A mi yo adolescente La 2

A mi yo adolescente

Sábado a las 14.00 horas

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No recomendado para menores de 12 años A mi yo adolescente - Generaciones - ver ahora
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¿Cuándo fue la última vez que os sentisteis escuchados?

1800 millones de personas entre los 10 y los 24 años

tienen el futuro del planeta en sus manos.

¿Cuándo fue la última vez que os sentisteis escuchados?

¿Cuándo la última vez que nos interesamos sinceramente

por aquello que os preocupa?

A lo mejor son problemas o preocupaciones de adolescentes.

Puede que lo sean, pero, en este momento, a mí me preocupan.

¿Por qué no puedes ponerte también en nuestro lugar y pensar

que esto que he sufrido, a lo mejor lo sufriste tú hace 20 años?

Basta con cambiar el enfoque y apartar por un momento la mirada

del filtro de los prejuicios y estereotipos

para encontrar una juventud capaz, solidaria, empática,

comprometida, activa y diversa.

A mí me gustaría seguir siendo abierto, siendo tolerante.

Estar orgullosa de sentirme minoría muchas veces,

y seguir con ese orgullo.

Me siento bien porque siento que sirvo para algo.

Todas nuestras esperanzas como sociedad

pasan necesariamente por entender a los jóvenes como una solución

y no como una parte del problema.

Dejar de hablar de ellos en tercera persona

y empezar a escucharlos.

Hola, me llamo David Trueba

y puede que muchos de vosotros no me conozcáis.

Tengo 49 años,

que es la edad, más o menos, que tendrán vuestros padres

en este momento.

Tengo hijos que tienen, aproximadamente, vuestra edad,

que están, más o menos, en vuestras mismas etapas escolares

y he dedicado gran parte de mi vida a escribir.

He publicado cinco novelas,

he escrito el guion de varias películas,

he dirigido algunas películas,

escribo también en periódicos.

Estudié Periodismo, fue la carrera que estudié.

En el cine, he hecho también, aparte de películas,

alguna serie de televisión.

Y a lo largo de estos años trabajando,

me he dado cuenta de que el paso del tiempo

es uno de los grandes asuntos

y de los grandes motores de la creación,

pero también de nuestra vida.

Y yo vengo a hacer algo

que, a lo mejor, no estáis tan acostumbrados a hacer,

que es escucharos

y escuchar las cosas que tenéis que decir.

Seguramente vosotros habéis oído en algún momento un "palabro"

de esos horribles que se usa mucho,

que se llama diálogo intergeneracional.

¿Habéis oído alguna vez eso?

¿Sabéis lo que quiere decir eso?

Vosotros, ¿eso lo practicáis habitualmente?

¿Sentís que lo que pensáis, lo que os preocupa,

las cosas que necesitáis, es fácil que os escuchen?

Yo creo que cada vez es más fácil

hablar con nuestros parientes.

Antes no había tanta comunicación, por ejemplo, paternofilial.

Más esa sensación, que creo que vosotros tenéis,

de la falta que habéis tenido de comunicación con vuestros padres,

lo hacéis ahora con vuestros hijos.

O sea, que tú más bien lo que percibes como hija

es que tus padres te trasmiten

una cierta frustración de lo que fue su juventud

con respecto a sus padres

y que lo tratan de arreglar en la siguiente.

Eso está bien.

Yo creo que depende mucho del tema del que se esté hablando,

porque, por ejemplo, si tú tienes la misma ideología que tus padres,

al final, si habláis de política, os vais a entender muy bien.

En cambio, cuando a lo mejor tú te sientes mal

y no tienes a otra persona que no sean tus padres,

cuando tienes que hablar de algo que te ha pasado,

a lo mejor con un amigo o con tu pareja,

pues como que ahí ya entra un conflicto,

porque a lo mejor tus padres no llegan a entenderlo

porque no se ponen en tu situación o porque ellos nunca lo han vivido.

¿Y tú crees que eso, suceden esos asuntos,

por la educación que han tenido,

porque ha cambiado generacionalmente el mundo de hábitos?

Ahí detrás había alguien que... Venga.

Yo estoy con Celia y creo que es fácil ser escuchados

porque nuestro entorno, yo creo que a todos nos apoya,

pero es difícil para la generación que tenemos por encima

como sobrepasar el cliché de:

"Bueno, a lo mejor son problemas o preocupaciones de adolescentes".

Puede que lo sean, pero, en este momento, a mí me preocupan.

Yo creo que mis padres no me cuentan, ni de lejos,

todo aquello que piensan o que sienten en ese momento.

Aunque me cuenten algo,

siento que me lo están contando como a la mitad.

Como que lo adaptan a nuestra edad, cuando yo, precisamente en esta edad,

lo que estoy pidiendo es que no me den filtros.

Necesito saber toda la información, aunque pueda ser algo más duro

o me preocupe.

Yo también puedo preocuparme por los demás.

¿Querías decir algo?

Hay como ciertos temas

que los de vuestra generación piensan que son temas adultos.

Entonces no nos dejan participar a los adolescentes,

o incluso a gente preadolescente,

porque piensan que no tenemos una idea fija,

que todo lo que decimos es porque nos lo ha dicho un amigo

o lo hemos visto en alguna red social y es mentira.

O sea, con 17 años, con 14, con los que sean,

ya tenemos una idea propia.

Hubo una vez que mi padre me llegó,

con el primer novio que tuve hace ya un tiempo, y me dijo:

"Pero ¿te has besado con él?".

Y claro, yo me quedé así mirándolo y dije:

"Pero ¿quieres saber la respuesta?". Y dice: "Mejor no".

Entonces son esas cosas que no es tabú,

pero es un poco incómodo de hablar.

Sobre todo, temas de sexo, alcohol, que es como...

Que al final todos lo hacemos,

pero siempre da un poco de palo hablarlo con tus padres y tus hijos.

(SILVIA) Noto un trato paternalista por parte de los adultos.

O sea, como son problemas de adolescentes...

Pero has sido adolescente,

entonces, ¿por qué no puedes ponerte también en nuestro lugar y pensar

que esto que he sufrido, a lo mejor, lo sufriste tú hace 20 años?

Y luego el tema políticas, no tienes todavía la suficiente información,

no estás informado, no tienes madurez

para hablar sobre estos temas.

Y a lo mejor tengo más madurez que tú.

Estoy más informado que tú.

Creo que hablo para todos cuando digo

que tenemos muchas cosas que aportar los adolescentes.

Estamos implicados en, pues yo qué sé,

ecologismo, feminismo, política y demás.

Y el tema de: "No, tú eres adolescente,

no tienes ni idea del mundo",

que esa es otra, que es un estereotipo supercomún,

pues al final impide que tengamos voz y voto

en cuestiones que estaría interesante que tuviéramos.

Hola, no soy una adolescente más, soy Ainhoa, tengo opinión

y, de verdad, me gustaría el mostrarla

porque creo que es muy buena.

Básicamente, los adultos piensan que, al estar en un periodo,

en una época de formación, de madurez,

de estar luchando por tu personalidad,

no terminan de encajar que realmente

la confianza no nos la tienen que dar cuando tengamos 25 años o 30,

sino ahora, que es cuando lo necesitamos.

Mis recuerdos de la adolescencia es que es una edad difícil,

en el sentido de que uno tiene cosas dentro que no se atreve

ni siquiera a confesarse a sí mismo

y tiene muchas dudas, obviamente, e inseguridades,

pero ¿tenéis la sensación también de que, cuando miráis

no solo a vuestros padres, sino a vosotros, en vuestro grupo,

no todo el mundo es como vosotros?

Estoy seguro de que, en muchas ocasiones,

no hace falta ser un padre

para enfrentarte a tu propia generación y decir:

"Esto no lo entiendo, no entiendo por qué esta persona es así".

Nos relacionamos con la gente que se parece más a nosotras.

O sea, yo, personalmente, sí me siento más escuchada.

O sea, creo que los adultos,

generalmente, son más de: "Pues es un niño, no tiene ni idea",

y tengo casi 20 años.

O sea que os sentís responsables, en cierta manera,

¿y os gustaría que os dieran más responsabilidad,

o también es cómodo para vosotros sentiros...?

(MARTA) No sé vosotros, yo hablo de mi experiencia,

pero yo creo que el gol de los adolescentes es encajar,

o sea, ser uno más en la sociedad.

(ALEXIA) Creo que todos queremos, todos los adolescentes,

es que nuestros padres tengan más confianza en nosotros,

que nos dejen equivocarnos y arrepentirnos de lo que hemos hecho

y así, pues vamos aprendiendo más de la vida.

Y todo esto se logra teniendo confianza en tus hijos.

Muy bien.

A mí me parece que, además, en el momento que alguien asume

una posición de autoridad así, un poco más paternalista,

ya está habiendo un sesgo para tomarte en serio

y no es una conversación o una discusión justa.

O sea, en el momento en que alguien te está infravalorando

simplemente por ser más joven

y está metiendo ahí la baza de la inexperiencia,

pues, claro, deja de ser un diálogo justo

y a mí eso también me da mucha rabia, porque por mucho que te esfuerces,

a veces es que ni siquiera te van a tomar en serio.

Se han preparado unas declaraciones,

una pequeña grabación con un filósofo que se llama Gregorio Luri.

Vamos a escucharlo y luego seguimos comentando.

Creo que todas las generaciones de adultos

han mirado con cierta perplejidad a los jóvenes.

¿Qué están haciendo con el mundo? ¿Es que no piensan?

¿Es que no saben a dónde van?

Es decir, las generaciones mayores miramos,

no con sorpresa, sino con cierta perplejidad

las conductas de los jóvenes.

Una de las primeras tabletas de cerámica

que se encontraron en Mesopotamia

recogen una discusión bastante áspera

entre un padre y su hijo adolescente.

El padre le dice que tiene que ir a la escuela

y el otro dice que para qué.

Le dice que para estudiar y el otro que por qué.

No es nuevo.

Eso forma parte de la historia de la humanidad.

En una Sura, se cuenta que el profeta Mahoma

llegó a una ciudad

y los ancianos de la ciudad fueron a recibirlo

y comenzaron a quejarse de los jóvenes:

"Hay que ver los jóvenes, no sabemos lo que quieren,

no sabemos a dónde van,

no hacen caso a sus padres,

solo piensan en divertirse y no trabajar".

Y se dice que el profeta les contestó a aquellos ancianos venerables:

"Es que deben tener ustedes presente que los hijos

no son solo hijos de sus padres,

también son hijos de su tiempo".

Pues bien, nuestros hijos son hijos de un tiempo

del cual nosotros somos padres.

¿Qué pensáis? ¿Creéis que vosotros entendéis un poco mejor

el tiempo en el que estamos viviendo

que vuestros padres o vuestros abuelos?

Yo creo que, como bien ha dicho el filósofo,

somos hijos de nuestro tiempo

y muchas veces nuestros padres o los adultos, sin generalizar,

quería decir que tienen miedo a cómo vamos a ser en el futuro,

porque ellos, realmente, tienen una idea

de cómo quieren que nosotros seamos en el futuro.

No entiendo, sinceramente, por qué estáis perplejos

ante tantas acciones que hacemos nosotros.

Yo hablo mucho con mi familia, sobre todo mi madre, mi tío, mi tía,

y yo veo cómo mi madre me ha contado anécdotas de, por ejemplo, los 90,

cuando ella tenía 20 años, el bum de la heroína,

de que pasaba por la calle y veía gente pinchándose o lo que sea.

Como que tienen miedo a que repitamos

todas esas acciones que ellos han vivido.

Yo creo que eso es lo que más les da el miedo que hemos hablado,

en volver a todas esas situaciones de:

"No te emborraches porque puedes llegar a un coma etílico.

No te drogues porque puedes llegar a tal".

Yo, cuando escribo una novela, siempre uno de los ejercicios

que tienes que hacer, que es obligatorio de hacer,

es ponerte en la piel de otro.

Es ver la vida o ver el conflicto que cuentas en la novela,

no desde tu perspectiva, que la conoces y la asumes

y, más o menos, la tienes ahí, digamos, ya resuelta,

sino en tratar de resolverla con los ojos,

con la personalidad de otro.

¿Vosotros, alguna vez, os colocáis en el lugar de vuestros padres

o sois incapaces de hacerlo?

Yo soy completamente capaz porque tengo un hermano pequeñito

y tengo ese instinto de protección,

de saber por qué se preocupan tanto mis padres.

Siempre está la frase de: "Cuando seas madre, lo entenderás".

Pues yo soy hermana y yo lo entiendo con mi hermano pequeño.

Entiendo por qué os preocupáis tanto, porque sois, a veces,

tan pesados y nos cabreáis, nos agobiáis.

Pero sois como lo mejor y lo peor para nosotros.

No, no, está muy bien. Es un punto de vista estupendo.

Yo creo que para intentar comprender, si eres un padre, a tu hijo,

debes intentar comprender también un poco

la realidad en la que se mueve y tal.

Por ejemplo, mi padre dice:

"Joder, tío, todo el día riéndote con los memes y no tienen gracia".

Ya, pero es que tú en tu época

te reías con los chistes y tenían gracia.

O sea, el tema de los videojuegos, del móvil, de los vídeos y tal

choca porque es nuevo y avanza tan rápido

que es difícil acostumbrarse a él

y, sobre todo, es difícil prever cómo va a ser en el futuro.

Y por ahí hay choques y conflictos.

Creo que muchas veces el horror, horror no, error

que cometemos las dos generaciones

es que comparamos mucho.

¿Comparamos? Sí.

Y siempre se dice "mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer".

Y su realidad estuvo bien o mal, ellos la vivieron,

pero es la que ha evolucionado a esta y es la que nos toca vivir.

Entonces, o nos adaptamos

o vamos a vivir atemporalmente lo que nos queda de vida.

Vamos a escuchar, si os parece, y seguimos hablando,

a una maestra, pedagoga, experta en convivencia

que se llama Nélida Zaitegi y seguimos hablando de estas cosas.

Yo siempre lo digo, tenemos que ayudaros a pensar

y a decidir, pero no a pensar por vosotros,

ni decir qué tenéis que pensar,

ni a decidir por vosotros y por vosotras.

Eso lo debéis tener claro ahora.

Sí tenemos que ayudaros, a veces, os liais un poco,

estáis ahí en una vuelta a esto, pero pedidnos ayuda.

Es decir, "Oye, esto, ¿cómo?".

Entre vosotros tenéis conversaciones interesantísimas,

no hay más que oíros cuando habláis sin que haya adultos.

Las preguntas que os hacéis, las respuestas.

Estás dándole a tu compañero o compañera,

amiga con la que estás hablando,

la respuesta que anoche, en una bronca, te dio tu madre

y se la estás dando como tuya.

Porque, al final, ¿qué os queda?

Pues aprendéis de vuestros padres y vuestras madres,

de lo que dicen vuestros maestros y maestras,

de lo que dicen vuestros amigos y amigas,

de las cosas que veis, también, de un "youtuber" o no sé qué.

Es decir, aprendéis.

Pero lo importante es que en un momento os autodeterminéis

y que digáis: "Yo soy esto y yo quiero esto".

Luego te sorprenderá que aquello no era tan tuyo como creías,

pero está muy bien, es tuyo, porque al final nos construimos

con todo lo que vemos y oímos alrededor,

pero sí que, en un momento, tienes que decir esto.

¿Que os tenemos que escuchar? Cierto.

¿Sabéis lo que queréis en muchas ocasiones? Sí.

¿Que estáis liados? Montones de veces.

Pero que estamos ahí, nosotros tenemos que ser

esa ayuda continua e incondicional,

que estamos y que decimos: "Venga a ver y, entonces, ¿qué?".

Pero requiere tiempo. Y diálogos sosegados, tranquilos,

a veces viendo una peli, viendo yo qué sé qué,

salen las conversaciones más trascendentes.

Ahora, tenemos que estar juntos oyéndolo,

porque si no, no tendremos ese tiempo.

Estar juntos. ¿Qué pensáis de eso?

¿Creéis que la sociedad actual, el momento en el que estáis viviendo,

el estar juntos es algo habitual o hay una cierta separación,

hay una cierta tendencia a aislaros?

Hay veces que yo, por ejemplo, prefiero estar en mi cuarto

sola, encerrada y a lo mejor mis padres están en el salón,

pero es que yo disfruto de mi soledad

y ahí creo que también hay un problema,

porque mis padres no llegan a entenderlo.

Quieres decir que la soledad también conforma la personalidad,

no todo es social, también hay una parte de eso.

Y una pregunta, ahora seguimos con eso, pero una pregunta.

¿Vosotros creéis que pasáis el suficiente tiempo

y, por "tiempo", no entiendo solo el contacto,

sino tiempo de dedicación, con vuestros mayores?

O sea, ¿les dedicáis tiempo vosotros a ellos?

Si ellos se dejaran escuchar,

creo que también habría más comunicación,

porque hay muchas veces que mis padres quieren

que les cuente mis problemas y todo eso,

lo que me pasa por la cabeza,

pero ellos a mí no me cuentan eso.

Y yo ahí noto como una especie de bloqueo.

Vale, entiendo que tú eres mi padre y tienes más experiencia,

lo que tú quieras y me puedes ayudar. Vale.

Pero ¿por qué yo no te puedo ayudar?

El caso es que siempre me preguntan ellos a mí:

"¿Qué te pasa?".

Pero nunca les pregunto:

"¿Qué te pasa a ti, papá?" o "¿Qué te pasa a ti, mamá?".

Porque tampoco me dan pie a preguntárselo,

ni tampoco se dejan, ni luego quieren responder.

O sea, yo, por ejemplo, en mi casa ahora,

mi abuelo está un poco pachucho

y con mi padre algo se ha hablado,

pero con mi madre no he hablado nada. Nada de nada.

Y me gustaría mucho sentarme un día y decir:

"Mamá, ¿qué pasa? ¿Estás bien?

¿Quieres un abrazo o llorar conmigo?

Llora conmigo, no me importa.

Lloramos las dos juntas, no pasa nada".

Levantad la mano los que estáis de acuerdo con esa idea

de que ellos no os transmiten tanta información

como vosotros a ellos.

Es casi masivo, ¿no? Es una sensación curiosa.

Yo creo que hay un problema que muchos adolescentes,

y me incluyo a mí también,

que debemos llegar a una situación en la que estamos en el límite

para pedir ayuda a nuestros padres,

porque a lo mejor la ayuda de nuestros amigos no nos ha valido.

Yo, por ejemplo, una experiencia personal,

hace unos años yo llegué hasta un límite

y en ese momento dije: "Mamá, necesito ayuda".

Y al final mi madre me ofreció la ayuda que necesitaba,

que fue ayuda profesional, un psicólogo.

¿Y por qué cuesta tanto?

No solo en tu caso, en general.

¿Por qué cuesta tanto pedir esa ayuda?

Creo que es por problemas de confianza,

por la comunicación que hay en casa.

Si has crecido en un entorno que nunca has hablado cómo te sientes

o has tenido, a lo mejor, un problema pequeño

y nunca lo has contado porque dices:

"Es que no me van a entender o no tengo la suficiente confianza".

Pues si no has contado tus problemas pequeños,

no vas a contar los problemas grandes.

Venía de una etapa bastante dura porque lo había dejado

con mi primera pareja chica.

Y yo soy muy de sentir las cosas al límite

y la ruptura pues me dolió.

Me costaba mucho superarla y, justamente,

pues fue el tránsito ese de segundo a tercero de la ESO.

Era ese sentimiento horrible que no le deseo a nadie, de decir:

"Es que tengo mucha gente a mi alrededor,

pero es que me siento más sola que la una".

Fue una sensación horrible porque me llevó a una ansiedad

de comer a todas horas, de que siento un vacío por dentro,

que necesito llenarlo con algo y, en ese momento, fue la comida.

Mi madre, cuando ella me empezó a preguntar

que me veía con cara mala, me tuve que abrir y le dije:

"Mira, mamá, me pasa esto. Me afectan muchísimo las cosas".

Fue también cuando había salido del armario, por así decirlo.

Gracias a ella, pude superar la situación

que, para mí, a día de hoy, sigue siendo la peor que he pasado.

(SILVIA) Creo que, también, el hecho de por qué no contamos las cosas

depende mucho de cómo de queridos nos sintamos en casa,

porque si tú llegas y no notas ese interés, ese amor,

pues al final dices:

"¿Y para qué voy a contar esto

si realmente no le importo a esta gente?".

(JOSÉ) Tanto la falta como el miedo de comunicarnos con nuestra familia

viene dado por ese miedo a que nos juzguen.

Yo creo que, no me pasa en mi familia,

pero hay muchos casos de gente que he conocido que les da miedo

hablarles a los padres o a los abuelos

por miedo a que la propia familia te juzgue a ti.

Te voy a contar un problema que me ha pasado,

aunque sea el más tonto,

pero que no nos sintamos juzgados.

Los que han preparado el programa

querían también que hubiera una intervención

que os sorprenderá porque no es un especialista,

pero seguro que a uno de aquí le resulta un personaje muy familiar

en su vida cotidiana.

Vamos a verlo y seguimos hablando de esto.

A mi hijo Juanma, si lo tuviera delante,

sin filtro ninguno,

le diría que lo quiero muchísimo,

que para mí es lo más grande,

que muchas veces se es estricto

porque el guion te exige ser estricto,

que no soy un colega, que soy su padre.

Que si yo no le digo lo que está bien, lo que está mal,

nadie se lo va a decir.

Que se equivoque, si hace falta

y que siempre estaré ahí para ayudarle y para sujetarlo.

Yo admiro a mi hijo, eso es algo que creo que él sabe.

Muchas veces creo que él no lo siente porque al final

uno se dedica en el día a día más a ser autoritario

que a expresarle lo que le quiere.

Pero bueno, decirle que estoy ahí para lo que necesite.

Veinticinco horas al día.

Juanma, qué padre tan majo tienes.

Pues es mi padre.

El momento en el que más orgulloso me he sentido de mi padre

fue hace dos años porque no le fue muy bien en el trabajo,

tuvo varios problemas, estuvo un año bastante fastidiado

y ver a mi padre sacando fuerzas de donde no las tenía,

ayudando a sus hijos, a mi hermano y a mí,

como cualquier día normal, aun teniendo la cabeza en otro sitio,

yo no me he sentido más orgulloso de él en mi vida.

Igual que el padre de Juanma

le dijo todo lo que pensaba de él,

me pareció además un gesto superbonito,

a mí también me gustaría decir algo a las personas que quiero.

Me gustaría decirle algo mi madre,

que la quiero muchísimo.

Y no se lo digo nunca porque me da vergüenza decírselo.

Bueno, pues hola, mamá.

Yo sé que no hemos hablado lo suficiente.

Sé que, a veces, he tirado demasiado de la cuerda,

que lo he pasado muy mal y tú lo sabes,

pero todo va a estar bien

y ojalá llegar a ser algún día como tú.

El padre de Juanma nombraba a un tipo de personaje

que seguramente habéis conocido,

que es el padre o la madre que quiere trascender esa figura.

Quiere ser colega, quiere ser amigo.

¿Conocéis ese personaje?

¿Lo habéis visto en amigos, amigas que hayan padecido un caso así?

(ANDREA) Mi padre.

O sea, mi padre es una persona que, de primeras, es superguasón,

está todo el rato chinchándome,

a lo mejor, yo qué sé...

Una broma que siempre me hace es:

"Pues, venga, te acompaño al insti, y cuando te despidas, te hago así,

de que te quiero mucho y te lo grito".

Y claro, pues yo me quedo como: "Mejor no".

Pero si me tiene que decir: "Pues eres tonta",

me dice: "Eres tonta".

Y se pone serio y se acaban las bromas y es mi padre.

Reparte las dos funciones.

Claro, es como que tiene esa...

Creo que lo hace un poco para que note

pues que no hay una barrera entre padre e hijo.

Lo hacen un poco, yo creo, para que sepan

que están ahí en lo bueno

y que pueden estar de risas contigo,

pero sigue siendo tu padre, que tampoco te pases de la raya.

Había un tebeo de Mafalda, que eran unos tebeos de Quino

que leíamos mucho cuando éramos pequeños,

que había una de las viñetas que la madre,

ya harta de que la niña le hiciera preguntas y le cuestionara todo,

la madre le dice: "Te lo digo porque soy tu madre".

Y Mafalda le respondía:

"Bueno, pues si es una cuestión de cargos, yo soy tu hija

y además nos graduaron a las dos el mismo día".

Veréis ahora un vídeo de un escritor y filósofo, José Antonio Marina.

Yo creo que nos va a seguir y servir

para continuar charlando de ello. Vamos a ver.

Si yo hubiera podido darme, o si pudiera darme ahora, un consejo

al adolescente que era,

posiblemente el que me daría es:

"Ten cuidado con tus miedos,

porque vas a tener muchísimos miedos

que te van a complicar la vida

y que luego vas a ver cómo desaparecían sin más,

porque no eran miedos reales.

La adolescencia es un momento en que la inteligencia,

que es muy imaginativa,

puede empezar a imaginar muchos, muy variados,

y, algunas veces, muy profundos miedos.

Y, bueno, intenta poner en cuarentena los miedos,

porque muchos, muchos de ellos, no son reales,

pero te van a hacer pupa como si fueran reales.

Conviene que te liberes de ellos".

Había un filósofo, que a lo mejor habéis estudiado,

que se llamó Hobbes, que es un filósofo inglés muy famoso,

que dijo una frase terrible:

"El día que yo nací,

mi madre parió dos gemelos,

yo y mi miedo".

¿Cuántos hermanos gemelos tenéis?

Estoy de acuerdo con él en ciertos aspectos,

porque siempre digo que mi mayor miedo es mi propio miedo

por las cosas que no me deja hacer

o de las que me coarta o me cohíbe mucho.

Sin embargo, no creo que haya que aislarlos,

sino que hay que aprender a tratarlos

y es algo que, como sociedad, no sabemos hacer.

No hay que aislar esos miedos, sino ver de dónde vienen,

qué nos hacen pensar, cómo nos hacen actuar

y tratar con ellos.

Yo a muchos niños he visto decir:

"Tengo miedo. No apagues la luz porque tengo miedo".

Y los exteriorizas.

Y, de pequeño, es una de las primeras cosas que aprendes,

a decir que tienes miedo.

Pero ¿los adultos?

Yo nunca he visto a mis padres o a mis abuelos o a mis tíos decir:

"Es que me da miedo esta situación".

Siempre se evaden en "me preocupa", "es que me provoca mucho estrés".

Las cosas hay que llamarlas por su nombre

y eso nos ayuda a identificar qué nos pasa.

Yo creo que el miedo en sí es un gran problema en nuestra edad.

El miedo a confiar en tus supuestos amigos para contar tus cosas,

para que a lo mejor mañana no las cuenten a otras personas.

El miedo a amar a alguien.

La última relación que tuve, a mí me ha dado mucho miedo

el volver a entrar en otra relación

porque piensas que va a ser igual.

Es el miedo ese de decir: "Joder, es que yo siento por ti,

pero es que tú no lo sientes por mí".

A lo mejor tú ya has pasado otras etapas,

has salido de una situación amorosa y lo has pasado fatal.

Ella ha hablado de una cosa que me ha gustado mucho oír,

el miedo a amar.

Siguiendo con esto, vamos a ver un vídeo

que creo que os interesará.

Hola, chicos, ¿qué tal estáis?

Soy Elvira Sastre y, bueno, me gustaría compartir con vosotros

esta carta que he escrito a la Elvira adolescente

y espero que os guste.

"Querida Elvira adolescente:

Te escribo esta carta no para avisarte de nada,

sino para contarte todo lo que aprendimos,

a dónde nos llevaron esas cosas que no salieron,

en qué se transformó todo aquello que imaginamos.

Puede que solo quieras saber una cosa,

si aquel amor imposible funcionó,

si aquellos ojos azules terminarían mirándote de vuelta.

Debes saber que las palabras se convertirán en tus grandes aliadas

a la hora de enfrentarte al mundo,

porque lo harás, todos lo hacemos

y el choque será doloroso, pero necesario.

Amarás por encima de todo y, con todo,

vendrá alguien que partirá tu amor en dos,

pero de nuevo las palabras estarán ahí para ayudarte

y no te costará darte cuenta.

Volverás a amar y te volverán a partir,

pero conseguirás hacerlo de nuevo y la vida te sonreirá

con sus ojos color hierba.

Verás que todo, al final, es más sencillo de lo que parece.

Aprenderás también a deshacer tus nudos,

a alimentar la tristeza que ya empieza a acompañarte,

harás bandera de ella

y es probable que en varios lugares del mundo

te abracen con fuerza por ello.

Abraza a tus padres.

Cuida de ellos igual que ellos cuidan de ti.

Protege a tu hermana y no dejes que aquellos que te arrastran

salgan a flote con tu aire.

Cuida de ti.

Hazlo sin dudas, sin quiebros.

El equilibrio de tu cuerpo con tus emociones es vital.

No temas fracasar,

cae con fuerza para no olvidar ese daño,

pero haz caso al rayito de luz que se manifestará

cuando estés en lo más hondo.

Eso es lo que te va a salvar.

Quiérete mucho, quiérete bien. Yo te espero por aquí".

¿Tenéis miedos parecidos a eso,

miedo a que vuestra autenticidad, sinceridad, honestidad,

vuestra pureza se vuelvan en vuestra contra?

¿Tenéis ese miedo?

¿Qué otros miedos, cuáles son los miedos que podéis confesar?

Yo creo que el mayor miedo o la preocupación que tenemos

es la incertidumbre,

porque acabo de llegar a un mundo en el que nos han soltado

y no sabes qué vas a hacer contigo ni con los demás,

cómo hacer las cosas bien,

cómo no hacer las cosas mal, que es muy diferente.

Eso nos da mucho miedo.

No ser fiel a mí mismo es algo que me preocupa

porque creo que es importante estar contento

con lo que realiza uno mismo

y, en el momento en el que uno es fiel a sus propios valores

y a su propio sistema filosófico,

me parece que uno está contento con lo que hace

y consigo mismo y con lo que quiere llegar a ser.

Hay un filósofo de la Universidad de la UNAM de México

que se llama David Pastor Vico, que quiere participar en el debate.

"Los jóvenes han perdido los valores".

¿Saben desde cuándo se dice algo así?

Esta frase, "la juventud ha perdido los valores",

la encontramos en textos hititas de hace más de 3200 años.

Es una constante en todo el mundo del pensamiento, de la escritura.

Sin embargo, los jóvenes sí tienen unos valores comunes

y que se van manteniendo durante toda la historia,

por lo menos lo que tenemos escrito.

Sería ya Platón, por ejemplo, en "El Banquete" y en "El Fedro",

el que nos hablaría del amor y como un valor de juventud.

El amor como algo que se descubre en la juventud

y que tiene una fuerza bestial

que te mueve a hacer cosas que, de lo contrario, no harías jamás.

Y habrá quien me diga: "Es que sufro mucho con el amor".

Muy bien. Aprovéchate, disfruta del desamor,

escribe, compón, haz música, lo que te dé la gana,

pero disfruta de esas sensaciones y nunca les des la espalda.

Pero hay otro valor fundamental para los jóvenes,

que no es otro más que la amistad.

La amistad es un valor de juventud.

La amistad es necesaria para los jóvenes.

Tienen que verse reflejados en la mirada del amigo.

El amigo es el que nos da nuestro lugar en el mundo.

El amigo es aquella persona que es capaz

de hacernos sentir parte de algo

y nosotros hacerle sentir bien a él siendo parte de nosotros mismos.

Así que amor y amistad son fundamentalmente

valores de juventud.

En la juventud, tengo la sensación,

no sé si la tenéis vosotros, que los amigos son muy importantes.

Tener amigos va mucho más allá de salir a la calle a un banco

o de irte de viaje.

Es, de verdad, sentir un apoyo

y que estás con alguien, alguien que nos afirme,

que nos ayude a ser nosotros mismos.

Porque yo muchas veces me he sentido sola estando con gente.

Y una cosa que me gustaría preguntaros.

¿Vosotros creéis que amáis mejor que los adultos?

A ver quién se atreve. Allí, Álvaro.

Yo no considero que adolescentes o adultos, unos amen más que otros.

La edad no condiciona la calidad del amor, la intensidad, sí.

El hecho de ser adolescentes, y más cuando es tu primer amor,

tu primera relación, pues que te ilusiones más,

que para ti sea en ese momento lo más importante,

que se te haga todo un mundo.

Eso sí. Pero yo creo que, hablando ya de calidad,

yo creo que depende más de la persona que de la edad.

Los adolescentes somos las emociones humanas hechas carne,

o sea, ya sea amor, miedo, odio, alegría, tristeza.

Siempre que las expresamos, las expresamos

quizá a veces demasiado.

Entonces, eso sí puede ser distinto.

(PABLO) Yo hablo desde mi propia experiencia

y quiero enlazar con lo que ha dicho ella antes de miedo a amar,

que es que me ha tocado mucho.

Que es que muchas veces amar puede ir aparejado

también de un miedo a amar,

porque nace de la inseguridad de uno mismo,

de no creerse suficiente, de no saber,

quizá, de pararse a pensar

qué es lo que le gusta a la otra persona de nosotros,

de creer que puede terminar y es un miedo terrible.

O sea, yo lo he pasado mal, lo digo...

No sé, o sea, cae la autoestima,

te surgen más inseguridades,

surgen inseguridades por todos los lados

y para superar ese miedo a amar,

tenemos que amarnos primero a nosotros mismos

y saber que somos como somos

y porque somos como somos, es por lo que nos quieren.

Interesante.

Claramente, yo pienso que, a ver, la teoría nos la sabemos todos.

Luego ya llevarlo a la práctica es más difícil

y, sobre todo, volvemos a la autoestima

que, al final, si tú tienes una autoestima muy baja,

claramente tú le vas a dar tantas vueltas a las cosas

que vas a intentar buscar tu culpa.

¿Qué he hecho para que esta persona me haya dejado

o por qué se ha terminado?

Porque he hecho algo yo.

Detrás de ti.

(AINHOA) Yo me limitaría a decir que va a doler

porque hay cosas que tienen que doler y tienen que ser dolidas.

Tienes que sentirte dolido para poder salir

y me limitaría a eso,

que se entienda el duelo, que se pase, porque hay que pasarlo

para poder, a partir de ahí, construir.

Hay etapas que se tienen que cerrar y otras se abrirán

porque la vida es así.

El filósofo Gregorio Luri, que antes habéis oído,

ha grabado una pregunta que quiere haceros directamente a vosotros.

Vamos a oírla.

Todos llevamos con nosotros, y arrastramos incluso,

alguna característica, algún defecto, algún rasgo

que no nos gusta demasiado.

Pero ¿hay algún rasgo o alguna característica tuya

de la que te gustaría haberte librado por completo

cuando hayas cumplido los 30 años?

Bueno, ya sabéis el chiste del vanidoso,

que decía: "Yo antes era muy vanidoso.

Tenía un defecto, era muy vanidoso,

pero ahora ya me he curado y soy perfecto".

Marta, ¿has pensado alguna?

Yo creo que tengo, un poco, una falta de autocontrol,

porque yo, cuando empiezo algo, no paro.

¿Tú, Juan?

Pues a ver, yo de todos los defectos que tengo, que son bastantes...

No digas eso.

Hombre, estoy siendo realista.

Vamos a ver. Nadie es perfecto.

Creo que una persona sin autoestima, recogiendo un poco lo de antes,

una persona sin autoestima, si llega a los 30,

sabrá sus defectos, incluso sabrá sus virtudes,

pero a lo mejor no es capaz de deshacerse de ellos.

Alexia, tú, ¿cuándo vas a llegar a la perfección?

¿Qué consideras que hay que quitar?

Pues muchas cosas,

pero la que más me estoy centrando

y lo estoy intentando desde ya,

es la timidez.

Me dan miedo las otras personas,

no como tal, sino a relacionarme con ellas y a no gustarles.

Soy muy tímida desde siempre y quiero cambiar eso.

Siempre que has intervenido, me ha parecido que lo haces

con una claridad y un rigor

que no tienes por qué sentir pavor a hacerlo,

porque lo haces muy bien.

O sea que adelante.

(INSAF) Yo me quitaría la impaciencia.

Necesito todo ya, hasta cómo hablo, soy muy energética.

Ansiosa.

Soy muy ansiosa y muy acaparadora.

Un ejemplo supercotidiano.

Ayer salieron las entradas de Rosalía para Madrid

y le digo a mi madre: "Oye, mamá, que han salido las entradas de...".

Mi madre me dijo: "Bueno, lo vamos viendo".

Pero, en realidad, yo me sentía fatal.

Yo la quería comprar ya.

Entonces eso quiero cambiarlo y ser más paciente

y creo que, con eso, podría llegar a una estabilidad a los 30,

o eso espero. ¿Ves? Eso es impaciente.

Que quieres llegar a los 30 antes de los 30.

Ay, es que me agobio.

Sin querer, he asumido como el rol de amiga

a la que le puedes contar tus problemas y te va a ayudar.

Le doy mucha atención a mis amigos y me la quito a mí,

o amigos o familia o al resto.

Me gustaría también, un poco, ser egoísta

y si tengo un problema, contarlo para no llegar a explotar.

Que ya ha pasado.

Yo me quitaría lo de ser tan rayada

porque mis amigos también...

Por favor, también, sí.

Porque yo soy muy de darle vueltas a todo

y cuando he tenido un problema con una persona,

como que siempre me he echado a mí misma la culpa

de decir es que he hecho esto mal o es que he hecho mucho daño,

cuando a lo mejor ha podido ser totalmente al revés.

Yo, de aquí a 30 años, espero que cuanto antes mejor,

pero no quiero que me afecte ninguna opinión de alguien

que no tiene ningún derecho a opinar sobre mí y, si lo tiene,

que mucho menos sea negativo.

Disfrutaría mucho más de la vida,

disfrutaría mucho más de ciertos momentos

en los que un problema

o un comentario o cualquier cosa me puede afectar.

Yo, a lo largo de toda mi vida, he sufrido comentarios de gordo

o de maricón por juntarme con las chicas.

No puedes permitir esos comentarios,

entonces también me gustaría aprender a que me la pelase todo más

para saber cortar esos problemas de raíz.

Silvia, ¿te atreves a...?

Podría decir mi mal carácter,

que a veces pierdo un poquillo las formas.

Entonces, bueno, sí, sí.

¿Y crees que a los 30 lo habrás conseguido?

¿Crees que vas a arrastrar eso de por vida ya?

Yo lo intento, pero, al final, el pronto te sale.

Pero bueno, la gente me ayuda y tal.

A ver, tampoco es en plan psicópata, pero bueno.

¿Allí?

Yo, dejar de ser tan kamikaze.

No pienso mucho las cosas.

O sea, no sé el daño que puedo llegar a hacer con ciertas acciones.

Hay veces que pienso en mí,

en que yo voy a salir bien y todo eso,

sin darme cuenta de que, a lo mejor, otras personas

pueden sufrir daños y todo eso.

Miguel.

Yo no sé muy bien cómo ponerlo en palabras

y es que me considero que, en mis últimas relaciones,

no fui un muy buen novio.

Tengo mucho que mejorar en ese aspecto.

Estate tranquilo, que eso...

Un mal novio, lo es uno para toda la vida,

pero siempre que lo tenga presente

supongo que ayuda ya a ser un poco mejor.

Patricia, ¿tú quieres?

Yo, quizá, es que soy muy despistada

o muy pasota, tampoco sé cómo...

Vamos, que sudo bastante de los problemas.

Que te la sudan, más bien.

Sí, bastante. Entonces, no sé.

Debería empezar a centrarme un poquillo en todo.

¿Y tú?

Yo me quitaría dejar de pensar que siempre tengo la razón en todo.

Claro, entonces, pues pensar que la otra persona puede tener razón

y que yo, esta vez, no la tengo,

sería una cosa que me quitaría, la verdad.

¿Álvaro?

A veces puedo llegar a ser un poquito paranoico.

De cara a relaciones sociales, de pareja, pues supondrá un problema,

así que me gustaría extirpármelo.

No tengo algo que quiera extirpar como tal,

pero sí que mejoraría mi gestión emocional

a la hora de hablar sobre mí y sobre lo que me pasa,

sobre lo que siento, cómo lo siento

y por qué lo siento, porque siento como incapacidad

y eso es un problema.

¿Y a ti, Pablo, tienes algún...?

Yo sí, sobre todo a mí me gustaría quitarme el agobio.

Yo es que me agobio por todo.

Entonces, me gustaría dejar de agobiarme tanto

y de darle vueltas a la cabeza, constantemente,

a algunas cosas que al final me terminan haciendo mal.

Y también me gustaría cambiar, un poco,

que soy un pelín inseguro por naturaleza

y eso me gustaría también que desapareciera,

que cada cosa no me crease un poco de miedo o una inseguridad nueva.

Y bueno, eso estoy ahí, trabajando en ello.

Me parece bien que nos preguntéis

acerca de qué es lo que nos gustaría quitarnos de encima,

porque está bien quitarse cosas de encima,

pero también hay cosas que es interesante potenciar

o seguir manteniendo.

También estaría bien que nos preguntarais sobre eso.

Yo a los 30 años me encantaría seguir igual de espontánea,

de tener esta aura joven.

Ese espíritu de adolescente,

ese espíritu de ser tan sociable, de no importarte con quien juntarte.

Mi sinceridad es, yo creo, lo que más me gusta de mí.

Esa revolución, ese aire de no quiero estar aquí y te lo voy a decir,

el no callarme las cosas,

el estar orgullosa de sentirme minoría muchas veces

y seguir con ese orgullo y nunca agachar la cabeza

y ser todo gris.

No estoy de acuerdo con eso.

La manera de sentir que tengo yo.

No dejar de ser sensible porque la gente me haga daño,

no dejar de preocuparse porque la gente me haga daño.

También me gustaría seguir siendo abierto, siendo tolerante.

Hay un último vídeo de una persona,

que es un referente también por su carrera, la física,

que es Michio Kaku, y vamos a escucharle.

Si pudiera volver a ser un niño,

el primer consejo que me daría sería:

"Diviértete, diviértete de vez en cuando

porque está claro que te apasiona la física,

pero no olvides que debes hacer otras cosas aparte de la física".

El segundo consejo sería: "No tomes atajos en la vida".

Así que yo me diría: "Recuerda siempre no ir a lo fácil.

El mayor premio te está esperando, pero tienes que luchar por él

y aplazar las recompensas inmediatas".

Bueno, me quedaría con lo que dice, incluido el divertíos

y el gozar también de esta edad,

que la tenéis ahora y no la tendréis dentro de unos años.

Y nada.

Como conclusión, acabé, me acuerdo, en una novela,

la recordé ahora cuando hablabais,

que se llama "Tierra de Campos".

Había un momento en que el personaje protagonista,

que había seguido desde los 14 años,

tenía una hija de 12 años y, en un momento dado,

notaba que su hija sufría

porque quería que su padre la admirara,

estar a la altura de las expectativas.

Esto que, seguramente, muchas veces habéis pensado.

Y el personaje reflexionaba y decía:

"Si ella supiera, si yo le pudiera decir

cuánto me gustaría a mí, al personaje, al padre,

estar a la altura de las expectativas que tiene ella".

No olvidéis que vuestras expectativas

y las que se tienen sobre vosotros

son también las que los demás esperan cumplir en vosotros.

Entonces este es un juego de espejos constantemente,

así que espero que esto haya sido útil para vosotros

y supongo que ahora ya sabéis qué quiere decir intergeneracional.

Exactamente esto.

Hablar con alguien que no es de vuestra generación.

Y aunque me acusen de optimista,

sí os diré que el mundo tiene salvación solo por una razón,

que es que cada año se incorporan jóvenes nuevos al mundo,

que se van a convertir en adultos

y estoy seguro de que el ejemplo de lo que ven

les hará ser mucho mejor de lo que son.

Y vosotros sois la siguiente generación.

Así que adelante y mucha suerte.

Y espero que nos cuidéis cuando ya no nos podamos mover.

Gracias por estar aquí, ha sido un placer estar con vosotros.

Si pudiera comunicarme con el adolescente que fui,

creo que lo único que sería capaz de decirle es no sufras.

No sufras.

Visto desde la perspectiva del tiempo,

uno se recuerda sufriendo en ese período de la adolescencia

por muchas cosas. Por sentimiento de no pertenecer,

por todas las carencias, por todas las cosas que piensas que te faltan,

que no alcanzas a conseguir o a expresar.

Fui el hermano pequeño de una familia de ocho hermanos

y creo que todavía no he podido sacudirme ese rol familiar,

ese lugar que ocupaba.

Un poco, ahora, en lugar de esa familia llena de hermanos,

estoy en mitad de una sociedad ocupada,

todos pendientes de sus cosas

y tú eres como el pequeño que trata de hacerse oír,

de hacerse entender, de hacerles reír, pensar,

de hacerles pasar un buen rato y, sobre todo, de ser querido,

de estar integrado entre ellos.

Yo no sería hoy el que soy si no hubiera tenido entonces

las pasiones que tenía,

si no hubiera vivido con la intensidad que vivía,

si no hubiera luchado por las cosas que creía que eran importantes

como luchaba entonces.

Lo más importante es que sigo fascinado con el ser humano,

con la complejidad del ser humano,

con lo estúpidos que somos, lo maravillosos que somos

y, sobre todo, lo irrepetibles que somos cada uno de nosotros.

A mi yo adolescente - Generaciones

23 may 2020

El director de cine David Trueba, la escritora Elsa Punset o el filósofo José Antonio Marina. Junto a ellos, psicólogos, profesores, padres, madres y referentes de diversos ámbitos como Elvira Sastre, Iñaki Gabilondo, Rozalén, Luis del Olmo y Michio Kaku, entre muchos otros, preguntan y comparten opiniones con los jóvenes.
El primer episodio plantea si los adolescentes de hoy se parecen a sus padres o madres, si comparten miedos, ilusiones y anhelos y si se sienten escuchados. Son algunas cuestiones que abordará el cineasta y escritor David Trueba con un grupo de adolescentes. Juntos reflexionan sobre sus preocupaciones, sus contradicciones y sueños para comprender qué une y separa a sus generaciones.


Contenido disponible hasta el 23 de mayo de 2021.

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