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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1191 - ver ahora
Transcripción completa

En mi casa están a la gresca Lolita y Carmen,

y sé que ha habido un desencuentro entre Agustina y Genoveva.

Y Jacinto con Servando.

Mi padre ha recibido una carta que puede sembrar la discordia

entre él, Felipe y Genoveva.

Y creo que doña Rosina está segura de que don Liberto

ha tenido relaciones con otras mujeres.

-Solo la posibilidad de que casi mate a un hombre

que está a punto de ser padre es bastante grave.

Sintiéndolo mucho, me veo obligado a dejar de frecuentar su compañía.

¿Sabe si Julio se quedará por fin en la pensión?

-No, se quedará en una pensión del centro,

la Pensión León.

Úrsula ha logrado su objetivo, que nos enfrentemos todos.

¿Has pensado lo de la gira por Andalucía?

No he contestado nada.

No sé si es buen momento para alejarme de casa.

Y menos ahora, con todo el asunto de las cartas y lo de Julio.

¿Qué es lo de Julio?

¿Nadie más está dispuesto a olvidar lo que dicen esas cartas?

-No merece ni la pena.

-Y yo.

-Y yo.

-Pelillos a la mar.

Julio es hijo de tu padre.

de antes de que conociera a tu madre.

¿Es mi hermano?

-Creo que Maite está seduciendo a mi hija.

Si usted sabe algo,

por favor, dígamelo.

Tan solo quería conocer a mi padre.

No sé si él estará dispuesto.

Es difícil para un hombre como él, que solo tiene ojos para su esposa.

Si no quiere, me iré.

Creo que Maite y Camino mantienen una relación amorosa.

Ha llegado el correo, señor.

Una de las cartas es de Úrsula.

¿Vas a leer esa carta?

Es la primera vez que recibo la misiva de un difunto.

Es algo interesante. Perdone el señor que me meta,

pero esas cartas solo han traído sinsabores

a los que las han recibido.

Cualquiera sabe los despropósitos

que te puede haber escrito ese endriago de Úrsula.

Parece que te inquieta mucho lo que pueda haber aquí escrito.

No, simplemente no veo la razón de leer lo que haya podido escribir

una persona a la que solo le guiaba el odio.

Es cierto, tiene poca credibilidad,

pero me pica la curiosidad. Felipe,

leer esa carta es de un interés malsano,

¿qué sentido tiene exponerse al veneno de esa víbora?

¿Saber cómo funciona su mente enferma?

Haz lo que creas conveniente,

no me preocupa lo que pueda haber escrito.

No la lea señor,

lo que ahí esté, solo busca hacer daño.

No temo a esa mujer,

ni lo que pueda contarme.

Adelante entonces, sigue extendiendo su mal.

(EXHALA)

Tenéis razón,

es absurdo seguir su juego.

(RESPIRA ALIVIADA)

Esa carta está llena de mentiras,

y leerla podría causarme un poso de duda.

Ha hecho bien el señor,

el mayor desprecio que se le puede hacer a esa bruja

es no seguir perpetuando sus embustes.

Ya no está entre nosotros,

no tienes sentido prestarle oído a sus despropósitos.

Puede retirarse, Agustina.

Como mande el señor.

Has obrado con mucha cordura, es mejor dejar que descanse en paz

y que no moleste más a los que fuimos sus vecinos.

Esa mujer siempre fue una pesadilla,

desde que llego al barrio, empezaron las desgracias.

Me consta que en la mayoría de sucesos luctuosos,

Úrsula estaba detrás. Eso sospechamos todos.

Ha sido una suerte librarse de ella para siempre.

Superada esa pesadilla, nos merecemos un descanso.

Claro que sí.

Dentro de poco estaremos de luna de miel.

Y no volveremos a pensar en esa mujer

ni en sus sucios enredos.

Eso forma parte del pasado.

(GENOVEVA SUSPIRA)

(Sintonía de "Acacias 38")

No le he entendido bien.

Tiene que estar equivocado.

-Me temo que no.

He visto suficientes evidencias

como para pensar que estoy en lo cierto.

-Igual ha malinterpretado lo que vio,

mi hija no ha podido tener en un comportamiento tan terrible,

tan antinatura.

-Sé que es difícil de creer,

lo entiendo, pero hágame caso,

estoy prácticamente convencido de que no me equivoco.

-¿Está diciendo que mi hija

y esa mujer tienen una relación...

amorosa?

¿Me está diciendo que ella y Maite son amantes?

-No puedo asegurarlo al ciento por ciento,

pero personalmente siento que sí,

que así es. -Ya.

¿Cómo puede haber caído mi hija en algo tan terrible?

-No lo sé.

Supongo que la fuerte personalidad de Maite

le ha nublado el entendimiento

y la ha hecho ceder a sus innobles pretensiones.

-Maldita sea esa mujer.

¿Cómo puede haber alguien tan arpía

capaz de pervertir a un alma cándida como la de Camino?

-No se preocupe,

su hija es noble.

Estoy seguro de que en cuanto desaparezca

tan terrible influencia, todo volverá a la normalidad.

-¿Cree que Maite soltará a su presa?

-Creo que volverá a Francia.

Una vez termine la exposición,

no tendrá ningún motivo para alargar su estancia aquí.

-Eso si no se la lleva con ella.

Habrá que estar atentos para que eso no suceda.

-Liberto, dígame,

¿qué evidencias ha visto para hacer tan terrible afirmación?

-No, doña Felicia, lo siento.

Me incómoda mucho entrar en los detalles escabrosos del asunto.

-No es momento de andarse con paños calientes.

-Está bien.

Hubo dos momentos.

En una ocasión, las descubrí abrazadas,...

sin embargo,...

en el segundo las vi besándose.

Bueno, pudo ser simplemente un beso entre amigas.

-Siento decirle que no, era un beso apasionado,

el que se dan dos amantes.

-¿Y hace mucho de eso?

-Unos días.

-¿Y por qué no me lo dijo antes?

¿Por qué no cumplió con sus obligaciones y lo denunció?

-Intentaba detener esos hechos inmorales.

Escuche,...

yo tengo mucho cariño a su familia,

no quería darles ese disgusto.

-(LLORA)

Flaco favor me ha hecho ocultando este acontecimiento.

-Lamento no haber obrado de mejor forma.

Lo lamento.

Al final fue Ildefonso el que rompió el compromiso.

-Pues he de confesar que me llena de gozo esta noticia.

-No me gustaba que estuvieras en su compañía.

-¿Estabas celosa? -No,

simplemente...

no me agradaba que intimaras con ese mequetrefe.

-No tienes que preocuparte,

no pensé en ceder a sus pretensiones.

Solo puedo amarte a ti.

-Lo sé, Camino,

a mí me ocurre lo mismo,

eres lo más importante que tengo en la vida.

Aunque... me da un poco de pena

que hayas terminado la relación con ese muchacho,

su abuelo estaba interesado en mi obra.

-Se declaró ferviente admirador tuyo.

-Ajá. Es una pena, sí.

-¿Acaso preferirías que siguiera con Ildefonso

para poder vender más cuadros?

-Era una broma.

Prefiero no vender ni un cuadro,

pero que él esté lejos de ti.

-Yo no me sentía cómoda con ese hombre a mi lado.

-Lo sé.

Me alegra que él se haya alejado de ti,

pero esto estropea nuestra estrategia.

-Ya sé que nos daba muy buena cobertura,

pero... el precio a pagar era muy alto.

-Tenías que sentirte como en un callejón sin salida.

-Y tanto,

hubo momentos en los que me veía casada con él.

-Yo jamás lo permitiría.

Afortunadamente, es él el que ha roto la relación,

ya no tenemos de qué preocuparnos.

-¿Y tu madre?

Se habrá puesto triste, porque estaba emocionada con este noviazgo.

-Se ha llevado un disgusto, pero no puede culparme de nada.

Esperemos que esto...

nos dé un tiempo de tranquilidad con ella.

-Sí, seguro que nos dará un respiro.

Pero pronto volverá a la carga.

-O tal vez no,

puede que comprenda que no busco pretendientes.

-Me parece un poco ingenuo por tu parte pensar así.

-Yo creo que no.

Llegará un día en el que pueda hablar con ella sinceramente

de todo esto.

-¿Y contarle lo nuestro?

-Sí, tal vez lo entienda.

-Me parece que le pides mucho a una persona tan chapada a la antigua.

-Puede que sea así, pero...

A la postre, ella es mi madre y yo soy su hija,

se supone que busca mi felicidad, ¿o no?

No hay nada que me haga más feliz que estar a tu lado.

-¿De verdad crees que tu madre consentiría lo nuestro?

-Creo que sí.

Está muy hermosa la señora con esos pendientes.

Estoy eligiendo las joyas que voy a llevar en la boda.

En ese caso, si me permite decirlo,

los veo un poco pequeños.

Esa es mi primera intención, no quiero ir demasiado llamativa.

Pero es un día muy especial.

Tiene razón, tampoco puedo pecar de sencilla.

Se ponga, lo que se ponga, la señora estará resplandeciente.

Me siento muy bien,

me ha agradado mucho que Felipe rompiera la carta de Úrsula.

Eso es lo que deberíamos haber hecho todos, no escuchar a esa arpía.

Solo se merece el olvido.

Hay una cosa que me gustaría preguntarle,

es algo que me tiene muy azorada.

Dígame, ¿qué le preocupada?

Me gustaría saber si la señora...

me guarda rencor

por lo que ocurrió en el altillo.

Fue un suceso muy desagradable.

Usted siempre ha sido muy buena conmigo

y yo me comporté de una forma de lo más impropia.

Bueno, Agustina, todos cometemos errores.

Sí,

pero yo nunca debí enfrentarme a usted, y menos delante de todos.

Nunca debimos hacerle caso a Úrsula.

Le dimos alas a ese monstruo.

Es mejor que pasemos página,

por mi parte, ese asunto está resuelto y perdonado.

Le agradezco de corazón su bondad conmigo.

No hay nada que agradecer.

Ahora debemos seguir con nuestras vidas.

Vaya a prepararme algo de merienda, me ha entrado apetito.

Enseguida señora,

pero también quería decirle...

que tengo este crucifijo de plata que era de Úrsula.

Me he pasado por el Monte de Piedad y me darían un buen dinero por él.

Me gustaría gastarlo en su regalo de boda.

No hace ninguna falta que nos haga un obsequio,

dele un mejor uso a ese dinero.

Como diga la señora.

Es usted oro molido conmigo.

Voy a escape a prepararle lo que me ha pedido.

Hasta nunca Úrsula,

ojalá supieras que no siento ninguna pena por ti.

Se ha quedado muy tranquila.

Me alegro, tu madre necesita mucho reposo,

todo esto de las cartas la ha fatigado en exceso,

no quiero que nada la altere.

Se ha lucido usted.

No te entiendo, ¿a santo de qué viene este desplante?

A que no son las cartas lo que de verdad puede hacerle daño,

mucho más grave es lo que acabo de saber.

Hablaba de Julio.

¿Qué te han contado de ese muchacho?

Que es mi hermano.

¿No es cierto? Ese novio tuyo es un chivato,

seguro que ha sido él el que se ha ido de la lengua.

Deje en paz a Emilio, da igual cómo me haya enterado

lo importante es saber si es verdad o no lo que me dijo.

Y viendo su reacción, puedo deducir que es cierto.

No tenías que haber hablado de ese tema con nadie.

Emilio hizo lo que debía.

¿Pensaba llevarse el secreto a la tumba?

No. Estaba esperando el momento justo para decirlo.

¿Qué más sabes de Julio? Todo.

Todo lo que él me ha contado. ¿También has estado con él?

Sí, fui a su pensión.

Teniendo en cuenta nuestro parentesco,

creí que era lo más adecuado.

Me pareció muy buena persona,

es un muchacho muy atento.

Sí, encima resulta que es un buen tipo.

Me contó su historia

y la de su madre y su noviazgo.

También me dijo que su madre había muerto hace poco.

Sí, a mí también me lo contó.

Y lo sentí.

Nunca volví a saber nada de ella, nunca.

¿Ni de la existencia de su hijo? No.

Eso pasó hace muchos años, muchos años.

Si ni siquiera conocía a tu madre.

Jamás supe que Rocío esperaba

un hijo mío, si realmente lo es.

Creo que eso debería hablarlo con él,

estar seguro de si dice la verdad o miente,...

y luego, contárselo a madre.

Temo la reacción que pueda tener.

Peor será si se entera por terceras personas.

Tiene que aclarar este entuerto, se lo merecen los dos:

ser reconocido el uno, si es que dice la verdad, y saberlo la otra.

Es lo que haría una persona de ley y yo le tengo por tal.

Canelita,...

voy a necesitar algo de tiempo para solucionar todo esto

y hacer las cosas bien.

No se demore y tome una determinación.

Padre, yo no espero otra cosa de usted.

Tiene que hacer algo y pronto.

Creía que dormía, madre.

-Es que estaba muy desasosegada

tenía sed y no quedaba agua en la jarra.

Oye,...

¿Qué os pasa? Estáis muy serios.

-Na, hablábamos de Úrsula y se nos ha avinagrado el gesto.

-Hacéis mal, a esa no hay ni que nombrarla.

Vuelva usted a la cama, yo le acerco el agua.

-Sí, y yo te acompaño.

Son muchos los detalles que tenemos que ultimar para la boda.

Y debemos realizarlos con toda celeridad,

no sé si llegaremos a tiempo.

Los últimos acontecimientos

nos han distraído de este asunto tan importante.

Siempre podemos casarnos en una ermita y no decírselo a nadie.

Será como tú quieras.

He pensado que podríamos celebrarla al aire libre,

en un pinar cerca del río,

resultaría muy agradable disfrutar del campo con nuestros amigos.

Me parece bien.

Felicia puede encargarse de las viandas y Lolita de las bebidas.

Hablaré con ella sobre el menú,

será una forma muy original de celebrar nuestro enlace.

Yo me encargaré de comprar las alianzas.

Tengo un amigo joyero que nos hará unos bonitos anillos.

Muy bien. Yo me haré las últimas pruebas del vestido,

estoy muy contenta con la modista que he encontrado.

Me parece perfecto.

Todo debe estar listo para aquel día.

Si no nos distraemos, tenemos tiempo de sobra.

Será una boda íntima, lo que los dos queremos.

Lo importante es que nos casemos, el resto es secundario.

Yo ya he repartido algunos tarjetones con la invitación,

del resto se encargará Jacinto. (ASIENTE)

El cura me ha insistido en que le digamos quiénes serán los padrinos.

Tenemos que decidirlo ya.

No necesito pensármelo. Quiero que Lolita sea la madrina,

pediré a las vecinas que sean mis testigos.

El padrino lo puedes elegir tú.

Mi primera opción era don Ramón pero no me parece lo más adecuado,

también era mi padrino en la boda con Marcia.

Sí,... mejor sería no recordar ese evento.

Se lo podría decir a Antoñito. Me parece lo más adecuado.

Bien, así será un matrimonio el que nos lleve al altar.

Parece que nos estábamos agobiando por nada,

ya está todo listo para el gran día.

Felipe,

estoy deseando que llegue ese momento,

que por fin seamos marido y mujer para el resto de nuestra vida.

Yo también lo deseo.

En fin,...

He de irme a revisar unos documentos, hasta mañana.

Hasta mañana.

(Se cierra la puerta)

Madre, ¿por qué no hay nadie?

Ha cerrado muy pronto, ¿no?

Madre, ¿qué sucede?

-Quería hablar contigo.

-Podía haber esperado a llegar a casa.

-Es un asunto muy serio.

¿Cómo has podido hacer algo así? -No sé de qué me habla.

-Claro que lo sabes, furcia,

eres un demonio cegado por la lujuria.

Has cometido el peor de los pecados.

-Madre, puedo explicárselo.

¡No hay nada que justifique tan terrible falta!

Tú y esa mujer vais a terminar en el infierno.

-No he hecho nada malo, yo amo a esa mujer.

-¡¿Qué?!

¿Cómo puedes decir semejante disparate?

¿Eh?

¿Cómo puedes decir que la amas?

¡Furcia! Te voy...

¡Te voy a enseñar a palos, ¿me oyes?, a palos.

-¿Qué hace, madre? ¡Suéltela!

Se escuchan sus voces desde fuera. ¿Qué sucede?

-¡Tu hermana es una invertida!

¡Déjame!

Déjame. ¡Quita!

(LLORA)

(Suenan las campanas)

No sé cómo pueden comer tantas sardinas los Molina,

se llevan más de 20 latas.

-Se las darán al gato.

-Con lo manirrotos que son, no me extrañaría.

¿Podrás tú sola con todas?

-Con estas y muchas más,

ya sabe que aguanto bien la carga.

Pues cuando acabes,

mira la nota esta, que te dejo apuntados los pedios de hoy,

luego puedes cerrar la tienda.

Antoñito me ha dejao un rato para que organice la tienda,

no quiere que me quede aquí toda la mañana.

-Hace bien,

no puede cansarse demasiado. Yo me apaño sola, no se apure.

-Si me aburro, daré luego un paseo con Carmen.

-¿Ya han arreglado las diferencias entre ustedes?

-Te tenía que haber hecho caso y no abrir esa carta.

Mi suegro tenía razón, todos nos dejamos llevar por Úrsula

y no deberíamos haber caído en sus redes.

-Difícil tarea.

Lo que mejor se le daba a esa mujer era manipular y malmeter.

-Pues sí, en eso era toda una artista,

pero teníamos que haber sido más listos que ella.

-No se culpe,

de alguna manera han terminado derrotándola.

-Si le parece, voy a preparar los pedidos.

Rosina, qué raro se me hace que venga usted a comprar

y no a la Casilda.

-Como que no vengo a eso.

Te he visto y entraba a preguntarte cómo andas.

Y así hago tiempo para que abran el restaurante.

Hoy están tardando un montón.

-Yo sigo como una rosa,

aunque el niño me da unas patadas,

que parece que quiera jugar al balompié.

-Normal, debe estar deseando salir.

-¿A ustedes cómo les va con la galería?

-Bien, bien, hemos vendido otro cuadro

a un aristócrata.

Vendemos poco, pero a gentes de alta alcurnia.

Buenos días.

Quería preguntarles si han recibido las invitaciones de boda.

Sí, yo ya la tengo.

-Y yo, estoy deseando que llegue ese día.

Me alegro de que ya las tengan, quiero que salga todo perfecto.

-Se la ve radiante.

Es que estoy muy feliz, más que nunca en mi vida.

-Buenas.

Felipe me ha devuelto la alegría,

juntos vamos a llevar una vida plena y dichosa.

Ya tenemos todo listo para el enlace,

hoy mismo me haré las últimas pruebas del vestido

y iremos a elegir el ramo.

Lolita,...

también tengo que pedirte algo de mucha importancia para mí.

-Si está en mi mano, cuente con ello.

Creo que así será.

Me gustaría que fuera la madrina de la boda.

-¡Uh! (RÍE)

Qué sorpresa, ¿verdad?

Cualquiera hubiera elegido a alguien con más fuste en el barrio.

Lolita me parece la más adecuada.

-Es un honor.

No esperaba que me propusiera algo de tanta enjundia.

Espero no fastidiar la ceremonia con los nervios.

No tendrá que hacer mucho,

acompañarnos a Felipe y a mí al altar y poco más.

-Bueno, seguro que te sale bien. Será una boda preciosa.

(RÍE) Y luego vendrá lo mejor,

Felipe ha buscado un pequeño hotel en las montañas

para celebrar el viaje de novios.

Uy, uy, me da que no verán muchas montañas.

De eso no tenga duda.

(GENOVEVA RÍE)

Todavía no me lo puedo creer,

llevo toda la mañana mordiéndome la lengua

para que mi madre no note nada.

Aprovecha que no están tus padres en casa para desahogarte.

Es que no puedo creerme que tenga un hermano,

que he sido hija única toda la vida.

¿Quién iba a pensar algo así de tu padre?

Ha sido una sorpresa muy grande para todos.

Una sorpresa es que te hagan un regalo o que te inviten a cenar,

esto es un terremoto.

Llámalo como quieras,

pero el caso es el mismo, que tu padre ha tenido un hijo por ahí.

En su defensa tengo que decir que él no sabía nada.

Y...

ahora que conoces al muchacho, ¿qué te parece?

Estuvimos un buen rato hablando. Me contó toda su vida.

Por lo que sé, tu padre y su madre fueron novios

hasta que don José se fue al Ejército.

Sí,

unos meses después de que mi padre se fuera, nació él.

Y su madre nunca le dijo nada a tu padre, ¿no?

Eso me ha dicho Julio.

Ella se casó con otro hombre antes de que el embarazo fuera evidente.

¿Y ese hombre crió a tu hermano?

Sí, un tipo de pocas luces que le hizo trabajar desde niño.

Descubrió la verdad en el lecho de muerte de su madre

y, desde entonces, buscó a mi padre para conocerle.

Una historia terrible.

Me ha parecido una buena persona, no quiere hacer daño a nadie,

solo quiere saber quién es su padre.

Ya. No se le puede censurar por eso.

¿Sabes qué?

Cuando hablaba con él, no dejaba de pensar en mi padre,

me acordé de aquello que me dijiste,

el gracejo al hablar y sus gestos y maneras son muy parecidos.

Natural, es sangre de su sangre.

Amor, ¿piensas que he hecho bien en ir hasta su pensión a conocerle?

No sé,

supongo que sí.

Lo que sí me ha dolido es que mi padre me ocultara semejante asunto.

Me lo tenía que haber dicho desde que supo de la existencia de Julio.

Cinta, es un asunto que no es fácil para tu padre,

tienes que entender que esté desconcertado.

No le defiendas, también estoy enfadada contigo.

¿Conmigo? ¿Por qué?

Tú lo sabías y no me dijiste nada.

Ya te lo he dicho,

si no te lo he contado es por respeto a tu padre.

Pues lo tendrías que haber hecho.

Pues nada, lo siento.

En otra ocasión, lo tendré en cuenta.

No creo que haya otra ocasión como esta,

bastante es que a mi padre le haya aparecido un hijo.

Ahora, lo que me preocupa

es que mi padre se comporte con él correctamente,

me parece que no lo está haciendo.

Cinta, eso es cosa suya, no debes meterte ahí.

Emilio,... mi padre es una persona de ley,

ese chico se merece algo más que una palmada en la espalda.

También pienso que mi madre debería saberlo.

No sabemos cómo va a reaccionar tu madre.

Ella es temperamental, pero seguro que lo entenderá.

¿No crees?

No lo sé, Cinta, ahora mismo tengo muchas cosas en la cabeza.

¿Qué te pasa? ¿A qué viene ese exabrupto?

A nada.

No te creo, llevas toda la mañana más seco que la mojama,

algo gordo te preocupa. Te he dicho que no me pasa nada,

no seas pesada.

Me voy al restaurante.

¡Menuda visita más desaboría me has hecho!

(Se cierra la puerta)

Uy. -Buenas.

-Buenas.

Muy pronto estás de vuelta.

-Lolita me ha dicho que después de hacer los pedidos cerrara la tienda.

-Poco negocio va a hacer así.

-No se crea,

con los pedidos gana buen dinero,

y mejor que descanse si no quiere que se le adelante el parto.

-Poco se le va a adelantar, pa mí que lleva más de nueve meses.

-Ella dice que se le ha pasado volando.

Ya falta poco.

-Anda, siéntate a la mesa y tómate un chocolate que acabo de preparar,

te convido. -¿Y eso?

-Para endulzarnos la vida, hija.

No hace falta ser un lince pa darse cuenta de lo triste que estás.

-La verdad es que me vendrá bien tomar algo.

-Pues anda, siéntate.

Tienes que animarte, hija.

Mira, el barrio vuelve a ser el que era después de lo de las cartas.

Da gusto pensar que esa mujer no volverá a hacernos daño.

-Sí, supongo que ahora todo marcha mejor.

-Aquí huele a chocolate. -Vaya, hombre...

Si tuviera usted el mismo olfato para el trabajo que para la comida,

tendríamos la pensión impoluta.

-No sea rancia, que vengo molido de hacer sus recados.

-A otro perro con ese hueso,

que sé que ha estado media mañana en la taberna del manco.

-Pa ver cómo iban las cosas.

-Y a tomarse unos chatos. -¿Me va a poner ese chocolate o no?

-Sí, pero solo para dejar de oírle protestar.

Ahora vengo.

-Menos mal que se ha ido. Quería comentarte algo.

-¿Qué ocurre?

-Creo que tu marido sigue buscando al hombre que le atacó.

-¿Qué? -Sí, sí.

-¿Cómo lo sabe? -Él mismo me lo confesó el otro día.

Le vi agazapado en la pérgola

y luego salió acompañado de un hombre.

Y ahora mismo, me lo ha confirmado un pollo.

-Servando, no me diga eso, por favor.

-No pensaba contártelo para no ponerte mal cuerpo,

pero he decidido decírtelo

para ver si tú dices algo y desistes.

-A mí no me va a hacer caso.

-Algo más que a mí te hará.

Yo se lo he dicho varias veces, pero erre que erre.

Y le voy conociendo. Me barrunto

que no parará hasta hacerse con el tipo que quiso darle matarile

y, esto puede acabar en tragedia.

-No tenga duda, si lo encuentra, van a acabar muy mal.

-Eso desde luego. No para de ir

por las tabernas de mala muerte

y preguntando a todos los facinorosos.

-Gracias por contármelo.

Veré qué puedo hacer, si es que puede hacer algo.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Ya se ha ido la chiquilla? Si apenas ha probado el chocolate.

-No se preocupe,

que yo me tomo el suyo y el mío, no vamos a tirar

el chocolate.

Hm...

Menos mal que te tengo para charlar, estoy aburridísima sin trabajar.

-¿No te has dao un paseo con Carmen?

-Sí, pero me he vuelto antes de tiempo, me he cansao un poco.

-Tu esposo tiene razón, ya no estás pa muchas alegrías.

-Estoy preñá, no soy una abuela.

-Con lo bien que se está mano sobre mano,

lástima que estés para andar enredando.

-En la tienda, además de trabajar, una se entera de lo que pasa.

Hoy ha venido Genoveva presumiendo de su boda, y delante de Marcia.

-Le ha tenido que sentar a cuerno quemao.

-Figúrate, peor que si le pegan un tiro.

No es bueno que te restrieguen la boda que tú no has tenido.

-Una pena lo que le ha pasao a Santiago.

Si no hubiera ocurrido nada, ya estarían en Cuba

y Marcia estaría intentando olvidar al menos,

o no viéndolo, como está aquí ahora.

-A ver si se recupera pronto y pueden irse.

-Sí, eso será lo mejor para los dos.

-¿Y por aquí que tal marchan las cosas?

-Veo a mis señores muy nerviosos.

-Eso en Rosina no es ninguna novedad.

-El que está más nervioso es don Liberto

y, eso sí que me escama.

-Será por los cuadros de desnudos de su galería,

que está siendo todo un escándalo.

-Ya. Yo he decidido que no voy a ir a la galería,

no quiero que piensen de mí que soy una descará.

-No es pa tanto, anda que no se han pintao cuadros con mujeres desnudas,

en el Museo del Prado hay uno muy famoso.

-¿Y tú como estás? ¿Sigues con tus miedos a parir?

-Después de hablar con Antoñito, se me ha pasado un poco,

pero tranquila no estoy.

Me entran mariposas en el estómago cada vez que pienso en la comadrona.

-Mujer, seguro que va a ir bien.

Con lo robusta que eres,

el niño va a salir a presión.

Por eso me gusta venir aquí, se me olvidan los miedos.

-Una, que ya es útil pa algo.

Ya verás como todo va a ir bien, Lola.

(Puerta)

A las buenas. ¿Se puede? -Pa chasco que sí, señá Carmen.

-Te andaba buscando y Jacinto me ha dicho que estabas aquí.

-¿Qué es lo que trae?

-¿Esto? Pues nada,

que cuando has marchado, he entrado en una pastelería

y he comprado un bizcocho de chocolate con nueces.

-Uy, uy, uy, Carmen, qué pinta tiene esto.

¿A qué se debe este dispendio?

-Después de los días tan malos que hemos pasado

con lo de las cartas y eso,

me apetecía celebrar que ya se había pasado todo.

Y como me he enterado que estabas aquí de tertulia,

he pensado que podíamos compartirlo con Casilda.

-Me parece fetén.

Voy a preparar una achicoria,

nos la vamos a tomar las tres aquí, como en los viejos tiempos,

cuando ustedes no habían progresado y eran criadas como servidora.

¿Se está preparando para dar un paseo?

Sí, hija.

Tomar el sol es lo que más me apetece últimamente.

¿Y padre no la acompaña?

Ha ido al mercado a ver si encuentra un pescado que sea de nuestro gusto,

lo que no es tarea fácil.

¡Cuánto vamos a echar de menos a Arantxa!

Sí, muchísimo.

Tu padre va a enseñar a Marcelina a preparar la receta.

A mí me parece muy optimista, nunca le va a salir como a ella.

No, nunca nos van a saber los guisos igual.

No. Han sido mucho años los que ha pasado Arantxa

cocinando para nosotros.

Y no solo cocinando, que la ha ayudado mucho.

De no ser por ella, no sé cómo hubiéramos podido salir adelante.

Con lo difícil que es la vida del artista,

a veces se precisa de alguien que ponga orden.

No lo sabes bien,

que una se pierde en su arte

y deja de ocuparse de los asuntos cotidianos.

Vamos, que se puede olvidar una hasta de que se tienen hijos.

Hombre, yo no diría tanto.

Se trata de una vida muy sacrificada,

siempre de un lado para otro, pero tienen sus ventajas.

¿No se arrepiente de haber elegido esta vida?

No, por supuesto que no.

De joven no tenía mucho donde elegir.

Con tanto descontrol,

me figuro que habrá historias tremendas entre los artistas.

¿A qué te refieres?

No sé, a amantes, traiciones, infidelidades...

Pues sí, no es mi caso,

pero hubo muchos asuntos entre mis compañeras y compañeros.

Y, madre...

Ayúdame.

¿Hubo alguna que tuviese un hijo secreto?

¿Hijos secretos? Sí, ilegítimos.

Bueno, supongo que alguno hubo,

algo totalmente aborrecible, tanto para el padre como para la madre.

Es una vergüenza terrible verse involucrada en algo así,

pero ¿a qué viene esa pregunta?

A nada, como me planteo dedicarme a este mundo,

quiero saber los peligros y riesgos que puedo correr.

¿No le parece sensato?

No, no, sí, lo veo bien, hija,

pero si te comportas decentemente, no correrás ningún riesgo.

Descuide, que haré lo que me dice. Eso espero,

que como se te ocurra quedarte preñada antes de tiempo,

aquí arde Troya. Sosiéguese, madre,

yo tengo las ideas muy claras.

Pues ¿a qué viene tanta pregunta sobre hijos fuera del matrimonio?

Simple curiosidad.

¿Ya ha pensado si me va a dejar hacer la gira?

No lo tengo muy claro. Ayúdame.

Madre, usted está mejor, muy pronto podremos viajar juntas.

Bueno, eso ya lo hablaremos.

Marcho, que tengo un asunto pendiente.

La acompaño, yo también quiero tomar el sol.

No ganamos para celebraciones en este barrio,

en breve ya, la boda de don Felipe.

-Esperemos que está salga mejor que la anterior.

-Me extrañaría que apareciera alguien para aguar la fiesta.

-Para curarse en salud

van a hacer una ceremonia con muy pocos invitados,

así que nos quedamos sin convite.

-Tampoco nos iban a invitar aunque fueran cientos,

doña Genoveva es mu suya. -Y me da que algo agarrá también.

-No como su futuro marido, don Felipe,

que nos va a dar una propina pa que nos convidemos.

-Es lo menos que puede hacer, rascarse el bolsillo.

-Pa eso tienen cuartos,

nosotros estamos esperando a la cuarta pregunta.

-Todos deberían ser al menos tan generosos como el abogado.

-¿Por quién lo dice?

-Por los Domínguez, sin ir más lejos,

que deberían pagarle a Marcelina por prepararles las comidas.

Pa mí que está haciendo el canelo.

-Pa quien yo cocine o deje de cocinar no es asunto suyo,

ni de nadie.

-Me parece bien que les ayudes, pero me joroba que peques de tonta.

-De eso na, que cada vez que voy, me dan dos pesetas,

casi un jornal.

-De eso no sabía na,

¿qué pensabas hacer con el dinero?

-Gastárselo en fruslerías.

-Tiene usté la boca más grande que la de un buzón de correos,

ca vez que habla sube el pan.

-Te pica porque no he pinchado en hueso.

-Pues anda usté errado con hache y sin hache.

Ese dinero lo quería emplear en comprarle unos botines a mi marío,

pero ya me ha jeringao la sorpresa.

-¿Para mí? -Claro, mi vida.

-Hay que ver qué mano tiene, no se nota nada el zurcido

que me ha hecho a la falda que llevaré a la boda.

-Eso no tiene mérito ninguno,

solo hay que echarle un poco paciencia.

-Perdonen,

ya que estamos todos,

me gustaría hablar del regalo para las nupcias de mis señores.

La señora dice que no quiere nada,

pero a mí me parece mal que no llevemos nada de nuestra parte.

No sé qué regalo tenemos que hacerles si no nos han invitado.

-Va a ser algo muy íntimo, apenas van a ir cuatro gatos.

-Podemos regalarles un discurso de esos que salen del corazón

con sentimiento, así lo finiquitamos y sin gastar una peseta.

-De eso nada,

que ya le preparó un discurso a Felipe cuando se iba a casar

con Marcia, y la cosa salió rana.

-Pa mí que les echó el gafe.

-Que yo no le doy mala suerte a nadie.

Y mide tus palabras,

a ver si ahora vas a difundirlo y hundes mi buena reputación.

-Yo soy de la opinión de Agustina y de Fabiana,

no podemos ser roñosos,

algo habrá que comprarles.

-Además de los presentes, seguro que Casilda pone algo.

-No entiendo por qué tenemos que comprarles algo

a los que lo tienen todo. Debería ser al revés,

ellos deberían comprárnoslo a nosotros.

-Deje de decir enormidades y afloje la mosca.

-La mosca, la mosca...

Tendremos que escribir a Arantxa y a Cesáreo

para que manden dinero, así tocamos a menos.

Hala, ahí está, mi mosca.

Date prisa, que no llegamos a la comida.

-Voy lo más rápido que puedo, pero no me quite los cubiertos así,

que es la segunda vez que casi me corta con un cuchillo.

-Tienes razón, voy como pollo sin cabeza.

¿Está así por lo de Camino?

-¿Por qué otra cosa iba a estarlo? Lo de tu hermana no tiene nombre.

Bueno, sí que lo tiene, pero no quiero pronunciarlo.

-Sigue encerrada en su habitación.

-Así es, por mí como si se queda toda la vida.

-No pueden estar así siempre.

-Eso es asunto mío, tu céntrate en el trabajo.

-Sí, eso es lo que tenemos que hacer,

estar parados respecto a ese asunto

y esperar a que se sosieguen los ánimos.

-No tienes razón, a mí sí se me ocurre qué hacer.

-¿En qué está pensando?

-Buenos días. -Buenas.

-Estoy muy feliz,

siendo invierno, qué calorcito más bueno hace en la calle.

-Será que el invierno va a ser corto.

-Ojalá, yo tengo nostalgia de los inviernos templaos de mi tierra,

en los que solo te tienes que poner un chal si hace fresco.

-Suerte que tienen los andaluces.

Me figuro que no ha venido a hablar de lo bien que se vive en el sur.

-Doña Bellita, disculpe a mi madre,

hoy se nos ha dado mal la mañana y vamos con mucho retraso.

-En ese caso, iré al grano.

Quiero disculparme por el rifirrafe que tuvimos a cuenta de Úrsula.

-Eso es agua pasada, ya lo resolvimos,

y no merece la pena darle más vueltas a este asunto.

-No le falta razón, pero quería decírselo,

que no es bueno guardarse estas cosas dentro.

En estas cosas, lo mejor es no quedarse callada,

decir todo lo que se piensa y quedarse a gusto.

-Si me disculpan, tengo que marcharme,

tengo un asunto urgente que atender.

-Pero madre, ¿qué pasa con las comidas?

-Encárgate tú, hijo. Con Dios, Bellita.

-Con Dios.

Entiendo que ha aceptado mis disculpas, ¿no?

Hay que ver qué peculiar es tu madre.

-Discúlpela, tiene muchas cosas en la cabeza.

Si quiere, tome asiento en la terraza,

ahora mismo le saco un aperitivo.

-Os dejo solos, tortolitos,

para que habléis de vuestras cosas.

Tráeme lo de siempre, mi alma. -Muy bien.

# A la nana, nananita.

# A la nanita le haremos

# una chocita en el campo

# y en ella nos meteremos.

# A dormir van las rosas

# de los rosales,

# a dormir va mi niño

# que ya es muy tarde.

# Duérmete, niño, mi hijo,

# sin despertarte.

# Entra junto a la cuna, vela a tu madre...

# A la nana, nananita.

# Ciérrame bien los ojitos,

# que es madrugada. #

(Timbre)

(Timbre)

Ya voy.

Le agradezco que haya acudido a esta cita.

-¿Qué quiere de mí?

-Busco a un tipo que es amigo suyo.

Es el dueño de esto. -No sé de qué me habla.

-Será mejor que haga memoria

o le mato con este mismo puñal.

-A mí no me venga con amenazas.

-¿Qué haces con ese puñal, Santiago? -¡Marcia!

-Déjame ir o lo paga ella.

-¿Tú sabes la historia que hay detrás de esa nana?

-Yo solo sé que mi madre...

me la cantaba antes de dormir.

-Mi más sentido pésame.

Suelta el cuchillo.

-Lo dejo.

-¡Usted se ha aprovechado de mi hija, del dolor que lleva dentro!

¡Sí, se ha aprovechado!

-¡Jamás me aprovecharía de Camino, jamás!

Intenté cuidarla, ¿sabe por qué?

Porque la quiero.

-No vuelva a acercarse a mi hija.

¿Crees que Úrsula me contaba algo sobre Genoveva en la carta?

No debe de ser fácil enterarse de repente que se tiene un hijo.

Y bien crecidito que está.

Tampoco lo es para mí saber que tengo un hermano.

¿Ha limpiado la papelera?

No, señor.

Tan solo dígale a Camino que me arrepiento

de haber roto con nuestra amistad.

-Se lo podía haber pensado antes.

-Fue un arrebato.

¿Le van a decir a la señora lo de la criatura?

Marcelina, que Julio ya está en la mili.

Ya me entiende.

Mi padre va a esperar un poco. ¿Y si la señora se entera?

Mi madre no puede salir de casa. Sí.

¿Se fueron Marcia y Santiago?

-Hasta que no se le curen las heridas a Santiago no se van a ir.

-¿Qué heridas? -¿Adónde crees que vas?

-¿Tampoco me deja salir?

-Depende de con quién y a dónde.

-Con quien me dé la gana y a donde me plazca.

-No mientras sea tu madre.

(SE QUEJA)

(SE QUEJA)

-¿Qué pasa? -Rediez.

Mira que lo sabía. (SE QUEJA)

-Lolita, ¿qué te ocurre? -Casilda, trae la silla.

Genoveva,...

¿sabes algo de la carta que me mandó Úrsula?

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Acacias 38 - Capítulo 1191

31 ene 2020

Felipe está a punto de leer la carta de Úrsula, pero la rompe. La pareja ultima los preparativos de su boda. Santiago se enfrenta a un tipo que cree que puede llevarlo hasta el sicario que amenaza de muerte a Marcia.

Tras la revelación de Liberto sobre la relación de Maite y Camino. Felicia le pide explicaciones a Camino le acaba pegando un tortazo.

Cinta le dice a su padre que sabe que tiene un hijo secreto. Sigue impactada con la noticia de su hermano y se desahoga con Emilio. Intenta sondear a su madre sobre lo que piensa de los hijos fuera del matrimonio. Jose visita a Julio por sorpresa y tienen un emotivo momento padre e hijo.

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  1. Victoria

    La decisión de Felipe de no leer la carta de Ursula es totalmente incomprensible; cómo es posible que un hombre inteligente, que no está enamorado de la mujer con la que va a casarse y que tiene dudas constantes sobre ella, no le extrañe la insistencia que demuestra Genoveva en que él no lea lo que dice esa carta. Por si ésto fuera poco, la insistencia de Agustina en seguir entrometiéndose en la vida de "su señor" y la adulación y servilismo que demuestra hacia Genoveva hizo el resto ... lo que Agustina no se imagina es que esa arpía irá a por ella en cualquier momento.

    31 ene 2020