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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1298 - ver ahora
Transcripción completa

Me pareció notar cierta animosidad hacia la señorita Anabel.

Ya le digo que mi hermana y yo somos viejos amigos de Anabel

y que la apreciamos profundamente.

Y a su padre don Marcos también. -Me alegra escuchar sus palabras.

-Es que el afán de Genoveva por la mentira no tiene límites.

Ahora, resulta que quiere revivir una segunda luna de miel,

pero en un destino diferente,

no sea cosa que a su marido se le reviven los recuerdos.

-Mire, su único objetivo es mantenerle engañado de por vida.

Si no hacemos nada, tanto usted como yo vamos a ser cómplices.

Seña Carmen, ¿no le nota usted como mal semblante?

-¿Seguro que estás bien? -Qué sí, de verdad que sí.

-Si está de vuelta, quiere decir que trae buenas noticias.

-Mi madre está muchísimo mejor.

-Es un mal que viene de lejos. Mi abuela también lo sufría.

Y tiene recaídas de vez en cuando.

Quiero quemar cada etapa de este viaje.

Disfrutar de cada instante, de cada segundo.

Así será.

¿Cuál es el problema?

-No es la primera propuesta de matrimonio que recibo.

Tengo un pasado borrascoso en cuestión de amores.

Temo que ese pasado me alcance y arruine mi relación con Miguel.

Tu tía me ha contado

que habéis puesto de vuelta y media a Genoveva.

-Acabáramos. Así que has hablado con mi tía.

-Por lo visto, es la única que me dice la verdad.

-Ha sido un comentario casual mientras se iban de luna de miel.

-Estás obsesionado con ella, admítelo.

-A partir de ahora, cada oveja con su pareja.

-Me da a mí que te vas a tener que traer mucho trabajo a casa.

A ver cómo me las apaño. En fin, vamos.

-"No sé, cariño, no sé qué quieres que haga para ayudarte".

-"Sencillo, arreglar su error por lenguaraz, ¿no?".

-"Usted me ha metido en esto y usted tiene que sacarme".

Ya lo tengo.

Y vas a tener suerte,

teniendo en cuenta el día que es mañana.

Mañana. -"¿Le gusta?".

Estaba paseando cuando he sentido la necesidad

de interpretar una pieza en un rincón tan sugerente.

Sí, sí, muy bonito, la verdad, sí.

-"No hay razón para inquietarse, abuela".

"Hasta nos estrechamos la mano".

Hazme caso y mantente alejado de ese tipo y de su hermana.

Ambos llevan la maldad en la mirada.

Y de eso sé un rato.

Me gusta pensármelo bien antes de actuar.

Todos le consideran un traidor y no le tienen ningún aprecio.

Pero si fueran ellos quienes quisieron matarme.

-Yo, en su lugar, me dejaría de tácticas dilatorias

y aceptaría de una maldita vez el pacto con los Quesada.

¿Qué tienes?

Me estás preocupando, dime algo.

Ay, Carmen...

-Ay, Dios. -Tenemos que avisar a un médico.

Algo no va bien.

Felipe, algo no va bien.

¿Quiénes son, qué quieren?

¡Silencio! ¡Las preguntas las hago yo!

¡Venga, abajo!

Vamos.

¡Vamos!

Mire, muchacho,

y le llamo así porque por muy coronel que sea,

no le tengo el respeto

que merece alguien que ha alcanzado tan digno puesto.

Estoy harto de usted

y de su prepotencia.

Mida sus palabras,

no sea que tenga que arrepentirse de ellas.

Cree usted que los demás

pecan de sus mismos defectos y debilidades.

Se le va la fuerza por la boca,

mi padre me advirtió de que así sería.

Dudo que don Salustiano haya dicho de mí.

Él sabe que soy más de actuar que de amenazar.

Así que, cuando le digo que empiezo a estar harto de fanfarronería,

debería hacerme caso.

Es usted quien debe dejar de jugar con fuego y cumplir con sus deudas.

Es el único culpable de la situación en la que estamos.

Soluciónelo como lo hacen las personas con principios y palabra,

pagando lo que debe.

¡Respeto, muchacho!

¡Respeto! -El respeto hay que ganárselo.

No basta simplemente con decirlo de boquilla,

pague lo que debe

y se ahorrará lo que usted dice que son faltas de respeto.

Tiene tres días.

¿Me está poniendo un ultimátum?

Así es. Celebro que se dé cuenta.

¿Y si no pago?

¿Volverá con el rabo entre las piernas a concederme más días?

Si no paga, deberá asumir las consecuencias.

La embajada

y la colonia mexicana están llenas de partidarios

del general Huerta.

Seguro que alguno de sus miembros podría reaccionar de forma violenta

si se entera de que es usted un traidor a la causa.

¿Me está amenazando?

No se lo tome como una amenaza, tómeselo como una advertencia.

Se va a arrepentir de esto, y mucho.

Tres días, es el tiempo que tiene.

Haga lo que sea necesario para conseguir el dinero

o aténgase a lo que suceda.

(Sintonía de "Acacias 38")

¡Seguid avanzando!

¡Venga, va!

¡Dentro! ¡No, no, por favor!

¡¿Qué hace?! ¡No, suéltelo!

Nos han robado. ¿Qué más quieren? ¡Silencio!

¡No, no, no, suéltenos!

¡No!

Esto no es necesario.

¡Suéltalos!

Vamos a negociar, tengo dinero, mucho, puedo pagar un rescate.

¡No denunciaremos, pagaremos y lo olvidaremos todo!

¡Suéltennos!

No querían... ¡Silencio!

No.

¿Estás bien?

Sí.

¿Tú?

También.

Abrázame, por favor.

(LLORA)

Saldremos de aquí.

Te lo prometo.

(Campanas)

(NATALIA RÍE)

Qué gracioso es usted.

Arturo, qué cosas tiene.

Precisamente, esta mañana, comentaba con mi hermano Aurelio

lo de sus fincas en Andorra.

Qué bonito lugar.

No lo conozco, pero estaría encantada...

Natalia.

Anabel, qué sorpresa, te presento a un amigo.

Quiero hablar contigo.

Claro.

A solas.

Arturo, querido, ¿le importa si le dejo un segundo?

Enseguida estoy con usted.

¿Qué ocurre, Anabel?

Eso quiero saber yo.

¿Qué te ocurre a ti?

¿A santo de qué viene hablarle a Miguel de mi pasado?

Ni que tuvieras nada de lo que arrepentirte.

¿O es que lo tienes?

A lo mejor es que pretendes conquistar a Miguel.

¿Yo? (RÍE) ¿Cómo se te ocurre?

No sería la primera vez que quieres arrebatarme a un admirador.

Si buscara un pretendiente, picaría más alto que tu Miguel.

¿Qué tienes qué decir de Miguel?

Uy, nada, no tengo nada que decir de tu novio.

Para ti valdrá, pero no olvides que yo soy una Quesada.

¿Y qué me quieres decir con eso?

Nada, que me gustaría que siguiéramos siendo amigas,

pero no sé si eso va a ser posible.

Lo mejor es que hables claro.

Que tu padre ha recibido una carta del mío y espera respuesta.

Si la respuesta es afirmativa, seremos amigas.

De lo contrario, me deberé a mi familia,

y le contaré a Miguel cómo fueron tus amoríos con mi hermano.

Eso es... despreciable.

Y no solo eso.

También le contaré cómo acabaron esas relaciones tan idílicas

y románticas.

Tu hermano es el primero que no puede querer que eso se sepa.

A mí hermano no le importa su reputación en España,

apenas le conoce nadie.

Me temo que tú tienes mucho más que defender.

Y ahora, si me perdonas...

¿Qué nos va a pasar?

No lo sé.

Pero saldremos de aquí, te lo prometo.

¿Y si nos matan?

No.

Si quisieran matarnos, ya lo habrían hecho.

Si estamos vivos es porque esperan sacar algo a cambio,

dinero o lo que sea.

Ya les hemos ofrecido dinero,

pagarles un rescate, no denunciarlos...

Lo único que podemos hacer es esperar.

Hasta mañana no habrá más, racionadlo.

Espere.

¿Qué es lo que quieren?

Pronto lo sabrán.

Lo mejor será que le hagamos caso y no bebamos demasiado.

Felipe...

Tienes razón.

Felipe, su voz...

La voz del encapuchado, ¿no te ha parecido conocida?

No.

A mí no. ¿Y a ti?

No sabría decir quién, pero me resulta familiar.

No lo sé.

Si lo descubres, dímelo.

¿Saldremos de aquí?

No lo sé.

Pero haré todo lo posible.

Por fin. Qué susto me he dado.

¿Y eso?

Al llegar a casa y ver que no estabais.

A estas horas ya habéis vuelto siempre.

Hoy nos hemos retrasao, suegro.

¿Algún problema en la mantequería?

Si hace falta, puedo bajar todos los días cuando os toque cerrar la caja.

No, solo que le hemos dao un paseo más largo a su nieto.

Y esas escaleras, cada día me cuesta más subirlas.

Bueno, está bien que al niño le dé el aire.

En fin, me he asustado.

Hola, nieto.

Me voy a cambiar.

No sé por qué tenemos que mentir.

Déjeme a mí.

Sí. Hemos ido al especialista para saber qué te pasa.

Si es que, la verdad es mucho mejor que la mentira.

No quiero decir na hasta que no sepan qué me pasa.

Tu marido y el mío estarán muy contentos

si saben que has ido al doctor. -No lo quiero decir.

Muy bien. ¿Ni a tu esposo?

No, ni a él. ¿Pa qué preocuparle?

Preocuparle no, Lolita, tranquilizarle.

¿"Tranquilizarle"?

Monchito, la Carmen no sabe lo nervioso

que se iba a poner tu padre.

Me da un coraje cuando le hablas al niño como si no estuviera...

Preparo el baño.

¿No? -Agradecida.

Venga.

Alabado sea el Señor, estáis aquí.

Susana, ¿qué haces aquí tan tarde?

He venido a veros y resulta que no estabais.

¿Qué andaréis haciendo por la calle a estas horas?

Hemos salido a dar un paseo.

Aprovecharnos de esta noche tan bonita que hace,

pero hemos acabado discutiendo.

¿Grave?

No. Es que tu sobrino no me hace caso.

Ni caso a ella.

Ya sabe que siempre estoy pendiente de ella.

Vamos, que lo de siempre. -Sí, lo de siempre.

¿Y usted qué venía a contarnos?

A ti nada, venía a hablar con Rosina.

A contarle lo de mexicana esa

que anda por el barrio, Natalia.

No es mexicana.

Ha vivido allí muchos años, pero es española.

Ah, por sus formas y maneras, no lo parece.

Cuenta, ¿qué ha hecho?

Es una desvergonzada.

¿Te acuerdas que te dije que la había visto paseando con un hombre?

¿Te has enterado de quién es? -No.

Pero pásmate, esta tarde la he visto con otro distinto.

Una despendolada, lo que imaginábamos.

¿Qué? Es verdad.

Yo estoy dispuesta a darle una oportunidad a esos hermanos,

pero ellos tienen que poner de su parte.

¿Os escucháis?

¿Cómo podéis hablar así de ella

cuando no conocéis a los caballeros que la acompañaban?

Serían dos primos.

Anda, Liberto, que esas cosas se notan.

Anda, no es poco descarada.

Sí. Y cómo flirteó con Antoñito en la fiesta de Felicia y Marcos.

Cada país tiene sus costumbres.

Los mexicanos, como los franceses y los americanos,

son más libres en sus usos sociales.

Tú has dicho que no es mexicana.

Las costumbres. -¿Las costumbres?

¡Esa es más española que ponerse mantilla y peineta!

Además, una fresca es una fresca aquí, en París y en Sebastopol.

Unas estrechas de mente es lo que son.

A ver si es que tú estás ensanchando mucho la tuya.

Yo me subo a casa,

o pagaré los paseos del brazo de hombres distintos de Natalia.

Buenas noches.

Buenas noches.

No, si al final la aplaudirán.

Qué relativo es todo para los hombres.

Y que lo digas.

Y más teniendo en cuenta que es una muchacha joven y buena moza.

Tú ata en corto a mi sobrino, que menudo pájaro.

Un día se te desmanda.

Le conozco muy bien, descuida. ¿Algo más?

No.

(Graznidos)

Qué noche más horrible.

Parecía que dormías a pierna suelta.

Todo lo que no dormí durante la noche.

¿Llevas mucho rato despierto?

Te miraba...

Eres bella hasta cuando duermes.

¿Tú qué tal has dormido?

Poco...

e intranquilo.

Dándole vueltas a la razón por la que nos han encerrado.

¿Alguna conclusión?

No.

Ninguna.

Solo el convencimiento de que saldremos.

Te lo prometo.

Toma.

Queda un poco de agua, bebe.

Me muero de sed, pero seguro que tú no has bebido.

Yo no tengo sed.

Me dormí dándole vueltas a lo de la voz.

¿Y?

No sé dónde, pero estoy segura de haberla escuchado antes.

Ese hombre ha hablado conmigo.

Siento no poder ayudarte.

Yo no lo he reconocido.

Esta tarde les veo en el Congreso y presentamos el proyecto.

-(TOSE)

Y usted, Romero, cuídese esa tos, no nos vaya a contagiar el catarro.

-Lo haré. - En fin.

Luego nos vemos. -Gracias.

Buenos días, don Antoñito.

Buenos días, señorita.

¿Se toma un té conmigo?

No puedo, tengo que ir al Congreso.

Ya sabe, reuniones, comisiones... -No me haga eso,

si me deja sola, las vecinas me critican.

Acompáñeme hasta que llegue mi hermano Aurelio.

Sea caballeroso.

Tampoco quisiera yo ser maleducado. Sí, siéntese.

Yo no sabía que aquí la gente era tan dada a criticar a los demás.

En este barrio hay mucha gente que prefiere hablar antes

de la vida ajena que de la suya propia.

Se ve que usted no es así,

que es distinto a otros hombres del barrio,

que tiene más mundo.

He vivido en Londres, en Manchester, en Nueva York.

Ya me parecía a mí,

se le nota un saber estar que no tienen los hombres de aquí.

Yo tuve la suerte no solo de vivir en esos lugares,

sino de conocer muchos otros.

No hay nada que abra más los ojos y la mente que viajar.

Y sus ojos son tan bonitos, que deberían estar bien abiertos.

Vaya...

Gracias, muchas gracias.

Es una verdad incuestionable.

¿Los hombres que estaban con usted eran políticos?

Sí, diputados, como yo.

Nunca me acostumbraré a estar así, como estamos ahora,

con alguien que rige los destinos del país.

Bueno, no exagere.

No sea modesto,

que he leído en el periódico que va a presidir una importante Comisión.

Sí, pero soy un simple servidor público.

Me debo a lo que el Gobierno y el país me demanden.

Lo mismo dice mi hermano Aurelio. Él con México, claro.

Son los dos grandes hombres,

mejor le iría al mundo con más hombres como ustedes.

Bueno, ¿qué quiere tomar?

Un té.

Yo casi mejor una manzanilla.

Camarero.

No queda.

Lo siento.

¡Maldita sea! ¡Abra la puerta!

¡No nos puede tener aquí encerrados! ¡Abra! ¡Abra!

Felipe, tranquilo.

Tú mismo lo has dicho, saldremos de esta.

Alguien nos tiene que escuchar.

¿Crees que nos encerrarían donde alguien pudiera oírnos?

Ven.

Escúchame,

hay que guardar las fuerzas,

tendremos una oportunidad para huir y tenemos que aprovecharla.

¿Sí? Sí.

Quizá tengamos una oportunidad.

Por lo menos, estamos juntos.

Lo siento,

no era el viaje de bodas que quería para ti.

Juntos, es lo único que importa.

Lolita, en la luna de miel se sacan fuerzas de flaqueza.

No me diga eso, que me ruborizo.

Anda que no lo sabes tú, Lolita.

¿O es que Antoñito no parecía otro?

Qué tiempos, Carmen.

Pues don Felipe y doña Genoveva, lo mismo.

Están pasando unos días que recordarán para siempre.

A no ser que a don Felipe le dé otro aire.

Bueno, pues a repetir,

a recordar lo bueno, olvidar lo malo, y así una y otra vez.

Y otra, y otra y otra.

Carmen, si no fuera por estos momentos...

Pues sí.

¿Cómo te encuentras?

Fetén, he dormido como una marmota.

Ya. Bueno, hasta que el doctor no te diga que estás bien,

para mí sigues enferma.

Enferma, pero me voy a la tienda, que no quiero descuidar mi negocio.

Y dale. Deja que vaya yo. -Que no, mujer.

Y cuidadito con decirle a la gente que he ido al médico.

No sé a qué viene tanto secreto.

Cosas mías.

(Pasos)

¿Se puede?

Casilda, pasa, pasa.

(Se cierra una puerta)

Se han dejao la puerta abierta. -Ah,

he sido yo cuando he salido a por la leche.

Tengan cuidado,

que ya tuvimos bastante con el susto en la mantequería.

Iba a tomarme un café con la seña Fabiana,

pero no está en la recepción.

No te apures, siéntate, que yo te pongo uno.

Muchas gracias.

¿Cómo está la Fabiana?

Tristona.

Le dije que se viniera a la verbena, pero me dio largas.

Con lo que le gustan a ella las verbenas.

No sé.

¿Sabes qué es lo me gusta de las verbenas?

Ver a las parejas de enamoraos bailando,

me recuerdan tanto a mí y a mi Martín.

A ti lo que te gusta son las manzanas confitadas.

Sí.

Y los churros y las almendras garrapiñás.

Casilda, no te pongas triste tú también,

ya tenemos bastante con animar a la Fabiana.

Lo que la señora Fabiana necesita

es un novio, para recuperar la ilusión y la alegría.

No sé yo si ella está pensando en novios.

Claro que no, pero porque no lo tiene.

Hay que buscarle uno.

Y ya de paso,

otro pa mí.

(RÍEN)

Claro que sí.

Tú tendrías que ser la que le buscase el novio.

Ya verás cómo le encontramos uno más bonito que un san Luis.

Buenos días, don Marcos.

Buenos los tenga usted.

Aunque lee uno los periódicos y no sabe si van a serlo.

Nadie va a parar la guerra.

La esperanza es lo último que se pierde.

Es que todo lo demás ya se ha perdido.

Mi impresión es que el káiser Guillermo

lleva años preparándose para la guerra,

y solo busca una excusa para declararla.

La nueva armada alemana contra la magnífica armada inglesa.

Veo que es usted más anglófilo que germanófilo.

Yo lo que estoy es a favor de la paz.

En eso estamos de acuerdo.

Buenos días, don Ramón. -Buenas.

Ya veo que mi marido se ha parado a charlar con usted.

Me promete que solo va a comprar el periódico,

y después hila la hebra con quien encuentra.

Le pido disculpas, es mi culpa,

ya sabe que me apasiona la política internacional.

Y a su hijo, le apasiona la nacional,

el otro día hablaban elogiosamente de su labor en el Congreso.

Estoy tan orgulloso de él...

Bueno, cualquier padre lo estaría en esta misma situación.

Tiene usted un hijo del que estar bien orgulloso.

Y un nieto para alegrarme la vejez.

No puedo pedir más. -Le envidio, don Ramón,

le envidio.

Buenos días. ¿Reunión vecinal? -Buenos días.

Hablando de mi nieto, que en cuanto puedo y me dejan...

No me extraña, ayer le vi cuando su esposa le dio el paseo,

y está más grande y más guapo. -Eso es verdad.

¿A quién ha salido?

En lo guapo, a su abuelo Ramón, claro está.

Diga que sí,

que si no nos echamos piropos a nosotros mismos,

quién lo va a hacer. -Perdonen que les interrumpa.

¿Han visto a mi esposo?

Sí, le vi esta mañana temprano tomando el tranvía hacia el centro.

¿Alguna preocupación, Rosina?

Preocupación ninguna, enfado.

Se ha olvidado de qué día es hoy.

Pues yo tampoco caigo.

Nuestro aniversario de bodas.

Un olvido imperdonable, desde luego.

No creo que se haya olvidado.

Cuando me he levantado no estaba en casa.

Ni un beso de buenos días.

Creo que nuestro amigo Liberto va a tener serios problemas.

Aunque, mire, por allí llega.

¡Feliz aniversario de bodas, señora mía!

Qué vergüenza.

Prima, grifo arreglao.

¿Algo más?

Na más. Primo, dime,

¿qué te parece la tarta?

Que le daba un bocao. ¿Es el cumpleaños de doña Rosina?

No, no, no, doña Rosina no cumple años,

dice que siempre es joven. Es pa su aniversario de bodas.

Ah.

¿Aniversario de bodas?

Me ha hecho pensar en Marcelina.

¿Volverá pa nuestro aniversario?

Si pa entonces el tío Fulguencio se ha decidido...

Calla, bruta.

Ni hablar por teléfono con ella consigo.

¿Por teléfono?

Jacinto, esos aparatos son un invento del diablo,

no te fíes de ellos.

Te digo una cosa,

no sé yo si hacen bien los señores poniéndolos en las casas.

¿Tú crees...

que mi Marcelina se ha encontrao en Barcelona con un mulato?

Como la seña Paciencia. -¿Eso te lo ha dicho Servando?

No hagas caso a sus sandeces,

que no hace más que meterte ideas raras en la cabeza.

Lo que tienes que hacer es, cuando vuelva la Marcelina,

portarte bien con ella, que el amor es lo más importante.

Uy, prima, ¿y eso? ¿Te has enamorao?

Pues no, pero debería.

Ya son muchos años sin mi difunto Martín, que en paz descanse.

He pensao mucho en el asunto por algo que me dijo la seña Carmen.

¿El qué?

Que tenemos que buscarle un pretendiente a la seña Fabiana.

Y ya de paso, otro pa mí.

Si la seña Fabiana quiere un pretendiente, se lo busca ella,

que tiene recursos pa todo.

No sé por qué me meto en echarte una mano con tu carrera artística,

son todo problemas.

¿Alguien se lo ha pedido? Y otra cosa,

¿qué es esto de entrar sin llamar?

Pues cierra, que así entra cualquiera.

He tenido que renunciar al dinero que nos ofrecían en Portugal.

Qué barbaridad. Con lo bonita que es Lisboa...

Ya se lo he dicho, na que me aleje de mi Marcelina.

¿Y si te llaman para cantar en Nueva York?

¿Nueva York está cerca de Barcelona?

La verdad es que creo que no.

Pues entonces no.

Y no insista, Servando, que siempre le diré que no.

Esto es culpa tuya, que le has convencido pa no ir a Portugal.

¡Servando, que no está de Dios que vaya!

Desde luego...

Ya me había inventado el lema.

Me imagino las plazas de Lisboa llenas con tus carteles:

"Yasinto o fadista pastor."

Ibas a ser más famoso que el bacalao que venden allí.

"Yasinto o fadista pastor."

Suena bien.

Pues venga, decídete, que estamos a tiempo.

¡No! ¡Marcelina es lo primero!

¡El amor es lo primero!

Ahí estamos. Y hablando de amor, hay una cosa.

No me liéis, el amor, el amor...

Que uno es un hombre viudo y siempre tiene en el recuerdo

a su difunta Paciencia, por más que me coronara con un mulato.

(AÚLLA)

Servando...

Na,

no me ha dejao contarle lo del pretendiente pa la seña Fabiana.

Y se ha pensao que querías tomate con él.

¿Tomate yo con Servando? Los tomates pa la ensalada.

Entre ir de su brazo o quedarme sola,

que quedo vistiendo santos.

Mira que eres patosa. Yo te ayudo.

No, quita, que así tiene más expectación.

Si quiere pido unas tijeras en el restaurante,

así lo abre más rápido, que nos tiene en ascuas.

En pascuas, que diría Servando.

No me agobien, que tardo más.

Eso, que vaya con calma.

Como diría mi difunta madre: vísteme despacio, que tengo prisa.

Esos dichos de las madres que nunca se deberían perder.

Es el que yo quería, es maravilloso.

(RÍE)

Póntelo.

Ay, ay, ay. (RÍE)

Gracias.

Eh, ¿no me he ganado un beso?

Sí, y algo más.

Pero tendrás que esperar a llegar a casa.

¿Por qué? -Hombre...

Liberto,...

la palabra de una mujer va a misa,

tendrá que esperar.

No. Yo voy a seguir intentándolo. Con permiso.

Porque eso no es todo. (PALMADAS)

Gracias.

Un ramo de flores para mi querida esposa,

a la que amo con locura,

por tantos años de felicidad.

Quiero que sepa, señora,

que casarme con usted ha sido lo mejor que he hecho en la vida.

Qué hombre.

Qué leches.

Dios mío.

"Tu padre ha recibido una carta del mío y espera respuesta".

"Si la respuesta es afirmativa, seremos amigas".

Y si no, le contaré a tu querido Miguel

cómo fueron tus amoríos con mi hermano Aurelio.

Tu hermano no querrá que eso se sepa.

A mi hermano le importa poco su reputación en España.

Me temo que tú tienes mucho más que perder.

(Pasos)

Señorita, ¿todavía no se ha vestido?

Casi es la hora de comer.

No tengo ganas.

Ni de vestirme, ni de comer, ni de nada.

No puede estar así todo el día.

A su padre no le va a gustar.

Ahora voy a arreglarme,

antes de que llegue mi padre tendré que estar lista.

Mire, si le parece, vaya a su cuarto,

le llevaré allí el almuerzo

y le digo a su padre que está indispuesta.

Con la mala cara que tiene, no me va a costar mucho mentir.

¿Se me nota mucho que he dormido fatal?

Espero que no me hayan salido ojeras.

Deme un espejo.

Aquí tiene.

¿Sigue preocupada por el joven Olmedo?

No creo que su pasado sea tan terrible.

No. Tiene usted razón, me preocupo sin motivo.

Seguro que sí.

Mire, vaya a su cuarto y cámbiese antes de que llegue su padre.

Siempre será mejor que coman juntos.

Gracias, Soledad.

(Puerta)

Soledad, ¿no se ha levantado Anabel?

Anda un poco mustia últimamente.

Sí lo está.

¿Sabe usted si tiene algo que ver con su pasado en México?

Señora, la verdad que no lo sé.

No me pregunte, no me ha contado nada de lo que le pasa.

Lo mismo le pasa a mi esposo. Últimamente está muy raro.

No sé si puede ayudarme,

pero ¿puede enterarse de qué les ocurre a ambos?

No sé si puedo...

Anabel confía en usted,

seguro que le cuenta más cosas que a mí.

Intente enterarse, así podremos ayudarla.

Lo intentaré, descuide.

Gracias.

Si me disculpa, voy a por la chaqueta.

He bajado al restaurante a celebrar el aniversario de bodas

de Liberto y Rosina y se me ha olvidado.

Volveré enseguida, con Dios.

Con Dios.

¿Qué hace aquí,

sentado y tan solo?

En el restaurante están de celebración

por el aniversario de don Liberto y doña Rosina.

Ya. ¿Y no se une a ellos?

No estoy para celebraciones,

he preferido sentarme en tranquilidad para pensar.

¿Le molesta si me siento con usted?

En absoluto.

Debo decirle que si hay una tradición en Acacias,

es que los allegados del restaurante me cuenten sus penas amorosas.

Primero fue Víctor,

enamorado de mi hermana María Luisa,

luego; el Peña, de Flora,

Íñigo, de mi amiga de la infancia Leonor,

y por último, mi gran amigo Emilio,

que está locamente enamorado de Cinta,

que es la hija de los Domínguez.

Así que, es su turno, desembuche.

Siento ser tan poco original.

No, no, las tradiciones están para cumplirse.

¿Cómo van las cosas con Anabel?

Mal, rematadamente mal.

Desde que me acusó de ser un celoso patológico no la he vuelto a ver.

¿Usted es tan celoso como ella dice? -Claro que no.

Lo único que pretendo es que formalicemos la relación.

Tal vez he ido con excesivas prisas,

pero no soy un celoso ultramontano.

Entonces descuide, que la verdad acabará prevaleciendo.

Se agradecen los ánimos.

Anabel, realmente me gusta.

Y hablando de mexicanas, ¿qué me dice de Natalia?

No lo sé.

Al principio, pensé que era muy amiga de Anabel,

pero ahora no estoy seguro.

Quizá sea de esas amigas con las que se discute mucho,

pero luego no puede vivir el uno sin el otro.

Es posible.

Bueno, ¿y cómo van sus asuntos?

Bien, bien, todo bien. Ya le contaré.

Si me disculpa, voy a felicitar a don Liberto y Doña Rosina.

Luego le veo.

Con Dios.

-Señor Palacios.

Sí. -Para usted.

¿Para mí?

Muy bien, gracias.

Ahí tiene. -Gracias.

He decidido que le acompaño.

¿Un encargo que había hecho?

No, más que un encargo, un enigma.

Hace mucho que no fumo, pero parece un puro de los buenos.

Ya lo creo.

Veo que tiene usted amigos poderosos.

No hay puros más caros que estos,

vienen desde Cuba,

y hay gente que paga una fortuna por ellos.

Lo que no sé es quién puede habérmelos mandado.

El mozo no me ha dicho nada.

Hm...

Yo me tomaría un pedazo más.

Yo se lo pongo, tieta, pero ya ha comido bastante,

A ver si le va a sentar mal.

Ponle tarta a tu tía, que un día es un día.

Eso, ponme tarta,

que una no celebra el aniversario de boda de su sobrino todos los días.

Gracias a Dios,

me tenían que haber visto en el tranvía con la sombrerera.

Una señora me confundió con un mozo de la tienda

y me quiso dar propina por llevarle unos bultos a su casa.

Hablando de la sombrerera,

reconoce que te ayudó a escoger el tocado tu tía.

¿Yo? Si ni sabía que te iba a comprar un tocado.

Lo ha elegido él. -Tieta,

vamos a decirle a Rosina la verdad, me ayudó un poquito.

Pero casi nada, lo justo para que no te comprara un adefesio.

Ya me parecía a mí que había sido un acierto rotundo.

¿Y tu regalo? A mí también me ha encantado.

¿Qué ha sido?

Unos días en el hotel donde Genoveva y Felipe

iban a pasar su viaje de novios.

Habló tan bien de ese sitio, que me quedé con ganas de conocerlo.

¿"Iban"? ¿Es que no han ido?

Han debido de cambiar de opinión,

he llamado hoy para reservar y he preguntado por ellos,

y me han dicho que no han llegado. -No habrán tenido un accidente.

No seas agorero, Liberto.

Yo creo que Genoveva ha cambiado de opinión.

No sé, pero todo esto me parece muy extraño.

Qué buen gusto, Susana. -Es perfecto.

Ay, sí.

¡Abra, abra la maldita puerta, por favor! ¡Abra de una vez!

¡Abra por favor la maldita puerta!

¡Felipe, por favor, tranquilízate!

Pareces un gato enjaulado. ¡Es que soy un gato enjaulado!

No veo la manera de salir de aquí.

Te digo lo mismo que esta mañana: aparecerá nuestra oportunidad.

¿Le dijiste a alguien dónde nos íbamos a hospedar?

Sí, las señoras lo saben.

En el hotel se habrán extrañado de que no lleguemos.

Pagué la habitación por adelantado. No les importa si vamos o no.

Y además, no sabemos dónde estamos.

Me temo que en medio de la nada.

Te voy a sacar de aquí.

Te lo prometo.

Confío en ti.

Roberto, ven, ven un momento.

Vamos, hijo.

Prueba esto.

Tiene buena pinta.

Hm... Y huele aún mejor. ¿Qué es?

Un plato hindú, pollo al curry.

Encontré la receta en un libro

y las especias en un ultramarino detrás del mercado.

¿Lo vamos a ofrecer en la cena? -No, quiero seguir haciendo pruebas.

Tal vez mañana.

Cada día eres mejor cocinera.

Siempre lo he sido. ¿Miguel está en la terraza?

Quiero que lo pruebe también.

No, salió hace unos cinco minutos.

Seguro que iba a buscar a esa mexicana, la tal Anabel.

Sí.

Iba de punta en blanco y creo que estrenaba corbata,

así que supongo que ir a verla era su intención.

Espero que no se meta en problemas con el otro mexicano,

el tal Aurelio Quesada.

Confío en que Miguel sabrá cuidarse.

Y no les llames así, que no son mexicanos ninguno de los dos.

Para mí lo son.

Buenas tardes.

Todavía no estamos abiertos para la cena.

Señor Enríquez, por favor, pase.

Le presento a mí esposa.

Sabina, el señor Enríquez es el director del banco

con el que estuve ayer, el que me presentó don Ramón.

Ay, perdone.

Encantado de conocerla, señora. -¿Desea tomar algo?

No, en realidad, es una visita profesional,

para hablar con ustedes del préstamo.

¿Necesita algún documento más, algún aval?

No, aunque reconozco que tenía ganas de venir a conocer su local,

no entraba en él desde los tiempos en los que aquí estaba La Deliciosa,

una magnífica chocolatería.

Eso nos han contado.

Pero descubrirá que aquí ahora damos muy bien de comer.

Está invitado cuando quiera.

Muchas gracias. Se lo diré a mi esposa, le encantará venir.

Seguro. -Pero vamos al grano.

claro.

Hemos estudiado la petición de un crédito que nos hicieron

para reformar el establecimiento y, hemos decidido... aprobarlo.

Nos da usted una gran alegría.

En cuanto nos presenten los documentos requeridos

y la escritura del local, se ingresará el dinero en su cuenta.

¿Vendrá usted, señor Olmedo?

No, tendrá que ser mi esposa,

ella es la propietaria del negocio.

Espero que eso no suponga problema.

En absoluto.

Me encanta tratar de negocios con mujeres,

son más serias y mejor pagadoras que los hombres.

Pero por cómo habló don Roberto, entendí que él era parte de negocio.

En un restaurante, lo importante es lo que se sirve en los platos,

y mi esposa cocina como los ángeles.

¿Ha probado el pollo al curry?

Ni siquiera sé lo que es.

Un plato hindú, aquí lo tengo recién hecho.

Tome asiento.

Se va usted a chupar los dedos.

Actuar en Portugal, imagínese,

en un sitio que allí llaman Casa do Fados.

¿Tan bueno es Jacinto?

La verdad es que no.

Pero si a los lusitanos les gusta cómo canta fados,

pues que se diviertan.

Hombre, ya dicen que nadie es profeta en su tierra.

Pero nada,

hemos perdido la oportunidad por culpa de la indecisión de Jacinto.

¿Ha estado alguna vez en Portugal?

No, no he tenido la suerte.

Mis únicas visitas al extranjero han sido a Francia.

Yo no he tenido la fortuna de salir de España,

aunque una vez tuve unos pasajes de barco para La Habana,

para ver a mi esposa.

¿No viajó? Qué va.

Me quedé en tierra.

Lo que pasa es que mi esposa me coronó con un mulato,

la partió un rayo...

Y se lo digo de verdad, literalmente,

la partió un rayo, así fue cómo murió.

Vaya, qué mala suerte.

¿Y usted qué, se piensa en casar?

Claro que lo pienso, en el futuro.

Con Dios, Servando. Con Dios.

Juventud... Esa enfermedad se pasa con la edad.

¡Anabel!

Hola.

Da la impresión de que no te alegras de verme.

No es eso, es solo que hoy he estado un poco indispuesta.

Pero ya estoy bien.

Me alegro, porque tengo algo que proponerte,

quiero presentarte a mis abuelos.

Ya los conozco.

Me refiero a presentarte oficialmente como mi novia.

Y que tú me presentes a tu padre.

Miguel, no sé si nos estamos precipitando.

¿Para qué esperar?

Aún soy joven y no hace mucho que ejerzo como abogado,

pero ya tengo algunos clientes.

Ahora es momento de que lances tu carrera.

Hay otra cosa que nunca comento,

mis padres me dejaron una pequeña herencia

que nos permitiría vivir con holgura

mientras me afianzo. -¡Basta!

¿Qué pasa? -Que no soporto que me presiones,

que me metas prisa, que ni me dejes pensar.

No hace falta que nos casemos ya,

pero podemos prepararlo todo para formalizar la relación.

¿Es que no me escuchas?

No vamos a formalizar nada.

Vamos a dejar de vernos.

¿Qué?

Lo que has oído.

Nuestra relación no tiene ningún futuro

y lo mejor es que la abandonemos ya, sin esperar más.

Cuando salgamos de esta, me voy a dar un baño de dos horas.

Es lo que haces siempre.

Qué mentiroso.

¿Sabes que leí que en América prefieren las duchas a los baños?

Allá cada cual.

(Puerta)

No habrá más hasta mañana.

¡No tiene derecho a...! ¡Vuelva a su sitio!

Díganos qué quiere y se lo daremos.

Que dejen de gritar, nadie les va a escuchar.

Le exijo que nos deje salir.

No diga sandeces,

no está en condiciones de exigir.

¡Maldita sea, déjenos salir! ¡Suelte la puerta!

¡Felipe!

¡Ponte de pie! ¡De pie!

¿Le doy miedo?

¿Qué pasa? ¿Aún no sabe quién soy?

(NIEGA)

Quiero la verdad, quiero una confesión de su puño y letra.

¡Quiero que confiesen que asesinaron a la pobre Marcia!

Andas revuelta con lo del médico, ¿no?

La verdad es que sí.

Me han hecho muchas perrerías

y no encuentran la causa de mis desmayos.

Bueno, mujer, los resultados de las pruebas dicen que no tienes nada.

Dicen que no saben lo que tengo, que es bien distinto.

(Suena el saxofón)

Dígame, ¿qué le trae a usted por estas tierras?

¿De dónde viene?

Vengo de Barcelona.

Trato de buscarme las lentejas por aquí, como todo el mundo.

Estoy segura de que le va a ir muy bien por aquí.

Un mozo, que ha traído esto para mí.

Vaya...

Esta es una de las joyerías más caras de la ciudad.

Aquí no tienen nada que valga menos de 200 pesetas.

Perdone que le aborde, ¿usted es el diputado Antonio Palacios?

El... mismo, sí. ¿En qué puedo ayudarle?

¿Qué hace aquí, abuelo? -¡Miguel!

Jodo, qué susto me has dado.

Ten cuidado, que ya no tengo edad para aguantar estos sustos.

¿Qué lleva en ese saco?

Si cuento a los vecinos lo que sé sobre su familia,

Anabel tiene mucho que perder.

Pero usted aún más, y no me refiero solo a lo económico.

Hay ciertas cosas que sé sobre usted que... arruinarían su buena fama.

Vamos a tener que empezar con nuestra labor.

No va a sacarnos nada, ni una palabra.

Me parece que se equivoca.

Necesito una confesión y no voy a parar hasta conseguirla.

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Acacias 38 - Capítulo 1298

31 jul 2020

Santiago cuenta a Felipe y a Genoveva que les ha secuestrado para que confiesen que asesinaron a Marcia, y está dispuesto a cualquier cosa con tal de conseguirlo. Los vecinos comentan preocupados que el matrimonio Álvarez-Hermoso no haya llegado a Salamanca.

Miguel pide a Anabel una razón para su ruptura, pero la muchacha se niega a dársela. Más tarde pena con su padre, quien le jura que hará todo lo posible por sacar a los Quesada de sus vidas.

Lolita recibe los resultados de sus pruebas médicas, que no concluyen nada sobre su enfermedad. Antoñito conoce a Solano, un representante de importantes empresas mineras y el autor de los regalos que recibió el político.

Natalia presiona a Marcos: desvelará su interés por cierta joven cantante mexicana si no acepta las condiciones comerciales de su padre.

Santiago desvela a un horrorizado Felipe que Genoveva estuvo en juicio por la muerte de Marcia.

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  1. Victoria

    Liberto sigue siendo un personaje que "ha vuelto a mostrarse como era al principio": sencillo, amigo de sus amigos (de ahí que esté tan preocupado por Felipe) y muy cariñoso con su esposa, aunque a veces ésta "no lo merezca". La escena de hoy con los regalos por el aniversario de boda, ha sido muy bonita, (el sombrero es precioso y a Rosina le queda muy bien) ... los besos entre él y Rosina ya no son tan apasionados como al principio, sí, ya sé que me dirán que ya han pasado años y no es lo mismo pero, en esos besos hace falta un poco más de sentimiento, intensidad y entusiasmo. Mi querido Felipe creo que se ha metido en un buen lío, nunca me he creído su amnesia y supongo que él está tratando de cumplir la promesa que hizo ante la tumba de Marcia, solo espero que le salga bien la jugada y que no tenga que pagar con su vida (no me gustaría que desapareciera su personaje). También me tiene "amoscada" la salud de Lolita, cuando una mujer de Cabrahigo se cae varias veces como le ha pasado a ella, no puede ser "cansancio ni estrés". Como ya conozco los "giros" de los Sres. guionistas, por favor, dejadnos disfrutar de Felipe y de Lolita, en su lugar no me importaría nada, al contrario lo agradecería, que Santiago libere a la Sra. Alvarez-Hermoso de tanta "preocupación por saber si su esposo recuerda o no el pasado"

    pasado sábado
  2. Pilar Méndez

    Yo creo que Felipe está compinchado con Becerra y Laura, son los asaltantes que les han secuestrado, me ha parecido Laura con el pañuelo en la cara y vestida como un chico para despistar.

    pasado viernes