted.

Lo es, créame.

Las mujeres entendemos del amor.

Cuando una mujer está enamorada de verdad,...

nada la detiene,...

ni un novio, ni un padre, nada.

Usted dirá lo que quiera,

pero el amor no es el motivo por el que no coge el dinero.

Tiene razón.

Sí hay otro motivo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Estoy esperando esa explicación.

El amor no es la única razón por la que le ayudé a conquistar a Anabel,

quiero saldar la deuda que tengo pendiente.

Cada vez entiendo menos.

Usted mantuvo silencio el día que yo le apunté con una pistola,

cuando Anabel se desmayó.

Gracias a eso, a mí no me despidieron.

Solo trataba de ayudar a la hija de su patrón,

aunque se equivocara en cuanto al peligro.

Si lo hubiera contado, me habrían despedido,

y habría dado igual mis motivos.

Le estoy pagando por aquello.

Pero... ¿tanto le importa seguir en casa de los Bacigalupe?

Sí. Sí me importa, sí.

¿Por qué?

Un señor no entiende los motivos de una criada.

Solo le digo...

que espero que su unión con Anabel...

acabe con las disputas de las familias.

Sí, yo también lo deseo.

Pero Marcos Bacigalupe no es un hombre muy razonable,

quién sabe si esta vez entra en razón.

Tal vez...

pueda volver a ayudarme.

Yo voy a estar siempre de parte de don Marcos,

me ofrezca lo que me ofrezca.

Es usted una mujer inteligente.

¿Va a escoger el bando equivocado?

Equivocado o no, voy a estar siempre al lado de mi señor.

Mi lealtad no está en venta.

Todo tiene un precio.

Ya ve que no. No quiero ese dinero.

Quédeselo.

Todos tenemos un precio, no lo olvide.

Espero que no llegue el momento

en el que tenga que enfrentarse a mí.

Por su bien.

Ahora, váyase.

Permiso.

(Se cierra la puerta)

Ay, Carmen.

Si Antoñito vuelve sano,

voy a visitar la ermita de la virgen de Cabrahígo de rodillas.

¿Tenéis virgen en Cabrahígo?

Pues claro.

De las más guapas de España.

La descubrieron hace muchos siglos, no sé, muchos.

Supongo que será la más antigua de España.

Eso parece.

Todos los años, en las fiestas, hacemos una romería en la ermita.

¿Está muy lejos?

Unos ocho kilómetros desde la plaza.

¿Ocho kilómetros de rodillas?

¿Ocho kilómetros?

Pues lo mismo no te levantas más, Lolita.

¿He dicho de rodillas? Pues es que...

Con Moncho en brazos voy, Carmen.

Eso lo veo más mesurado.

Y Moncho puede ir en el cochecito muy bien.

Si me sigue quitando cosas, no hago la promesa.

Es que no depende de la promesa que Antoñito esté bien o no.

¿Sabes qué promesa puedes hacer?

Darle un beso cuando llegue.

(Puerta)

Ya está ahí.

Vengo del Ministerio.

No tienen mucha información,

pero me han asegurado que Antoñito está fuera de peligro.

¡Aleluya!

¿Te han mostrado algún documento?

O no sé, lo que sea, algo.

Que sí, el que ya nos leyeron por teléfono.

"El expedicionario A. P. R. ha sufrido un accidente".

"Se procede a trasladarlo en ambulancia".

¿En ambulancia?

Entonces es grave.

Lo harán por precaución, no le van a traer a caballo.

¡Voy a recibirle!

¿Adónde vas? Pueden tardar horas.

Me da igual, quiero ser la primera persona que vea

cuando llegue la ambulancia. -Pero ¿lo van a traer aquí,

a Acacias? -No, a un hospital.

¿A cuál? -No lo sé, mañana sabremos algo.

¿Mañana? ¿Voy a estar toda la noche sin saber de mi esposo?

Pero ¿qué país es este?

Hija, paciencia.

Antoñito, te quiero de una pieza aquí, de una pieza.

Buenas tardes, señora. -Buenas.

Un éxito, por fin me quito de encima a Jaime Huertas.

Ya está, se acabaron las entrevistas.

Ahora, a esperar que aparezca el libro.

A mí me encantaría que hicieran un libro sobre mí.

¿Y qué iban a contar, muchacha?

Te aseguro que es una pesadez,

lo más aburrido que he hecho en mi vida, hablar con ese plumilla.

Vamos, que me he ganado que me pongas un platito de jamón.

Sí, señora, ahora mismo.

Oye,...

muy seria te veo para lo jacarandosa que he llegado yo.

¿Todo bien en casa?

Sí, todo bien.

A mí no me engañas, Alodia.

Cuéntame qué ha pasado.

Señora, es que no sé si debo.

Lo que no debes es callar.

Venga, lárgalo.

Bueno...

Es que... -¡Deja ya la duda, lárgalo!

Lo digo porque usted me obliga.

Es que, don José y el señorito Ignacio han discutido.

No sé de qué, pero parece algo gordo.

¿Está mi esposo en casa?

Aquí estoy, mi reina, te esperaba para merendar.

Alodia, ve a cortar un poco de jamón.

José,...

¿qué ha pasado con Ignacio?

¿Que qué ha pasao?

Que he confirmado lo que ya sospechaba,

que es un caradura de tomo y lomo.

Muy fuertes son esas palabras, que es sangre de mi sangre.

Pues parece que tú te quedaste con to lo bueno.

Tu sobrino ni estudia ni va a ser médico nunca.

Cuando se va de casa, va a tugurios y cafetines,

a gastarse el dinero en vino y farra.

¿Y cómo te has enterado de eso?

Le he seguido hasta un local que se llama El Armiño Café Nocturno,

allí se junta lo peor de cada casa. -¿Le has seguido?

Con estos ojos, que no se cansan de mirarte, lo he visto.

¿Y ahora te dedicas a espiar a mi sobrino?

¿Es que te parece mal?

¡Por supuesto!

¿Te parece mal que me preocupe

y desenmascare a un rufián que quiere vivir de gorra?

Vaya, no sabía yo que me había casado con un sabueso.

Me lo habría pensado mejor.

Que me lleve Alodia la merienda a la alcoba.

Hola.

Hola, Miguel.

¿Cómo te va todo?

Bien.

¿Y a ti?

Bien, gracias.

¿Vas a algún lugar en especial?

No, a dar un paseo.

¿Vas sola o te acompaña alguien?

Bueno, sola o acompañada es asunto mío, ¿no crees?

Te has arreglado tanto porque has quedado con alguien,

como yo sospechaba.

¿Con Aurelio Quesada,...

tal vez?

Eso es algo que no te interesa.

Puedo quedar con Aurelio o con quien me parezca bien.

¿Hacías lo mismo cuando estabas conmigo?

¿Sí?

Seguro que sí, que esto no es nuevo.

Mira, Miguel, esto es absurdo.

Lo mejor será que siga mi camino y no vuelvas a meterte en mi vida.

¿Haces lo mismo con todos los hombres?

Que se prepare Aurelio.

¡Déjame en paz!

Entonces, ¿no va a asistir a esa fiesta

que convocan los hermanos Quesada? -No.

A no ser que usted asista, entonces haré un sacrificio.

Por supuesto que no.

Lo primero, que no he sido invitado,

sería indecoroso asistir. -Qué vergüenza.

Para nada.

Me alegro, así no tengo que excusarme por no ir.

Además, la familia Quesada

no es de mi agrado, pero no por ellos,

sino por las costumbres que traen de las antiguas colonias.

Parece mentira que hasta hace nada fueran tan españoles como nosotros.

Casi, casi tan españoles.

Don Hilario, me había parecido oírle desde el pasillo.

Es una visita tardía, lo siento. -No tiene que disculparse.

Las puertas de esta casa están abiertas para usted,

sea la hora que sea.

Preguntaba por Susana, ya le he dicho que no hay novedades.

Embarcó hacia Nueva York sin problemas.

Supongo que nos enviará un telegrama o una carta

desde su escala en Las Palmas. -¿Hace alguna otra?

Creo que hacen otra en las islas Azores.

Y de allí, al continente americano.

Canarias, Azores,

Nueva York...

No deja de sorprenderme su tía Susana,

emprender una aventura así a su edad...

No sé de dónde saca las fuerzas.

Lo que no se haga por amor...

Tiene usted razón, doña Rosina,

el amor nos demuestra una vez más

ser el motor que nos impulsa en nuestras vidas:

amor a Dios, amor romántico, amor al prójimo.

Hace un rato me reía yo solo recordando las peripecias:

mi tía se va a Viena a buscar a don Armando,

don Armando viene buscando a mi tía, pero se entera que se ha marchado,

así que, va en su busca,

por otro lado, mi tía se entera de que ha estado en el barrio,

pero al venir, se entera de que se ha marchado, así que,

mi tía vuelve a buscarle. Ya no sé si me dejo algo.

(RÍEN)

Desde luego, parece un amor de novela, pero de novela cómica.

No diga eso,

ya quisiera que mi marido me quisiera tanto.

¿Harías por mí lo mismo que ha hecho Armando?

Por ti haría todo, prenda mía,

hasta salir en una fotografía casándome con una princesa.

Es usted un guasón, don Liberto.

Un guasón sin gracia.

¿Estoy a tiempo de pedir la nulidad, don Hilario?

Ya es tarde, doña Rosina,

tendrá que esperar a mañana a primera hora.

Me despertaré con el canto de los gallos.

¿Van a cenar los señores?

¿Se queda, don Hilario?

No quiero ser un párroco gorrón.

Será un honor.

Además, he hecho tortilla de patata,

como le gustaba a mi Martín,

con mucha cebolla y poco cuajada.

¿Martín era tu marido?

Que Dios lo tenga en su gloria.

Y cuéntanos, Casilda,

¿Martín era detallista o un dejado, como mi esposo?

Martín era el mejor marido del mundo.

Cuando me despertaba, todos los días me había hecho

una figurita de papel: una flor, un animalito...

Era un artista.

Lo era, Casilda, pero no me dejes mal,

que yo no sé hacer ni una pajarita.

¿Ni tampoco sabes invitar a cenar o a dar un paseo.

o al cinematógrafo?

No tiene detalles, padre.

Ay, don Liberto,

que el matrimonio es una llama que hay que avivar a diario.

Casilda,

traiga esa tortilla que le gustaba a su Martín.

Sí.

Pues aquí tiene, Fabiana,

los huesos de jamón, estos corren a cargo de la casa.

No me los podéis regalar siempre.

¿Por qué no?

Pero si con los guisos que hace usted y lo bien que huelen,

que llegan hasta aquí, con eso nos sentimos bien pagadas. Tenga.

Bueno. Pues nada, muchas gracias.

Hoy voy a hacer lentejas.

Las lentejas de la seña Fabiana son famosas en el mundo entero.

Puedo traer una tartera y así las prueban en casa.

Sí. Qué ricas.

Y si Antoñito ha llegado para entonces,

se pondrá contento, no hay nada que le guste más que las lentejas.

¿Cómo, ya viene don Antoñito?

Sí, ayer le dijeron a mi marido que estaba fuera de peligro,

lo traen hoy.

Pero ¿qué le pasó?

Es que es un poco complicado de...

Mire, ahí viene Lolita.

Que nos lo cuente ella.

A las buenas.

Antoñito llega hoy, pero no se sabe la hora.

Eso le preguntaba a Carmen, ¿qué le ha pasado?

No lo sé, dicen que no es grave.

Igual se cayó de un caballo, no sé.

De un camello, es lo que se lleva por allí.

Sea lo que sea, si está bien, le pongo una vela a la virgen.

¿No ibas a ir a la ermita de rodillas?

¿A la ermita? Que son ocho kilómetros, mujer.

Eso era lo que dijiste tú ayer.

Ay, Carmen,

que ya conocemos las romerías a la virgen de Cabrahígo, descuide.

Lolita solo tiene memoria para lo que le interesa.

¿Y si ha perdido la memoria como le pasó a don Felipe?

Que no, no han dicho nada de eso.

Bueno, mientras que se acuerde de Moncho y de mí,

voy a la ermita de rodillas.

"Llevo soñando este momento tanto tiempo...".

-"Y yo".

"Pero el destino no me lo ha puesto fácil".

"Te amo desde que tenías coletas".

Recuerdo las margaritas que me regalabas de niña.

Decías que sería tu esposa y que me llevarías cabalgando al altar.

Siempre he sabido lo que quería.

Nadie podrá separarnos.

¿Ni tu padre?

Nunca le perdonaré el tiempo que nos ha hecho perder.

La vida es muy corta y única.

No voy a pasar ni un segundo más separado de ti.

El desayuno.

¿Me ha traído tostadas?

Hoy me comería media docena por lo menos.

Le he traído solo dos,

pero tiene mermelada casera de albaricoque.

Qué bien. Me encanta.

Me alegro de verla tan contenta y tan hambrienta.

El amor te abre el apetito.

¿No le pasa?

Qué cosas tiene.

Soledad, me lo puede contar.

Me tiene que hablar de ese hombre del que se ha enamorado.

No hay nada que contar. -Claro que sí.

Quiero saberlo todo, incluso si le conozco.

No sé por qué dice eso.

Claro que lo sabe.

Y no hay nada de qué avergonzarse.

Soledad, espere.

Se trata de mi padre, ¿verdad?

¿Os imagináis que no se acuerda de Moncho?

Pues se lo presentas de nuevo y ya está.

A un hijo se le quiere en cuanto se le conoce.

Además, con lo bien que se porta Moncho, le querría enseguida.

Quite, antes se olvida de que es diputao,

de que es padre, de eso no se olvida uno,

un hijo se lleva en el alma.

O de mí.

Eso ya lo veo más probable.

¡Casilda! -¿Qué?

Don Felipe se olvidó de doña Genoveva.

-Anda, Casilda,

tira pa casa, que tendrás que poner la comida en el fuego.

Pues sí, sí. -Tira anda.

Casilda tiene razón, si Antoñito olvida de mí,

no se vuelve a enamorar, se va con la Natalia.

Mira, Lolita, para ya, por favor.

No pienso seguir escuchando sandeces.

Pa usted es muy fácil decirlo.

Buenos días. -Buenos lo serán pa usté.

-Templa.

Muy buenas.

Disculpe, que le dije que hablaría con Lolita,

pero es que no he tenido oportunidad.

¿Qué pasa?

Natalia nos ha invitado a la fiesta de inauguración de su nueva casa.

¿A nosotras?

¿Y eso por qué?

Por ser buena vecina.

Yo no quiero ser buena vecina.

Y no piense que mi esposo va a ir a una fiesta en su casa.

Ni hablar. Aunque se haya olvidao de mí.

Yo no pretendía... -No le mire,

no le hable, no le toque ni con un palo, ¿me ha oído?

Me da mucha vergüenza.

Pues no tiene por qué darle, el amor no tiene que avergonzar a nadie,

sino todo lo contrario.

Usted es su hija, señorita.

Bueno, yo debo confesarle que ya lo sabía,

al principio me costó aceptarlo, pero ahora lo veo normal.

¿Lo sabía?

¿Le parece normal?

Bueno, mi padre es un hombre viudo,

todavía atractivo, no es raro que se haya enamorado de él.

Pero soy su criada.

El amor no entiende de clases sociales.

Sí, señorita, sí que entiende.

Y por eso quise evitarlo, pero no he podido,

estoy enamorada de su padre.

En un principio, cuando se quedó viudo,

sentí compasión, pero poco a poco fue ganando mi corazón.

Supongo que él también se sentía solo.

Su padre es un hombre muy rudo, pero...

es sensible y cariñoso.

Siento mucho no habérselo contado antes.

No se preocupe, lo entiendo.

Lo importante es que mi padre la corresponda.

Ay, los señores... ¿Quién lo sabe?

Ánimo.

Todo irá bien.

Y... cuente con mi ayuda si lo necesita.

Me gusta que el amor triunfe.

Gracias, señorita.

Y lo siento.

Buenos días.

He mirado por la ventana y hace un día maravilloso.

Como ayer y como anteayer,

lo que pasa es que usted nunca está despierto a esta hora.

Voy a cambiar mis costumbres, empezaré a madrugar.

No es mejor la noche que el día.

Pues menos mal, que ayer, don José estaba muy enfadado.

El tito José es un exagerado.

Hay que ver cómo se puso porque descubrió que estaba celebrando

el cumpleaños de un amigo en vez de estar en la biblioteca.

Por favor, don Ignacio, que es la tercera vez que le pillamos.

Dos yo, y una el señor.

Pero tú no has dicho na, ¿no?

No, claro que no.

Pero por favor, vaya con cuidado,

que no quiero que le manden de vuelta a su tierra.

Si me mandan, te llevo conmigo.

No me regale los oídos,

que lo que yo quiero es que se haga médico, uno de los mejores.

Pa curarme si un día me hace falta.

(Pasos)

Buenos días, tita. -Buenos días, tunante.

Alodia, déjanos solos.

Sí, señora.

Ya sé lo que me va a decir, pero el tito José se equivoca,

estaba celebrando el cumpleaños de un amigo.

¿Tú te crees que yo soy una bobalicona?

Yo he sido cocinero antes que fraile,

fraile antes que obispo, y ya voy pa papisa.

No sabía que les iba a molestar tanto.

José me ha dicho que estabas en uno de los cafetines de peor fama,

en El Armiño.

Pero yo soy nuevo, no sabía que ese sitio era de mala nota.

Y vuelta la burra al trigo.

Cuando tú naciste, yo había cantado en cafetines de todo pelaje,

que no me engañas,

fuiste sabiendo lo que había allí.

Y extraña que sea la primera vez vas.

Tiene usted razón.

He abusado de su confianza y no merezco estar en su casa.

Me buscaré una pensión.

No digas enormidades, muchacho.

Nada de pensión.

Eso sí, se ha acabado la buena vida, te vamos a atar corto.

Tienes que sacar la carrera y me encargaré de que lo hagas.

Lo que usté diga siempre, tita.

Voy a hablar con José, y ya te diremos las nuevas normas.

Con lo que me ha ayudado usted, ¿cómo no lo voy a hacer yo?

No es que rechace o desprecie su ayuda, Felipe,

es que no creo que haya lugar.

Si Antoñito ha sufrido un accidente por la negligencia de alguien,

habrá que demandar.

Esperemos a que vuelva mi hijo y nos cuente el accidente y la causa.

De momento, solo tenemos una comunicación diciendo que

A.P.R. ha sufrido una eventualidad, pero que su vida no corre peligro.

Lo mismo es una simple torcedura de tobillo.

Esperemos que sea eso.

Si es algo más grave, cuenten conmigo.

Por supuesto.

(Puerta)

Suegro, ¿se sabe algo?

Perdone, que no sabía que estaba aquí.

Entiendo tu preocupación.

No te preocupes, hija, Felipe es como de la familia,

no se va a ofender ahora.

He llamado otra vez al ministerio,

que nos avisan en cuanto se sepa algo nuevo.

Pa algo que tienen que hacer.

Disculpe. Es que vengo brava.

Ha venido Natalia Quesada

a invitarme a una fiesta de bienvenida.

Como si yo le quisiera dar la bienvenida.

Está invitando a todo el barrio. -Espero que nadie vaya.

Esa mujer...

En Cabrahígo tenemos una palabra pa llamar a las que son como ella,

pero no lo digo para no ofender sus oídos.

¿No te acabo de decir que Felipe es como de la familia? Dilo.

¡Ortunda!

No te inquietes, Lolita,

que fuera de Cabrahígo no va a ofender a nadie.

Y yo no sé muy bien lo que significa.

Pues figúrese. Me figuro.

Y no te preocupes,

no voy a acudir, estoy seguro de que Genoveva estará allí.

Hija, tú no tienes que preocuparte por esas cosas.

Preocúpate porque vuelva tu marido.

¿A ti qué te importan los Quesada? -Tiene más razón que un santo.

Me voy a asear,

que me voy en cuanto sepamos algo de Antoñito.

A más ver, don Felipe. Con Dios.

Ortunda...

Vaya palabra rara.

No se lo escuche decir a mi Trini ni una vez.

Un accidente en medio de África.

Don Antoñito, se mete en unos bretes...

Pero ¿se sabe qué ha pasao?

Pues no, pero supongo que irían mal equipados,

con zapatos de señorito y ropa de señorito...

Vas vestido así, te encuentras con un león y no te libras.

¿A don Antoñito se lo ha comido un león?

No hombre, no, es un decir.

A ver, que no sabemos la naturaleza del suceso.

O sí.

Lo mismo don Antoñito está ahora en la tripa de un león.

O en las tripas de una tribu caníbal, que también las hay.

¿Eso también es un decir? Sí, claro.

Menos mal.

Pienso en comerme a don Antoñito y se me revuelven las tripas.

Desde luego... Jacinto, mira que llevas años en la ciudad

y sigues teniendo mente de pastor.

Por cierto, me he enterado cuál es la mejor tuna de España

la de la Facultad de Medicina.

Pero pa eso hay que ser médico o estar estudiando, que pal caso...

Médico o estudiante...

Don Ignacio.

Don Ignacio nos puede echar una mano.

Ya baja. Ha vuelto a subir porque se ha dejao las llaves.

Nos va a venir ni que regalao. Tira, tira.

(SERVANDO SILBA)

Hombre, don Ignacio.

Dígame, Servando.

¿Quiere ganarse el respeto de sus condiscípulos de la universidad?

Yo creo que lo estoy consiguiendo, pero una ayuda...

Usté imagínese que es capaz de meter en la tuna

a los dos mejores cantantes de España,

le iban a sacar a hombros.

Los de la tuna son bastante buenos.

¿Quiénes son esos querubines?

Eso, Servando, diga quiénes son esos querubines.

El Jacinto y un servidor, sí, señor.

Y si consigue que nos metan en la tuna,

vamos a hablar bien de usté, por cualquier sitio que vayamos.

Si ustedes no son estudiantes.

Eso son nimiedades.

Pero bueno, si eso es aprenderse cuatro cositas,

y si hace falta, se compra uno hasta una bata.

No tienen ni la edad ni... Cuidadito.

Cuidadito con eso, cuidadito con lo de la edad, no,

que la edad va en el corazón.

Yo, la verdad,... es que no lo termino de ver.

Y yo tampoco.

¡Tú te callas!

¿Usté sabe a quién tiene ahí?

Al gran Jacintorro, el de la voz como un chorro,

el creador del "Iepa-ya".

Vamos a ver, usté dice esto allí,

y se le abren todas las puertas.

No pierda esta oportunidad.

Mire usted, Servando, yo es que no lo veo.

Ya aprovecharé otra oportunidad. Madre mía,

Mi amor.

He venido en cuanto he recibido tu mensaje.

¿Ocurre algo?

Sí, sí ha pasado,

lo que ha pasado es que mi corazón se va a parar

si paso un minuto más sin verte.

Qué bobo.

¿Adónde vamos?

Pues había pensado,...

si... estás de acuerdo

y te parece bien y te apetece ir

a un lugar tranquilo, lejos de las miradas...

Claro que me apetece. -Estás preciosa.

Tenía tantas ganas de tenerte cerca,

de sentirte...

y de besarte.

De momento, tendremos que ir a las cuadras,

pero algún día te compraré un palacio.

Una cama de paja contigo es mejor que sábanas de raso con otro hombre.

Vamos.

¡Don Felipe!

¿Se ha pensado mejor lo de no venir a mi fiesta de inauguración?

No. No necesito pensarlo mejor, no iré.

Me mata de pena.

Es muy fácil acabar con usted, ¿no?

Si me diera la oportunidad de conocerme,

vería que no soy como usted piensa.

No creo que mi opinión sobre usted cambiara,

simplemente, estaría más fundamentada.

Veo que es usted un hombre rígido.

De convicciones firmes, nada más que eso.

Don Felipe...

Le ruego que no me toque.

Eso no le va a servir conmigo.

Perdone, no tenía ninguna intención oculta.

Mucho mejor así.

Don Felipe,

escuche, sé que cometí un error con Antoñito Palacios,

que no obré de la mejor forma.

Es una forma fina de decirlo.

Soy joven y cometo errores, soy consciente.

¿Usted no comete ninguno? Sí, claro que sí.

¿Y no espera recibir el perdón?

Hasta los curas los dan en las iglesias.

Imponen penitencias.

Y me parece bien.

¿Qué tal una penitencia a cambio del perdón?

¿Rezo un millón de avemarías?

(RÍE) Yo no soy cura.

Ahora, si me disculpa.

¿Cómo ha ido?

Pues... no lo sé. Creo que bien.

¿Moncho se ha dormido ya? Necesita su siesta.

En cuanto saliste del cuarto.

No se dormía porque le ponías nervioso

con tus paseos de arriba abajo por la habitación.

Pues me tendrá que perdonar, que soy su madre.

Y te perdonará, que a una madre se le perdona todo.

Voy a poner agua a hervir, ¿quieres una tila?

No. Quiero que vuelva su esposo, y si es acompañao del mío, mejor.

Lolita, ya te han dicho que su vida no corre peligro.

No es bastante, no está muerto, pero puede estar herido,

o "aminésico", puede estar cojito, yo qué sé, Carmen.

Pues paciencia.

Y si está cojito, tú le servirás de bastón.

No, yo no puedo seguir esperando.

Si el ministerio no le encuentra, le encuentro yo.

Para, para, para.

¿Qué quieres estar, como doña Susana y don Armando?

Una iba para Viena y el otro llegaba,

y cuando el otro iba a Viena, ella volvía,

y así no sé cuántas veces.

No, claro que no.

Pues entonces, siéntate y te traigo la tila.

Siéntate.

¿Qué haces ahí tan ociosa?

¿No tienes miles de cosas que hacer para la fiesta?

Eso me dijiste esta mañana.

La he suspendido.

¿Y eso, qué ha pasado?

Todos los vecinos han puesto excusas para no venir.

Unos, que tenían compromisos anteriores,

una señora del 36 me ha dicho que su marido está afónico,

otros me han dicho que tienen entradas para el teatro.

Malditos embusteros.

Ya se pelearán por venir a nuestra casa.

La única sincera ha sido Lolita. Me ha mandado al infierno

y me ha dicho que como me acerque a Antoñito,

me arrancaba los ojos. -(RÍE)

¿Y Marcos Bacigalupe?

Ha sido el más elegante, ha enviando una nota excusándose.

En México se peleaban por asistir a nuestras fiestas,

y aquí, nos vamos a comer los canapés tú y yo.

Son formas distintas de reaccionar,

en México nos temían y querían ganarse nuestra simpatía.

Aquí nos temen y prefieren rehuirnos.

¿Y qué es mejor?

Yo me quedo con que nos teman.

Lo demás es accesorio.

Me parece estar escuchando a nuestro padre.

Tenemos todavía mucho que aprender de él.

Lo bueno es que no tendremos que soportar a los vecinos

y que yo puedo asistir a una cena que tenía con unos amigos.

(Puerta)

¿Esperas a alguien?

Debe ser doña Genoveva.

Me gusta que estreches lazos con ella.

Os dejaré solas.

Gracias.

Yo me encargo de recibir a doña Genoveva.

Gracias.

Doña Genoveva, qué gran placer.

Vengo a ver a Natalia. Ya me ha contado que la esperaba.

Espero que pronto nos veamos nosotros.

Muy pronto.

Le mandaré una nota. La esperaré con ansia.

Os dejo.

Pase, la estaba esperando. Gracias.

Vengo ansiosa de noticias.

¿Cómo ha ido con Felipe?

Creo que bien.

Empezó muy seco, pero al final, hasta sonrió.

Le conozco bien, es incapaz de resistirse a la sonrisa

de una mujer bella, más si la ve desvalida.

Aun así, debemos andarnos con tiento.

No hice más que lo que me pidió.

Y así debe seguir.

El próximo paso es que le hable mal de mí,

pero no demasiado, tampoco queremos que piense que es una deslenguada

en la que no se puede confiar. Me ceñiré a lo que usted me ordene.

Bien.

Vamos a prepararlo, se me ha ocurrido algo que le encantará.

Entonces, ¿no se sabe si es grave o no?

No, lo único es que ha tenido un accidente,

pero su vida no corre peligro.

Menos mal.

Apenas conozco a Lolita, mas que de cuando voy a comprar el pan,

pero le tengo aprecio.

A Lolita es conocerla y cogerle cariño,

tiene un corazón tan grande como ella.

¿Y qué tal es don Antoñito?

Igual que ella.

Además, es un vecino del barrio de siempre,

le conocemos desde que jugaba por estas calles en pantalón corto.

Y ahora es todo un diputado.

Y todo un honor pa el barrio.

En fin, hija, te dejo,

que está Servando solo y no me fío de él.

No necesita tiempo pa meterse en cualquier enredo.

A más ver.

Con Dios.

¿Viene de paseo?

Buenas tardes.

Algo así. Aclarando mis ideas.

Mi abuelo dice que las penas compartidas son menos penas.

Quizá pueda ayudarle.

No se preocupe. Gracias.

Como quiera.

¿Su paseo ha sido para cortejar a una dama?

Estoy retirado de los asuntos amorosos.

Pues hace usted mal,

es el abogado más pinturero de toda la ciudad.

No conoce al juez Moreno, parece un artista de la pantalla.

Uy, pues tendré que delinquir para presentarme ante él.

No vale la pena, se lo aseguro.

Es muy duro dictando sentencias.

Me buscaré la vida para casarme con él sin ir a la cárcel.

Y usted también debería buscarse a una mujer que lo merezca.

Daniela,...

¿puedo pedirle un favor?

Claro, lo que quiera.

No me vuelva a decir que tengo que buscarme una esposa.

Estoy harto de que todo el mundo me diga lo que tengo que hacer.

Disculpe, no era mi... -No se preocupe.

Sé que no tiene mala intención, pero...

no lo hagas más.

José,... tenemos que hablar de mi sobrino.

Estoy tomándome un plato de jamón que no se lo salta un torero,

y vienes a hablarme de ese prenda...

No seas así con él. Ha hecho propósito de enmienda.

Ya sabes lo poco que creo en esas cosas,

el árbol que nace torcido, crece torcido.

Que no, que yo le creo.

Que sé que tienes razón cuando dices que se ha dedicado a la juerga.

Pero ahora va a ser distinto. He hablado con él.

Si vas a su alcoba, te lo encuentras estudiando.

¿Estudiando? La forma de vivir del cuento y, seguro que la encuentra,

que para eso es un artista.

José, es mi sobrino y necesito que me ayudes.

Si quieres saco la muleta y lo llevo hasta el tren

que lo lleve a Andalucía.

José, que es importante para mí. ¿Es que ya no me quieres?

Más que a mi misma vida, pero tu sobrino es otro cantar.

Menudo sinvergüenza.

(RESOPLA)

Está bien, está bien. Dime, ¿cómo quieres que te ayude?

Tienes que llevarlo por el buen camino.

¿Quién, yo? -Hombre, sí, tú.

Tú eres un hombre de una pieza, por eso me enamoré de ti.

Tú le puedes guiar, ser su faro.

Que no, chiquilla, que tu sobrino solo piensa en las juergas

y en las noches de francachela. -Como tú cuando te conocí,

y mira ahora, todo un señor. -Pero yo tenía muy buen fondo.

Ignacio también.

Anda, piénsatelo e inténtalo, que me haces feliz si lo consigues.

¿Adónde vas, Lolita?

Es mejor esperar a que llegue Ramón con noticias.

30 minutos he esperao, Carmen. -No, 20 minutos.

Solo han pasado 20.

Tanto da. Quiero salir a buscar a mi esposo.

¿Y adónde vas a ir? -Yo qué sé,

a los hospitales, a las casas de socorro,

debajo de las piedras... -Mira, mi esposo. Justo a tiempo.

Suegro, ¿qué ha pasao?

¿Sabes dónde está Antoñito? -No, no lo sé.

No me va a quedar ni una cama de hospital por mirar.

Espera, Lolita, que Antoñito no está en ningún hospital.

¿Está en el camposanto y no me lo han dicho pa no asustarme?

No, tampoco.

A ver, siempre nos dijeron

que el accidentado era A. P. R..

Claro, Antoñito Palacios Ruzafa.

Pues no, no era mi hijo, era un tal Avelino Paredes Rodado,

un miembro de la expedición que se ha roto la clavícula.

¿Y Antoñito?

Nadie lo sabe.

Todos han vuelto a España, pero él ha desaparecido.

Nadie sabe dónde está.

Espero que nadie le haya visto entrar en el edificio.

No se preocupe, sé hacer mi trabajo.

No quiero que me relacionen con usted, ni amigos ni enemigos.

Descuide.

¿Me descubrieron cuando seguí a don Felipe hasta Viena?

No, reconozco que fue todo un camaleón.

Pues le aseguro que aquello fue más difícil que entrar en su casa.

En algunos momentos,

tuve que compartir vagón de tren con su ex marido

sin que él se fijara en mí. ¿Me va a contar cómo lo hizo?

Doña Genoveva, trabajo para el que mejor me paga.

Imagine que un día me pagan por seguirla a usted.

No conviene que conozca mis métodos.

Señor Cuevas,

si algún día alguien le paga por seguirme a mí,

le aconsejo que ponga antes su seguridad que el dinero,

acabaría con usted.

De momento, no hay problema, usted es la mejor pagadora.

Y seguiré pagando bien,

siempre que cumpla con los encargos que le hago.

¿Ha hecho lo que le pedí?

Aquí tiene...

un resumen de lo que don Marcos Bacigalupe

ha hecho durante sus años en México.

¿Es sabroso?

Sabroso como un plato del mejor chef francés,

le va a encantar lo que hay ahí escrito.

(SONRÍE)

Quisiera convencerle para que se una a nuestra causa.

Me interesa mucho.

Por eso, me he permitido traerle algunos libros,

para que amplíe sus horizontes.

Padre, por eso digo que he cambiado.

En estos tiempos, con media Europa enfrentada a la otra media,

creo que la fe y las tradiciones es lo único que puede defendernos.

Señor Cuevas,...

a mí me importa muy poco la justicia.

Gracias a este informe, puedo apretar su gaznate

cuando lo necesite.

-"Voy a la inauguración de los Quesada".

¡No consiento que vayas, Anabel!

¡Cuánto más alejada estés de esa gente, mejor!

No puede obligarme.

¡Claro que puedo! ¡Debes obediencia a tu padre!

Seguro que ha hecho cosas mucho peores.

Claro que no, yo tengo escrúpulos. Ya está bien.

Me es indiferente lo que piense de mí, ¡cumpla con lo pactado!

¡No!

A ver, Daniela, no ignoro que hay grupos anarquistas violentos,

pero el sindicato de mi amigo no es partidario de esos métodos.

-¿Está seguro?

¿Quiere ser un hombre de provecho?

Eso es lo que más deseo, Alodia. Poder llegar a ser un buen médico.

Bueno, y encontrar a una muchacha para formar una familia.

Espero que lo consiga.

Lo primero es cuestión de esfuerzo,

lo segundo,... quizá lo tenga muy cerca.

Tenía razón en todo lo que me dijo sobre Genoveva.

Le pido por favor que me conceda un minuto.

El momento de ir contra Marcos está llegando.

Pronto vamos a dar el siguiente paso.

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Acacias 38 - Capítulo 1358

30 oct 2020

Aurelio agradece la ayuda de Soledad para enamorar a Anabel. La criada le deja bien claro al militar mexicano que su fidelidad a Marcos es inamovible. Genoveva se relame cuando consigue de Cuevas un informe sobre los trapos sucios de Marcos en México.
Los Palacios se alegran cuando el Ministerio confirma que el diplomático accidentado está vivo. Pero se vuelven a preocupar cuando descubren que Antoñito no ha regresado a España junto a sus compañeros.
Gracias a la labia de Ignacio no solo Bellita justifica que saliera de fiesta, sino que abronca a Jose por haber espiado a su sobrino.
Rosina se queja con sus amigas de la falta de detalles románticos de su Liberto.
Anabel desvela a Soledad que sabe que Marcos es su amante. En confianza la criada le reconoce que a veces duda de las intenciones de su padre.
Miguel sigue a Anabel y descubre que su relación con Aurelio va más allá de una amistad.

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