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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1352 (Parte 1) - ver ahora
Transcripción completa

¿Natalia Quesada, has dicho?

Semanas antes de su muerte,

no dejó de recibir las visitas de la señorita.

¿Te importaría responder a las preguntas de un detective

sobre lo que me has contado?

Lo que usted ordene.

He quedado con mis compañeros, pasaremos la noche estudiando.

Tengo parné de sobra.

Hoy nos vamos a correr una juerga de campeonato.

Mi noviazgo con Anabel ha terminado.

Pero le advierto

que no voy a consentir que le cause el menor prejuicio.

¿Acaso está en su mano? -Ya me encargaré de que sea así.

Me quedo a su cargo.

Mi padre le perdonará mi marcha.

Sé que la tiene en la más alta consideración.

He hecho mal entrometiéndome. Nunca debí atreverme.

Pero no tema, no volveré a intentar nada.

Hoy mismo me marcharé al pueblo.

¿Es verdad que Marcelina entro en el convento pa camelarse a Remigio?

Adiós, Jacinto.

Nunca pensé que un simple sombrero le haría, no sé,

olvidar sus resquemores de esa manera.

¿Le contamos la verdad, que el sombrero se lo enviaste tú?

No, claro que no.

Con cuidado, si no queremos ser descubiertos.

(EN ITALIANO)

-"Sigue fuera".

(EN ITALIANO)

Se llama Fausto.

Era mi compañero de viaje.

Siempre ha estado en el centro de mis pensamientos.

Y siempre lo estará.

Eran solo unos chiquillos, pero entre una cosa y otra,

que si un arrumaco por aquí, un besillo por allá,

Soledad y Fausto se dieron cuenta

de que estaban hechos el uno para el otro,

se necesitaban más que el aire que respiraban.

-Eso sí que es amor.

Tanto se querían, que solo pensaban en comerse el mundo juntos,

y no había na ni nadie que los parase.

Aunque pa mí que fue el mundo el que se los acabó comiendo.

¿Y eso por qué? ¿Les pasó una desgracia?

Vete tú a saber, pero fue recordar esos amoríos

y a Soledad se le pusieron los ojos coloraos.

Alodia, se puede llorar de felicidad y también de tristeza.

Y viendo los vestidos que le ha regalado el gachó,

no pinta mal la cosa.

Según Soledad, se quieren mucho,

pero van y vienen como el Guadiana, y eso, cansa a cualquiera.

Natural, la amistad no necesita de frecuencia, pero el amor sí.

Buenas noches.

Buenas.

Buenas noches, Soledad.

¿Le apetece un poco de hervido valenciano?

Gracias, pero no tengo mucha hambre.

Se la ve tristona, ¿está bien?

Sí, supongo que sí.

Las criadas no tenemos mucho,

pero el cariño nos sobra.

Señor.

Déjenme a solas con mi criada.

-Con su permiso.

(Sintonía de "Acacias 38")

Llego a casa y la encuentro vacía.

Ni rastro de mi hija, ni de ti.

Pensé que no me necesitaría y subí altillo.

Pensaste mal.

Tú deber es estar en casa para recibirme,

da igual la hora que sea.

Sí, señor.

Y Anabel, ¿dónde está?

No lo sé.

¿No lo sabes?

No quiso decirme a dónde iba.

Te dije claramente que no podía salir.

Le juro que intenté retenerla, pero me fue imposible.

¡¿Imposible?!

¡¿Cómo te atreves a incumplir mis órdenes?!

Lo siento. No volverá a pasar, lo siento.

(Pasos)

Soledad, templa, mujer.

Ya se le pasará el enfado a don Marcos.

La señorita Anabel no puede tardar.

(Motor de coche)

ni te imaginas cuánto te he echado de menos.

-Y yo.

Pero la próxima vez no seas tan brusca,

que casi me descuajaringas con el tirón.

Bueno, ¿ahora resulta que eres un blandengue?

Siempre lo soy contigo,

que haces de mí lo que te da la gana.

Y dirás que no te gusta.

Me encanta.

No me gusta quedarme sola tanto tiempo.

Has tardado mucho en volver. -No fue por gusto,

ya te lo expliqué en el telegrama que te puse en clave.

Explicar poco, que solo decías que llegabas tarde.

Lo hice por prudencia, que no quería arriesgarme

a que interceptaran el telegrama.

Lo que te gusta jugar a los espías.

No te digo que no, pero esta vez, estaba más que justificado.

¿Y qué?

¿Me vas a contar el motivo de tu retraso o no?

Pues claro.

Fue por culpa de nuestro hijo y su esposa.

Estaban empeñados en que les ayudara a fugarse del penal suizo.

Le dirías que no, ¿verdad?

Por supuesto, ¿cómo me iba a prestar a semejante locura?

Bueno, porque te gusta mucho la aventura,

y más después de haber tenido que abortar el plan de butrón.

No me lo recuerdes, no me lo recuerdes...

¿Y...

cómo se pusieron cuándo te plantaste?

Me pusieron la cabeza como un bombo,

ya sabes lo persistentes que son tu hijo y ella.

Nunca me gustó esa mujer.

La fuga que planeaban era más peligrosa

que colgarle un cascabel a un tigre.

Así les va, si es que no aprenden.

El caso es que me llevó mi tiempo quitarles la idea de la cabeza.

Pero lo conseguiste, ¿no?

Les recordé que solo les queda un año para salir

y que no merecía la pena que la líen más.

Ya.

¿Y... les comentaste la posibilidad

de decirle a Miguel la verdad sobre ellos?

Claro, a eso fui.

¿Y? -¿Y?

Los dos están de acuerdo en que deben ser ellos

quienes le cuenten todo cuando salgan libres

y regresen a España.

O sea, otro año más de embustes...

Bueno, llevamos toda la vida ocultándoselo,

total, doce meses más, no es nada.

Ya, pero...

no sé si vamos a poder aguantar mucho más esta situación.

Miguel está hecho un guiñapo. -¿Cómo que un "guiñapo"?

¿Qué le pasa a Miguel?

(SUSPIRA)

(Suenan las campanas)

¿Me das El Adelantado, por favor? -Enseguida, señor.

Gracias.

Buenos días, don Liberto. -Buenos días.

Muy ensimismado le veo en la prensa, ¿alguna novedad?

Pues con esta guerra, todos los días hay alguna y ninguna buena.

Le recomiendo los folletines,

es lo único que merece la pena leer en estos tiempos.

Suena bien, no le digo que no.

Ahora que te tengo aquí,

le comunico que hemos encontrado una casa más amplia donde vivir.

Ah. ¿Se mudan entonces?

Así es.

Ya se lo comunicará mi hermano para que pueda disponer del piso

que nos alquiló.

Tómense el tiempo que necesiten, no me corre ninguna prisa.

Gracias, pero no hace falta.

En realidad, nos mudamos hoy mismo, al 38.

¿Al 38?

Entonces, debe ser el segundo izquierda, si no me equivoco.

Había escuchado rumores de que alguien iba a ocupar ese inmueble.

Serán ustedes los inquilinos.

Mismamente.

Pero no se preocupe, le abonaremos la totalidad del mes.

No hace falta que hagan el pago íntegro.

Insisto.

No quiero que digan que los Quesada dejan cuentas pendientes,

especialmente, su tía y su esposa,

las dos nos tienen bastante ojeriza.

No se lo tengan en cuenta.

Ambas tienen en alta estima a Lolita y,

entiéndalo, después de lo que pasó...

¿"Lo que pasó"? -Ajá.

Mire, don Liberto, lo que pasó entre el señor Palacios y yo,

solo lo sabemos nosotros dos.

Perdone, no era mi intención molestarla.

Pues lo ha hecho.

Que yo sepa, ni el señor Palacios es un pobre ser indefenso,

ni yo tuve que apuntarle con un arma para que hiciera lo que hizo.

Don Liberto, sepa que no pienso dar más pábulo al asunto,

ni me apetece, ni tengo la obligación de hacerlo.

Está en su derecho.

Así es. Y son todos ustedes con sus recelos y sus críticas

quienes me lo están negando.

Compadecéis a Lolita, ¿y qué pasa conmigo,

acaso mis sentimientos no han sido también engañados?

Qué fácil es juzgar a un tercero,

sobre todo, si se trata de una mujer.

Con su permiso, preferiría no entrar en ese debate.

Buenos días, don Liberto.

Mire por donde anda. Disculpe, no...

No la había visto.

No te voy a repetir la pregunta, ¿dónde estuviste ayer?

¿Dónde y con quién estuviste todo el día de ayer?

¡Soy tu padre y te exijo que me contestes!

No pienso decirle qué he hecho ni con quién he estado.

¡Ni se te ocurra hablar...! -Señor...

Por favor.

Seguirás castigada y no saldrás hasta que yo lo diga.

No tiene derecho.

¡Tengo derecho a hacer lo que quiera!

Usted no manda sobre mí.

Escúchame,...

como incumplas mis órdenes,

pasaré a mayores, así que piensa lo que haces.

-No le tengo ningún miedo.

Haré lo que sea para salir de esta cárcel.

¡No te atreverás! -Póngame a prueba.

Siento curiosidad por conocer el alcance de esas represalias.

Estás jugando con fuego, te lo advierto.

Puede que sus amenazas le funcionen con otros,

pero a mí no me producen el mínimo temor.

(Se cierra la puerta)

Que venga un cerrajero.

Voy a cambiar la cerradura principal

y a poner otro cierre en la puerta de servicio.

Sí, señor.

Convertiré esta casa en una prisión si es preciso,

pero Anabel no se saldrá con la suya.

Esa niña no volverá a reírse de mí.

Acatará mi voluntad por las buenas o por las malas.

¿Qué hace ahí? ¡Traiga a un cerrajero ahora mismo!

Ahora mismo.

Querida hija María Luisa,

gracias por los paquetes que nos has hecho llegar a través de Felipe,

aunque saber que tú y tu hermana Milagros estáis bien,

es el mayor regalo que podría recibir.

No imagináis la desazón que me invade por teneros tan lejos

en estos momentos.

Ramón, nos vemos más tarde.

¿Te vas?

Sí, nos encontramos en el Nuevo Siglo XX para comer.

¿Vamos a comer fuera de casa?

Sí, espero que no te importe.

Hablé con Sabina

y me comentó que Daniela prepara unas berenjenas

para chuparse los dedos. Te parece bien, ¿no?

Sí, claro, pero espera un momento, necesito decirte algo.

Luego me lo cuentas, si no te importa, que voy tardísimo.

Dame sesenta segundos, termino la carta a mis hijas y te lo cuento.

Va a tener que ser en otro momento,

que llego tarde y sabes que no me gusta hacer esperar a la gente.

Carmen, dame un minuto, y después,

estoy contigo todo el tiempo del mundo.

Tómate el tiempo que necesites con la carta a María Luisa,...

no sea que con las premuras

te salga mala letra y tu hija no entienda lo que dices.

Por cierto, dale recuerdos de mi parte.

Carmen os manda cariñosos saludos.

Este, tu padre que lo es, Ramón.

Carmen, ya he terminado.

¿Carmen?

Carmen, ¿estás ahí?

Pues no se marcha y me deja aquí plantado.

¿Cómo voy a solucionar este entuerto

si no me da siquiera la oportunidad de que me explique?

(SUSPIRA)

Bienvenido, abuelo.

Le hemos echado mucho de menos. -No creo que más que yo.

Estoy tan hecho a tu abuela,

que sepárame de ella es como si me faltara un brazo.

Seguro que tiene cosas qué contar sobre el viaje.

¿Qué tal le ha ido?

El objetivo del mismo era cerrar un asunto que tenía pendiente,

así que por lo que respecta, me ha ido bastante bien.

Habrá aprovechado para descansar y hacer algo de turismo.

Sí, pero ya sabes que yo sin tu abuela, no disfruto lo mismo.

No me irá a decir que se ha quedado en la pensión

mirando por la ventana. -Pues más o menos.

Por cierto,...

hay algo sobre ti que me tiene preocupado.

¿Se lo ha contado la abuela?

Sí. Me ha puesto al tanto sobre tu ruptura con la hija de don Marcos.

Así es, abuelo.

He hecho todo lo que estaba de mi parte pero,...

ninguno de los dos estábamos hechos el uno para el otro.

Me duele verte sufrir, Miguel, pero así es la vida,

una de cal y otra de arena.

Lo mejor es que sigas adelante y no mires atrás.

Eres joven y te quedan muchas experiencias por vivir.

Lo intento abuelo, pero no es tan sencillo.

Yo no he dicho que sea sencillo, pero...

si algo nos caracteriza a los Olmedo,

es ser alérgicos a la derrota sentimental.

Lo tendré en cuenta.

Ya sabes lo que dice el refrán: "un clavo saca otro clavo".

El mejor remedio ante un abandono

es encontrar la felicidad en otra mujer que merezca tu amor.

Lo dudo,...

esta ruptura me ha dejado muy desengañado.

Anda, anda, pon al mal tiempo buena cara.

Si no por ti, al menos por tus abuelos que tanto te quieren.

En ese caso, haré un esfuerzo.

Pero no pienso emprender una nueva relación hasta que cure mi corazón.

¿Tu corazón o tu orgullo?

Me da a mí que confundes los términos.

Puede ser.

No lo sé.

Yo sí lo sé,...

por eso no debes perder la ilusión por encontrar a tu media naranja.

Darás con ella antes de lo que imaginas.

¿Tenían en casa un cochino como si fuera un perro?

Digo, Gonzalito se llamaba,

como un primo lejano sonrosao y con la nariz pa arriba.

Clavaítos eran los dos.

Qué arte llamar Gonzalito a un cerdo.

De cerdo tenía el nombre,

que no veas lo fregaos que le pegaba mi madre en el patio

pa quitarle el olor a animal. -¿Y consiguió quitárselo?

Eso decía ella, pero no veas cómo apestaba aquello.

Las risas que se habrá echado su biógrafo con sus historias.

Como que se olvidaba de apuntarlo,

se lo contaba otra vez, y otra vez a reírse,

era un no acabar.

Jose, tu sí que conocías la historia del cochino Gonzalito, ¿verdad?

A Ignacio se le han pegao las sábanas.

Ay, deja que descanse el muchacho, que necesita coger fuerzas,

y pa eso no hay na mejor que planchar la oreja.

Es que ya son horas.

Digo yo que tendrá que estudiar

o ir a clase, que para eso se ha matriculado.

Si es por eso, no te preocupes, que las clases las tiene por la tarde.

El señorito se ha apuntado al turno vespertino.

Con la jartá de estudiar que se da por las noches,

Dios quiera que no enferme.

El otro día me dijo que se estudió la friolera de 206 huesos.

¿Y pa qué tantos?

Son los huesos que tiene el cuerpo humano.

Y aunque no lo sepa, tenemos 1000 músculos.

¿Todo eso te lo ha dicho él?

Ozú, qué fatiga,

no sé ni cómo puede dormir con tanta cosa en la cabeza.

¿Por qué no va a clases por la mañana, como se ha hecho siempre?

Vete tú a saber, seguro que hay alguna razón de peso.

Puede que los profesores de la tarde sean mejores.

Seguro que sí.

Digo yo, que él no me ha dicho nada al respecto.

Sea lo que sea, seguro que es por una causa noble.

Sí, sí.

Ya verás que contenta se pone tu tía cuando sepa

que nos acompañas al centro.

Mientras atiendo a mi cita, vosotras podéis iros de compras.

Nos vemos luego a la hora de comer.

Me parece estupendo.

Un hombre aburrido en una tienda es peor que una china en un zapato.

Me gusta que llegue gente joven al barrio.

¿Lo dices por la camarera italiana del Nuevo Siglo XX?

No, mujer, también tenemos a Ignacio, el sobrino de Bellita.

Dicen que es un joven muy sociable.

Sí, pero no sé, peca de lisonjero.

Pensaba que te gustaban los halagos.

Me gusta que me halaguen a mí, no a todas las mujeres.

Qué difícil es que alguien te entre por el ojo.

Me he enterado que los Quesada

se van a instalar enfrente de nuestra casa.

¿Que los Quesada qué?

Se van a instalar enfrente.

Pero ¿qué dices?

Lo que has oído.

Madre mía.

Cuando se entere tu tía...

Mira cómo se pavonea con su sombrero nuevo.

-¿Tú crees?

O eso o se ha quedado con el cuello tieso.

Desde luego, parece una desnortada.

Deberíamos contarle la verdad para que deje de hacer el ridículo.

¿Qué dices, para que se deprima otra vez?

Tieta.

Espero que no llevéis mucho tiempo esperándome.

No queríamos interrumpir su charla con esa señora.

¿De qué hablaban?

¿De qué va a ser? Del sombrero que me regaló Armando.

Están todas embelesadas con su diseño.

No es fácil encontrar un hombre que tenga tan buen gusto.

Los accesorios femeninos son muy delicados,

lo mismo pueden pecar de exceso que de defecto.

En cambio, este sombrero está en su justa medida de elegancia.

Tengo algo que decirle.

Dime, cariño, dime.

Que...

que...

deberíamos ir yendo ya hacia el centro

si no quiero llegar tarde a mi cita.

Y os van a cerrar las tiendas.

Claro, menos cháchara y más caminar.

-Vamos, no se nos haga tarde. -Sí, sí.

Las cajas pequeñas, por favor, al dormitorio,

y esta caja grande me la quitan de aquí.

La pequeña a la cocina, que lleva el menaje dentro.

Tengan cuidado, no vayan a romper algo.

Y usted, luego me coloca la lámpara.

¿Estás bien?

No soporto las mudanzas, sacan lo peor de mí.

Y no tenemos ni criada.

Pues... no es nuestra primera mudanza.

Deberías estar acostumbrada.

Jamás me acostumbraré a este trajín.

Me inquieta pensar que se pueda perder algo.

Los mozos son de confianza,

al menos, eso me dijo quien me los recomendó.

No es por ellos, es por mí,

que me olvido de dónde pongo las cosas.

No sé dónde he puesto el vestido que me iba a poner.

-¿Es eso todo lo que te preocupa? -Pues sí.

Entonces, el preocupado debería ser yo.

¿Tú, por qué?

Si estás buscando un vestido determinado,

es porque quieres lucirlo para alguien.

No se te escapa nada.

A veces pienso que no llevas la vida social

que corresponde a una señorita soltera.

No me vengas con remilgos, hermanito.

Ya sabes que mi único interés es ser útil a nuestros intereses.

¿Qué tal con el francés?

Lento, pero seguro.

Sé que Pierre Caron nos será de utilidad.

Muy bien. Lo dejo en tus manos, confío en ti.

Haces bien, no te defraudaré.

Eh...

¿Genoveva participa en esas quedadas con diplomáticos?

Por ahora no,

pero conociéndola, seguro que moverá sus hilos por su cuenta.

No lo dudo, por eso no debes bajar la guardia con ella.

¿Sabes lo que dice de mí? Que somos como dos gotas de agua.

No te engañes, hermana, tú eres un ángel al lado de Genoveva.

Y sé de lo que hablo.

Me subestimas.

Incluso el diablo es un ángel caído.

Aun así.

Tienes mucho que aprender de ella, más de lo que crees.

Voy a ver si encuentro el dichoso vestido.

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Acacias 38 - Capítulo 1352 (Parte 1)

21 oct 2020

Marcos al descubrir la fuga de Anabel no duda en cambiar las cerraduras para evitar que se vuelva a escapar. Aurelio, con la ayuda de Soledad, esquiva las medidas de Marcos para hacerle llegar una nota a la joven criolla.

Roberto regresa a Acacias y es recibido por Sabina y Miguel, que no acalla su curiosidad por las razones que han llevado a su abuelo a tardar tanto en regresar.

Genoveva, tras la vuelta de Felipe de París, le convoca para una entrevista en su casa, pero ¿con qué finalidad?

Liberto y Rosina sufren al ver la ilusión de Susana con el sombrero que cree que le envió Armando y deciden contarle la verdad, que ellos se lo compraron.

Alodia sabe que Jose tiene razón al desconfiar de Ignacio y sus noches de "estudio", pero no es capaz de delatar al joven sobrino de Bellita.

Marcos enfrenta a Aurelio ¿por qué le desveló a Anabel que él estaba detrás del asesinato de Carlos?

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  1. Pilar Méndez

    Qué cara más dura tiene Marcos al entrar en plena cena de las y exigir "déjenme a solas con mi criada". Yo no me hubiera levantado de la mesa dejando que se enfriara mi cena...

    22 oct 2020