www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5517584
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1204 - ver ahora
Transcripción completa

¿Se le ofrece algo, señora? Iba a ponerme con la cena.

¿De qué te conoce el comisario?

¿A mí?

No te hagas la cándida.

Le he escuchado a él mismo preguntártelo.

Me habrá escuchado a mí decirle que no le había visto en la vida.

No seas insolente. No era mi intención, señora.

Pues responde. Ahora no está el comisario.

¿De qué te conoce?

Por desgracia, señora, tengo una cara vulgar, común y corriente,

y no es la primera vez que la gente me confunde.

Una cosa es la "gente"

y otra un policía entrenado para identificar maleantes.

¿A usted no le ha pasado nunca?

No, cómo le va a pasar eso a usted.

Usted es inconfundible con esos ojos tan bonitos y esa piel de porcelana.

Pero ¿sabe usted cuántas Lauras hay por estos mundos de Dios?

¿Una confusión del comisario entonces?

No hay otra explicación.

Laura, mírame.

Quieres conservar este empleo, ¿verdad?

Sí, señora, estoy muy bien aquí.

Pues nunca, nunca me ocultes nada.

No lo haré.

Y menos que nada si tienes alguna cuenta pendiente con la justicia.

O lo has tenido.

Ni lo uno ni lo otro.

Esta es una casa honrada, decente,

y no queremos chusma entre sus paredes.

Descuide, señora, que no tendrán que avergonzarse de mí.

¿Puedo decirle algo,... señora?

No soy quién para darle consejos, pero, si me lo permite,

le diría...

que se ande con ojo con ese policía.

Es un viejo conocido del señor y yo no tengo nada que esconder.

Pero un policía es un policía

y, sobre todo, se nota que no la quiere a usted bien.

Tienes agudeza. Me gusta que seas perspicaz.

Si no me engañas, nos llevaremos bien.

(Sintonía de "Acacias 38")

Sí, sí, no me lo repitas más:

tú dabas clase a la muchacha de los Pasamar

y su madre cree que tus ideas son demasiado avanzadas.

-Avanzadas no, me odia. Cree que soy Lucifer en persona.

-¿Crees sinceramente que es suficiente para denunciarte,

aunque sea por intermediación de terceros?

-Ella quiere una hija sumisa,

quiere casarla con un buen partido, la quiere como inversión.

-Lo que la mayoría de las madres buscan.

-Sí, pero Felicia va más allá.

Tiene a Camino entre algodones.

-Aun así, no me es fácil creer que quiera arruinarte la vida

por tus ideas.

Tampoco pongo la mano en el fuego por Felicia,

pero es muy amiga de Susana, y comprende,

no puedo dejarme llevar por tu mera opinión.

-¿Piensa que me dedico a seducir muchachas por los arrabales?

-Ni lo uno, ni lo otro. Piensa tú un poco.

¿Felicia quiere enviarte a prisión

porque le has enseñado a su hija arte y algunas ideas extravagantes?

-Arte, ideas extravagantes y una forma nueva de ver el mundo.

-Sigue sin ser suficiente para tanto encono.

-Las autoridades te encierran por eso y por menos.

-Felicia no es una autoridad,

ni tan siquiera una guardiana de las costumbres.

Tendrías que convivir con Susana para ver lo que es una moralista.

Debe de haber algo más.

-Felicia está intentando salvar a su hija.

-¿De qué?

¿De creencias liberales?

-De mí.

Camino y yo estamos enamoradas.

-¡Dios!

Felicia os ha descubierto, claro.

-Sí. Y es capaz de cualquier cosa por separarnos.

-¡Es prácticamente una niña!

No para casarse con cualquier petimetre, como quiere su madre.

-No tienes perdón.

-Entiendo que sea usted tradicionalista,...

pero no puedo creer que considere que el amor...

-¿"Amor"?

-Sí, amor.

Puede llamarlo como quiera, pero no es usted la Inquisición.

El amor o el vicio...

no merecen años de cárcel.

-Me lo pones muy difícil. -¿"Difícil"?

¿Difícil ayudarme en contra de acusación falsa de una mascarada?

-Es un delito, Maite. -¡Un delito que no he cometido!

Debería ser suficiente

para alguien respetuoso con las leyes como usted.

¿Va a ayudarme o no?

Entrad, entrad, sinvergüenzas.

¡Entrad, que no os va a comer nadie, aunque yo debiera!

¿Qué os pasa? ¿Os ha comido la lengua un gato?

-¿Qué es todo esto?

-¡Estirad la espalda,

que parece que estáis delante de un cura con muchos pecados.

-¡Arread, que es pa hoy! -Sí, verá,

es que no fuimos muy claros cuando le hablamos a usted de Julio.

-El paisano de don José, ya sabe.

-¿Muy claros? ¡Mentisteis como bellacos!

-De verdad, de verdad, no es mal muchacho.

-Pues le pusisteis a caldo.

-Es que nos confundimos de Julio, no de mes,

de persona. -No me pareció a mí tal.

Se os veía muy seguros.

¿Mentisteis o no?

-Una miaja. -Mucho.

-Lo pusisteis a caer de un burro. Un buscavidas, decíais.

-Ya sabe cómo hablan los de pueblo.

Exageramos por natural.

-Ah. Mira,

sé como habla el pueblo porque yo soy pueblo.

-Que va a ser de pueblo, si... -¡Calla!

-Vayamos por partes.

¿Birla o no birla carteras al descuido?

-¿Qué va a birlar?

Julio es un muchacho decente y muy respetuoso con el prójimo

y sus propiedades. -No es lo que me contaron.

-No, claro que no,

porque estos dos bocazas solo han dicho una verdad en este lance.

Se equivocaron de muchacho.

Ronda por ahí otro andaluz, que es de quien te hablaron.

-Pero que vaya en nuestro descargo, que se parecen mucho.

.Sobre todo en el acento.

Todo el barrio los confunde.

-Ya ves cómo es la maledicencia, reina mora.

-Pero vamos,

que es muy buena persona.

-Más noble que un borrego de un año.

-Sí. Y además es cabal.

No voy a decir que es un dechado de virtudes,

porque todos tenemos nuestros defectos, que somos humanos, pero...

Me entiende, ¿no? -Aunque a veces lo ocultemos.

-Pero ya me ha entendido.

-En definitiva,

que el zagal es de fiar. -Ea.

-Buen, es tan de fiar, es como si fuera de la familia.

-Si es que... -Qué familia, qué familia.

-Hala, hala, tirando, venga. Venga, que ya está todo aclarado.

Vamos. -Con Dios.

-Ahí tenéis la puerta.

Así es, las cosas claras y el chocolate espeso.

-Por una parte sí, por otra no.

-¿No ha sido bastante?

Pregunta lo que quieras. -El muchacho es decente, de acuerdo.

Pero ¿por qué te preocupa a ti tanto que lo sea o no?

-Porque vengo de una tierra de gente recta

y no me gusta que se nos enlode.

-Ah. No te veía yo tan preocupado por tus paisanos

ni cuando el Triquiñuelas aprovechaba que la gente daba palmas

para aliviarles los bolsillos.

El Triquiñuelas...

El Triquiñuelas... era otra cosa, cariño mío.

El Triquiñuelas. -Eso parece, otra cosa.

-No sé adónde quieres llegar, de verdad.

Se ha enderezao un entuerto

y se ha hecho justicia con Julio, mi paisano, no hay más.

-¿Seguro?

-Tan seguro como que polvo somos.

Están muy buenas las patatas. -Les falta un poco pimentón.

Cuando no llevan costillas, es el pimentón lo que las alegra.

-Anda, come y calla.

-Pues hay algo de enjundia que quiero que sepáis.

Aquí lo que priva es el respeto, el respeto lo es to entre nosotras.

Semos una familia.

Naide es más que naide.

Si alguien pide ayuda, lo ayudáis, hoy por ti, mañana por mí.

-Lleváis aquí mucho tiempo, ¿verdad? -Una eternidad.

-Sí, pero algunas se han marchao.

Claro, que han prosperao.

-¿Ahorrando? -Me extraña.

-Casándose con señores.

-Dos, pa más señas.

-Carmen y Lolita, ya las conoceréis,

se han casao con los dos Palacios, hijo y padre.

Y menuda vida tienen ahora.

-Lolita tiene una mantequería. -Listas.

Me gusta, ya lo creo que me gusta. Una gran familia.

Espero estar mucho por aquí. -Y nosotras que estés.

Y arrímate a Fabiana,

que ella trabajó muchos años en el principal, ande tú estás.

-Entonces, tendrá mucho que enseñarme.

-Alodia, hija, ¿te llevas bien con doña Bella?

-Se preocupa mucho por las habichuelas, ¿verdad?

-Comer es pasión en esa casa.

Y te lo digo yo, que he cocinao pa ellos a ratos.

-¿Sabes cocinar a la vasca?

-Puedo aprender, pero se conforman con mis guisos,

como soy de su tierra.

-Tú guisa con cariño y los tendrás contentos.

-Me desdigo, las patatas están riquísimas.

Si quiere, podría enseñarle algunas recetas.

-¿A Fabiana?

-Ya sé que la veteranía es un grado,

pero yo tengo algunos trucos que no están mal.

-¿De postres? -Bastante.

-Pues yo sí que quiero que me enseñes,

mi señora se pirra por los postres.

-Bueno, ¡vamos a celebrar con las nuevas!

Con txacolí del que nos mandó Arantxa.

-Espera, prima, que Marcia y Jacinto estarán a punto de llegar.

-A Jacinto ya lo tengo visto, pero ¿quién es Marcia?

(Moncho llora)

-"Iepa-ia".

(Moncho llora)

"Iepa-ia".

-Oye,... -"Iepa-ia".

¿Carmen y tu padre han cenao antes de ir a cuidar al crío?

-Creo que han picado algo en la cocina.

Hay que enfrentarse a Moncho con el estómago bien lleno.

¿Tú no quieres cenar?

-Cenar sí, ir a la cocina no.

-Moncho mata.

-Señores, me voy ya pal chiscón. ¿Necesitan algo más?

-No, no, mi padre se queda con Moncho,

lo único es que vamos a seguir necesitando tus gritos,

porque los de mi padre, Moncho se los pasa por el arco del triunfo.

-De tal palo...

-Si me necesitan, ya saben dónde encontrarme.

A la hora que sea, como los boticarios de guardia.

-Agradecíos que estamos. -De nada, mujer.

El zagal es llorón... pero se hace querer.

Si me necesitan, ya saben. -Jacinto, Jacinto...

¿crees que me podría aprender el grito borreguero?

-Lolita, no es por desmerecerte,

pero si lo hemos intentado mi padre y yo y no lo hemos conseguido...

-¿Y eso qué tiene que ver?

Vosotros sois señores de cuna, yo soy de campo.

Si eso se nota pa lo malo,

también tendrá que notarse pa lo bueno.

De chiquilla,

pegaba unos gritos que despeinaban al cabo de la guardia civil.

No deberías seguir viniendo.

-Nadie sabe que estoy aquí.

Pero terminarán sabiéndolo.

Cuando te echen de menos en el restaurante

se preguntarán dónde estás

y no... tardarán en hallar la respuesta.

-No vengas más. -Puedes ahorrarte el rapapolvo.

Si continúas con eso, te diré lo mismo que a mi madre.

"Yo decido sobre mi vida y cómo vivirla".

-Eres cabezona...

y una buena alumna.

Y no solo para la pintura.

-¿Has trabajado algo?

-Sí.

Gracias por traerme mis cosas.

-Dáselas al guardia que me permitió meterlas.

-¿Sabes? Cuando dibujo...

se me olvidan las rejas y los chinches.

-Son...

muy lóbregos.

-Sí, supongo que sí.

-Expresan cómo te sientes.

No, en realidad,...

Mira,

cuando pinto, intento plasmar mis sentimientos más oscuros en el papel

y, así, me libro de ellos.

-¿Cómo te fue con el juez?

-¿Cómo les va a las mujeres homosexuales con los jueces?

Lo siento, Camino,

no quería ser descarnada.

Ha venido a verme mi tío, ¿sabes?

-¿Qué te ha dicho?

-Que soy una inmoral.

No esperaba menos.

Pero creo que me ayudará.

-¿Cómo?

-Tengo que demostrar que esa lavandera miente en su denuncia.

Tuve que contarle toda la verdad.

-¿Que mi madre está detrás?

-(ASIENTE)

-No tengas escrúpulos con eso.

-Pero es tu madre...

y podría salir malparada.

-Nunca pensé que pudiera decir algo así, pero...

Por supuesto que es mi madre

pero tal como están las cosas,

es nuestra acusadora, y por tanto, nuestra enemiga.

-Camino,...

siento muchísimo haberte traído hasta aquí.

-Tú no me has traído aquí, Maite,

he venido yo.

Por gusto.

Por amor.

No me arrepiento...

y espero que tú tampoco.

¿Sabes?

Mi madre no tiene medida.

Ildefonso me ha pedido en matrimonio y ella me presiona para que acepte.

-¿Qué vas a hacer?

-¿Me lo preguntas?

¿Crees que puedo casarme sin amor?

No quisiera verte jamás en mi lugar.

En eso no puedo ayudarte, ni siquiera consolarte.

Yo estaré donde tú estés.

Aquí o allí.

Donde tú estés.

Contigo siempre.

Maite, te quiero.

-Yo también te quiero, Camino.

Si quiero salir de aquí es para estar a tu lado.

Casilda, no nos dijiste qué se hacía con nuestra ropa de cama.

-¡Arrea, qué se va a hacer, lavarla cuando tengas un rato,

y no esperes a que se ponga gris como panza de burra.

-Qué graciosa. ¿Cada una se lava la suya?

-¡Toma no!

Gente pobre no necesita criaos.

Si hiciéramos turnos y una lava la de todas,

nos quedaría más tiempo libre.

-No está mal pensao. Lo hablaremos con las demás.

-¿Del señor?

No, son míos, me los pongo pa las bodas, no te amuela.

-¿Y subes aquí para limpiarlos?

-En realidad no, subo pa zafarme de mi señora,

que me tiene más mareada que un pollino en una noria.

Al final, ¿anoche llegó Marcia? -Sí,

cuando tú ya estabas sobando.

La pobre faenó hasta tarde en la mantequería,

y cuando llegó, no tenía fuerzas ni pa cenar.

-No eres la primera que la llama "la pobre".

La hacéis parecer muy desgraciada. -Pa chasco que lo es.

-Me han dicho que vive aquí porque se ha peleado con su marido.

Un tal Santiago, ¿no? -Eso no es un secreto.

-Dicen que está enamorada del que era su señor.

-Sí, pero ya te dije anoche que no es la primera.

-Ya, si me parece normal. Es mucho trato a diario.

Y ellos impresionan con su postín.

-No, bueno sí.

Pero no es este caso, lo de ellos iba en serio.

-Sí, ya me han contado, incluso llegaron al altar.

-Sí, pero... agua pasada no mueve molino.

Además, no me hace gracia recordarlo. Ahora, el señor...

-Mi señor.

-Sí, tu señor, don Felipe,

está felizmente casado y, con una miaja suerte,

Marcia se arreglará con Santiago. Y aquí paz y después gloria.

-Que Dios te oiga.

-Estábamos hablando, señá Fabiana.

¿Sabe algo de Santiago? -¿A santo de qué preguntas eso?

-Na, por saber.

-Ya estabais con las hablillas.

-He sido yo. Pero no me parece tan grave.

Quería saber de las compañeras y Marcia es una de ellas.

Es normal querer conocer a la gente con la que tienes que vivir.

-Para conocer de verdad, se necesita tiempo y no preguntas.

-Tiene usted razón. He sido una entrometida.

No volverá a ocurrir.

Tengo que ir a trabajar.

-¿A qué tienes que ir tú contando los trapos sucios de nadie?

-Fabiana, si somos una familia, es normal que toas sepamos de toas.

-Para ser de la familia hay que ganárselo.

¿Ha venío a preguntarte Alodia? ¿A que no?

-Dele tiempo. -No, no es cuestión de tiempo.

Hay gente y gente.

Hazme caso, que pa mí las muchachas son como libros abiertos.

Y esta Laura, esta Laura es falsa.

-Ay, Fabiana,

no me parece bien pensar así de naide de primeras.

Esa muchacha tapa algo.

Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Ya me darás la razón.

(Motor de coche)

Perdone que le haya abordado así, pero quería hablar de Camino,

ya sabe que yo aprecio mucho a la muchacha.

-Eso te honra, Cesáreo.

¿Qué te han contado?

-Bueno, ya se puede usted imaginar.

De Camino poco, pero a la señorita Zaldúa la ponen de vuelta y media.

-Lo sé, pero eso no debería preocuparte.

Maite solo era la profesora de Camino.

-¿Solo?

-¿Se dice algo más?

-No. todo lo que le voy a contar es de mi propia cosecha.

Yo no sé si a doña Maite le gusta la carne o el pescado,

ni es asunto mío,

porque siempre la he considerado una mujer

con la cabeza sobre los hombros. -Lo es.

-Ahí voy.

Siendo una mujer templada, culta y con la vida resuelta,

¿qué necesidad tiene de buscar muchachas

para que la metan en un lío?

-Muchos hombres lo hacen.

-Por no decir casi todos.

Y a eso voy:

digamos que la señorita Maite es una mujer descuidada,

¿no podría haber metido en sus intrigas a Camino?

-Vas tú muy lejos.

-No quiero ni pensarlo, pero, ya ve usted,

es lo que me ronda por el caletre. -Pues deja de darle vueltas.

Tú mismo te has dado la respuesta,

Maite puede tener los gustos que quiera,

pero no es una inconsciente.

Podrá ser liberal, inmoral si quieres,

pero jamás haría daño a una muchacha,

ni a Camino ni a ninguna otra.

-¿La acusación es falsa entonces? -Estoy seguro.

-No sabe lo que me alivia usted.

-Me alegro. No trabajes mucho.

-Con Dios.

Otra cosa que echaba de menos en el caserío,

mi amiga Camino. -Es usted un zalamero.

-¿Se puede saber dónde estabas?

-En los jardines, dando un paseo.

-Paseas mucho por los jardines últimamente.

-¿No me cree?

Pregúntele, Cesáreo me ha visto mientras hacia su ronda.

-Sí, le dice la verdad.

-Incluso me acompañó un rato.

Me ha estado hablando de árboles, de plantas... Sabe mucho.

-Ve a trabajar.

-Con Dios.

-Con Dios.

¿Y cuándo digan que les parece una boda apresurada?

No lo van a decir, pánfilo,

si somos novios desde hace la intemerata.

Te preocupas por nada.

Me preocupo porque nos dejen casarnos cuándo y cómo queramos.

Quizá mi padre te pregunte cuánto que ganas.

Tu padre y tu madre. También.

Si les digo la verdad, me ponen a hacer jornada doble.

¡Que no, hombre!

Saldré en tu defensa.

Yo también voy a ganar dinero.

Sí, eso, tú déjame como incapaz.

¿Incapaz, bobo?

Cinta, yo quiero darte lo que mereces,

es decir, dártelo todo.

Ven aquí, tonto.

-No sabía que tenías visita.

Madre, nos estamos besando.

No lo he visto.

-Ha sido un beso muy corto.

-Lo que no se ve no es corto ni largo.

¿Y padre?

Átale un hilo a la pata a tu padre.

Les había pedido que estuvieran los dos.

Yo estoy. Háblalo con tu padre.

Últimamente está más raro que un Cristo con dos pistolas.

¿No lo has notado?

No, yo no. -Yo tampoco.

-¿Por qué lo ibas a notar tú?

Está nervioso, madre.

¿Y eso?

Oye, ¿qué te parece Alodia?

Cocina como los ángeles, ¿verdad?

Si no ya la habría puesto usted de patitas en la calle.

Eso no hubiera sido posible en este caso.

Como es la recomendada del paisano de tu padre...

Últimamente todo es Julio, Julio, Julio...

-La tierra, que une.

-Eso lo podría entender si se hubieran conocido en el extranjero,

que da mucho gusto eso de oír hablar como en casa, pero aquí,

que hay andaluces en cada esquina...

Madre, ¿se hace una idea de por qué los quería citar a los dos aquí?

Unos dicen una cosa, otros otra...

¡Ay, el Julio de mis pecaos!

-Vamos a dejarlo para otro día.

(RESOPLA)

Hay que ver...

¿Qué trato tendrá con el Julio?

(Se cierra la puerta)

-"Vamos a ello otra vez".

Es un grito que tiene que sentirse.

Tú imagínate rodeada de campo,

de prado, el arroyo suena...

Los pájaros cantan... (IMITA EL SONIDO DE LOS PÁJAROS)

Las gallinitas están por ahí.

(CACAREA)

El gallo canta...

(CACAREA)

Hay un elefante por ahí que hace...

Las ovejas... Las ovejas balan y pastan.

Balan y pastan. Hacen...

(JACINTO BALA)

-Despierta, mujer, que Jacinto está aquí porque le has llamado.

-Si no duermo cuando Moncho duerme, ya me dirá usté qué hago.

-Sigue, sigue, Jacinto, no desesperes,

que está muy bien todo lo que explicas.

-Solo un poco más, que ahora viene lo más importante.

El grito.

El grito es la lengua del pastor,

es la forma que tiene de decir todo lo que tiene que decir,

pero... ¡cuidao, que ahí viene lo engorroso!

Un grito tiene que contemplarlo todo.

Desde un mecachis a un avemaría,

desde un piropo a un regaño, desde un parabién

a un pésame. El grito.

-No se lo tomes en cuenta.

-No le voy a pegar con el cartabón como me hacía a mí el maestro.

¿O era la escuadra?

-Si la interesa, la interesa, y mucho.

Pero...

Eso le decía mi madre al maestro:

"Si tiene interés, pero no da más de sí".

-Quizá no hayas ido mucho a la escuela,

pero tienes madera de maestro. Me gusta mucho cómo explicas.

-Que se me dan bien los gritos.

-Sigue entonces. -¿Pa qué?

-Eh... Para mí.

sí, ya se lo contaré yo luego a Lolita.

-Muy bien.

(BALA)

Ahora viene el momento.

-Ajá. -De aquí.

(Suenan las campanas)

Mira, cómo me tiemblan las manos.

-Qué suerte.

Ya me gustaría a mí que la palabra del Señor

me emocionara tanto. -Tú serás muy devota,

no, pero eres más corpórea que espiritual.

-¿Me estás llamando gorda? -No, me refiero a que,

si envidias mis píos temblores,

es porque te van más las sensaciones físicas.

-Algunas.

-Bueno, de todos modos, si tiemblo, no es por la misa.

-Ahí te doy la razón. Oída una, oídas todas.

-Atea.

Tiemblo porque no hay nada como escuchar la palabra del Señor

en tu parroquia de toda la vida.

No te puedes creer las iglesias que se ven por esos mundos.

En algunas corren pelusas del tamaño de ratones.

-Lo cual mitigará el eco.

Una pena porque el eco aporta un toque sobrenatural

a la voz del párroco. Ha estado muy bien la homilía.

-Prudente, para cómo está el mundo...

Oye, no ha venido Liberto, ¿no se habrá hecho liberal?

-¡No, mujer, calla!

Sigue tan conservador como siempre, de eso me encargo yo.

-Me alegro.

Se dice que la galería que habéis abierto

tiraba un poco hacia el progresismo.

-¿Progresismo? No, en absoluto.

Hasta marqueses vinieron a la inauguración.

Y marqueses cerriles, de los de siempre.

Déspotas como Dios manda. -No te hagas la loca,

que ya me he enterado.

-¿De qué?

Ah, de eso. Sí, algunos cuadros eran un poco ligeros.

-Y tan ligeros.

Por lo visto, han salido más deprisa que entraron, ¿no?

Se cuenta que vendisteis muchos.

¡Ah, sí, sí, sí! Hemos cubierto los gastos.

-Lo que deberíais haber cubierto eran los cuadros.

Dicen que algunos estaban más que subiditos de tono.

Escandalosos,

es la palabra que usó el cura cuando me lo contó.

Vaya con el eco del cura.

Ya sabes, los pintores no tienen medida.

-Pintoras, en este caso.

-Bueno, es la moda. Ellos pintan, ellas pintan...

-Ay, Rosina, sé que hay algo más,

porque Armando no habla de Maite,

y eso que no la ha visto.

¿No serás capaz de estar ocultándome algo,

que nos conocemos desde que el teléfono llevaba boina

y se le daba propina? -Qué tiempos, ¿verdad?

-¿Se sabe algo de la señorita Maite, doña Rosina?

-¿Qué voy a saber? Qué cosas.

Susana me comentaba que ni su tío la ha visto.

-¿Tampoco han dejao entrar a su tío?

-¿Entrar, adónde?

-Al maco, doña Susana, ¿ande va a ser?

-¿El maco es la cárcel?

-No sé, yo no hablo el habla de los pobres.

-Cárcel, trena, trullo, chirona.

El maco.

-¿De qué habla esta insensata, Rosina, que me va a dar un pasmo?

-Pasmo, soponcio, patatús, parraque.

Le prepararé unas hierbas que utilizamos en Brasil

para las madres.

Es el pecho de la madre lo que provoca los cólicos.

-¿Tú crees? -Es lo que se dice en mi tierra.

Los críos notan por el pecho cosas como los nervios o el cansancio.

-Pues, hija, a ver si funciona y lo probamos todos.

-Por cierto, no te lo había dicho,

pero has dejado la trastienda como la patena.

¿A qué hora acabaste anoche?

-Qué más da, Carmen.

No duermo estos días y el trabajo me distrae.

-No me lo diga, usted es doña Carmen, ¿verdad?

-Sí, y ella es Marcia.

-Mucho gusto.

Soy la nueva criada del principal, el de doña Genoveva y don Felipe.

-Encantada de conocerte. -Lo mismo digo.

Aunque... no te había imaginado así.

-¿Así, cómo?

-No sé, así.

-¿Qué te han contado de mí para que me imagines de una forma u otra?

-Nada, poca cosa. Apenas llegué ayer.

Que habías trabajado para don Felipe...

¡Qué buena pareja hacen, ¿verdad?

-Eh... ¿Venías a comprar algo? -Sí, claro, ahora le digo.

Pero no está mal hablar un poco para ir conociéndonos.

En esa casa no me dejan abrir la boca.

Se pasan el día hablándose el uno al otro.

-Es normal, están recién casados.

-Y no les va mal, la verdad.

Sobre todo ella, está tan enamorada,

no le deja ni a sol ni a sombra.

Hoy le ha dicho que después de comer se iba a dar un paseo sola

mientras él trabajaba.

Los hombres siempre tienen la excusa del trabajo.

-Todavía no nos has dicho qué lee han mandado a comprar.

-Es verdad,

es que se me va el santo al cielo, mujer.

Pues una bandeja de embutidos variados.

-¿Y qué embutidos?

-Pues Marcia sabrá.

La señora ha dicho que siempre se llevan lo mismo,

lo que más le gusta a don Felipe.

Envíenla cuando esté lista. No la necesitamos hasta la cena.

-Descuida. -Gracias.

-Con Dios.

-No se lo tomes en cuenta,

esa muchacha no sabe de la misa la mitad.

-Carmen, ¿puede usted abrir la tienda esta tarde?

-No, Marcia, no,

no lo hagas, solo sacarás sinsabores.

-Tengo que aprovechar que doña Genoveva sale.

Es muy importante para Felipe.

-Te arrepentirás.

Piénsatelo. -Está pensado.

Felicia, un par de suizos.

-Está bien, si así lo desean, enseguida les traigo los suizos.

Prueba ninguna, pero mi sobrina está convencida

de que Felicia está detrás de su denuncia y acusación.

-Es muy grave para hablar solo por intuición.

-Tendrá algo más que intuiciones.

-Sí, supongo.

-Por su tono, conoce usted los motivos que tendría Felicia

de haber sido ella, ¿no es así?

-De hecho, fui yo quién le abrió los ojos.

Conocí por casualidad la relación entre Maite y Camino.

Pero jamás pensé que terminaría así.

-No se culpe. Al contrario,

lamento los problemas que mi sobrina le haya podido causar.

-¿Desean algo más?

-Póngame media docena en un paquete.

Voy a llevárselo a mi sobrina.

Para nosotros otro café, por favor.

¿Lo ha notado usted?

La hipótesis de Maite empieza a tomar cuerpo.

Trataré de confirmarla, y cuanto antes.

¿Le importará dejarme solo cuando nos tomemos el café?

Claro que sí, como quiera. -Gracias.

¡Alodia, Alodia!

¿Qué haces tú aquí? -¿Para qué quieres a Alodia?

-Un vasito de agua y algo de mojama, si es que queda.

-La llamabas como si hubiera fuego en la casa.

-Ya sabes que la mojama me enciende.

-Y el terruño te llama, ¿no?

-¿No te irás a poner celosa de Alodia?

-¿Por qué no? -Porque no.

-¿Y por qué no?

-Porque es la prima de Julio,

está aquí por eso, para hacerle un favor a un paisano.

Mal favor le haría si me interesara por Alodia.

Eso y que estoy loquito por tus huesos, como...

-Corta, Blas, que no me vas.

Y no son celos. No de Alodia al menos.

(Puerta)

oye, ¿dónde te habías metido?

-De comprar café vengo, que se había acabado.

Pero ya tengo rebozaos los boquerones para la cena.

Se van a comer ustedes hasta la raspa.

-Yo siempre me como la raspa.

De los míos se van a comer hasta la cabeza.

He visto a la señorita Cinta y su prometido,

no hacen mejor pareja que ustedes, pero ahí les va.

-No digas sandeces, que ellos van pa arriba y nosotros pa abajo.

-Pa retrasar eso, vamos a acompañar los boquerones con ajo gañán.

-Mira que salá.

-No me den más coba y vayan para el salón,

que en nada les llevo su café y sus galletitas.

-(CARRASPEA) ¿Sabes algo de Julio?

-¿De Julio José? No, na.

-Lleva más de un día sin dar señales.

-Ni idea. Ese corre más que un galgo.

-Y el vaso de agua, ¿no?

-Eso, el vaso de agua.

-Sí.

-Venga, vamos.

-¿No estabas más sediento que un beduino?

-Vamos allá.

El vasito de agua. "Ojú".

Suerte.

-Parece que don Liberto tenía prisa.

-¿Le importaría sentarse?

-¿Perdón?

-Siéntese, por favor.

¿Qué sabe usted de la denuncia

que ha conseguido encerrar a mi sobrina Maite?

-¿Qué voy a saber yo?

-Es una denuncia falsa, una calumnia.

-No podría afirmarlo. El juez tendrá que decidir.

-Sé hasta dónde puede llegar una madre

cuando cree que su hija está en peligro.

-¿Me está acusando?

Está bien.

Seré tan directa y franca como usted.

Usted, y por lo que entiendo su sobrina,

no pueden darme lecciones de moral.

Ella por ser una mujerzuela depravada y usted por defenderla.

Podría estar de acuerdo en la inmoralidad de los apetitos

de mi sobrina, ¡pero jamás en que sea una mujerzuela!

Y en cualquier caso,

no es merecedora de presidio.

-Pero ¿qué está usted diciendo?

Su sobrina tiene que estar en la cárcel,

es la única manera que existe

de proteger a mi hija y al resto de las jóvenes.

-Cálmese, señora.

-¿Se calmaría usted?

Le traeré la cuenta.

¿No prefieres que me quede?

Puedo esperar a que termines.

No, vete.

Creía que ya estabas disfrutando de tu paseo.

Qué descastado eres.

¿Cómo crees que me iba a marchar sin darte unos cuantos besos?

Ahora tú.

Más.

Genoveva, tengo que trabajar.

Pero no lo suficiente como para que no estés cariñoso esta noche.

De seguir así, no terminaré para esta noche.

¿Me estás echando? Te estoy citando para más tarde.

(Puerta)

No me habías dicho que esperaras a nadie.

Ni idea de quién puede ser.

Yo abro y te excusaré ante quien sea.

Tú a no levantar la vista de esos papeles hasta esta noche.

(Puerta)

¿Qué demonios haces tú aquí?

¿No tuviste bastante con arruinar nuestra boda?

¿Quieres arruinar nuestra convivencia con esos ojos de mula?

Debo hablar a su marido. Ni se te ocurra.

¡Lárgate con tu marido a las quimbambas de donde viniste!

Me creerá, y usted lo sabe. ¿Con Andrade muerto?

Confiará en mí, siempre lo ha hecho.

¡Márchate! ¡Déjanos en paz!

¡Estamos esperando un hijo! ¡Somos felices!

¡Solo quieres destrozarnos la vida!

¡Eres una mujer diabólica!

Si tan felices son, ¿por qué teme mis palabras? La verdad.

Voy a hablar con él, lo quiera usted o no.

Que él decida. ¡No lo permitiré!

¡Tu sola presencia ensucia nuestra casa!

¡Apártese! ¡No pienso dejarle entrar!

¡Largo! No me pienso largar.

Vete ahora mismo.

Le estoy diciendo que me deje pasar.

(MARCIA Y GENOVEVA DISCUTEN)

¡Hablaré con Felipe le guste o no! ¡Vete!

¿Qué está pasando aquí? ¡Suéltame!

(GRITA)

¡Genoveva!

Cariño, cariño.

(LLORA)

Vamos, arriba.

Felipe...

¡Quiere matar a nuestro hijo!

¡Quiere matarlo!

Yo no he sido, no he hecho nada.

Ven, tranquila.

¡Lo ha matado! ¡Lo noto, no siento nada!

Tranquila.

¿Qué,...

Cuánto tiempo pensabas ocultarme lo de tu sobrina?

¿Puedo preguntarte algo? -Usté dirá, señora.

-¿Sabes por qué mi José se preocupa tanto por tu primo?

Genoveva, contéstame,

¿qué provocó semejante enfrentamiento entre las dos?

Felipe, ya te lo he dicho,

las absurdas mentiras que profiere contra mí.

Ahora no se le ocurre otra barbaridad

que acusarme de haber traído a su marido desde Brasil

para impedir la boda.

¿Quién podría creer eso?

Tenemos previsto ir a casa de Cinta

para comunicarles a sus padres nuestro compromiso.

-Me alegra mucho escucharlo.

Ojalá las cosas fueran tan fáciles para mí.

¿Ha tenido noticias de Agustina?

-Ninguna, Casilda.

-Se marchó con tamaña urgencia, que no he podido despedirme de ella.

Es raro que reciba una postal de Navidad en pleno febrero.

-Aquí hay gato encerrado.

¿Sabe? Algo me dice que con el tiempo y el trato,

terminaré por vencer sus reticencias.

Acabará casándose conmigo, lo sé.

Esperaré lo que sea necesario. -Estoy seguro

de que Maite no ha hecho lo que dicen que ha hecho

con la hija de la lavandera.

-Lo sé.

Pero piense en todo lo que ha ocurrido.

Va a tener difícil demostrar que es inocente.

Tengo que soportar que Méndez

me acuse de instigar la muerte de Úrsula,

y ahora es Marcia quien me calumnia

insinuando una relación entre su esposo y yo.

¿Qué más he de tolerar sin que hagas nada?

Estoy a tu lado como me corresponde.

Yo te ayudaré de muy buen gana, faltaría más.

Maite debe convencer a mi hija de que se case con Ildefonso

si quiere salir de la cárcel.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1204

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1204

19 feb 2020

En el principal Genoveva sospecha que Méndez y Laura se conocen de algo, pero la nueva criada lo niega. Laura es presentada en el altillo y Fabiana no se fía de ella porque no para de indagar con Casilda de la vida de Marcia. Genoveva finge que Marcia la empuja escaleras abajo.

Armando se presenta en la cárcel para visitar a su sobrina. Susana se entera de la peor manera de todas que Maite está en prisión. El diplomático le hace ver a Felicia que sospecha de ella respecto a la denuncia de Maite, acaban mal.

Los jóvenes enamorados, Cinta y Emilio le comunican a Bellita que se van a casar, pero ésta está con la mosca detrás de la oreja con Jose y pasa de ellos. Jose está inquieto porque Julio lleva más de un día desaparecido.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1204" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1204"
Programas completos (1239)
Clips

Los últimos 3.848 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. carmela

    Ya opiné anteriormente sobre el llanto del bebé el YAPAYAYYYYYYYYYYY y todo lo que le sigue...por Dios que tortura, hasta que eso termine, lo que hago es que cuando llegan, adelanto con el mouse y voy a otra escena. Todo lo demás viene muy bién, y me encanta porque la novela está múy interesante y jugosa. Cordiales saludos ...Os quiero. Saludos cordiales desde Buenos Aires.

    21 feb 2020
  2. Anani

    Siiiiii! Laura tiene un parecido con Huerta, parece que se va a poner mejor las cosas, y apoyo la moción de Marilu sobre el bebé, lo mejor que pueden hacer es eliminar esas escenas los llantos dan pena y los berridos agggg ...mucha bronca.

    20 feb 2020
  3. Marilu

    La tal Laura, que vaya a saber quien la envía para, seguramente, cosas non sanctas, me recuerda, hasta físicamente, a Huertas, quien " casualmente " tuvo un " affaire " con Felipe.- Y POR FAVOR , que se acaben los llantos de bebés y los berridos, ya HARTAN y así, en demasía, dejan de ser graciosos.

    19 feb 2020