A mi yo adolescente La 2

A mi yo adolescente

Sábado a las 14.00 horas

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No recomendado para menores de 12 años A mi yo adolescente - Felicidad - ver ahora
Transcripción completa

Si hablase con la adolescente que fui,

lo primero que le diría es:

"No quieras saltarte etapas. Todo llegará a su debido momento.

Ármate de valentía, porque todo lo que lograrás

está justo al otro lado del miedo.

Un miedo que solo superarás afrontándolo sin dudas y con valor.

Sigue viviendo todo tan intensamente,

ya aprenderás a gestionar mejor tus emociones.

Y quizás algún día eches de menos esta intensidad

y hasta pidas perdón a la vida por no exprimirla

como lo haces ahora.

Eres una adolescente feliz, disfrutona y algo ingenua,

pero que no te importe, seguirás siendo confiada,

ojalá que de por vida.

Aprenderás a alejarte de quien debas hacerlo.

Eres práctica y risueña.

Eso no lo pierdas, pero termina de romper ese límite

que te impide bañarte en la playa para evitar miradas.

Entiende que la discapacidad no está tan normalizada.

Aprende que no importa cómo te vean los demás,

que lo importante es cómo te ves tú.

Y muy pronto vas a verte más que completa,

aunque en la playa te sigan viendo incompleta".

Me reúno con un grupo de adolescentes

para hablar sobre felicidad,

para compartir con ellos mi forma de entenderla

y para descubrir juntos qué les da y qué les quita la felicidad

en este momento tan importante de sus vidas.

(MURMURAN)

Hola, soy Irene Villa y me encanta reunirme con vosotros

para hablar de un tema que me apasiona, la felicidad.

No estoy segura de que me conozcáis todos...

De lo que estoy segura es de queen el 91 no habíais nacido.

Ese día, unos terroristas pusieron una bomba en el coche de mi madre.

Ella perdió una pierna y un brazo

y yo, las dos piernas y tres dedos,

pero conseguimos sobrevivir

y ciertamente ha sido algo que nos cambió la vida,

pero que, por otro lado, le dio un sentido.

El hecho de sobrevivir a algo tan terrorífico.

He ido cumpliendo todas las metas que me he propuesto.

Soy periodista, psicóloga, humanista,

compito en esquí adaptado, que es mi pasión.

Ya lo era antes del atentado.

El motor de mi felicidad es, por supuesto,

ser madre de tres niños maravillosos.

Para mí, felicidad es sinónimo de autoestima,

aunque ha habido otras etapas que ha sido la libertad

la que ha estado en el centro de mi felicidad.

O esa paz interior que encuentras cuando confías en ti y en la vida.

Creo que cada uno vive la felicidad desde su forma de ser,

desde sus valores

y, como os decía, según su momento vital.

Le hemos pedido a un grande de la radio, como es Luis del Olmo,

que nos cuente qué es la felicidad para él.

Vamos a escucharle, ¿vale?

Alguien dijo que la vida

es algo que te sucede cuando estás haciendo planes.

Se puede perder mucho tiempo fijando metas y marcando horizontes,

y el tiempo se nos escapa de las manos sin darnos cuenta.

El tiempo se nos escapa de las manos.

La felicidad. ¿Qué es la felicidad para mí?

La felicidad para mí consiste en la perfecta adecuación

entre los deseos y la realidad.

Yo he tenido mucha suerte en la vida,

lo he repetido muchas veces,

porque no siempre hay personas que disfrutan con su trabajo

y hasta pagarían por ello, pagarían por ello.

Por cierto, y a vosotros, ¿qué os hace felices?

La verdad es que me interesa muchísimo saber

qué os hace felices. A ver, ¿quién se anima a contestar?

A mí, lo que más feliz me hace

es ver el círculo de amistades que he conseguido tener

a estas alturas.

Ahora mismo, en mi vida, es lo que más me destaca

y lo que más feliz me hace sentir. No sé si os pasa.

-Me hace más feliz

ver a mi familia unida que a mi grupo de amigos.

La familia me llena más que los amigos.

-Ahora mismo, lo que más feliz me hace son los amigos

y también, un poco, yo misma.

El haber encontrado el equilibrio entre lo que doy

y lo que me quedo para mí y disfrutar de mi propia compañía

es una de las cosas que más valoro.

-Lo que has dicho de pasar tiempo contigo mismo,

entenderte, saber qué está pasando a tu alrededor...

Parece que el mundo va tan rápido que no te das cuenta de esas cosas.

Y el dibujo, por ejemplo, o escuchar música,

pero a mí, sobre todo, dibujar me ha ayudado mucho a eso.

A decir: "Este tiempo, independientemente de donde esté,

es solamente mío". Porque a lo mejor tienes muchos amigos,

pero no escuchan lo que dices, no quieren saber de ti mucho,

o tu familia no entiende bien qué te pasa.

Sin embargo, tú empiezas a entenderte

cuando estás teniendo ese diálogo interno

y con el papel estás diciendo...

Cuando terminas un dibujo, dices: "Esto me pasaba".

-Son como momentos en los que te abstraes de la vida.

De esa vida acelerada, cotidiana,

de los problemas que se han generado por presiones

y de repente te encuentras dibujando o haciendo música

o lo que te apasione, da igual.

Y de repente igual te pasas toda una tarde haciendo eso

y lo demás se te ha olvidado.

Justo es lo que dice el psicólogo Martin Seligman, fluir.

Lo que nos hace fluir

nos da felicidad. ¿Fluir qué es?

Fluir es... Está de modísima esa palabra.

¿Y quién lo entiende? ¿Quién fluye?

-Fluir es encontrar el equilibrio

entre las cosas que tienes y manejarlas

para que te hagan sentir bien sin descuidar ninguna.

Es, yo creo, dejar de pelearte con la vida.

Porque es verdad que a vuestra edad

a veces estás ahí, como en tensión con la realidad,

con lo que ocurre,

con cómo reaccionas ante determinadas situaciones.

Fluir es, bueno, dejar ir también emociones negativas

y aceptar también lo que tenga que venir

y abstraerte con algo que te emocione,

que te inspire y que te guste.

Yo tengo un problema con su definición.

Yo sé que hay muchas, pero claro, yo le he relacionado siempre mucho

y la relacionamos con el estado de bienestar.

Va de la mano con la alegría, con sensaciones de placer.

Y claro, y yo digo: "Es que también el dolor está ahí".

Yo sí creía que la felicidad era ausencia de sufrimiento.

Antes sí, pero me ha hecho muchísimo daño.

Yo lo relaciono con eso, con vivir, con querer a la gente,

con que te pasen cosas malas y transitarlas,

con que te pasen cosas buenas

y disfrutarlas al máximo o no tan al máximo. Vivir.

No tengas miedo a sufrir...

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

O sea, no te ancles a las emociones negativas,

pero transítalas, dales la bienvenida.

Eso aprenderlo con vuestra edad es maravilloso.

A ver, más momentos de felicidad que hayáis experimentado.

Máxima felicidad.

El primero que se me ha cruzado,

en mi instituto, cuando estaba en el grupo de teatro.

Uno de mis momentos más felices que recuerdo

es cuando termina la función y el aplauso. El aplauso del final.

Y el vídeo que acabamos de ver,

"algunos pagaríamos por trabajar de lo que nos gusta",

yo hasta el momento solo he pagado por hacer esto.

Todavía no he conseguido ganar nada.

-Totalmente de acuerdo. -Es real, es así.

Para mí, uno de los momentos más felices, ese aplauso.

Me emociona. Es mi momento favorito.

-Pienso que la felicidad es una decisión.

Si tú crees que puedes llegar a ser feliz,

ya tienes una puerta.

Me planteo esta meta, ¿qué necesito para ser feliz?

¿Qué puedo hacer y qué puedo cambiar?

Uno de los pasos más importantes es plantearse ser feliz.

Bueno, sobre la felicidad, también la ciencia

se ha hecho muchas preguntas.

Por ejemplo: "¿Existe una tendencia natural para ser feliz?

¿Es la felicidad lo mismo a cualquier edad,

en todas las culturas o en cualquier momento?".

Pues le hemos pedido a la filósofa y escritora Elsa Punset,

que es una gran experta en el tema de la felicidad,

que nos comparta algunos de los aprendizajes

de la ciencia en el estudio de la felicidad. Vamos a escucharla.

La ciencia nos dice algo básico y fundamental sobre la felicidad

y nos lo deberían recordar a lo largo de la vida.

Sobre todo, cuando tenemos un cerebro

que toma su forma adulta, como es el caso de un adolescente.

Porque cuando un cerebro se hace adulto,

este cerebro da una enorme importancia

a lo que le permite sobrevivir.

Tenemos un cerebro programado para sobrevivir

que tiende a memorizar lo negativo,

a agrandar los peligros, a fijarse muchísimo en las amenazas.

Y eso, evidentemente es, bueno, un impedimento,

de cara a la felicidad.

Tenemos que intentar aprender a entrenarlo en positivo,

a fijarnos en las cosas pequeñas

que nos dan alegría.

Y hay muchas a lo largo de un día.

Pero cuando vais a dormir, ¿en qué pensáis?

En las cosas que os preocupan, no en las que os han dado alegría.

Es que somos muy resilientes,

muy capaces de superar grandes obstáculos,

traumas, accidentes, enfermedades...

Ahí sí que somos muy buenos, mejores de lo que creemos.

Sin embargo, ¿dónde solemos tropezar?

Con lo pequeño, con los nervios en un atasco,

con la pelea con el colega

o "se me ha perdido una maleta"

o "las luces de Navidad están enmarañadas".

Esas cosas pequeñas al final determinan nuestra felicidad global

a lo largo de nuestra vida

mucho más que los grandes problemas que tanto tememos

y que, sin embargo, ni ocurren muchas veces

y, cuando ocurren, somos muy fuertes.

Ahí sí que el cerebro es excelente.

Elsa confirma lo que hablábamos hace un momento,

que el ser humano es resiliente por naturaleza,

pero que hay pequeños detalles que nos roban esa felicidad.

A mí, por ejemplo, me roban la felicidad

las personas que mienten.

Cuando no hay esa sinceridad, autenticidad,

sencillez, humildad...

eso me roba la felicidad.

Porque soy una persona que está muy volcada en los demás.

¿A vosotros qué os roba la felicidad?

El no poder decidir por ti mismo.

Cuando tienes algo encima que no te permite decidir libremente,

a mí eso es lo que más me frustra y lo que más infelicidad me genera.

Hay una frase que me encanta y que dice:

"¿Qué tomas para ser feliz? Decisiones".

Y cuando te quitan esa libertad para tomar tus propias decisiones...

Es cierto, a mí también me pasa, a mí me roba la felicidad.

Por eso hay etapas en las que la libertad

está en el centro de mi felicidad.

¿Qué más cosas os quitan la felicidad?

A mí el conflicto, en general. A mí también.

En general, llevo muy mal

confrontar con las personas. Es algo que suelo evitar.

Sobre todo, en la época de plena adolescencia, de la ESO,

tipo, 15 o 16 años,

lo pasé bastante mal con temas de autoestima,

porque también sufrí acoso escolar.

No es tener que buscarte a ti misma,

que es algo que todo el mundo hace porque es lo que toca,

es la edad más cambiante y más complicada para ello,

sino que es el trabajo doble de haber basado tu personalidad

en algo que no te gusta

porque es nocivo y lo han construido para ti.

Es destrozar todo esto, tirarlo abajo

y, además, de nuevo volver a construirlo.

-A mí lo que más me quita mis ganas de vivir,

porque es literal,

son hacer planes y que en esos planes

haya imprevistos que te fastidien el plan.

(RÍEN) -Eso, a mí...

¿Las ganas de vivir, chiquillo?

A mí me mata. -Cuadriculado.

La vida... Soy muy cuadriculado.

Lo decía Luis: "La vida es lo que pasa mientras haces planes".

Yo ahora mismo estoy en un momento de mi vida

que no sé qué hacer.

Bueno, la vida se empieza muchas veces de cero

y yo creo que la felicidad también está un poco ahí, ¿no?

En aceptar esos cambios imprevistos,

esos cambios abruptos y saltar todas las barreras.

La principal, tú mismo.

Lo aprendí en etapas que he tenido que volver a empezar.

"¿Cuál el mayor obstáculo? Yo".

Voy a quitarme los límites y las barreras mentales.

Dicen que nuestro mejor yo es cuando peor estamos.

-Yo no considero que sea mi mejor...

No, que la situación te obliga a sacarlo.

Buscas soluciones. Cuando mejor estás...

Es lo que dice ella. -Hasta que sale...

Te hundes, gritas, lloras, lo pasas mal.

-Claro. -Y yo no me gusto.

No pasa nada por transitar eso.

Unas veces se gana, pero la mayoría se aprende.

Ahí estás aprendiendo.

Hay que transitarlo para salir, pero ese proceso...

Es duro. Yo no me gusto.

A nadie le gusta, pero luego, cuando lo has pasado...

Gusta. ¿Cuándo?

Cuando ya lo has pasado,

dices: "¿He sido capaz de superar esto?

¿En qué me apoyé? ¿Cuáles han sido mis fortalezas?".

Somos lo bueno, somos también lo malo.

Y lo somos. Y está dentro de nosotros.

Y no sé, tenemos que tenerle igual cariño, igual amor

que tenemos a lo bueno y a lo mejor a lo que no es tan bueno.

Ni somos perfectos ni creo que tengamos que pretender serlo.

Me encanta que penséis así,

porque lo que estáis diciendo me ha costado años entenderlo

y transitar las emociones negativas.

Es verdad que una cosa es decirlo, como ahora mismo,

y otra cosa muy distinta es que mañana diga: "Qué bien estoy".

Noto evolución con la adolescencia mía con la vuestra.

Noto evolución y es que me alegro un montón.

Os decía al principio que, para mí, felicidad es sinónimo de autoestima.

Es que yo creo que la clave de todo es quererte, aceptarte y amarte.

Pero ahí discrepo un poco,

porque el tema de que tengas autoestima te ayuda mucho

cuando tienes un problema tú contigo mismo.

Cuando el problema es un conflicto, como ha dicho Ángela,

con otra persona o con otro grupo de personas,

por mucho "mindfulness" o por mucho que te lo quieras cocinar,

cuesta arreglar las cosas.

A mí me hacen más infelices

los conflictos que tengo con el alrededor,

con el entorno, que los que realmente tengo yo.

Porque una vez pasado de nivel,

ya has pasado el salir del armario

y ya has pasado la primera relación, por ejemplo...

-Lo sé. (RÍEN)

O lo que yo pasé cuando se me cayó el pelo.

Eso fue... la gente me veía y yo decía:

"Me estáis viendo cambiar.

Me estáis viendo evolucionar y luchar solo

y hacer las cosas bien, pero lo estoy haciendo solo".

La ayuda que he tenido desde fuera no ha sido tan...

como la podría esperar.

Eso es lo que me ha hecho crecer,

esa infelicidad es la que me ha hecho crecer.

Pero luego la infelicidad que vosotros tenéis

parece que la tiene que resolver otra persona.

Le hablaba a mi yo adolescente que lo que peor llevaba

eran las miradas, porque en la playa me desmonto

y voy sin piernas,

porque si no, se me mete la arena en la rodilla y me la cargo.

Yo llevaba muy mal eso. ¿A ti te pasó con lo que decías?

¿Crees que tu felicidad depende de la aceptación de los demás?

No diría todos, pero en base a muchos problemas

que tenemos nuestra generación...

No sé, el tema de la estética, por ejemplo.

Si tenemos problemas, parece que vienen problemas como imbuidos

por lo que creemos que queremos aparentar,

por quién queremos ser, cómo queremos ser.

Cuando de repente te sientes que ya no eres tú,

realmente no te queda más remedio que aceptarlo.

No tienes más vidas, no tienes una partida guardada

y no puedes cambiarlo, pero hay veces que cuesta muchísimo.

Hay veces que cuesta decir: "Me doy cuenta de que he cambiado".

No sé si conocéis una frase que dice

que un pesimista es un optimista bien informado.

Decía el escritor portugués y premio Nobel José Saramago

que los únicos que pueden tener interés en cambiar el mundo

son los pesimistas,

porque dicen que son los que ven las cosas que no están bien

para poder cambiarlas.

No sé lo que pensáis. A ver, levantad la mano,

¿quiénes os consideráis pesimistas?

Oye, pues casi la mitad al final.

¿Va a ganar el pesimismo al optimismo?

Ay, madre, a ver, ¿por qué?

Me considero pesimista porque, aunque vea el futuro

con posibilidades de cambio,

dentro de las 500 posibilidades que pienso,

siempre hay más negativas que positivas.

-Todos hemos pasado y vamos a pasar malos y buenos momentos, obviamente,

y aceptar que va a haber malos momentos

hay que aceptarlo,

pero no creo que haya que dedicarle más tiempo del necesario

a los malos momentos.

Porque van a llegar y estar pensando en que van a llegar

o reconcomiéndote de los malos momentos del pasado...

Es que solo hay una vida y dedicarle tiempo a las cosas malas,

pudiendo dedicárselo a lo que te hace feliz...

-Si estás directamente sumido en: "No va a salir bien",

como pesimista, al final...

Lo atraes. Lo atraes.

Y no estás desarrollando ningún tipo de solución,

sino que lo estás dejando correr

sin tener en cuenta cómo podría cambiar eso.

De una canción brasileña que me gusta mucho,

el pesimismo es un lujo de quien se lo permite.

Si te ves en una situación complicada que tienes que resolver,

no te puedes dejar arrastrar.

Hay veces que me ves y dices: "Es tan optimista que da asco".

"Sé que todo puede ir bien, pero me apetece estar amargado".

-Es difícil posicionarme en ser optimista o pesimista.

Me puedo despertar con todas la ilusión del mundo

creyendo que todo saldrá bien

y por otro lado, otro día me puedo levantar

al contrario, creyendo que va a salir todo mal.

-Si eres pesimista, siempre vas a estar amargado, apagado

y no vas a seguir adelante con tus propósitos.

-Yo soy optimista porque, es verdad que soy realista,

veo las cosas como son, pero intento pensar

lo mejor de las personas.

-Hay que ser realista y creo que hay que afrontar las cosas

y el mundo tal y como son. Tampoco idealizar nada.

El pesimismo, volviendo a lo de antes,

lo veo en el sentido de tener una actitud crítica,

de cuestionar las cosas.

Y sí que es verdad que ese pesimismo...

Las cosas malas pueden convertirse, pueden tener un buen resultado,

pero es necesario cuestionar a nivel político,

a nivel de vidas, en general.

-Entonces, ¿la persona que piensa positivo

es la que es como sumisa con el sistema?

O sea, la que lo da todo... Conformista, esa es la palabra.

¿Positivo es sinónimo de conformista?

-Yo eso no lo veo. -No lo veo así, la verdad.

-Yo no veo... Yo creo que hay que dudar,

pero no afirmo que el optimista sea el que no ve eso,

el que no duda, no.

-Yo lo decía en el sentido que...

siempre te venden mucho el optimismo de:

"Si trabajas y estás ocho horas trabajando todos los días

con un trabajo de mierda que no te gusta para sobrevivir,

vas a conseguir una pensión de mierda".

(RÍEN)

Perdón. Que tu vida siempre la venden como: "Sigue, lucha, traga, traga".

Y al final es como...

Lo decía más en ese sentido, de ser pesimista

de no creerte esa mentira o esa cosa que te venden.

-El optimismo mal pillado, vamos. -Eso es.

Creo que lo que tenga que pasar va a pasar.

Pensemos bien o pensemos mal.

Yo creo que el optimista trata que pasen cosas buenas

porque se enfoca, pone su mente en las cosas buenas.

Como psicóloga, me declaro fiel admiradora

y seguidora de la psicología positiva.

Nos hace poner el foco en ciertas actitudes,

logros, metas, vivir con sentido, relaciones,

lo que nos hace fluir,

que creo que es importante para encontrar esta felicidad.

Y para saber que todos nosotros

tenemos esa capacidad de ser felices.

La primera clave es alimentar las emociones positivas.

¿Habéis escuchado el dicho

"si se muerde la lengua, se envenena"?

(A LA VEZ) Sí.

Quiere decir es que es cierto que como alberguemos

ciertas emociones negativas,

al único que nos hace daño es a nosotros mismos.

Por eso para mí ha sido fundamental el perdón,

algo que la gente todavía se sorprende.

"¿Cómo habéis podido perdonar a quienes casi os matan?".

Porque quiero ser feliz,

porque tenía todo el derecho del mundo a no perdonar,

pero ¿a quién beneficia?

Yo creo que perdonar es dar un bien

cuando lo que has recibido es un mal,

pero se trata de un acto de amor

y como tal, el principal beneficiado es quien lo da.

Yo no perdono para exculpar

al que ha hecho el mal o para reconciliarme con él.

Yo perdono para tener una vida plena y feliz

y para sacar ese posible odio, rencor, deseos de venganza.

Cuando alguien te hace daño

se crea como un vínculo entre tú y esa persona.

Un vínculo que está cargado de odio, de rabia,

de resentimiento, de deseos de venganza...

Y no perdonarle supone estar atado

con ese hilo invisible a esa persona.

Pero en el momento en que tú le perdonas,

cortas, como unas tijeras, ese hilo

y no te imaginas la paz, la liberación que eso supone.

¿Vosotros...

qué no perdonáis

o qué sí estaríais dispuestos a perdonar?

Yo creo que la base para sentirse bien con uno mismo

es saber perdonar.

Mi padre falleció cuando yo tenía 11 años

y yo estaba enfadado con él. Yo, por ejemplo, no pude despedirme.

Yo me enfadé, pero, con el tiempo, ¿de qué sirve?

Tengo los pelos de punta. Hay que pasar cosas tremendas

para ver la importancia del perdón.

La mayoría no comprende esto que cuentas con naturalidad.

La mayoría no lo entiende. A mí me ayuda decir:

"Esto no es mío,

no tengo ninguna responsabilidad en esto

y eso que has hecho no me corresponde a mí.

Es algo que tú has decidido y es tuyo.

Yo te perdono porque no quiero cargar

con lo que tú me has hecho".

¿Qué te hizo clic? Después de la situación en la que te viste,

dudo que lo primero que te saliese fuera eso.

Es que yo tenía 12 años y, al final, cuando eres una niña,

tu ejemplo son tus padres.

Y mi madre, lo primero que me dijo cuando vino al hospital

sin brazos y sin pierna, 40 años tenía ella,

me dijo: "Hija, perdónalos porque no saben lo que hacen".

¿Y te lo crees de primeras?

Pues sí, lo que te dice tu madre, te lo crees.

Y tu padre... mi padre no perdonaba, ha perdonado hace poco.

Todo lleva un proceso. Claro.

Hay personas que es un clic, un cambio cualitativo

y hay personas que tardan toda una vida,

pero tienen que pasar algo tan fuerte como lo que sufrió Dani,

que todo el tiempo que no has perdonado,

al que has hecho daño es a ti.

Me ha costado perdonar cosas más leves, creo.

Y aun así, habiendo perdonado esas cosas graves

pero bastante más leves que lo de Irene...

Yo creo que necesitaría tiempo.

A lo mejor no, a lo mejor no sabría,

a lo mejor aprendería a vivir con ello.

Algo fundamental en la felicidad son las relaciones.

Las relaciones sociales nos ayudan en psicología.

Es lo que hablábamos de rodearte bien.

Es predictor de felicidad con quién te rodeas.

Alejandro Cencerrado es un físico y analista de datos

que trabaja desde el 2012

en el Instituto de la Felicidad de Dinamarca

y allí mide la felicidad.

Vamos a ver qué nos cuenta sobre esto.

"¿Se puede medir la felicidad?" es la pregunta de oro.

En el instituto tenemos tres medidas distintas.

Una la llamamos la felicidad cognitiva,

otra, la felicidad eudaimónica, y otra, la felicidad afectiva.

La felicidad cognitiva, en esa solemos preguntar

cómo de satisfecho estás con tu vida.

Te obliga a pensar en tu vida hacia atrás en los últimos años

y es muy genérica. Cómo va el trabajo,

cómo está mi familia, de salud, etcétera.

La felicidad eudaimónica,

en esa preguntamos sobre el sentido de la vida,

si piensas que tiene sentido.

Por ejemplo, hemos visto que la gente que acaba de ser padre

duerme peor, se estresa más, etcétera.

En su día a día están peor,

pero al preguntar por su sentido, crece mucho.

La felicidad afectiva es más diaria, cómo te has sentido hoy.

Pensarás en si has estado en un atasco

o si tienes problemas con tu jefe.

Normalmente, cuando comparamos la felicidad con respecto a la edad,

los jóvenes suelen ser más felices.

La felicidad con respecto a la edad tiene forma de U.

Los menos felices normalmente están alrededor de los 40 años.

Pero ocurre algo curioso con los jóvenes

en todos los proyectos que hemos hecho

y es que, en general, sonlos que más amigos tienen

y los que más veces ven a sus amigos y son los que más solos se sienten.

Vaya dato acaba de dar. ¿Os sentís solos?

Yo creo que se nos ha metido también un poco de miedo con la soledad.

Y tampoco entiendo por qué. Hay que aprender a convivir con todo.

Habrá momentos más acompañados,

en los que estés acompañado y te sientas solo

y momentos en los que estés solo.

Y tienes que intentar encontrarte medianamente cómodo

en cualquiera de ellos.

-Lo que más me llama la atención del tema de la soledad

es el cambio en la edad.

Tú ves una persona adulta de 40 o 50 años,

que no está siempre acompañada, pero se siente mucho menos sola

porque ha aprendido a disfrutar de esa soledad

y a valorar que los momentos con amigos,

que igual no son tantos por trabajo, por compatibilidades,

y que al final, ya te adaptas a ello.

Los jóvenes estamos todo el día con un montón de estímulos.

Es un dinamismo constante, que nos vamos todos juntos siempre

y, al final, lo que hace es que no sepamos apreciar

esos escasos momentos, porque no los buscamos.

Se nos bombardea con: "Tienes que hacer esto,

estos son los mejores años y tienes que aprovecharlos.

Cuando llegues a esa edad en la que no vas a tener tiempo

ni ganas ni fuerzas ni dinero, a saber,

igual ya no vas a poder tenerlo". Es esa presión que se genera, creo.

-Yo creo que es un poco a la inversa.

Tenemos tanto tiempo, nos independizamos tan tarde,

estamos en casa de nuestros padres hasta los 26, lo que sea.

Pensamos mogollón porque tenemos una vida más cómoda.

Ese sentimiento de soledad es de darle al coco.

Antes, quizás no te lo planteabas tanto

porque seguías más el día a día. Las cosas iban viniendo más rápido.

Y ahora tienes mucho más tiempo

para recrearte un poco en esa soledad que quizás más tarde.

Y hay veces que, desde la soledad decidida de:

"Yo quiero estar sola ahora mismo", que a mí pasa mogollón,

hay meses que digo: "Necesito estar sola,

no quiero ver a nadie

y voy a pensar y voy a aclararme

y voy a digerir un poco todo esto".

-Igual en otras épocas estaba más normalizado,

pero estamos tan conectados y a la vez tan desconectados,

creo que igual se aumenta ese sentimiento de soledad.

Me parece importante lo que decía Alejandro

de cómo miden la felicidad. Hay tres tipos: la cognitiva,

que es qué grado de satisfacción tengo con mi vida,

mi pareja, mis amigos, mi trabajo, mi salud.

La segunda es la eudaimónica,

no sé si la habíais oído alguna vez. Es la autorrealización.

Vivir con un sentido, con un propósito.

Esta es la felicidad duradera, que es donde debemos poner el foco.

Y luego está la otra felicidad, que es la afectiva,

que depende de cómo me siento.

Por ejemplo, un viaje, una noche de fiesta,

una comida rica, pues eso nos da emociones positivas.

Pero eso es momentáneo, es lo que me produce placer y punto.

Alejandro hablaba también de la curva de la felicidad,

que a mí no me deja en buen lugar.

Pero a mí me encanta estar en el punto más bajo,

porque a mí hay una máxima que me ayuda siempre

y que esto lo ratifica:

"Lo mejor está por venir".

Pues ya está, si estoy en la curva más baja,

lo que me espera es maravilloso, ¿no? Entonces...

¿Creéis que la felicidad tiene edad?

¿Son más felices vuestros padres que vosotros?

¿O al revés, que es cierta esa curva?

Todas las personas pueden tener felicidad.

La cosa son los recursos que utilizan para obtener esa felicidad.

No es lo mismo lo que hago para ser feliz

que lo que pueda hacer mi abuela o lo que hacen mis padres.

Tú ves ahí un factor importante, que es tu voluntad.

Claro.

-Lo que has dicho, lo mejor está por llegar, pero debo ir a buscarlo.

Las cosas no llegan así, una de cada mil veces.

Estoy de acuerdo contigo, pero también pienso

que hay que ir a buscar las cosas.

Actitud proactiva, eso se dice en psicología positiva.

Tiene mucho que ver con nuestra felicidad lo que hagamos

y esa actitud proactiva de hacer cosas

para alcanzar, para estar más felices, es fundamental.

¿Qué más?

Tiene sentido que sea como en forma de U,

porque los niños suelen ser felices

y no tienen tantas preocupaciones y los mayores igual.

Sí que veo que tiene lógica que las personas de edad media,

que tienen más preocupaciones, el trabajo, los hijos o no sé...

Es verdad que siendo niños y siendo ya mayores

como que disfrutas más y no tienes esas preocupaciones.

Las responsabilidades, ¿no?

Puede ser. Es verdad que echo de menos vuestra edad,

porque no tenía responsabilidades. Vivía con mi madre, lo que dices.

Nos independizamos cada vez más tarde y puede ir por ahí, sí.

Pero la responsabilidad te da felicidad,

porque dices: "Estos niños dependen de mí y son felices".

Eso te llena todavía mucho más. Es vivir con un sentido.

Y qué más pensáis de vuestros padres si son más felices, menos...

Yo creo que también con el tiempo

puede haber una tendencia a acomodarse

y que esa búsqueda de esa felicidad

tampoco esté tan presente en tu día a día.

Puede que te conformes, no con menos,

sino con lo que tienes, porque lo que ya tienes

tu esfuerzo te habrá costado.

Entonces ya no es tan frenética esa idea de:

"Vamos a buscar, busca algo que te emocione

busca algo que te apasione, algo que te remueva".

Yo tampoco veo eso en mis padres o en la gente de 50 años.

Tampoco veo que estén todos los días motivados

por encontrar algo que les encante.

Y tampoco veo que sean más felices.

Ahora es el actor Tristán Ulloa

el que va a compartir con vosotros esta reflexión.

Pertenezco a una generación que ha vivido

a través de la proyección de sus padres.

Te decían que sin un título no hacías nada, no ibas a ninguna parte.

La "titulitis".

Terminas el instituto.

¿Ahora qué hay que hacer?

Y eso es algo que ha tenido nuestra generación,

muchos nos hemos metido a la universidad como una prórroga,

como un tiempo extra,

sin ningún tipo de vocación, sin ningún tipo de inquietud real

por lo que has elegido.

Lo más difícil es saber qué quieres hacer con tu vida.

A mí me pasaba que yo con 20 años sabía lo que hacer con mi vida.

Yo tenía un amigo que me decía: "Cómo te envidio". "¿Por qué?".

"Sabes qué hacer con tu vida".

Yo no había hecho nada hasta ese momento,

no había hecho nada.

Pero no entendía por qué me decía eso. "Si no tengo nada".

"Sí, pero tienes claro hacia dónde quieres enfocar tu energía".

Yo creo que lo importante es eso, descubrir

qué es lo que quieres hacer con tu vida. La vida son elecciones.

Y madurar es eso también, tomar elecciones

y, sobre todo, se trata de aliviar presiones

de que cada decisión que tomas será para siempre.

Nosotros teníamos la presión de que si a los 30

no tenías la vida más o menos encarrilada,

tu vida iba a ser un fracaso.

Y eso no es cierto. Eso no es cierto.

Me he encontrado con colegas

que han levantado su vida con 50 palos.

Y eso es importante.

Con 20 años tienes tiempo de equivocarte.

A veces recibimos demasiados consejos

y es verdad que uno tiene que descubrir las cosas por sí solo.

Y equivocarse.

A vuestra edad hay cosas que te preocupan:

la pareja, los estudios, el trabajo, el futuro...

Hay que tomar decisiones que influyen en nuestra felicidad

e incluso nuestros padres influyen, nuestros amigos...

¿Os identificáis con lo que dice Tristán Ulloa?

Yo totalmente.

Además, creo que es el momento de mi vida

en el que está pasando eso, pero tal cual.

Es la mayor frustración que tengo.

Porque parece que sales del instituto y tienes que saber

a qué te quieres dedicar toda la vida, qué quieres hacer.

Y en realidad es que no tenemos por qué saberlo.

Yo me metí en una carrera de doble grado de Filosofía y Música

y llevo dos años que no estoy segura de qué es lo que quiero hacer.

Ahora igual me cambio.

Al final... Y sobre todo, lo del miedo al cambio

y el miedo que te meten siempre de:

"A ver, haz las cosas teniendo en cuenta

que todo va a tener una repercusión en un futuro".

A veces no.

A veces hay que arriesgarse y...

Y equivocarse. Y equivocarse, sí.

No pasa nada.

Nos vamos a equivocar y nos vamos a caer mil veces.

Lo importante es levantarse.

Yo me siento identificada con Clara porque yo creo que es tal presión

el tener 16 o 17 años

y que tengas que elegir lo que quieres hacer, sin saberlo.

Es muchísima presión y, si no te gusta

y quieres cambiar, que digan: "Has perdido un año,

has perdido dos años".

"¿Por qué no elegiste bien al principio?". Cosas así.

Me parece que debería ser un proceso mucho más lento.

-Sí que creo que debería ser un proceso más lento,

pero en el caso en el que no lo sea, imagínate que no lo es nunca,

en ningún momento se nos haga sentir que estamos perdiendo el tiempo.

Está bien que se diga: "No pasa nada por equivocarse".

No hay que tener miedo, pero tampoco se nos felicita

cuando nos equivocamos.

¿Cómo no vamos a tener miedo a equivocarnos

si tampoco hay un refuerzo positivo

cuando te equivocas, cuando tropiezas?

Creo que tampoco nos es fácil lanzarnos a ese vacío

por mucho que se nos impulse a decir:

"No pasa nada si te equivocas, adelante, equivócate".

Pero si me voy a equivocar y me vas a decir:

"Claro, no tendrías que haber hecho eso".

Así, ¿qué ganas?

¿De qué habéis aprendido más, de los errores o de los aciertos?

Se aprende de los errores, pero no es necesario recrearse.

Es lo que hace mucha gente. Lo hace la gente.

Pero no te hablo de ti, sino de quien está

por encima de ti: tus padres, un maestro, una maestra.

O sea, se ceban cuando se tiene un error

y lo que hay que hacer es lo que estás diciendo.

Reforzar positivamente esos fallos, aprender que sale una opción,

sale un aprendizaje y no castigar

el no tener claras las cosas a una edad.

Es un castigo que te obliguen a elegir

cuando no lo quieres. Si no lo quieres,

te vamos a reprender por tomar una mala decisión

que te ha obligado a tomar. -No puede ser que yo con 18 años

me queden dos asignaturas para septiembre

y me sienta un fracaso. Yo me sentí un fracaso.

Existe esa imagen social de:

"Es lo mejor, quien no lo consigue...".

En 4 de la ESO no sabes adónde quieres ir

y no sabes qué quieres hacer

y te miran como: "Está perdido en la vida".

Dejadnos en paz un poco.

No se trata de ser perfecto, sino feliz.

Para eso estamos aquí hablando de felicidad.

Ahora que los adultos se han dado cuenta de que tengo mi opinión,

me pedís una opinión prematura

sobre algo que no tengo ni idea de decidir.

De repente, si me equivoco, encima el problema es mío.

Quizá el problema es que no me habéis dejado

dar mi opinión durante toda mi vida.

Aún a día de hoy, por los comentarios de amigos y de familia y todo,

muchas veces digo: "¿Hago lo que tendría que estar haciendo?".

A día de hoy me sigue viniendo esa duda.

Lo importante es llevar las riendas de tu vida.

Corres el riesgo de que las lleven por ti.

Lo que me hace sentirme feliz es decir:

"Yo estoy aquí de puta madre,

porque hago lo que quiero, lo estoy haciendo bien.

Creo que estoy sacando mi mejor versión".

Tenemos más caminos que podemos recorrer.

Eso nos crea más incertidumbre, más indecisiones,

más infelicidad también.

Pero cuando nos caemos dos o tres veces, estamos en un camino,

nos damos cuenta de que eso funciona,

que nos hace felices, que vamos a andar por ahí seguros.

Y yo lo siento así, mis padres no son tan adaptativos,

pero mi generación sí.

Edgar Cabanas es un psicólogo que ha publicado un libro

que se llama "Happycracia".

Es un término que habla de la dictadura de la felicidad,

que hay que ser feliz a toda costa. A ver qué os parece.

Creo que estamos obsesionados con la felicidad y cada vez más.

Y una de las razones que explican esta obsesión

es que estamos constantemente siendo bombardeados

por el mensaje de que debemos ser felices,

de que buscar la felicidad es la meta más importante en la vida

y con el mensaje de que, además, es muy fácil serlo,

es muy fácil ser feliz.

La idea de felicidad que hay hoy en día

parece más propia de un anuncio de televisión

que fruto del pensamiento crítico, racional y reflexivo.

Existe hoy en día, como nunca antes,

una industria de la felicidad global

que nos está constantemente bombardeando

y ofreciendo fórmulas, recetas

e incluso frases de optimismo

impresas en camisetas, tazas de café, bolsos, etcétera.

Yo creo que esto no es cierto.

Detrás de todo este discurso de la felicidad

lo que hay en general es más "marketing" que ciencia.

Pero este no es el problema principal.

Yo creo que es todavía más perversa la trampa,

porque la industria de la felicidad no está tan interesada

en que seamos o no seamos felices

tanto como que estemos continuamente preocupados

por si lo somos, por si no lo somos, por si podemos serlo más

y cómo hacerlo.

Que sigamos convirtiendo la felicidad en un problema siempre a resolver.

¿Sentís que vuestra generación quiere ser feliz a toda costa?

Total. -Sí.

-Esta conversación ha sido una "happycracia".

-Sí, totalmente. -Totalmente.

Bueno, "happycracia" es imponer ser feliz,

pero me ha gustado que ha salido

que la felicidad no es estar siempre "happy".

La felicidad es también asumir el dolor

y saber que se puede salir.

Es que eso no es real.

Tú no puedes estar todo el día feliz. Vamos, y si es real, qué miedo.

No me da envidia, me da hasta rabia. Digo:

"Es que no es verdad". Ese no es el mundo real.

Eso es otra manera de engañarnos.

Y es otra vez, creo y pienso, no sé qué pensaréis vosotros,

que es otro miedo al fracaso.

-¿Para qué quieres enseñar lo feliz que eres?

La frase de "no se come ante el hambriento"

me parece una cosa que se lleva muy mal.

Toda la gente necesita compartir lo feliz que es,

todo lo que hace, ¿para qué? ¿Qué buscas?

¿Qué te reporta demostrar lo feliz que eres?

O sea, ¿qué necesidad tienes de restregar a la gente?

Dudo que se haga con un componente informativo

el subir una foto de que estoy en una fiesta.

Quieres restregar que estás feliz para pertenecer a esa "happycracia".

Así es como estás dentro de esto, de lo que habla Edgar Cabanas.

Claro que existe la "happycracia". Y si no estás dentro, mal.

-Esa imposición de la alegría y de no sufrir y de:

"Todo es maravilloso, aquí no pasa nada".

De hecho, me parece peligroso pensar eso,

porque es perseguir que nada te duela.

Es anular la mitad de tus emociones.

-La felicidad no es un valor que esté por encima de todo.

Se limita a tú estar bien

y si estás bien, estás bien con el resto,

pero necesitas que el resto esté bien para estarlo.

Yo no creo que la felicidad sea algo interno

que se proyecte en el exterior, sino que lo genera el exterior.

-La felicidad es algo interno

que se consigue con el conjunto de tu entorno, pero que...

No sé, me parece superficial y fría la "happycracia".

-Al final dejamos que nos vendan un ideal de felicidad

que solo se puede conseguir a través de compras de cosas irreales,

de dinero y de productos,

de experiencias que no todo el mundo se puede permitir.

Y quien puede permitírselo va a desvivirse por ello

sin que le llegue a llenar realmente.

Para mí hay tres principios que van íntimamente relacionados

con la felicidad.

Del primero ya hemos hablado, el perdón,

que yo creo que ha quedado muy claro que es un factor importante

de la felicidad.

El segundo es el agradecimiento.

Me parece fundamental. Y el tercero es la bondad.

Hay un científico francés,

un monje budista que se llama Matthieu Ricard,

que tiene un título muy curioso.

Es el hombre más feliz del mundo. Vamos a ver qué nos dice.

Nadie se despierta pensando:

"Voy a sufrir todo el día y, si es posible, toda la vida".

Seamos plenamente conscientes o no,

todos intentamos evitar el sufrimiento

y buscamos la realización, la satisfacción, una vida plena.

Pero yo creo, después de muchos años

escuchando a hombres y mujeres sabias,

a mis 74 años, después de 50 años en los Himalayas

y habiéndome relacionado con científicos y demás,

de entre todas las cualidades humanas fundamentales

que en conjunto contribuyen a la felicidad,

estoy absolutamente convencido

de que la más importante es tener una mente bondadosa.

Es decir, desear el bien a los demás

en la medida de nuestras posibilidades.

Aliviar su sufrimiento y hacer felices a los demás.

Así que mi consejo principal para la gente joven

es que el altruismo es poderoso.

Tenemos que atrevernos a ser altruistas,

enseñar a serlo, fomentar el altruismo.

Tiene que ser la revolución pacífica del altruismo.

Ser bueno a lo mejor puede sonar naíf,

pero es atraer cosas buenas.

Eso de "eres tan buena que eres tonta"

nunca lo entendí. "Se aprovechan de ti".

Yo prefiero hacer el bien, desear el bien a los demás,

porque el fin último es sentirme bien.

La felicidad es sentirte bien con lo que haces y eres.

Muchos no entienden esto y dicen que soy "flower power".

Sinceramente, yo tengo esa actitud, que creo que me beneficia bastante,

porque para qué me voy a martirizar con las emociones negativas,

con hacer daño o con envidiar

o con los celos o con el egoísmo, que eso no te beneficia en absoluto.

Dice la filósofa Adela Cortina

que todos nacemos matriculados en la asignatura de la felicidad,

pero ya sabéis que no siempre aprobamos todas las asignaturas.

Lo que está claro es que todo es mucho más fácil

si conocemos qué nos hace felices

y qué nos aleja de la felicidad.

Buscamos ser felices, pero eso no quiere decir

que haya que obsesionarse con esa búsqueda

ni que todo valga para ser feliz,

Para ser verdaderamente felices

tenemos que pensar también en los demás,

pero de verdad, de corazón, ser bondadosos, generosos.

Pienso que estos son los mensajes más potentes

que hemos podido hoy absorber

en esta conversación que hemos mantenido.

De verdad, os estoy muy agradecida.

Ha sido muy edificante, muy ilustrativa.

Todo lo que me habéis contado me ha parecido maravilloso,

vuestras reflexiones, vuestras opiniones.

Y que muchísimas gracias y que seáis muy felices también.

Igualmente. -Igualmente.

Muchas gracias. Muchas gracias.

Ha estado muy bien.

A mi yo adolescente - Felicidad

11 oct 2020

La mayoría de nuestras decisiones, de nuestros aciertos, y también de nuestros errores, esconden un deseo muy personal: ser feliz. Irene Villa se reúne con un grupo de adolescentes para hablar sobre la felicidad, para descubrir juntos las diferentes formas de entenderla.

Contenido disponible hasta el 11 de octubre de 2021.

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