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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1197 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué ha pasado?

-Tranquila, sosiégate. Tranquila.

-La boda.

¿Se llegó a celebrar?

(LLORA)

-Tómate esta tisana.

Llevas todo el día sin sentido.

-Llegué tarde.

Llegué tarde y pudieron casarse.

-Marcia, olvídalo y trata de recuperarte.

-No quiero nada.

(LLORA)

-Haz un poder.

Te vendrá bien tomar algo caliente.

-¿Y para qué, eh?

Ya todo me da igual.

-La vida continúa, no puedes abandonarte de esta forma.

-No me quedan ánimos.

-Es normal que ahora te sientas decaída.

Pronto te sentirás mejor y con mas fuerza,

pero tienes que poner de tu parte.

-Ya solo me queda esperar a que llegue el final.

¡Lo mejor que puedo hacer es no levantarme de este lecho!

-Me duele en el alma verte así.

(MARCIA LLORA)

-Te lo ruego, trata de animarte.

-Déjame, no quiero escucharte más.

(Puerta)

-¿Se puede pasar? -Sí.

Por supuesto, pase.

-¿Cómo ha pasado la noche?

-Tranquila.

La medicina que le dio el doctor la mantuvo serena.

-¿No le ha contado lo que le ha pasado

ni por qué se presentó en la boda?

-No, no entiendo qué le pasó por la cabeza para presentarse allí.

-No se preocupe por eso y no le tenga en cuenta lo ocurrido.

A saber por qué hizo algo así.

-Lo primero es que se recupere.

-Eso es lo que tiene que buscar ahora.

Las explicaciones ya vendrán en su momento.

-Sí, no se preocupe.

Todo se arreglará.

-Eso es seguro.

Tenemos que conseguir que tome algo y que se anime.

-No va a ser una tarea sencilla.

¡Déjeme salir! -¡Camino!

-Madre, apártese, por favor.

Se ponga como se ponga, voy a salir.

-¡Vas a entrar en razón y a acatar lo que te digo!

¡No voy a permitir estas impertinencias!

-Camino, templa, es mejor que te quedes aquí.

-¡Voy a ir a ver a Maite y me da igual que me intente detener!

-¿Has perdido el oremus?

Tú no eres así, hija.

Esa bruja te ha hechizado.

-¡No hable así de ella! Estoy enamorada, madre.

-Por favor, Camino, no digas enormidades.

¡Estás histérica!

-Anoche me logró detener. Me encerró en mi cuarto

y no me dejó salir, pero hoy no lo va a conseguir.

-Te equivocas.

No voy a permitir que te pongas en peligro.

-¿No te das cuenta de la suerte que has tenido?

Nadie te relaciona con la detenida.

-Piénsalo bien.

Puedes acabar en la cárcel como ella.

-Me da igual.

-¡Has perdido el poco seso que tienes!

¿Cómo puedes decir esto?

-Al menos, así estaría junto a ella.

-¿Qué quieres, echar a perder tu vida entera?

-Cualquier cosa es mejor que seguir viviendo bajo este techo.

Con usted, que es una delatora.

Una persona vacía y sin corazón.

-No sabes qué daño me hacen tus palabras.

-No puedes hablarle así a nuestra madre.

Ella no se merece tanto desprecio.

-¡Pues que me deje marchar!

¡Que me deje estar junto a la persona que amo!

-¿Cómo puedes ser tan egoísta?

-¡Solo quiero ser feliz! ¿Qué tiene de malo?

-No te das cuenta de lo que pasaría

si se conociese tu relación pecaminosa.

-Eso es solo asunto mío.

-No, te equivocas, eso es asunto de todos.

Si eso pasase, sería la ruina de nuestra familia.

Un escándalo que supondría la quiebra del negocio.

Y tendríamos que cambiarnos de ciudad.

-¿Y yo no merezco ser feliz?

-¿Y nosotros qué, Camino?

¿Nosotros qué?

-Camino, piénsalo bien, tu hermano está enamorado de Cinta.

¿Quieres que todo esto arruine su relación?

-Si vas a ver a esa mujer, podemos perderlo todo.

¿Qué pasa, no te importamos nada?

-Ojalá, pero sí me importan.

Ese es el problema.

Y no lo entendéis.

Es vuestra vida o la mía.

(LLORA)

¿Por dónde andarán Felipe y Genoveva?

Habrán mantenido sus planes de luna de miel, ¿no?

-No entiendo por qué no iban a hacerlo.

-Pues no lo sé.

La boda fue un poco peculiar con el incidente de Marcia.

-Sí.

Me pregunto qué le habrá ocurrido para comportarse así.

-Sea como sea, Felipe está casado y bien casado con Genoveva.

Qué alegría verla tan contenta.

Y lo estoy.

La salida de ayer me sentó fenomenal.

A pesar del susto de la iglesia.

Nada de lo que pueda pasar me puede quitar

la alegría de estar viva y sana de nuevo.

Me alegra verla tan dispuesta.

Tengo una noticia de enjundia que darles.

Esta mañana me ha llamado el empresario.

Tiene que cerrar las fechas de la gira

con los teatros, que le están apremiando.

-Normal, es que los dueños de los teatros

no quieren tener ni un día sin representación.

Quiere saber la respuesta que le vamos a dar sobre la gira.

Ya. -Hija, no sé qué decirte.

No lo veo claro.

Echarte a los caminos no es el plan que tenía para ti.

Ya sé que tenía otros pensamientos para mí.

Pero este viaje me va a permitir presentarme en muchas ciudades.

-Claro, vas a poder conocer otro tipo de público.

Esto me va a convertir en una artista de tomo y lomo.

-Hija, pero es muy sacrificado.

Sería mejor esperar un poco más

antes de ir vagando de un sitio para otro.

A saber qué te encuentras por ahí.

-Los caminos no tienen nada que ver con los que recorríamos nosotros.

¿No recuerdas que había hasta bandoleros?

-Las fondas eran inmundas. -Eso ha cambiado mucho.

Va a estar más segura que en su casa.

Este viaje me va a permitir que conecte con mi arte.

Que respire lo auténtico del cante.

Y que aprenda de los maestros que hay por esas tierras.

No puedo decir que no.

-Si no os falta razón a ninguno de los dos.

Pero necesito tiempo para pensármelo.

Está bien.

Pero no se demore mucho o perderé la oportunidad.

No, me daré toda la prisa que pueda.

Pero ahora lo que más me apetece es dar un buen paseo.

-¿No estarás mejor en la casa?

-No te apures, que estoy como una rosa.

¿Y no quiere que le acompañe?

No, prefiero ir sola para meditarlo a fondo.

¡Y dejadme ya un ratito tranquila y en paz!

(RESOPLA)

Muchas gracias, doctor. Nos quedamos mucho más tranquilos

después de que haya reconocido a la madre y al niño.

Con Dios.

(SUSPIRA)

¿Qué te parece, Trini? Abuelo.

Y se va a llamar como yo, Ramón.

Te hubiera gustado tanto conocerlo.

(SUSPIRA)

¿Está contento el papá de la criatura?

-Como unas castañuelas.

Que la madre y el niño estén bien

es toda una bendición.

-Claro que sí.

No hay nada de qué preocuparse.

-Yo quería agradecerte tu ayuda.

La verdad es que eres la única que ha mantenido la calma.

-Si te digo la verdad, estoy tan sorprendida como la que más.

Vamos, que no sé de dónde saqué esa sangre fría.

-Hay que reconocer que es un Palacios.

Tiene los mismos ojos que el abuelo Fernando.

-Y la nariz de la tía Angustias.

-Y el hoyito este es de la tía...

-Sí, sí, puede ser.

Pero esa mata de pelo la ha sacado de mi familia.

-¿Qué matita, cariño? Si tiene pelusilla.

-Será pelusilla, pero fuerte y brillante como un pollino.

-Lo que no voy a discutir que es de Cabrahígo es la ventosidad.

Yo creía que lo primero que hacían era llorar.

-En Cabrahígo, se "peen", lloran

y hasta muerde, que algunos salen con dientes.

-Lo importante es que el retoño es bonito,

fuerte, está sano como una lechuga

y que la madre está bien, lo demás son pamplinas.

-Sí, pero es un Palacios en... Bueno, en casi todo.

-A ver.

Carmen, déjelo en la cuna.

Así descansa mejor.

Hale.

-¿Qué haces, qué haces, qué haces?

-Pues levantarme, ¿qué voy a hacer?

-Pero ¿qué dices, has perdido la cabeza?

¿Para qué?

-Voy a la tienda a echar un ojo.

-¿Qué ojo ni qué ojo?

Tú te quedas ahí descansando y comiendo caldo de pollo.

-Me encuentro mejor.

-Por eso, para que no te encuentres peor.

Que lo que has hecho tiene mucho mérito, pero mucho desgaste.

Yo me encargo de todo, de la tienda y de lo que haga falta.

-Tú, a descansar y a disfrutar de tu hijo.

Es un angelito.

-La verdad es que es un angelito.

Un angelito caído del cielo.

¿Seguro que no quieren entrar? Hace un poco de fresco.

-Deje, que para estar entre cuatro paredes,

me habría quedado en casa.

-Qué alegría verla en la calle. -Me encuentro mucho mejor.

Y me siento muy feliz de volver a hacer vida social.

-Se estaba convirtiendo en una emérita.

-Con lo que me gusta hablar con la gente y alternar.

-Está muy recuperada.

-Y más que lo estaría si comiera unos chopitos

tan ricos como los que me hacía Arancha.

Echo mucho de menos a esa mujer.

-Se los podría preparar yo, pero no le gustarían tanto.

-Las comparaciones son odiosas.

-A todo se acostumbra una.

-Muy buenas, señoras.

(RÍEN)

¡Ay! -Felicidades.

Ya nos hemos enterado. ¡Eres abuela!

El día entero me pasaría viendo,

mirando a mi pequeño Moncho.

Por cierto, se va a llamar así.

-¿Y qué van a hacer con la mantequería?

-Fíjese que no lo hemos pensado.

Como contamos con la ayuda de Marcia,

no será difícil sacarla adelante.

-Por cierto, ¿alguien sabe cómo sigue después del vahído?

-¿Qué vahído?

-¿No lo sabes? Se desmayó en medio de la iglesia,

en la boda de Felipe y Genoveva.

-Pobre mujer.

He subido en cuanto he podido. ¿Ha ocurrido algo?

No, amor, no te alarmes. Tan solo te quería decir

que el empresario me está metiendo prisa

para que le confirme si voy a hacer la gira.

No me parece raro, ya ha esperado bastante.

¿Has pensado qué vas a decirle? No, estoy hecha un lío.

Por un lado, es una gran oportunidad,

pero por otro, no sé si mis padres van a acceder.

Si te empeñas, puedes convencer a tus padres.

Además, a tu padre siempre lo vas a tener de tu lado.

Eso es cierto. Pero mi madre no está recuperada

y no quiero dejarlos solos en estas circunstancias.

¿Tú qué crees que debo hacer?

Pues sinceramente,

creo que deberías ser un poco egoísta.

Tu madre se está recuperando perfectamente.

La he dejado en el restaurante y estaba la mar de animada.

Pero eso no quiere decir nada.

Ha estado muy malita y puede recaer.

No creo que eso pase.

Y si ocurriese, estás a un tiro de piedra.

¿Cuánto puedes tardar en llegar, a lo sumo dos días?

Sí, sé que puedo volver pronto.

Pero también me preocupa lo de Julio.

No sé cómo se puede resolver y cómo se lo va a tomar mi madre.

Si ocurriese algo, yo estoy aquí para solucionarlo.

Eres tan bueno conmigo.

Quiero que hagas esa gira, Cinta.

Es la ilusión de tu vida y no puedes rechazarla.

Tienes que hacerla sí o sí.

Estás tú muy insistente. ¿No querrás deshacerte de mí?

(RÍE) Por nada del mundo.

Pero pienso que tienes que luchar por tu sueño.

¿Cómo puedes pensar así?

Perdóname, es que estoy muy alterada con todo esto.

¿Me vas a echar de menos?

Cada segundo que pase lejos de ti.

Ven.

(SUSPIRA)

Yo creo que esa pobre chica perdió los papeles.

-Para Felipe ha tenido que ser un bochorno.

-El marido de la muchacha tampoco debió pasarlo muy bien.

-Debería haber evitado que Marcia cometiera una tontería.

Pero parece que no tiene mucho control sobre su esposa.

-Marcia ha debido sufrir lo que no está en los escritos.

Lo que pase en un matrimonio de puertas adentro

solo lo saben los interesados.

-¿Y qué me dicen de la detención de la pintora?

Vamos, la cosa tiene miga.

He oído que la han detenido por seducir a una jovencita.

Pero tampoco es nada raro.

Que yo he visto bailarinas demasiado cariñosas entre ellas.

Ahora, meter a una jovencita en un asunto tan delicado...

Eso pasa de castaño oscuro.

-Sí, sin duda, es un escándalo.

-Felicia.

Su hija recibía clases de Maite.

¿No notó nada extraño en su comportamiento?

-No.

No, nada extraño.

-Y Liberto y yo tampoco, nada raro.

Que ella fuera nuestra inquilina no significa nada.

-Pues yo he visto a su hija muy apagadilla.

-No es para menos.

Con la ilusión que tenía por la pintura.

-Sentía mucha admiración por Maite como pintora.

Por eso le ha afectado tanto la detención.

-Y a eso también se le suma

que ha tenido un disgustillo con su pretendiente.

-¡Ay! ¿Ha peleado con ese muchacho tan fino?

Qué lástima.

Nada menos que el nieto de un marqués.

-Un desencuentro entre enamorados.

Estamos intentando arreglar el malentendido.

-Ahora entiendo que estéis tan tensas.

Esperemos que todo pase pronto y se arregle lo de ese muchacho.

-Gracias. Y ahora, si me disculpan,

voy dentro, tengo cosas que hacer.

-Y yo, a mis asuntos.

Como abuela o abuelastra.

No quiero dejar mucho rato sola a Lolita con el pequeño.

Pues nada, que pasen buena mañana. Con Dios.

-Con Dios.

Rosina.

Rosina.

¿Se encuentra usted bien?

-Sí, sí, mucho.

¡Ay, Dios mío, que es lo más bonito que yo he visto nunca!

-Es que tuvo muy buena mano en el parto y no sufrió nada.

-Fue una suerte tenerte aquí.

No sé qué hubiéramos hecho sin ti.

-Salir tenía que salir.

-Digo yo que para ser descendiente de una de Cabrahígo,

es como muy pequeño.

-¿Qué quería usted,

que saliera con el servicio militar ya hecho?

-Me costó mucho sacarlo.

Llega a ser más grande y se queda dentro.

-Lo que es la naturaleza. Si es que es precioso.

Mírale, con sus dos ojitos, sus dos orejicas.

Y los deditos. -Natural, Servando.

Como todos, que nacen con todas sus cosas.

Bueno, si Dios quiere.

-Di que sí. Y a este da gloria verlo.

-¿Y al final, de nombre qué?

Servando es muy bonito.

-Eso ya se discutió en su momento.

Se llama Ramón, como mi suegro.

-Se van a confundir llamándoles.

Yo les ponía nombres diferentes a todas mis ovejas.

-Para diferenciarlos, al pequeñajo le llamaremos Moncho.

-Bueno, Moncho, ya sabes que si me necesitas para algo,

ya sabes dónde me tienes.

-Le he traído un obsequio al bebé.

Esto es un cepillo de plata.

Se lo dejó alguien en la pensión.

Para cuando tenga pelo, que se lo pueda cepillar.

-Muchas gracias, Servando. Pero ya le compraremos uno nuevo.

-Bueno, ¿y Marcia cómo está? Casilda me contó lo de la boda.

-Poco a poco se va recuperando del desmayo.

En un par de días ya estará bien.

-Santiago no la deja ni un suspiro.

-¿Qué pasó, para qué se presentó en la boda?

-No sé qué decirte, no he tenido tiempo de hablar con ella.

(RAMÓN) Buenos días.

-Buenos días.

-Le doy mi más sincera enhorabuena.

-Le deseo que disfrute de su nieto muchísimos años.

-Eso espero, porque además de ser más bonito que un San Luis,

es más bueno que el pan.

-La verdad es que sí, casi ni llora.

Y come y duerme como un bendito.

(Llanto)

-Ya empieza a llevarle la contraria a sus padres.

-Cómo chilla, parece un gorrino en una matanza.

-Jacinto, ya podría haber buscado otra comparación.

-Chillan de la misma forma.

-Voy.

-Tiene buenos pulmones.

Este terminará siendo tenor.

-Ya, con mamá. -Es porque tiene hambre

o se ha ensuciado, pero en un momento está como siempre.

-Ya, ya, ya, ya.

Ya, mamá, mamá.

Sí, sí, toma.

-Huy, huy, huy.

A ver.

(Llanto)

(Portazo)

¡Liberto, Liberto!

No te puedes figurar el mal rato que he pasado en el restaurante

ahora que todos saben de las desviaciones de Maite.

-Pues sosiégate un poco, que ni pinchamos ni cortamos.

-¿Qué van a pensar de nosotros cuando se descubra?

¿Y si creen que siempre lo hemos sabido?

-No tienen por qué creer eso.

-Me da a dar algo como crean que nos parecía bien.

¡O peor! ¿Y si creen que somos cómplices?

¡O peor! Podemos terminar en la cárcel.

-¡No digas barbaridades!

Nosotros también hemos sido víctimas de esa mujer.

-Sí.

Es verdad, también nos engañó con sus malas artes.

-Eso es, los dos tenemos la conciencia tranquila.

Lo mejor es que lo dejes pasar.

-Sí, es posible.

¡Pero es indiscutible que nos ha arruinado el negocio!

A ver quién va a comprar un cuadro de una mujer

de moral tan dudosa.

-Ya he cerrado la galería y pronto retirarán sus cuadros.

-Pero eso no me consuela.

El mal ya está hecho.

Y la culpa es tuya por haber acogido a esa perdida.

-¿Cómo que la culpa es mía?

Es muy injusto eso que estás diciendo.

Maite es la sobrina del marido de mi tía.

¿Qué querías que hiciera?

¿Quién iba a sospechar que escondía un secreto tan terrible?

-Sí, perdona, pero deberías haber intuido algo así.

-Tú tampoco te has dado cuenta.

-Y para colmo de males,

esta mañana he recibido carta de tu tía.

Vuelve a Acacias con Armando.

¿Cómo les explicamos lo sucedido? -Otra vez.

¡No tenemos nada que explicar ni culpa de lo sucedido!

-¡Claro que tenemos culpa y mucha! Le alquilamos el estudio,

le presentamos a Camino, le vendemos sus cuadros.

Como se las ponían a Fernando VII.

¡Ay!

Me voy al cuarto a descansar.

Ya veremos cuándo salgo, si es que algún día salgo.

¿Pues saben una cosa?

Ya me he enterado de por qué han detenido a doña Maite.

Me lo ha contado una amiga que vio cómo los guripas se la llevaban.

-¿Sí, y por qué ha sido?

-Porque sedujo a una chica.

-¿Cómo? ¡Qué horror!

¡Una mujer liada con otra, menuda aberración!

-Tampoco es para tanto.

Cada uno lo que hace en su alcoba es cosa suya.

-En eso se pasa usted de moderno.

Esa relaciones son un pecado más grande que la copa de un pino.

-A mí la verdad es que también me choca.

Me parece raro que un par de mujeres puedan hacer...

ciertas cosas.

-Calla, calla. Para mí que para hacer eso

hay que estar muy enfermo o muy mal de la azotea.

-O que se quieren, sin más.

-¡Eso está muy mal y no me va a hacer cambiar de opinión!

-Es una lástima.

Ahora todo el mundo suelta pestes de doña Maite.

Pero cuando yo faené limpiando el estudio

nunca pasó nada, siempre me trató la mar de bien.

-Como que es muy buena persona.

-Menuda joyita.

Entre cuadro y cuadro, pervertía a señoritas.

-¡Oh!

-Desde luego, Servando, no tiene usted juicio.

Y tú dale gracias al cielo de que no te hiciera nada.

-No, no, menudo compromiso.

A mí nadie me toca desde que Martincito la espichó.

Y de eso hacen ya muchos años.

-Entonces, ten mucho cuidado con lo que dices,

no vayan a pensar que estabas en el ajo.

-No, Dios no lo quiera.

-Y basta de chácharas, que hemos quedado en vernos con Agustina.

Así que arreando.

-Con Dios.

-Con Dios.

Ay.

En este país hay cosas que nunca entenderán.

Entiendo. ¿Cómo va todo?

De acuerdo. Escuche.

Sí, lo sé, pero escuche, no tengo mucho tiempo.

Quiero que me mantenga al tanto de cómo evoluciona el asunto.

Y no se le ocurra llamar a este número.

(Puerta)

Tengo que dejarle.

¿Qué quieres?

-Usted es la única persona que puede ayudarme.

-Por favor, te pido discreción. Rosina está en casa.

-He estado en comisaría y no me han dejado ver a Maite.

-Pero ¿cómo has podido cometer semejante insensatez?

¿Qué quieres, que todo el mundo sepa lo vuestro?

-Sé que no puede aprobar mi relación con Maite.

Y no le culpo por lo que haya hecho en este asunto,

pero le ruego su auxilio.

-No sé qué pretende de mí.

-Apelo a la nobleza de su corazón.

Sé que no puede comprender mis sentimientos hacia otra mujer.

Pero sé que sabe lo que significa el amor.

Y necesito verla, saber que está bien.

-Es un error, Camino. Hazme caso.

Nadie sabe quién es la amante de Maite.

-Créame que no pretendo hacer daño a nadie.

Ni quiero crear un escándalo.

Solo quiero sostener su mano en la mía por un instante.

Y usted me puede ayudar a mediar en este asunto.

-No sé por qué.

-Fue su casero y su marchante.

Si pidiera verla, no le pondrían obstáculos.

Vaya a visitarla y yo le acompaño.

-Camino, yo no te voy a dejar en la estacada. ¿De acuerdo?

De hecho, acabo de hablar con un abogado para que la defienda.

Pero esto que me pides es demasiado.

-Le agradezco de todo corazón lo que ha hecho.

Por favor, ayúdeme a encontrarme con ella.

Si no lo hago, siento que me muero.

Por favor, ayúdeme.

Monchito, cariño, ya te hemos cambiado.

Te he dado la teta, has tirado aire por arriba y por abajo.

Te he vuelto a cambiar.

Como no quieras un chato de vino...

-¿Lleva mucho con esa perra?

-Desde esta mañana, que empezó a llorar, no ha parado.

No sé cómo lo hace, que llora hasta mamando.

-A ver si tiene un cólico.

-No, el médico dice que no tiene nada.

Que unos niños lloran y otros no.

-Pues se oye el llanto en toda la calle.

-Sí, el portero de otro edifico ha llamado a los guardias

porque se creía que estaban asesinando a alguien.

-Pues estamos apañados. Como este no pare,

no pega ojo nadie en todo el barrio.

-Anda, Lolita, déjame verlo, que no conozco al Monchito.

-Ea, ea, ea, ea, venga, venga.

Sí, sí, sí.

-¡Ay!

Es la cosita más bonita que he visto.

-La verdad es que ha salido bien el rorro.

Y eso que ha estado colorado como un tomate.

-Y pensar que ayudé a traerlo a este mundo.

Es lo más grande que he hecho.

-No te pongas a llorar, que bastante tenemos con el niño.

-Es de alegría de verlo tan bien y que yo he ayudado a ello.

Es mejor que cuando gané el concurso de esquiladores.

¡Epa!

-Parece que se ha calmado.

-Para mí que ha sido por tu grito.

-Repítelo, pero más bajito.

-¡Epa!

-Ay.

¡Qué cosa más asombrosa! Si parece que se calma.

(RÍE)

-El grito borreguero de Jacinto le tranquiliza.

-Eso es porque le ayudó a venir a este mundo un pastor

y se siente oveja y le sosiego.

-Mientras que no le dé por pastar,

me parece de perlas que se calle así.

Eso sí.

Tendré que aprender a dar tu grito.

-No es tarea fácil. ¡Epa!

Mira.

(RÍE)

¡Ay, ay, ay!

¡Epa!

(Puerta)

¿Dónde te habías metido?

-He estado por ahí.

-Le he tenido que decir a nuestra madre que ibas a la iglesia.

Casi le da un torozón cuando vio que no estabas.

-He ido a ver a Maite.

Pero no nos han dejado entrar.

-¿Y usted la ha acompañado?

-Al final he accedido a sus ruegos, sí.

-¿Cómo se le ocurre hacer semejante disparate?

Nos pone a todos en evidencia.

-Soy consciente de ello, Emilio.

Pero he visto tan mal a Camino que le he ayudado.

-Hermano, por favor, comprende que me va la vida en verla.

-Sé que no he obrado bien.

¿De acuerdo?

Pero pensé que acompañando a Camino disiparía las sospechas sobre ella.

-Al fin y al cabo, fui su alumna.

No tiene nada de extraño que quiera ver a mi profesora.

-Solo se trataba de aliviar un poco la angustia de Camino.

-Si me parece muy bien, pero ¿ha pensado en nosotros?

¿En la angustia de mi familia?

¿En el sufrimiento de mi madre?

-No hagas responsable a Liberto de nada.

-Debería haberlo pensado mejor, siento decírselo.

-Hermano, don Liberto no es culpable de nada.

Fui yo la que acudió a él en busca de ayuda.

Y estoy agradecida de que me la haya brindado.

Solo yo soy responsable de lo que ha pasado.

-Ponte a trabajar antes de que vuelva nuestra madre.

-¿Le vas a contar lo que he hecho?

-No.

No quiero echar más leña a este fuego.

-Don Liberto.

Le agradezco mucho su ayuda.

Su hermana está pasando por momentos terribles.

La veo capaz de cualquier cosa.

-Lo sé.

Pero ¿cree que la solución está en ceder a sus caprichos?

-No, le aseguro que no era esa mi intención.

Solo he querido ayudar a una persona desesperada.

-Si no dudo de su buena fe.

Pero le ruego que no complique más las cosas.

Bastante tenemos con lo que ya ha pasado.

-Cuente con ello.

Vamos, Emilio, póngame un café y otro para usted.

-No, no es el momento.

Tenemos mucho trabajo, así que si me disculpa...

A las buenas, señora Agustina.

Se ha dejado la puerta abierta. -Lo sé.

Quería ventilar bien la casa.

-¿Cuándo llegan los señores de su luna de miel?

-Mañana mismo creo que regresan de la sierra.

-Pues vaya churro de viaje. Si yo tuviera su dinero,

me recorría todas las capitales de Europa.

-Ellos no deben tener muchas ganas de ausentarse del barrio.

Y vete tú a saber por qué.

-Todo el día llevo preparando el principal para cuando regresen.

-¿No se instalan en casa de don Felipe?

-No, prefieren esta.

Dicen que es más amplia y de más alcurnia.

-Ya, y da más trabajo.

-Dímelo a mí, que tengo los riñones molidos.

-Descanse un poco, que ya nos encargamos nosotras.

-Claro, déjenos, que lo apañamos en un tris.

-Que no, que no, que yo puedo sola.

-Que sí, Agustina, que se siente usted aquí

y sin rechistar, hala, vamos.

-¡Ay! Me da coraje

sentarme y verles trabajar a las dos.

Ni que fuese una gandula. -No se preocupe usted.

Vamos a dejarlo todo como los chorros del oro.

Y sin despeinarnos.

-No sé si voy a ser capaz de ocuparme de todo esto.

Esta casa es enorme.

-No se achique usted, señora Agustina.

En peores plazas ha toreado.

-Pero es que los señores van a dar mucha guerra.

Son jóvenes y querrán hacer recepciones y bailes.

Esto va a ser un sinvivir.

-Si les da por ahí, nos encargamos de ayudarle.

¿A que sí, Casilda? -Claro que sí.

Y mejor organizar jolgorios que funerales.

Hace falta que el barrio se anime.

-Hace años estaría encantada

de servir a una pareja de recién casados.,

Pero ahora me siento vieja y achacosa.

-De vieja, nada, está hecha un pimpollo.

-Di que sí, Casilda. Y usted míreme a mí.

Que soy casi de su quinta y no paro.

-Las mujeres de su edad son más duras que las piedras berroqueñas.

Menuda naturaleza se me gastan.

-Tienen razón.

Todavía tengo mucha guerra que dar.

Miren.

Vengan.

Estaba viendo estas sábanas

para ponerlas en el lecho nupcial.

-¡Qué finas, Agustina!

-¿Qué les parece?

¡Liberto! ¿Qué haces peleándote con los muebles?

-Este cajón, que nunca ha cerrado bien.

-Lo tienes que tratar con cariño, como a todo en esta casa.

-Me alegro de que te hayas decidido a salir de la habitación.

Aunque sea para darme lecciones.

-He estado pensando mucho en lo de Maite y la galería.

O arreglamos esto o vamos a tener menos vida que un tiñoso.

-¿Y qué, has llegado a alguna conclusión?

-La verdad es que le he dado muchas vueltas.

Más que al torno de un convento. Y la cosa está bien difícil.

-Para eso no era necesario que te quedaras encerrada.

Eso ya lo sabíamos desde que nos enteramos de la detención de Maite.

-Pero pensando he recordado una cosa que me has dicho antes.

Nosotros no hemos hecho nada malo.

No tenemos nada de lo que avergonzarnos.

-Eso he dicho y lo mantengo.

-Tenemos que salir a la calle y dar la cara.

Ir con la cabeza alta, como cualquier vecino.

-No le veo ningún pero. -Voy a arreglarme el moño

y a darme una vuelta para demostrar que no pasa nada.

-Es que no pasa nada.

-Pero quiero que todos se enteren, que quede bien claro

que no tenemos nada que ocultar. -Si me parece muy bien.

Pero te estás poniendo la venda antes de tener la herida.

Nadie ha pensado mal de nosotros.

-Porque nadie nos ha dicho nada.

Pero lo que piensan solo lo saben ellos.

Tenemos que demostrar que nosotros somos del todo inocentes.

-Nadie ha dicho lo contrario.

"Excusatio non petita, accusatio manifesta".

-Déjate de latinajos y arréglate, que te vienes conmigo.

¡Quiero que nos vean paseando

como si fuéramos los dueños del barrio!

-Bien, Rosina.

Que yo estoy encantado de acompañarte.

Pero no es necesario para quedar bien delante de los vecinos.

-¡Me da igual lo que pienses! Voy a arreglarme.

Ah, y que quede bien claro. Esto no significa

que te haya perdonado del todo, tenemos mucho que hablar.

Pero creo que en este asunto es importante que estemos unidos.

Necesito más copas secas.

-Estoy en ello, no quiero romper ninguna.

-De eso ya te has ocupado esta mañana.

Confío en que ir a la iglesia te haya servido.

-Sí, he estado meditando.

-Y habrás pedido perdón al Señor por las faltas que has cometido.

-Madre, déjelo ya. -¡No, no voy a dejarlo!

Tu hermana está a un paso de ir al infierno.

-¿Están o no esas copas?

-Ahora mismo te las llevo.

-Daos prisa, estamos a punto de servir las cenas.

-Buenas.

-Buenas, señor comisario.

¿Qué se le ofrece?

-He venido a hablar con su hija.

Anima esa cara, hija.

He visto difuntos con mejor color.

No puedo, padre, se me vienen muchas preocupaciones encima.

Todo tiene solución en este vida. Es cuestión de temple y paciencia.

Paciencia tengo toda la del mundo.

Pero el tiempo pasa.

Y las oportunidades que se van no vuelven.

Ya verás como tu madre se da cuenta

de que no puedes perderte esa gira.

El caso es que se dé cuenta dentro de un mes, que ya será tarde.

Ella ya es consciente de que no puede demorarse mucho.

Ten paciencia.

Confía en su buen criterio.

Yo confío plenamente en ella.

Pero hay otras cosas que me inquietan.

Vamos a ver, ¿qué te preocupa?

¿Ahora dudas de la gira?

Usted no se entera de la misa la mitad.

Mis dudas no son sobre si hacer la gira o no hacerla.

Ah, pues es verdad, no me entero de nada.

(SUSPIRA)

Estoy deseando hacer esos conciertos.

Vamos, me iría ahora mismo.

Si tu madre entra en razón, márchate.

No lo pienses.

Lo haría, pero sabiendo lo que sé,

me preocupa dejarlos solos.

Que las cosas se pueden poner muy delicadas.

-¿Qué es eso de tanta enjundia que sabes?

Dime.

¿Qué es eso que sabes? Madre, sé lo que sé.

No es ni mucho ni poco. Pero sí de importancia.

Déjate de galimatías y dime de qué hablabais. ¿Qué pasa aquí?

-Nada, ¿qué va a pasar?

Estamos hablando de cosas.

-Cuidadito, que yo no soy un morlaco que puedas torear.

-Cariño mío, si yo no era capaz de darle dos pases bien dados

a una vaquilla. Madre, hablábamos de usted.

Lo que sé es que un exceso de preocupación

puede provocar una recaída en una persona que estuvo enferma.

Por eso le estaban entrando las dudas de si ir o no al viaje.

Madre, la verdad es que...

Voy a estar con el alma en vilo.

Después de todo lo que ha pasado, no quiero que empeore.

-Ah.

¿Solo se trata de eso?

-Solo, aquí no hay nada extraño ni fuera de lugar, excepto eso.

-Pues no os apuréis.

Yo ya gozo de buena salud y ese bache está superado.

Además, ya he tomado una decisión.

¿Cuál?

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Sí, diga?

Es el empresario.

Sí.

Un momento, por favor.

Quiere que le dé una respuesta ya.

¿Qué le digo, me van a dejar o no hacer esa gira?

¿Cómo es que te has levantado?

-Estaba cansada de estar en la cama.

-La verdad es que tienes mucho mejor aspecto.

-Sí, ya estoy bien.

-Te he traído unas naranjas.

¿Te las preparo con azúcar? -No.

Y déjate de tonterías, no hay nada que pueda endulzar esto.

-¿Qué ocurre, Marcia, por qué me tratas de una forma tan áspera?

-Porque me he dado cuenta de que aparte de un impostor

eres un canalla.

No solamente suplantaste la identidad de tu gemelo,

sino que has estado a las órdenes de Genoveva.

-Eso no es cierto.

-No trates de camelarme.

Tus mentiras ya no tienen ningún poder sobre mí.

Sé que ella te hizo venir desde Brasil

para impedir mi boda con Felipe. -Eso no es cierto.

Yo vine por orden de Andrade

y no sabía nada de Genoveva ni de Felipe.

-No es lo que me contó en su lecho de muerte.

-Es evidente que miente, Marcia.

Está intentando hacernos daño hasta el último día de su vida.

-¿No te das cuenta de que no te voy a creer ni una palabra?

-¿No recuerdas que yo mismo te animé a que detuvieras esa boda?

-¿Y crees que un acto de nobleza va a perdonar todas tus maldades?

-Llegaste tarde, la boda se celebró. Es una señal.

El destino no quiere que estés con él.

Tienes que ver lo que ha pasado como un aviso.

Y olvidarle.

Tenemos las puertas abiertas para marcharnos a Cuba.

Y vivir una vida nueva.

Mi amor por ti es inmenso.

No lo desprecies.

-Detén esta comedia.

Yo no soy tu esposa y no lo seré jamás.

No hay ningún futuro para nosotros juntos.

-Marcia, por favor.

Dame una última oportunidad.

Vayámonos juntos.

Te quiero con toda mi alma.

-No me importa.

No voy a ir contigo a ninguna parte.

Esta historia llegó a su fin.

Marcia, ¿qué ha pasado?

-¿Puedo dormir hoy aquí arriba?

Tira para delante, hija.

¡Caballero, que sí, que nos vamos de gira!

En la intimidad, cuando se quedaban a solas las dos,

tuvo la señorita Zaldúa alguna conducta impropia?

No permitiré que mi mujer

viva aquí.

-No soy tu mujer.

Ni pienso volver contigo.

¿Te acuerdas del itinerario?

Sí, Córdoba, Lucena y Sevilla.

Han puesto carteles de no hay billetes.

-Mira, como en tus bolsillos.

(RÍE)

El tiempo lo cura todo.

Y hasta crea cariño.

Y si usted no tiene más pretendientes,

tal vez se pueda arreglar.

No hay nada como los hijos.

-Nada.

-¿Te imaginas que hubiéramos tenido alguno más?

Con uno más que hubiéramos tenido, ahora andaría por aquí.

Jacinto te va a enseñar su grito borreguero.

Sin vivir aquí.

Viene, te da clases y se va.

Lástima que no seas una mujer.

Bellita y yo estamos sin mucama.

Y se me ha ocurrido esa chanza.

Pero solo yo sé qué hay detrás de cada trazo,

de cada pincelada.

No los tire, por favor.

Debes venir inmediatamente.

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Acacias 38 - Capítulo 1197

10 feb 2020

Marcia se despierta un día más tarde de la boda entre Felipe y Genoveva. Fue tal la impresión de ver a su amado casarse con la mujer equivocada que perdió el conocimiento.

El barrio tiene mucho que comentar, no solo la boda entre el abogado y Genoveva, sino también la detención de Maite, que ya es conocida por todos los vecinos, o la llegada al mundo del nuevo Palacios.

Felicia impide que Camino vea a Maite en la cárcel para que no se implique. La muchacha acude a comisaría acompañada de Liberto, pero no consigue ver a su amada.

El productor musical presiona a Cinta: tiene que darle una respuesta ya para la gira. Ahora ya su familia está bien, pero siente que algo la retiene en Acacias. Emilio la tranquiliza: puede irse a cumplir su sueño, dedicarse a la música, él siempre estará allí para ella.

El niño de Lolita, Moncho, ha nacido sano y feliz… Pero muy llorón. Los Palacios descubren que lo único que tranquiliza al niño es el grito borreguero de Jacinto.

Santiago intenta cuidar a Marcia. Pero la mujer no quiere saber nada de él, le considera un traidor y no va a acompañarle en su aventura cubana. Quiere que la olvide, para siempre.

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  1. dolores rodrigo

    HOLA SOY UNA MUJER DE VALENCIA,,,,,EL COMENTARIO QUE LES QUERIA DECIR....ES..LO SIGUIENTE,,,,POR QUE NO ESTAN RECORTADO CADA MAS LA NOVELA ACACIAS 38......POR CULPA DE PONER UN CONCURSO QUE LO PODRIAN PONER A OTRAS HORAS Y NO QUITAR LA NOVELA ACACIAS.... ME PREGUNTO POR QUE NO QUITAN MERCADO CENTRAL POR QUE ESO NO VALE NADA,,,ASI TENDRIAN MAS TIEMPO ACACIAS38,,,,,QUE VUELVA ARANCHA ES LA MEJOR DE TODAS,,,,,,,,,,,

    12 feb 2020