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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1226 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

Qué asco de vida.

-Pero ¿qué te pasa?

-Que hoy hay casamiento doble,

y todas las señoras están preocupadas con sus vestidos,

con sus peinados, con sus maquillajes...

-A ver, viven pa eso. -Ya,

pero las criadas seguimos cargando con la compra,

fregando suelos

y lavando sábanas.

-Cada uno tiene su sitio en el mundo, prima.

-Y el nuestro es de rodillas.

Hay veces que me dan ganas de poner bombas.

-Como te oiga el comisario, te va a encerrar.

-Mejor, más descansada estaría.

Ya.

Aunque ahora mismo, él también tiene mucha faena por delante,

tiene que encontrar al asesino de Marcia.

-Cesáreo le dijo a tu primo que están a punto de resolverlo.

-Hasta que no lo vea no lo creo.

-Emilio,

¿qué hace uste aquí? Tendría que estar poniéndose guapo.

-¿Tantas horas creen que necesito para eso?

-Pa chasco que no, es usted de los más pintureros del barrio.

¿Nervioso?

-Reconozco que un poco, pero feliz.

Las veo luego, que me queda mucho por hacer.

Con Dios. -Con Dios.

-Hay que ver,...

don Emilio se casa tan contento

y a la hermana parece que la llevan al matadero.

-Camino desapareció un par de días,

y su madre dijo que se fue a un convento pa preparar el sacramento.

-Eso no se lo cree ni un niño de teta.

-Pa mí que se escapó.

-¿Cómo habrá hecho doña Felicia pa traerla de vuelta?

-Lo que sea, va a emparentar con un marqués.

El sacrificio merece la pena.

-Don Ildefonso es buen mozo, y creo que buena persona.

-Ya, y una cosa no quita a la otra,

pero está claro que doña Felicia está casando a su hija por el parné.

Ese hombre...

-Parece un bereber.

-No, no lo es, prima.

-Vaya susto te has dao. ¿Estás bien?

-¿Qué? Sí, sí, sí, estoy bien.

Me voy a ir ponerle el desayuno a mis señores. Luego te veo.

¿El señor no desayuna?

Lo hizo muy temprano y se fue.

¿Adónde? No me dijo,

solo sé que un coche le esperaba en la calle, delante del portal.

Debería decirme a dónde va.

Aquí tiene, señora.

Hoy debo salir.

Hoy es la boda.

Te necesito para que me ayudes a vestirme.

Tengo que ir a recoger las referencias que usted me pidió.

Se van de viaje, así que tiene que ser hoy, señora.

Está bien, ve. Quiero esas referencias,

quiero saber a quién he metido en mi casa.

Intentaré llegar temprano para ayudarle a vestirse.

Por si acaso, déjalo todo listo antes de irte.

Sí, señora.

Y sírveme té.

Tengo que estar perfecta.

He de pasear del brazo de mi marido delante de todas las mujeres.

Deben envidiarme.

Eso no será difícil, señora.

Son ustedes los señores más elegantes del barrio.

Iré a por más leche.

¡Guapa, guapa y requeteguapa!

Alodia, déjame un espejo. -Sí.

¡Oh!

Espejito, espejito,

¿ha habido en el mundo una novia más guapa que yo?

Ya le digo yo que no, señorita. Parece usted una princesa.

-Parece no, es una princesa.

Una princesa que piensa que se ha arreglado demasiado temprano.

Hoy no es día de llegar tarde. -Pero es que faltan horas, señora.

-Yo conozco a mi hija. Mejor que esté ya.

Y tú, vete ya a por las flores.

-Sí, voy corriendo.

Chist, corriendo no, despacio, que se llega antes.

Te vas a casar. Sí.

Supongo que tengo que explicarte algunas cosas.

No se preocupe, madre, ya las sé.

¿Las sabes?

Pues claro. No me digas que Emilio y tú...

No, no, no, las sé, pero una es muy decente

y llega al matrimonio como se debe llegar.

Por eso no se preocupe. Menos mal, hija.

Aunque tu padre y yo... No, no, no,

no me interesa saberlo.

Pues nada, me callo.

Lo que sí me interesa saber es cómo fue para usted

el día antes de actuar por primera vez en un gran teatro.

Hija, tú eres una artista, eso es una delicia,

te pondrás nerviosa y ya está.

Una vez que pises el escenario, mandas tú.

¿Cree que voy a triunfar?

Vas a dejar a Bella del Campo del tamaño de una pulga.

Eso es imposible, si usted es la más grande.

Lo fui,...

pero ahora...

Cinta Domínguez...

(Puerta)

ha llegado tu momento.

Me conformo con ser la mitad de lo que ha sido usted.

-Pero bueno, ¿qué es esto? ¿Malkoak?

Se acabó, nada de tristezas, hoy es un día de risas,

no de lágrimas.

-(AMBAS) ¡Arantxa!

-Qué alegría.

No sabía que venías.

Pero ¿cómo me iba a perder la boda de mi niña?

Ni que estuviera loca.

-Pero no contestaste a la carta.

-Si supiera lo alejado que está el caserío,

tardaba menos en venir, que en mandar una carta.

Ahora sí que me puedo casar, ya está toda la gente a la que quiero.

(RÍEN)

-¿Te llegó noticia de lo de Cesáreo?

-No. ¿Qué ha pasado?

Lo detuvieron por el asesinato de Marcia.

¿Qué?

-Pero ya le han soltado, descubrieron que no fue él.

-Me tenían que haber preguntado a mí,

ese hombre es incapaz de matar.

-Oye, oye, pareces una marquesa. Qué tipín.

Anda, ven aquí que te abrace otra vez, doña Arantxa.

Ay, mi niña.

Ay, Casildica, ¿ya andas con tus tristezas?

-Si usted supiera, señá Fabiana.

-Anda, pues no lo voy a saber,

te pasa lo mismo cada vez que alguien se da el sí quiero.

-Sí, es eso lo que me pasa.

-Pensabas en tu Martín, ¿verdad?

-Mismamente. ¿En quién voy a pensar si no

es en mi difunto Martín, que en paz descanse.

-Lo que tenías que hacer es casarte otra vez, prima.

-Quizá, quién sabe.

-Pocos candidatos hay en este barrio.

-Como no se junte con el Servando... Nadie más se me ocurre.

-No digas disparates, ¿con Servando? Lo que me faltaba.

Fabiana, ¿sabe si se va a poner la chaqueta de domador para la boda?

-Ojalá que no, pero de Servando me espero lo peor.

-Eh, eh, eh.

-Mira qué guapo va el pollo. Uno así me convenía.

-Este ya está casao y bien casao, Casilda.

-¿Les gusta el traje?

Ni hecho a medida, hombretón.

Ven, cordera, a ver qué buena pareja hacemos. Ven.

-Pues sí. Ole ahí las parejas guapas.

Ole.

-Ole.

Quieta. Que no, no, no, no. Dame solo uno.

Que no, no te voy a dar ninguno de los dulces que te he traído.

¿Y cuándo? Eso no te lo puedo decir.

Pero ahora no así, vestida de novia,

que te puedes manchar.

Que tengo cuidado.

Que no.

Eh, te he dicho.

¿Qué pasa, desde que me he ido no te ha educado nadie o qué?

Pareces una niña malcriada, una neska zakarra.

No sé cómo te he echado tanto de menos con lo saboría que eres.

Y más que tenía que ser.

Cariño, cuéntame, ¿qué es eso de que Camino también se casa hoy?

Tata, imposible. Pa contarte lo que le ha pasado a Camino

y lo de la boda, necesitaría un día entero.

¿Tiene algo que ver con esa mujer, con Maite Zaldúa?

Sí. ¿Cómo lo sabes?

Porque no me chupo el dedo y he recorrido mucho mundo

y he visto de todo.

Oye, pocholita, una cosa,

si tu madre te pregunta por mí, no le digas nada,

pero voy a ver si veo a Cesáreo.

Yo no digo nada. Corre, vete.

Vete.

Agur.

Pero qué causalidad, iba a ir ahora justo a buscarte.

-Y yo, en cuanto supe que estabas aquí.

-Pasa, pasa, Cesáreo.

Yo me voy al salón, les dejo solos.

Estás muy guapa.

-Y tú estás muy pálido.

Ya me han contado que has estado a la sombra.

¿Habrá baile en el convite?

-Vaya boda sosa si no se baila.

Yo pienso echarme un par de pasodobles con mi esposo.

-Iepa-ya.

-Pues vais a nublar a los novios,

entre lo guapos que vais y el baile...

-De eso nada,

que bien guapas que son la señorita Cinta y Camino.

-(SUSPIRA)

-¿Qué te pasa, que parece que se te va la vida en el suspiro?

-Ha sido hablar de guapuras y me he acordao de Marcia.

-Prima, hoy no es día de pensar cosas tristes.

-Como si una decidiera lo que se le viene a la cabeza.

-Pues mi Jacinto tiene razón,

hay días pa tristezas y días pa alegrías.

Y hoy es de los segundos.

-Di que sí, Marcelina,

que los casamientos son lo más bonito que hay.

-Entonces, perdonen por mi tristeza.

Señá Fabiana, ¿me pone usted este broche?

-Madre del amor hermoso, que joya más fea.

-Regalo de doña Rosina.

-No debía saber dónde tirarlo.

-Ande, póngamelo,

no vaya a ser que se enfade por no llevarlo puesto.

-A ver.

Y dos cucharadas de azúcar,

que hay cosas que a una no se le olvidan en la vida.

-Estaría bueno que lo hubieras olvidado ya.

-No me seas quejica, que sabes que no me gusta.

Los hombres y las mujeres tienen que ser echaos p'alante,

como dice don Jose.

-Motivos he tenido para quejarme últimamente.

-Ha tenido que ser muy duro estar preso.

-No te creas.

He tenido tiempo para pensar en ti

y en el caserío.

¿Sabes qué tienes que hacer? -¿Qué?

Pintar la valla de blanco.

que el verde no se distingue bien.

-No me puedo creer lo que me estás contando.

¿Estabas en el calabozo acusado de asesinato,

sin saber si te iban a colgar o no y pensabas en la valla del caserío?

-Era inocente, sabía que tarde o temprano me iban a soltar.

Bueno,

¿y tú, cómo estás? ¿A qué has venido a Acacias?

-Pues a la boda de Cinta, Cesáreo.

No me iba a perder la boda de Cinta, si la he criado yo.

-¿Y solo por eso?

-Y a verte a ti, grandullón.

-¿No has pensado en quedarte en Acacias?

-¿Has pensado tú en volver al caserío?

-Llevas razón, mi sitio está en Acacias

y el tuyo allí.

-A mí me pasa lo mismo, Cesáreo.

Pero eso no significa que haya dejado de quererte.

Servando, ¿es que piensa ir a la boda así vestido?

-Fíjese, que lo he dudado. Voy demasiado elegante, ¿verdad?

-¿Demasiado elegante?

-Es que este barrio nunca ha tenido demasiado caché.

Supongo que los vecinos se pondrán sus galas de domingo y poco más,

pero nadie de verdadera etiqueta.

-Por cierto, ¿han pasao por aquí invitaos a la boda?

-Ah, sí, y una muy especial, Arantxa.

-Arantxa. -Sí, sí.

-Ay, qué alegría más grande. ¿Y lo sabe Cesáreo?

-Claro que sí, ha salido corriendo en su busca.

-Me parece perfecto.

Ande, vaya a cambiarse de ropa, que yo estaré aquí cuando vuelva.

-La verdad es que...

Eh...

¿Y usted, no se va a arreglar?

-Servando, ¡no me busque, que me encuentra!

¡Venga!

(SE QUEJA)

-Qué exagerado.

Ya sabía yo,

me voy a despeinar y voy a hacer el ridículo en la iglesia.

-(SE QUEJA)

No sabes cómo te he echado de menos, Arantxa.

-Por el interés te quiero Andrés.

-Eso es lo que necesitaba pa mi espalda, tus friegas.

Ni el broche de doña Rosina,

ni los rezos de doña Susana

ni los emplastos de la botica,

tus friegas.

Oye,

¿y cómo es que traías el ungüento en el equipaje?

-Yo siempre lo llevo conmigo por lo que pueda pasar.

Y como está hecho en el caserío, no se compra en ningún sitio.

-¿Lo haces tú?

-Bueno, no, mi prima Edurne y las dos.

Esto está hecho con la boñiga del señor Bonifacio.

-¿Cómo? ¿Cómo que el señor Bonifacio?

-Esté tranquilo, señor, que es el toro.

-¿Con las boñigas de un toro?

-A ver, pero boñigas seca, don Jose, eso ya ha perdido el olor.

-Creo que voy a tener que bañarme antes de bajar a la iglesia.

-Ya va. Bueno, esto ya está.

Lo único...

Que no huela. ¿Pues, no le he dicho que ya está seco?

Voy a tardar menos en prepararle yo el baño, que llamar a Alodia.

Andamos mal de tiempo.

Dos minutos espere a que le haga efecto el señor Bonifacio.

Ahora vengo.

(Pasos)

-Buenas. Don Jose, me han dicho que me ha hecho llamar.

-Eh, tú y yo tenemos que hablar seriamente, de hombre a hombre.

-Sí, claro. Dígame.

-Abre ese estuche que hay ahí, a ver qué te encuentras.

-Pero...

¿Un estoque?

-Sí, señor, un estoque. Pero no es un estoque cualquiera,

ese me la regaló el Gallo cuando toreó en la plaza de toros de Ronda.

-Y ahora, ¿me lo regala a mí?

-¿Regalártelo de qué?

Ni que estuviera loco.

Te aviso.

Como no trates bien a mi niña, te persigo con el estoque,

que sé usarlo.

Que no, hombre, que es una broma.

(RÍEN)

Yo sé que la vas a tratar de maravilla,

por la cuenta que te trae.

Solo quería darte la bienvenida a la familia

y contarte un secreto:

ella... tiene la razón.

-¿Cinta?

-Sí. Bueno, en mi caso, Bellita.

Ella tiene razón, diga lo que diga, ya está.

Tú discute un poco,

pa echarle sal a la vida,

pero después, haz lo que ella te diga.

Así os llevaréis bien y todo saldrá a las mil maravillas.

Sí, señor.

-Y nunca te olvides de pensar en hacerla feliz,

es lo más importante.

-Se lo juro.

-Muy bien.

Pues suelta el estoque, que no me fío de ti.

Dame un abrazo, hombre.

(SE QUEJA)

La ciática.

Estás fuerte.

Sereno, qué alegría verle de vuelta.

No sabes cuánto he echado de menos pasear por estas calles.

Nunca había deseado tanto hacer mi ronda.

Con Dios. -Vaya con dios.

Arantxa, ya me barruntaba yo que usted iba a venir.

-Pues claro, Fabiana, ¿cómo me iba yo a perder esta boda?

-Yo pensaba que vendría... del brazo de Cesáreo.

-No seas indiscreta, Marcelina.

-Indiscreta no, Fabiana. Ya he estado con Cesáreo, Marcelina,

y si no entro de su brazo, es porque está de guardia.

-Ah. -Entonces, ¿siguen juntos?

-Sí, en la distancia.

Pero no me olvido de él, ni él de mí.

-Y mire que ha tenido mucho en qué pensar.

-Por ahí viene Servando y mi marido.

-¿Qué se ha puesto usted, Servando?

-¿Le gusta?

Es un traje como el que llevó el duque de Wellington

en la boda de su hija.

-Pero lo llevó a la hora del desayuno,

después ya se vistió de calle.

-Yo también me alegro de verla, Arantxa.

Y si no tiene dónde quedarse, le aconsejo nuestro hotel.

Estamos haciendo una reforma general...

-Chist. Que por ahí llega el novio.

-¡Guapo!

-Ahí está el otro novio.

¿Quién es ese señor que le acompaña?

-Es el marqués de los Pontones, el abuelo.

Tres veces grande de España.

-Ah.

Yo le hacía mucho más mayor.

-Tiene su edad, pero se conserva muy bien.

Esto debe ser la sangre azul de la realeza.

-Ahí está mi niña.

Cariño mío, ¿se puede estar más bonita?

No hay novia más guapa que tú, ni aquí ni al otro lado del charco.

Mira que eres exagerá, tata.

Te agradezco que hayas venido.

Sin ti, mi boda no sería tan dichosa.

Yo siempre voy a estar contigo, siempre.

Por muy alejadas que estemos en la distancia,

siempre te llevaré en mi corazón, como a tus padres.

Venga. Sí.

-Qué guapa va la novia.

-¿Y la otra novia? Camino, digo.

-No me creo que no venga.

-¿Y don Felipe y doña Genoveva?

¿Vamos? No podemos llegar después que las novias.

No encuentro mis gemelos de oro. ¿Y ahora los buscas?

Sí, ahora los busco.

Laura me va a oír, le dije que lo dejase todo preparado.

Es un capricho de última hora,

pensaba ponerme los que Laura me había preparado.

Tú y tus caprichos, como no.

¿Tampoco te has puesto la corbata?

No, es evidente que no.

A este paso, vamos a llegar para el bautizo de nuestro segundo hijo.

Ya están todos dentro, seguro que criticándome por llegar tarde.

(Puerta)

Qué inoportuno.

¿Quién será?

Comisario, ¿qué ocurre?

Está usted detenida por el asesinato de Marcia Sampaio.

¡Espósenla!

Qué buena que es Carmen, que se ha quedado con Monchito.

-Si mi nieto luego se encuentra mejor, podrá venir al convite.

-Miren la cara del novio.

Está pálido el pobre.

-No os preocupéis, que boda va a haber,

que están aquí Cinta y Emilio.

-Tengan fe, que la novia seguro que llega.

-Sí, es que hay novias a las que les gusta hacerse de rogar,

¿a que sí, Maritornes?

-¿Por qué no le preguntas a Emilio, que tú tienes confianza con él?

-Yo creo que Emilio no está pa preguntas, suegro.

Ni él ni don Jose.

-Ese hombre de allí es el señor Vicuña.

El que ha firmado los papeles

pa que Cinta pueda irse a Argentina.

-En cuanto acabe la ceremonia, le saludamos.

-Es un gran admirador suyo.

Si le firmara un autógrafo, se iría feliz.

-Digo, en lo alto de la calva, si quiere.

Señores, que están los invitados impacientándose, ¿qué ocurre?

-Imagínate cómo estamos nosotros,

con la niña esperando a que empiece su propia boda.

-Menuda idea lo de la boda doble.

-¿Por qué no les preguntamos a los Pasamar qué ocurre?

-Mejor déjalos en paz, que están como un flan.

-No me puedo creer que Camino no aparezca.

Esto va a ser un escándalo de padre y muy señor mío.

-Tiene que venir, madre.

En Acacias ha pasado de todo,

pero no que una novia no se presente en la iglesia.

-Espero que tu hermana no sea la primera.

No tendría que haber hecho caso al protocolo,

me tendría que haber quedado con ella,

aunque la etiqueta diga lo contrario.

Como no venga, vamos a salir en todos los periódicos del país.

Que digo del país, de toda Europa.

-No sé si ir a casa a ver qué pasa con mi hermana.

-Tú de aquí no te mueves.

-Lo que usted quiera, pero como no tengamos noticias pronto,

Ildefonso va a sacar la espada y se va a poner a matar gente.

-Ildefonso, escúchame, estamos a tiempo de cancelar la boda

sin que eso suponga un gran ridículo.

Ni hablar, sabe que saldríamos en todas las portadas,

nuestro apellido quedaría marcado para siempre.

Además, confío en Camino.

-Ya sabes que una retirada a tiempo es una victoria.

-Con todos mis respetos, señor marqués,

me gustaría ver a mi hija dar el sí quiero antes de peinar canas.

-Aguarden solo un poco más, se lo ruego.

Camino vendrá, estoy seguro.

-¡Ah! ¡Ahí viene la novia!

(Aplausos)

Oye, Marcelina, ¿tú ves a doña Genoveva?

-Esa es capaz de entrar con la ceremonia empezá

pa llamar la atención. -Ya.

Está cometiendo un error, comisario.

Ya me lo contará en comisaría.

Vamos.

Tú lo sabías.

Vamos, no montes un espectáculo.

Lo sabías y lo has permitido.

¿Cómo has podido hacerme esto?

Emilio, ¿quieres tomar como esposa a Cinta

y prometes amarla y respetarla hasta que la muerte os separe?

-Sí, quiero.

-Cinta,

¿quieres tomar como esposo a Emilio y prometes amarlo y respetarlo

hasta que la muerte os separe?

Sí, quiero.

Yo os declaro marido y mujer.

(Aplausos)

-Mira mi Jose, con to lo valiente que ha sido siempre,

se le cae la lagrimilla.

-Pues claro, déjele, mujer,

que va a ser la única vez en la vida que case a una hija.

-Es nuestro turno, Camino.

¿Fue ella?

-Eso tendrá que decidirlo el juez,

pero yo creo que sí.

-Maldita sea.

Marcia no se lo merecía, tenía la vida entera por delante.

Esperemos que Genoveva pague por su maldad.

Con Dios. -Con Dios.

-Vamos.

Ildefonso, ¿quieres tomar como esposa a Camino

y prometes amarla y respetarla hasta que la muerte os separe?

-Sí, quiero.

Camino,

¿quieres tomar como esposo a Ildefonso

y prometes amarlo y respetarlo hasta que la muerte os separe?

(Murmullos)

Camino, ¿quieres tomar como esposo a Ildefonso

y prometes amarlo

y respetarlo hasta que la muerte os separe?

-Camino, hija, contesta.

-Camino.

Miren, ya salen los recién casaos.

¡Que vivan los novios! -¡Vivan!

-¡Viva!

Menos bromas.

Acabo de comunicar a los señores que han detenido a doña Genoveva.

-¿Qué? -¿A la señora?

-(ASIENTE) -¿Y de qué se le acusa?

-Del asesinato de Marcia. -¡Ah!

-Eso sí que es una noticia bomba.

Le presento a su compañera de celda.

Le llaman la Cuervo, es una buena colaboradora.

Sus métodos son tan eficaces, que hace hablar hasta al más mudo.

Si me disculpan, tengo que ir a rellenar unos papeles.

Aprovechen y vayan conociéndose.

Quizás, con ella aquí, se le refresque mejor la memoria.

Camino, hija, haz el favor de cambiar esa cara,

parece que estás de funeral.

-Me cuesta disfrutar de la fiesta, entiéndame.

-Vas a empezar una nueva vida, haz el esfuerzo.

-¿Cree que no lo estoy haciendo?

-Todo lo que he hecho ha sido pensando en tu bien y en tu futuro.

-Si pensé que no vendría.

-¿Qué tal? -Muy bien.

-Le presento a mi señora.

Bellita,

el señor Sacramento,

Joe Sacramento, uno de los cazatalentos del señor Golden.

Amor mío, ¿a qué viene este regalo?

-Por ser tan buena madre.

Y también para que...

Bueno, agradecerte por liberarme de los asuntos de Moncho.

-¿Liberarte? No sé a qué te refieres.

He estado recapacitando sobre lo que hablamos ayer

y he decidido asumir la defensa de mi esposa.

Cuánto me alegra escuchar esto, era su deber como esposo.

No solo lo hago por ella, sino por mí.

Quiero saber qué locura la llevó al asesinato de Marcia.

Mi amor por Camino está por encima de mis apellidos.

Adaptaré mi futuro para vivir al margen de mi linaje.

-¿Va a rechazar su título?

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Acacias 38 - Capítulo 1226 (Parte 2)

23 mar 2020

Felipe explica a sus amigos los detalles que conoce de la detención de Genoveva y les confiesa que va a ir a verla. Cuando el abogado a la cárcel para visitar a su mujer se queda atónito al ver a Javier Velasco salir de un vis a vis con ella. Genoveva se niega a contestar las preguntas del Comisario.

Camino da el sí a Ildefonso. Todo Acacias comenta la boda doble y la detención de Genoveva. Cada vecino tiene sus especulaciones distintas. Antoñito está intentando que Lolita le dispense de sus obligaciones con Moncho, sin éxito. Armando invita a Ramón a una tertulia con amigos del partido conservador.

Servando ve fundamental para ganar el concurso de las pensiones que los clientes sean de alcurnia y llega el momento de la partida de Arantxa, tanto Cesáreo como los Domínguez están muy desanimados.

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  1. Marilu

    Susana presente en la iglesia pero ni abrió la boca, que extraño JAJAJA.Y Liberto y Rosina ???? .-Los diálogos transcritos en los últimos minutos no tienen nada que ver con la imagen y las escenas

    24 mar 2020
  2. Aleja

    Tiene razón Felicia: que chica malcriada Camino! Si no quería casarse por qué se lo pidió a Idelfonso? Lo hizo esperar en el altar a él y a su hermano y Cinta....desconsiderada. Cinta ya le había pedido que no arruinase ese día tan importante para ella y no le importó.

    24 mar 2020
  3. Manolo

    Yo los veo por aquí y, la verdad, me gusta ver los capítulos al completo, sin que nos corten escenas.

    23 mar 2020
  4. Santi

    lo subiran tal cómo lo emitan

    23 mar 2020
  5. Manolo

    Hola. Han incluido el principio del capítulo 1227 dentro del 1226. Además me han dicho que en la emidión han incluido la cabecera y algo más antes de cortar la emisión debido a la actualidad del coronavirus. Por favor, poned mañana el 1227 como Dios manda. Gracias.

    23 mar 2020