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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1166 - ver ahora
Transcripción completa

¿Cómo puede asegurar que Santiago Becerra está muerto?

Yo mismo ordené su muerte.

Pero eso significa que el Santiago Becerra

que apareció en la boda de Marcia y don Felipe...

Es un impostor.

No entiendo cómo has podido engañarme durante tanto tiempo

y cómo puedes parecerte tanto al que era mi esposo.

Dime cómo has llegado hasta mí.

¿Cuál es tu nombre?

Dímelo de una vez. ¿Quién es en realidad?

Un timador y chantajista con cierta querencia a los naipes.

-“Estaba preparándole un té

de los que tanto le gustan a Bellita”.

-“¿Y qué era eso que tenía en la mano,

qué estaba echando en la taza?”.

-“¿Esto?”.

“Tan solo es una especia que le añado para

para darle un poco más de dulzor”.

-Les ha tocao una pedrea a su número.

Sí, Cesáreo lo ha escuchao en el sorteo.

-¿Cómo, está usté seguro?

-Sí, han dicho vuestro número, que de tanto que lo vi repetido,

he terminao aprendiéndomelo.

-Hala. -Eh, eh.

-Chist, eh.

(CHASQUEA LA LENGUA) -No se despegan.

Estoy decidido a abrir una moderna galería de exposición artística.

-Y su esposo se ha empeñado en inaugurarla

con una exposición de mi obra.

En unas pocas semanas seremos marido y mujer,

deberíamos ir anunciándoselo a nuestros más allegados.

¿Tendremos tiempo de prepararlo todo?

No tenemos otro remedio si no queremos que se note mi estado,

aunque ya sabes que a mí me daría igual.

Que deje en paz a mi hija.

-¿A Camino, por qué?

-No trate de negarlo.

Sé que sigue asistiendo a sus clases a escondidas,

así que le exijo que deje de verla de inmediato.

-Según el informe,

la paciente ha estado ingiriendo veneno

durante varias semanas.

-¿Veneno?

Santiago Becerra está muerto, sé muy bien lo que me digo.

No es el esposo de Marcia.

Esa pobre desgraciada es tan viuda como usted.

¿Se lo ha dicho a alguien más?

De momento, tan solo a usted. De momento.

Comprenderá que tengo el deber moral

de avisar a los implicados.

A Felipe y a Marcia. Claro.

Seguro que les satisface esa información.

Ahora nada impedirá que don Felipe pueda casarse

con esa joven y bella mulata.

Le convendría sentarse, asimilar algo así no es fácil.

Está mintiendo.

No es más que una perturbada capaz de cualquier cosa

con tal de perjudicarme.

Seguro que el abogado de César Andrade la tiene al tanto

de las visitas que su cliente reciba,

en particular las de una mujer de la caridad.

No hay que ser muy astuta para darse cuenta que esa mujer

soy yo.

Como buena cristiana, me gusta cumplir

con las obras de misericordia:

dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento,

dar posada al peregrino, visitar a los enfermos

y... a los presos.

Todo eso es falso,

solo trata de asustarme, pero no lo va a conseguir.

Dios me libre. Yo solo quiero abrirle los ojos.

La información que le traigo es de primera mano,

me lo ha dicho César Andrade en persona.

Debería usted estarme agradecida. Salga ahora mismo de mi casa.

Ser burlada por César Andrade y ese falso Santiago

debe ser humillante.

Fuera de aquí, o solo Dios sabe cómo acabará esto.

¡Fuera!

La dejaré a solas para que pueda meditar.

Ah.

Bien sabe Dios qué le hace falta.

No puede ser.

Maldito seas, Andrade.

Ojalá te pudras entre rejas.

(Sintonía de "Acacias 38")

-El paseo me ha dado hambre.

Podríamos decirle a Casilda que nos sirva la cena un poco antes.

¿Qué te parece? -Como quieras, me da igual.

-¿Qué pasa? ¿Sigues molesta por lo de la galería?

-No, Liberto, sigo molesta porque mi marido ha estado actuando

a mis espaldas. -Rosina.

Rosina, no quería decirte nada hasta que no tuviera todo bien atado.

Te conozco bien, sabía que no te gustaría y temía tu reacción.

-¡Hacías muy bien en temerla! ¡¿Querías que saltara de alegría?!

A nadie con dos dedos de frente

se le ocurre montar una galería de arte.

-¿Ves como tenía razón con lo de tu reacción?

-Es que me parece un disparate.

¿Qué haces tú metiéndote donde no te llaman?

No me consta que seas un erudito del arte.

-Claro que no, por eso acudí a Maite, para que me asesorara.

-¡Es un capricho de diletante, admítelo!

-No. No lo he hecho para pasar el rato,

he visto posibilidad de negocio.

-¡¿Un negocio, negocio, en el mundo del arte, con los cuadros?!

¿Por qué no puestos organizas carreras de caballos,

o mejor, te metes en la cría de pavos?

Las fiestas están ahí, sacarías mejor rendimiento.

-Rosina, cálmate, por favor, y escúchame.

He estado informándome y he visto posibilidad real de negocio

en este terreno.

No es un capricho, sino algo tangible

que nos va a dar réditos.

-Ay, que no.

Me da igual, no voy a invertir una sola peseta en una idea tan absurda.

-¿Ah, no? Pues te equivocas.

Deberías saber que hay marchantes que ganan una cantidad de dinero

que ni te imaginas gestionando las obras de sus representados.

-Ganarán una miseria, como si lo viera.

-Sí, claro, una miseria con la que Joaquín Sorolla

se ha comprado un palacete. -Ay, por favor,

que no me lo creo. -Pues créetelo.

En Estados Unidos se están disputando sus retratos.

No hay personaje público que no tenga un cuadro de Sorolla en casa:

presidentes, jueces,

senadores, toda la alta sociedad americana

ha pasado por su estudio.

-Porque dejará esos retratos muy baratos.

¿A santo de qué va a vender tanto si no?

-La verdad, desconozco el precio de esos cuadros, pero sí sé

que intentó venderle al Gobierno Español un cuadro

que costaba 40 000 pesetas.

-¿40 000 pesetas nuestras, españolas?

Me da un coraje que los políticos gasten los duros

en semejantes frivolidades.

-Eso debieron pensar, porque el gobierno se echó atrás.

Fue a parar a manos de un empresario por la misma cantidad.

-Pues vaya negocio,

Eso es que le sobraría el dinero. -Pues te vuelves a equivocar,

porque a los años lo revendió a un magnate americano del carbón

y, aunque no ha trascendido la cifra, se cree que pudo duplicar

la cantidad original.

-No, no, mira, no me convences.

Tendrás que explicarme mejor de qué va el negocio.

-Claro que sí.

Te puedo enseñar las obras que queremos exponer.

-Déjate de obras y saca papel y lápiz que quiero ver las cuentas

bien claritas. -¿Ahora?

-Cuanto antes mejor, vamos. -Sí, sí.

Toma, cariño.

Ven, tómate la infusión, que seguro te sentará bien.

Tata.

Tú también deberías servirte una, no tienes buena cara.

Es que acabo de ver a tu madre.

Por poco rompo a llorar. Verla así, tan dormida.

Pero ¿cómo no nos hemos dao cuenta que se estaba envenenando?

Confío en que el médico nos saque de dudas

con los resultados.

Cuando venga padre, sabremos a qué atenernos.

Jesús, ya está tardando también.

Hace bastante rato que se ha ido y...

Ahí está tu padre.

Padre, ¿qué le ha dicho el doctor?

Lo que ya sabíamos:

tu madre ha estado ingiriendo alguna sustancia tóxica

durante mucho tiempo.

Pero ¿cómo ingiriendo?

No lo sé.

Las pruebas muestran

altas dosis de esa sustancia en el torrente sanguíneo.

Eso ya lo sabíamos, pero ¿cómo ha llegado hasta ahí?

Según el doctor,

habría varias causas posibles,

pero viendo la cantidad, el envenenamiento debió producirse

al comer ciertos alimentos.

-Ay.

Yo le prometo por lo más sagrao,

le juro que los alimentos son siempre de la mejor calidad.

Nunca se me hubiera ocurrido envenenar a la señora

ni a nadie de esta familia.

Por Dios, no llores, que nosotros no te estamos culpando a ti.

Me culpo yo.

Me culpo yo porque todo lo que come tu madre pasa por mis manos.

-No nos precipitemos. El médico...

no descartó otras causas.

Ha citado a todos los especialistas

para estudiar el caso.

¿Y le ha dicho qué le puede ocurrir?

Lo que sí os pediría es que no contéis esto a nadie.

-No. -Para no dar la voz de alarma

en el barrio. -Solo nos faltaba,

que cundiese el pánico entre los vecinos.

-Eso.

Si no contamos nada, nadie preguntará,

y nos ahorraremos contestar preguntas cuya respuesta no sabemos.

Descuide, padre, yo no tengo ni ganas ni cuerpo

de contar esta desgracia.

Lo mismo, Arantxa: ni mu en el altillo.

-No se preocupe. Le digo lo mismo que Cinta.

Aquí tiene. ¿Qué le han parecido?

¿No cree que Unamuno va a dar mucho que hablar?

Tanto, que espero que sus opiniones

no le cuesten el puesto de rector de la Universidad de Salamanca.

Tengo entendido que es todo un ejemplo

para la comunidad estudiantil.

La verdad, no me sorprendería que le censurasen.

Ya sabe cómo es este país: cualquier voz disonante es acallada enseguida.

Ojalá nos equivoquemos. Es un pensador con mucho talento.

Me he enterado que la semana que viene

va a presentar su próximo libro en el Ateneo,

a lo mejor le apetece pasarse.

No sé si estoy en condiciones de recuperar mi vida social.

Es una oportunidad única.

¿Quién sabe cuándo volverá a pisar estas calles?

Le aseguro que nada me apetece más que acudir a esa charla,

pero acudir así sería desperdiciarla.

Bueno, piénselo bien, yo en unos días le vuelvo a insistir

y espero que se encuentre mejor. Quien parece que está estupenda

es su señora. Vi a Lolita exultante

a pesar de su avanzado estado. Sí, no sé de dónde saca la fuerza.

Es completamente imposible seguirle el ritmo.

Usted parece que no está tan bien como ella.

Bueno, cada día estoy un poco más nervioso

con la idea de la paternidad.

¿No le hace ilusión?

No, no, no me malinterprete.

Yo amo con locura a Lolita y siempre he querido formar una familia

con ella, es solo que...

que no me veo como padre,

no sé si seré capaz de encarar todos los problemas.

si le sirve de consuelo, no es el primero,

y tampoco será el último.

Sí, lo sé, pero veo a mi padre siempre tan entero,

dispuesto a resolver cualquier tipo de contingencia

que, no sé si estaré a la altura.

Mire, entiendo su desazón,

pero vaya haciéndose a la idea.

En breve será responsable de traer una criatura al mundo,

y eso es algo muy serio. Sí, lo sé, si eso es precisamente

lo que me inquieta tanto.

En fin, marcho para casa,

el médico me espera para examinarme.

Seguro que le da buenas noticias. Eso espero.

Gracias de nuevo por los libros.

Intentaré acudir a la conferencia de Miguel de Unamuno.

Con Dios. Con Dios.

-Felipe, ¿ya se marcha? Don Ramón.

Sí, ya marcho para casa.

Con Dios. Con Dios.

Hijo, acabo de recibir esta tarjeta de felicitación de Milagros.

Tampoco va a pasar las fiestas con nosotros.

-Vaya.

¿Cómo se ha tomado que no podamos ir a verla?

-Entiende que, con el estado de Lolita, no es pertinente ir,

pero dice que tiene muchas ganas de conocer a su nuevo sobrino.

-Pues habrá que enviarle algún regalo.

-Ya me he encargado yo.

Lo he llevado a la oficina de correos para que llegue a tiempo.

¿Te pasa algo, hijo?

-No, no, simplemente

estoy pensando un poco más de lo normal.

Usted, cuando se enteró que iba a ser padre,

¿no tuvo miedo de no estar a la altura?

-Para bien o para mal, en mi época,

los padres no nos ocupábamos mucho de los hijos.

Eso más bien era tarea de las madres y las tatas.

Lo nuestro era mantener la seguridad del hogar y asegurar el pan.

-Imagino que eso facilitaba mucho las cosas, claro.

-Pero también te hacía perderte muchas más.

Es algo que descubrí tiempo después.

Hijo, olvida tus temores y afronta

esta nueva etapa con ilusión.

Estoy segurísimo de que vas a ser un padre maravilloso.

-Os digo que os vendrá muy bien el premio de la lotería.

-No todo van a ser desgracias, señá Fabiana.

-Di que sí, que el de arriba te quita, pero también te da.

-El premio tampoco es que haya sido mu copioso, pero no tenemos queja,

¿verdad, prima? -Lo suficiente pa quitarme la muela

y algún capricho. -Pa eso está el dinero.

-Pues ¿saben?

Yo he pensao que me voy a hacer un viaje sola.

-Pero ¿dónde vas a ir tú por esos mundos de Dios sola, mujer?

-Fabiana, curiosidad y juventud,

que no va a ser to en la vida fregar y servir.

-Pero no te piques, prima, si yo tampoco te hacía viajera.

-Pues escucha una cosa: yo fui la primera de mi quinta

en coger el petate y marcharme a faenar.

-Como todas, Casilda, pero de ahí a irte a recorrer el mundo

va un trecho.

-Señá Fabiana, ¿usté nunca se ha preguntao

cómo festejan la Navidad en no sé,

África, por ejemplo?

Allí, el Jesucristo tie que ser negro y to.

-Y seguro que en la China tienen los ojitos rasgaos.

-¿Lo ve? Si no se viaja, no se sabe.

-Dejaos ya de disparates,

y menos estando el niño de Dios por medio.

A ver si va a ser blasfemia y la vamos a tener con el párroco.

-Pos yo después de ir al sacamuelas, voy a hacer unas mejoras en la casa,

y si me da, le compro un regalito a mi Jacinto pa las fiestas.

-Sí que te va a cundir a ti el premio, sí.

-He pensao en un cayao, pa sus paseos por el campo,

y una gorra nueva, pa que esté más pintón.

-No sé yo si te va a dar pa tanto.

Lo que ties que hacer es arreglarte la muela de una vez ya,

que estás en un sinvivir.

-¿Se quiere usté creer que anoche...

dejó de dolerme un buen rato?

-¿Y qué fue lo que hiciste?

-Qué me hicieron preguntaría yo.

-¡Niña! Siempre igual, parece mentira.

Las intimidades no se cuentan, han de quedar de puertas pa dentro.

-No se amostace, que na malo hay en quererse.

-Como la seña Arantxa y Cesáreo.

Menudo beso se dieron ayer, como pa negar luego que ahí no hay na.

-Sí, me dijo algo Servando de que andan enamoriscaos.

Ver para creer. -(MARCELINA SUSPIRA)

-El amor, que es imprevisible.

-Seña Arantxa, venga pa acá. Mire, juste estábamos comentando

el beso que se dieron ayer en el altillo Cesáreo y usted.

-No nos había dicho usté que eran novios.

-Bueno, algo de eso ya hay, porque Cesáreo es un mozo bien gallardo y,

sobre todo, buena persona, pero ahora no me puedo entretener

porque el señor me ha mandao a un recao bien urgente y tengo que ir.

Con Dios.

-¿Y a esta qué mosca le ha picao?

-A lo mejor le ha molestao que le preguntáramos.

-Vete tú a saber. -Pa mí que está preocupá

por doña Bellita y no tie el cuerpo pa chismorreos.

Dios quiera que mejore pronto.

-Tenía pensado llevarlo al herrero

para que le arreglen el asa que se le ha roto.

Si necesita que haga algo antes de irme.

Tardaré un poco,

y como Emilio no vuelve hasta la tarde.

-¿Adónde vas?

-Al herrero, ya se lo he dicho. -No, no vas al herrero,

vas a ver a la pintora esa.

-¿Qué dice? Eso no es verdad. -Camino, lo sé todo.

He hablado con Maite y le he dicho que te deje en paz.

-¿Ha hablado con Maite?

Pero ¿cómo se le ocurre?

-Soy tu madre, y puedo hacer lo que considere mejor para ti,

no tengo por qué darte explicaciones.

-¿Cómo ha podido hacerme esto? -¿Yo?

Eres tú la que me tiene que explicar por qué me has mentido.

Has seguido pintando, y te has seguido viendo con Maite

a escondidas. -Maite es mi amiga,

y le enseño mis últimos trabajos, ¿qué hay de malo en eso?

-¡Que me has mentido!

Me dijiste que habías dejado atrás la pintura y es mentira, es mentira.

-Le prometo que lo he intentado, pero no puedo,

es algo que me nace de dentro, que lo necesito para expresarme.

-Camino, por favor, no hablas tú,

habla más bien Maite y sus delirios de de artista.

-No son delirios, es la verdad.

-Te prohíbo que continúes pintando.

Olvida esa mujer lo antes posible, ¿de acuerdo?

-Me he citado con todos los pretendientes

que me ha puesto, ¿qué más quiere?

-Quiero que me obedezcas de una vez y que te dejes de estupideces.

-Es todo lo que me hace feliz, madre, ¿no lo entiende?

-Soy tu madre, ¡y sé lo que te hace feliz y lo que te deja de hacerlo!

-Es usted una retrógrada sin remedio,

una insensible, ¡y la odio! -¡Basta!

(LLORA)

Señora, ¿quiere que cambie los tendidos de las camas?

Agustina no me dejó dicho cuál es la costumbre de la casa.

No, no hace falta que los cambie. Póngase con la plata del salón,

hace mucho que no se limpia. Como diga la señora.

Fabiana, le agradezco mucho que se haya prestado a venir,

no creo que le falte trabajo en la pensión.

Una es buena organizándose, y quitando algún huésped

más cochino que otro, el resto ninguno me hace estropicio

en las habitaciones. No será lo mismo tener huéspedes

de paso, que aquellos que se quedan por largos periodos.

A fin de cuentas, la pensión es como su casa.

Sí. Algo de eso debe de haber.

Y si no, que se lo digan a Marcia y a Santiago.

Se les ve muy instalados. Y bien a gusto que estamos todos.

Marcia utiliza la cocina como si fuera suya y luego me la deja

como los chorros del oro.

Curiosa historia la de Marcia y Santiago, ¿no cree?

Una de tantas. La vida no es fácil para muchos.

Cuesta ponerse en su lugar y dejar de ver a Santiago

como un extraño. Fácil no ha sido,

desde luego.

Que aparezca tu marido al que dabas por muerto...

¿Nunca ha dudado Marcia de él?

No la entiendo, señora. No, no sé,

que la cárcel le hubiese cambiado demasiado,

que no fuese el mismo hombre que ella recordaba.

Ahora que lo dice, Marcia sí que me ha comentado en más de una ocasión

lo distinto que está. ¿Muy distinto?

Sí, pero para bien, no para mal. Dice que ahora es mejor,

más comprensivo, más cariñoso.

La cárcel, que cambia a las personas más que un disfraz.

(Se abre una puerta)

¿Le importaría retirarse? Vuelva más tarde, yo le avisaré.

Sí. Como diga la señora.

¿Se sabe algo del juicio de Andrade?

No. Retomarán las diligencias pasadas las fiestas de Navidad.

No habrá veredicto para Andrade en todo lo que queda de año.

Todo dependerá de las ganas de trabajar que tengan,

pero según mi experiencia, en estas fechas se paralizan

muchos procesos. Ojalá se pudra en el infierno

para siempre.

¿Qué te ocurre? Te noto muy alterada.

Disculpa mis palabras, es pura impotencia

de que no se haga justicia.

Tenemos que confiar en los tribunales, no nos queda otra.

Tampoco me gustaría que todo esto te afectase,

por nada quiero que te hagan daño.

No te preocupes, no tienes nada que temer.

Estoy deseando que todo esto acabe y ese hombre reciba su merecido.

Lo recibirá.

Todos deseamos lo mismo.

Entonces, ¿no puede hacer nada? -Señor Domínguez,

primero tenemos que saber qué veneno ha ingerido su señora

y una vez lo tengamos claro, solo tendremos que dar con el antídoto.

Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados.

De momento, le he inyectado un calmante

para que no sienta malestar, y hasta que no demos con el veneno,

iremos tanteando distintas sustancias para ver cómo reacciona.

-Muchas gracias, doctor.

Arantxa, acompáñale a la puerta. -Cómo no.

Por aquí, por favor.

-Mírala.

Mala y todo, parece una virgen de lo guapa que está.

Padre,

yo no sé a usted, pero a mí el doctor no me ha tranquilizado.

Ni a mí, ni a mí.

-El doctor

dice que vendrá a última hora para ver qué tal ha pasao el día.

Dios quiera que también traiga buenas noticias

sobre el antídoto.

Estoy pensando hablar con la policía, por si el envenenamiento

fue premeditado.

-Pero ¿quién va a querer envenenar a la señora?

-Es la única opción, si descartamos las causas accidentales.

-A mí me ha hecho enseñarle todos los cacharros de la cocina,

por si había alguno defectuoso, pero no ha encontrao nada.

Dice que todo parecía normal.

-El médico va a tener razón.

El veneno vino de fuera.

Padre, no diga eso que me está asustando.

Está claro que el veneno le fue administrado fuera de las comidas,

algo que tomara fuera de esta casa. -Tiene que ser de fuera.

De mi cocina, desde luego, no ha salido ese veneno, y si no,

que caiga yo fulminada ahora mismo. Esto es una pesadilla.

De la que espero despertemos todos pronto.

Perdóname, no quería venir. -No te preocupes, no me molesta.

-Llevo toda la mañana dando vueltas en la calle.

Nunca antes me había puesto la mano encima.

La odio. -No, no debes hablar así

de tu madre, ¿me oyes?

-¿Ella puede pegarme y yo no puedo odiarla?

-Camino, estoy segura que le habrá dolido más que a ti.

-No la justifiques,

es una ignorante, una estrecha de miras sin aspiración ninguna

en la vida. -No digas eso, por favor.

Tu madre es una mujer de otra época

que ha crecido con unos principios y lo único que quiere

es que sigas sus pasos, nada más. -¿Sus pasos?

¿Vivir encerrada en un negocio esclavo?

No, gracias.

-La mentalidad de tu madre es la de la mayoría de la sociedad.

No puedes pretender que a su edad tenga otra manera de ver la vida.

-Me da igual,

no pienso pasar ni un minuto más de mi vida al lado de esa mujer.

-Camino, entiendo tu indignación y tu rabia, pero es tu madre,

te guste o no. -No, ya no,

no merece ser mi madre. -Lo que dices no tiene sentido.

¿Me oyes?

Tienes que volver a casa, esa es la única salida.

-Quiero quedarme contigo, por favor, déjame estar.

-No. -No te molestaré, te lo prometo.

-No, eso no es posible.

-¿Por qué no? Yo te amo.

-Y yo también a ti,

pero no puedes comportarte como una chiquilla inmadura.

Tienes que seguir los dictados de tu madre, te guste o no,

aunque te contraríen.

-Tú me enseñaste a no dejarme someter por nadie.

-No saques las cosas de contexto, ¿me oyes?

Ya eres mayor como para saber que no vives en una isla desierta,

sino en una sociedad cerrada de mente,

tanto o más que tu madre.

-¿Y qué podemos hacer para ser felices?

-Ser hábiles.

Sortear las dificultades para intentar ser libres,

ese es el camino.

Si no, podemos tener muchos problemas, ¿me entiendes?

-(ASIENTE)

Venga, cálmate.

Y cuando tengas fuerzas vuelves a casa con tu madre y tu hermano.

-No sé si podré.

-Sí, claro que podrás, y verás como el tiempo

lo soluciona todo. Las cosas se van a arreglar,

ya verás.

-Yo solo quiero vivir nuestro amor.

-Y yo también, pero tenemos que tener cuidado.

Espero que hayas seguido mis instrucciones.

Sí.

Tal y como decía la nota, he subido por la escalera de servicio.

¿Te has cruzado a alguien? No.

Ni siquiera me ha visto el portero.

Eso espero.

¿Me va a decir ahora para qué me ha hecho venir?

¿Quién eres?

¿Cómo que quién soy? No la entiendo.

Yo sí sé quién no eres.

No eres Santiago Becerra,

nunca estuviste casado con Marcia y es posible que no hayas

estado en Brasil en tu vida. ¿De dónde ha sacado eso?

Andrade trató de engañarme haciéndote pasar

por el auténtico Santiago Becerra.

Úrsula me lo contó y, tengo razones para pensar que dice la verdad.

¿Le parece una mujer digna de crédito?

Esa mujer es conocida por sus crímenes y sus engaños.

Demuéstrame que todo es mentira.

¿Cree que habría sido capaz de engañar a Marcia?

Vivimos los dos juntos en la misma habitación, habría sospechado

de que soy un impostor.

O me cree a mí o a esa loca, usted decide.

Si vas a vivir es porque todavía tienes un trabajo pendiente

que hacer para mí, pero no te quepa ninguna duda:

si no lo terminas, acabarás en una zanja.

¿Y si decido echarme atrás?

No quiero mancharme las manos de sangre

y terminar en el garrote,

no está entre en mis planes de futuro.

Escúchame bien, Santiago, o como demonios te llames,

haz lo que te ordeno, y después llévate a tu mujercita,

bien lejos de aquí.

O atente a las consecuencias.

-A la paz de Dios. Me ha contao Marcelina

que ha encontrao a alguien pa que le quite la muela.

-A ver si mi mujer vuelve a su ser y se acaba este calvario.

-No sé por qué no me dejáis intentarlo de nuevo.

Conmigo os saldría la mitad de la minuta.

-Ahora no queremos arriesgarnos,

que ya sabemos cómo se la gasta usted.

-Hasta el barbero más experimentao ha sufrido contratiempos.

-Servando,

que quería quitarle la muela con un martillo,

un destornillador y tenazas, que estuvo a un tris

de descalabrarme a la mujer. -Luego, si surgen problemas,

no andéis buscando al menda.

-Veo que el barrio no ha cambiado, Jacinto a su faena y Servando,

ocioso dándole a la sinhueso.

-Oiga, sin faltar,

y cuéntenos el beso de la criada de los Domínguez.

Y no nos diga que no que lo vimos yo y este con estos ojitos.

-Como pa no verlo.

¿Y desde cuándo llevan pelando la pava?

-Llevamos un tiempo tonteando,

y si la cosa no ha trascendido es porque Arantxa no ha querido.

-Pa no querer, bien que se lanzó en el altillo.

-Fue un momento de euforia,

que Arantxa es una mujer seria y discreta,

cualidades que admiro en una fémina.

-¿Ve como yo tenía razón? -¿Y pa cuándo formalizan la cosa?

-Nada me gustaría más, pero no es el mejor momento.

Anda preocupada con su señora, está tan triste que da pena verla.

-Es normal, es que doña Bellita lleva un tiempo mala

y sin recuperación.

-Había pensado en tener un detalle con Arantxa, para animarla,

que falta le hace. -Pues cántele

una serenata. A Santiago le funcionó con Marcia.

-Sí, y como las fiestas están encima,

un villancico, que alegra el ánimo.

-Quería aprovechar para dedicárselo también a doña Bellita

y a su pronta recuperación, y así matar dos pájaros de un tiro.

-Pues hala, póngase a ello y no le dé más vueltas.

¿Conoce usted algún músico? Porque también le podría acompañar

los que tocaron con Santiago.

-No va a hacer falta,

conozco a unos tunos, y ya se sabe que no hay mujer

que se resista a una ronda.

-A mi Marcelina le da mucha contentura.

-Voy a ver si veo a los tunos en alguna tasca,

que estos son más de vino que de libros.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios. -Bueno, yo sigo a la faena.

“Úrsula ha vuelto y lo sabe todo”.

“Acabará hablando con Felipe y le contará mis planes,

y eso es algo que no podemos permitir, ninguno de los dos.

No sé cómo podemos evitarlo.

¿De verdad no se te ocurre? La respuesta es fácil: matándola.

¿Qué? No pongas esa cara de sorpresa,

me has oído perfectamente.

Matándola, devolviéndola al infierno,

pero no podemos permitirnos fallar.

Tenemos que hacerlo los dos, sin intermediarios, sin errores,

con nuestras propias manos.

¿Cómo?

Eso te lo diré cuando esté segura de que vas a colaborar conmigo.

¡Mierda!

-¿Qué ha pasado?

-Nada, no pasa nada.

-Claro que pasa, ¿por qué estás alterado?

-La situación que estamos viviendo.

No sé, me siento impotente, incapaz de salir adelante

y empezar una nueva vida. -Pues deberías controlarte,

no me gustaría que Fabiana nos llamara la atención por hacer ruido.

-Vámonos, Marcia.

Tenemos los billetes, no necesitamos nada más.

Ya nos buscaremos la vida cuando lleguemos a Cuba, ¿sí?

Juntos saldremos adelante.

-He vendido los billetes.

-¿Cómo?

Pero ¿por qué has hecho eso?

-Porque no me iré contigo hasta que me digas la verdad.

-No sabes lo que has hecho.

-¿Quién eres?

¿Y cómo has llegado a mi vida? -Soy Santiago, tu marido.

-No me iré contigo a ninguna parte si insistes en mentirme.

Toma.

El dinero de los billetes.

Ya no quedaban plazas, así que no me ha costado venderlos.

-Marcia, el siguiente barco tardará varios días en salir.

Estamos perdiendo nuestra oportunidad de marcharnos.

-Me da igual.

Mi único problema ahora eres tú,

así que o eres honesto conmigo o no habrá otra oportunidad.

-Me rompe el corazón ver a mi señora así de malita.

No reacciona a nada, y eso que el médico le ha recetao ya

mil potingues.

-No se aflija, ya verá como sale adelante.

-Cesáreo,

no sé qué haría sin usted.

-Ni yo, y por eso me alegro de que haya hecho pública nuestra relación

delante de todo el altillo. -¿Para qué esperar?

La vida es muy corta, y usted es un buen hombre.

No tiene sentido ocultar nuestra amistad al resto de los criados.

-No se imagina lo feliz que me hace escuchar estas palabras,

aunque espero que me considere algo más que un simple amigo.

-¿A qué se refiere?

-Que puede contar conmigo para desahogarse, y si gusta,

puedo ser su paño de lágrimas.

-Ahora que lo dice,

me gustaría comentarle algo que me tiene un poco escamada.

Es sobre Margarita Carrión, la amiga de mi señora.

-¿Ha vuelto a coincidir con ella? -No.

Y eso es lo raro,

que después del rifirrafe que tuvimos,

no ha vuelto a aparecer por casa.

-Se habrá dado cuenta de que no es bien recibida en casa,

y por eso habrá espaciado las visitas.

-No lo sé, Cesáreo.

No sé, ha pasado de estar todo el día pegada a doña Bellita,

a que ahora no se le vea el pelo,

y eso que más enferma no puede estar.

Que estamos todos temiendo un desenlace fatal,

en cualquier momento, Cesáreo.

-Buenas.

¿Interrumpo algo? -No, en absoluto,

estaba haciendo un descanso.

De hecho, tenía un recado en el 28 con un vecino.

Que tengan un buen día. Con Dios.

-Con Dios.

Arantxa, acabo de estar en casa de los Domínguez

y Cinta tenía un disgusto tan grande, que ni hablar podía.

¿Ha pasado algo que yo no sepa?

Ha pasado algo, ¿verdad?

Arantxa, confíe en mí.

Soy parte de la familia, tengo que saberlo.

-Emilio, le pido por favor que sea discreto porque el señor

no quiere que esto trascienda.

-Sí, no se lo contaré a nadie, se lo prometo, pero cuéntemelo,

que me estoy poniendo nervioso.

-Los análisis de Bellita.

Han descubierto que tiene algo tóxico,

algo que la está minando por dentro. Como los médicos

no descubran pronto un antídoto, no van a poder salvarla.

-Un momento, ha dicho antídoto.

Eso quiere decir que doña Bellita ha ingerido un veneno.

-Ea, pruebe, Fabiana, y luego me cuenta,

que son de un proveedor nuevo que me los trae de Segovia.

-Madre mía,

tiempo hacía que no veía unos judiones de la granja así.

-Anda que no me zampaba yo un buen plato de esas habichuelas

con su tocinillo y su chorizo. -No te apures,

que en cuanto las prepare, te separo una ración,

que no es bueno que te quedes con las ganas.

-Se agradece, pero no se moleste, que el bombo tiene unas digestiones

la mar de malas. -Será lo único malo que tengas,

porque se te ve la mar de saludable. -Ya, saludable, pero torpe.

Se lo digo a usté, pero por las mañanas no puedo ni calzarme,

le tengo que decir a Antoñito que me ayude.

-Hola, Lolita. ¿Qué hace aquí, me estaba buscando?

-No, tranquila, he venido a traerle un pedido a la Fabiana.

-Mira, Marcia puede ayudarte más horas en la mantequería

si lo necesitas, ¿verdad? -Por supuesto.

Puedo ir cuando quiera. -Es que no lo necesito,

que ya me apaño yo sola. Te avisaré cuando llegue el momento.

-Tú ya sabes dónde nos tienes.

-Ea, qué manía les ha dao a tos con estar encima mía.

-Es normal, nos preocupamos.

-Ya, si eso mismo me dice mi Antoñito:

que tengo que cerrar la tienda unos días pa descansar,

como si lo necesitara. -Andar de acá p'allá con esa tripa,

tie que ser harto cansao. -Pos que se aplique él el cuento,

que hace unos días que está mohíno pensando en sabe Dios qué.

Ea, me voy pa la tienda. Te avisaré si te necesito.

Agradecía.

-Con Dios.

Fabiana, ¿usted ha visto mi caja de la costura?

No la encuentro por ninguna parte. -Aguarda.

Aquí la tienes.

¿Cómo llevas el bordao que te encargué ayer?

-Justo anoche le di las últimas puntadas.

Tome.

-¡Madre mía, pero qué preciosidad, Marcia!

-Es la estrella de Belén, la que guio a los Reyes Magos

hasta el portal. -Sí, ya lo veo, sí.

Y las puntadas te han quedao de lo más pulcras.

-Me he esmerado para que se viera bien el dibujo.

-Ya te digo que se ve, si hasta parece que se va a salir de la tela.

-Me alegro mucho que le guste.

-No sabía que se te daba tan bien la aguja.

Te ha quedao perfecto.

-Me gusta bordar, me mantiene la mente ocupada.

-Marcia,

¿estás bien?

-Supongo que sí.

-¿Sabes quién me estuvo preguntando por Santiago y por ti?

Doña Genoveva. -¿Y qué quería saber?

-Na de enjundia.

Cómo os iba a los dos en la pensión, si estabas contenta,

tonterías mientras trajinaba por la casa.

No le des al magín, que ya te he dicho que fue hablar por hablar.

-Si no le importa, me voy a retirar, tengo mucha ropa que remendar.

-Muy bien. Marcia, espera.

¿Te importa que ponga el bordao en el portal

para que lo vea todo el mundo?

-Por supuesto, será un honor.

Con Dios. -Con Dios.

-"No quiero ser ceniza, pero Bellita no pinta muy bien".

-Y peor se pone conforme pasan los días.

-Es que debe ser angustioso no encontrar el origen del mal

para actuar en consecuencia. -Ya le digo, Carmen,

Emilio está muy preocupado por la familia de su novia.

-Y usted también, solo hay que verla.

-Este asunto nos está pasando factura a todos.

-No es para menos.

Se echa en falta la alegría y la vitalidad de doña Bellita.

Hay que reconocer que animaba allí por donde pasaba.

-Por favor, no hable en pasado de ella.

-Tiene usted razón, discúlpeme. Hay que confiar en su recuperación.

Ahora marcho, pero...

esperemos que su hijo nos traiga pronto buenas noticias.

-Ojalá sea así.

Con Dios. -A más ver.

-Camino, hija, ¿dónde te habías metido?

¿No te das cuenta que no puedes desaparecer así como así?

He estado a punto de ir a comisaría y poner una denuncia.

-He ido a pasear a los jardines.

-Créeme, hija,

jamás te habría puesto la mano encima.

-Pero lo hizo.

-No me dejaste otra opción.

A una madre se le debe respeto, nada justifica lo que me dijiste.

Dilo.

Crees que soy una ignorante que no sé nada de la vida.

Pues te equivocas.

He vivido lo suficiente y sé perfectamente lo que estoy haciendo.

Eres tú la que no tiene ni idea de la vida.

-Imponer su razón con la fuerza dice poco de usted.

-Ya estamos con las frases redichas de Maite, ¿no te das cuenta

que te ha sorbido el seso? -Deje de culparla y admítalo,

ya no soy esa muchacha callada y sumisa,

he madurado y sé lo que quiero.

-Qué ignorantes sois los jóvenes,

pensáis que lo sabéis todo

cuando ni siquiera habéis vivido lo suficiente.

Escuchad a los adultos, hacedles caso.

¿No te das cuenta que estoy haciendo lo mejor para ti?

-He vuelto a casa, ¿contenta?

Pero le advierto de una cosa:

nada volverá a ser como antes.

Si vuelve a ponerme la mano encima, me iré para no regresar jamás.

-(LLORA)

-Marcia. ¿Cómo tú por el altillo?

-¿Estás sola? -Más que la una.

Las demás criadas están con la cena de sus señores.

-Casilda, necesito pedirte un favor.

-Claro, mujer,

en lo que te pueda echar una mano, otra cosa es que no dependa de mí.

-Necesito dormir en el altillo.

¿Podrías acogerme en tu habitación?

-Pues sí, donde cabe una, caben dos, y hasta tres si se tercia.

Pero ¿tú no deberías dormir con tu marido, que es lo que propio?

¿Ha pasao algo? -Hemos discutido

y no quiero dormir con él.

-Bueno, mujer, los matrimonios discuten

y no por eso se va cada uno por su lao.

-Créeme, esta vez ha sido muy desagradable.

Preferiría

dormir en la calle antes que compartir la cama con Santiago.

-Pues sí que ha tenío que ser bronco el asunto.

-Te prometo que no te molestaré, me iré al alba.

-La verdad es que estas cosas las decidía la seña Agustina,

pero como no está, tampoco pasa nada porque te quedes una noche.

-Gracias, Casilda.

Eres muy buena.

-Pero, Marcia, ¿no me vas a contar lo que ha ocurrido?

-Preferiría no hablar del tema, lo entiendes, ¿no?

-Sí, pero así poco puedo ayudarte.

-Ya lo haces acogiéndome, no te preocupes.

-Marcia. Me imaginaba que estarías aquí.

-Santiago, usted no debería estar aquí.

-Casilda, por favor, ¿nos dejarías a solas?

-Está bien.

Voy a guardar estas cosas.

-No les contaría esto si no estuviera convencido,

pero tengo la certeza de que Margarita está detrás

de la enfermedad de doña Bella.

Emilio, una cosa es que no te guste Margarita y otra,

que la emprendas contra mi madre. Explíquese, Emilio,

me estoy poniendo nervioso solo de oírle.

-Sorprendí a Margarita echando algo en el té,

le pregunté de qué se trataba y me dijo que era una especia

para endulzar la bebida. -La manía de meterse en mi cocina.

¿Y qué especia era?

No me lo dijo, estaba muy nerviosa

y cuando entró Arantxa en la cocina aprovechó para escaquearse.

-Pero si hizo eso es porque algo ocultaba, la muy tunanta.

-¿Qué está diciendo, que Margarita ha estado envenenando a mi esposa?

Mire que es una acusación muy grave.

-Lo sé, por eso...

les pongo al corriente.

-Que Dios nos pille confesados.

-Siempre me dio mala espina esa mujer, desde que le vi

con el truhan de Carchano.

Coraje me da no haberla seguido más de cerca para evitar este calvario.

Ojalá supiéramos exactamente lo que le echaba al té.

-Y lo sabremos, amor.

Cuando se marchaba, se le cayó la bolsa con la especia misteriosa.

-No me diga que la lleva consigo.

-Aquí la tienes. -¡Diablo de mujer!

Ay, amor, qué listo eres. Bueno, ha sido cuestión de suerte.

¿Adónde va? -Hay que llevar los polvos

al médico, aquí puede estar la clave para dar con el antídoto.

-No hay tiempo que perder.

Corre, no le pierdas de vista.

Ay, tata, ojalá lleguemos a tiempo para salvarla.

Te digo yo que sí, que vamos a salvar a tu madre,

como que me llamo Arantxa Torrealday Urrebaso.

-"Sé que me engañas",

que no eres quien dices ser.

Me niego a compartir la cama con un desconocido.

-Marcia, escúchame. -¿Sabías que Genoveva

pregunta por nosotros?

-¿Quién te ha dicho eso? -¿Qué más da?

Lo único que sé es que todo lo que te rodea es turbio,

oscuro.

Me dices que no conocías a Genoveva y te veo hablar con ella.

-Le estaba pidiendo trabajo.

-¿Y a Úrsula también?

¿También le pedías trabajo? Porque también te vi con ella.

-Marcia. -No sé quién eres.

Me da igual,

pero te temo, a ti y a lo que te traes con esas mujeres.

-Lo he dado todo por ti, Marcia.

Mi cariño, mi entrega, ¿qué más quieres?

-Que me digas realmente quién eres.

Me da igual que jures o perjures,

tú no eres mi marido.

-No sabes cómo me duelen tus palabras.

-¿Te duelen mis palabras?

Imagínate la confusión que siento

al compartir lecho con alguien

que es capaz de engañarme así.

-¿Por qué te resistes a reconocer que me amas?

-Siento

vergüenza,

vergüenza por haberme abandonado a tus besos y abrazos,

ser tan estúpida de haberme creído las palabras de un farsante.

Me doy asco,

es que no se puede caer más bajo.

Creo que me voy a volver loca.

Dime quién eres.

-Me llamo... Israel Becerra,

soy el hermano gemelo de tu marido muerto

y vine a buscarte por orden de César Andrade

para impedir tu matrimonio con don Felipe.

¿Cuándo va a dejar de arrojar basura sobre los demás?

Nunca, incluso después de muerta, la perseguiré.

Se cree muy lista, pero no es más que un simple aprendiz.

¿Por qué viniste a España?

-Me contrataron para impedir tu boda con Felipe.

-Las pruebas de doña Bellita muestran que

estaba siendo envenenada,

y sospechamos que se trata de Margarita, la esposa Carchano.

-Arantxa. -Dígame, señora.

-Prepara la cena como cualquier año.

Llamad a Margarita,

ella es una más de la familia y quiero que cene con nosotros.

-Tú tienes tu libertad sin contar con el apoyo de nadie,

¿acaso necesito yo tu apoyo para conseguir la mía?

-Como quieras, tú sabrás si quieres formar parte de esta familia

o te pones en nuestra contra.

-Así que buscaré otra cosa. -¿Otra cosa u otra tuna?

-Cobrarán lo mismo. -No si somos nosotros

los que damos la serenata. No van a cantar los tunos

mejor que nosotros tres.

-Permita que siga con sus clases,

quién sabe si ahora que Liberto está en el negocio, le vaya hasta bien.

-Rosina, por favor, Maite Zaldúa, cuanto más lejos, mejor.

Operadora, ¿podría conectarme con doña Margarita Carrión?

"Dígame, Margarita Carrión al habla".

Andrade comete errores,

errores imperdonables para alguien en su situación.

Le ha dado información valiosa a alguien que no le conviene.

No sé a qué se refiere. Y no hace falta que lo sepa,

pero hemos de hacerle darse cuenta de su error.

-¿Cree que Margarita iba a perder la oportunidad

de rematar a Bellita?

-Creo que es ella.

Felipe se va a casar conmigo porque llevo a su hijo

en mi vientre. ¿Está segura de que él es el padre?

Por supuesto.

¿No será del hombre que se hace pasar por Santiago?

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Acacias 38 - Capítulo 1166

24 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Saro

    Siempre he dicho que los actores de Acacias son muy buenos pero, para mí, Ursula es genial ... cómo sabe tocar los puntos débiles del contrari@, sobre todo los de la señora que pretende cazar a Felipe con engaños; cómo la mira, cómo se burla viéndola asustada ... claro, esa señora al lado de Ursula es "una principiante". Ursula se hace odiosa pero éso solo demuestra que Montse Alcoverro es una actriz extraordinaria. Espero que ahora Marcia le cuente a Felipe quien es su "marido" y no vaya a marcharse con el impostor, éso sería una pena pero ... ya conocemos a los guionistas, no les gusta demasiado el AMOR VERDADERO.

    25 dic 2019