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5492014
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1186 - ver ahora
Transcripción completa

En primer lugar, me gustaría agradecerles su gentileza

por haber dedicado parte de su tiempo en asistir

a la exposición de esta gran artista, doña Maite Zaldúa.

No sé dónde vamos a encontrar otra criada.

Hay muchas que vienen del pueblo dispuestas a servir.

Pero no va a haber ninguna tan buena como Arancha.

Eso es otro cantar.

Me vuelvo a mi tierra.

He aceptado la herencia de mi tía Sorkunde.

Venga conmigo a mi tierra.

Por supuesto, nos casaríamos antes de llegar allí.

No vamos a pensar que vamos a vivir en pecado, claro que no.

-No puedo marcharme, así, ahora.

¿Soy libre? Así es.

Por fin se ha hecho justicia.

Ya no pesa ninguna acusación sobre ti.

Un pequeño obsequio.

¡Ay, ama!

Es...

Es una preciosidad.

Lo voy a guardar como oro en paño.

Me cuesta creer que todo termine tan bien.

-Ya me ves, estoy más libre que un gorrión.

Fabiana me ha contado que Arancha le ha propuesto

que se marche con ella. ¿Se va a quedar en la ciudad

y va a perder a la mujer que ama?

Es una pena. -¿Una carta para mí?

¿Qué pasa, va de viaje o qué?

-Al norte, a un caserío.

Si todavía sigue en pie su oferta, claro.

¿Me acepta o no?

-¡Pues claro que sí, tonto!

(Vítores)

No puede ser.

-¿Cómo le fue con Julio, es cierto lo que decía?

-Sí, es muy posible que sea mi hijo.

Su madre es una antigua novia que tuve en mi pueblo natal.

Una muchacha a la que amé, pero con la que no tuve compromiso.

Ni Cinta ni Bellita pueden enterarse de esto.

Una noticia así destruiría esta familia.

Con Dios.

¡Eh, eh!

¡Ah!

¡Ayuda!

¡Ah!

-¡Alto a la autoridad!

¡Alto!

¡Ah!

¡Oh!

¿Está bien?

-Me han sirlado.

-Dos puntazos.

-¿Es grave?

-No lo parece. -¡Ah!

Ayúdeme. -Sí.

Vamos.

Vamos a la casa de socorro, por si tienen que coserle.

¿Conocía al navajero?

¡Oh!

Qué bonito París. Tenemos que ir de visita.

-Ay, sí, mi hermanita.

Lola, la foto, cuidado.

-Perdón.

-Naturalmente que estoy interesado.

No he visto pintura más refrescante desde las majas de Goya.

-Yo mismo podría pasarme por su domicilio,

cuando le venga bien, y cerramos el acuerdo.

-Me parece una idea excelente.

-Supongo que no le importará

esperar un poco para recibir el cuadro. Me explico.

Preferimos que la obra siga aquí hasta el fin de la exposición.

-Incluso la demora me puede venir bien.

No sé si colgarlo en casa o en el pabellón de caza.

(RÍEN)

-Mire, ya han dejado libre a la artista.

¿Quiere que se la presente? -Nada me agradaría más.

-Maite.

-Nuestra perceptiva pintora.

-Maite, el señor Marqués de los Pontones.

-Es un placer y un honor conocerle, señor.

-El honor es todo mío. ¿Señora o señorita?

-Señorita, por favor.

Camino, nos vamos.

-Espere un poco, madre.

-No quiero estar más aquí.

-Será un momento, pensábamos ir a felicitar a Maite.

-He dicho que nos vamos.

Aunque no convenga a mis intereses de comprador,

en cuanto vi el desnudo, me puse en contacto con don Liberto

para interesarme en su adquisición.

-Es un gran halago para mí.

-No se preocupe por sus intereses de comprador.

Alcanzaremos un acuerdo beneficioso para ambos.

-Estoy seguro.

Lo primero que me atrajo de su obra fue su valentía.

No, su valentía, no, su temeridad.

Temeridad...

Audacia, astucia, temeridad.

-¿De veras? -Bueno, en conjunto,

toda la exposición.

No ha pasado desapercibido para ningún visitante.

-Bueno, conmover es uno de los objetivos de mi obra.

-Y escandalizar.

-A los escandalizables.

(RÍE)

Me agrada usted, señorita. Y mucho.

¿Tendría usted inconveniente

en que nos reuniéramos para hablar sus cuadros?

-Ninguno, estoy a su disposición.

-Bien, pienso que, además, intentaré sacarle

los chismes que corren por el ambiente artístico de París.

-Alguno conozco, sí.

-Estaba seguro. Me vendrán de perilla

en mi próximo viaje a la ciudad de la luz.

Pienso dejar patidifusos a mis contertulios

con esa información tan privilegiada.

-Tiene mucho sentido del humor, señor marqués.

-No, me limito a no vestirme de negro

y a no ponerme esos ridículos repollos.

(RÍE)

(RÍEN)

-En fin.

Parece que ha sido una velada gratificante.

Me atrevería a adelantar que algunas críticas serán buenas.

-Nunca se sabe, don Liberto.

Nunca se sabe en este erial que tenemos por patria.

-He hablado con un crítico y se deshacía en halagos.

Era...

¿Cómo se llamaba? Esteban de Julián.

Tal vez le conozca usted.

Permítame que le enseñe las obras.

Esto se está acabando.

-Se está acabando, no, se lo está terminando usted.

Es un zampón.

-¿Cómo no ha de aceptarte de nuevo?

Pues claro que sí.

Lolita es muy agradecida. Y en tu caso, razones tiene.

Le has sacado adelante el trabajo en un momento muy delicado.

-Ni siquiera puedo decirle cuánto me voy a quedar.

-Trabajarás en la mantequería el tiempo que sea menester.

-Es que tampoco tengo todo listo para embarcar.

-Deja ya de hacerte cábalas, mujer.

Empiezas a laborar y cuando te tengas que marchar, te marchas.

-Esto es una hemorragia.

-¿Lo qué?

-Lo que quiere decir Servando es que nuestros amigos se van

por parejas, como los guardias civiles.

-Y ninguno cerca.

-Calla, Jacinto, que me vas a hacer llorar.

-Prima, tú no te preocupes.

En cuanto ahorremos, nos vamos a Cuba a ver a Marcia.

Jalar y viajar, todo es empezar, prima.

-Casilda, prométemelo.

Yo llegué sola a este barrio.

Y ahora les tengo a ustedes.

A todos ustedes.

No sé cómo voy a poder agradecérselo.

-Podríais quedaros.

-Sí, o en la pensión, siempre habrá un hueco para vosotros.

-Es mejor marchar, lo saben bien.

-Claro que sí, hija. Eso lo sabemos todos ya.

-Es mejor viajar, pero...

No tan lejos.

Si a Santiago le gustaran las ovejas, él y yo podríamos...

-Por cierto, ¿Santiago dónde está?

-Ha bajado a por más pimple.

-Pero de eso hace un buen rato. -Voy a ir a buscarle.

Y le explico lo del rebaño a medias. Ahora vuelvo.

¡Ay, ten cuidado! -Eh, eh, eh.

-¡Santiago! ¿Qué es eso? -Está bien.

-¿Qué ha pasado? -¿Qué te han hecho?

-Se ha cruzado con un navajero en plena calle.

-Pero ¿le ha pinchado? -Un par de raspones.

El segundo cala más.

-Hay que llevarte a la casa de socorro.

-Ya se lo he dicho. -Quería verte.

-Nos vamos.

Nos vamos ya. ¿Quién ha sido?

-No le conocíamos. -Alguien que quería unos cuartos.

-No quiero ofender, pero no tienes pinta de llevar mucho encima.

-Yo marcho con vosotros. -De verdad que no.

No hace falta. Mira, Marcia, hacemos una cosa.

Me haces una cura y si vemos que lo necesito,

me llevas al médico. ¿Te parece bien?

Y ustedes no hace falta que digan nada.

No vale la pena asustar al barrio. -Vamos, vamos.

¿Con dos pinchadas no vale la pena

avisar a nadie?

-Es muy tozudo. -Esto es muy raro.

Pues tenías que haber visto al marqués hablando con Maite.

Se deshacía en halagos.

Sí, ya sé que me vas a decir que de halagos no se come.

Pero ahora viene lo mejor.

Ha comprado un cuadro y no descarta comprar más.

-Café recién colado.

-Casilda, dile al señor que no me importa

un ardite lo que está diciendo.

-Señor, que dice la señora que no le importa un...

-¡Comino, bledo, pepino!

-Eso.

Señor, dice la señora... -Casilda, ya está bien.

Ya está bien.

Déjanos solos.

¿Y bien? -¡Eres un mentecato!

-Vamos a ganar dinero.

-Has vendido tu alma al diablo.

-Con los cuadros.

-¿De qué nos sirve el dinero

si nos van a señalar por sicalípticos?

-¿Sicalipsis, Rosina? En el arte no hay sicalipsis.

-¡No hay puñetas! -Esos cuadros...

-¡No los llames cuadros! ¿No tienes vergüenza?

Esos cuadros son una indecencia, una llamada a la lujuria.

Una llamada con trompetas, con trompetones. Un escándalo.

-No será para tanto cuando el marqués...

-¡El marqués de los trompetones! ¡Es marqués!

Al señorito le da igual el escándalo.

A nosotros nos lo echarán en cara.

-Rosina, por favor, razona.

Somos marchantes, comerciantes, vamos.

Ni entramos ni salimos en el contenido de las obras.

Tiene sus riesgos, como todos los negocios.

¡Saldrá en los periódicos! -Mejor, más gente vendrá.

Y saldrá en los periódicos que el marqués ha comprado un cuadro.

Tendremos la galería llena de aristócratas.

-Como si entre la aristocracia no hubiera guarros.

Pero ese no es el asunto. Deberías habérmelo dicho.

-Cuando tienes razón, hay que dártela.

Y tienes toda la razón.

Lo siento mucho, perdóname.

-Bueno, ya se verá cuando hagamos las cuentas.

¿Qué, triste?

-Amargado.

-Él tampoco está contento.

-Tampoco esperaba que me invitase a cenar, que no soy lelo.

Pero me trato como a un perro.

Solo le faltó darme un puntapié para que me apartase.

-Y se arrepiente. Sabe que fue injusto contigo.

-Injustos son los sargentos.

Don José fue un malaje.

-Ha estado hablando conmigo.

Y sintió miedo de que doña Bellita se enterase

y pudiese poner en peligro su restablecimiento.

-Yo no quiero poner en peligro nada.

-Mira, Julio, aparte de la enfermedad, han tenido

algunos malentendidos en su matrimonio.

-¿De verdad cree que quiero decirle algo a la señora?

Yo no quiero causarle problemas a nadie.

Ni a él, ni a su familia ni al Cristo que la fundó.

-Pero el señor Domínguez eso no lo sabe.

Julio, dime la verdad.

¿A qué has venido exactamente?

-Exactamente, a nada, a la vista está.

-La familia Domínguez tiene un pasar, pero no les sobra.

-Oiga, que yo no quiero sus perras.

Ni sus perras ni su nombre.

Lo único que quería era conocerle.

Mi madre me habló de lo buena gente que es, la gracia que tiene.

Yo qué sé.

-Tu madre...

Tu madre te habló de él.

-Antes de...

-¿Quieres decir que ella...?

-Sí.

Ella murió hace bien poco.

Por eso me decidí a buscarlo.

¡Maldita sea la hora!

-Bueno, no desesperes, hombre, ten paciencia.

Si no te dejas ver en un tiempo,

él te va a buscar, es muy buena persona.

Y tiene a tu madre en alta estima.

-Ya, claro, por eso no volvió.

-El ejército, las circunstancias.

-Ya lo sé, si es que ya lo sé.

Ese pueblo está gafado.

Allí no hay trabajo ni para el boticario.

Mira, aguardaré unos días.

Si él quiere, nos veremos. Si no, pues hasta nunca.

-Todo se encaminará. Ya verás.

¿Eh? -Los pies.

-La cosa es no dejarle a uno tranquilo, leche.

-Encima...

-Buenos días. -Buenos días.

-Buenos días.

Enseguida les traigo un par de chocolates calientes.

-Gracias, Fabiana.

-Somos tres.

-Pero yo no soy de números.

(RESOPLA)

-¿Y qué, Santiago, le duele? -Apenas.

-Diga que no. Se ha pasado toda la noche quejándose.

-Eso era para que me consintieras.

-¡Ay, no tiene usted cuento, amigo!

Aquí están. -¡Mm!

-¿Y mi chocolate?

-Ah, lo están sembrando.

(Puerta)

-¿Cómo va eso?

-Pues regular. -Bien.

Los rasguños no se han hinchado.

-He estado hablando con un colega del barrio que linda

y no ha visto nada sospechoso.

-Son muy listos los rateros.

-Este será listo, pero despistado.

He encontrado esto en el lugar de los hechos.

Estaba a punto de caer en la alcantarilla. Tómelo.

Como recuerdo de que salvó la vida.

-De recuerdo, nada. Este puñal se va a la comisaría.

-Marcia.

No voy a denunciar nada. -¿Cómo que no?

Seguro que no lo pillan, pero hay que denunciar.

-¿Todavía creen en la ley y en la justicia?

No tienen más que mirar a Marcia

para saber lo que se puede esperar de la justicia.

-Está libre. -Sí.

Después de pasar angustias sin fin.

Nada de Policía y si se diera el caso,

ya me arreglaría yo con el culpable.

-Tú te quedas tranquilito.

Si no, tendrás que vértelas conmigo.

-Un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer.

Voy a descansar un rato.

Estate atenta, que es capaz de hacer una tontá.

-En fin, llegó el momento.

-¿Ya se marcha usted?

-Así es la vida.

-Le costó, pero se decidió.

A mí me parece muy bien.

-Es la mujer más mujer que he visto en mi vida.

Mejorando lo presente, claro.

-A mí no me mejoran ni las gachas con torreznos.

Ande, deme un abrazo, sereno.

Cuídemela, ¿eh? Cuídemela.

-Como si fuera mía.

Y tú, muchacha, ven aquí.

-Al mío ya me lo ha cuidado. Muchas gracias.

-Mucha suerte.

-Las tiene, como usted dice, en su punto y sereno.

(RÍE)

Venga a mis brazos, cataplasma.

(RÍE) ¡Ay!

"En otros lares, quizá llamen a eso arte.

Ni lo sé ni me importa.

Espero que esos gustos jamás atraviesen

las fronteras de esta nuestra España.

Pero, además, en este caso no se trata solo

de lo que entendemos por gusto.

Hay algo más, la crudeza, la sordidez de algunos cuadros

era algo inédito en nuestra piel de toro".

-Desde luego, se despacha bien a gusto.

Un poco ultramontano.

Tiene cierto tufillo a cura trabucaire.

-Sin llegar a estar de acuerdo del todo,

sí que debo decir que comparto en algo su opinión.

No tengo nada que decir en cuanto a la ejecución

de las pinturas, pero algunos de los cuadros

tenían motivos que...

Que a mí me parecen demasiado modernos.

-Pero ¿qué modernos, padre?

Los griegos ya esculpían desnudos y son la cuna de la civilización.

-Sí, hijo, pero nosotros no vamos por la calle

con túnicas, los tiempos cambian.

-Sí, a peor, me temo.

-Ni a mejor ni a peor.

Desde mi punto de vista, el arte tiene que ser

idealización, elegancia.

Y la obra de Maite no es idealizada, es descarnada.

No tan descarnada como vengo escuchando.

Lo único que se ve es carne.

-Muy agudo, Felipe.

Vengo de hacer una visita a las galerías.

Y debo reconocer que no me han gustado las pinturas.

Le creía a usted de ideas más avanzadas.

-Mira, hijo, aquí hay uno que coincide con tu opinión.

Dice que se congratula

que haya llegado un soplo del aire fresco

que hay más allá de los Pirineos.

Y que espera que este arte contemporáneo

haya venido para quedarse.

No quiero ni imaginar lo que debe de estar saliendo

por la boca de doña Rosina.

Se pondrá como quiera, pero la jugada

le ha salido redonda, escuche.

"Felicitamos sinceramente al galerista

que ha importado el talento de esta pintora.

Nos harían falta unos cuántos más

como él, marchantes sin complejos

que nos permitan conocer la vanguardia europea".

Me alegro por don Liberto.

Aunque si doña Rosina ve que puede sacar dinero,

se hace defensora de los desnudos incluso para los cabezudos.

-Eso sí que sería vanguardista,

como los alemanes y los nórdicos, que se bañan en pelota picada.

En fin, hay gente para todo.

Y eso es bueno, Felipe.

-¿Le ha dado su opinión a Liberto? No he tenido ocasión.

Estuve pronto y no estaba. Atendía un dependiente.

Mejor así. Liberto y, por tanto, Rosina

han emprendido una aventura empresarial, un negocio,

y no quisiera que se vinieran abajo por nuestra mala opinión.

Faltaría más, don Ramón. Han invertido todo su capital.

No pondré piedras en el camino.

-Sí, mucha moral y mucho tapar carne con hoja de parra,

pero si hay dinerito, nos callamos la boca.

-Tú cállate, afrancesado.

(LLORA)

-Bueno, ¿no se te olvida nada?

-No, de lo que llevo, no.

-Tienes que comprarte una buena capa.

Que por allí llueve a cántaros.

-Qué va, señora.

En el caserío siempre hay un cuarto en la entrada

y ahí tenemos de todo: capas para la lluvia, botas,

hasta paraguas de ocho varillas tenemos.

Te hace mucha ilusión, ¿verdad?

Es que ahí tengo cosas muy buenas también, cariño.

Está mi gente, está la hierba de los campos y los montes.

Y el aire más fresco y más puro que he respirado nunca.

-Y ese bonito del norte.

Con ese lomo azulado que está diciendo: "Cómeme"

desde que llega a la lonja.

-El bonito, sí.

Es que si yo pudiera tenerlo todo,

lo de allí y lo de aquí...

-Ay, vamos, vamos.

Que me vas a poner peor.

-Es verdad, el bonito, cariño mío.

Come bien.

Estés donde estés.

Me da igual que estés en el sofá, de gira, soltera o casada.

Come siempre bien y así me vas a tener muy contenta.

Señora.

Genio y figura, ya sabe, ¿no?

Me entiende, ¿verdad? No cambie nunca, por favor.

Siga así de buena

y de generosa y de sencilla.

-Ay, Arancha.

Ya sabes que no está una para cambiar.

-Y el señor.

¿Qué le digo yo al señor?

-José, dime José.

-José.

Cuídemelas, por favor.

Ahora que no voy a estar, cuídeme a su mujer y a su niña.

No tiene usted más.

-Descuida.

Las tendré como oro en paño.

-La puerta estaba abierta.

-Claro, así la he dejado para usted.

Cesáreo.

Voy a empezar a llamarte de tú.

-Un momento, para eso había que esperar a la noche de bodas.

-Cállate, gañán.

-Bueno, ya, ¿no?

-No, señor, ya cojo yo. -No, no.

Hoy estás liberada de tus faenas.

-Ven a verme si te contratan para actuar por el Cantábrico.

Vas a tener que venir a verme tú a mí.

Claro que sí, mi vida.

Voy a ir a aplaudir como una loca.

(LLORA)

(HABLA EN EUSKERA)

(LLORAN)

-Arancha.

Cómo te voy a echar de menos, hija.

También tú podrías venir a vernos de vez en cuando.

Que esta también es tu familia.

-Claro que voy a venir. ¿A que sí?

Claro que voy a venir.

Si cojo el expreso, hasta el bonito va a llegar fresco.

-Vamos, que se va el tren.

-Agur, familia.

Tata, espera.

(LLORAN)

(HABLA EN EUSKERA)

Cariño mío.

Agur.

Agur.

# Desde Santurce a Bilbao

# vengo por toda la orilla.

# Con la falda remangada

# luciendo la pantorrilla.

# Vengo deprisa y corriendo

# porque me oprime el corsé.

# Voy gritando por las calles...

# ¿Quién compra?

# Sardinas frescué. #

Cuídate.

Marcia dice que el hombre ha pasado muy mala noche.

Pero se ha levantado con fuerzas hasta para emberrenchinarse.

-Gracias a Dios que no llegó la sangre al río.

-¿Le parecen pocas dos puñaladas?

-No se te ocurra decir eso delante de Santiago que está encorajinado.

Dice que va a ir a buscar al que lo hizo.

-Que deje las cosas como están y no se haga mala sangre.

-Dejen de hablar de sangre.

-Eso le dijo Marcia, que lo dejara.

Bien preocupada que está.

-No es que le conozca mucho, pero no tiene pinta de conformarse.

-No, es cabezota como él solo.

-Pero quiere bien a Marcia y al final, hará lo que ella diga.

-Lo que ella quiere es irse.

-Pues entonces, se irán.

Fabiana, dígame cositas.

-Dame un kilo de lentejas y media docena de huevos.

Por cierto, ¿han hablado ustedes con la Marcelina?

Dicen que todos los papeles hablan de la pintora y don Liberto.

Y que hay mujeres en cueros.

-¿En cueros?

¿Mujeres como usted y como yo?

-Como usted, no sé, a mí en cueros solo me ha visto mi madre.

-¿Y hombres?

-Ni uno.

-Es verdad, que tú también fuiste.

-Pues sí. Ea.

Y tampoco era para llevarse las manos a la cabeza.

Había desnudos y había otros cuadros normales.

-¿Y qué tiene que ver?

Mi difunto esposo era normal hasta desnudo.

-Se les dice desnudos a los cuadros, aunque sean mujeres.

-Es Maite tiene menos vergüenza que un asaltante de caminos.

-Los asaltantes de caminos se tapan la cara con un pañuelo.

-Desde luego, ustedes hablan por hablar.

Doña Maite es más buena que el pan blanco. Vamos a hacer una cosa.

Venga conmigo, a ver si son tan escandalosas esas pinturas.

-Si hay que echarles un ojo, se les echa.

-¿De veras?

Yo no entro en ese antro ni muerta.

Me marcho.

Que además del sofocón, me espera la doña.

-Tome. ¿Alguna cosita más?

-No, hija. Toma.

Cóbrate.

-Yo no quería decir nada, pero doña Rosina está que trina.

-Sus buenos dineros se estará entalegando por la indecencia.

-Ya, pero resulta que don Liberto no le dijo ni mu

de los cuadros de las mujeres desnudos.

-Desnudas, Casilda.

-Pero ¿no habías dicho...? Bueno, es igual.

El caso es que está hecha una furia.

-Más se va a poner cuando se entere de que salió arreando.

-En fin, marcho.

Que doña Bellita me ha dado recado de que quiere verme.

A más ver.

Oye, Lolita, ¿es cierto eso de que casi te codeas con un marques?

-Codearme, no, que allí no se codeaba nadie.

Eran muy relamidos.

-Ah. -¿Qué te pongo?

(Puerta)

¿Agustina?

Perdone, señora, había cola en la mantequería.

En cuanto coloque la compra en la fresquera,

me pongo con la cocina.

Espere.

Venga.

Quiero darle algo.

Era de Úrsula.

Véndalo.

¿Por cuánto, señora?

Por lo que le den.

El dinero será suyo, haga con él lo que considere.

¿Es necesario?

No me gusta negociar con las cosas de una muerta.

Tonterías.

Seguramente, Úrsula estaba en deuda con mucha gente.

Pero con usted, más.

Como diga la señora.

¿Han celebrado ya la puesta en libertad de Marcia?

Estábamos todos muy contentos,

hasta que se fastidió la fiesta. ¿Y eso?

Santiago bajo a por bebidas y le atacaron a cuchillo.

¿Y le han matado?

No, señora.

Ya se habría enterado usted.

Le hirieron, pero no gran cosa.

Espero que cogieran al asaltante.

No tuvimos esa suerte.

Cesáreo, el sereno, lo espantó, pero no pudo agarrarle.

Estaré en mi habitación. Ya puede limpiar la cocina.

Claro, señora.

Pasa y siéntate, Fabiana, haz el favor.

-No se apure, señora, que una está bien así.

Mujer, siéntese, que nos va a dar una tortícolis.

Ay.

Pues muchas gracias.

-Al contrario, las gracias te las damos nosotras.

-Me habían regañado muchas veces sin motivo,

pero darme las gracias, nunca.

Es que tenemos un buen motivo.

Me temo que se equivocan de persona,

que también me ha pasado.

-Que no, mujer, que es por lo de Arancha.

Que de no haber sido por ti,

todavía andaría por aquí sin querer aceptar su herencia.

-Acabáramos. ¿Eso es?

Con todos mis respetos, señora, tampoco ha sido para tanto.

Por cierto, ya ha cogido el portante, ¿no?

Sí, se ha ido hace un rato. La vamos a echar de menos.

Y servidora también. Bueno, todas.

-Nos consolaremos pensando que es feliz en su monte.

-Lo que entra en el sentido de pequeña siempre tira.

Va a acondicionar una habitación para el que quiera ir de Acacias.

Ya me gustaría, ya.

-En cuanto terminen su luna de miel, a lo mejor nos acercamos.

-Harán ustedes muy bien.

¿Puedo hacerles una pregunta?

Sin ceremonias.

¿Quién va a servirles ahora?

-Tendremos que buscar una chica, sí.

Sin prisa, no queremos quedarnos con lo primero que llegue.

-Si quieren, puedo echarles una mano mientras la encuentran.

-Eso dice mucho de ti, mucho y muy bueno.

Sabemos que tiene mucha faena en la pensión, nos apañaremos.

Ya sabe que no nací marquesa. Ni yo, duquesa.

Eso.

-Como prefieran ustedes.

Yo llevaré la casa hasta que se ponga mejor.

-¡Ole, mi niña! ¿Ve?

-Bueno, pues...

Si tienen ustedes un aprieto, ya saben dónde encontrarme.

-Muchas gracias.

Te acompaño a la puerta.

Con Dios.

Qué ignorantes son, de verdad.

-Tampoco seas derrotista. Hay tantas buenas como malas.

-Para hacer una crítica hay que informarse.

No tienen ni idea, ni los que están a favor

ni los que están en contra.

-Tampoco es eso, algunas dan en el clavo.

-Lo único que dicen es que es una propuesta arriesgada.

Es arriesgada porque no han visto nada parecido,

no tienen con qué compararlo.

-Algunos seguimos siendo muy provincianos.

-¿Y los provincianos no hacen el amor?

-Algunos, más que los cosmopolitas. -Ya, pues no lo parece.

Arte obsceno y ofensivo.

¿Ellos no han nacido de entre las piernas de sus madres?

-Dales tiempo, acabarán cayendo en la cuenta ellos solos.

¿Sabes qué?

Ayer tuve que armarme de voluntad

para no abrazarte en medio de todo el mundo.

-¿Te imaginas?

A Ildefonso le hubiese dado un soponcio.

-Él estaba casi más entusiasmado que yo.

-A él y a su abuelo.

-No te quitaba los ojos de encima. -Qué dices.

Si solo tiene ojos para ti.

-Me refería al abuelo.

Lo del nieto ya lo sé.

-No finjas que no te gusta su devoción.

-No sé qué hacer con él.

-¿Te hago un bocetito?

-Pues va a resultar que tienen razón.

Obscena y ofensiva.

(RÍE)

-Lo digo en serio.

Cada día lo veo más entusiasmado.

-Sí, eso da a entender, sí.

-Le haré daño.

-Quizá.

Pero me da la sensación de que no es tan desvalido como parece.

-Desvalido, no, pero sí enamorado.

-Bueno, es lo mismo.

Me refiero a que hay algo en él que me inquieta.

Como si no dijera toda la verdad, como si no se mostrara del todo.

-No hace falta que me lo ensombrezcas.

-No tiene nada que ver contigo. Su forma de ser es extraña.

Es como que oculta algo.

No sé cómo concretártelo, es una sensación.

-Bueno, estaré atenta.

-¿Sabes?

El marqués me ha invitado a su casa a tomar el té.

Para chismorrear y hablar de arte.

-Pero eso es estupendo. Mi madre te tendrá en mayor estima

si te relacionas con gente de abolengo.

-Eso o te pincha más con Ildefonso.

-¿Qué podemos hacer?

-Esperar.

-No puedo vivir sin ti, Maite.

(Puerta)

Hombre, pasá, pibe, pasá.

-¿Pasá, pibe?

-Argentino.

Arancha se ha ido y me ha entrado la nostalgia.

Cinta ha salido a un recado, no tardará en volver.

Pero siéntate. -No, no me quedo mucho tiempo.

¿Cómo está Bellita? -Mejor.

Mucho mejor.

Tanto que hoy iremos a visitar al médico.

-Mira.

-Espero que al muchacho no se le ocurra entablar conversación.

-No, no lo hará.

-¿Por qué, se ha ido?

-Mire, don José, yo no venía a ver a Cinta.

Bueno, me gustaría verla, claro, pero...

He subido a hablar con usted.

-Pues habla, chiquillo.

-A ver.

Yo creo...

Yo no soy nadie para decirle lo que tiene que hacer.

-Eso me dice todo el mundo.

Pero siempre se descuelgan con una sugerencia.

-El muchacho, Julio,

se quedó muy triste después del trato que le dio.

Cree que le guarda rencor.

-Pues no fue así.

Así no fue, él debió confundir rencor con sofoco.

Sofocado sí estaba.

-Mire, si me permite... -Una sugerencia, ¿verdad?

-Vaya a verle.

Hable con él un rato, no quiere más.

Ni mucho menos pretende perjudicarle.

Él lo admira, como su madre. -No, calla.

Ni una palabra más.

¿Cómo sabes que su madre me admiraba?

-Porque se lo dijo.

¿Irá usted a verle?

(Pasos)

Reunión de pastores, oveja muerta.

Siempre me ha dado hambre ese refrán.

¿No habíamos quedado más tarde?

-Sí, pero ¿no te alegras de que haya venido antes?

Sí, me viene bien.

Quiero estar en casa cuando mis padres lleguen del médico.

Pues hala. Voy a dejar esto primero.

¿Le diste el retrato al recluta?

El susto me lo llevé, la sangre parecía muy aparatosa.

Pero no es nada grave. Hemos tenido mucha suerte.

-Qué mala sombra, el mismo día que sales de chirona.

-A veces tengo la sensación de que algo malo he hecho.

-No digas eso.

-Es que solamente queremos una nueva vida, solo eso.

Y es como si algo o alguien nos lo impidiera.

-A ver, a ver.

Santiago es un mozo de una pieza.

En Cabrahígo le nombrarían capitán de las pedreas.

Que seguro que se pone pronto bien, ya verás.

Y os podéis ir, lo que teníais pensado.

-Ya puestos, podríamos esperar a que usted pariera.

-Uf, pues no os crecería barba.

Este está a punto de salir y pegando voces.

-¿Lo nota usted?

-Si sale uno de Cabrahígo...

Estos salen a traición.

Ahora, que las de Cabrahígo no nos arredramos.

Una prima mía parió en misa y no dijo nada

hasta que el cura dijo: "Vayan con Dios".

(RÍE)

-Me gusta verte reír.

Y mira que te haces de rogar.

-Qué cosas tienes.

Lolita.

Veníamos a escoger los vinos para la boda.

Si tienes un momento. Sí, ya sabe que tengo los mejores.

Ha tenido que ser horrible, ¿verdad, Marcia?

Enhorabuena.

Ahora apreciarás mucho más la vida.

Estoy tan orgullosa de mi prometido.

-Y yo, agradecida.

Nunca podré pagárselo.

Ni falta que hace.

-Vengan por aquí.

En la estantería tengo los mejores caldos.

A ver.

-Buenas tardes.

-Santiago.

¿Se te ha abierto alguna de las heridas?

-No será muy grave si no me he dado cuenta.

¿Un accidente?

Un asalto.

-Y en plena rúe.

-Alguien quiso darme matarile.

¿Sabe quién pudo ser?

Ni idea.

No son seguras las calles en estos tiempos.

Alguien debería hacer algo.

No fue azar, me buscaba.

¿Por qué piensa eso?

Porque no me pidió parné.

Habría asaltado a alguien con el bolsillo más lleno.

Pues denúncielo.

No.

Queremos irnos sin más líos. -Y cuanto antes.

-Pero no se irá de rositas.

Le encontraré y me explicará sus razones para atacarme.

Lamento mucho el suceso.

¿Volvemos en otro momento? Como quieras.

Espero que se recupere pronto con la ayuda de su esposa.

Gracias por preocuparse. Seguro que sí.

Lolita, ya vendremos a por los vinos.

Con Dios. Con Dios.

Algo de pena me ha dado. En el caserío, la hierba alta,

no se le va a escuchar con el chuzo cuando pase.

-Ni falta que le va a hacer.

Se conformará con los balidos de las ovejas.

-No me haga caso, pero creo que lo que más hay son vacas.

-Pues las vacas tienen menos conversación.

-Si tú lo dices. -Sí, pregúntele a cualquiera.

He visto a don Emilio en tratos con el quinto este

que estaba pidiendo retratos.

-No sé de qué te extrañas, si tú hablas con el ganado.

-El ganado, lanar o de cuernos, habla por derecho.

Pero estos traman alguna cosa. Olfato.

-A ver cómo ha ido tu instinto, que está aquí don Emilio.

-Muy buenas. -¿Qué, de paseo?

-De vuelta a la faena, acabo de dejar a Cinta en su casa.

-Ya he oído que está en tratos con el recluta este.

-Sí, es que le conseguí un retrato de Bellita de don José

y hemos hecho migas. ¿Por qué lo pregunta?

-Por nada. -No, no, nada.

El caso es que no sé...

El caso es que me suena.

O no, pero se me da un aire a alguien.

No sé...

-No, no sé, no creo.

Es la primera vez que pisa la ciudad.

Él es de un pueblecito de Almería.

-De Almería. -Almería.

-Lo mismo a quien se me da el aire

es a don José, pero por los andares.

O por los bailes regionales, que le dejan ese tumbado.

-No sé, ¿no?

¿A usted también se lo parece? -No.

-Para que se fije en los andares de alguien

tiene que tener cuatro patas. -Bueno, eso es verdad.

Ahí ha atinado mejor.

-Usted delira, Servando. -No, no.

Pero tampoco sería de extrañar.

Siendo los dos de Almería, no sería de extrañar que fueran familia.

-Pues no sé. Yo me tengo que ir.

Adiós. -Con Dios, con Dios.

No creo que tarde mucho, acostumbra ser muy puntual.

¿Desea tomar algo? -No, gracias, esperaré con gusto.

Disfruto la conversación tanto con la madre como con la hija.

-Muchas gracias.

-¿Le gustó la exposición?

-No entiendo mucho.

-A Camino y a mí nos encantó. Cuánta belleza.

-La verdad es que por poco que me gusten los desnudos,

reconozco que es una maravilla que alguien dibuje así.

-Ese es el quid. Sin llegar a ser realistas,

los cuadros de doña Maite dejan la impresión de realidad.

Es como si vieses una modelo.

-¿A que sí?

-Ahí está la maestría.

Unos trazos dados con precisión

y los colores se convierten en una mujer viva.

-Vivísima.

A mí como que me recordaba a alguien.

Un cuadro en concreto, no todos.

-Eso es que usted siente el arte de verdad,

por mucho que diga que no entiende.

Y no es que los cuadros le recuerden a alguien,

es que la artista ha llegado a su cerebro.

Ha conseguido que sienta la vida que le rodea.

-Será eso.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes, analizando su obra estábamos.

-¿De veras?

-Sí, pero no quiero agotarla

sabiendo que mi abuelo le hará hablar sobre ello.

-Aun así, me encantaría, pero no tengo tiempo.

Tengo prisa.

¿Le importaría entregar estos libros a Camino?

(CAMINO) ¿Un regalo?

-Con la intención de regalarte ha sido enviado.

-Según mi experiencia, tienes un admirador secreto.

-No tiene nota ni remite. -¡Ábrelo, por Dios!

-Uh, delicado, pero incomprensible.

-¿Qué caballero mandaría un lazo rojo?

(MAITE) ¿Se encuentra bien?

-Sí, me acabo de acordar de un asunto pendiente.

-Hasta pronto. Gracias.

Caballero.

-Me voy a la cocina, ahora vuelvo.

-Tómese el tiempo que necesite.

¿Sabes qué?

Lástima que no tengamos que volver al doctor más a menudo.

Sí.

La charcutería que hay al lado de la consulta es de lo mejorcito.

-Ay, qué tonto eres.

-Si no se pueden hacer chanzas

cuando te han retirado el antídoto...

-Anda que no tenía yo ya ganas ni nada

de escucharle decir que podía hacer una vida normal.

Quiero que salgamos.

Que me lleves a los jardines, que me lleves a la verbena.

Que me lleves al río.

¡Eh, pasmao!

¿Me estás escuchando?

-Claro que te estoy escuchando, con toda mi oreja.

-Ah, pues no lo parece.

-Porque soy discreto. Mira.

¿Sabes lo que vamos a hacer? Vamos a buscar al Chocolate.

Y al Trino. ¿Te acuerdas?

Y a Vicenta, la del Palmar.

Vamos a organizar una juerga que van a temblar los adoquines.

-Mm.

-¿Y lo del río también?

-¿Eh?

Lo del río también, lo que tú quieras.

(Portazo)

Madre mía, lo que me acaba de pasar.

¿A que no saben quién ha venido a hablar conmigo en la calle?

Yo, de Acacias, Lolita y poco más.

De los invitados del barrio te encargas tú.

Si te parece, seguimos más tarde.

Quiero descansar.

Al principio de la tarde, cuando fuimos

a escoger los vinos, estabas mucho más animado.

El día se me ha hecho largo. Estaré mejor para la cena.

Si vas a dormir, iré a mi casa un rato.

Como quieras.

¿Qué haces aquí?

¿Acaso tiene miedo de que hable con su prometido?

No eres nadie para que él te escuche.

¿Ni siquiera si le hablo del navajero?

Vete de aquí.

¿No quiere tener otra oportunidad?

Este es el cuchillo con el que intentaron matarme.

Tenga valor y clávemelo usted misma.

Márchate o estarás en problemas.

No más que usted.

(Portazo)

Santiago.

¿Es usted?

¿Cómo sabía que Genoveva estaba embarazada?

Le he hecho una pregunta, le ruego que me conteste.

No me gustaría que mi esposa y yo

mancháramos nuestra imagen social por ser los propietarios.

¿Cree que debería clausurar la exposición y cerrar la sala?

Le da un cierto aire en el acento,

en ese gracejo, en el andar.

-Muy sutil, Servando.

-No, a mí no me lo parece en absoluto.

-Tienen hasta los mismos andares.

-Es que podrían ser hasta padre e hijo.

No te pregunté por el lazo rojo que te regalaron.

¿Averiguaste quién te lo envió?

¿No tendría un significado oculto para alguien que conozcas?

Yo lo que temo es que...

Que el asunto de su posible hijo Julio sea un rumor ya imparable.

-Ya.

¿Dónde estabas?

-En casa de Felipe. He ido a verle.

-¿Y por qué motivo?

Estoy muy inquieta, Maite.

Ildefonso cada día está más cariñoso

y temo que en cualquier momento va a formalizar la relación.

Es obvio que no se conforma con una amistad.

¿Esa carta? -Me la ha enviado Úrsula.

¿Usted abriría la carta?

-Yo creo que sí.

Pero esa es una decisión que tiene que tomar usted misma.

-¿Qué diantres es esto?

Llevo días pensando ciertas cosas sobre Genoveva.

¿Qué tipo de cosas?

Que quizá fue ella la que dejó el pañuelo de Marcia

en el lugar del crimen.

Sepa que haberla conocido

ha sido lo mejor que me ha pasado.

¿Acaso ha sucedido algo?

-Me temo que sí.

¿Va todo bien?

¿Por qué no tendría que ser así?

¿Acaso estás preocupada por mi reunión con Santiago?

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Acacias 38 - Capítulo 1186

24 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Por cierto que lo de Servando es un capitulo aparte... Traga como una lima, siempre igual no le cambian el chip ni por casualidad, de verdad que da asco verlo comérselo todo siempre, podían moderarlo un poquito de vez en cuando. Y con la familia Domínguez también la han tomado, veneno, dificultades con Cinta y sus chaladuras de éxitos, ahora un hijo extra/matrimonial, Arantxa q se va, y ahora dice Aleja arriba que l@s guionistas van a cargarse a ellos y Marcia? Pues que bien en cuanto empiecen las maquiavélicas matanzas yo sino tiene novio rico y guapo Casilda me olvido de inmediato de Acacias 38 y san se acabo. Estoy harta de tribulaciones y perdidas de tiempo, porque lo de Camino y Maite ya está muy visto con la amargada de la madre q no recuerdo ni su nombre, q mujer más siesa y airada con cara de vieja/prematura, y pamplinas de Emilio, igualitos a Juliana bellísima y buena persona y Víctor el calavera q eran majísimos con Leandro el amigo intimo de German. Acacias al principio durante 200 capítulos fue una novela bellísima y tenia pasión, hace muchísimos capítulos ya que este un mes sin verla no retrocedo para ver los capítulos perdidos, da lo mismo siguen igual de saborios. por cierto que Servir y Proteger y Acacias es lo único q veo de la televisión publica nunca la conecto desde q llegaron los podemitas/sanchijuelos a la televisión publica no quiero conectarme para ver sus maquiavélicas tragedias y noticias falsas en las noticias.

    27 ene 2020
  2. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    He leído todos los comentarios y la verdad es que tienen muchísima razón, en esta historia esta prohibido ser felices, pareja que es feliz o va a ser feliz inmediatamente la quitan del medio. Yo no tengo idea de quienes son l@s guionistas, pero ni les gustan los niños, ni les gusta la felicidad, solo crímenes, navajas, tremendas conspiraciones, cotilleos porque hay que ver la cara de amargada q tiene la mamá del Siglo XX, tiene un cara de déspota y cínica q no se puede tener más. Y los chillidos de Rosina son inaguantables, el calzonazos y retrogrado de Liberto es insoportable, cuando ellos dos se liaron la manta a la cabeza y los encontraron en pelotas picadas en el salón de la bruja de Rosina. No eran tan anticuados y se quedaron tan frescos, le importaron los vecinos unos rábanos. Y así como don Ramon que se escandaliza de los cuadros de desnudos de mujer, y ya va el por la tercera mujer, jajajaja menudos hipócritas y l@s guionistas más. El embarazo de Lolita es el embarazo de la burra? va a dar a luz o como es de Cabrahígo es diferente embarazo? Y cuando se les va a ocurrir a los distinguid@s guionistas darle una recompensa a Casilda? Encontrarle un novio del estilo de German o Telmo? Un galán con posibles y guapísimo para q ella sea una señora y deje de ser la criada de una mastuerza chillona y verdulera? Es la más guapa de todas las actrices y la mejor de todas ellas. A quién no le gusta q no me lea...

    27 ene 2020
  3. Santi

    aleja, es cierto que hace algún tiempo sí que se podía ver algún spoiler en la wikipedia, pero en la actualidad no hay nada que no haya pasado ya

    27 ene 2020
  4. Santi

    Dolores Rodrigo, es AGUR, no Abur :)

    27 ene 2020
  5. Aleja

    Acabo de ver un spoiler terrible de Acacias en Wikipedia!!! Ojalá quien aportó esa información este confundido!!! Por favor!! Pobre los Dominguez!!! parece que los guionistas se ensañaron con ellos y con Marcia!!!

    25 ene 2020
  6. dolores rodrigo

    hola soy una mujer de valencia que ve todo los dias acacias38..........solo decir que arancha no se tenia que haber hido....es la unica actriz toda acacias 38 la mejor para mi me encantan sus formas de hablar vascos,,,,,,,abur arancha pero que sepas que me as echo llorar mucho,,,,,,,,,

    25 ene 2020
  7. Saro

    Se nos va ... gracias Gurutxe, por esa Arantxa tan magníficamente interpretada, con tanto amor, sensibilidad, siendo tan buena gente y con muchísimo humor. En su marche le acompaña César, el sereno al que no se le escapaba nada. Les deseo a ambos, que sean muy felices en sus vidas y que tengan muchísima suerte en todo lo que emprendan en el futuro y como en este caso no desaparecen porque hayan "muerto", espero que en algún otro momento, los guionistas vuelvan a traerles de vuelta ya como "matrimonio". Gracias por los buenos momentos que he disfrutado con vosotros. Un abrazo.

    25 ene 2020
  8. Aleja

    Adiós Arantxa! Adiós Cesáreo!....que pena que la historia de esa linda pareja no continúa desenrollándose en Acacias

    24 ene 2020
  9. lina

    muy joven me parece el marqués para ser abuelo de ildefonso

    24 ene 2020