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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1300 - ver ahora
Transcripción completa

Quiero una confesión de su puño y letra.

Quiero que confiesen que asesinaron a la pobre Marcia a sangre fría.

¿Qué dice este hombre?

No le hagas caso, todo son sandeces de un perturbado.

¡Yo no pienso firmar nada!

Andas revuelta con lo del médico, ¿no?

Me han hecho la mar de perrerías,

y no han dado con la causa de mis desmayos.

-Mujer, los resultados de las pruebas dicen que no tienes nada.

-Dicen que no saben lo que tengo, que es bien distinto.

Les recomiendo que admitan su culpabilidad.

Solo así podrán librarse de este tormento.

Y quizá...

hasta recuperarán su libertad.

Quién sabe si mutilados de por vida,

pero vivos.

Volví a ponerme en contacto con el hotel

y me dijeron que tampoco habían cancelado la reserva.

-¿Cree usted que pudieran haber tenido un incidente?

-Eso es obvio.

Seguro que les ha pasado algo durante el viaje.

Hasta he pensado dar parte al comisario Méndez.

-¿No le parece un poco precipitado?

-A mí me parece una situación alarmante.

-He tenido que pedirle a Miguel que deje de verme.

-¿Por qué lo has hecho?

-Natalia me obligó.

Me ha amenazado con contarle lo que sucedió con Aurelio en México

hace años.

-Confía en tu padre y estate tranquila.

Sé muy bien cómo pararle los pies tanto a Aurelio como a Natalia.

¿Quién te ha hecho este regalo tan ostentoso?

-Ni idea, el mozo no ha dicho nada y no viene tarjeta.

-¿Cree que alguien quiere conseguir algo de mí?

-No le encuentro otra explicación.

Nadie regala nada por nada.

¿Y qué cree que debo hacer?

Tratar de devolver el reloj y los puros

y no aceptar ningún tipo de regalos.

(Toca el saxofón)

¿Qué le trae a usted por estas tierras? ¿De dónde viene?

Vengo de Barcelona,

y trato de buscarme las lentejas por aquí, como todo el mundo.

-Sea usted muy bienvenido.

Estoy completamente segura de que le va a ir muy bien por aquí.

-No creo que ni Miguel ni nadie sospechen nada.

Además, el otro día leí en la prensa que la policía

había dejado de investigar el robo que hicimos en Edimburgo.

Puede ser un truco de la policía

para que nos relajemos y bajemos la guardia.

Llevamos toda la vida con esto, nunca han sospechado de nosotros.

Reconócelo,

somos el sumun de la prudencia.

-Te doy la razón.

Ojalá nuestro hijo y nuestra nuera hubieran sido igual de prudentes,

no estarían pagando por sus delitos.

Los regalos son una muestra de buena voluntad, nada más.

No está obligado a nada.

-Bueno, déjese de buenas voluntades.

Insisto, si me facilita la dirección, se lo devuelvo.

Si no, lo donaré todo a la parroquia.

Si le cuento a sus vecinos lo que sé sobre su familia,

Anabel tiene mucho que perder,

pero usted aún más; y no me refiero solo a lo económico.

-Hay ciertas cosas...

que sé sobre usted que arruinarían su buena fama en este barrio.

Mienten, los dos son unos asesinos. No, no lo somos.

Yo misma fui absuelta de ese crimen por un tribunal.

¿Te juzgaron por la muerte de esa mujer...

y me lo has ocultado todo este tiempo?

¿No contesta usted, señora?

Qué bien se debe vivir en la inopia.

Ni sientes ni padeces, ¿no es cierto, abogado?

Aunque no termino de creer que su ignorancia sea tan grande.

El silencio no le va a salvar.

Tampoco a usted, señora.

Ya lo has oído,

me absolvió un tribunal.

Maldigo a los tribunales.

Los desprecio.

Los ricos y poderosos como usted siempre salen bien parados.

El dinero funciona, ¿verdad?

Aquí y en Brasil. En todas partes.

Los jueces se arrodillan ante los que más tienen,

los que les dan de comer.

Les decía que no les creo porque tengo la teoría

de que fueron ustedes cómplices en el asesinato de Marcia.

Sí, sí, no me miren así.

Los dos se pusieron de acuerdo para terminar con su vida.

Es falso, rotundamente falso.

Claro.

No esperaba menos de usted, señora.

¿Tiene algo que alegar el señor letrado?

Bien.

Como no hay confesiones voluntarias,

las tendré que conseguir contra su voluntad.

Empezaremos por usted, señor Álvarez-Hermoso.

Felipe... ¿Qué estás haciendo?

(SE QUEJA) Por favor, déjale.

Déjale, no le hagas daño, por favor.

No te preocupes. ¿Dónde le llevan?

¡No te preocupes! ¡Felipe, no!

Por favor, no le hagas daño.

Felipe...

Por favor, no le hagas daño. Por favor, Santiago.

No. ¡Felipe! ¡Felipe!

No te puedo ayudar.

No recuerdo absolutamente nada.

Lamento la muerte de Marcia como la de cualquier otra persona,

pero no te puedo ayudar.

Piense...

que no me ayudaría solo a mí,

que se ayudaría sobre todo a usted.

Recuperará la memoria.

Mis métodos son infalibles.

¡Animal!

¡Eres una bestia repugnante!

¡Felipe!

¡Felipe! ¡Felipe, por favor!

Hasta los más duros de mollera terminan recordando.

Y usted no es duro de mollera, ¿verdad, letrado?

(LLORA)

¡No!

(Sintonía de "Acacias 38")

Que no soporto que me presiones,

que me metas prisa, que ni me dejes pensar.

No hace falta que nos casemos ya,

pero podemos empezar a prepararlo todo, a formalizar la relación.

¿Es que no me escuchas?

No vamos a formalizar nada. Vamos a dejar de vernos.

¿Qué?

Lo que has oído.

Nuestra relación no tiene ningún futuro.

Llevas toda la tarde sin decir ni mu,

como ausente.

No es nada.

Algo será cuando te lo guardas tanto.

No insista usted, por favor.

Otro al que le ha comido la lengua el gato.

Ni saludar siquiera.

No es por meterme donde no me llaman,

pero parece usted un poco cabizbajo y meditabundo.

Añada usted "indignado" y tendrá el cuadro completo.

Si se parece usted un poco a mí,

sabrá que las penas compartidas son menos penas.

¿Qué le tiene a usted de tan malos humos?

La indecisión.

¿Propia o ajena?

El indeciso soy yo.

¿Y el dilema?

Hacer o no hacer un pacto con el diablo.

¡Dichoso Mefistófeles!

Según lo dice usted,

parece que fueran viejos conocidos.

No, no, tanto como conocidos no,

de oídas, si acaso.

Pero sí sé que a veces es necesario plegarse a sus deseos

y pactar con él.

El precio es alto.

Pues entonces,

debe valorar qué sale más caro,

si pactar con el diablo o abstenerse.

¿A qué se arriesgaría usted en caso de no pactar?

Al descrédito,

a la infelicidad,

a la ruina,

y puede que...

hasta a una muerte violenta.

Entonces, pacte,

cierre el trato.

Al menos, voy retrasando las consecuencias.

¿Necesita usted tiempo?

(ASIENTE)

Entonces, no lo piense más.

Pacte,

eluda la amenaza... y dese tiempo

para pensar en alguna forma de zafarse a largo plazo.

Nunca dejará usted de sorprenderme, amigo Roberto.

¿Con qué clase de experiencias ha obtenido usted

esa sabiduría acerca de la zona oscura?

Se lo contaría, pero yo también hice un pacto años ha.

Un pacto de silencio, amigo.

¿Qué hay de cenar?

Espera, no me lo digas.

Crema de guisantes y chuletas de lechal.

Qué olfato, suegro.

Acabo de pasar por la cocina. -Muy bien.

Siéntese con su esposa,

que en terminar de poner la mesa me uno a ustedes.

Nos falta el señor diputado.

Sí, debe estar al llegar.

Dijo que llegaría pronto.

Ahí lo tienes.

(Puerta)

Buenas, familia. -Hola.

-Buenas.

Madre mía, qué bien huele.

Para que esperar más, voy a por la cena.

Aguarde.

No me miren así, solo quiero decir algo a la familia.

Pero ¿tan urgente es?

Entonces, bien podrá esperar a que demos cuenta de la cena.

Sí, sí, por favor, que me muero de hambre.

Será mu rápido.

Pues dilo ya, por favor.

Me marcho al pueblo con Moncho.

¿A qué pueblo, a Cabrahígo?

No, al de otra, cariño.

A Cabrahígo, claro que a Cabrahígo.

¿Qué se te ha perdido a ti en Cabrahígo?

Perdérseme na, que allí to se encuentra.

Me voy porque quiero que Moncho vea las carreras de sacos

que organizamos en estas fechas. -"Carreras de sacos".

Ni que fuera el hipódromo, Lola.

Bueno, pues son mucho más emocionantes

que las de los caballos esos relamíos.

También hay carreras con un huevo en una cuchara que sujetas con la boca.

Mira, como el National Derby de Ascott.

¿Qué dices? Háblame en cristiano.

Perdona.

Nada, mujer, ve, claro.

Me encantaría acompañarte, pero ahora...

Como presidente de una comisión no puedes ausentarte.

Le vas cogiendo el tranquillo al lenguaje parlamentario.

También sé imitar a las gallinas cluecas.

(LOLITA IMITA CACAREA)

En fin, insisto, me gustaría acompañarte, pero...

Moncho me hará compañía.

No creo que sea una buena idea viajar sola con el crío.

A lo mejor mi padre tiene razón.

Ni que una fuera manca.

Además, hoy en día, los trenes son mu cómodos.

No necesito a nadie.

¿Usté se puede hacer cargo de la mantequería?

Naturalmente.

Ea. Serán unos días na más.

Ve tranquila.

Hale, a cenar.

(Graznidos)

Felipe...

Felipe...

Felipe, ¿dónde estás?

¿Qué le habéis hecho?

¿Dónde está mi esposo? ¿Qué le habéis hecho?

(LLORANDO) Felipe...

¡Felipe!

(LLORA)

(LLORA)

(LLORANDO) Felipe...

No.

No.

Ay, Cantero. Tremendo.

Na, que no vienen. A ver si no van a venir, Jacinto.

Que sí, prima.

Al menos el que he escogío yo, que es un hombre de ley.

Un portero como la copa de un pino.

¿Va vestío de verde?

Qué graciosa eres, prima, mu graciosa,

como la Primorosa, que balaba con los dientes apretaos.

Será un buen novio, ¿no?

Que a la seña Fabiana no podemos ponerle delante cualquier cosa.

Sí, sí. Un viudo más salao que el mar océano.

El que traigo yo es un zapatero,

arregla las suelas de los tacones cerca del mercao.

Soltero, bien plantao.

No mu puntual.

El tuyo tampoco lo parece,

no es puntual como el reloj del ayuntamiento.

Ah. Pues mira, mira, por allí viene la flor de los porteros.

Mira, por aquí, la nata de los zapateros.

Bienvenidos, caballeros. Gusto verlos.

-Buenas. -Ahora vamos a ir

a tomar una zarzaparrilla a la pensión.

La mejor zarzaparrilla de la ciudad y de todas las pedanías.

Como que la hace la misma dueña,

una mujer trabajadora como las demás.

Ustedes esperen en la pérgola, que vamos a buscarles en un pispás.

Con Dios. -Gracias.

Hasta ahora. -¿Pa qué les haces a esperar?

Hasta las ovejas se desasosiegan con las esperas, aunque parezca mentira.

Es que es mentira.

Voy a atildarlos un poco pa que estén más provocativos.

¿Te crees que se van a dejar endomingar así como así?

Chist. Eh.

¿Quiénes son esos dos menesterosos de la pérgola?

No dirá lo mismo cuando los peine

y les ponga estas pajaritas tan monas.

¿Y para qué quiero ver yo peinados y con pajarita a estos dos?

No los mire si no quiere, son pa la Fabiana, no pa usté.

¿Pa la Fabiana, pa qué?

¿No se ha fijado lo desanimá que está?

Se lo dije a usté y no me hizo caso.

Le estamos buscando novio a la seña Fabiana.

¿A quién, a la Fabiana?

¿Pareja?

¿Esos dos?

Si son muy feos. -¿Usted se ha mirado en el espejo?

Hasta ahora.

Me ha llamado feo la niña.

¿Y para qué quiere Fabiana novio?

Verá, Servando,

cuando un borrego está solo y necesita algo en la vida y crece,

llega un momento... No.

Cuando una oveja va a una flor,

se posa sobre ella y...

No.

Ya. ¿Usted qué piensa que hacemos la Marcelina y yo...?

Me está entrando un dolor de cabeza más tonto ahora mismo...

Si al final tendré que explicarle yo lo que es la vida.

Ea.

Aquí tiene señorita, sus cinco tabletas de chocolate.

Apúntelo a la cuenta de mi padre. -Sí.

Mucho chocolate compra usté, al menos, últimamente.

Me gusta.

A lo mejor es el secreto de que esté tan guapa.

No se ría de mí.

No acostumbro a burlarme de la gente en general.

Y menos de usté, que está en una edad mu difícil.

Como chocolate para engañar a la tristeza.

Uy...

¿Ve como sabía yo que había algo ahí?

¿Mozos?

Uno.

Ya, ya me imagino que no son media docena.

Que los hombres hacen sufrir, pero de uno en uno.

¿Le ha dao calabazas?

Ni se ha fijao en usté, ¿es eso?

Sí que me quiere. Demasiado.

Si ese mozo le quiere tan demasiao y usté quiere a ese mozo,

pues arrejúntense y afronten juntos lo que les tenga que venir,

que la vida son dos días.

Con Dios.

Hale.

Mírala, siempre al pie del cañón, ¿eh?

Como usté, como toas.

Ya, pero todas no sufrimos vahídos ni vomitamos por los rincones.

¿Quién se lo ha dicho a usté?

Carmen, ¿quién va a ser?

Pero no se le eches en cara, que te conozco.

Ella está muy preocupada.

Ya hablaré con ella. Y usté, guárdeme el secreto.

Está bien, te guardo el secreto,

pero me dan ganas de tirarte de las orejas:

no deberías estar trabajando. -Venga ya, tampoco es pa tanto.

Es poca cosa.

¡No me digas que es poca cosa que la tenemos!

Conmigo puedes ser franca.

¿Qué pasa? ¿Estás preocupada?

Pues sí.

Y no quieres preocupar a los demás.

De ser yo tu marido,

no creo que pudiera agradecerte que me tuvieras in albis.

Por eso me voy al pueblo.

Allí descansaré y me curaré con las aguas.

¿Qué aguas son esas?

Unas.

¿Qué curan?

Desde las calenturas a las mujeres yermas,

pasando por las almorranas y las verrugas.

Mano de santo.

De amplio espectro entonces.

Eso no sé qué es.

Pero solo se curan los que no se lavan en ellas.

Oh.

Pues ve, no tienes nada que perder.

Ya.

Es posible que volver a tu pueblo sea la mejor medicina.

Eso digo yo.

Allí tratan mu bien a los que volvemos.

Claro. Pues, ya está, no se hable más.

Ve, y si no funcionan las aguas,

siempre estás a tiempo de volver y visitar a un especialista.

Más miedo que los mareos y las arcadas

me da no ver a la Lolita dicharachera de siempre.

Ve, vuelve y lo que sea,

pero sobre todo, no te rindas, hija.

¿Rendirme yo?

No parece que me conozca usté tanto.

Antes muerta que rendía.

¡Eso es lo que quería escuchar!

Y ahorra, dame el tocino para las lentejas, anda.

(FABIANA TARAREA)

La encuentro a usted contenta por la mañana.

A ver cuando puedo decir yo una mañana que le encuentro laborioso.

Al final no se va a poder hablar en esta casa.

Yo hablo y faeno al mismo tiempo.

Pruebe usté, que no es tan difícil.

Y solo por curiosidad,

sin querer interrumpirla,

¿qué es esa canción que tarareaba cuando he llegado?

Una canción dice...

No es una canción, es un solo.

Hasta que se cante a dúo.

No se puede cantar porque no tiene letra.

Vamos a ver, no hay canciones sin letra.

Será en su pueblo. En el "disielan" sí.

¿Lo cualo?

¡El "dsielan", leñe!,

que alberga usté menos conocimientos musicales que un grillo.

Es un sonido nuevo

que viene de Nueva Orleans, lo mismito que el blues.

Yo escucho cosas de esas al pasar por los "naiclubs".

Fabiana, ¿no habrá estado usted saliendo de noche

y dejando a los huéspedes desatendidos?

Servando, no hace falta ir muy lejos para aprender,

si se tiene oreja, claro.

Socio, que se ha quedao usté en el pasodoble.

Ya me informaré yo por ahí de esos ritmos nuevos.

He de decir que a mí me gustan.

Cuando estemos hablando de chuzos ya le preguntaremos su opinión.

Es usted más antiguo que las hachas de piedra.

¿Cómo se tocan esos ritmos, con acordeón?

Sí, acordeón, una botella de anís

y la cabra subida en un taburete.

Se toca con un saxofón, pero yo prefiero llamarlo "saxo".

Por abreviar, claro, pues no me diga más.

Así lo haré, ni una palabra más.

Por aquí. Adelante, adelante.

Siéntense aquí,

siéntense aquí,

que la propietaria les atenderá enseguida.

¡Mírelos, qué guapos! Así, sí.

¿Y la seña Fabiana?

Haciendo sus labores, ahora saldrá.

Vamos a ver,

¿con estos ganapanes queréis embaucar a Fabiana?

Bien buena gente que son.

Por Dios, pero si son unos pinchaúvas, leche,

que tienen todavía el peinado de la dehesa.

Se nota que no tienen mundo.

Tampoco Fabiana es Marco Polo.

¡Doña Fabiana está más enterada de lo que usté se cree,

gastasuelas!

¡Fabiana! ¡Estábamos esperando su aparición!

Verá, queremos presentarle a unos amigos.

Son del barrio de Acacias, de lo más granao.

Mejorando lo presente, claro.

¿Presentármelos, pa qué?

Eh...

Eh...

Antonio. Antonio, hijo.

¿Has vuelto a discutir con Lolita?

No, no fastidie.

Ha terminado la sesión parlamentaria de la mañana y quería verla.

¿Sigue pensando en marcharse?

Sí.

¿Qué te pasa?

La cabeza, que me está matando.

¿Y eso?

Bueno, ha sido una sesión muy reñida.

Hijo, estás acostumbrado a discutir,

seguro que hay algo más.

Pues sí.

Un tal Solano.

¿El de los regalos? -El mismo.

Vino a verme.

Es portavoz de una comisión de empresas del sector minero.

¿Y te presionó? -Eso es.

Quiere que la comisión que presido acepte

y propulse una ley a favor de sus intereses.

¿Le dijiste que le devolverías el reloj y los habanos?

Lo hizo, pero no quiso dejarme su dirección.

Le dije que lo iba a donar todo.

Es una vergüenza que te presionen para obtener un trato de favor.

Gajes del oficio, supongo.

Tienes que mantenerte firme.

Descuide, ese hombre no obtendrá nada de mí.

¡Ah!

¿Felipe?

¿Eres tú, mi amor?

Amor...

Mi amor, ¿estás bien?

Amor mío...

Felipe, ¿qué te han hecho?

Felipe, ¿estás bien?

Mi amor.

Felipe.

Felipe, no te rindas, habla conmigo.

Habla conmigo, Felipe, por favor.

¡Felipe!

Mi amor, saldremos de esta.

Te juro que saldremos de aquí.

Mi amor... Estoy bien.

No hagas nada.

Por favor, aguanta.

(LLORANDO) Aguanta...

Me marcho al Congreso.

Cuídate esa cabeza.

Gracias. -Hijo,

me siento muy orgulloso de ti.

Gracias, padre.

(SUSPIRA)

Me alegro de ver que está usted muy bien arropado por su padre.

Mis relaciones familiares no son asunto suyo.

No he pretendido ofenderle. -Pues lo ha conseguido.

Le digo más, su mera presencia ya es un agravio.

Creo que no entiende usted cómo funciona la política.

Se equivoca.

Ya ha visto quién fue mi maestro.

Admiro mucho a don Ramón Palacios.

De haber sido las cosas de otro modo,

tal vez estaría hablando con él.

Con cosas quiere decir elecciones.

Eso es.

No se trata de colores políticos, sino de negocios.

Se trata de gobernar para que todo el mundo prospere, no solo ustedes.

Si las empresas prosperan, prosperamos todos.

No si se hace cogiendo atajos. -Los atajos están para cogerlos.

No es muy listo quien, sabiendo de un camino más corto,

elige el más largo y fastidioso.

No quiero seguir hablando con usted.

Somos muy generosos.

No se lo permitiré conmigo.

¿A qué viene tanto remilgo?

¿Cree usted que es el primer político

que hace favores a los amigos?

No lo es usted.

Y tampoco el último.

Deje de acosarme por la calle, no se lo repito más.

"(Risas)"

No me digan que no tiene gracia el remendón. (RÍE)

Un hombre de lo más chistoso.

Sí. Y también mi compañero el portero tiene una chispa.

No le digo yo que no, Jacinto. No le digo yo que no.

Eh, eh.

A mí no me han sacado ni una mueca,

y menos, una sonrisa.

¿Y barre?

Este portero barre lo que no está escrito.

No deja ni una pelusa.

Tiene los rincones como patenas.

Ya me vendría bien un ayudante así y no el que tengo,

que no me atrevo a levantar ni una alfombra

para no saber lo que ahí debajo.

(Ruido)

Perdón.

Seña Fabiana, ¿quiere ver lo mañoso que es el zapatero?

Arregla las suelas de los tacones como una máquina industrial.

Déjeme el pie,

que le va a arreglar la suela, parecerá recién salido de la tienda.

Quita, quita, cuando me haga falta.

Bueno, como usté quiera.

¿Le parece que vayamos este domingo al río para ir desgastando suela?

Bueno, iríamos todos,

que mi compañero el portero no ha contao ni la mitad

de los chistes que se sabe.

Id vosotros, yo tengo cosas que hacer.

Ya nos veremos otro día.

Con Dios.

Gracias.

¿Dudabas de que viniera?

Lo habría entendido.

No te he culpado.

Sí que lo hiciste.

Un error.

Me pudo el orgullo.

La arrepentida soy yo.

No debería preocuparme tanto por lo que podría pasar.

Si han de venir problemas, podremos solucionarlos juntos.

¿Quieres decir que tu negativa...? -Chist.

Te quiero con todo mi ser.

He caminado como un estúpido.

En mi cabeza solo estabas tú, solo tú.

Cada paso me alejaba de ti y me sentía... morir.

He sido una estúpida.

Estúpida y cobarde.

No tenemos por qué hacerlo público si no quieres.

Nuestras familias pueden esperar.

El mundo... puede esperar.

Yo solo quiero saber que me quieres

y que estoy y estaré contigo.

No sé cómo no me odias.

No podría aunque quisiera.

¿Y el compromiso que me pedías?

Palabras.

Será cuándo y cómo tú quieras.

A lo que no puedo renunciar es a tenerte entre mis brazos.

Como ahora.

A que me abraces.

¿Fuerte?

Muy fuerte.

¿Para la hora del coctel, cuál, este o este?

El más largo.

Que estamos hablando de vestidos de coctel, no de rezar el rosario.

Ponte el que quieras.

(ESTORNUDA)

Casilda... ¿Dónde se habrá metido esa criatura del Averno?

(ESTORNUDA)

¡Casilda!

Ya voy, señora,

que le estaba quitando los churretes a las aceiteras.

Las aceiteras tienen churretes desde que pintaban bisontes en las cuevas.

¿Dónde te metes todo el día?

Ya. He bajao un rato, pero poco.

¿No te había dicho que tenías que ayudarme a preparar el viaje?

(ESTORNUDA)

Si cojo yo ese resfriao, aquí no come ni el Tato.

¿De qué resfriado estás hablando?

¿Del suyo?

¿Del mío? Yo no estoy resfriada.

(ESTORNUDAN)

¿Del resfriao del señor entonces?

¡El señor tampoco!

(ESTORNUDA)

Miren, señores, yo no quiero amargar la fiesta,

pero creo que les convendría quedarse en casa

en vez de ir a ese hotel en las afueras.

Les prepararé unas infusiones.

¡En esta casa no se hace ni una infusión hasta que yo lo diga!

Rosina...

¿Me tengo que meter entre pecho y espalda

una infusión porque mi sirvienta lo diga?

Casilda solo trata de ayudar.

Pues que ayude metiendo la ropa en la maleta

y no haciendo esas infusiones que solo saben a verdín.

(ESTORNUDA)

Si dices que Dios me ha castigado soy capaz de hacer una barbaridad.

(ESTORNUDA)

Estoy hecha un asco, ¿verdad?

Estas constipada, digas lo que digas.

(ESTORNUDA)

Me duele hasta el cardado.

Pero seguro que mejora en nuestro viaje de enamorados.

(ESTORNUDA)

Sería mejor aplazarlo.

Cómo que aplazarlo, alfeñique.

(ESTORNUDA)

(ESTORNUDA)

(ESTORNUDA)

¡Ay!

(TARAREA)

(TARAREA)

Parece que no te ha durado mucho el disgusto.

¿Preferiría usted que me durasen?

No seas impertinente.

Tiene razón.

Miguel y yo hemos estado de morros, pero solo un poquito.

¿Ya os habéis arreglado?

Arreglado y arreglado.

Nos hemos arreglado para dos rupturas o tres.

Un arreglo de lo más satisfactorio.

Eres muy descarada, Anabel.

Depende de con quién y cómo.

O sea, que el chico de los Olmedo es algo serio.

Muy serio, como un señor con bigote y levita negra.

(RÍE) No te vayas por la tangente.

¿Es un capricho o algo más?

A ver, veamos... Sí, es un capricho.

Es como un pirulí de fresa. -(RÍE)

Un capricho, como un regalo de los reyes magos.

De mujer a mujer, ¿le ves futuro?

Eso nadie puede saberlo.

Es pronto todavía.

Pero así, en conjunto, querría que así fuera.

Me alegro. Disfruta del amor.

Lo haré, ya lo creo.

Anabel, por cierto,

¿qué canción estabas tarareando cuando he entrado?

(TARAREA)

¿No la conoce? -No.

Tararee conmigo.

No, qué vergüenza. -Sí.

(TARAREAN)

¿Sí? Muy bien.

(RÍEN) -Pero bueno, ¿qué pasa aquí?

Tu hija, que me está enseñando canciones mexicanas.

Nada podía hacerme más feliz que veros así.

¿Por qué no cantas tú?

Claro.

(Saxofón)

(Saxofón)

Era una pieza mu bonita.

A ratos, sonaba como el viento entre las chimeneas.

Tiene usted mucha sensibilidad,

la pieza se llama "Chimeneas de Nueva Orleans".

¿De quién? -No importa.

¿Se sienta?

Sí.

No me creerá usted, pero la esperaba.

También yo me he dao prisa con las tareas pa venir.

Quiero que sepa que no trato de seducirla.

Lo sé, descuide.

Es solo que veo en sus ojos que está sola,

como yo.

Soy soltera, sí.

No es cuestión de estado civil,

es algo más profundo,

una soledad más honda.

Se lo veo en los ojos.

¿Cómo la suya?

¿Sabe que he compuesto una pieza nueva?

¿Cómo lo voy a saber?

Hay una banda en la que me gustaría entrar.

¿Una banda, una banda de qué?

Dicho así, parece una banda de cacos.

La de caco sería ya una vocación tardía.

Una banda de música.

Me van a hacer una prueba

y aprovecharé para tocar esa pieza nueva.

Espero que al director le guste.

¿Cómo no le va a gustar usted?

Ni que estuviera majara ese director.

Es usted el único que toca el saxo por estos contornos.

No, el único no.

Pues de los poquillos.

Bueno, de todas maneras, a mí es el que más me gusta.

Gracias.

Es usted muy generosa. ¿Quiere escucharla?

Sí.

(Saxofón)

(Saxofón)

No la he terminado todavía.

Esta suena como los trenes que se están yendo.

¿Le ha gustado?

Mucho.

Termínela.

Sus palabras son órdenes.

Tiene usted un don.

Sí, los críos me llaman don Baltasar,

aunque solo los críos.

Ahora en serio,

tiene usted el don de hacer sentir bien a la gente con su música.

Créame.

Roberto tiene razón,

tengo que pactar, no me queda otro remedio.

Permiso.

Le traigo la merienda, señor.

Gracias, Soledad, pero no tengo apetito.

Debe comer algo.

No es bueno pasarse el día pensando y pensando sin comer.

Eh...

Ya cenaré luego. Ahora tengo que salir.

¿Tardará mucho?

Es una reunión muy importante, y supongo que se alargará.

Si no le importa, aprovecharé para limpiar la estancia.

Como quiera, Soledad.

Le acompaño.

Señor, su sombrero.

Gracias. Está usted en todo.

Felipe.

No le toques. Átala. ¡Que no le toques!

¡¿Qué le habéis hecho!?

Felipe. ¡Que no le toques!

¡¿Qué le habéis hecho?!

Mi amor... Cállate.

¡Que te calles!

Felipe, escucha. Felipe, mi amor...

Háblame, por favor. Dime algo.

Felipe, por favor, háblame.

Háblame, dime que estás bien.

Felipe, despierta, por favor.

¿Qué te han hecho?

Él se enfureció.

No podía creer que su propio partido le tratara así.

Pero el presidente de la junta de delegados

organizó una votación secreta,

y naturalmente, el corrupto perdió.

Fue expulsado del partido.

¿Qué te parece?

¿Eh?

No has escuchado ni una palabra de lo que te he dicho.

Es igual, déjalo, voy a dar un paseo.

Ay, Ramón...

Hasta luego, suegro. -Adiós.

¿Quiere? -No, gracias.

Ea.

Me has estado evitando durante todo el santo día.

¿Yo?

No, estaría atareá, Carmen.

¿A qué viene lo de irse al pueblo?

¿No me ha escuchao antes?

A las carreras de sacos, de cucharas...

A ver a los parientes, a lo que va la gente a sus pueblos.

Lolita, que soy yo.

¿Tiene que ver con tu malestar?

Aquí todo el mundo lo sabe to.

No irás a que te trate el Aquilino ese, ¿no?

No.

Entonces, ¿a qué?

A tomar las aguas, ea,

que tiene una que contarlo todo, a tomar las aguas del Carnero Azul,

las que salvaron la vida de Monchito cuando estuvo tan pachucho.

No sé si esas aguas son tan milagrosas como dicen,

allá cada uno.

Lo que sí sé

es que deberías contarle a tu esposo tus síntomas.

¿No ve lo ocupao que está?

Ocupado o no, tiene derecho a saber lo que te pasa.

No quiero que lo deje to cuando ni los médicos saben lo que me pasa.

Carmen,... -(SUSPIRA)

yo me voy y vuelvo curá, no tiene ni por qué enterarse.

Serán na más que unos días.

Por favor...

Felipe...

Felipe, despierta.

(Puerta)

Felipe...

No eres como el otro,

como Santiago.

No te gusta cómo están yendo las cosas.

Lo noto por la delicadeza con la que atiendes a mi esposo.

Siento que tú y yo podríamos llegar a entendernos.

Si nos dejas marchar, te daré todo el dinero que quieras.

No tendrás que preocuparte por el dinero el resto de tu vida.

Tendrás todo lo que quieras.

Te olvidarías de nosotros.

Di tú la cantidad que quieras.

¡Di la cantidad, la que quieras!

Por favor, por favor, la que quieras, te daré la que quieras.

Por favor, no te vayas.

Por favor, no te vayas.

No te vayas.

Mi amor, te voy a sacar de aquí, ya lo verás.

(Puerta)

Voy.

Don Marcos, ¿es una visita de cortesía?

(SONRÍE)

Pase.

Siéntese, póngase cómodo.

Ni aunque me tumbe estaré cómodo.

Pues usted dirá.

Supongo que me trae alguna respuesta.

Le he dado muchas vueltas.

Las condiciones me parecen excesivas

y no termino de fiarme de la intención de su padre.

¿Quién me dice a mí que mañana no vendrá con nuevas exigencias?

Le doy mi palabra, que vale tanto como la suya.

¿Qué palabra, muchacho?

No vuelva a llamarme "muchacho".

Termine de una puñetera vez.

Creo que...

ambas partes necesitamos una tregua.

No, nosotros no.

Gracias a mi cargo en la embajada,

puedo seguir aquí por tiempo indefinido.

Por otra parte,

mi padre podría liarse la manta a la cabeza

y ordenarme ser más expeditivo.

No me da ningún miedo, Aurelio.

Y no lo haré mientras no lo crea necesario.

Voy a dejarlo pasar.

Le he escrito una carta a su padre.

Me alegro de que haya entrado en razón.

Aunque no tenía otra salida, también es verdad.

Acate usted nuestras condiciones, y aquí paz y después gloria.

Sin embargo,

y vista su predisposición,

debo comunicarle que hay una nueva condición

que me ha llegado de casa hoy mismo.

¿Una nueva condición?

¿Qué condición?

(Puerta)

Apártate.

No. ¡Déjale!

No. ¡Apártate!

No. No.

¿Qué hace? ¿Adónde se lo lleva? Por favor...

¡Suéltale de una vez! ¡No le hagas más daño, por favor!

¡Por favor, suéltale!

¡Déjale en paz, por favor, le vas a matar!

No.

¡Felipe, Felipe!

¡Suéltale, por favor, no le hagas daño!

¡No le hagas más daño, te lo ruego!

¡¿No ves que no te puede decir nada porque no recuerda nada?!

Debe creer que soy imbécil. No.

Es la verdad. ¡Felipe no recuerda nada!

Pues yo le haré recordar. No.

¿Apostamos? No.

Por favor, te lo ruego, te daré lo que quieras.

Por favor, no.

(LLORA)

"Si sabe lo que le conviene, saque adelante la ley de minas".

"Si no lo hace, prepárese para sufrir grandes consecuencias".

Contenga su furia o será la piel de su amado la que lo pague.

Vas a matarle.

No, Genoveva, aún no.

Pero va a sufrir.

Debe viajar lo antes posible a México

para firmar en persona y no por poderes

el contrato de su nueva sociedad.

Si durante mi ausencia, a mi mujer o a mi hija les ocurriera algo,

usted y su hermana lo pagarían con la vida.

¿Qué piensas, Carmen?

Solo me preocupa lo fatigoso que pueda resultarle

el viaje a Lolita, y más en su estado.

¿Cómo en su "estado"?

Aurelio y Natalia son aprendices,

es su padre el auténtico peligro.

Se trata de un hombre despiadado y sin escrúpulos.

¿Y con él se va a encontrar tu padre?

Y para colmo de males, en su terreno.

Acuérdate de llamar todos los días.

Descuida, lo haré.

Y no aproveches mi ausencia para tontear con tus admiradoras,

que a mi vuelta, te paso de un cuerno al otro.

¿Qué dices? No digas tonterías.

Mi primo y yo comentábamos que hay que buscarle nuevos pretendientes

a la Fabiana.

Casilda, no será necesario,

ya se ha encargado ella sola de buscárselos.

Me encantaría conocerlo y asistir a una sesión en el Parlamento,

pero no será posible.

Bueno, para mí sería un placer poder enseñárselo.

Genoveva está tragando el anzuelo.

Eso seguro, temblaba como un flan.

Tenemos que seguir así hasta que confiese.

¿Y si sigue resistiéndose? La obligaremos.

Dejaremos pasar esta noche,

y mañana empezaremos con el tercer acto de la función.

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Acacias 38 - Capítulo 1300

04 ago 2020

Santiago no duda en continuar con las torturas hasta que Felipe o Genoveva confiesen la verdad.

Marcos debe ir a México para firmar el acuerdo con Salustiano. Anabel confiesa a Miguel que está asustada por la marcha de su padre, y más todavía después de tener un desagradable encuentro con Aurelio. Marcos, antes de marchar, deja un número de teléfono a Soledad con una instrucción clara: si sucede cualquier cosa con los Quesada, debe llamar a ese número.
Carmen se ofrece para acompañar a Lolita hasta Cabrahigo, pero ella prefiere hacer ese viaje sola. Natalia aprovecha para acercarse a Antoñito, quien se compromete a enseñarle el congreso a la guapa criolla. El diputado recibe un anónimo amenazador ¿será cosa de Solano?
Los criados proponen al saxofonista como pretendiente de Fabiana, pero el músico se despide con un concierto y se marcha para siempre de Acacias.
Genoveva, al ver el sufrimiento de Felipe, confiesa finalmente que ella asesinó a Marcia… Y los otros encapuchados revelan su identidad: Laura y Méndez. Todo era una trampa urdida entre Felipe, que no estaba amnésico, y Santiago.

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  1. carmela

    Estaba esperando esa escena hace rato, y me encanta que pronto quien hizo daño pague. Si Fabiana encuentra novio lo vamos a festejar, ojalá que así sea. Bellita y su hija están triunfando aquí en Buenos Aires, en el teatro Gran Rex y les mandan muchos cariños a todo el elenco, y demás personas que hacen Acacias 38, la novela que sigo desde el primer capítulo. ¡Cordiales saludos!

    05 ago 2020
  2. kassir consuegra

    Lo sabía Felipe, jajajajaja, te conozco muy bien, jajajaja soy como los policías observo las miradas y los actos, no en vano vamos por el capítulo 1300, es como convivir con ustedes, a casi todos los conozco y ya se hasta lo que van a responder en algo, aunque sea actuación da igual. Además Santiago se fue en sana paz con Felipe, no se justifica que lo tratara así y Laura ni hablar, jejejejeje, sólo que no me gusta que trates feo a Dn. Ramón, pero es mejor así, porque a veces él tampoco ha sabido callar.!!! Espero que no muera nadie, porque últimamente hemos estado bien sin muertos. Fabiana ahora me dio envidia jajajaja saldré más a ver si me consigo un novio. Bueno a esperar hasta mañana.!!!

    05 ago 2020
  3. Victoria

    Muchas, muchísimas Felicidades a todo el Gran Equipo que ha hecho posible que ACACIAS 38 haya llegado al capítulo 1.300. Creo que la serie vuelve a estar interesante y sus nuevas tramas están muy entretenidas. Qué inteligente ha sido nuestro Felipe, siempre me pareció que su amnesia era fingida y que el objetivo detrás de todo era desenmascarar a Genoveva; de alguna forma tenía que cumplir la promesa que le hizo a Marcia ante su tumba y desde luego lo ha hecho de una manera inteligentísima. Liberto y Rosina van a tener que suspender su viaje ya que parecen estar acatarrados ¡qué momentos para acatarrarse! esos estornudos, sobre todo los de Liberto parecía más que quería alejarse de su señora. Cómo se le ocurre a Lolita, con los vahídos que le dan, marcharse a su pueblo llevándose al bebé? espero que Carmen se lo diga a Ramón y no la dejen marchar sola. Antonio Palacios no aprende, gracias a que tiene un padre que está pendiente de él aconsejándole siempre lo mejor. En fin, esperemos al capítulo 2.600 para una nueva felicitación. Gracias por los buenos momentos.

    05 ago 2020