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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capítulo 1342 - ver ahora
Transcripción completa

Estoy descuidando mi trabajo.

He perdío una carta de don Felipe.

¡¿Has perdido una carta?!

Veamos qué tienes que contarle al botarate de tu amigo Liberto.

Ya que no tienes la consideración de escribirme,

tendré que leer la correspondencia ajena.

¿Qué está sucediendo aquí?

Anabel, yo... -Termine de desatarme, señor.

Me falta el aire.

(SOLEDAD RESPIRA AGITADA)

Ayúdame, hija.

Ha sufrido un desmayo.

¡Rápido!

"Querido, Liberto".

"No dejan de sorprenderme las ironías que nos brinda la vida".

"He salido de una guerra, la que libraba...

con Genoveva, para meterme en otra".

"Aunque he de confesarle, que puestos a elegir

entre librar una guerra u otra,

no tengo ninguna duda en escoger esta".

"Ni los más sanguinarios ejércitos se pueden comparar a estar

condenado a vivir al lado de esa horrible mujer

y ser víctima de sus manipulaciones y sus engaños".

"Diga lo que diga la justicia,

no dudo de que se trata de una asesina sin escrúpulos,

una demente peligrosa a la altura de la desaparecida Úrsula".

Oiga,...

¿ha visto a ese muchacho?

Es muy apuesto.

Y muy guapo.

Tienes razón, Felipe,

esa Genoveva que te amaba ha quedado en el pasado.

No te haces una idea de lo que te espera.

No quiero pensar que Soledad se ha estado ganando mi confianza

con un objetivo oculto, mi padre.

¿Se puede?

Lo lamento, pero el restaurante está cerrado.

He oído que andaban buscando camareros.

Parece que el señorito Miguel no le quita ojo.

Ni ella a él.

Adiós, Anabel;

hola, Daniela.

Yo soy el hijo de su hermana, de la Candelaria,

y del difunto Alonso Quiroga. Su sobrino, vamos.

Mi niña. -¡Ay, ay, ay! ¡Señora!

"Ha llegado un telegrama urgente para usted".

-"¿Quién lo envía? -El Ministerio de Guerra".

No me gusta que haya puesto en marcha el plan

sin saber mi respuesta.

Como mujer inteligente que es, ya sabía cuál sería.

No iba a dejar pasar tal oportunidad.

La próxima vez no presuponga tanto,

y espere a que yo le dé permiso.

Por fin han llegado los resultados de la autopsia.

¡Dios mío, no puede ser!

(EXHALA)

Felicia murió envenenada...

(Suenan las campanas)

Envenenada...

¿Cómo ocurrió la muerte de Felicia?

Se lo conté por carta. -Me gustaría oírlo de tu boca.

Su esposa me dijo que iba a aprovechar que usted no estaba

para viajar a Santander.

Quería arreglar la casa familiar.

Me hablo de irse a vivir allí con usted al regresar de México.

¿No le pasaba nada, algún malestar?

¿Estaba bien de salud?

No me dijo que tuviera ninguna molestia.

Creo que todo fue de repente.

Cuando se fue, estaba en perfecto estado.

Nadie podía esperar lo que ocurrió.

¿Algún problema?

No, nada importante,

son los resultados sobre unas cefaleas que me aquejaban

y que afortunadamente han desaparecido.

Me alegro. Parecía un doctor importante.

Sí. Sí, sí.

Me lo recomendó un amigo,

es una eminencia en este tipo de males.

Si necesita ayuda, puedo...

Eh...

Soledad, ya le he dicho que no hay nada de qué preocuparse.

Muchas gracias.

Eso sí, puede hacer algo por mí.

Traiga un café, o mejor, una tila.

Pensaba que la misiva no le había preocupado.

He de reconocer que me puse nervioso cuando me la entregaste.

¿Temía malas noticias?

Con la salud nunca se sabe.

Te puede llegar el golpe fatal en cualquier momento.

Voy a prepararle su tila.

Permiso.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ya reacciona, señor.

Las sales de amoniaco nunca fallan.

¿Qué ha pasado?

Que le ha dao un parraque al ver a su pariente.

Ay, mi sobrino.

Ay, muchacho, ven aquí,

ven aquí que te vea bien. Siéntate aquí.

Tienes los ojos como tu padre.

Eso dicen en el pueblo, tita.

Mira, y la nariz de la Candelaria.

No puedes negar que eres hijo de quien eres.

Sin duda, es uno de los míos.

Bienvenido a mi casa, Ignacio.

Lo siento, tita, no quería asustarla, de corazón.

Lo sé, muchacho, lo sé.

Disculpa la cautela, pero es que atraemos

a los majaras como el imán al hierro.

Tenía que haberles anunciado mi visita antes de presentarme.

Así nos habríamos ahorrado el desmayo de tu tía.

Déjalo estar, Jose.

Cuéntame, qué es de tu vida.

Tita, he oído hablar tanto de usted,

que no veía el momento de conocerla en persona.

Es lo que tiene la fama,

que se está en boca de todos, queriendo y sin querer.

Y en el pueblo,... es usted una eminencia.

Ay... Anda que no hace tiempo que no paso por allí.

Pero si hace no tanto tiempo que estuvimos en Huelva.

La tita se refiere a mi pueblo, Écija, en la provincia de Sevilla.

Sí, sé perfectamente dónde está Écija.

La caló que hace allí.

Casca un huevo y se fríe antes de contar cinco.

O menos.

Qué raro que no nos hayamos conocido antes.

Bueno, no es tan fácil, siendo ustedes tan viajeros...

Desde que volvimos de Argentina no nos hemos movido de aquí.

Por eso he aprovechado en cuanto he tenido ocasión.

Aunque me ha faltado de tacto.

Anda ya, que entre familia no hace falta remilgos.

Por cierto, tita, le transmito saludos de su hermana Candelaria.

Ay,... ¿y cómo está mi hermana? -Bien.

Bien, bien, bien de salud, que es lo que de verdad importa.

Alodia,

haz el favor y trae un refrigerio a mi sobrino.

¿Le parece bien un café?

Bien negro, si no le importa.

¿No se está retrasando Antoñito?

Me da más mala espina el telegrama que trajeron

en plena reinauguración.

Por la urgencia con la que llegó, no vaticina nada bueno.

Espero que no tenga que ver con su ingreso en la reserva.

No, Ramón, no son las mismas circunstancias.

Ahora es padre de familia y diputado,

no creo que lo llamen a filas.

Ahí viene.

Buenas.

¿Qué te han dicho en el Ministerio de la Guerra?

Va a entrar nuestro país en la guerra europea, ¿es eso?

Habla, hijo, que nos tienes preocupados.

No, padre, no es eso.

De hecho, Dato se opone rotundamente.

En breve anunciará la neutralidad española.

Aun así, no se te ve muy tranquilo.

Ya.

Francia está muy preocupada por sus colonias en África.

Temen que la guerra afecte a sus territorios de la zona,

y por eso,

han acordado un encuentro diplomático

en el protectorado marroquí.

¿En el norte de África? -Exacto.

Y me han elegido como uno de los parlamentarios

para sellar el pacto secreto con los franceses.

Viajar en las actuales circunstancias sería una temeridad.

Lo sé, padre, lo sé perfectamente.

¿Y por qué no les cuentas tus circunstancias?

¿Qué circunstancias?

Que eres padre de familia,

que tu esposa acaba de recuperarse de una grave enfermedad.

Ojalá fuera tan sencillo, Carmen.

Carmen está en lo cierto, tienes razones de peso para no ir.

Es un gran honor que me hayan elegido para ir.

Si lo rechazo, sería como tirar por la borda

todos los esfuerzos que he hecho

para ganarme la confianza del partido.

Aquí tiene.

¿Seguro que no quiere unas pastas? Seguro.

Está bien. Gracias.

Imagino que la urgencia

en hacerme venir no era para invitarme a café.

Es usted muy perspicaz.

¿Hay alguna novedad?

Alguna hay, aunque no sé si considerarla sustancial.

Quizás lo sea en un futuro, aunque ahora no lo sea.

Poco claras parecen esas novedades, quizás no sean tan importantes.

Quién sabe, lo mejor es que lo decida usted mismo.

Muy bien. Póngame al tanto y le daré mi opinión.

Le he propuesto a Marcos Bacigalupe invertir en su sociedad.

¿Y?

Nada más.

No me dijo ni que sí ni que no, solo que se lo pensaría.

¿No le sorprendió la oferta?

Y si lo hizo, no lo mostró.

Se mostró muy cauto y precavido antes de darme largas.

No tiene ni un pelo de tonto.

Don Marcos puede tener defectos, pero ese no es uno de ellos.

Ahora debemos esperar y actuar con cautela.

No debe notar nuestro interés, por eso lo mejor es no insistir.

El primer paso ya está dado, y no pinta mal.

Solo tenemos eso, todavía es pronto para cantar victoria.

¿Quiere que le apriete las tuercas para aclararle las ideas?

No haga nada,

no quiero que sospeche que estamos juntos en esto.

Como quiera.

Lo mejor será que no nos vea juntos

y mantengamos las distancias.

Me pide una cosa muy difícil.

Es muy complicado no procurar a una dama como usted.

Para mí, los negocios están muy delante que las galanterías.

Pero reconozca que mi compañía no le desagrada en absoluto.

Lo cortés no quita lo valiente.

Creo que lo mejor será que se marche.

Y tenga cuidado, que no le vean salir.

Descuide. Con Dios. Con Dios.

Señor, ¿está bien? -Eh.

Sí, sí, sí.

¿Seguro que esa carta es tan banal como dice?

Sabe que puede confiar en mí, soy una tumba.

Estaba pensando en mis negocios con los Quesada,

en la responsabilidad que tengo.

Imaginaba que tenía que ver con sus negocios.

Sobre todo, con mi socio, Aurelio Quesada.

Entiendo su inquietud.

Pero si te soy sincero, Soledad, es mi hija.

Temo que sospeche de nosotros.

Yo también he tenido esa sensación,

pero seguro que Anabel no sabe nada.

¿Cómo puedes estar tan segura? -La conozco,

y lo sé.

Si me permites,

quería comentarte algo en relación con Genoveva.

Ha estado viniendo últimamente a casa.

Querría advertirle de la mala fama de esa mujer.

La tachan de asesina y estafadora.

Hace tiempo que tengo calada a Genoveva,

pero como decían los romanos:

"pecunia non olet", el dinero no huele.

Así que si quiere invertir en mi empresa,

tal vez abra las puertas a su dinero.

Tal vez ignores que la hermana de tu socio la visita con frecuencia.

¿Natalia Quesada... se ve con Genoveva?

Quizá está jugando con los Quesada.

Es algo que comentan las criadas en el altillo.

Permiso.

No tenía que haberme acompañado, ya puedo caminar sola.

De eso nada, se te olvida que estás convaleciente y te lanzas al monte.

Me da cosa tenerles todo el día pendientes de mí.

Y dale, si lo hacemos con gusto, y lo sabes,

lo hacemos por tu bien.

Al que he perdío de vista desde la inauguración es a Antoñito.

¿Por qué no vamos por los jardines? Se estará más fresco.

Carmen,...

hágame un favor, mire que no falte nada en la mantequería.

Lolita, por favor. -Será un momento,

de verdad.

Antoñito...

Lola.

-Ni antes de casarnos...

ni después...

le había dao por las faldas, nunca.

Así que, usted le ha hecho tilín.

No fue nada. -Me da igual lo que fue,

¿lo entiende?

Me importa lo que va a ser.

Lo mal que lo tiene que estar pasando don Antoñito.

La Lola se ha pasao.

Prohibirle mirar mujeres... Con lo que le gusta al diputado.

Al diputado y a cualquier hombre.

¿Sabe qué, Servando?

A mí no me importa que me miren, a mí me gusta.

aunque también depende de qué hombre me esté mirando,

claro está.

¿A que sí, Jacinto? -(JACINTO ESTÁ RONCANDO)

¡Jacinto! ¡Jacinto!

Ja... ¡Iepa-ia!

¡Uf! Rediez, que me he dormío.

¡Así puedes estar, pedazo cenutrio!

¡Me marcho por no arrearte un sopapo!

Con Dios. Con Dios.

Anda que...

Menos mal que ha sido tu prima, ¿eh?,

que si te pilla un señor en brazos de Morfeo,...

tienes un problema.

Pa mí que son sus hierbas, cuando las tomo me entra sueño.

Mis hierbas son para dormir ciertas partes, no todas ellas.

A lo mejor es que todo es lo mismo.

No, señor, no es lo mismo.

Te tienes que quitar a la Indalecia de la cabeza

y no encabritarte. A ver, piensa en ella.

No sé qué decirle.

¿Qué sientes?

Sueño, siento mucho sueño.

¡Hombre, no te duermas, rediez!

No puedo resistirme.

Pues tómate la infusión. Venga, de un trago.

Así vamos a evitar tentaciones.

Todo sea por a Marcelina.

Venga, venga, tú puedes.

Arriba, arriba. Ahí, ahí, ahí.

Uy, qué rico, qué rico está esto.

Uy, uy, uy...

Que no queda nada.

Ahí está.

Podía haberle puesto azúcar.

Me voy para la portería. (RESOPLA)

¡Jesús!

Juventud, divino ceporro.

¡Servando!

Qué susto me has dado, Casilda, ¿qué quieres ahora?

Dígame, ¿qué le pasa a mi primo?

¿Está así por la carta perdida de Liberto?

¡Que son cosas de hombres!

¿Está uste seguro?

Sí, estoy muy seguro.

Te estará echando de menos tu señora.

Sí, en eso tiene razón. Con doña Rosina nunca...

Nunca se sabe, nunca.

Servando, por favor. Doña Rosina es de una manera...

Venga, venga. ¡Pero bueno!

Vamos, vamos, vamos.

De verdad, entre la prima y el primo...

Qué día.

Gracias, Sol, me llevo esto.

Buenas.

Buenas, Lolita.

Qué grato verla tan recuperada.

Ha tenido que pasar usted por un calvario, ¿no?

Un calvario dice.

¿Cómo puede tener tan poca vergüenza?

A usted le da igual si estoy bien o mal.

Si me pregunta es para aliviar su conciencia y poco más.

Es muy egoísta.

¿Sabe?

No hace falta espicharla,

todo lo malo se paga en vida.

Juro que jamás quise hacerle daño.

Guárdese sus excusas.

Cuando estaba convaleciente, lo que le dije,

se lo dije de verdad, de corazón,...

y ahora,...

le digo que se meta en esa cabecita

que Antonio Palacios es mi marido,

la quiero bien lejos de él.

Mire, yo... -Sepa...

que no hay nada más peligroso que una de Cabrahígo cruzá,

¿sabe por qué?

Porque yo, por mi marido, hago lo que haga falta.

¿Es necesario que sujetes el plato como si se fuera a escapar?

Es que están tan buenas...

Rosina, por favor.

O lo sueltas o no te cuento lo que he descubierto de Armando.

Amenazándome con eso...

¡Malos son los atracones que te pegas!

Liberto, suelta, no te hagas de rogar. ¡Uh!

Te recuerdo que es confidencial

y que no debe salir de esta habitación.

Que sí, que no le diré nada a nadie.

Cuéntamelo, así se lo cuento a Susana.

¿No has escuchado lo que acabo de decirte?

¿Es que no conoces la palabra confidencial?

Claro que la conozco, pero eso no incluye a Susana.

¡A Susana más que a nadie, y a todo el mundo!

Está bien, no le diré nada a nadie,

y menos a Susana, ¡pero cuéntamelo ya!

En el telegrama que he recibido de Jacques,

dice que pensaba que don Armando había regresado a España.

¿Aquí? -Sí.

Llevaba semanas sin saber de él y, viendo sus compras,

pensó que había regresado con su esposa.

¿Qué compras?

El bueno de don Armando, al parecer, compró varios sombreros y vestidos.

Jacques imaginó que serían regalos para mi tía.

Qué raro, ¿no?

Dice que la última vez que le vio estaba feliz.

Entonces, ¿tú crees que Armando ha vuelto y no se lo dijo a Susana?

(NIEGA)

¿Hay algo más? ¿Qué me ocultas, Liberto?

Creo que esos regalos no eran para mi tía,

sino para la princesa de Holventiesen.

Ay, ay, ay, ay, ay. La de la fotografía.

-Tal vez, don Armando se hubiera enamorado de ella

e intentara conquistarla.

No sé.

Le he pedido a Jacques que investigue y que me informe.

Pero por Dios, que no lo comente con nadie.

Lo sabe, cariño. No te preocupes.

Rosina,

esto es muy serio.

Y aunque de momento sean conjeturas, que mi tía Susana no sepa nada.

Al menos, hasta que estemos seguros de que se marchó.

-Yo no le voy a decir nada. Confidencial.

(Llaman a la puerta)

De verdad, Casilda nunca está cuando se la necesita.

De verdad, no tiene nombre.

¡Susana! -Querida.

-Pasa, pasa.

Ay. Sobrino querido.

Hola, tía.

¿Qué son esas caras?

¿Sucede algo?

Que se han acabado las pastas.

-Sí. Rosina se las ha comido todas.

Voy a por más, así las pruebas.

¿Te apetece un café?

Sí, cortito y clarito para mojar las pastas.

Claro.

¿Gachupines? Sí.

Todos los hijos de españoles que vivimos en México somos gachupines.

¿Don Marcos incluido? Don Marcos, Anabel, mi hermano...

Todos gachupines.

¿Ha visto que corbata tan larga?

Qué mal gusto, por favor. Apuesto a que siempre

se mancha con la sopa.

Qué cosas se le ocurren.

Da gusto verlas reír.

Sus sonrisas iluminan el barrio.

Gracias, don Marcos, por regalarnos los oídos

con sus halagos.

No hay de qué.

¿Puedo robarte un rato a tu amiga?

Tengo que tratar un asunto personal.

Discúlpenos un momento, Natalia. Enseguida estoy.

Sí, claro.

Usted dirá.

Se la ve muy cerca a los Quesada.

¿Tiene con Aurelio la misma confianza que con su hermana?

Si así fuera, hablaría con él de negocios y no con usted.

Me ha sorprendido la complicidad con Natalia.

No, no confunda complicidad con compasión.

Es lo que siento por la joven Quesada.

¿Compasión?

Así es.

Las dos hemos sido víctimas de los comentarios...

dañinos de los vecinos.

Sentí pena por ella y la acogí.

No la hacía tan justiciera. Ah.

Sepa que hace unos días salvé a Natalia

del escarnio público.

Algunas vecinas nuestras beatas son peores

que la Inquisición.

Lo sé. He tenido la suerte de toparme con ellas.

Don Marcos,

¿a qué vienen tantas preguntas de mi amistad con los Quesada?

No pretendía incomodarla. Es simple curiosidad.

Sepa que tengo otras opciones de negocio.

Si usted no está a gusto conmigo, invierto en otros lugares.

Le reitero mis disculpas,

pero...

en este momento... desconfío hasta de mi sombra.

¿Hubo algún contratiempo en sus negocios?

No, no. Mi desconfianza no tiene nada que ver con mis negocios.

Ni, por supuesto, con usted.

¿Ha tomado ya alguna decisión con respecto a mi propuesta?

No he dejado de pensar en ello.

Pero necesito más tiempo para darle una respuesta.

Piénselo bien, pero no se demore mucho.

Con su permiso, doña Genoveva.

Con Dios, don Marcos.

¿Qué quería?

Nada importante. Sigamos con nuestro paseo.

-Ay.

A las buenas.

Qué alivio me da saber que la Lola está bien.

Ya te digo.

Menudo color lucía hoy paseando con Carmen.

Ahora ya lo único que me preocupa es Jacinto.

¿Qué le pasa a Jacinto?

¿Cómo que qué le pasa?

¿No lo han notado? ¿No notas que está muy extraviado?

¿Extraviado?

Extraño, raro, un ser sin ser él.

Lo tienen los guapos. No son como el resto de mortales.

Hombre, guapo, guapo...

El tema es...

que yo, que soy su prima, estoy muy preocupada por él.

¿No verás cosas donde no las hay? -Que no, mujer.

La ausencia de Marcelina cada vez le pesa más.

Lo está descolocando.

No puede vivir sin ella y me temo que esto va a ir para largo.

Pues yo a Jacinto lo veo bien. Pero que muy bien.

¿Cómo lo vas a ver bien?

Esta falta de concentración le puede costar el puesto.

Bueno está mi señor con la carta que perdió.

¿Qué carta?

Una que le envió don Felipe. Se la trajo el cartero

y ahora no aparece por ninguna parte.

(Ronquidos)

¿Has oído eso?

He escuchado y sentido por todo el cuerpo.

Viene de los cuartos.

¿Adónde vas?

A ver qué alimaña se ha metido ahí.

Ay, qué bien se está aquí fuera. Esto es otra cosa.

Qué ganas teníamos de que se abriera el restaurante.

Sin duda, hoy es un gran día, de los que se recuerdan.

La veo muy ufana, Bellita. -Demasiado.

No sabía yo que echara tanto de menos el Siglo XX.

Ay, no se le escapa a usted ni una.

Mi contentura no es solo por reabrir el restaurante Siglo XX.

Ah. Cuente, cuente. Las alegrías son para compartirlas.

He recibido una visita que me ha alegrado mucho.

¿De quién se trata? -Les cuento.

¿Todo bien, señoras? -Sí.

Todo en orden, gracias.

Si me permiten recomendarles, sacamos unas pastas

que seguro les encantarán.

Sobre todo, a doña Rosina.

¿Cómo sabes mi nombre?

-Eso es cosa de Sabina.

La ha instruido de los clientes más apreciados de aquí.

Además, estuvo en la fiesta de reapertura.

Sí, cierto, pero no recuerdo haber hablado contigo.

Y no lo hizo, la vi acercarse a las pastas

y deduje que le gustaron.

-Niña, has hecho muy bien los deberes.

Cualquier esfuerzo es poco

con tenerles contentos, doña Bellita.

Oh, a usted también la tiene controlada.

A pesar de la pamela.

De usted también oí hablar.

Sobre todo, cantar.

En los rincones de la Toscana suena su música.

-Uy. Agradecida, muchacha.

Qué mona eres ahora que te veo bien.

Veo que no necesitan nada.

Cualquier cosa, llámenme. Estaré pendiente.

-Ay, así da gusto.

La muchacha... -Sí, sí, sí.

(HABLAN EN VOZ BAJA)

Pero... -¿Qué tal, señoras?

¿Está todo a su gusto? -Sí, muchas gracias.

Perdonen que les interrumpa,

pero me gustaría saber su opinión de la nueva camarera.

Bueno, bueno, bueno. Tranquila. Acertó de pleno con ella.

Es... -Una muchacha muy competente.

Atenta, responsable...

Derroche de simpatía la chiquilla.

Y bien parecida. Para trabajar con público, es muy importante.

Sí, yo también tengo muy buenas sensaciones.

Y eso que al principio tenía mis reparos por no ser de aquí.

Ah, sí. Cierto. Es italiana, ¿no? -Sí.

Sí, así es.

Cualquiera lo diría. Habla español mejor que algunos de mi pueblo.

Y mejor que Casilda, se lo digo yo.

Bueno, es de madre española,

por eso domina tan bien nuestra lengua.

Pues yo no la consideraría extranjera.

No me comparen Italia con esos países de ultramar

de donde vienen los indianos. -¿Y cómo se llama la joven?

Daniela, Daniela Stabile.

Ya le digo yo que mis amigas y yo tenemos buen ojo con el servicio.

Se lo repito, ha acertado de pleno.

Gracias. Se lo agradezco. Muchísimas gracias. Disfruten.

(TODAS) Gracias.

Bueno, entonces, a lo que íbamos. -Sí, la visita.

(Quejidos)

¡Jacinto!

Es que de verdad. Te parecerá normal habernos asustado así.

Templa, prima. Esas no son maneras de despertarse.

Otra vez ahí durmiendo. Hay que tener poquito conocimiento.

Ha sido solo una cabezadita.

Como se enteren los señores de que duermes a todas horas,

te van a poner de patitas en la calle.

Bueno, no tienen que enterarse. -De esto no.

Vamos, ya los tienes amostazados

con la carta perdida. -Casilda tiene razón.

Debes volver al chiscón. -Sí, voy para allá.

Voy para allá.

¿Tendrás bastante con esto?

No se preocupe, abuela. No tengo mucho hambre.

Ay, es que con tanto trajín

no he tenido tiempo de preparar algo decente.

Lo importante es que a pocas horas de inaugurar

hemos recuperado la clientela.

Todo el mundo me ha dado la enhorabuena por contratar a Daniela.

¿Por qué no te sientas aquí y comes algo?

Llevas toda la mañana sin parar.

Antes, tengo que hacer una cosa.

¿Has visto qué responsable es?

Sí, parece muy profesional.

(SUSPIRA)

Tengan cuidado.

Queman un poco. -Pero ¿qué traes aquí?

Huele de maravilla.

Son "cannelloni" rellenos de pescado.

Los he hecho con la receta de mi abuela.

¿Su abuela italiana?

La madre de mi padre.

-Um.

Están exquisitos.

Pruébalo, Miguel. Antes de que se enfríe.

Tiene razón. No tenía que haberse molestado.

No hay problema.

No sabía cómo agradecerles el haberme contratado.

El punto de la bechamel está perfecto.

Me alegro que les guste. Lo hice con mucho cariño.

El secreto de cualquier cosa que se haga en la vida...

El toque de parmesano

me recuerda a los tortellini que comíamos en Bolonia.

Roberto y yo pasamos allí una temporada.

¿Y qué hacían allí?

Asuntos laborales.

Unos primos de mi padre vivían en Bolonia.

A lo mejor, coincidieron.

No creo.

¿En qué parte de la ciudad vivían?

La casa de mis primor está en el Quartieri di Porta Piera.

-Dudo que se acuerde.

Mis abuelos han tenido una vida muy viajera.

Así es, hemos visto mucho mundo.

¿Y si introducimos en la carta algún plato que prepara Daniela?

Me parece una idea buenísima.

Aunque no debiéramos abusar metiéndote en los fogones.

Bueno, déjeme intentarlo. Podría probar a hacer recetas mañana

y, si a doña Sabina le agrada, que decida en consecuencia.

Si están tan buenas como estos "cannelloni", poco hay que decidir.

Ay, disculpen. Han llegado unos clientes.

He estado hablando con el cartero.

Me ha confirmado que te entregó el sobre.

Eso ya se lo he dicho yo. -La carta no está, Jacinto.

No pudo desaparecer así.

Eso también se lo he dicho.

Al cartero no puedo reprocharle. Ha hecho su trabajo.

Es así.

Estarás de acuerdo en que el único culpable

de que se extraviara has sido tú. -Así es. Estoy dispuesto a aceptar

consecuencias a tal desatino. -No.

Jacinto, no quiero angustiarte ni quiero buscar culpables

con el único fin de castigarles ni nada de eso.

Simplemente, quiero saber qué pasó y no se repita.

¿Entiendes?

La carta ni se ha volatizado ni se fue por su propio pie.

Una de dos: o está en el chiscón o alguien entró y se la llevó.

Por lo que a mí compete, en el chiscón solo entro yo

y de cuando en cuando la prima de mi señora.

¿Quién, Indalecia? -Sí, nunca sin que esté yo delante.

Tal vez, alguien aprovechó un descuido tuyo para entrar.

Eso ya es muy raro. Cuando dejo el chiscón,

cierro con llave para evitar líos pasados con llaves.

Pero tú la carta la viste, ¿no?

Sí, sí, sí, sí. Tal y como le veo a usted ahora.

Entonces, ¿dónde está?

No sé. En algún descuido entraría alguien a ramblar con ella.

A ver, Jacinto. Céntrate, por favor.

Acabas de decir que cierras el chiscón cuando sales.

Sí, pero en un parpadeo pudo entrar alguien de la finca, conocidos.

O un vecino. -Ah, bueno.

Eso lo ha dicho usted. No acuso a nadie de algo tan serio.

Gracias, Jacinto. -A mandar, señor.

Qué bien me ha sentado el paseíto.

Y a mí. Ni te imaginas lo que extrañaba estos momentos.

Eso sí, vengo derrengada.

Monchito también se ha quedado profundamente dormidito.

Llévale a la cuna con cuidado. Así descansa mejor.

No, mejor le dejo aquí y así no le despierto.

Como quieras.

Tengo una cosa que decirte.

¿Importante?

Sí, sí. Hasta cierto punto sí.

Tú dirás.

¿Recuerdas esa reunión tan urgente que tenía hoy?

¿No me voy a acordar? Esta mañana.

Bueno, en ella hemos tratado un tema...

pendiente del protectorado marroquí.

La situación internacional se está complicando mucho.

De eso me enteré. Indalecia me ha contado la guerra

que se forma en dos días.

Exacto. Francia e Inglaterra acaban de declararse en guerra.

¿Crees que España se enfangará? -No, no, no.

Por eso, no te preocupes.

No queda mucho para que anuncien su neutralidad.

Menos mal que obramos con sentido común.

-Sí.

El caso... es que...

el Ministerio de Guerra me ha pedido que vaya a Marruecos para...

¿El Ministerio de Guerra te ha pedido qué?

Sí, Lola.

Han creído oportuno que vaya yo para esa misión diplomática.

De eso nada.

¡¿Cómo te vas a ir tú por esos mundos con la que está cayendo?!

Ni que estuviéramos locos.

Por favor, no te alteres. -No.

No vas a ningún lado. -Lola, pero lo dices

como si fuera un viaje de placer.

Ni aunque dependiera de ti la paz mundial.

-Por favor.

Lolita, sé un poco razonable. Es el ministro de Guerra

el que me seleccionó.

Que te deseleccione, Antoñito. Que te deseleccione.

¿Ahora te vas a ir con un niño pequeño y con una mujer

que se acaba de recuperar?

Escúchame, por favor. No es fácil. -Que no.

Que no, que no y que no. Hasta ahí podíamos llegar, hombre.

Alodia, ¿qué te ha parecido Ignacio, el sobrino de la señora?

Muy apuesto y con muy buena planta.

¿Qué habrá venido a hacer aquí?

Estará de visita, digo yo.

No sé.

Aunque estaría muy bien que se quedase por una temporada.

Para alegrarnos, básicamente. Sí.

(Llaman a la puerta)

Anda, ve a abrir.

Han llamado, ¿no? -Sí, Alodia ha ido a abrir.

Ay, ojalá sea mi sobrino Ignacio.

Tita, le traigo bizcochos borrachos por si no merendó aún.

Ay. ¡Qué detalle, niño!

Ay, qué rico.

¿Has visto? Alodia, prepara un cafelito para los tres.

Sí, señora.

Que conste que iba a traer pestiños.

No había manera, de verdad.

Anda que no están buenos los pestiños de Écija.

Con su matalahúva y todo.

Le traigo una bandeja cuando vaya.

Ay, ¿eso cuándo va a ser?

No me malinterpretes. Solo quiero saber cuánto tiempo estarás

rondando por Acacias.

Depende, depende lo dispuesto que esté a hincar codos.

¿Los codos?

Yo venía a estudiar Medicina.

Aunque la Facultad de Sevilla tiene eminencias,

en esta ciudad están los mejores profesores sin duda.

-Ah.

Muy alto apuntas tú para no alcanzarte

con la Universidad hispalense.

-Oh. Di que sí, Ignacio.

Puestos a estudiar algo tan complicado, mejor a lo grande.

Eso es. -Claro. O sea, que te vas a instalar

aquí en la ciudad. -Es mi intención.

Esa es mi intención.

Debí rascarme los bolsillos y tirar de ahorros

para pagar una pensión. -Oh.

De eso nada, monada. Tú te quedas en esta casa

como Bellita del Campo que soy. ¿A que sí, José?

Yo... -Mira, a nosotros...

nos sobran los cuartos en esta casa y a ti te faltan cuartos.

No, de ninguna manera.

De verdad, se lo agradezco,

pero no es conveniente.

¿Cómo no va a ser conveniente? Si somos familia.

-Muchísimas gracias. No puedo aceptarlo.

De verdad.

Mira, ahora mismo te traes las maletas de la pensión

y vas al cuarto de invitados.

Chiquilla, déjalo que decida.

Aquí no hay nada que decidir y mucho menos que hablar.

Venga. Arreando, que es gerundio.

Bueno, ¿quiere su café o...?

Así que todos los gachupines forman una piña en México.

Para lo bueno y para lo malo.

Nuestros padres son socios

y... los hijos candidatos a desposarse entre ellos.

Poca mezcla veo.

La madre de Anabel es una excepción. Rarezas de don Marcos.

Sobre gustos no hay nada escrito.

Ha sido usted, ¿verdad?

¿Qué dice, Liberto? Entró en el chiscón del 38

y robó la carta que me envió Felipe.

No sé de qué me habla. ¡Miente!

Serénese, está dando un espectáculo.

¡Es la única interesada en hacerla desaparecer!

¡Reconozca que la robó! No sé nada de ninguna carta.

¡La conozco perfectamente, Genoveva, y este es su modus operandi!

¡Es una maldita ladrona!

Retire sus palabras ahora.

Apuesto que planeó robar esa carta para dañar a Felipe.

¿No asume la derrota?

Basta de numeritos absurdos.

No toleraré una impertinencia más de un monigote.

Va a arrepentirse de acusarme en público y de hablarme así.

Vámonos, Genoveva.

Esta no es.

¿Dónde están los informes?

¿Dónde están?

Estarán ahí.

¿Qué hace?

Señorita.

¿Se puede saber qué demonios hace?

No pensará que estoy haciendo algo malo.

Pues sí, es justo lo que pienso.

Y no solo eso.

Hay cosas que no me cuadran y que no me gustan.

Si no me dice lo que hacía,

hablaré con mi padre y aténgase a las consecuencias.

No te hagas el enigmático conmigo y dime la verdad.

¿Qué sientes por Anabel?

Anabel es una pieza fundamental para nuestros objetivos.

La primera fidelidad se la debes a la familia.

¿Lo tienes claro?

Durante toda mi vida, vi criadas en la casa.

Las he visto decentes y descaradas.

He visto hasta algunas ladronas. -Yo no estoy robando nada.

No soy una ladrona.

-Hacía algo malo y a escondidas.

-Ese viaje a Marruecos puede ser mi penitencia.

Te lo prohíbo, ¿me oyes?

Si te vas, cuando vuelvas, no esperes vernos a Moncho y a mí.

Vete a la cocina, Casilda.

Sí.

Vamos, Rosina. Dime lo que quieras. Lo deseas.

¿Cómo se te ocurre discutir con Genoveva?

¿Te has vuelto loco?

Me robó una carta.

¡En la calle, delante de todos! -Rosina,

No puede hacer lo que le dé la gana, hay que pararla.

¿Qué le pasa a su nieto?

Parece ser un joven

que lo tiene todo,

pero, sin embargo, es... -Ya, ya.

Sin embargo, parece atribulado. -A eso me refería.

Bueno, a su edad como a la tuya, solo puede ser una cosa:

mal de amores.

Una mujer que no le presta atención.

¿No notas últimamente que Jacinto está muy raro?

¿Jacinto raro? Sí.

No últimamente. Jacinto no tuvo un día normal en su vida.

Ya. ¿Cómo decirte? Como cuando te ve, que se enciende.

¿Que se enciende? Sí.

Pues nada.

Nos vamos todos y la casa queda vacía.

Avise a Jacinto para que vea que no entre ningún extraño.

-Permiso.

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Acacias 38 - Capítulo 1342

05 oct 2020

Marcos sufre en silencio la noticia de que Felicia fue envenenada, ni siquiera comparte su dolor con Soledad.

Bellita recibe a Ignacio, su sobrino al que apenas conoce. El muchacho cuenta que ha llegado a la ciudad para terminar sus estudios de Medicina.

Antoñito es requerido para viajar al protectorado marroquí en una comisión parlamentaria. Se trata de una labor importante, pero Lolita se opone con rotundidad.

Marcos, advertido por Soledad, se piensa la oferta de compra de acciones que le hizo Genoveva. Y más tras ver las simpatías entre Natalia y la señora.

Las infusiones naturales que dio Servando a Jacinto para calmar su instinto hacia Indalecia le provocan insomnio y el portero se va durmiendo por las esquinas.

Daniela tiene contentísimos a Sabina y Miguel cuando demuestra que no solo es una hacendosa camarera, sino también una estupenda cocinera.

Liberto tiene un duro enfrentamiento en la calle con Genoveva al acusarla de haberle robado la correspondencia con Felipe.

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