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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1202 - ver ahora
Transcripción completa

¿Si te has quedado el anillo

es porque estás dispuesta a pensarte la proposición a Ildefonso?

-No, en absoluto.

No quiero casarme con él

y no voy a cambiar de opinión, ni ahora ni nunca.

-¿Por qué no se lo has devuelto entonces?

Es mejor dejar estos asuntos claros,

sería muy cruel que le dieras esperanzas y te echaras atrás.

-Sentiré mucho si se siente humillado por mi parte,

pero es lo que debo hacer.

-¿Por qué?

-Necesito el anillo.

-No te entiendo.

-Se lo entregaré a la lavandera

para que me diga quién está detrás de la denuncia.

-No puedo creer lo que dices. ¿Te has vuelto loca?

-Estoy segura de que esa mujer ha denunciado a Maite

porque alguien la paga.

Si le pago yo, no le será fiel a la otra persona.

-Pero ¿qué...?

Vamos a ver, ese anillo no es tuyo.

-Lo sé.

Si tuviera dinero propio lo usaría y devolvería el anillo a Ildefonso,

pero no lo tengo.

-A ver, ¿sabes lo que va a pasar si rechazas a Ildefonso

y no le devuelves su anillo?

-Se enfadará. -"Se enfadará".

Ese será el menor de tus problemas, te va a denunciar por haberle robado

y entonces te vas a reunir con Maite, pero dentro de la cárcel.

Eso sí, en distintos módulos, porque tú irás al de ladronas.

-No exageres. Entiendo que no esté bien, pero...

pero algo tengo que hacer para sacar a Maite de la cárcel.

-Es que no puedes hacer nada, tan solo esperar.

-¿Qué no puedes entender?

-¿Entender el qué?

-Que estoy locamente enamorada de Maite.

-Camino, debes olvidarte de ella.

-¿Te digo yo que te olvides de Cinta? Es un disparate.

-Cinta y yo nos casaremos,

llevaremos una vida normal, tendremos hijos...

Maite y tú no podéis tener nada de eso.

¿Es que quieres pasar la vida ocultándote,

reprimiendo lo que sientes? -Prefiero eso a tener que perderla.

Cuando Maite salga de la cárcel, la acompañaré a París.

-¿Y crees que allí será distinto?

No te engañes, en París tampoco os aceptarán.

-Pues a una isla de los mares del sur.

O de misioneras en África,

o a una cabaña en medio del bosque. No digas majaderías, Camino.

-¿Y qué crees que debo hacer? Ilumíname, por favor.

-Debes de aceptar la proposición de Ildefonso,

casarte con él, tener hijos y ser feliz.

-No podré ser feliz si no es con Maite.

Es la única persona a la que amo.

Deberías entender que hablo en serio.

Voy a guardar el anillo, no quiero perderlo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Donde esté un buen manchego, que se quiten los quesos franceses.

-Nunca he probado un queso francés,

en el pueblo no hay esos lujos. -¿No?

Pues a eso hay que ponerle remedio,

que un buen roquefort es una cosa seria.

-¿Ese es el que tiene moho?

-Qué moho ni qué niño muerto.

(RÍEN)

Tiene un sabor que parece que has llegado al cielo

y no te sacan de allí ni a pedradas.

-Habrá que probarlo.

Don José, ¿sabe usted algo de Cinta?

-Que ha triunfado en Lucena y en Córdoba.

Hoy toca Sevilla.

-Sevilla, eso son palabras mayores.

-(ASIENTE) En el Teatro Cervantes,

nada menos. Allí triunfó su madre.

-¿Tiene ganas de verla?

-Daría mi mano izquierda, que es la de torear.

(Puerta)

¿Quién es? -Yo qué sé.

-Espera.

-Hombre, Alodia, pasa. Estoy aquí con don José.

-Buenos días, don José.

-Buenos días.

Tú también eres andaluza,

lo he notado por el acento, en cuanto has abierto la boca.

-Honra merece quien a los suyos se parece, como me han dicho siempre.

-(ASIENTE)

¿Tu novia, Julio?

-No, mi prima hermana, recién llegada del pueblo.

-Ah... ¿Y...

qué te trae por aquí?

Toma, un pedazo de queso.

-Muchas gracias.

-Eh... Buscar trabajo, don José,

que en el sur no abunda.

-Vaya. ¿Y qué pretendes encontrar?

-Pues...

una casa para servir,

que no tengo muchos estudios, solo los justos.

-¿No estaban buscando una criada para su casa?

-¿Sí? Pues yo soy una cocinera de primera.

-¿En mi casa?

No sé... -Don José,...

no va a encontrar a nadie mejor que mi prima, mírela.

-Bueno, bueno, lo consultaré con Bellita,

a ver qué dice.

(RÍE)

(Puerta)

Tenemos que trabajar más las proporciones, ¿ves?

Te ha quedado sugerente, equilibrado y vivo.

-¿Me ha quedado? Si no lo he terminado.

-Has elegido un estilo impresionista, ¿no?

Puedes dejar algunas zonas sin terminar.

Una pincelada de color en la sombra y listo.

-¿Así? -Eso es.

Utilizaré mis labios para otra cosa que no es amar.

Quiero guardar en mi memoria cada lunar,

cada pliegue de tu piel, tu olor.

(SOLLOZA)

Me tienes cautivada, Camino.

Pareces sacada de un cuadro de Botticelli.

Eres un regalo para mí.

(SOLLOZA)

No te preocupes, Camino, todo saldrá bien.

-¿Estás segura?

-El amor siempre triunfa.

(LLORA)

Si no lo consigo así vestido, ya no sé qué voy a hacer.

-Yo le digo que no se haga muchas ilusiones,

porque no tiene pinta de pastor.

-Anda, ni tú. Te falta prestancia.

-Yo podría ser el pastor más guapo de toda la península.

-Después de mí.

Pero basta de bromas, y vamos al grito.

-Sí, al grito. Venga, a ver.

Uno, dos y tres...

-"Iepa-ia".

-No, eso se parece al grito de Jacinto como un huevo a una castaña.

-Hijo, definitivamente, es que esto no es lo mío, yo no valgo.

-No se rinda, padre.

Tenemos un rato hasta que Carmen llegue de pasear a Moncho.

-Si yo pongo todo de mi parte, pero no me sale.

-¿Se va a rendir ante el grito de un pastor?

-No me eches la culpa, que tú tampoco tienes voz de tenor.

-Pero yo estoy mejorando. Mire.

"Iepa-ia".

-Pues yo no sé qué hago mal.

-Es cuestión de concentración.

¿Qué es lo que caracteriza a Jacinto?

-Que es un paleto. -Eso es, su carácter rústico.

No vale solo con la ropa, hay que...

Cierre los ojos.

Ahora, imagínese en mitad del campo,

está con sus ovejas, con sus perros,

y tiene miedo de que aparezca el lobo,

el lobo feroz.

Llame a sus perros.

-Vamos, Centella. ¡Corre, Trueno!

-Eso es. Y ahora, grite, padre.

-"Iepa-ia".

-¡Eso es!

(RÍEN)

-¿Es que no se puede dormir en esta casa?

Carmen se lleva al niño pa que una duerma

y ustedes despiertan a todo el mundo con sus gritos.

-Perdona, Lolita.

-A ensayar, a la calle.

Venga.

-Sí, tiene razón. Padre, a la calle.

-¿A la calle vestido así? -(ASIENTE)

-Ni hablar -Es por su nieto.

-Que no. -Vamos.

Por su nieto, padre, vamos a la calle.

(CHASCA LA LENGUA)

Adiós, cordera.

-Yo no creo que así...

-Que sí, que sí.

-Hacemos el ridículo. -Venga.

-(BOSTEZA)

Este bizcocho está riquísimo. ¿Dónde lo compra?

Lo hace Casilda.

Ha tardado en aprender, pero le sale riquísimo.

¿Y no podría hacerme uno a mí? A mi esposo le encantará.

-Y a mi José.

-Le digo que les haga uno a cada una,

que a los maridos hay que agasajarlos.

-Pero díganos, Rosina,

¿a qué se debe esta invitación

a desayunar tan agradable?

-Hoy vuelve Susana y su marido de su viaje diplomático.

-Qué alegría, se la echa de menos en el barrio.

Pues yo las iba a convocar a merendar esta tarde.

Podemos convertir la merienda en una bienvenida a doña Susana.

Eso sería maravilloso. Eso sí,

necesitaré algo de ayuda, si lo hace Agustina,

no alcanzamos a tomar ni un té.

-¿Tan mal está? Peor.

Los años no perdonan.

-Pues yo le mando a Casilda en cuanto prepare la comida.

Gracias. Espero encontrar pronto a una sustituta.

-No se crea que es fácil,

yo llevo buscando desde la marcha de Arantxa.

-Son muy exigentes.

Si yo lo fuera tanto, Casilda ya estaría en la calle.

-Quizá tenga razón.

Pero usted se queja mucho,

que yo veo a Casilda de las más sensatas.

-Mi trabajo me cuesta.

Pero basta de hablar del servicio.

¿Se han enterado de lo del comisario Méndez?

¿El qué?

Dicen que ha reabierto la investigación

del asesinato de Úrsula.

Y dicen que tiene un sospechoso.

-Ojalá encierren de una vez al asesino,

que Úrsula no era buena, pero quien la matara es peor.

-Está a punto de echarle el guante.

Agustina, ¿qué está haciendo?

No se puede imaginar lo que se nota el polvo en los muebles

solo con dos días sin limpiar. No me venga con esas.

Sabe que debería estar en el altillo,

en cama y descansando.

Estoy perfectamente, don Felipe. No, Agustina, no,

aún está convaleciente por la caída.

¿Quiere volverse a caer? Deje que siga con mi tarea.

No, regrese al altillo y descanse,

que es lo que tiene que hacer.

Perfecto. Otro.

No, que le puede sentar mal.

-El café está muy bien, pero en su justa medida.

-Pues culpa suya será si me quedo dormido cruzando la calle

y me atropella un tranvía.

-Pensaba que Lolita era la persona más exagerada del mundo,

pero ya veo que no.

-Ya sabe lo que dicen: "Los que comparten colchón

se vuelven de la misma condición".

-Es verdad.

Porque en su casa, lo de dormir, poco, ¿no?

-¿Poco? Nada, nada de nada.

No sé cómo un bebé tan pequeño puede llorar tan alto.

Y solo se calma con el grito de Jacinto.

-¿Aún está con esas? -Sí, sí.

Mi padre y yo lo intentamos, pero nada. Mire.

"Iepa-ia".

-Lo hace muy bien.

-Pero al niño no le sirve,

tiene mejor oído que un director de orquesta,

la tonalidad no es la misma y no funciona.

-Será cosa de ensayar.

-Ya, ese es el problema,

si no gritamos, el niño no nos deja dormir con sus gritos,

y si gritamos pa que duerma, despertamos a todo el edificio.

-Pues a ensayar al parque.

-Eso es lo que estamos haciendo.

¿Y a usted qué le pasa? Tiene mala cara.

-Es por la ausencia de Cinta.

-Ay, los jóvenes enamorados y sus urgencias.

Creía que le quedaba poco para volver.

-Sí, así es.

-¿Y todavía no le ha llamado?

Bueno, las llamadas telefónicas son caras,

y más si es una conferencia desde Sevilla.

-No sé, temo que me haya olvidado.

-¿En unos días de gira? Anda.

-Unos días de conocer mundo, de triunfar en teatros,

de recibir ramos de flores de admiradores,

y de estar lejos de sus padres.

-Paparruchas. Ya verá cuando vuelva.

-Cuando vuelva, seguro que me dice que se ha enamorado de un cantante,

o de un palmero, o de un marqués con una finca de 800 hectáreas.

O de algún camarero atontado.

Cinta.

¿De verdad creías que me había enamorado de otro?

Toda la noche escuchando el tracatrá del tren

para escuchar esto. No sabía que venías hoy.

-Bueno, me voy y les dejo a solas.

Qué bonito es el amor cuando no hay niños gritando en medio.

En fin, con Dios.

Te he echado de menos. Y yo.

Agustina, ¿qué hace mi carpeta en esa caja?

Le dije que no tocara los papeles.

Lo siento, señor, yo tampoco sé qué hacían en esa caja.

No lo sabe. Usted es la única que entra en esta casa.

(Grito de Agustina)

Agustina. Agustina.

Agustina, ¿está bien? Levántese.

Cuidado, cuidado. Poco a poco.

(SE QUEJA) Incorpórese. Eso es.

No era mi intención preocuparles.

Lo sé, pero entiéndanos a nosotros,

no podemos vivir con la incertidumbre

de que algo más pueda ocurrirle.

Quizá haya llegado el momento de tomarse un descanso.

¿Descanso? ¿Por cuánto tiempo?

Lleva toda la vida sirviendo de manera impecable,

mejor sería una retirada a tiempo que prolongar la agonía.

¿No cree?

Don Felipe, ¿puedo hablar con usted?

Claro, siéntese.

He estado pensando que con mi estado y mi edad

ya no puedo seguir al servicio de los señores.

Esto solo una mala racha, todavía le queda mucha mecha.

No, una casa como el principal necesita mucha atención.

Y yo ya no estoy en condiciones.

¿Y qué quiere a hacer?

Tengo algunos ahorros.

Todavía puedo coser.

No, vamos a hacer una cosa.

Contrataremos a otra criada para el principal, la que escoja mi esposa,

yo seguiré viniendo a trabajar a mi despacho.

Usted se hará cargo de esta casa.

Pero señor, sin tener que cocinar, planchar

o hacer la compra, no me ganaría el salario.

Con tan poco trabajo... Mire,

mantener la casa limpia y el despacho en orden

no es un asunto menor.

La confianza en alguien es algo muy importante.

Usted será mi criada y mi asistente personal.

¿Qué le parece?

Es usted tan bueno...

Eso sí, tendrá que hacerme las natillas que tanto me gustan.

(RÍEN)

¡Ya ha llegado Susana! ¡Susana!

¡Qué alegría tenerte de nuevo en el barrio! Armando.

Me tienes que contar todos los detalles del viaje,

que no se te olvide nada.

-Descuida, Rosina, que si hemos parado aquí primero

es porque no me podía aguantar para contártelo todo.

Dame un abrazo.

-Bienvenidos. ¿Llevan maletas, no?

-Sí, necesitamos un mozo para cargarlo.

-Voy a buscar uno.

-¿El bebé de Lolita?

-Sí, pero le pido que no lo despierte,

que no hay quien lo duerma.

-Hemos traído un regalo para él. Ya lo conoceremos.

-Se lo diré a Lolita, se pondrá muy contenta.

Perdónenme, que me lo llevo, le toca comer.

Me alegro que ya estén en el barrio.

-Gracias, Carmen.

-Bienvenida, Susana.

Qué guapa está. Díganos,

¿cómo ha ido el viaje? -Perfecto, pero ya tendremos tiempo.

-¿Y mi sobrina Maite? Me muero de ganas de verla?

-Ha salido de viaje, a una exposición.

-No me ha dicho nada.

-Fue muy repentino.

Susana, no te lo he querido contar por carta,

es sobre Úrsula.

La han asesinado.

-¿Asesinada? ¿Y me lo dices así, de sopetón?

Jesús, María y José.

Bienvenida, doña Susana.

Esta tarde hay una merienda en su honor.

-A lo mejor está usted muy cansada. -Estaré encantada de asistir.

Lástima que tú no puedas, Armando.

-Tendrán que disculparme, tengo reunión con el ministro.

Ya habrá otra ocasión para que nos cuente su viaje.

Pero... lo de Úrsula.

¿Quién es la asesina? -O asesino.

-Eso, o asesino.

-O asesinos. -O asesinas.

¿Por qué no me cuentan en la terraza?

-Siéntense, les convido.

Qué bien te sienta.

Liberto, me voy a casa de Genoveva.

-Saluda a mi tía de mi parte, espero verla luego.

-Espero que no salga en la merienda el tema de Maite.

Yo no sé cómo decirle a Susana que su sobrina está en la cárcel.

-Por favor, no hables así, Rosina.

-Yo estoy en contra de que nadie vaya a la cárcel

por hacer de su capa un sayo,

pero es lo que dice la ley: escándalo público y no sé qué más.

-Si sale el tema, trata de decírselo con tiento a mi tía,

diga lo que diga la ley.

-Con tiento, pero cuando se entere, pondrá el grito en el cielo.

-Eso ya no podemos controlarlo nosotros.

Te veo luego.

(Puerta)

-¿Quién será? Voy yo.

Buenas. ¿Está don Liberto?

-Sí, adelante.

Querido, Camino viene a verte.

-Hola, Camino. Pasa y siéntate.

-No quiero líos. -Anda, vete donde Genoveva.

-Bueno, siento no poder quedarme. -No se preocupe,

solo quiero comentar con Liberto

algo de unos cuadros de la galería.

-Bueno, pues que se dé bien. Con Dios.

-Doña Rosina no se fía de mí.

-Perdónela, es lo que marca la educación en este país.

-¿A qué se debe tu visita?

-Venía a devolverle la llave del estudio de Maite

y a consultarle.

He llevado material de dibujo y algo de ropa a Maite a la cárcel,

pero no me han dejado entregárselo.

He tenido que dejarlo en el cuerpo de guardia.

-¿Has ido a la cárcel?

Te dije que yo le llevaba las cosas.

Esto puede empeorar la situación de Maite.

Tienes que tener cuidado.

-Entiéndame, no puedo estar sin ella.

Me dijeron que estaba declarando ante el juez.

¿La están juzgando ya?

-No, todavía no.

Pero si ha declarado es porque estará a disposición judicial.

-¿Eso es malo?

-La ley no permite que alguien esté detenido mucho tiempo

sin que el juez le interrogue.

Sera malo si la lavandera que la denunció mantiene su declaración.

-¿Pueden condenar a Maite solo con eso?

-Puede haber un juicio,

pero confiemos que eso no ocurra.

Don Armando, el tío de Maite, ha regresado hoy,

hay que convencerle para que use sus contactos en las altas instancias.

-Pero entonces lo sabrá todo.

-Me temo que va a ser difícil ocultárselo.

Y tengamos fe en que perdone.

Esto es ridículo.

-Si no le queda tan mal, padre.

Yo que usted dejaría los trajes y me vestiría siempre así.

-Encima pitorreo.

-Usted me dijo que por su nieto haría cualquier cosa, demuéstrelo.

-Aquí me tienes, vestido de espantajo en mitad de la calle,

¿qué más quieres? -Tiene que sentirlo y disfrutarlo.

Cierre los ojos.

Imagine que es un pastor y que está con su rebaño.

-¿De cuántas cabezas? -¿Qué más da?

-Todos los detalles son importantes.

-Doscientas ovejas.

Y hay dos negras, para que no lo pregunte.

-¿Y perros?

-No importa si hay perros o no, padre.

-Si tengo que hacer las cosas bien y meterme en situación,

tengo que hacerlo como Dios manda.

-Tres perros: Centella, Trueno y Huracán.

Son blanco, café con leche y negro.

-Está bien, cierro los ojos. -Eso es.

¿Ve el rebaño? -Veo el rebaño. Y los perros.

Hay unas ovejas que van por donde no deben,

así que tiene que llamarlas para que vuelvan.

-¡Eh! ¡Ovejas!

-Llámelas con el grito ovejero. Grite.

-"Iepa-ia". -Eso es, otra vez.

-"Iepa-ia".

-¡Jacinto!

Ah. -¿Qué tal, doña Susana?

Le hacía en la merienda de doña Genoveva.

-Hacia allá iba cuando he escuchado a Jacinto.

¿Es que no puede dejar de dar esos gritos?

¿Dónde está? -No sé, no le he visto.

-Si le ve, dígale que se acabó lo de andar gritando

como si fuese un pastor de cabras,

que eso da mala imagen al barrio, y no se lo pienso tolerar.

-Muy bien. Si le veo, se lo digo.

-Con Dios. -Con Dios.

-Lo peor es que tiene razón. Esto es una carnavalada.

-Me voy a casa.

¿Traigo ya las pastas, doña Genoveva?

Antes los emparedados.

Le he pedido a Casilda que prepare emparedados de pepino,

como en Londres.

-¿De pepino? Qué cosa rara.

Hoy es todo inglés:

el té, los emparedados y las pastas.

Y para acabar, un pastel de fresas con nata.

-Qué rico.

-¿Las fresas también inglesas?

Las fresas, de Aranjuez, que no las hay mejores en toda Europa.

Pero el pastel es típico de allí, se come mucho en Inglaterra.

(Puerta)

Debe ser Susana.

Ya va a abrir Casilda. -Qué alegría que haya vuelto a casa.

Ha sido un viaje muy largo.

Se la echa de menos en el barrio.

Y también ha vuelto Cinta, ¿no?

-Esta mañana. Un éxito, su gira ha sido un éxito.

Bienvenida, doña Susana.

-Bienhalladas.

-Enseguida traigo los emparedados.

-¿Qué hace esta sirviendo en el principal?

-Ya te contaremos.

-Por favor, siéntense, que estamos amigas.

Y perdonen la tardanza, es que andaba Jacinto con los gritos

esos que da, como si viviéramos en la montaña.

-Siempre igual.

-Y no le he visto para mandarle callar.

Solo estaba Antoñito, que ya ni sé si era él quién gritaba.

Les digo una cosa: el pastor tiene cada día menos voz.

-Todos perdemos voz con los años.

Menos usted, que la hemos oído cantar y lo hace como los ángeles.

Si me hubieran escuchado de joven...

La que tuvo, retuvo, Bellita.

-Y su hija ha tomado el relevo, como debe ser.

-Bueno, vamos a hablar del barrio,

que han pasado muchas cosas desde que me fui,

el asesinato de Úrsula, Dios mío.

Su boda con don Felipe,

la galería de Liberto, el viaje de mi sobrina política...

-Y el nacimiento del hijo de Lolita. -Eso,

que la convierte en abuela, Carmen.

-Bueno, abuelastra,

aunque es un nombre tan feo, que prefiero el de abuela.

-(RÍEN)

-Les he traído un detalle.

Un recuerdo sin importancia.

Para todas lo mismo, así no hay celos.

Son medallitas

compradas en el Vaticano y bendecidas por el papa Pío X.

Qué mayor está el pobre hombre,

no me extrañaría que tuviéramos papa nuevo antes de fin de año.

-Dios le guarde muchos años.

-Ah, y una pregunta que tiene que ver con su boda.

¿Qué fue de la brasileña, de Marcia?

Pues hizo el ridículo presentándose en la iglesia,

como si Felipe tuviera que pensar en ella.

Pero pregúntele a Carmen, que la tiene en la mantequería.

-Yo solo puedo decir que...

es una moza muy trabajadora

y amable... Sí, una santa.

Pero llegó a la iglesia y se desmayó,

a punto estuvo de arruinarme el mejor día de mi vida.

Menos mal que Felipe me adora y besa el suelo que piso.

-Se le nota.

-Un matrimonio que se quiere lo supera todo.

-Claro.

Pues imagínense si nosotros nos queremos,

que tengo una noticia para darles: estoy embarazada.

-(RÍEN) -Eso sí que es una buena noticia.

-¡Enhorabuena! Se va a llenar Acacias de rorros.

-Ha sido llegar yo al barrio

y empezar a correr las buenas noticias.

¡Felicidades! Gracias, doña Susana.

-Pues sí que ha sido rápido.

Ya sabía yo que mi Felipe tenía puntería.

(RÍEN)

Yo no quiero vivir de la caridad. Yo he trabajado toda la vida.

-Pero llega un momento en que hay que tomárselo con más calma.

-Eso es más fácil de decir que de hacer.

Mire, ahora mismo, doña Genoveva

está dando un ágape en el principal.

Tenía que estar sirviendo yo, pero ha llamado a Casilda.

Ni siquiera me ha buscado para que organice.

-Usted se dio un buen porrazo hace na.

Tiene que descansar y recuperarse.

-Me di un porrazo porque estoy mayor,

que eso es lo que me pesa. -Es ley de vida envejecer.

Y pobre del que no lo haga,

eso es porque se ha ido a criar malvas.

-Tal vez...

debería coger mis ahorros

y buscarme un lugar barato para vivir.

O recogerme en un convento,

como hacen tantas criadas al llegar a mi edad.

-Pero ¿no me dice que don Felipe le ha propuesto trabajar solo para él?

-Pero yo creo que lo hace por caridad.

-No me venga con esas, Agustina. Usted lleva años sirviéndole,

¿quién va a hacerlo mejor que usted? -Cualquier joven.

-Mire,

usted hoy está triste

y no ve las cosas con claridad. Espere unas semanas,

haga su trabajo y entonces decide,

que para dejarlo, una siempre está a tiempo.

-En eso tiene razón,

si veo que no atiendo a don Felipe como él se merece, renuncio.

-Eso es.

Y ahora vamos a hablar de otros asuntos.

¿Sabe que han vuelto don Armando y doña Susana?

-¿Y se han enterado ya de lo de doña Maite?

-Me da que no.

Ya conoce a doña Susana,

habríamos escuchaos sus bufidos hasta en el altillo.

-Espero que todo se arregle,

que a don Armando no le haría gracia que su sobrina esté en la cárcel.

-Por muy aberrante que sea lo que ha hecho la pintora,

don Armando hará lo posible por ayudarla.

-Lo que nadie sabe es por qué se fueron de viaje por Europa.

-Le oí decir a don Felipe

que era un encargo secreto de don Alfonso XII.

-Pues espero que haya salío bien.

Lo mismo era una embajada para parar esa guerra

que todo el mundo dice que está a punto de empezar.

-Ojalá sea así.

-A las buenas tardes. Agustina, correo para usted.

¿Y quién me escribe a mí?

-Ahí.

-Es una felicitación navideña.

-¿En febrero?

Nada, de un pariente...

Voy a dejarla en el cuarto.

Si me disculpan.

-¿Quiere un cafelito?

-No le voy a decir que no.

-¿Es sangre?

Me encantó cantar en Sevilla, pero donde mejor me fue es en Córdoba.

El público era una maravilla. Y ya verás cuando cantes en Cádiz,

allí saben de música hasta los sordos.

¿Y Almería? Buah, es mi tierra.

Pero en todas partes del sur da gusto:

en Granada, en Málaga, en Ronda, en Ardales, en Jaén,

en Andújar, en Baeza, en Linares...

Y hablando de su tierra...

¿Qué pasa con Julio?

A punto estuve de contarle todo a tu madre,

pero no fui capaz.

No puede dejar que la bola se haga más grande.

Sí, lo sé.

Ahora ha llegado la prima del muchacho buscando casa para servir.

¿Una prima? Sí.

Se llama Alodia y parece buena chica.

Al final metemos en casa a todo el pueblo.

(Puerta)

Qué ganas tenía de venirme de la merienda para estar contigo.

-¿Qué? Cuenta.

-Na, muy bien.

Tengo novedades. Genoveva está embarazada.

-Claro, pa eso se habrán casado.

-Pa mí que eso viene de antes, pero me he callado, que no es asunto mío.

Mejor, madre, que todo el mundo tiene sus secretillos.

Las he dejado allí cotilleando y me he venido para estar con mi hija,

que la he echado mucho de menos... Y yo a usted.

Venga, cuéntame cómo ha ido.

La de veces que me han preguntado por usted.

Los andaluces la adoran. Y yo a ellos.

Me gritaban: "Viva la madre que te parió".

-¡Viva!

(Puerta)

Voy a abrir.

-¿Has hablado con el empresario para firmar más actuaciones?

No, pero yo creo que se ha quedado contento, porque hemos llenado.

Ole, mi niña.

-Bellita, mira, esta moza es Alodia,

está interesada en el puesto de criada.

Y tiene acento de ser de nuestra tierra.

-Buenas tardes, señora.

-Buenas tardes, muchacha.

Buenas tardes, Emilio.

-Buenas. -¿Está Camino?

-No, Camino ha salido.

La verdad es que no sé dónde ha ido.

-¿Le importa si espero?

-No me importa, pero no tengo ni idea de lo que tardará en regresar.

-Esperaré. Al que algo quiere, algo le cuesta.

Debo acostumbrarme a esperar por ella.

-Puede sentarse aquí, esa mesa todavía no está lista para la cena.

¿Quiere tomar algo? -No, gracias.

Estoy bien.

¿Esperan mucho trabajo para hoy?

-Afortunadamente, el negocio marcha bien.

Pero... hoy no creo que sea un día fuerte,

lo peor son los fines de semana.

¿Le importa si me siento y hablamos?

-No, adelante, por favor.

Verá,...

he sabido que le ha pedido matrimonio a mi hermana.

-Así es. Y deseo de todo corazón que su respuesta sea positiva.

-Mire, Ildefonso, Camino no está pasando por un buen momento.

-¿A qué se refiere?

-A que quizá no se encuentre en disposición de tomar una decisión

tan importante para su vida.

-¿Me está diciendo que la respuesta va a ser un no?

-No, no soy quién para decir nada.

No sé qué va a decidir mi hermana.

Lo que le digo es que... no debería hacerse muchas ilusiones.

-Entiendo.

¿Y cree usted que habría alguna forma

de inclinar la balanza hacia mi lado?

Si le he pedido matrimonio es porque realmente la amo.

-Perdone, Ildefonso,

¿es eso cierto?

¿Le ha pedido matrimonio a mi hija?

-Con el mayor de los respetos por ella y por su familia.

¿Y platos vascos?

En esta casa somos muy aficionados a la comida de esa tierra.

-Hago un bonito con tomate que no se lo salta un torero.

Y unas alubias de Tolosa, con su berza,

que están para chuparse los dedos.

-¿Y Marmitako?

-No lo sé hacer, pero no creo que sea muy difícil.

Con el libro de recetas, se lo preparo en un periquete.

-Entonces sabes leer.

-Sí, claro, leer y las cuatro reglas.

Empecé a trabajar pronto, pero me dio tiempo a ir a la escuela.

-Ah. ¿Y has servido antes en alguna otra casa?

-No, pero soy la mayor de siete hermanos.

Mire, he cocinado,

he planchado y he limpiado como si hubiera servido

en media docena de casas.

Si usted me da la oportunidad, se lo demuestro.

-¿Cómo te has enterado de que buscábamos criada?

-Pues en la iglesia.

Cuando me dijeron que era la casa de la gran Bellita del Campo,

casi me caigo de culo.

-¡Alodia, esa boca!

Usted perdone, señora.

-Lo más importante es que es andaluza, de Huelva.

Que eso también hay que valorarlo.

-Sí.

A mí lo que me extraña es que de repente no dejen de aparecer

andaluces por Acacias.

Que si Julio, que si Alodia...

¿Me vas a decir qué tienes que ver con todo esto, José?

(Puerta)

Voy.

-Con permiso, Santiago, te ha llegado una carta.

Qué lástima que Marcia ya no esté en la pensión, se la echa de menos.

-Seguro que no la echa de menos más que yo,

pero no está en mis manos reconciliarme con ella.

-Ya. Dos personas tan buenas y separadas...

-Ya ve. Como dice el refrán:

"El hombre propone y Dios dispone".

Si me permites, -Claro, perdona. Permiso.

Yo a esto le veo dos soluciones:

o se aprende el grito del pastor

o rezamos para quedarnos sordos,

porque esto no hay quien lo aguante.

¿Te marchas?

-Sí, efectivamente, me tengo que ir de aquí.

-¿Eso es por la nota de antes?

Ve a la cocina, que tenemos que hablar.

-A ver, José, ¿me vas a contar la verdad de una vez?

-La verdad y toda la verdad.

-¿Y esa maleta?

-Lo que haga o deje de hacer no es asunto tuyo.

Mejor sería que cogieras las maletas para no volver más.

Debería haber sido más considerado conmigo antes de dar ese paso.

-Ha sido para asegurarme que la respuesta de su hija era sincera,

que no estaba forzada por nadie.

-Seguro que aceptará su propuesta.

¿Cómo te ha ido en la gira? Fue una experiencia maravillosa.

Vamos, que encima de un escenario eres feliz.

No hay nada comparado con eso.

¿Nada? -Lo de Úrsula ha sido un bombazo.

Y después está la boda de Felipe.

-Bueno, y lo de la pintora ni le cuento.

-¿Ha pasado algo que nos estáis ocultando?

-¡"Iepa-ia"!

-¡Harta me tienes con tus gritos!

¡¿Por qué no te vas al campo y te pones a gritar a las cabras?!

Ramón...

¿Da usted su permiso? Vengo por el puesto de criada.

Llegas tarde, ya estoy cansada de entrevistas.

Lo he hecho aposta.

Quería que viera toda la morralla que hay por ahí fuera...

y así una servidora luce más.

¿No serás una marisabidilla?

Pues no me tengo por boba.

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Acacias 38 - Capítulo 1202

17 feb 2020

Ildefonso le propone matrimonio a Camino, ésta la rechaza y le asegura a su hermano que nunca se casará con él. Cinta vuelve de la gira y Emilio se tranquiliza.

Marcia acusa a Genoveva de haber traído a España a Santiago para romper su relación con Felipe, pero como muere Andrade nadie puede verificar que lo que dice Marcia es cierto. Agustina presenta su renuncia ante Felipe. Santiago se marcha a toda velocidad de la pensión.

La visita misteriosa que ha recibido Julio es Alodia, su prima. Julio le pide que por favor intente que entre como criada en su casa así que Alodia hace la entrevista con Bellita.

Vuelven Armando y Susana al barrio. Todo el mundo les oculta lo ocurrido con Maite. Felicia descubre que Ildefonso le ha pedido matrimonio a Camino.

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  1. carmela

    Coincido con la opinión, que Don Ramon, queda muy ridículo con ese Yapayayyyyyyyyyyyyy ...ese personaje habría que respetarlo, y Lolita con su Cabrahigo, haciendo y diciendo boludeces que ya cansaron hasta a los personajes . En otro aspecto la serie está interesante y como siempre los actores la enaltecen. Saludos desde Buenos Aires

    18 feb 2020
  2. Eva

    Que pena me da ver a un actor como Don Ramón haciendo el ridículo, disfrazado y a los gritos por los caprichos de Lolita, realmente una tristeza, que los guionistas lo pongan en ese papel y para palos, otra vez la cotilla de Susana peor de lo que se fue, sigue pensando que es la dueña del barrio y su gente, despreciando a los criados, para que volvió ese personaje que no aporta nada, solo para cotillear, meterse en la vida ajena y tratar mal a la gente humilde, no entiendo para que la trajeron. Esto va de mal en peor, nada se resuelve y solo vuelven los horrores del pasado, una pena.

    18 feb 2020
  3. Aleja

    Que "aprovechado" es Antoñito! Pone a Ramón a practicar del grito borreguero para calmar a su hijo! Susana volvió mas despreciativa que antes.... Ojalá Agustina deje de someterse a Genoveva, y Felipe pueda darse cuenta todo ....Quizas la nueva criada juegue en contra de ella y a favor de él ... Para cuando un novio para Casilda? Muy linda novela, me gusta las tramas y la puesta en escena. Con los decorados, la vestimentas y los modismos uno se traslada al 1900 (con algunas licencias, pero hacen mas divertidas las historias) Saludos desde Buenos Aires

    18 feb 2020
  4. Liliana

    No puedo abrir el capítulo 1202. que sucede? Gracias

    17 feb 2020