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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1332 - ver ahora
Transcripción completa

Miguel tiene derecho a saber que no es huérfano como él pensaba,

que sus padres están vivitos y coleando.

¡Nunca, Sabina, nunca!

Si entra en mi casa,

será estrictamente por motivos empresariales.

Nada tiene que buscar con mi hija. ¡¿Le ha quedado claro?!

Señor Cuevas, ¿está ya en Viena? Felipe se ha reunido con su hijo.

No, de momento no haga nada más. Aguarde mis instrucciones.

Necesito que salve la vida de mi esposa.

Yo no hago milagros, solo soy un hombre de ciencia.

"Estoy loco por ti".

"No puedo esperar ni un segundo más".

(LEE) "Espero que estés bien". "Siempre te llevaré conmigo".

Seguro que mi esposo tiene información privilegiada.

Sabe que la guerra en Europa va a estallar y teme morir.

A Lolita le ha dado un síncope.

(LLORA)

-Y sobre ese disco que con tanto bombo has anunciao,

está bien, lo haré.

28 de julio de 1914.

Algo me dice que tardaremos en olvidarla.

Virgen santísima, devuelve la cordura a tu hijo piadosísimo,

el emperador Francisco José para que todo vuelva a la normalidad.

Ay, me has asustado, hijo.

¿Se puede saber por qué está tan seria?

Rezaba por Armando.

Se nos avecinan días terribles, ¿has leído los periódicos?

Sí.

Esperemos que la declaración de guerra sea solo un calentón.

Se acerca una gran desgracia.

Armando ya me lo avisó en el telegrama.

Fueron palabras muy inquietantes.

“Espero que estéis bien. Susana, siempre te llevaré conmigo".

A mí, todo esto me resulta algo premonitorio,

como si quisiera prevenirle de algo terrible.

Esta guerra no solo amenaza la vida de mi esposo,

sino la de miles de hombres de bien.

Mis plegarías son más necesarias que nunca.

Nos queda el consuelo de saber lejano este conflicto.

También estaban lejos Cuba y Filipinas,

y recuerda cuánto dolor y muerte nos ha traído.

Ahora solo queda esperar que el Gobierno sea sensato

y se mantenga neutral ante una posible guerra.

Una guerra que ni nos va ni nos viene.

Tía, Armando es diplomático,

su trabajo está en París,

no en el campo de batalla, no tema por él.

Por si acaso, me gustaría seguir con mis plegarias.

Haga lo que su corazón y conciencia le dicten,

no la molesto.

Muy provisto de diarios te veo.

Don Liberto. Sí, y todos para la pensión.

Se han puesto de acuerdo los clientes para pedirme la prensa.

La incertidumbre es enorme, todos queremos estar informados.

Buena debe estar su tía pensando en el sino de don Armando.

Ahí la tienes, está muy preocupada,

no termina de creerse que Armando esté a salvo en París.

Y no es para menos,

que el Imperio austrohúngaro nunca se ha llevado bien con Francia.

Quién sabe si los franceses son los siguientes en ser atacados.

No seas tan alarmista.

Solo faltaba que te escuchara mi tía.

Hala, con Dios.

Aleja esta desgracia, santa madre de Dios,

que nunca llegue la fatalidad a fronteras galas,

y mucho menos, a tierras hispanas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres...

(Sintonía de "Acacias 38")

Jacinto, te voy a pedir un favor. -Dime.

¿Te encargas tú de llevárselos a los vecinos?

Sí, ahora me encargo yo.

Te lo agradezco, que aún tengo que llevar otros cuantos al 32,

que los están esperando.

Buena caja estarás haciendo con el asunto de la guerra.

Servidora entiende poco y mal,

pero la cosa debe ser grave por el revuelo que se ha montado.

Buenas.

Indalecia, ¿tienes algún ejemplar suelto?

Mi señora me lo ha pedido y ya está agotado.

Los que me quedan ya están pagados y los estoy repartiendo.

Si quieres, te cuento lo que dice y das parte a tu señora.

Quita, quita.

Tengo muy mal cuerpo con lo que le ha pasao a la Lola,

no quiero añadir más carga. -¿Ha tenido alguna recaída nueva?

Sigue en cama desde el jamacuco que le dio hace dos días.

Muy mala tiene que estar pa estar acostá.

Como que una solo tiene ganas de rezar y pedir por ella.

No nos queda otra, Casilda.

Fijaos, ayer, al final del rosario,

me di cuenta de que me había dejao el fuego encendido.

Menos mal que quedó en un susto.

Cuidado, no la vayas a liar con tanto rezo.

Jacinto, rezar nunca viene mal.

No sé qué decirte,

últimamente siento que solo sirve pa aliviar un poco el espíritu.

Las plegarias son milagrosas,

y si alguien puede curar a Lolita, son los santos y las vírgenes.

No te hacía yo tan piadosa, Indalecia.

Pero no con cualquiera.

En mi pueblo le tenemos mucha devoción al dedo de san Eleuterio,

ese sí que es milagroso.

¿Un dedo milagroso? -Como este.

Lo dejó en la parroquia un peregrino hace un montón de años.

El hombre tenía maneras de santo. -¿Eleuterio o el que dejó el dedo?

El peregrino, mujer, ¿cómo va a ser Eleuterio si murió hace muchísimo?

Ah.

Bien tieso tiene que estar el dedo si ha pasado tanto tiempo.

Quien lo ha visto, dice que es un dedo chiquitito, chiquitito.

No me des más detalles, qué asco.

La cosa es que quien reza y besa

esa reliquia, muchas veces acaba curándose.

Ya me cuesta creer que solo rezando se arregle nada,

como pa creer que lo va a arreglar un dedo chiquitito.

Yo solo digo que no es cosa mía,

que todo el pueblo ha visto los milagros que hace.

Eso no son más que supercherías sin fundamento, Indalecia.

Me subo ya antes de que mi señora se ponga nerviosa.

Marcho yo también.

Ah, por cierto, Jacinto, dile a los señores

que les apunto los periódicos en la cuenta del quiosco.

Jacinto, ¿me has escuchado?

Sí, sí, sí, sí.

Oye, qué curiosa la historia del dedo de san Eleuterio.

Y milagrosa la historia, diga lo que diga la Casilda.

No quiero separarme de su lado, padre.

Hijo, Lolita necesita descansar a solas.

Yo solo voy a estar a su lado,

velando su sueño, en silencio, se lo prometo.

Antoñito, si Lolita siente que estamos allí,

fingirá que se encuentra bien para no preocuparnos.

Puede que no esté fingiendo.

No, Antoñito, cada vez está más débil.

Desde que le dio el síncope, no ha comido nada.

Y ya sabes lo que dijo el médico.

Los tónicos que le estamos dando solo sirven para aliviar,

no para curar.

Solo nos queda confiar en el doctor Ramón y Cajal.

Lo mejor será no apremiarle...

e irse haciendo a la idea.

Lo siento, pero yo no me voy a poner en esa situación.

Puede que esa situación... no sea la peor.

¿Qué quiere decir?

Que prolongar la agonía...

no beneficia a nadie, a ninguno, ni a ella ni a nosotros.

Si lo que está sugiriendo es un desenlace rápido,

se puede reservar su opinión.

Antonio, no la pagues con Carmen, ella solo pretende ayudar.

¡Pues que se calle la boca!

Yo soy el único culpable del sufrimiento de Lolita.

No sé cómo pude ser tan necio.

No te culpes.

Lolita está enferma desde hace tiempo.

Padre, yo sabía que algo le pasaba, y no solo lo ignoré,

sino que lo hice más grande.

Ella estaba como loca enamorada de mí,

y yo le he arrebatado la alegría y la fuerza.

Hijo, por favor, no te ensañes contigo.

Que se nos va, padre, se nos va.

Que no merezco la compasión ni el perdón de nadie.

¿Adónde vas? -Me voy.

Necesito que me dé el aire un poco.

Cuando vuelva, estaré con ella en la habitación

y no me separaré de ella.

Me da exactamente igual lo que opinen.

Se comenta que los alemanes quieren entrar en Francia,

y quieren hacerlo por Bélgica.

Dudo que los belgas les dejen pasar.

Entonces, tendrán que asumir el riesgo de entrar en guerra.

Los alemanes van a salpicar toda Europa con sus ansias imperialistas.

Debemos estar preparados para lo peor.

O para lo mejor, según nuestros intereses.

Cuanto más países implicados haya,

más violenta será la contienda

y más armas necesitarán para mantener su status quo.

Y ahí estaremos nosotros

para ofrecerles... nuestras materias primas.

Sí. Nuestras materias primas.

Debemos de estar preparados para...

ser los primeros en atender todas sus necesidades.

No se nos puede adelantar nadie.

Mis contactos en Francia y en los Países Bajos están avisados.

Queda esperar a que salte la chispa para seguir con nuestro negocio.

(Ruido)

¿Soledad?

Soledad, ¿está usted ahí?

Les traía unas pastas para acompañar el café.

¿Nos estaba escuchando desde el pasillo?

Solo estaba pendiente por si los señores necesitaban cualquier cosa.

Le ha salido fisgona la criadita.

¿Me toma por estúpido? Nos estaba escuchando.

Si hay algo que detesto es el chismorreo, y menos en mi casa.

Si vuelvo a verla escuchando a escondidas, la pongo en la calle.

Sí, señor.

Ahora, deje lo que traía y retírese.

Cuando termine,

quiero tener una conversación larga y tendida con usted.

¿Ya está?

Ha sido muy benévolo con la criada.

Yo le habría quitado las ganas de cotillear para siempre.

Estamos en España, las cosas son diferentes.

En eso se equivoca,

son las personas las que hacen los lugares, no al revés.

¿Por dónde íbamos?

Por el inminente éxito de nuestro negocio.

Si las cosas siguen como están,

Francia no tardará en declarar la guerra al Imperio austrohúngaro.

Deles una semana, no creo que aguanten mucho más.

Roberto, no lo hemos comentado,

pero tenemos que hacernos con unas mantas para tapar los muebles

y que no se manchen de pintura.

Bueno, ya lo andaremos cuando vengan los pintores.

Mejor prevenir, ¿no?

Y tenemos que decidir de qué color pintamos las paredes.

Yo ya te dije que las pondría blancas.

¿Qué tiene de malo?

Pues que es muy sucio y soso.

Con lo fino que quedaría un tono asalmonado.

¿"Asalmonado"? Di rosa.

Llama al color por su nombre. -Si lo pintamos de blanco,

va a parecer un consultorio médico, no un restaurante.

Ya, pero el blanco le daría más luz y amplitud.

¿Y para qué tanta luz? ¿Vas a operar aquí a los clientes?

Sigues molesta por la discusión del otro día, ¿verdad?

Fuiste muy brusco conmigo.

Porque no entrabas en razón.

Y sigo sin entrar.

Creo que Miguel debería saber que sus padres no están muertos.

Y yo te recuerdo que prometimos guardar silencio.

Vamos a ver, ¿cómo le vamos a decir ahora

a Miguel que sus padres están cumpliendo condena por un atraco?

Un atraco que podía haber hecho historia,

si no fuera por la mala cabeza de nuestro hijo y su mujer.

Deja de culparles, que bastante castigo han tenido ya.

Si es que, no tenían que haber herido a nadie,

ni dejarse pillar.

¡Menuda calamidad!

La vergüenza de la profesión y de la familia.

Templa Sabina, que ya no podemos volver atrás.

Qué diferente hubiera sido todo.

Toma. Bájate esto.

Operadora,

póngame con el hotel Intercontinental de Viena.

Quiero hablar con el señor Cuevas, se encuentra alojado allí.

Gracias, aguardo.

Tenías que irte a Viena, Felipe,

precisamente a Viena.

Ni yéndote lejos me dejas vivir en paz.

Sí, sigo aquí.

¿Cómo que no le localiza?

¡Insista!

Me da igual que haya gente esperando,

insista hasta que lo consiga.

Tenías que haber convencido a mi tía para que viniera.

Se lo he dicho, pero ha preferido quedarse en casa rezando el rosario.

Y entiendo su congoja,

don Armando está en el ojo del huracán del conflicto.

En Viena ya están preparados para un ataque de los serbios.

¿A Viena no es a donde se ha ido don Felipe?

-Hay que ver, años sin ir a ver a Tano

y se le ocurre visitarlo en el peor momento.

Esperemos que al ser médico, no lo manden al frente a curar soldados.

Susana tiene razón, nos sobran motivos para estar preocupados.

Imagino que en el altillo también estaréis inquietos con todo esto.

Andamos más preocupados por la Lola que por lo que dicen los papeles.

Os entiendo.

La enfermedad de Lolita es un problema más cercano.

Cercano y que entendemos, señor.

No acabamos de comprender como tantos países entran en guerra.

-Eso es porque a vosotras os faltan unas cuantas luces.

Será eso.

-Casilda, yo puedo explicártelo.

Se lo agradecería, señor,

así se lo cuento a los demás y no quedamos de ignorantes.

A ver, ¿recuerdas el atentado de hace un mes

en el que falleció el heredero del Imperio austrohúngaro?

Sí, algo me suena.

Pues se dice que detrás de esa muerte,

estaba el Gobierno de Serbia, de ahí la declaración de guerra.

Y entonces, ¿qué pintan los demás países en ese entierro?

Las relaciones entre ellos estaban muy deterioradas.

Este incidente es solo una excusa

para justificar la declaración de guerra.

Y nosotros, los españoles, ¿de qué lado estamos?

De momento, con nadie.

Habrá que ver si con el tiempo,

nuestros gobernantes apoyan al Imperio alemán o no.

Sea lo que sea, el miedo ya lo tenemos metido en el cuerpo.

Parece mentira que señores con tantas luces

no sepan capaces de ponerse de acuerdo para estar en paz.

Así debería ser, Casilda, así debería ser, pero no lo es.

(ROSINA SUSPIRA)

Fue ver este Paul Poiret en el escaparate y enamorarme.

Estoy deseando estrenarlo.

¿Seguro que quiere que lo acorte? -Solo un poco.

He visto que los vestidos de París empiezan a mostrar los tobillos.

Lo que haré, será hilvanarlo,

no sea que lo corte y luego se arrepienta.

He comprado unas medias de encaje para poder lucirlas

y que las vea todo el mundo.

¿Qué le parece?

Podríamos meter un poco el talle, para que le estilice la figura.

¿Y no sería mejor abrir el escote?

Me parece un poco atrevido, dudo que a su padre le guste.

Ya. -Pero lo que...

Pero sí podría ponerle una gasa o una transparencia,

quedaría más recatado.

Y más insulso. No, lo dejaré como está.

Podríamos poner un tocado.

Algo sencillo pero con un toque llamativo,

como una pluma o una flor del mismo color que el vestido.

Me gusta. Ha tenido una idea brillante.

A usted, pocas cosas le quedan mal, señorita.

Es joven, hermosa y tiene una figura envidiable.

Gracias, Soledad, es usted un amor.

Ya he terminado, se lo puede quitar.

Lo terminaré rápido para que se lo pueda poner cuanto antes.

Soledad, ¿puedo preguntarle algo?

Sí, claro.

¿Se acuerda cuando mi padre me dio dinero para ir de compras?

Sí. Sí, claro.

¿Qué hizo mi padre cuando me fui?

No lo sé.

¿Por qué lo pregunta?

Me dio la impresión de que quería deshacerse de mí,

que le molestaba mi presencia en la casa.

No me consta que hiciera nada especial.

¿No vino nadie a verle?

No, el señor no tuvo ninguna visita.

Serán impresiones mías, no me haga caso.

Señorita, ¿puedo preguntarle algo?

Me encantan estos momentos de confidencias.

Dígame. -¿Cómo era su madre?

¿Mi madre?

Perdone, estoy abusando de su confianza.

No, es normal que quiera saber.

Yo misma me siento culpable por apenas mencionarla con mi padre.

¿Acaso no eran felices?

Todo lo contrario.

Mi madre era una mujer excepcional.

Dulce, comprensiva, muy culta

y con un don único por agradar.

Su muerte sumió a mi padre en una profunda depresión,

fue terrible.

Y encima, enviudó por segunda vez.

Mi padre no ha tenido mucha suerte en los asuntos del corazón.

La vida no ha sido justa con él.

Su padre es joven.

Quién sabe si la vida le deparará otra oportunidad.

Créame que no hay nada que desee más.

Mi padre merece una mujer

que esté a su lado, que le entienda y le haga feliz,

como hizo mi madre en el pasado.

Bueno, me voy a cambiar.

No se me va de la cabeza el botín que nos podíamos haber llevado.

Buenas. -Hola, Miguel.

-Miguel.

¿Cómo llevan esas obras? -Bien,

ya casi hemos terminado.

Voy a echar un ojo, si no les importa.

Sí, claro, pero ten cuidado.

Tenemos que contarle la verdad de sus padres.

-Otra vez, no Sabina. Pensé que había quedado claro.

¿Y si empieza a indagar y se da de bruces con la verdad?

Eso sí que sería traumático.

No le vamos a contar nada, métete eso en la cabeza.

Hemos dejado nuestra anterior vida para no seguir con mentiras.

Miguel tiene derecho a saber toda la verdad.

No insistas más, Sabina, por favor.

Tenemos una responsabilidad con nuestro nieto.

No, en todo caso, la responsabilidad la tendrán sus padres.

Que le rindan cuentas cuando salgan de prisión en menos de un año.

Al menos, podríamos escribirles y ponerles al tanto de la situación.

No pienso escribir a nadie.

Pues lo haré yo,

y que ellos decidan qué hacer al respecto.

Les felicito por el buen trabajo que han hecho tapiando el túnel.

Alegren esas caras,

que cuando un túnel se cierra,

otro se abre en la vida,

el de la honestidad y la sinceridad.

Anda ya.

¿Ves como te ha venido bien salir a que te dé el aire?

Gracias por insistir, Rosina.

Tantos misterios gloriosos del rosario, me estaban volviendo loca.

Estar encerrada en casa solo sirve pa darle vueltas a la chaveta,

se lo digo por experiencia.

Y más estando rodeada de las cosas de Armando:

sus diplomas,

su gran Cruz del Mérito,

el retrato dedicado de su majestad.

Yo de usted, lo guardaba todo en un armario hasta que volviera,

que verlas no le hacen bien.

¿Y si hacemos una excursión a los campos de lavanda?

Hay uno cerca, podríamos pasar el día allí.

Con lo bonita que es esa flor y lo bien que huele.

¿Te animas, Susana?

La lavanda me recuerda a la Provenza,

que como saben, está en Francia,

justo donde está mi querido esposo,

concretamente, en el hotel Orly, de la capital francesa.

Vaya por Dios.

No puedo olvidarlo,

y más después del último telegrama,

que es todavía más extraño que el anterior.

¿Qué te dice en este?

Pues dice:

"Susana, no olvides que siempre has estado,

estás y estarás en mi corazón".

Uy, qué romántico.

Yo lo veo más como una despedida. -No seas agorera.

Bellita tiene razón, es una nota de amor, deberías estar contenta.

Entiendo que quieran animarme,

pero yo lo conozco, y sé que algo no marcha bien.

Ay, no se me venga abajo, doña Susana.

Ya verá como su marido y usted podrán venir juntos

a la presentación de mi nuevo disco.

Ojalá tenga razón y podamos disfrutar juntos

de sus nuevas canciones.

Aún no sé cuál será el repertorio,

pero puedo decirle que la cosa promete.

Con suerte, estará en la calle en un par de meses.

¿Dos meses?

¿Y no será precipitado después de lo que ha pasado con el loco ese?

De eso se trata, de aprovechar el tirón,

que ahora estoy en boca de todo el mundo.

Es ahora o nunca.

Mucha prisa se va a tener que dar si quiere cumplir esos plazos.

Una cosa es la tontería del iepa-iá...

¿A la genialidad se refiere usted?

Sí. La verdad es que funcionó de guinda,

pero ¿le va a dar tiempo a preparar todos temas?

Claro que sí, y si no, al tiempo.

Ya verán qué canciones tan maravillosas voy a grabar.

(Pasos)

¿Cómo está?

Me ha costado cambiarle las sábanas,

apenas puede incorporarse de la cama.

Quizás deberíamos buscar a alguien para que te ayude con esas tareas.

No, de momento no,

pero me temo que esto va a ir a peor.

Me niego a estar aquí de brazos cruzados.

Cálmate, hijo. Estamos haciendo todo lo posible.

Padre, déjese de palabras de consuelo,

no quiero ni que las diga ni yo escucharlas.

(Timbre)

Deja, ya abro yo.

Ha venido a vernos don Santiago.

Doctor. -Buenas tardes.

Señora.

Don Santiago, tome asiento, por favor.

¿Desea tomar algo? -No hace falta, gracias.

Bien,...

¿cómo sigue la paciente?

Muy débil.

Con lo charlatana que es, no tiene fuerzas ni para hablar.

Díganos, doctor, que trae buenas noticias.

¿Recuerda que le hablé de un medicamento en fase experimental?

Sí, el del equipo francés.

-Efectivamente, un laboratorio francés que lleva tiempo trabajando

sobre un compuesto para enfermedades similares a las de su esposa.

Entonces, ¿podemos administrárselo ya?

He de advertirles que todavía no ha sido probado en humanos.

Acaba de superar la fase de pruebas en animales,

eso sí, con resultados positivos.

Bueno, eso es maravilloso,

si funciona con animales, también funcionará en humanos.

En realidad, las cosas no son exactamente así.

-¿Cómo que no? Los humanos somos animales,

algunos tienen dos patas, otros cuatro,

pero compartimos biología.

Hijo, me temo que no es todo tan fácil.

Escucha al doctor.

Su padre tiene razón.

Muchos avances médicos fracasan precisamente

en esta última fase.

Aunque la biología animal presente muchas similitudes,

la complejidad humana

siempre supone una traba a la hora de aplicar

estos resultados con éxito.

Mire, doctor, ya se lo dije y se lo repito,

no tenemos nada que perder. -Usted no,

pero su mujer quizás sí.

¿A qué se refiere?

A que puede que no quiera servir de conejillo de indias.

Lolita quiere vivir y curarse,

da igual lo que tenga que hacer para ello.

No lo dudo,

pero necesito que sea ella quien dé la autorización

para emprender el tratamiento.

Doctor, mi hijo es su marido,

¿no podría él refrendar esa medicación?

Comprendo sus buenas intenciones,

pero los riesgos son altos,

y aplicar el tratamiento a espaldas de la paciente, no me parece ético.

Discúlpeme, doctor,

yo acabo de estar con ella,

y Lolita no está en condiciones para decidir nada.

En ese caso,...

no puedo incluirla en el estudio.

Créanme que lo siento, de verdad, pero...

dudo mucho que mis colegas franceses

quieran facilitarme el tratamiento dadas estas circunstancias.

Prepárame una tila y llévamela al salón.

¿No prefiere un chocolate con picatostes?

Lo acabo de preparar.

Una tila doble, que tengo los nervios de punta.

Ahora mismo, señora.

Muy alterá has vuelto tú de la calle.

Ay, José, que nos hemos precipitao con lo del disco.

¿Y eso a qué viene?

Viene a que no me da tiempo a buscar las canciones,

y mucho menos, a ensayarlas antes de la grabación.

¡Anda ya!

En peores plazas has toreao tú pa que me vengas con esas.

Que no, José,

que me has liado y yo me he dejao arrastrar como una tonta.

A ti te ha entrado el pánico escénico,

que es algo muy normal en los artistas,

pero se te pasará, en cuanto te arranques con un fandango.

Mira, tú y solo tú eres el culpable culpable de que esté así.

Ahora págala conmigo. -Digo.

Anunciaste lo del disco sin pedir mi opinión,

y ahora tengo que dar la cara delante de todos.

¿Y qué tiene eso de malo?

Tú eres una artista muy grande, y puedes con lo que te echen y más.

¿Y si fracaso qué?

Un fracaso a estas alturas es como enterrarte en vida,

y te recuerdo, que acabo de resucitar.

¿Te quieres calmar y dejar de decir tonterías?

"Tonterías".

Aquí tiene, señora, su infusión bien cargadita.

Gracias, Alodia.

Habla, José. ¿Qué me ibas a decir?

Yo na. Que no entiendo ese cambio.

Hace na, la idea de grabar un disco te parecía magnifica.

Porque tú me arrastraste.

Sí, pero tú estabas más ilusioná que un niño con zapatos nuevos.

En este caso, con disco nuevo.

Que no, José,

un disco no se hace de un día pa otro,

lleva su tiempo y su trabajo, y no sé si estoy preparada.

Estás preparada de sobra, ¿eh?,

Y no hay motivos pa tenerle miedo.

¿Te parecen poco motivos no tener ni una canción?

Será por canciones.

Si los músicos se pelean para regalarte sus temas.

¡Mira, José Miguel Domínguez,

escucharte me pone mala, que parece que no me escuchas!

¿Ahora te vas?

¡A mi cuarto, a ver si me asienta la tila!

Llévamela a mi cuarto, Alodia.

Menudo sofoco tiene la señora.

Ya se le pasará, no es la primera vez ni será la última.

¿Usted cree, señor? -Hazme caso.

Esto solo se soluciona con paciencia y mano izquierda.

Si usted lo dice.

Te ha dicho que se lo lleves a su habitación.

Tiene usté razón, sí.

-"Lo siento, señora Carmen,"

pero no me queda ni un periódico,

ni de la mañana ni de la tarde.

Vaya, pues qué pena,

quería llevarle alguno a Ramón o a Antoñito,

a ver si así se distraían, pero si no te quedan, pues nada.

Servando se llevó esta mañana unos cuantos para la pensión,

seguro que puede dejarle alguno,

aunque conociéndole, querrá vendérselo más caro.

A las buenas. -Buenas.

Seña Carmen, ¿cómo está Lolita?

Se está preparando una misa para rezar por ella.

Lo agradecemos.

¿Ha pasado algo?

Está débil,

la cosa no pinta muy bien.

No me diga eso, seña Carmen.

Pero bueno,

al parecer, hay una pequeña ventana.

¿De verdad, hay alguna esperanza?

Nos han hablado de un medicamento. Un clavo ardiendo al que aferrarse.

¿Podría salvarla?

No es tan sencillo, Casilda,

parece ser que el tratamiento es experimental, una especie de prueba.

¿Cómo que una prueba?

¿Ese medicamento no ha curado a otras personas antes?

No, aún no, no está aprobado.

Además, Lolita no está por la labor,

pero lo intentaremos de nuevo, a ver si la convencemos.

¿Y si empeora? -Que no, mujer.

Vamos a confiar.

Sí, confiemos.

Bueno, dime qué querías preguntarnos.

Verán, he estado cavilando

sobre un tema y quería saber su opinión,

sobre todo la suya, que es una eminencia.

Por supuesto. Ya le ha oído, una eminencia.

Y también la opinión de Fabiana,

que siempre la he tenido por persona sensata y con buen juicio.

Sensata y con buen juicio.

Muy bien, muy bien. Ve al grano, Jacinto.

Verán,

¿han oído hablar de los poderes curativos

de la reliquia de San Eleuterio?

No sabía ni que había un santo con un nombre tan feo.

-Santo y milagroso como el que más.

En el pueblo de Indalecia, veneran con mucha devoción

el dedo del susodicho, que es mano de santo.

Habla con propiedad, Jacinto, dedo, dedo de santo.

No sea quisquilloso, que me ha entendido.

Yo nunca me he creído en esas cosas,

que solo sirven pa sacar los cuartos.

No generalice, Fabiana,

que no todas las reliquias son iguales.

La de Naveros del Río es efectiva al 100 %.

Como no. -¿De qué santo es la reliquia?

No, no es de santo. Es de todos. Es...

Es un trozo de tronco de un castaño

que está situado estratégicamente en el Camino de Santiago.

¿Y eso qué tiene de santo?

Vamos a ver, eso es milagroso.

Cosa que le pides al tronco, cosa que se cumple ipso facto.

Si tan milagroso es, ¿por qué no le pide a él por Lolita?

Porque solamente se cumplen los deseos de la gente local

o temas relacionados con las castañas.

Ah, pues sí que es peculiar la reliquia.

Sí, sí. Bueno, tú le pides al tronco algo...

Las castañas pilongas, por ejemplo,

y te da el punto de secado y de sal exacto, ¡zas!

Pues si queremos que se cure Lolita,

más nos vale seguir con los rezos,

que encomendarnos a ese famoso arbolito.

¿Saben algo de ella?

Me he pasado a visitarla y no me han dejado verla.

No sé si eso es bueno o malo.

Yo creo que más lo segundo.

En fin.

Marcho a la cocina.

Para que yo me aclare, Servando.

Las reliquias hacen el bien, pero el mal aseguro que no.

Supongo yo que sí, de eso se trata.

Voy a hacer to lo posible pa que Lolita no nos abandone,

¿qué le parece?

Bien.

(SONRÍE)

¿Qué, ya has descansado?

¿A que ahora lo ves todo de otro color?

Y tanto.

Antes lo veía gris y ahora negro oscuro.

No, hombre no, eso no puede ser, reina mora.

Deja de darle vueltas, por lo que más quieras.

Tú eres el único culpable de que esté con este runrún.

¿Yo? Pero ¿qué dices?

¿Cómo has podido ser tan temerario

para sacar el tema de la grabación con tan poco tiempo?

De poco tiempo na,

eso lo haces tú en un abrir y cerrar de ojos.

¡¿Tanto te costaba haberlo comentado conmigo antes?!

Tú puedes con eso y con más.

Confiesa que me has dado un brebaje para convencerme.

Qué brebaje ni brebaje.

Tantos años dedicado a este mundo

y me metes en este embolado.

Eso sí, la culpa es mía por dejarme engatusar.

Mira, escúchame, lucero,

si te he metido en esto es porque sé que lo vas a hacer bien,

confía en mí.

¡José, que grabar un disco lleva su tiempo

y tú te has precipitado como un pardillo!

Reconoce, al menos, que te has equivocado.

¿Yo?

Ya sabes que si hay que pedir perdón,

me arrodillo ante ti 1000 veces, pero este no es el caso.

Sí que lo es. Me has forzado a hacer el ridículo.

La gente te quiere y está deseando volverte a escuchar.

¿Le vas a hacer ese feo a tu público?

No estoy preparada, no me fuerces a hacer lo que no quiero.

Cálmate y escúchame. -No, que me lías otra vez.

Por favor, déjame hablar. ¿Sabes lo que voy a hacer?

Voy a hablar con el mismísimo Ricardo Benavides, eso voy a hacer.

Uy.

¿Ricardo Benavides todavía está vivo?

Digo yo que sí.

Que yo sepa, nadie nos ha comunicado su fallecimiento.

Qué lástima sería, era un hombre muy competente.

Ea, ahora mismo voy a contactar con él,

y así saldremos de dudas.

Claro que sí, ¿cómo no se nos había ocurrido antes?

A mí se me ha ocurrido.

Señora. -Dime, Alodia.

No quiero parecer cotilla, pero ¿quién es Ricardo Benavides?

Ricardo Benavides es el mejor compositor

que ha parido madre en este país.

Me cuesta creer que la amenaza de guerra se extienda por toda Europa.

Habrá que esperar a ver qué ocurre en los próximos días.

Los gobernantes europeos son más temperados,

no se echan a las armas a la primera de cambio como en México.

Entiendo tu preocupación, hija,

pero llevo todo el día hablando sobre eso

y no me apetece seguir. -Comprendo.

¿Y si hablamos de Soledad?

¿Qué quieres que hablemos de Soledad?

De muchas cosas.

Creo que es una mujer excepcional, somos afortunados de tenerla.

Sí, claro, sí, supongo que así es.

Hoy se ha ofrecido a hacerme los arreglos del vestido que me compré.

No sabía que también supiera de costura.

Es una mujer formada en su oficio.

Pero no solo para la intendencia de la casa,

también es ilustrada, sabe estar y tiene coraje

y recursos para afrontar cualquier situación.

Veo que no escatimas en cumplidos para ella.

Se los merece todos.

Hacía tiempo que nadie estaba tan pendiente de mí.

Gracias, hija, por lo que me toca.

No me malentienda, padre.

Me refiero a la manera en que lo estaría una madre.

Pero con eso no puedo competir.

De hecho, Soledad me ha preguntado por ella.

¿Te preguntó por tu madre?

Sí, quería saber cómo era.

¿Se ha molestado?

No sé, es que...

no me parece una pregunta pertinente para una criada.

Todo lo contrario, padre.

Está pendiente de nosotros

y quiere conocernos para tratarnos mejor.

Pues yo no veo que sea la manera.

¿Por qué no?

Cosas mías, prefiero no entrar en debate.

Bueno, si no le importa,

me retiro a mi alcoba a leer un rato.

De acuerdo, hija, que descanses.

Buenas noches.

(Suena la campanilla)

¡Soledad!

(Pasos)

¿Sí, señor?

Quiero hablar contigo.

Usted dirá.

Tenemos que aclarar los términos de nuestra relación,

y tenemos que hacerlo ya.

¿Y mi Moncho?

Está durmiendo como un bendito, Lola.

No quería despertarle, por eso no le he traído.

Además, Lola,

tú y yo tenemos algo importante de lo que seguir hablando.

Antonio, déjalo estar.

No insistas.

Lola, ese tratamiento experimental es nuestra última oportunidad,

no tenemos nada que perder.

¿No ves... que mis horas están contadas?

Solo serviría para prolongar el sufrimiento, el mío,

el tuyo,

el de todos.

Este sufrimiento ya no puede ser peor.

Concédeme esta última esperanza, por favor.

Quiero irme en paz.

Estoy harta de médicos

y mejunjes que no sirven para nada.

Ya lo sé, y te entiendo.

pero esto es distinto, está avalado por don Santiago

y los mejores médicos en la materia.

¿Y no sería mejor...

asumir mi final

y despedirme como Dios manda?

Dios no puede querer que te vayas, Maritornes.

No quiero pasar mis últimos días...

luchando contra lo inevitable.

Lola, hazlo por nuestro hijo, por favor.

(EXHALA)

Ese tratamiento no me va a salvar,

asúmelo.

No soportaría seguir viviendo pensando que no hice todo lo posible

por salvarte.

Por favor.

De acuerdo.

¿Qué? ¿Aceptas el tratamiento?

Dadme lo que queráis

-(RESOPLA ALIVIADO) ...y que sea lo que Dios quiera.

Gracias, gracias.

Vete a avisar y no pierdas el tiempo.

Padre, padre, Lolita da su consentimiento.

Avise al doctor, no hay tiempo que perder.

(Puerta)

Disculpe las horas de la visita.

Suerte que todavía no me había puesto el camisón para dormir.

Suerte para usted, no para todos.

¿Cuál es el motivo de su visita, señor Quesada?

Quería ponerle al corriente del estado de mi empresa

ante los recientes acontecimientos en Europa.

Parece que se nos avecinan tiempos turbulentos.

Tiempos que pueden reportarnos grandes beneficios

a la sociedad que tengo con Marcos Bacigalupe.

Es cuestión de tiempo que nuestros ingresos suban como la espuma.

Le felicito, es usted un empresario con visión.

La verdad es que la suerte nos favorece.

Compramos la mina justo en el momento exacto.

A día de hoy, esa mina vale el triple de lo que pagamos.

Acepte mi más profunda admiración por sus habilidades.

Sabía que le gustaría,

por eso he venido a compartirlo con usted en cuanto me han confirmado.

Le agradezco la consideración.

Se confirma una vez más mi buen ojo para seleccionar a gente con éxito.

Espero que mi nuevo estatus...

me dé una posición más elevada en su lista de triunfadores.

Va por el buen camino.

¿No cree que ya he hecho méritos suficientes...

para ocupar un lugar privilegiado en esa lista?

Suficiente no es una palabra de mi agrado.

Sepa que soy muy difícil de contentar.

Póngame a prueba.

Por ejemplo,

ese esbirro que usted tanto me recomendó,

me ha decepcionado, y mucho. ¿Ha tenido problemas con Cuevas?

Llevo días intentando localizarle sin ningún éxito.

Parece que no quiera saber nada de mí.

Si lo desea, puedo tratar de dar con él.

No.

Es un tema que prefiero tratar yo personalmente.

¿Qué pasa,...

teme por su maridito?

Ahórrese el sarcasmo.

Por las buenas, soy encantadora,

pero por las malas, deseará no haberme conocido nunca.

No me malinterprete,

jamás... me burlaría de usted.

Aunque, si me lo permite, no entiendo como una mujer como usted

puede gastar un segundo de su tiempo con un impresentable como Felipe.

Ese impresentable

es todavía mi esposo,

y todo lo que le pase será mi problema y de nadie más.

¿Está claro?

Perdone, pero eso es injusto.

Usted me pidió que me acercara a ella y le preguntara por sus cosas,

me ganara su confianza.

Tú no le has preguntado por sus cosas,

le has preguntado por las nuestras.

¿A qué viene eso de pedirle que te hable de su madre?

Le voy a administrar un medicamento que está en fase experimental.

Ya me han contao. -Si funciona,

será de gran ayuda en el futuro para enfermos con su misma dolencia.

¿Y si no funciona?

¿Qué te contó Benavides?

Quería darle las canciones a otro artista.

Pero cuando le dije que querías grabar, cambió de opinión.

Hoy mismo nos envía las partituras.

¿Le ocurre algo?

¡Chiquillo, esto es un desastre!

Ay, Jesús. -Pero esto...

esto parecen cantos gregorianos.

Que no vamos a poder sacar disco, ¡que aquí se acabó to!

Don Santiago, entre usted y yo,

¿hay esperanzas?

Pocas, pero mientras quede una, hay que aferrarse a ella.

Las noticias vuelan y llegan a oídos de quien menos debe escucharlo.

¿Qué hay de malo en que quiera tenerte como amiga

o algo más?

¿No te acuerdas?

-Maldita sea la hora en que nos descubrió.

Ahora tengo que ir al banco a anular la ampliación del crédito.

Me irrita entrar de cliente cuando podía entrar como ladrón.

(SUSURRA) Acostúmbrate a que eres un próspero comerciante.

Déjate de robos.

Felipe, maldito seas por irte a un sitio tan peligroso.

Pero si has de morir, seré yo quien te quite la vida.

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Acacias 38 - Capítulo 1332

21 sep 2020

La noticia del inicio de la guerra conmociona al barrio. Y especialmente a Susana, que teme por la vida de Armando.
Santiago Ramón y Cajal informa a Antoñito de la existencia de un tratamiento experimental que podría curar a Lolita. Ella accede a ser conejillo de indias. Quizás todavía quede esperanza.
Soledad se esfuerza por enamorar a Marcos y pregunta a Anabel sobre su madre.
Los Olmedo discuten sobre el derecho de Miguel a conocer el verdadero paradero de sus padres. Sabina zanja la discusión: lo mejor será preguntárselo a ellos.
Bellita está intranquila con el disco ¿conseguirá temas a la altura de su carrera? Jose asume que son los nervios propios de su mujer antes de abordar un proyecto.
Genoveva deja de recibir reportes de Cuevas y teme que a Felipe le haya pasado algo… Y Aurelio toma nota del interés de la señora por el abogado.

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