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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1330 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

Le dije que cuidaría de usted, y usted debe cuidar de mí.

¿Defendernos la una a la otra? Eso es.

Yo tampoco puedo vivir sin ti,

aunque no me quede mucho.

Aguanta. Yo haré lo posible por salvarte, ya lo verás.

Tanto Natalia como Lolita son víctimas de un hombre:

de Antoñito.

Él es el verdadero culpable.

Tendremos que reconsiderar este asunto.

¡Estoy harta de tus celos y tu desconfianza!

Yo no te oculto nada.

No debería haber dudado de ti.

En cuanto saquemos el agua del túnel,

pondremos punto final a nuestras correrías como ladrones.

Se ha comprometido a presentarme al mismísimo Ramón y Cajal.

¿Te vas a reunir con el premio Nobel?

La dejo al cuidado de mi hija, y cuando regreso,

descubro que Aurelio ha estado a solas con ella.

¿Qué ha ocurrido durante mi ausencia?

Tómeselo de un trago,

luego un sorbo de café, y ya verá como no está tan malo.

Pero... tengo que reconocer que el doctor acertó plenamente.

Me siento mucho mejor.

Y se nota.

Aun así, en un rato vendrá otro médico,

espero que confirme el diagnóstico.

Pero, padre, ¿no me ve? Estoy prácticamente recuperada.

Y te creo.

Pero no me fío de nada que tenga que ver con los Quesada,

y menos, de Aurelio.

Me quedaré más tranquilo con una segunda opinión.

Con ellos, toda precaución es poca.

Conozco a los Quesada desde que nací,

y hasta hace muy poco hubiera estado de acuerdo con usted.

¿Y ya no? ¿Qué ha cambiado?

Aurelio. Aurelio ha cambiado y mucho.

Anabel,

¿hay algo más que deba saber?

Sosiéguese.

Me gusta su preocupación porque me siento protegida,

pero, en esta ocasión, Aurelio se ha comportado como un caballero

y como el amigo que fue en su día. -Permíteme que lo dude.

Se lo aseguro.

Además, es usted su socio, no puede vivir en la eterna desconfianza.

Cuanto más cerca los tengamos, más tendremos que protegernos.

¿Por qué estaba en casa cuando tuviste la indisposición?

No se lo va a creer,

pero se presentó dispuesto a hacerse perdonar.

Se mostró muy cariñoso y habló de olvidar el pasado.

Algo trama. -Que no, padre.

Aurelio es capaz, como todos los Quesada, de engatusar a cualquiera.

No tienen límites en la mentira y el engaño.

Pero... -¡No hay peros que valgan, Anabel!

Son desleales,

no lo olvides nunca.

Buenas. Pase. Lolita le está esperando.

Te ruego, por favor, que seas breve, Lolita,

no quiero que os encuentren aquí Antoñito o mi marido.

Siéntese, si lo tiene a bien.

Antes de nada,

espero que se encuentre usted mejor.

Cada día me arrepiento más... -No me encuentro mejor,

ni mucho menos.

Estoy aviá... y el tiempo me atosiga.

Lo siento.

A buenas horas, mangas verdes.

Quieta ahí.

Como le decía,

el tiempo...

corre detrás de mí,

y ya sabe que corre que vuela.

Es uste una mala mujer,

como dirían en Cabrahígo,

una pécora.

Pero ahora la necesito.

¿A mí? -A uste.

En otro momento de mi vida,

le habría arrancao el moño,

y ahora lo haría,

si tuviera fuerzas, claro.

No estoy dispuesta a seguir escuchando más insultos y amenazas.

Está bien, está bien, lleva razón,...

no es momento de regañinas.

Siéntese.

Le voy a pedir un favor.

Bueno,...

el favor de una moribunda.

Se lo voy a exigir, me lo debe.

Si está en mi mano.

En to los años que llevo con mi marido,

nunca ha puesto los ojos en otra mujer.

Nunca.

No era mi intención.

Yo...

Déjeme acabar, que he cogío carrerilla.

Ni antes ni después de casarnos,

le había dao por las faldas, nunca.

Así que, uste le ha hecho tilín.

No fue nada. -Me da igual

lo que fue, ¿lo entiende?

Me importa lo que va a ser.

Por eso le pido

que cuando yo falte,

si mi marido...

sigue sintiendo algo por uste,...

trate de hacerle feliz.

Me iré...

mucho más tranquila si sé que puede tener una vida nueva,

por favor.

Yo no soy...

No diga na. Tampoco le pido que lo diga.

Piénseselo

y decida.

Ya se puede marchar de mi casa.

Usted y yo no hemos terminao.

Le arrancaré el moño en el infierno.

(LLORA)

Dilo.

¿El qué?

¿Crees que no conozco tus miradas?

De acuerdo.

Dígame por qué fue usted a Asturias y no Miguel,

era el encargado de negociar.

Tú y tu novio habláis muy poco. ¿Por qué no te lo ha contado él?

Quizá porque está aprendiendo de usted los peores trucos

y ahora le ha dado por hacerse el misterioso.

Sí, ríase,

el caso es que nunca sé de qué palo van ni él ni usted.

Anabel,

yo no soy misterioso,

soy discreto.

Y me alegro de que Miguel esté aprendiendo

y practicando esa cualidad.

A Arantxa le va a encantar, lo sé.

Y al sereno, qué te voy a decir, pa él no hay regalo más apropiado.

Se van a poner locos de contentos cuando lo abran.

Eso espero, porque es un armatoste. -¿Armatoste?

Es el regalo más apropiado pa unos recién casados

que tienen que apañar su casa.

Lo sería si tuvieran la casa aquí mismito.

¡Que no es tan grande!

Pero, chiquilla,

¿tú te llevarías cualquier cosa de ese tamaño hasta las Vascongadas?

Ya verás... como no abulta tanto cuando lo traigan de la tienda.

En las estaciones hay mozos de cuerda, que por una propina,

cargan hasta con la estatua ecuestre de Esparteros.

Ya, ya. Mira quién viene por ahí.

Ni una palabra, que eres un bocas.

Te ves muy bien de civil, Cesáreo.

Hombre nuevo, traje nuevo.

Vengo de despedirme de los compañeros.

Qué buena noticia pa los cacos del barrio.

No diga eso, don Jose, que otro me sustituirá.

El cuerpo de serenos es eterno.

Aunque algo de morriña sí que tengo.

Le había cogido el truco al oficio.

Es por amor, Cesáreo. -Eso mismo digo yo.

¿Qué más puede querer un hombre que encontrar a la mujer de su vida?

¡Y menuda mujer se lleva usted! -Robusta.

Como Dios manda, una mujer que cunde.

Un pedazo de hembra.

Mejorando lo presente.

Hale, hale, cada uno a sus asuntos,

que la conversación se está caldeando.

Ya nos veremos esta tarde en la despedida.

Allí estaré. Con Dios.

Con Dios. -Con Dios.

No me has dicho nada

sobre mi idea con los periodistas.

Voy a madurarlo un poco, Jose.

Han sido demasiadas emociones

y no sé si me apetece contarlas con pelos y señales.

Si no lo haces por ti, hazlo por los demás, por tu público.

Es tu deber prevenir a las presentes y futuras generaciones

sobre los peligros de la fama. -Eso te lo has inventado.

No, llevo mucho tiempo pensando en ello.

La gente se cree que ser una artistaza como tú es pan comido,

pero no, tiene sus desventajas, conlleva su sufrimiento.

Y tú eres el vivo ejemplo. -Mira que eres cabezón.

¿Lo haremos o no?

¿Te presentarás ante esos periodistas?

Que sí, llama a los plumillas.

Si te digo que no vas a seguir dando el tostón, hazlo y sanseacabó.

No te arrepentirás.

Hablarán de ti en las tertulias y hasta en palacio,

en las tabernas y en los círculos literarios,

en los caños y en los coros. -¡Que te calles!

Haces conmigo lo que quieres.

-Buenas.

¿Todo legalmente correcto?

Ni un pero que poner.

Este contrato convierte a su compañía

en propietaria de la mina sin que nadie

pueda interponer objeción alguna. -Me alivia.

Fueron unas negociaciones muy duras,

y temía que se me hubiera escapado algún matiz de procedimiento.

No se preocupe, está impecable.

Por cierto, muchas gracias por haber accedido a ir a Asturias

en mi lugar.

He de reconocer que he disfrutado del viaje como hacía tiempo.

El norte de España es maravilloso.

Bueno, qué le voy a decir a usted.

Esos paisajes norteños...

me recuerdan mi niñez, mi juventud,

a Felicia, claro.

¿Se desplazó usted a su tierra, a Santander?

No. Qué más hubiera querido.

Me tuvieron en la mesa de negociación desde que bajé del tren

hasta que cogí el de vuelta. -Vaya. Bueno,

ya habrá ocasión, don Marcos. -¿Y tú?

¿Arreglaste eso que te preocupaba de tus abuelos?

Sí, sí, sí, está todo en orden.

Espero poder compensarle algún día ese favor.

Puede que no tengas que esperar para eso.

¿Qué puedo hacer por usted? -Cuidar de Anabel.

Con todos mis respetos, don Marcos,

no hace falta que me diga eso, ya lo hago.

Lo sé, pero yo me entiendo.

Miguel, creo en vuestro noviazgo.

Siento que contigo, Anabel está encaminada

y que podría descarrilar si le faltas.

¿Trata de decirme algo?

Aurelio ha intentado un acercamiento durante mi ausencia.

Lo sé. Y en varias ocasiones.

Ella misma me lo dijo. -¿Y?

¿Por qué? -¿A qué se refiere?

Si Aurelio ha dado ese paso

es porque las cosas no van bien entre Anabel y tú.

¿Me equivoco?

Bueno, la verdad es que no es nuestro mejor momento.

Pero volverá a ser como antes.

Eso espero.

Tienes toda mi confianza, Miguel.

Gracias, don Marcos.

Habrá guerra, no lo dude.

Europa es un caos y pronto será un caos sangriento.

¿No confía usted en la diplomacia?

No cuando los dirigentes de las principales naciones,

los jefes de los diplomáticos, siguen apoyando el conflicto.

Todavía tengo esperanza en la sensatez de esos dirigentes.

Lo contrario sería enviar a la muerte a millones de jóvenes.

¿Cree que les importa?

Solo hay que leer la prensa para saber que anteponen sus intereses

a la vida de esos muchachos. Vaya tomando asiento.

Servando, dos cafés, por favor. No, dos tés.

Marchando, don Liberto.

Los sindicatos obreros de toda Europa se oponen a la guerra.

Es una advertencia que los políticos no pueden obviar.

Por Dios, don Ramón, si toda Europa se ha decantado ya.

Habrá guerra.

España es la única que no ha movido ficha.

¿Sabe por qué se decantará el Gobierno y el Parlamento?

¿Guerra o neutralidad? Ni idea. -¿No le comenta nada Antoñito?

Bastante tiene mi hijo con atender a su esposa.

Perdone, he hablado sin pensar, olvídelo.

No se preocupe. -Es que...

no me hago a la idea de que Lolita esté tan grave,

no me entra en la cabeza. -Lo está, Liberto.

Parece increíble, pero lo está.

Lo siento mucho.

Nos recibe mañana, no se ha hecho de rogar.

Cuánto me alegro, hijo mío.

Qué buena noticia.

Don Santiago Ramón y Cajal ha accedido a tratar a Lolita.

No puede estar en mejores manos, todo un premio Nobel.

Me han llamado de la universidad, y con tanta emoción,

ni siquiera les he dado las gracias.

Mañana lo harás, no te preocupes ahora por esas menudencias.

En cuanto pueda, les enviaré una donación para ayudar en lo que sea.

A ver si encuentran una solución para mi esposa.

Les deseo suerte.

La necesitaremos. -Ahora sí,

ahora sí que se va a salvar. -Sé prudente, hijo.

Es mejor ponerse en lo peor y no lanzar las campanas al vuelo

hasta tener un diagnóstico certero.

Yo no puedo ponerme en lo peor.

Sin Lolita, la vida acabaría también para mí.

Es un detallazo, seña Fabiana.

-Y además, son preciosas.

Pues usted,

por novia, aquí tiene, más.

Anda. Venga, vamos a brindar.

Pero ¿con refresco?

Yo lo prefiero.

Ah, pues si usted lo prefiere, yo también.

Un momento, un momento.

Que se me ha ocurrío una cosa antes de brindar.

Si puede, evite los discursos, que soy muy sentido.

¡Mejor que discursos!

Escuchad.

Puesto que nuestros amigos, Arantxa y Cesáreo se nos van a casar lejos

y, las bodas son de las pocas cosas bonitas que hay de verdad,

¿por qué no le preparamos una?

¿Una boda de mentira?

No, si te parece, llamamos al obispo para que oficie el sacramento.

¡A mí me parece bien!

Siempre que sea el padrino.

Hecho. Y yo seré la madrina, claro.

¡Ya están los angustias cogiendo los mejores papeles!

Usted puede ser el cura.

Mira, empieza a gustarme la farsa.

De haberlo sabido, me habría vestido de blanco,

porque comedia o no,

se tiene que notar que la novia es casta y pura.

Eso se le supone, como el valor a los soldados.

Pues mira, aquí la Alodia y yo seremos los parientes,

pocos y mal aveníos.

Está bien. Bueno, se me coloquen... Vamos.

Los contrayentes aquí.

Pero sin beso hasta que el señor cura lo consienta.

A ver, yo... Señor cura, aquí.

Aquí. Ahí, ahí.

El cura de frente a novios, padrinos... Y aquí los parientes.

Aquí también. Claro.

¿Estamos ya? ¡Que principie la boda!

Vamos allá.

Hermanos, hermanas,

nos hemos reunido en este templo...

¡Traigo un presente pa los prometidos!

Pasad, pasad.

Por aquí, por aquí, ponedlo por aquí.

Ay, ama.

Como no vaya por su propio pie,

no sé cómo va a subir al expreso. ¡Cállese, aguafiestas!

Ay, ama, pero ¿qué es, qué es?

Una sorpresa. -Mujer, Bellita, eso ya lo sé.

¿Puedo abrir, puedo? -Que sí, mujer.

Ábralo, ábralo, mujer, más vale pájaro en mano.

Tenme esto, Idoia.

¿Me ayudas, Cesáreo?

(ARANTXA SE SORPRENDE) ¡Ay, mi ama!

¡Es igualito al que tenía usted en la casa de Buenos Aires!

Pues le voy a decir una cosa,

yo siempre creí que era aquel reloj el que hacía hogar.

Pues espero que también haga el vuestro.

Otra intención es que Cesáreo no eche en falta las horas.

-Mujer...

Y que no me las vaya gritando por casa.

(RÍEN)

A ver, que a mí me gusta mucho el jolgorio,

pero aquí estábamos oficiando una misa, una boda,

y yo soy el oficiante.

Nos estábamos casando, señora. -Pero todo de mentira.

¡Uy, uy, pero qué buena idea!

Proceded, proceded. Qué divertido.

Venga, venga, vamos. Vamos.

(Suenan las campanas de la iglesia)

Don Marcos.

Un placer, señora, como siempre.

Me dijeron que estaba de viaje, no sabía que había regresado ya.

Negocios.

¿Viene de rezar?

No es que me enorgullezca, pero no soy de muchos rezos y súplicas.

Estaba tratando con el párroco algunas obras de caridad.

Entonces lo mismo que yo: negocios.

No sea usted descreído.

Cualquier cosa con tal de escucharla reír.

Pues lo ha conseguido.

Reconozco que soy más de acción que de devoción.

Pero soy católica, y procuro compensar mi dejadez

con actividades en pro de la comunidad.

Muy loable.

Y algunos lo agradecerán más que las oraciones.

También hay otros que me critican. No seré yo.

Para mí, usted es intachable.

Si me lo permite, tengo que continuar mi camino.

Ha sido un placer. Con Dios.

Con Dios.

Natalia.

¿Qué le ocurre? Parece un alma en pena,

todos pueden verlo.

Lolita está muy mal, cada vez peor.

¿Y qué tiene que ver con usted?

La gente enferma y padece,

no podríamos vivir si nos preocupáramos por todos.

Métaselo en la cabeza.

Por cierto, necesito que me haga un favor,

quiero ver a su hermano. ¿Le podría dar aviso?

Claro.

Gracias.

Yo les declaro marido y mujer.

Puede besar a la novia, sereno.

A ver, espera un momentito.

No sé si deberíamos, Cesáreo, como la boda ha sido de mentirijilla...

Si llegas a vestir de blanco, no me dejas ni mirarte.

Vamos, Arantxa, si ya sabemos que le has dao más de un beso al sereno.

Pachasco que sí.

Y no se puede brindar si los novios no se han besao,

da mala suerte.

Está bien. Tenme, Idoia.

Oh, oh, oh.

Hala, ahora sí que se puede brindar.

¡Vivan los novios!

¡Viva! -¡Iepa-iá!

-Brindemos, brindemos, vamos.

Vamos. Hala.

Os deseo lo mejor, que bien lo sabes.

Subid luego a casa y tomamos algo. -No se moleste.

¿Molestia? Chiquilla, con lo que te queremos.

Jose no perdonaría que no subierais.

Está bien. En cuanto terminemos, subiremos pa arriba.

Os esperamos. -Gracias.

Bueno, señores,

que ha sido una despedida muy chistosa y original.

Con Dios. Buenas tardes.

(TODOS) Con Dios.

¿A ti qué te pasa? ¿Crees que no sé de qué pie cojeas?

Usted no lo sabe todo, por muy estirada que sea.

Te conozco.

Yo he sido como tú.

Que cada uno haga lo que quiera,

pero yo te aconsejaría no parecerte a nadie.

Para hacerte querer, no tienes que ser una siesa,

como soy yo, o bueno, una estirada, como tú dices.

Eso lo dirá usted.

En mi casa me toman por el pito del sereno.

Perdón, no quería mentar a su futuro marido.

En esa casa te quieren mucho. -Me soportan porque no está usted.

Te estoy diciendo la verdad.

Hasta don Jose me lo ha contao.

Te quieren como si fueras una más de la familia.

¿En serio?

¿Me has visto bromear alguna vez?

-"Parece mentira que tú, precisamente tú,

salgas en defensa de esa partida de malnacidos".

Haber nacío en otro país no significa que se haya nacío malo.

¡Calla, calla, con lo que te ha hecho a ti

esa pelandusca!

¿Quieres dejar que hable Lolita?

Nos habrá convocado para contarnos algo,

no para que lo cuentes tú todo.

¡Es que me consume! No aprenderemos nunca.

Casi le quita al marido y encima pide comprensión para la perdida.

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

¿No dice eso el evangelio?

En el evangelio eran todos israelitas.

Es verdad que se llevaban mal entre ellos,

pero no había extranjeros.

Y menos mexicanos. -¿Me deja hablar?

Me quedan pocas fuerzas.

Sí, perdona. Habla, hija, habla.

He decidío...

perdonar a Natalia Quesada.

Pero ¿qué dices? ¿Has perdido los estribos?

Ave María purísima.

"Perdonarás a tus enemigos", dice el Señor.

Aplica la Biblia,

que te entra por un oído y te sale por el otro.

Lo que quiero pedirles es que dejen de meterse con ella...

y que dejen de repartir papeles pa que la odien a ella

y a los mexicanos.

O sea, que los que somos naturales del país, tenemos que callarnos.

Yo se lo agradecería.

También hubo un tiempo en que se metían conmigo por paleta,

ya la verdad es que no era muy agradable.

No vas a comparar Cabrahígo con México.

Ni se me ocurre.

México podrá ser muy grande,

pero Cabrahígo es más profundo.

Por favor,

dejen de achuchar a la gente pa que se desprecien los unos a otros.

-Debes de estar pasada de moda, Susana.

Ayer, la propia Genoveva me pidió algo parecido.

Tranquila, haremos lo que nos pides.

¿Pa siempre?

-Pa siempre.

Bueno, yo digo "para siempre".

Me consuela oírlo.

Con la desgracia que te ha traído esa mujer.

De mi mal no tiene culpa ella.

Mi enfermedad lleva mucho tiempo dentro de mí.

Lo suficiente pa haberme comío del to.

Voy a ser sincera con ustedes.

Cuando yo me vaya pa el otro barrio,

me daría igual que Natalia se mude aquí y ocupe mi lugar.

¡No digas insensateces, mujer!

Me muero, doña Susana,

y nadie puede remediarlo.

Yo quiero lo mejor pa los que se quedan aquí, la vida sigue.

¡Además de insensata, hereje!

¿Cómo que no hay nadie que lo remedie?

¿No has oído hablar de las curaciones milagrosas?

Ten fe, renegada.

Reza con fe, verás como Dios te ayuda,

te escucha y te ayuda.

Arantxa...

hasta se emocionó con el reloj.

¿Le recordó al que teníamos en Buenos Aires?

Pues claro, por eso me empeñé en comprarlo.

Ha sido un regalo muy bonito.

Vaya,

parece que vuelves a tu ser.

¿Ves como no cuesta tanto ser amable?

Es que, como veía que querían tanto a Arantxa,

se me ocurrió parecerme a ella. -Eso es imposible.

¡Jose!

A ver,...

te apreciamos mucho, Alodia,

más de lo que te piensas.

Y sin parecerte a nadie.

Si pensabas que no te apreciábamos,

algo mal estábamos haciendo. Perdónanos.

No hay nada que perdonar.

Anda, ven aquí, muchacha.

Venga, va, va, ya está bien de mimos,

que los hambrientos plumillas están al caer. Venga, vamos.

Que no, ya puede usted decir misa, que a mí no me la da.

¡Mira que eres cabezona!

Te digo que estuvieron aquí toda la noche

y estuvieron aquí toda la noche. -Que no, Fabiana, que no,

que a mí nunca se me escapa un golfo, y menos tres.

Aquí hay gato encerrao.

Mujer, no pienses esas cosas del prójimo.

Tendrías que haber visto a Cesáreo en la despedida;

pocas veces me he topao con un hombre más enamorao.

¡Y a mí que más me da Cesáreo!

Yo vigilo a Jacinto en nombre de su santa esposa.

Como se haya ido de farra, me va a oír.

Déjate de pamplinas.

Ay, ¿tú sabes que a la novia le han encantao tus flores?

Ya veo que a usted no le saco na. Vuelvo al quiosco.

Que digo que, gracias por no irse de la lengua.

Es usted una socia leal.

¿Qué? Mustio porque se marcha su amigo, ¿no?

Sí, bueno, ahora me doy cuenta del aprecio que le tengo al sereno.

¿Ah, sí?

Pues casi le chafa la boda con lo del cabaré.

Cabaré, cabaré... ¿Qué dice usted de cabaré?

(TOSE)

¿Eh?

¿Qué es eso?

En la vida he visto yo un folleto de un cabaré.

¿Qué dice, mujer? ¡A otro perro con ese hueso!

¡Crápula, sátiro!

No, perdone, de sátiro nada.

Si lo único que hicimos fue bailar.

"Bailar, bailar"...

Me voy pa dentro que... (TARTAMUDEA)

Y esto, lo recoge.

En definitiva, que han sido unos meses muy desaboríos,

siempre encerrada, que en mi caso,

es estar muerta en vida,

que siempre he sido de mucho correr.

Quieto. Aquí se escucha y luego se come, ¿eh?

-Eh...

Lo que quiero que transmitan a sus lectores

es que la fama no es un camino de rosas.

Al principio lo parece,

pero luego, ese camino se va estrechando, se va estrechando

y se convierte en una senda con zarzas a los lados.

Así es.

La señora está muy interesada en que las jóvenes artistas

no se dejan llevar por los cantos de sirena de la popularidad.

Aunque sí apreciaría que todo el público

se dejara llevar por mis cantos,

que no son de sirena, que aquí pueden ver mis piernas.

Ole. -Ole ahí.

(Aplausos)

Y ahora, antes de celebrar este encuentro con todos ustedes,

les voy a anunciar una formidable noticia.

La gran Bella del Campo va a grabar un disco en breve.

Ahí lo tienen.

(DON JOSE APLAUDE)

Ole, ole ahí.

¡Coman, coman, a comer!

Ea. -Ya pueden comer.

-Tiene buena pinta. -Sí, sí.

Solo habíamos pensado dar una mano de pintura

y algún detalle en la decoración.

Lo que viene siendo, un lavado de cara.

Me parece perfecto. Será suficiente.

Lo importante es abrir lo antes posible

y que la clientela acuda como antes.

Más que antes, ¿no?

Ten en cuenta que ahora no tenemos ingresos extra.

Volverán por sus guisos, abuela,

no le quepa la menor duda.

Los clientes de antes y muchos, muchos nuevos.

(RÍE HALAGADA)

¿Sabe qué, abuela? -¿Qué?

Dentro de poco hará 15 años desde que murieron mis padres.

¿Cómo podría olvidarlo?

No sé, me gustaría...

hacerles un homenaje.

Me gustaría poder decir en voz alta y a todo el mundo

lo mucho que les echo de menos.

¿Está bien, abuela?

¿No le parece apropiado?

Tengo...

Hijo, tengo...

tengo que contarte algo.

Algo que podría influir muy seriamente en tu vida.

Gracias por acudir a mi recado.

Siempre es un placer.

Siéntese.

No me había dicho que su socio había vuelto a la ciudad.

¿A qué esperaba?

Caray con las mujeres españolas, siempre con prisas.

En México llevamos otro ritmo.

Déjese de payasadas

sobre españoles y mexicanos.

Vaya a ver a don Marcos y póngale los puntos sobre las íes.

Su temperamento sí se parece más a mi gente.

Haré lo que usted dice,

pero en el momento adecuado.

El ímpetu no debe estar reñido con la astucia.

No lo dirá por su hermana, parece un alma en pena.

Se ha enamorado como una colegiala ingenua.

Nos hace parecer débiles y malvados al tiempo.

Que deje un donativo en la parroquia,

eso callará a las beatas.

Y, si no, ya las callará el cura.

Gracias por el consejo.

¿Cómo podría agradecérselo?

No tenga prisa.

Como usted, yo también sé elegir los momentos.

Es usted la mejor aliada que he tenido.

Un poco irritante, quizá,...

pero... sagaz y marrullera.

Perfecta.

¿Puedo sugerirle que tengamos un...

un momento

que sellara nuestra, digamos, asociación?

¿Tiene alguna predilección?

¿Estaban mis padres al tanto, como lo estoy yo ahora?

¿Y a qué se dedicaban realmente?

Todos los diarios de España destacan la noticia. Mira.

Peor me lo pones.

Mayor será el ridículo cuando vean que no hay disco.

Señor Cuevas, ¿está ya en Viena?

Felipe se ha reunido con su hijo.

No.

De momento no tiene que hacer nada más.

Espere a mis instrucciones.

Y sobre todo, no les pierda de vista.

Miguel tiene derecho a saber que no es huérfano como él pensaba,

que sus padres están vivitos y coleando.

Pero ¿qué pretendes, que su vida salte por los aires?

Y la nuestra también, todo sea dicho.

Si de algo carece usted, es de eso, de ser un caballero.

Si entra en mi casa,

será estrictamente por motivos empresariales,

nada tiene que buscar con mi hija. ¡¿Le ha quedado claro?!

Parece que nuestros vecinos estén más interesados con su disco,

que con especular sobre quién atentó contra Francisco Fernando.

La enfermedad de su esposa está muy avanzada.

Me pregunto si tiene algún sentido contactar

con los profesionales franceses.

Yo le pido, por favor, que haga lo que esté en su mano.

Necesito que salve la vida de mi esposa.

¡Dinos algo, que nos estás asustando!

(SE QUEJA)

Ay, niña, se está ahogando.

Que se está ahogando.

Temple, señor, no pierda la cabeza.

Estoy loco por ti.

No puedo esperar ni un segundo más.

(LEE) "Espero que estés bien, Susana. Siempre te llevaré conmigo".

¿Es o no es una despedida?

Seguro que mi esposo tiene información privilegiada,

sabe que la guerra en Europa va a estallar y teme morir.

A Lolita le ha dado un síncope y...

(LLORA)

¡Lolita!

¡Lolita!

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Acacias 38 - Capítulo 1330 (Parte 2)

17 sep 2020

Marcos regresa de su viaje. Soledad le cuenta la versión de Aurelio cuando este intentó propasarse con Anabel, y Marcos reprende a su hija por andar con tratos con los Quesada.
Natalia se enfrenta con su hermano porque sospecha que él le suministró el compuesto que provocó el malestar y la pérdida de memoria de su amiga, pero él lo niega todo.
Lolita pide ver a Natalia. La cabrahíguense le encarga cuidar de su marido cuando ella muera, si los dos están de acuerdo. Pero Antoñito tiene la cabeza en otras cosas: por fin tiene respuesta de Ramón y Cajal, que ha accedido a ver el caso de Lilita.
Cesáreo y Arantxa se despiden del barrio con la celebración de una falsa boda.
José propone a Bellita organizar un encuentro con periodistas para contar la historia de su falsa muerte. El urcitano aprovecha para anunciar un próximo disco de la gran Bellita del Campo.
Miguel quiere hacer un homenaje a sus padres, y la mención de ellos provoca una extraña reacción en sus abuelos, pero ¿por qué?

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