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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1258 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

Lo siento. No quería...

-¿Es eso cierto?

Vergüenza tenía que darle soltar la lengua con una tontería así.

Porque es lo que es, es una tontería.

Ustedes ya conocen a Ildefonso

y ya saben que Ildefonso se encuentra perfectamente.

-Ildefonso, por favor.

-Felicia, lo siento. Disculpa a mi hija,

no sé por qué se ha comportado así.

-¡Tú tienes la culpa!

Genoveva ha sido absuelta por esa justicia que tanto reclama.

¿Qué puede hacer? Recurrir la sentencia.

El juicio fue una farsa orquestada por Velasco.

Haré volver a Becerra

para que declare en contra de Genoveva.

Tomé más de la cuenta y perdí el control.

¿Has pensado en las desastrosas consecuencias

que tu ocurrencia va a tener en nuestra vida social?

-"Nos vamos a ir a un estudio"

a que nos lo expliquen todo,

y tú decides si quieres seguir adelante o no.

-No acabo de verlo.

-Lo que daría por escuchar a la señora cantar con su hija.

Eso sí que sería bonito.

-Una obra de arte.

¿Y cuáles son mis deseos?

En este momento, los mismos que los míos.

Esparcir mentiras y calumnias es algo grave,

por no decir que es pecado mortal.

-Yo no mentí.

Ildefonso sufrió un accidente que lo mutiló dejándole impotente.

-Anabel, para.

-¡Es la causante de su infelicidad! -¡Fuera!

-¿No quería la verdad? Pues ahí la tiene.

-"Dice que no hemos ganado el concurso de pensiones".

-Mira qué notición.

-Espera, espera, hay algo más dentro del sobre.

A ver, a ver...

-Eso parece un cheque.

¿No me diga que el "acesi" ese viene con parné?

Mire, Fabiana, mire.

Qué verdad es eso de que Dios aprieta ¡pero no ahoga!

-Yo me encargo de reunir a los músicos

y tú de repasar las canciones que quieres grabar, ¿qué te parece?

-Sí. Pues ahora mismo me voy a elegir las que más me gusten.

¿Qué tal, cómo han ido vuestros discursos?

-Antoñito ha estado estupendo.

Ha defendido sus ideas con un entusiasmo y energía admirables.

-Me ha faltado la solidez y serenidad de mi padre.

Daba gusto escuchar cómo defendía sus argumentos.

-¿Habéis hecho las paces?

-Sí. Nos abrazamos, nos abrazamos.

-"Aceptaste que tu vida marital fuese nula y seguiste adelante".

"¿Por qué te casaste con él?". -¿Que por qué me casé?

¡Usted lo sabe mejor que nadie!

¡¿Le recuerdo el chantaje al que la sometió?!

¡Echó a Maite de mi vida metiendo a ese hombre en ella!

Como se te ocurra traicionarme, lo pagará quien tú y yo sabemos.

Un matón a sueldo la vigilaba de cerca,

pero creo que he conseguido deshacerme de él.

Durante mi encuentro, le ofrecí un pacto.

Protección a cambio de modificar su declaración

y decir la verdad en el proceso de apelación.

¿Qué ha contestado ella?

Don Marcos y doña Rosina iban a llamar a un médico,

pero parece que doña Felicia volvió en sí.

Se la han llevao a casa de don Marcos pa tratarla allí.

-No le habrá hecho gracia despertar y encontrarse con Anabel,

con la que armó...

-Seguro que doña Felicia se desmayó por eso.

Prima, ¿tú crees que es verdad que a don Ildefonso...

le dejaron manso en la guerra?

-No lo digas así, que parece que te ríes.

-No, no. -Pero sí, pobrecito,

con to lo grande que es y le van a herir ahí.

Seguro que él hubiera preferido que le cortasen un brazo.

-Pobre Camino, ni habrá probao lo bueno de casarse.

-No creo que eso a Camino le haya importao.

Yo he puesto la oreja por ahí

y, al parecer, tiene más interés por otras cosas.

-Eso se dice.

-Sí. Pero ese no es nuestro asunto, prima.

¿Sabes qué me quita a mí el sueño?

La Fabiana y Servando.

-¿Qué ha pasado?

-Me acerqué por la mañana temprano a la pensión

y no me han dado las gracias por haberlos ayudao en el concurso.

¿A ti te han dicho algo?

-Ahora que lo pienso, no, na de na.

-No pido que repartan el dinero del premio,

pero un gracias sale de balde.

-Y una zarzaparrilla pa brindar también.

Bueno, casi.

(Puerta)

-Ve a abrir, que es aquí, en la puerta de servicio.

-A las buenas, Alodia.

-Buenas, Marcelina.

-Pasa, pasa.

-¿Dándole a la sin hueso?

-Claro, que pa eso es gratis.

-¿Qué se te ofrece? -¿Me prestáis una cebolla?

-Sí. Pero ¿solo quieres una?

-Bueno, dame dos.

Es que dice doña Bellita que son buenas para la voz.

Y con lo del disco nuevo...

-¿Doña Bellita va a grabar un disco nuevo?

¡Ay, Dios mío, qué ilusión!

Desde ya empiezo a ahorrar pa comprarlo.

-Pero si no tienes gramófono.

-Eso es verdad.

Pues lo clavo en la pared, como un cuadro.

Alodia, ¿va a hacer una actuación pa los vecinos?

Ay, dime que sí, dime que sí. -No sé.

-Dile que sí, hombre. -Supongo que sí.

-(MARCELINA SUSPIRA)

¿Qué es eso tan importante que me quiere decir?

Me tiene en ascuas. Es por su abogado.

Se le ha visto entrar en el portal con una orquídea,

que es una flor tan cara, que no se tiene por flor que se regale

sin motivos muy claros.

Salir absuelta en un juicio por asesinato

es un motivo de celebración.

Y no para una orquídea, para una docena si es necesario.

La gente no lo verá así.

Pensarán que hay un interés amoroso.

¿Y qué puedo hacer yo?

La gente es como es ¡Cuidar su reputación!

Usted está casada con don Felipe

Su vínculo es ante Dios, no ante los hombres.

¿Me está diciendo que debo seguir sumisa a él?

Es lo que se espera de nosotras.

Y mi obligación, como amiga, es recordárselo.

Se lo agradezco, doña Susana.

Y creo que tiene razón,

de hecho, le he tenido que parar los pies a Velasco.

Lo suponía.

Es una suerte para mí contar con una amiga como usted,

y espero que tenga la paciencia de avisarme

cada vez que en un impulso pueda cometer un error.

En fin, ahora, debo marchar.

Con su permiso, doña Susana.

Vaya con Dios.

Vieja loca.

¿Alguien quiere más pollo?

-Yo no.

Y tampoco postre, solo un café.

-Hay natillas, ¿de verdad no quiere?

-No, estoy muy lleno, solo café.

-Yo sí que quiero natillas.

-Ahora las traemos,

mientras se calienta el agua para el café.

Lolita,

no nos has dicho qué tal te ha ido con esos proveedores

con los que tenías que negociar un descuento.

-Han entendido mi petición y me han hecho parte del descuento.

-Enhorabuena, hija.

Cada uno ha cedido un poco: ellos me han hecho descuento,

yo he aumentado el pedido

y voy a pagar el género contra reembolso.

-Muy bien. Estás hecha una experta en negocios.

-Son muchos años con la mantequería.

-Voy a por las natillas y el café.

-¿Sabes, hija?

Cuando alguien me pregunta cómo llevar un negocio,

yo les digo que, exactamente como tú lo estás haciendo.

Tener las ideas claras, saber lo que se quiere

y que todo el mundo gane, esa es la manera, y así se consigue.

Ole mi suegro, y con mucha gracia y mucho salero,

que de eso usted tiene por toneladas.

-(ANTOÑITO RÍE)

La gracia y el salero están bien,

pero igual es poco para sostener un negocio.

Hacen falta convicciones, igual que en política.

Siempre que tus convicciones no choquen

con las convicciones del contrario.

-Si no estuviera seguro de que tengo razón, no defendería mi posturas.

-Bueno, aquí están las natillas del hijo...

y el café del padre.

Y todos felices.

Entonces, Lolita,

¿al final has logrado salvar el negocio?

-Creo que sí.

Entre lo que me han bajado el precio

y que voy a poner los productos más baratos que la competencia,

pues... así compenso la subida de tasas,

para ganar algo más, espero.

O sea, que lo que ha hecho la subida de impuestos

ha sido perjudicar a los negocios.

Una pésima idea, que era lo que yo comentaba.

-Los impuestos es la única manera de que un país funcione.

-Antoñito, prueba las natillas, que hoy me han quedado de lujo.

Y tú, Ramón,

que le he echado canela al café.

-Qué buena idea, Carmen.

¿Desea usted algo más, señora? Sí.

Le traigo unas pastas.

Quiero que me digas qué hablabas con Felipe.

No he hablado con él, señora.

Os vi a los dos juntos en la calle.

No, solo nos cruzamos, ni siquiera nos saludamos.

No te creo. Y él te odia.

Quizá no me vio o iba con prisa.

Como me entere de que me mientes, lo vas a pasar mal.

No, señora.

(Puerta)

¿A qué esperas? Abre.

Por supuesto.

-Buenas tardes, Genoveva.

Laura estaba muy nerviosa, ¿Ha ocurrido algo?

Mejor que esté nerviosa, así no hará tonterías.

Has tardado en venir.

No esperaba que me citaras hoy.

He tenido que resolver unos asuntos.

Unas vecinas te han visto entrar en mi con la orquídea.

Sí, lo sé, en ningún momento me escondí.

No seré el primero que te trae flores.

Quiero que seas más discreto.

Soy tu abogado, es normal que te visite.

Soy una mujer casada.

Eso es por deseo tuyo.

Con tus contactos, no tardaríamos en conseguir tu nulidad matrimonial.

Hasta la Iglesia aceleraría el proceso.

¿Quieres que lo ponga en marcha? Todavía no.

¿Sigues pensando en recuperar tu relación?

Al contrario,

no le daré la satisfacción de ser un hombre libre.

Entonces, tú tampoco eres libre.

Sé que él lo lamenta más que yo.

¿Y tú y yo?

Tú y yo, nada.

Te llamaré cuando lo desee.

Ahora puedes marcharte. Recuerda, sé discreto.

(Se cierra la puerta)

¿Qué te ocurre?

-Ya sabes, Jose, las canciones del disco.

-Tendrías que preocuparte si no tuvieras ninguna,

pero tienes cerca de cincuenta.

-Igual de problema es tener demasiado, que tener demasiado poco.

-Bueno.

-"Good afternoon". Hora de la merienda.

Té y pastas, como los ingleses.

-Vamos, Bellita, vamos a merendar.

¿Sabes qué me gustaba merendar a mí en el pueblo?

-¿El qué?

-Un bocadillo de jamón.

-Usted comería jamón pa desayunar, comer y cenar.

-Y de merienda

y de tentempié a media mañana.

-¿Sabe quién ha empezado a ahorrar para comprar su disco, doña Bella?

Marcelina. Y eso que no tiene gramófono.

-¿Y para qué lo quiere?

-Pa cuando consiga uno.

Y de momento, lo va a poner en la pared, como si fuere un cuadro.

-Vaya idea.

-Eso es que la gente te quiere.

-Sí, hasta que saque el disco.

Alodia,...

vete tú a merendar y déjame con mi esposa,

que hay que levantarle ese ánimo.

A ver, emperadora.

¿Qué te pasa?

No creo que estés así solo porque no te decides.

-Que mi repertorio está anticuado.

Que hasta Alodia y tú me habéis recomendado cantar canciones

de Raquel Meller.

-Claro, pa demostrar que con canciones de antes o de ahora

no hay quien pueda compararse contigo.

-Que no, Jose,

que soy una artista del siglo pasado.

Que no quiero que se rían de mí.

-¿Qué quieres, una canción nueva que no sea de la Meller?

-Sí, pero no la tengo.

-Pues se compone, como has hecho otras veces.

Ven aquí.

Tú eres Bella del Campo.

Tú cantas, compones y te metes al público en el bolsillo

con solo mover una pestaña.

-Eso era antes. -Y ahora, ¿qué te apuestas?

Si me tienes más enamorado que el día que te conocí.

Y de eso hace ya...

algunos años.

-Ay...

Dame un beso, que no sé qué haría yo sin ti.

Ea. ¿Alguna cosa más?

-Sí, cinco o seis cebollas.

Le he dejao unas pocas a Alodia y no me las ha devuelto.

-Cinco o seis cebollas.

-Lola, ¿tú has hablao con la señá Fabiana y Servando?

-Pues sí.

Los vi antes y los saludé,

pero... no hemos pegao la hebra.

-Ah.

¿Y no te extraña que no nos hayan agradecido la ayuda en del concurso?

-Pues ahora que lo dices...

A mí no, desde luego.

Ni a ti, ni a mí, ni a nadie. Qué panda de desagradecidos.

-Se les habrá pasao, mujer. Habla con ellos.

-¿Hablar yo?

Nanay, son ellos los que tienen que venir a hablar con nosotros

y a darnos las gracias. Estas cebollas me las apuntas.

(Puerta)

-Hola, cariño.

¿Has visto salir a Casilda? No sé por qué iba tan enfadada.

-No la he visto, no.

Digo Lola, que no sabía que lo más importante para ti

haya sido aprender la gracia y el salero de mi padre.

-Cariño, no sé de qué me hablas.

-De lo que le has dicho antes,

que el negocio funcionaba porque habías aprendido es de él.

-Mira, Antoñito, no le busques tres pies al gato.

-Lo que me faltaba es que mi esposa defienda a mi padre

cuando discute conmigo.

-(RESOPLA)

Pues si estás de acuerdo con mi hijo, te lo callas.

Lo que me faltaba es que mi esposa le diera la razón a mi hijo

cuando discute conmigo.

-¿Ahora me vas a decir lo que puedo hacer y lo que no?

Mira, Ramón, desde que nos casamos hemos estado de acuerdo en una cosa:

en que soy una mujer libre.

-Por supuesto, nadie te lo niega. Pero también eres mi esposa,

y no puede ser que siempre apoyes a mi hijo.

-Lo haré cada vez que piense que él tiene razón.

Y en lo de los impuestos, la tiene.

-A ver, que no se trata de impuestos sí, impuestos no,

todos queremos que sean más bajos

y que los ciudadanos y los comerciantes

no se vean forzados a pagar más de lo que deben.

-Pues lo que él defiende.

-Pero todos también queremos que haya mejor sanidad, educación,

derechos para los obreros...

Y eso solo se paga con impuestos.

No discutimos de impuestos,

discutimos sobre qué España queremos,

la de los liberales o la de los conservadores.

Desde que la política entró en esta casa,

está siendo una pesadilla.

Ojalá perdierais los dos las elecciones.

Eso es lo que me gustaría.

¿Que los dos perdamos las elecciones?

-Sí, los dos, padre e hijo, liberales y conservadores,

socialistas y comunistas y todo el que se presente.

-Qué disparate, Lola, de verdad. -Mira,

te digo otra cosa, es una vergüenza que solo voten los hombres.

Mientras las mujeres no voten, esto no es una democracia,

así que, déjate de palabras altisonantes.

-No te estás enterando de nada, de nada de nada.

-¿Qué? -De nada.

-¿Que yo no me entero de nada?

Mira, cariño, la charla salió de una negociación de esta mantequería,

la cual gestiono yo con mucho éxito,

y es la que nos da de comer en casa,

mientras tú juegas a ser político.

-¡¿Que juego a ser político?! -Sí, juegas a ser político.

-Lo mínimo que un hombre puede esperar es que su esposa le apoye.

-En lugar de estar aquí diciéndome majaderías,

deberías estar cuidando de tu hijo.

-"¿Sabes lo que te digo?".

Que te encargues de Moncho, que es tu nieto.

-No es necesario que te enfades tanto.

Te pido que me apoyes si discuto con mi hijo.

-¡Pues no discutas, Ramón, no discutas,

que estoy harta de la política en esta casa!

Me voy a dar un paseo.

Ahí te quedas con tu negocio.

-Hala.

(MONCHO LLORA)

(MONCHO LLORA)

(RAMÓN EXHALA)

¡Ven conmigo! Chist...

-Déjeme, tengo que cumplir un encargo de doña Genoveva.

-¿Se te ha olvidado que tu jefe soy yo?

-No le conté nada a Méndez, se lo juro.

Ya lo sé, no estoy aquí por eso.

Voy a hacerte un último encargo.

-Siempre dice que es el último.

-Obedece, es lo que te conviene.

-No me pida nada más.

Usted me conoce desde hace muchos años,

y sabe lo que hemos sufrido Lorenza y yo.

-Vas a hacerme llorar.

-Si sigue así, le contaré todo a doña Genoveva.

-Chist...

Que sea la última vez que me amenazas, ¿entendido?

¿Sí?

Como se te ocurra traicionarme, lo pagarás tú y Lorenza.

-No, por favor, a mi hermana no le haga daño.

(Pasos)

Viene alguien.

-¿Qué te pasa, muchacha? -Nada.

-Llevas la cara de haber visto al diablo.

-Buenas noches.

Señora, don Marcos me ha pedido que viniera a informarla

que su madre descansa en su casa tras el vahído que sufrió.

-¿La ha visto el médico? -Sí.

Le ha aconsejado que repose y que no tenga más emociones.

No sé si pensaba visitarla,

pero sería mejor que esperara un par de días.

-No tengo intención de hacerlo. Y menos sabiendo dónde está.

-Supongo que está muy enfadada con la señorita Anabel.

-Creo tener motivos suficientes.

-Mire, me ha dado esto para usted.

Le ruego que la coja.

Le aseguro que la ha escrito con total sinceridad.

Está muy arrepentida de lo que hizo.

No ha salido de casa desde entonces.

-Supongo que la noticia habrá corrido como la pólvora por barrio.

Me gustaría decirle que no,

pero... es imposible contener una revelación así.

-Será mejor que se vaya, Soledad.

Le acompaño a la puerta.

-Le ruego que coja la carta, por favor.

Gracias.

Buenas noches.

-Con Dios.

-Ya lo has oído,

todo el barrio lo sabe,

toda la ciudad, todo... el mundo.

Seguro que la noticia ya ha llegado al casino militar,

hasta mis conocidos, a mi familia...

-Lo siento.

¿Por qué me has destrozado la vida? ¿Acaso lo merecía?

En el Ateneo estaba todos encantados con su discurso.

-Lo celebro.

Le aseguro que tengo más éxito fuera de casa, que dentro.

En mi casa nadie está de acuerdo con mis ideas.

-Lógico, su hijo Antoñito defiende posiciones contrarias.

-Y no solo él.

Mi nuera está más de acuerdo conmigo, que mi propia esposa.

-Si yo le dijera las veces que Rosina no está de acuerdo conmigo...

Pero ya sabe, si la convence a ella, convence a todos los españoles.

-Usted no sabe hasta qué punto es tenaz Carmen.

Pero no quiero pensar en eso ahora.

¿Sabe por qué nos ha convocado Felipe?

-No tengo la menor idea.

Tendrá que ver con la apelación que hizo al juicio de Genoveva.

-Sé que es muy difícil decir eso

y que nuestro común amigo no me haría caso, pero...

yo trataría olvidarme del tema.

-En efecto, no le haría ningún caso.

-Es muy duro, pero debería seguir adelante, tratar de ser feliz.

-En eso, ni siquiera yo sé si estoy de acuerdo con usted.

(Puerta)

Buenas.

Gracias por acudir a mi llamada.

Siéntense.

Sabe estamos a su disposición siempre que nos convoque.

-Nos morimos de ganas de saber qué es eso que quiere contarnos.

Seré directo.

He tomado una decisión,...

me voy de Acacias.

Admiro su determinación, pero le ruego...

que sea prudente en esas tierras. Tranquilos,

pronto estaré de vuelta.

Espero que acompañado de ese tipo.

Somos unos monstruos.

-Podríamos haber sido felices guardando nuestros secretos.

Pero no supiste estar callada.

La estúpida de Anabel lo ha echado todo a perder.

Como siga progresando la ciencia,

no van a necesitar ni cantante.

-Es un telegrama de su hija.

-Ay, mi Cinta.

A partir de hoy,

vamos a evitar hablar de política en esta familia.

-Jacinto, Rosina y yo te subimos a casa para atenderte.

-¿Y estas ropas?

-Son de Anabel. Soledad te las puso para que descansaras cómoda.

-¿Qué ha pasado?

-Todas las libertades de las que habla son libertinaje y anarquía.

-Haz el favor que se exprese tu esposa, retrógrado.

-No te metas en asuntos de un matrimonio.

-Trataba de calmar los ánimos, así que no te entrometas tú,

que lo vas a estropear más.

-Puede que el recurso de Felipe salga adelante.

¿Felicia ha pasado la noche en casa de don Marcos?

-Sigue ahí.

-Qué sinvergüenza. Eso es un disparate.

No sé cómo pedirte perdón por mi indiscreción.

-Llamar indiscreción... a lo que hiciste, me parece poco.

¿Por qué lo dices, por el dinero? Eso está bien empleado ya.

¿Se puede saber en qué

En tapar agujeros y cosas de esas, y el resto para mí,

que me lo tengo bien merecido.

-Na, ni las gracias.

Jose, que no insistas, que le falta algo.

No sé, una chispita que la rompa...

# Que quiero ir presumiendo, y ole, de mi marido.

# Que quiero ir presumiendo, y ole, de mi marido. #

-(JACINTO) ¡Iepa-ya! -Qué susto me has dao, Jacinto.

Ya te he dado dinero para que cuides de tu hermana.

¿Pretendes seducir a Felipe?

¿O tu nuevo objetivo es Velasco? ¿Qué?

Todo lo que le está ocurriendo a mi hija es por mi culpa.

-Hiciste lo que pensabas que era mejor para ella.

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Acacias 38 - Capítulo 1258 (Parte 2)

29 may 2020

Soledad le entrega a Camino la carta de Anabel. Ildefonso le pide explicaciones a su esposa ¿por qué le contó a su secreto a Anabel? Camino echa de su casa a su madre tras acusarla de haberle hecho una infeliz.

Aunque se habían propuesto sembrar la paz en el hogar y se estén esforzando por no discutir a duras penas lo consiguen. Lolita le recrimina a Antoñito su obsesión por la política y Ramón le recrimina a Carmen no apoyarle.

Genoveva y Velasco discuten. Velasco le quiere encargar a Laura el último trabajo, pero ella logra zafarse. Felipe anuncia que se marcha de Acacias.

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