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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1322  - ver ahora
Transcripción completa

Sé que lleva tiempo aquí, pero aprovecho para darle la bienvenida.

Muchas gracias.

Supongo que habrá oído hablar de mí.

Digamos que goza de cierta popularidad en el barrio.

Tengo el honor de ser el tema de conversación de los vecinos.

No pasa desapercibida.

Es difícil no oír algún comentario sobre usted por la calle.

¿Por qué no continuamos nuestra conversación en otro lugar?

Odio ser el centro de atención. Yo también detesto los cotilleos.

Si lo desea, podemos tomar un refrigerio donde usted quiera.

Yo la invito.

Se lo agradezco, aunque se me ocurre una opción mejor.

Usted dirá.

¿Y si soy yo la que le invita y le recibo en mi casa?

¿En su casa?

Allí podremos hablar tranquilamente lejos de las miradas de la gente.

Comprendo que quiera ser discreta,

pero ¿no le parece muy arriesgado que nos vean subir juntos a su casa?

Es mi casa, nadie puede decirme nada.

Me parece un plan muy tentador.

Recibirá una invitación para acudir a mi casa, ¿está de acuerdo?

La esperaré ansioso.

Con Dios, don Aurelio. Con Dios.

Ya estaban tardando.

Dios los cría y ellos se juntan.

(Sintonía de "Acacias 38")

# Ea, ea, ea, mi pequeño,

# cierra los ojitos, # que así te entra el sueño. #

Eso es. Así.

Así me gusta, mi lucerito, que vayas cerrando los ojos.

Eso es, eso es, así, así.

Antonio, hijo,

empiezo a estar un poco cansado,

¿por qué no vienes un rato a acunar al crío y te distraes?

Preferiría no hacerlo, si no le importa.

Además, Moncho lleva un rato sin llorar.

Puede dejarlo.

Anda, tómate este consomé.

Le he puesto huevo, que le da más sustancia.

Gracias, Carmen,... pero soy incapaz de tragar nada.

No puedes seguir con el estómago vacío, haz un esfuerzo.

Carmen tiene razón,...

no puedes caer enfermo tú también.

Piensa al menos en tu hijo.

Tengo que ir al hospital,

que no quiero estar ni un minuto separado de ella.

Hasta que no se vayan los primos que han venido a verla,

no podemos ir, ya has oído a los médicos.

¿Y si se han precipitado con su diagnóstico?

Los médicos comenten errores todos los días,

este puede ser uno de ellos.

No sé, Antonio, son ellos los que entienden de estas cosas.

Lolita no puede tener los días contados, padre, eso es imposible.

Siempre podemos pedir una segunda valoración.

Sí. Podemos llamar a otros médicos.

Eso es.

Que nos den una segunda opinión sobre la gravedad

del estado de Lolita.

Aunque dudo mucho que nos vaya a servir de algo.

¿Cómo que no?

Claro que va a servir una segunda opinión,

una tercera, una cuarta y las que hagan falta.

¿Hasta cuándo, hijo?

¿Hasta que te digan lo que quieres oír,

que Lolita no está enferma y no se va a morir?

No me voy a quedar de brazos cruzados ni pienso resignarme.

Nadie va a hacerlo,...

pero sería bueno que...

nos fuéramos mentalizando ante un posible fatal desenlace.

Que no. No va a pasar eso y punto.

También os pediría prudencia y discreción.

Es mejor que no digamos nada a nadie, especialmente a Lolita.

¿Ni siquiera a ella?

Carmen, la noticia es tan trágica y dolorosa,

que es mejor que esperemos hasta que encontremos el momento adecuado.

"El momento adecuado".

Hay que velar por su estado de ánimo.

Quién sabe si la fortaleza de Lolita acaba derrotando a la ciencia.

Dame otra.

Ahí tienes.

Y otra.

Dame otra.

¿Seguro? Mira que llevas unas cuantas ya.

Que si, déjame a mí, que yo sé, chiquillo.

(EXHALA)

Uno, cuatro y medio, seis y medio...

Oh, otro seis.

Doce y media. Te has pasado otra vez.

¿Y tú?

¿Yo? Seis y media. Otra vez te he ganado.

Qué juego más malaje este. -¿Por qué no te plantas antes?

¡Pa clavar las siete y media, pero no hay manera!

Bueno, podemos intentarlo con otro juego.

Quita, que las cartas me están dando la tarde.

Me voy a refrescar, a ver si vuelvo a mi ser.

(RÍE)

Alodia, ven ven.

¿Conoces algún juego que entretenga a la señora?

Yo, de naipes, poco o na.

Pero flojucha como me ve, soy más de churro, mediamanga y mangotero.

No. Pero eso es lo de subirse uno encima de otro a lo bestia.

Claro. Parece una chuminá, pero tiene su técnica y posicionamiento,

no crea.

Ya, ya.

¿Tú ves a mi mujer jugando al churro o al mediamanga?

Si quiere, podría darle unos consejos,

que to se aprende, señor. -Bueno, vamos a dejarlo.

Seguro que a mí me toca debajo.

Ea, ya estoy lista.

Pero ¿y tú adónde vas ahora?

A que me dé el aire,

que ya no aguanto más entre estas cuatro paredes.

Pero ¿tú quieres que el loco ese dé contigo y volvamos a las andadas?

Ese se ha cansao, te lo digo yo.

La policía cree que no ha salido de Argentina.

Creían, pero no están seguros.

Pues que se aseguren, que ese es su trabajo.

A mí no me van a enjaular.

Yo quiero vivir la vida y disfrutar.

Anda, déjame salir, aunque sea de incógnito, José de mi alma.

Está bien. Pero antes, déjame que me asegure y hable con la policía.

Ole y ole mi marido, Dios mío de mi alma.

Muchas gracias, torero. ¡Ole! -De nada.

El... sombrerito.

Bueno, hijo.

Sabina, ¿me estás escuchando?

Sí, claro que te escucho.

Estas preocupada, ¿no?

Por Miguel.

No sé yo si la carta esa que has escrito

va a funcionar.

Ahí viene explicado todo.

El atraco es cosa nuestra, él no sabía nada.

No seas ingenuo, Roberto.

¿Tú crees que un juez o la policía va a creer a un ladrón?

Y menos, la carta de un ladrón.

Ya te lo he dicho,

porque todo lo recogido en la carta tiene sentido.

Y porque sería impensable dejar atrás

a nuestro nieto para cargar con las culpas.

Somos unos ladrones, unos delincuentes,

¿por qué habríamos de preocuparnos por Miguel?

Porque es nuestro nieto, ha crecido con nosotros, lo hemos criado.

Razón de más para que sea nuestro cómplice.

Tenemos que pensarlo mejor.

Venga, vámonos.

No cierren, esperen un momento.

¿Qué pasa?

Miguel, ¿estás bien?

¿Estás bien, hijo?

No, no estoy bien.

He discutido con Anabel.

No le des más vueltas, hombre. Todas las parejas discuten.

No es la primera vez que tienes desavenencias con ella,

ya verás como todo queda en nada. -Esta vez es diferente.

La discusión ha sido muy grave.

-Había tanto desprecio en las palabras de Antoñito...

No le des más vueltas, son cosas que se dicen por decir.

Me dijo que no quería volver a verme jamás.

Está pasándolo mal con el ingreso de Lolita, entiéndelo.

Pobre Lolita, me siento muy culpable.

Deja de culpabilizarte,

su enfermedad no tiene nada que ver contigo ni con Antoñito.

¿Cómo estas tan segura de eso?

Mi amor por Antoñito solo ha traído desgracias.

Para mí, para Lolita, para todos.

Sus palabras de repudio se me clavan como puñales.

De verdad, estoy enamorada, Anabel.

Tú me crees, ¿verdad?

Claro que sí.

No sé si podré ocultar el amor que siento por él.

Estoy destrozada.

Debes dejar que todo este asunto repose.

Dale tiempo al tiempo.

Tal vez, es mejor que el destino decida.

Quién sabe, tal vez haya una oportunidad reservada para mí.

¿Se puede? -Pa' chasco que sí, pasen.

¿Qué se sabe de Lolita, Casilda?

Pues que unos primos suyos de Cabrahígo han venido a verla.

Si han llamado a la familia del pueblo, es que la cosa pinta mal.

O todo lo contrario, niña. ¿Qué sabrás tú?

Yo, luego, si no me dan las tantas faenando,

que ya saben cómo es doña Rosina, me pasaré por el hospital.

Quizás los Palacios sepan algo.

Pues me acercaré a su casa si no me da tiempo a llegar al hospital.

Ay, Dios mío, qué ganitas de buenas noticias.

Pa' chasco que sí, seña Fabiana.

Parece que nos ha cagao la moscarda.

Y pa colmo de pena,

se nos marcha don Felipe con su hijo Tano.

¿Adónde? -A Viena, nada menos.

Con lo revueltas que están las cosas por esos países.

Ahora mismo voy a contárselo a mis señores.

Quiero decir, a don José,

que seguro que le da pena esta marcha.

Con Dios.

(Se cierra la puerta)

Otra que no anda muy católica es doña Genoveva.

Menudo disgusto tenía el otro día en su casa.

Me dio... hasta lástima.

Ya sabe que no me da ninguna pena esa mujer,

lo que le sucede es porque se lo merece.

Mira, Casilda, no hables así,

que ya te he dicho que está muy feo desear el mal ajeno.

Así lo siento y así lo digo.

¿Sabes con quién la vi hablando?

Con Aurelio Quesada,

uno de los hermanos indianos. -Nada bueno estaría tramando.

Fue de refilón, pero a la señora se la veía a gusto.

Lástima que esta señora no aprenda.

Y dale con sentir pena por ese demonio.

Verla tan sola y desesperada...

Me recordó tanto a mi hija Cayetana.

Otra también pa echarla a comer aparte.

Perdón, señá Fabiana, todos mis respetos por la difunta.

Las dos sufrían del mismo amor obsesivo y no correspondido.

Mi hija Cayetana, con don Germán de la Serna,

y doña Genoveva, con Felipe.

Y las dos dispuestas a lo que sea con tal de salirse con la suya.

Lo mejor es que don Felipe se marche bien lejos.

Por él y por todos.

Gracias, Anabel, necesitaba este abrazo.

Para eso estamos las amigas.

Aurelio, ya estás aquí.

Anabel Bacigalupe, qué honor.

He de marchar.

¿Justo ahora? Qué lástima.

Mañana hablamos, Natalia.

No hace falta que me acompañes.

Gracias por venir.

¿Qué hacía esta aquí?

Solo ha venido a interesarse por mí.

Le habrás dicho que estás mejor que nunca

por haber cumplido con tu deber.

He de reconocer que...

tienes un talento innato para seducir a los incautos.

Felicidades, hermana.

Si conseguimos que Antoñito Palacios vote a favor de la ley de minas,

podremos producir carbón sin límites.

Además, podremos exportarlo a los países que entren en guerra,

porque, nos guste o no,

Europa va a empezar la guerra antes de lo que pensamos.

¿A qué viene esa cara?

Deberías estar orgullosa,

todo ha salido a pedir de boca.

Será para ti.

Para mí, la enfermedad de Lolita lo ha enturbiado todo.

Te equivocas.

En el amor y en la guerra, todo vale.

No sé a qué te refieres.

Muy sencillo.

Si estás enamorada

y tu rival sufre una grave enfermedad,

solo tienes que tener un poco de paciencia,...

nada más.

Carmen...

Suegro.

Hola, preciosa.

Menuda siesta te has echado.

Me ha sentado de maravilla.

¿Se han ido ya mis primos?

Sí. No querían perder el coche de línea para volver al pueblo.

Es como si se me hubiera ido toda la flojera del tirón.

Sí que ha sido reparador el sueño, sí.

Pa' chasco que sí.

¿Saben de qué tengo yo el cuerpo?

De verbena,...

que tanta cama

cansa más que irse de parranda.

Vaya, pues me alegra que estés tan animada.

Pa mí que esto ha sido un buen susto...

y que ya estoy recuperá.

Qué ganas tengo de abrazar a mi Moncho.

Sin aire lo voy a dejar.

A ver qué dicen los doctores.

¿No le han informado de nada todavía?

Es que están... Estamos a la espera.

Se ve que están analizando algunas cosas

para estudiarlas a fondo antes de dar un diagnóstico definitivo.

Qué quisquillosos se ponen los médicos a veces.

Sí. Pero bueno, lo importante es que...

tú te sientas ya un poquito mejor.

¿Y Antonio?

¿Ha venido al hospital?

Claro, mujer,

pero ha preferido venir mientras dormías para evitar molestarte.

No queremos que te pongas peor,

así que es preferible evitar disgustos innecesarios.

Ya.

Antoñito te ama con locura, Lolita.

Lo sé, Carmen, lo sé.

A ver si cuando salga de aquí, pues...

La verdad es que no sé qué quiero que pase cuando salga de aquí.

¡Por las buenas conversaciones!

Ya llevan un rato sin decir ni mu.

Yo no estoy de humor, Servando, qué quieres que te diga.

Le entiendo,

por lo de Lolita y porque tiene varios frentes abiertos.

Y menos mal que tiene la pensión para paliar sus penas.

Pero vamos a ver, lo suyo en vicio, don Miguel,

que desencuentros amorosos hay todos los días

y por eso no se acaba el mundo.

Aun así, no me consuelan sus palabras.

Tampoco lo pretendo, pero sepa que los que se desean se pelean,

y el amor se compone de una de cal y cien de arena.

Si usted lo dice...

Don Antoñito, levante ese ánimo.

Además, Lolita está mejorando.

Pronto la veremos por el barrio.

¿O precisamente es eso lo que le preocupa?

Yo solo sé que cada día estoy más enamorado.

Teniendo eso claro, lo demás va to rodao, ¿eh?

(RÍE)

Qué cruel puede ser la vida, madre mía.

A mí me lo va a decir,

sobre todo, con mis inventos, que...

por falta de medios, se los han agenciado otros.

Lo de cruel, en este caso es quedarse corto,

fíjese lo que le digo.

(SUSPIRA)

Miguel, ¿no le va a decir nada a Antoñito?

¿Y qué quiere que le diga?

No sé, algo para que se anime,

que no hay mal que cien años dure, que Dios aprieta pero no ahoga,

que del dicho al hecho pasa un barco por el estrecho...

Yo solo quiero que los problemas se solucionen

y que el mundo se convierta en un lugar mejor.

¿Y esa filosofía?

No lo sé, yo solo he contestado a su pregunta.

Esta botella es excepcional, don Felipe.

No tenía que haberse molestado en traerla.

Es lo menos que podía hacer para recompensarles por su hospitalidad.

Por favor... Ha sido un placer tenerle con nosotros.

Considere esta casa como suya, ¿verdad, Rosina?

Sí, sí.

Yo quería aprovechar para pedirle disculpas

porque mi comportamiento en algún momento

no ha sido todo lo cordial que debería con un invitado.

No se preocupe, me hago cargo.

Entiéndame,

me gusta estar a bien con todos los vecinos, y su presencia...

Doña Rosina, no hace falta que se disculpe.

Sus excusas son innecesarias.

Pues agradezco su comprensión.

Genoveva es experta en quedar bien con los demás

y dejar mal a sus enemigos.

¿Y no ha pensado que quizás no todo es culpa de Genoveva?

Rosina.

¿A qué se refiere? No la entiendo.

Perdone que le diga, pero a veces,

sus actos han dejado un poco que desear.

Sin ir más lejos, el día que llegó Genoveva,

usted provocó una situación muy incómoda para los vecinos.

Mire, doña Rosina, si actué así fue por impotencia.

Sentí que no se había hecho justicia por Marcia.

Pobrecita. Yo le entiendo a usted,

pero un caballero debe mantener las formas y el decoro,

especialmente en público. -Cariño,

no puedes juzgarle por un momento puntual.

Es que no fue solo una vez.

Se enfrentó a Genoveva cuando organizó la misa por Marcia.

Misa,

a la que acudió usted tan pancho

sin que nadie entendiera nada.

Eso forma parte del pasado, ¿entiendes?

De nada sirve removerlo ni sacarlo a la luz.

Doña Rosina, mi intención es hacer borrón y cuenta nueva.

Sí, me hago cargo, pero yo necesitaba aclarar esta situación

con usted.

(DOÑA ROSINA CARRASPEA)

(Suenan las campanas)

¿Estás seguro que tiene que estar aquí?

Como que me llamo Jacinto Retuerto Escolano.

Lo he buscado por todas partes y tiene que estar aquí.

¡Iepa-ia! Aquí estás, bribona.

Tenías razón, aquí estaba.

Claro que tenía razón.

Y menos mal, que tengo que apretar y ajustar esta tubería

que está goteando, antes de que vaya a mayores.

¿Bostezas por hambre o por sueño?

Más bien, por la falta de sueño.

Muy temprano empiezas.

Si no te importa, me bajo, que está al llegar el del reparto.

Una cosa, Indalecia, antes de que te vayas.

Que te estoy muy agradecido por echarme una mano con el quiosco.

Na, si no es molestia,

que pa estar mano sobre mano, mejor ganarse unas perrillas.

Pues sí.

Acércate a llevarle la prensa a los Gutiérrez

y a don Hilario, el párroco, no te olvides.

Apuntao lo tengo aquí.

Ah, y de las plantas no te apures, que una servidora es una entendida.

Conozco todas las variedades,

aromas y propiedades curativas.

Así da gusto dejarte el negocio.

Lo que no acabo de entender es por qué no te fuiste con tu madre.

¿No te gusta que esté aquí?

No te lo tomes a mal, que me hace mucho avío tenerte en el quiosco,

pero se me hace raro, como llegasteis juntas.

Pa una vez vengo a la ciudad, pa qué irse tan pronto.

Con la de cosas que hay pa hacer,

como los toros o las barcas del estanque.

Me voy, que tengo que hacer el reparto.

Con Dios.

(BOSTEZA)

A ver la tubería.

Jacin...

Aquí no está ni el tato.

Uy. Mira, qué cosita.

Solo falta el buey y la mula pa cantarle un villancico.

Madre de Dios.

¡Eh! ¡Despierta, hombre!

Servando.

¿No te da vergüenza dormir en horas de trabajo?

No estaba durmiendo, estaba arreglando la tubería.

Sí, la estabas apretando con ronquidos.

Madre de Dios, con ronquíos y todo.

Pensé que con la tía Benigna fuera dormirías mejor.

Eso sería si pillara la cama y no seguir en el jergón.

¿No me digas que sigues durmiendo en el suelo?

No es cosa de encamarme con la prima de la Marcelina.

Pero ¿no debería haberse ido con su madre?

Eso le he preguntado,

pero me ha salido por peteneras,

que si le gusta la ciudad, los toros...

(RÍE)

A ella lo que le gusta es la cama de matrimonio.

¿Cómo que la cama de matrimonio? Que sí.

Que ella lo que quiere es guerra.

O peor,

que se haya enamorado de ti.

(RÍE) Qué cosas dice usté, Servando.

Tú rite rite.

Que lo contagias.

(RÍE)

Qué grata sorpresa, doña Rosina, no esperaba su visita.

Disculpe el atrevimiento, pero...

hay un asunto que me urgía tratar con usted y no quería dejarlo pasar.

Tome asiento, por favor. ¿Desea tomar algo?

¿Tiene de esas pastas de mantequilla

tan deliciosas que ofrece otras veces?

Lo siento, no me quedan.

Puedo ofrecerle un café

o una infusión, si quiere.

No me gusta llenar el estómago de líquidos, me da ardor.

Prometo estar prevenida para la próxima vez.

No sé si tiene conocimiento de la marcha de Felipe.

No solo deja el barrio, al parecer,

también la ciudad e incluso el país.

Lo sé, y no porque me lo haya dicho él.

Aunque aún estamos casados, sigue empeñado en ignorarme.

Ya no sé qué hacer para recuperar mi matrimonio.

A veces pienso que quizá haya llegado el momento de abandonar.

Perdone, doña Rosina, no tengo derecho a contarle mis penas.

No se preocupe, pa...

Gracias. Para eso estamos las amigas.

He llorado tanto, que no sé cómo me queden lágrimas.

Pues llore, llore si lo necesita, no se preocupe por mí.

No duermo, apenas como

y me paso el día dando vueltas por la casa como un alma en pena.

¿Hasta cuándo voy a seguir así?

Bueno, tenga fe, a lo mejor Felipe acaba por claudicar.

¿Y mientras tanto?

¿Sigo aguantando sus desplantes, sus abandonos, sus desprecios?

Desde que lo conozco, solo me ha dado engaños y disgustos.

No me quedan fuerzas, me siento débil.

¿No estará pensando usted en abandonar?

No puedo hacer nada más.

¿Va a dejar que Felipe se marche así como así?

Es usted una luchadora, una de las mujeres más fuertes que conozco.

No es propio de usted abandonar.

Perdóneme.

Discúlpeme, no tengo derecho a hablarle así.

Todo lo contrario, se lo agradezco de corazón.

Las verdades duelen, pero son necesarias.

¿Espera a alguien? Veo que tiene invitados. Qué mesa tan bonita.

Me sorprende que tenga ánimos para encuentros sociales.

La vida sigue, no tiene sentido que yo me encierre.

He invitado a cenar a don Aurelio Quesada.

¿Ha dicho Aurelio Quesada?

(ASIENTE)

Qué manía la suya siempre de ponerse en lo peor.

¿Por qué va a recaer?

Si los médicos la sueltan es porque está recuperada.

Porque la salud es muy delicada, Servando,

y si no se está rodeada de cariño y tranquilidad, se resiente.

Que Lolita va a estar rodeada de cariño, eso es seguro.

Lo de la tranquilidad es otro tema, que como están las cosas...

Buenas. Serán pa usted.

Uy...

Buenas.

Servando, ande, sírvale un café al sereno,

que parece que le hace falta.

No, gracias, Fabiana, venía a saludar.

Ah.

(RÍE)

¿Viene a saludar o a ponerse al día?

¿Qué prefiere, el drama de Lolita

o lo de que Indalecia no se ha ido con su madre al pueblo?

No se lo tome a mal,

pero no tengo ganas de conversación.

Ya.

Pues nada.

Ya encontraré a alguien con quien pegar la hebra.

¡Abur!

Se va otra vez sin dar un palo al agua. ¡Qué harta me tiene!

Dios mío, qué paciencia. Dame paciencia, Dios mío.

¿Quiere usté algo?

No, gracias.

Cesáreo, ¿está usted bien?

Fabiana, ¿qué opina de las segundas oportunidades de la vida?

¿Cree en ellas?

Así a bote pronto, no sé qué decirle, la verdad.

Estaba yo pensando si es bueno aprovecharlas cuando se presentan

o si es mejor olvidarlas y dejarlas en el pasado.

De verdad, parece mentira que ni usted ni Servando

sepan hablar de algo divertido.

Ande, quítese y déjeme paso.

No me parecía de recibo guardarme la información,

por eso me presenté en su casa en cuanto pude.

Reconoce que fuiste a tantear cómo le había sentado

la marcha de Felipe.

Ponerla al tanto era mi obligación como buena vecina.

Dime, ¿estaba o no estaba afligida Genoveva?

Estaba destrozada. Hice lo que pude para animarla.

Mejor quedarse viuda, que despechada y abandonada.

No tan abandonada.

Me dijo que esperaba la visita de Aurelio Quesada.

Qué poco me gustan a esos indianos.

Mires donde mires, siempre hay uno rondando el barrio.

Menuda maldición nos ha caído.

Que nos está mirando.

Ahí viene.

¿Querían decirme algo, señoras?

He visto cómo me miraban y comentaban algo.

Te equivocas, jovencita.

Como comprenderás, tenemos cosas más importantes de qué hablar.

Disculpen.

Malinterpreté su gesto,

pensé que era por mí, pero debe ser su problema para hacer de vientre.

Les aconsejo los higos, son mano de santo para el estreñimiento.

Que tengan buen día.

¿Quién se habrá creído esa mocosa?

Una buena azotaina es lo que yo le daba.

No podemos quedarnos de brazos cruzados, hay que hacer algo.

¿Cómo qué?

Llevo días dándole vueltas a una cosa pero no me atrevía,

hasta ahora.

Viendo tu cara, miedo me das. -Hay que dejarse de tonterías

y pasar a la acción.

Vamos. -(RESOPLA)

Vas a acabar como la Venus de Milo, sin brazos.

¿Me vas a contar qué te pasa

o vamos a seguir jugando al ratón y al gato?

Pensaba... que teníamos confianza.

¿No te fías de mí?

No es eso.

Ustedes son lo más auténtico que tengo en mi vida,

sé que jamás me traicionarían.

¿Qué pasa, sigues triste por tu discusión con Anabel?

¿Por qué esta riña ha sido diferente?

Anabel ha estado ejerciendo de celestina entre Antoñito y Natalia.

¿Te lo ha dicho ella?

La sorprendí hablando con Natalia y ella me lo confesó.

Nunca imaginé que Anabel se prestaría a algo así.

No puedo evitar sufrir por Lolita, esa muchacha no merece ese engaño.

Ni ella ni nadie.

Tienes razón,

la cosa es seria,...

pero, os queréis,

y seguro que encontráis la manera de arreglarlo.

¿Sí?

Gracias.

Bueno, vuelvo con mi tesis, -Sí.

-...a ver si consigo distraerme un poco.

Muy bien, hijo.

Con Dios.

¿Adónde va?

A continuar con su tesis.

Ya son ganas de ponerse a estudiar teniendo un trabajo.

Escucha, Roberto.

Dime.

Miguel es un bendito y no merece que le pase nada malo,

así que no pienso perpetrar ningún robo

hasta que la coartada esté bien clara.

Yo tampoco quiero causarle problemas a nuestro nieto.

Ante la menor duda de que Miguel pueda acabar entre rejas,

aborto el golpe,

así que ya sabes lo que tienes que hacer.

Busca una coartada.

Si no la encuentras en cuatro días, no hay golpe.

¿Te queda claro?

Haré todo lo posible, Sabina, te lo prometo.

Bien. Vamos.

¿Cómo está, os han dicho algo nuevo?

Los médicos se reafirman en el mismo diagnóstico.

Los resultados de las pruebas confirman lo que ya sabíamos.

La enfermedad está muy avanzada y no se puede hacer nada.

Pero ¿cómo que no se puede hacer nada?

Si se despertó llena de energía y de ánimo.

Eso les he dicho yo, pero...

lo atribuyen a la medicación que le están dado.

¿Y esa medicación no le puede curar? -¡No, Carmen, nada le puede curar!

¡Lolita se muere, ya está!

(Llantos)

Vaya, se ha despertado.

Hijo, tranquilízate,

Carmen solo preguntaba.

Y yo le he contestado como usted le pidió a los médicos, sin rodeos.

"A su mujer le queda poco tiempo y no se puede hacer nada por ella".

Es lo que han dicho, ¿o no?

Menos mal que ha vuelto a coger el sueño.

Gracias, Carmen.

Entonces, ¿no hay ninguna esperanza?

Nos han hablado de unos laboratorios que investigan esta enfermedad,

pero hasta el momento, no han dado con ningún medicamento efectivo.

No puedo creer que no se pueda hacer nada.

Dicen que el avance de la enfermedad es galopante para poder atajarlo.

Según las pruebas, está afectando a órganos vitales.

¿Y... se lo habéis dicho ya a Lolita?

El doctor cree que es aconsejable,

pero mi hijo, es el único que debe tomar la decisión.

No pienso decirle que se va a morir, padre, jamás.

Antoñito, pero... ella cree que está recuperada.

Ayer no hacía más que hablar de ir a una verbena y abrazar a su hijo.

La medicación mitiga los síntomas, pero no elimina la enfermedad.

Decirle la verdad sería como darle un disparo en la sien.

Hijo,...

yo también tengo dudas sobre cuál es la decisión correcta,

pero ocultando la verdad,

le privas a Lolita despedirse de los suyos.

Ella debe saberlo, no puedes engañarla.

No sé cómo pude engañarla, padre.

No sé.

Mira que eres retorcida, Susana.

Me tienes envidia porque no se te ha ocurrido a ti.

Desde luego. Ni con tres vidas, alcanzaría tu nivel.

A no ser que esa virtud me viniera de cuna.

Entrega y dedicación, no hay más secreto.

¿Sí? Estoy deseando ver ese plan contra los indianos.

Pues tendrás que esperar,

no quiero que las prisas lo echen todo a perder.

Te gusta hacerte de rogar.

De rogar también, que a buena cristiana no me gana nadie.

¿No estarás sugiriendo que volvamos a misa?

Quita, quita, que ya llevo hoy dos, no hay que abusar.

Quiero que vayamos a casa de nuestra amiga Bellita.

¿Te ha vuelto a comentar lo de salir a la calle?

La pobre no puede más con su confinamiento forzoso,

daría cualquier cosa por salir de esas cuatro paredes.

Hay que quitarle esa idea.

Mejor encerrada y viva, que libre y en la morgue.

La podemos ir a ver.

Sí. -¿A quién vais a ver?

Hola, Liberto. Hola.

¿De quién hablabais?

Pues, de...

De alguien que quiere vernos. -Eso, de alguien.

Alguien, ¿eh? -Sí.

Espero que no se trate de don José Domínguez.

Ay...

(RÍE) Es que solo con mirarme me adivina el pensamiento.

Mucho visitáis últimamente a don José.

Y más que tendríamos que hacerlo,

que el pobre viudo no tiene consuelo.

Sí, no debe ser fácil hacerse a la idea, ¿verdad?

(ROSINA ASIENTE) -¿Subís a casa?

Eh... Adelántate tú,

enseguida vamos nosotras.

Ay, pobre hijo mío.

Uy. Ese hombre me da mala espina.

No le conozco de nada.

No me suena. -Del barrio no es.

Claro que no.

Espero que no se quede mucho,

no me gustan los desconocidos por estas calles.

Bueno, vamos. -Sí, vamos.

(Puerta)

Buenas noches.

Buenas noches.

Adelante. Gracias.

Acepte este pequeño detalle.

Espero que le gusten los bombones belgas.

El mejor chocolate.

Las flores son preciosas, no tenía que haberse molestado.

Es un placer compartir cena con una mujer como usted.

Le agradezco que haya aceptado mi invitación.

Voy a ponerlas en agua, vuelvo enseguida.

Vaya pasando al salón. Gracias.

(Pasos)

Tiene un gusto exquisito para las flores.

Y para otras cosas.

Soy un enamorado de la belleza en todas sus manifestaciones.

¿Y quién no lo es?

Su casa es un ejemplo del buen gusto de su moradora.

Me alegro de que le guste.

¿Qué le parece si brindamos?

Todo lo que me ofrezca me parece perfecto.

Por las nuevas amistades.

Por las nuevas amistades.

He oído hablar de usted y no se corresponde con la realidad,

me encuentro a una mujer culta y muy atractiva.

No me puedo creer que le queden solo unas semanas de vida, es que no...

no puedo asimilarlo.

Resignación, hijo.

Lo que hay que hacer es luchar.

Si estos médicos no pueden curarla, habrá que buscar otros.

¿Escondido en la Patagonia? -Ese hombre aún no ha sido detenido.

Pero está en la Patagonia, que no se puede estar más lejos,

así que, este es un tema olvidado.

¿No te da vergüenza salir así a hablar conmigo?

Yo te he visto a ti y tú me has visto a mí.

A mí me gusta tu cuerpo, tanto como te gusta a ti el mío.

Jacinto, menos mal que te encuentro, te he traído magdalenas.

Ah, y otra cosita, que te he planchao la ropa.

Esta quiere sustituir a la Marcelina.

¿Por qué nos atrae lo prohibido? -Bueno, dilo por ti,

yo voy a seguir con Miguel.

A ti te atrae lo prohibido como a mí.

Mandarle a un teatro a Valencia, pagar a una ramera,

hacer que lo metan en la cárcel, dejarle inconsciente

para que lo ingresen en un hospital.

Claro. -Como no tengas una idea mejor,

no habrá atraco. -Eso no, eso no.

Espero que la salud de su esposa no le impida cumplir

con sus obligaciones, tengo muchos intereses.

¡Usted es un sinvergüenza, un maldito sinvergüenza!

Suélteme o va a tener problemas más graves de los que tiene.

¿Acepta? -Solo tengo una única petición,

que sea Miguel quien viaje a Oviedo y cierre la adquisición.

(LEE) "Fuera extranjeros y criollos de Acacias".

Me gustaría echarles de España, pero no sé si podemos.

¡Por favor, Susana!

No tengo nada en contra de los extranjeros,

solo de los que viven aquí.

Hablo de Antoñito, ¿qué va a pasar?

No lo sé, Carmen.

¿Ya no quieres verle?

-He hablado con la Policía argentina

y me han dicho que el hombre que acosa a mi esposa

puede estar oculto en la Patagonia.

Pero no me dan certeza,

solo saben que el fugitivo tiene cicatrices en los brazos.

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Acacias 38 - Capítulo 1322

04 sep 2020

Los Palacios acuerdan no decirle nada a Lolita de lo irreversible a su enfermedad y mientras tanto Lolita está feliz porque el médico le ha dicho que en unos días podrá volver a casa. Natalia, frustrada y disgustada, parece conformarse con el distanciamiento de Antoñito, y Aurelio intenta animarla.

Susana y Rosina se preocupan por Bellita, pero no detectan ningún peligro cuando ven a un tipo misterioso. Anabel le planta cara a Susana, que tiene una idea para luchar contra tanta desvergüenza. En casa de los andaluces sigue el tira y afloja entre Jose y Bellita por el afán de la artista de dejarse ver en público.
En el restaurante Sabina teme que la carta de Roberto no sirva para exculpar a Miguel así que la matriarca decide darle un ultimátum a su marido. Cesáreo está muy extraño desde que recibió el telegrama del que no quiere hablar. Jacinto está molesto con que Indalecia se haya quedado en la ciudad y Servando sospecha de ella.
En el principal Genoveva cita a Aurelio, a ojos de Fabiana que lo ve todo desde fuera. Genoveva habla de la marcha de Felipe con Rosina, que se entera de que tiene una cita con Aurelio.

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