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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1336 - ver ahora
Transcripción completa

¿Don Aurelio Quesada? El mismo.

Quizá no seamos de darnos golpes en el pecho, pero contribuimos.

No lo olvide. No lo haré, descuide.

Yo nada tuve que ver con la muerte de Carlos Armijo.

Has estado engañada.

-Mantente alejado de mí. -¿Por qué?

¿Estás impartiendo justicia por tu cuenta?

Me gustaría su consentimiento para administrar una nueva dosis.

Sí, claro.

Podría yo acompañarle a la fiesta.

Verá, doña Susana, en esta ocasión, yo acompaño a Natalia Quesada.

Le pido a nuestro hijo permiso para contarle la verdad a Miguel,

que sus padres están presos por ladrones.

No tiene ni idea de quién fue ella fue en México.

¡No voy a tolerar que me trate usted así!

Quíteme la zarpa de encima. -¿O qué?

Se queda sin ella.

Una biografía tendría tanto éxito como las memorias o más.

Eso va teniendo más sentido.

Es clavadito a don Armando.

Don Armando Caballero, diplomático y esposo de doña Susana.

Pues será él. Pero si esto es una foto de boda.

Considere mi dimisión formal. No es negociable.

Esperaba que mostrara un poco más de contrariedad ante mi renuncia.

No me he mostrado disgustado porque no pienso aceptar tal renuncia,

seguirás siendo nuestro abogado.

Lo siento, pero mi decisión es firme.

No suelo hablar por hablar.

Ni yo a rogar a mis subordinados que permanezcan a mi lado.

En tal caso, creo que poco más hay que decir.

Estoy seguro de que encontrará un abogado adecuado para su empresa.

No tengo intención de buscar a otro abogado, Miguel.

Lo lamento, pero eso ya no depende de usted.

Te ruego que lo medites bien.

Ni puedo ni pienso retenerte,

la puerta está abierta para marcharte,

pero sería una auténtica pena.

¿Por qué?

Porque cometerías el peor error de tu aún corta carrera profesional.

Miguel, te he cogido gran estima,

por eso me permito aconsejarte.

No quiero que con tu marcha,

Aurelio se salga con la suya.

No, don Marcos,

al tomar tal determinación,

no he pensado en él, sino en mí mismo.

Pero serías tú quien se estaría perjudicando.

No es lo más inteligente, hazme caso,

ni en lo profesional ni en lo personal.

Premiaré las muestras de estima hablándole claro y sinceramente.

Pensaba que habíamos acordado un tándem

para contravenir las decisiones de su socio Aurelio, llegado el caso.

Así es.

Pero tú mismo lo acabas de decir, llegado el caso.

¿No cree que este es un buen ejemplo?

No puedo oponerme a propuestas que van en beneficio de la empresa.

No me creo que pueda estar de acuerdo con lo que propone Aurelio.

¿Y por qué no?

Podemos ganar mucho dinero con la operación.

Y tú, como abogado de la empresa incluido, por supuesto.

Pero ¿a qué precio?

Como le dije, especular aprovechándose de la guerra europea,

además de ser deshonesto, también puede ser ilegal.

Por eso te necesito a mi lado.

Tienes que encontrar la manera legal de hacerlo.

No dudo que...

con tu talento, podrás llevar adelante las operaciones sin riesgo.

Creo que confía en exceso en mis capacidades.

Te equivocas, sé juzgar bien a las personas.

Y sé que he encontrado en ti a un inmejorable aliado.

No permitiré que arroje por la borda

las buenas perspectivas que deposité en tu persona.

Por eso, te haré un favor,

y no aceptaré tu dimisión,

al menos, de momento.

(Sintonía de "Acacias 38")

Pero bueno, ¿qué miras con esos ojos?

Hay que dormir.

¿Sabes, Ramón?

Cuando miro esa carita,

olvido por unos segundos tantas preocupaciones.

Nuestro nieto inspira tanta ternura que,

parece que es capaz él mismo de obrar tal milagro.

He intentado que Lolita bebiera un poco de zumo,

como recomendó Ramón y Cajal,

pero nada, ha sido imposible.

¿Sigue inconsciente?

Sí, padre, como muerta en vida.

Apenas he podido mojarle un poco los labios.

No desesperes,

todo se está desarrollando tal y como nos anticipó don Santiago.

Eso es cierto. Debemos tener fe.

Seguro que mañana muestra alguna reacción al medicamento.

Empiezo a pensar que eso nunca pasará,

que se quedará así para siempre.

Antoñito, hijo mío, sea lo que sea lo que nos ha reservado Dios,

no esperaremos mucho.

Don Santiago nos aseguró que el buen

o el mal desenlace no tardaría en producirse.

¿Y yo qué hago hasta entonces, me muero aquí de la pena o qué?

No puedes hacer otra cosa más que no perder el tiempo en lamentaciones,

seguir teniendo fe... y brindarle

todo tu amor a esta criatura.

(Suenan las campanas)

Pero, entonces, ¿ese hombre que escribe no es negro como el carbón?

Ya te he dicho que no, Alodia, al menos, no obligatoriamente.

¿Y a santo de qué le llaman Negro?

Tengo yo entendido,

que se les conoce así en el argot literario,

a los escritores que escriben libros pa otros sin firmarlos.

Más que negros, se les debería llamar tontos.

Mujer, sus buenas pesetas va a sacar por escribir mi autobiografía.

Aun así, tanto como auto, no sé si debería llamarla.

Que usted no va a juntar dos letras pa escribirlo.

Debería llamarle biografía y ya está.

Quita, que lo escribirá el susodicho,

pero con todo lo que servidora le cuente.

Entonces, ni auto ni biografía,

que, conociéndola, va a contar uste lo que le interese.

Digo. Lo que me interese a mí y a mis lectores,

que mis fanes no van a querer leer tristezas ni episodios escabrosos.

Y en cuanto a que sea negro-blanco, negro-negro quien las escriba,

no hay nada malo en ello.

Si se le dan las letras con más soltura que a una,

mejor para los lectores.

No sé si esto está bien, señora.

No lo sabes porque eres muy ingenua.

Y chitón.

No le cuentes a nadie lo que te he dicho.

A los ojos de todos, el libro lo he escrito yo.

Y punto redondo.

(Puerta)

No te quedes ahí como un pasmarote, ve a ver quién es.

Esta muchacha no comprende nada.

Señora, tiene visita.

Querida, Bellita, ¿qué es eso que he oído de que va a escribir un libro?

No la han engañado, estimada amiga,

a mí siempre me ha encantado escribir,

y he aprovechado el lanzamiento de la colección de discos

para escribir mi autobiografía. -(ROSINA RÍE)

Nunca pensé que tu padre pudiese ponerse de parte de Aurelio.

Sin duda, tendrá sus razones, mi padre sabe apreciar un buen negocio.

¿Aunque el tal negocio sea que más que dudoso?

Mira, Miguel,

ni conozco la empresa de mi padre ni estoy al tanto de sus actividades.

Él nunca ha querido que me involucrara en sus negocios.

Pero estoy segura que ni siquiera se plantearía algo

que no fuese intachable.

Yo también creía lo mismo hasta ayer.

Pero me equivocaba.

No debí dejar que me convenciera de retirar mi dimisión.

Deberías estarle agradecido,

así tendrás más tiempo para meditar tu decisión.

Ya verás como seguir su consejo es lo que finalmente más te conviene.

¿Aunque eso signifique vender mi alma?

Miguel, ya me estoy cansado de tu actitud.

Deja de sugerir una actitud reprochable en mi padre.

Eres tú el que parece excesivamente nervioso.

No ves más que fantasmas por todas partes.

Fantasmas que, por desgracia, son muy reales.

¿No te das cuenta que son cosas como esta las que nos están distanciando?

No, Anabel,

eres tú la que se está apartando de mí.

¿Yo? -Sí, tú.

¿Acaso soy yo la que se comporta de forma tan extraña

ocultándome continuamente quién sabe el qué?

No sé a qué te refieres.

No, Miguel, lo sabes perfectamente.

Nunca me aclaraste porque fue mi padre a Asturias en tu lugar.

¿Qué fue eso tan misterioso que te impidió partir como planeabas?

Discúlpame,

pero no creo que seas quién para acusarme de ocultarte cosas.

Lo que me faltaba por escuchar, ahora me atacas.

Soledad, haga el favor de venir.

¿Qué desea, señorita?

Acompañe a la puerta a Miguel.

El señor ya se marcha.

Si me acompaña.

Miguel,

cuando decidas dejar de comportarte como un mozalbete inmaduro

y repleto de inseguridades, dame aviso.

Gracias.

(Se cierra la puerta)

(Suenan las campanas)

Qué agradable sorpresa, Genoveva.

Permítame que le diga que está usted espectacular.

Siento envidia de nuestro Señor,

ya que recibe en su casa visitas tan bellas.

No tenga celos de él, Aurelio.

No es a Dios al que he ido a ver, sino a nuestro párroco.

He tenido una interesante conversación sobre ustedes dos.

Al parecer, últimamente, habla mucho con él sobre el mismo tema.

Y con resultados cada vez más positivos.

¿Ha olvidado las fobias que parecía compartir sobre los criollos?

Y no solo eso, ahora está encantado de tenerles como feligreses.

Tenía usted razón, Genoveva, los donativos obran... milagros.

No solo el dinero da resultados, también mis palabras apoyándoles.

Por las que le estemos muy agradecidos.

Don Hilario no solo ha olvidado los discursos de doña Susana,

ahora está completamente dispuesto a que cese tal odio irracional.

Una lástima que doña Susana tenga el corazón más duro que el párroco.

Por ahora, pero don Hilario piensa llamarla a capítulo.

Y siendo tan religiosa,

no se opondrá a la palabra de su párroco.

Ténganlo seguro.

No sabe cuánto me alegra escucharlo, Genoveva.

Estaba deseando que concluyera este episodio de una vez.

Ya ve que no me equivocaba,

valía la pena ganarse a don Hilario para su causa.

Puede ser un gran aliado,

yo misma lo he podido comprobar en más de una ocasión.

Aun así, ya sabe mi opinión sobre los religiosos,

los detesto profundamente.

Querido, Aurelio, aquí lo importante es lo contrario,

que ellos no le detesten a usted.

Tiene razón, hermano, gracias al sacerdote todo se ha solucionado.

Gracias a él no,

gracias a la suma que ha recibido en forma de donativo.

Suma que le ha hecho ver la luz en este asunto turbio.

Ha insistido en que llegó la hora de la reconciliación entre vecinos.

Según sus propias palabras, hay que amar al prójimo como a uno mismo.

Y al dinero un poquito más.

"Y al dinero un poquito más".

Con Dios. Con Dios.

-Señor, tómese la tisana antes de que se le enfríe,

ya verá cómo le reconforta.

Ojalá, Casilda,

me he levantado con un dolor de cabeza que me está matando.

No quiero ser indiscreta,

pero ¿su malestar no será por las preocupaciones?

Pues no, por una vez y a pesar de la que está cayendo en medio mundo,

no tengo nada de lo que quejarme.

Entonces, es uste afortunao.

Calla, que igual no dura mucho.

Las desdichas, al contrario que el pelo,

nunca te abandonan del todo.

En tal caso, no cabe duda de que su malestar se debe

a la buena persona que es.

Agradezco el cumplido,

pero ya me dirás por qué la bondad puede dar jaqueca.

Verde y con asas.

No tiene preocupaciones propias,

y se desvive por las preocupaciones de sus vecinos y amigos.

Al final vas a tener razón.

Desde que estalló la guerra, no dejo de pensar en cómo estará Felipe,

pienso mucho en él.

Tampoco dejo de pensar en mi tía.

Lo preocupada que está por Armando y lo que pueda ocurrirle...

También pienso mucho en la enfermedad de Lolita.

No me quiero imaginar qué será de los Palacios si ella falta.

Los Palacios y todos.

yo tengo el alma rota por mi amiga.

(Puerta)

¿Quién será?

Vuelvo en un suspiro.

¿Qué quieres, Servando?

Poca cosa, a ver qué piensan en la casa sobre el diario de ayer.

¿Y no puede esperar? No, no puede esperar.

Servando, que al señor le duele la cabeza, márchese.

¡Don Liberto!

Servando, váyase. Que no.

Qué niña.

¿Qué ocurre Servando?

¿Ha visto la publicación del diario de ayer?

"El checoslovaco duque de Swarowsky

se ha casado con la princesa prusiana".

Pues enhorabuena.

No estoy para juegos, ¿por qué tiene que importarme?

Fíjese usted bien en el retrato que acompaña al texto.

El novio, es el que está al lado de la rubia con las flores.

Lo sé, siempre suele ser así.

Y... ¿Y qué?

¿Y no le es familiar el tal duque?

Es clavado a don Armando, el esposo de su tía.

-A ver.

Es verdad, se da un aire.

¿Aire? Un aire que resfría, mujer.

Son como dos gotas de agua.

Y dos gotas de agua clavaditas.

Sí que se parece mucho, pero es imposible que sea don Armando.

¿Y eso por qué?

Por lo que has dicho, que está casado con mi tía.

Además, don Armando es más alto que ese señor.

En los retratos no se aprecia la estatura,

lo mismo la prusiana esta es muy alta.

Tengo entendido que en Prusia, las mujeres no son tan bajitas como tú.

Que no, Servando, no puede ser.

Que don Armando ni es checoslovaco,

ni es duque ni se ha casado, es imposible que sea este hombre.

Que no es imposible, estoy seguro de que ese es don Armando.

Me da a mí que el dolor de cabeza no se le va a quitar tan fácilmente.

Dígame, padre, ¿cómo la ha encontrado?

Descansa tranquila.

Su rostro refleja tanta paz...

Ya, una paz que puede ser eterna.

Padre, temo que nunca vaya a despertar.

Hijo mío,

nadie sabe de antemano los designios del Señor,

pero no dudes que, pase lo que pase,

será lo más conveniente.

Pero ¿cómo va a ser conveniente que el Señor se la lleve?

Su esposa es una buena sierva de Dios,

una esposa y madre ejemplares.

EL Señor lo tendrá en cuenta cuando decida su destino.

El único destino que debe tener Lolita es vivir

para ver crecer a su hijo.

Ella es la mejor mujer del mundo,

yo soy tan solo un miserable pecador.

Si alguien tiene que dejar este mundo, soy yo, no ella.

No digas eso, solo Dios nos puede juzgar.

No funciona así.

¿Y por qué no?

Estoy dispuesto a hacer cualquier sacrifico

con gusto cambiaría yo mi vida por la suya.

¿Qué puedo hacer? Dígamelo.

¿Qué puedo hacer para que este pobre ángel se salve?

Lo único que puedes hacer es resignarte,

esperar y aceptar los designios del Señor.

Dios es compasivo escuchará nuestros rezos.

¿Y si no es suficiente y se la lleva finalmente de mi lado, qué?

En tal caso, sus motivos tendría.

Y el tiempo nos haría comprenderlos.

Lo siento, padre, pero creo que se equivoca, nada podría justificarlo.

Si me permite, déjeme a solas con ella.

Le acompaño a la puerta. -Muy bien.

Rezaré por la recuperación de Lolita,

ahora es lo único que podemos hacer.

-Así que, ¿se va de viaje? No sabía nada.

Estabas tan atareado y preocupado

que no encontré la ocasión de comentártelo.

¿Y adónde va?

Y, lo más importante, ¿por qué motivo?

Voy a mi pueblo natal.

No me ha respondido a la segunda pregunta.

¿Por qué motivo?

Temo que la respuesta te disguste más.

Verás,...

voy en busca de un botín que tu abuela y yo enterramos hace tiempo,

para cuando vinieran mal dadas. -No puedo creerlo.

¿No habíamos quedado...?

Sí, que abandonaríamos nuestra carrera delictiva.

Pero nada dijimos de que renunciaríamos a sus frutos.

Eso se daba por hecho.

No puedo negarte que ese dinero es fruto de un delito,

pero ese delito ya ha prescrito,

que fue de los primeros golpes que dimos tu abuela y yo.

Qué buenos recuerdos, por cierto.

No es preciso que recurra a ese dinero tan mal logrado.

Tienes sus posibles, un negocio que poner en marcha

y la herencia de mis padres.

No voy a discutirlo más, muchacho.

Una cosa es abandonar la delincuencia,

y otra, renunciar a los ahorros de tantos años.

No se puede llamar ahorro al fruto de un robo,

hayan pasado un año o cuarenta.

Me prometió alejarse de la delincuencia

y de su pasado.

No hace falta que seas tan tiquismiquis.

Te aseguro que esta será la última vez.

Además,

no recuerdo tener más botines enterrados.

Aquí tiene un aperitivo, enseguida estará la comida.

Aguarda un momento, Soledad.

Cierra la puerta.

Su hija está en casa, señor. -Tranquila.

Esta vez no pretendo de ti nada indecoroso.

Solo quiero hacerte una pregunta y te pido que seas sincera.

Sé que estás al tanto de todo lo que sucede en la casa.

Solo hago mi trabajo.

Ya, pero... Dime, ¿qué sabes sobre Anabel?

¿Qué tal marchan sus amoríos con Miguel?

Si le digo la verdad,

no muy bien.

Hoy, prácticamente, le echó de casa.

¿Sabes por qué motivo discutieron?

No parecen precisar de mucha excusa para eso.

Últimamente están como el perro y el gato.

Ya.

Y en mi opinión,

ese muchacho es muy poca cosa para una mujer como Anabel.

Y creo...

¿Qué crees?

Sigue. -No, perdón.

Hay ciertas cuitas en las que no debería inmiscuirme.

A menos que yo te lo pida.

No solo creo que sea poca cosa para Anabel, también para su empresa.

Debería haber aceptado su dimisión como abogado.

Y luego dices que no estás al tanto de todo.

No pude evitar escuchar la conversación.

No sabía que fueras una experta en negocios.

No lo soy,

pero algo sí sé de asuntos del corazón.

Y lo que parece obvio es que Anabel y Miguel

han empezado a distanciarse.

Que el muchacho trabaje para usted,

no ayuda al desenlace del noviazgo.

Yo, sin embargo, creo que Miguel...

resolverá su situación positivamente

tanto con la empresa como con mi hija.

A ciertos hombres les cuesta madurar más que a las mujeres,

aunque al final lo hagan...

forzados por las circunstancias.

-La editorial me ha dicho que esta tarde vendrá a visitarte el Negro

para hacerte unas preguntas.

¿Y ese hombre tiene nombre

o como nunca firma sus trabajos no tiene costumbre de usarlo?

Tiene, tiene, se llama Jaime Huertas.

Mira, es bueno saberlo,

que dirigirme a él como Negro, no me parece educado.

Os dejaré a solas para que podáis hablar de tu comienzos.

Nunca me han gustado las entrevistas de los periodistas,

así que menos me gustarán las preguntas íntimas

que me pueda hacer ese biógrafo.

Ay, Jose,

¿tendré que contarle todas mis interioridades a ese hombre?

¿Cómo se te ocurre?

Ya te lo dije, le contarás lo que quieras contarle,

y punto,

que para eso es tu autobiografía, aunque vaya a escribirla otro.

Tú limítate a contarle y hablarle de tus comienzos,

tus éxitos, tus viajes por el mundo,

con eso ya va a tener para dos libros.

Sí.

Señores. Qué bien que les veo.

Han recibido carta.

¿Una carta? ¿Quién nos la envía? -La Arantxa.

Pensé que querrían leerla cuanto antes.

Y no te equivocabas, Jacinto.

Qué ilusión que nos escriba.

No esperemos a llegar a casa para leerla.

Ay, Jose, cuéntame lo que dice,

que tengo el corazón en un puño.

Descuida, amor mío, que no pueden ser mejores noticias.

Anuncia que ya se ha casado con Cesáreo.

Ay, cuánto me alegra saberlo.

Que viven felices en su tierra.

Mandan recuerdos para todos y mensajes de alegría.

Se les echa de menos.

Y yo, señora, el Cesáreo se hacía de querer.

Muy buenas.

Doña Bellita, he oído que va a escribir un libro.

No se habla de otra cosa en la escalera.

Así es, he decidido publicar mis memorias.

Arrea,

¿y lo va a hacer uste sola?

Pues claro que sí, chiquilla, mi "arma".

¿Quién podría hacerlo mejor?

Una siempre ha tenido su habilidad con la pluma.

Así es mi mujer,

lo mismo te canta una copla que te escribe un libro.

Ya veréis como es todo un éxito.

(Puerta)

Aguarda aquí, ahora vendrá mi padre.

Aguarda, Anabel, también venía a hablar contigo.

Pues podrías haberte ahorrado el viaje.

Nada tenemos que decirnos.

La última vez que hablamos me dejaste con la palabra en la boca.

Me acusaste de embustero

y ni siquiera me diste tiempo a explicarme.

Debemos zanjar este asunto.

Mira, Aurelio,

si algo tengo claro,

es que no quiero dejarme enredar por tus palabras.

Nunca más.

Me lo he jurado a mí misma.

(Puerta)

Buenos días. -Buenos días.

¿Quería verme? -Sí.

Les dejo solos, padre.

¿Y bien?

Le he hecho una pregunta.

¿Qué le trae por mi casa?

Disculpe,...

tan solo quería manifestarle que lamento las diferencias

que tuvimos ayer con Miguel.

Entiendo usted estará molesto.

¿Por qué? Tales diferencias no son extrañas en los negocios.

Ya, pero usted se encuentra entre dos fuerzas,

en todo lo referente a nuestro abogado.

Por un lado, están los intereses de la empresa,

y por el otro, la relación con el que es novio de su hija.

Yo, sin embargo, solo tengo que velar

por la empresa, y es algo que no dejaré de hacer.

No hay de qué preocuparse.

He hablado personalmente con Miguel

y no habrá ningún problema al respecto.

No dudaba de que sabría diferenciar entre lo personal y lo profesional.

La pregunta es,

si Miguel Olmedo será capar de hacer lo mismo.

Permítame dudarlo.

Doña Susana, en persona,

me ha asesorado para comprarle un regalo al embajador de Italia.

¿Qué ha dicho cuando supo que fui yo quien la invitó?

Nada. Apenas podía articular palabra.

Pero tendría que haber visto su cara.

Me hubiese encantado.

No hay nada que me guste más que poner a la gente en su lugar.

En eso compartimos afición, querida amiga.

Su padre, don Salustiano, debe ser un hombre muy poderoso

para conseguir que su hija sea invitada a semejante evento.

Lo es. No se hace usted idea.

A pesar de los cambios en el gobierno del país,

mi padre es uno de los hombres más influyentes de nuestra república.

Y dígame,

¿qué ropa va a ponerse para el evento?

Un precioso vestido largo... y elegante.

Estoy deseando estrenarlo.

Espero que este pequeño presente le haga justicia.

¿Es para mí?

Ajá.

¡Una tiara de brillantes! ¿Le gusta?

¿Cómo podría no hacerlo? Pero le habrá costado una fortuna.

¿De qué sirve el dinero si no podemos agasajar

a las personas que estimamos?

Al verla en la joyería me acordé de usted. Pruébesela.

Es un pequeño detalle por la invitación a la embajada.

Déjeme a mí.

La luciré encantada.

-"Qué envidia,"

de luna de miel en San Sebastián, con lo bonito que debe ser aquello.

Precioso, Alodia. Y se come como en ningún sitio.

Que la cocina vasca es de las mejores del mundo entero.

Ocasión tendré de probarla,

que Arantxa me ha enviado unas recetas.

Más agradecida estoy yo, que volveré a comer tales delicias.

Hablando de comida,

he preparado una exquisita merienda al Negro.

Ya no le llames así, que al parecer tiene nombre.

Y, por cierto, ya se está retrasando.

Ya sabe cómo son los escritores, no tienen parné ni pa relojes.

Y perdone que insista, pero sigo sin comprenderlo.

Uste le va a contar su vida a ese hombre,

y después, él la escribe, ¿no?

Así es, Alodia, por fin pareces entenderlo.

Y he de reconocerte que estoy algo nerviosa.

Hay cosas que no me agradaría rememorar,

como cuando Margarita atentó contra mi vida.

Pero Jose me ha asegurado que puedo contarle lo que me entre en gana.

Ya se arreglará el escritor como pueda.

Pues menos mal.

Que las intimidades no son pa contárselas a los desconocidos,

por muy escritor que sea. -(ASIENTE)

(Puerta)

ay, debe ser él.

Ve a abrir.

Señora, tiene visita.

Aquí tiene al Ne... A don Jaime Huertas.

Don Jaime, haga el favor de pasar.

Al parecer, vamos a pasar unas cuantas horas conversando.

Sí, así es. Debo saberlo todo de usted

y buscar la verdadera esencia

que pueda atrapar a los futuros lectores.

La esencia. Ni que fuera una un perfume.

Descuide, todo irá sobre ruedas.

Si le parece, empezaremos por sus inicios en el cante.

Claro. -¿No quiere comer algo antes?

Discúlpeme, pero si no le importa, prefiero comenzar cuanto antes.

Cuénteme el origen de la gran Bellita del Campo.

-"No puedo creerlo,"

Genoveva invitada a una recepción en la embajada italiana.

Qué envidia.

A mí lo que me cuesta creer es que quien la ha invitado

sea Natalia Quesada.

Se ve que la mexicana goza de muy buenas relaciones.

Sí, y Genoveva no ha perdido ocasión

de restregármelo por la cara.

¿Por qué crees que me ha pedido ayuda

para comprar el regalo al embajador?

Mujer, lo mismo ha sido así porque confía en tu buen gusto.

Quería dejarme claro que no tengo que estar a malas

con los dos hermanos,

que son muy poderosos.

Ves fantasmas donde no los hay.

Genoveva tiene mucho poder como para no necesitar a Natalia

para ser invitada donde le plazca.

Además, no te echaría nada en cara porque te considera su amiga.

Amigo es el ratón del queso.

Genoveva no da puntada sin hilo,

si me contó lo de la embajada italiana

es porque quiere seguir defendiendo a Natalia Quesada.

Y, a su vez, si defiende a esa mujer es, porque quiere algo de ella.

De ella o de su hermano.

Que hay que reconocer que el criollo está de muy buen ver.

El tal Aurelio es un hombre atractivo

e interesante.

Quizá Genoveva, no sé...

Deberías avergonzarte, Rosina.

Genoveva será lo que sea,

pero es una mujer enamorada de su marido, sufriente por su abandono.

Ya, pero las penas con vino,

o atractivos muchachos, como en este caso, son menos.

Calla, calla, calla.

Lo que ha pasado Genoveva con Felipe

no se puede recopilar en un libro.

Hablando de libros,

¿sabes que Bellita va a escribir sus memorias?

¿Qué?

Pues no, no lo sabía, no tenía ni idea.

Lo que oyes.

No hay arte que se le resista a nuestra vecina.

Pero bueno, ¿qué hace Casilda en el quiosco?

Yo diría que vender periódicos.

No le pago para eso, sino para que cuide de mi casa.

¡Vamos!

Muchas gracias.

Casilda, ¿qué haces aquí? ¿Dónde está Indalecia?

Temple, señora,

Indalecia ha ido un momento al baño y me ha pedido que la sustituya.

Qué fácil es hacer favores cuando tu tiempo no te pertenece.

Soy yo la que te paga.

Ya, no lo olvido.

De hecho, recuerde que le pedí un aumento.

Da gracias a que no te ponga de patitas en la calle. ¡Para casa!

Aguarde, señora, que ahora mismo viene la Indalecia.

Por cierto,

¿les ha comentado don Liberto lo del retrato que salió ayer

en el periódico, ese hombre que se parece tanto a don Armando?

¿De qué diantres hablas ahora, Casilda?

¿Qué retrato es ese?

Por aquí debe quedar algún ejemplar.

Mire, aquí, aquí.

¿Han visto, a qué se parece mucho a don Armando?

¿Cómo no se va a parecer?, si es mi Armando en persona.

Bueno, mujer, hay que reconocer que el parecido es asombroso,

pero tampoco puedes estar segura de que sea él.

Sí que puedo estarlo.

Esa levita se la confeccioné con mis propias manos.

A lo mejor se la ha dejado al duque ese, no sé.

Se parece una barbaridad, pero su marido es más alto que ese pollo.

El periódico dice

que se ha casado con una princesa prusiana.

¿Eso es posible?

No te pongas en lo peor,

quizás don Armando tiene un hermano gemelo checo

y se ha olvidado de comentártelo.

A las buenas, Casilda.

A las buenas.

Haga el favor de venderme el ramo de flores más bello que tenga.

Sí.

¿Qué le parece este?

Eh...

Casi que me gusta más el de las flores naranjas.

Ah.

Deme un segundo, que enseguida se lo preparo.

Perfecto. Muchas gracias.

-Bueno, pues ha llegado el momento de partir.

Aguarda, tu nieto está ahí fuera

y es mejor que no te vea.

Te he preparado unos paquetes con unas viandas

para nuestro hijo y su mujer.

Son unos chorizos de esos que tanto le gustaban.

Mira que en la cárcel no se come bien, por muy suiza que sea.

Tienes razón, sí.

Dile que le echo mucho de menos,

y que se cuide.

Y dale un beso muy fuerte.

Se lo daré en tu nombre.

Tú cuídate mucho, amor mío,

que no están las cosas en Europa como para andar haciendo turismo.

Descuida, que estaré de vuelta antes de que puedas contar tres.

Ay, Roberto.

Oye,...

¿no se te ocurrirá dejarme por una suiza de esas?

Anda, anda, qué dices.

No sería tan raro,

que una ya está mayor, y al parecer,

jubilada de su verdadero oficio.

Sabina, renunciar a mi vocación se me ha hecho un mundo,

pero la simple idea de perderte, me aterra más que la misma muerte.

Seguiremos adelante.

Sí, Roberto,...

adelante.

Por el amor que le tenemos a nuestro nieto.

Aurelio, ¿qué haces aquí?

Esperarte.

¿Vas a dar tu paseo vespertino, no es cierto?

Al parecer, te sabes mis horarios tan bien como yo.

¿Puedo acompañarte?

Yo creo que con esto...

Ya he anotado todo sobre sus inicios.

En tal caso, quizás deberíamos dejarlo por hoy.

No, no, no, de ninguna manera,

sería una pena abandonar ahora

una jornada de trabajo tan productiva.

Sobre todo ahora,

que ya podemos pasar a hablar de temas de mayor enjundia.

No le comprendo.

Es muy sencillo, querida.

Convendrá conmigo en que a nuestros ávidos lectores

les interesará, además de sus afamadas y andanzas artísticas,

los terribles sucesos que ha tenido que sufrir los últimos tiempos.

Me refiero, en concreto,

a ese pérfido intento de asesinato a manos de esa falsa amiga

y al admirador que hace poco la acosó ,

hasta el extremo de que tuvo que fingir su muerte.

¿No prefiere que le hable de alguna de mis giras por las Américas?

¿De verdad lo besó en la mejilla o fue en los labios?

¡Ya basta! Se terminó la entrevista.

¡Fuera de mi casa! -Doña...

¡Le digo que fuera de mi casa!

(Se cierra la puerta)

"Por favor, basta, basta ya".

¿Seguro?

Si no se va voluntariamente, tendré que echarla a la fuerza.

Sus palabras me apenan.

Váyase, por favor.

Como quiera.

Gracias, me alegro que haya entrado en razón.

Aun así,...

le diré que no suelto tan fácilmente a mi presa.

Seguro que hay más oportunidades.

No, no.

Ya le digo yo que no va a haber más oportunidades.

Puede que sus necesidades y su sentido de la felicidad cambien.

Si yo no hubiera sido tan cobarde, cariño,

si te hubiera contado la verdad,

a lo mejor nada de esto habría pasado.

Hijo,...

descansa un poco.

Yo velaré a Lolita por ti.

Mañana puedes seguir cuidándola.

¿Y si no hay mañana, qué?

No me quiero separar de ella ni un segundo,

puede que ese segundo sea el último.

Antonio, hijo, no puedes rendirte.

Eso ya no depende de mí, padre, depende de ella.

Mírela, si parece que está entregada a la muerte.

A lo largo del día ha habido varios momentos en los que...

parecía que el final había llegado, porque no...

Creía que había dejado de respirar.

Hijo mío,...

si pudiera encontrar palabras que te dieran consuelo.

Puede darme un abrazo.

Aurelio, tu insistencia empieza a resultarme un infierno.

Hay una manera sencilla de arreglarlo, habla conmigo.

¡Por favor, Anabel, no puedo perseguirte toda la vida!

¡Anabel, para, por favor! -¡Está bien!

Parece ser la única manera de que me dejes en paz.

Pero, por tu bien, sé breve.

Mi paciencia tiene un límite y tú la has transcendido.

Descuida, seré conciso

y, lo más importante, seré sincero.

Anabel,

ha llegado la hora...

de que hablemos... sobre la muerte de Carlos Armijo.

Poco puedes decirme que yo no sepa.

Le arrebataron la vida a traición... y tengo delante de mí a su asesino.

No, te equivocas.

Yo no maté a Carlos.

Fue mi padre, don Salustiano Quesada,

quien estuvo detrás de su asesinato.

¿Vas a echarle la culpa a tu padre?

Y algo más.

Tu padre también estuvo involucrado.

Mientes. -No.

No miento.

Estaban furiosos con él.

Ambos acordaron que tú y yo nos casásemos,

a pesar de que, oficialmente,

tu pretendiente fuese Carlos.

Un amor que podría estropear sus planes.

De modo, que...

mi padre...

ordenó a sus esbirros que solucionaran el problema.

Una orden que, desgraciadamente, yo no pude evitar.

Anabel,...

yo no soy el monstruo que tú pensabas que era.

Aurelio, yo... -No, espera, déjame acabar.

Pese a la terrible humillación que me supuso...

tu abandono en el altar,...

nunca he dejado de amarte.

Anabel...

Anabel, yo te adoro,

en contra toda lógica y orgullo.

Doctor.

¿Qué ocurre?

¿Algo va mal?

Si no me lo explicas, hablaré con Huertas pa que me informe.

Uy, ¡antes te corto la mano!

¡Ni libra ni libro ni Cristo que lo fundó, ¿te has enterao?!

A mí solamente me gustaría que dejaras de verme...

como a un asesino desalmado.

¿Crees que es posible?

Estoy solo y desolao.

¿Cómo que solo y desolao?

¿No te cuido yo a cuerpo de rey?

Sí, muy bien que lo haces, pero como la mujer de uno no hay na.

Pues vaya.

No confías en mí.

¿Debería?

Usted y el abuelo llevan años mintiéndome.

Bueno, nunca lo pretendimos, es que...

Por favor, abuela, no se justifique.

Aurelio,...

estoy preocupada por Anabel.

Por favor, no le hagas daño.

No juegues con ella.

Descuida.

No se me ocurriría tocarla.

Te he dicho que salí a pasear, ¿qué más te da por dónde?

Reconoce que no es lo mismo un sitio que otro.

¿Se puede saber a qué viene ese interrogatorio?

Teniendo en cuenta la profesión de Armando,

¿quién le dice que no esté en una misión secreta?

Secreta, y tan secreta.

Hay actitudes que no caben a confusión, Antoñito.

Anabel y Aurelio estaban tonteando.

"Quería pedirte que te hicieras cargo de las prendas

y los objetos personales de Felicia".

"He hablado con Camino, su hija, y no está interesada en nada".

"No te preocupes, lo haré".

¿Cuándo pasaremos a la acción con Marcos Bacigalupe?

(SONRÍE)

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Acacias 38 - Capítulo 1336

25 sep 2020

Marcos no acepta la dimisión de Miguel como abogado de la empresa. Aunque recapacita gracias al consejo de Soledad, que está influenciada por Aurelio.
Bellita presume de autobiografía delante de sus amigas mientras Alodia se muerde la lengua para no desvelar que ella no va a escribir una sola palabra. La folclórica conoce al escritor ¡y le echa con cajas destempladas de la casa!
Anabel intenta hacer recapacitar a Miguel y él lo interpreta como un acercamiento. Pero más tarde encuentra a Anabel recibiendo el consuelo de Aurelio. Porque el militar acaba de contarle a la muchacha que él nada tuvo que ver con la muerte de Carlos Armijo.
Revuelo en el barrio cuando aparece en el periódico una foto de Armando ¡casándose con otra mujer!
Antoñito está desconsolado y tras el fracaso del medicamento de Ramón y Cajal asume que Lolita se le va para siempre… O quizás no. Porque Lolita despierta en su habitación del hospital.

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  1. Maria Renee Berdecio

    Les rogaria que todos los programas tengan los subtitulos porque como no oigo bien, los programas que se pueden activar los subtitulos son muy buenos me facilitan seguir la serie perfectamente. Atentamente, Maria Renee Berdecio desde La PAz - Bolivia Gracias.

    29 sep 2020