A mi yo adolescente La 2

A mi yo adolescente

Sábado a las 14.00 horas

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No recomendado para menores de 12 años A mi yo adolescente - Empatía - ver ahora
Transcripción completa

Mi querida Blanca adolescente,

parece mentira que hayan pasado tantos años, ¿no?

Si soy sincera, no tengo la sensación

de haberte perdido.

Sigues presente en mi vida, porque tú eres el origen

de lo que hoy soy.

De ti conservo la curiosidad, el deseo de aprender,

de conocer gentes nuevas, nuevos lugares y nuevos paisajes.

Sé que tenías miedos que yo ahora creo haber superado.

Sé que eras un poco descerebrada e impaciente,

y puede que yo haya conseguido centrarme un poco

y tomarme las cosas con más calma.

Pero ese fuego, esa pasión,

ese deseo de aventura, que era tu seña de identidad,

se mantiene en mí con toda la frescura.

Así que gracias por todo lo que me diste,

y aquí me tienes para que sepas que siempre te he sido fiel.

Me reúno con unos adolescentes para hablar de empatía,

comprobar qué significa para ellos

y reflexionar sobre las diferentes formas de ser

y estar en el mundo.

Hola a todos. (A LA VEZ) Hola.

Mi nombre es Blanca, Blanca Portillo, y soy actriz.

Llevo casi 40 años dedicándome a esta profesión mía,

y eso me ha permitido interpretar a personajes variopintos.

He hecho de reina, de monja,

de bruja mala, de hombre...

He hecho de todo lo que os podáis imaginar.

Os contaré que cuando tenía más o menos 14 o 15 años

no tenía ni la más remota idea de lo que quería ser en la vida.

Yo lo único que sabía

es que me encantaba contar historias y que me las contaran.

Porque lo que sucedía es que yo entraba en una historia,

la vivía

y conseguía que otras personas que lo estaban mirando

lo vivieran conmigo.

¿Es posible que yo sienta algo que no es mío

y que, además, otros lo sientan conmigo?

Os aseguro que la empatía no es teatro,

pero el teatro sí que es empatía,

es ponerte en el lugar de otro ser humano que no eres tú.

Y de mirar el mundo a través de sus ojos,

no de los míos.

No es fácil, pero se puede hacer.

Me gustaría que escucháramos a un escritor

que se llama Francesc Miralles, que tiene unas cosas que decirnos,

para que podamos seguir hablando de esto, ¿vale? ¿Le escuchamos?

La empatía es la capacidad de viajar al mundo y a las emociones del otro.

Por lo tanto, ser empático significa

sentir desde un punto de vista que no es el tuyo,

y eso es altamente interesante y enriquecedor.

La persona empática tiene esta rara capacidad

de interesarse por nuestra vida

y tiene un don,

que es que nos pregunta qué tal estamos,

pero, además, la maravilla es que se para a escucharlo.

Tener empatía, tanto si la quieres practicar,

te va a ayudar muchísimo para ganar amigos y para ligar.

Porque poca gente se queda a escuchar

la respuesta de ese "qué tal".

Significa: uno, tener una escucha plena,

o sea, estar cien por cien en aquello que te están contando.

Segundo, no juzgar.

La persona lo que quiere es sentirse comprendida, no juzgada.

Por lo tanto, vamos a evitar dar consejos a aquella persona

que no nos los ha pedido.

Lo que uno necesita en esa situación es sentirse respetado,

sentirse escuchado, sentirse comprendido

y sentirse acompañado.

De todos los que estáis aquí, ¿cómo podéis probar

que tenéis empatía hacia los demás? Ponedme un ejemplo.

Interesante, ¿no? ¿Habéis tomado nota?

La empatía sirve para ligar,

¡al loro! (RÍEN)

En serio, eso es importante.

Veréis, decían los siux, los indios,

que, antes de juzgar a una persona,

camina tres lunas con sus zapatos.

Tres lunas, tres meses.

A ver, ¿quién me pone un ejemplo, como decía Miralles?

Muchas veces, cuando alguien nos pide...

nos cuenta un problema que ha tenido o nos confía un secreto o algo así...

Si está en una situación difícil, lo único que quiere es contarlo.

He tenido problemas, he tenido cosas que he querido contar a mis amigos

y, realmente, lo que no quería era que me dijesen:

"Yo, en tu lugar, haría no sé qué" o "yo habría hecho esto".

Me da igual.

No es que me dé igual, pero no lo he hecho.

Lo estoy pasando mal, escúchame.

Por lo menos, ayúdame. Porque estoy seguro de que,

en mi misma situación, lo agradecería.

-A mí me cuesta bastante, o sea, sí que empatizo.

Me encanta escuchar a mis amigos,

Pero, por ejemplo, en...

en esta cuarentena, mi madre se puso enferma,

bastante enferma.

Y me culpo muchísimo porque mi primera reacción física

fue básicamente ignorarla,

pero no conscientemente de decir: "La voy a ignorar".

De toda esa ansiedad, de toda esa situación tan rara

en casa y demás,

que no podía hacer otra cosa que encerrarme en mi cuarto.

Me comía la cabeza, pero no sabía por qué estaba mal.

Me había negado tan a mí misma ver eso

que no podía saber de dónde me venía ese malestar.

No sé, es importante saber cuidar a los que te cuidan.

Es importante, sí, es importante.

Además, sales de ti mismo, que esto es también interesante,

porque a veces estamos tan metidos en nosotros

que no vemos más allá de nuestras narices.

Y es muy oxigenante, de repente, escuchar a otro

y ver la vida desde otro lugar, desde otro punto de vista.

Empatizar va más allá, porque yo creo que, a lo mejor,

escuchar, podemos saber todos, pero más allá es...

Sentir, o sea, sentir cómo está esa persona,

qué le pasa y también cómo tratarla.

A veces necesita a alguien que escuche. El desahogo.

Desahogarte también es muy importante.

Creo que de eso no somos capaces todos.

Es muy fácil hablar de empatía.

-¿Por qué tengo que ser yo empática

en un mundo que no es empático conmigo?

-Yo creo que esa empatía con la que todos nacemos

se pierde si no la entrenamos, ¿no?

Es como un velocista. Un velocista sale a correr.

Y si el velocista no entrena, al final acaba perdiendo marca

y va disminuyendo tiempo. Esto es igual.

-Me ha encantado el tercer punto de Francesc:

"Escuchar, no juzgar y acompañar", que lo ha destacado Julián.

A los amigos los llamo compañeros,

porque significa "con pan", o sea, con quien compartes el pan.

Y me parece que la empatía es eso.

Yo te acompaño, estoy contigo y compartimos el pan o una caña.

Hay una diferencia también entre oír

y escuchar. Lo mismo que entre ver y mirar, ¿no?

La escucha se hace con el cuerpo y la mente.

Claro, total.

Y con el sistema emocional. Todo a la vez.

Eso es escuchar de verdad.

Lo decía Miralles, ¿no?

Estamos aquí para escuchar, no para juzgar.

Porque para juzgar lo que tienes que poner son tus puntos de vista

en comparación con los del otro.

Y puedes emitir un juicio respecto de tu manera de ver las cosas,

y eso es lo que complica la comunicación.

Ibas a decir algo. No te preocupes.

Cuando definimos "empatía" es ponerme yo en los pies del otro,

pero es lo que no tienes que hacer.

No te tienes que poner sus zapatos, no tienes que mirar

su situación con tus ojos.

Yo me pongo tus zapatos y sigo siendo Amaia.

Yo tengo que intentar meterme en sus... y mirarlo con sus gafas.

Siempre es bueno ponerte en el lugar de otra persona,

pero lo que no se puede hacer es coger todas sus cargas

y ponértelas en tu propia espalda, porque entonces te aplastan.

Es una metáfora bonita lo de los zapatos de otra persona.

Sí. Realmente ser otro.

Exacto. O sea, yo...

Por eso os decía antes que, cuando interpreto, yo no soy yo,

tengo que ser otra persona.

Y probablemente ese personaje piensa diferente,

tiene otras coordenadas sociales, tiene otros gustos,

tiene otras vivencias que no son las mías.

Y lo tengo que hacer real

y convertirme en esa persona que no soy yo.

¿Vale? ¿Ese proceso cómo funciona?

Habrá un proceso de transformación,

por así decirlo, en el que tú te vas leyendo el personaje

o te vas metiendo poco a poco.

No sucede de la noche a la mañana.

El proceso es exactamente el mismo que tendríamos que hacer

para empatizar con una persona.

No es una cosa que suceda de primeras,

porque estamos hablando hasta ahora de gentes a las que conocemos,

de nuestro entorno más cercano, amigos, familia...

Si tienes que empatizar con quien no conoces

absolutamente de nada, eso necesita un proceso, ¿no?

O sea, hablamos normalmente del mundo,

de la sociedad, de la gente...

como algo que nos ha tocado y hemos caído aquí.

Construimos el mundo que tenemos. Claro.

Quiero decir que todos tenemos

aunque sea una microparcela de responsabilidad

en el mundo que tenemos construido.

Os voy a plantear una situación.

Imaginad por un momento que, de repente,

hay un barco a la deriva, en el mar,

y con 600 personas a bordo.

Y en una situación absolutamente...

terrible, han escapado de su país,

porque viven una situación espantosa y han huido de allí.

Vale, me gustaría que levantarais la mano

los que estaríais dispuestos a acoger

en vuestra ciudad o en vuestro pueblo

a esas 600 personas

si eso implica

que todo el presupuesto

que tiene vuestro ayuntamiento para las fiestas

fuese destinado a ayudar a esta gente.

Sí, podemos montar fiestas después juntos.

¿Estaríais dispuestos a renunciar absolutamente

a que haya fiestas? Si fuera para las fiestas, sí.

Hay cosas que a lo mejor yo creo que de tu cosa no puedes...

quitar por ellos, tristemente. Vale.

Este es de las fiestas. De las fiestas, sí.

-Sí, sin fiestas, sí. ¿Sí?

Yo no sé, si preguntamos y hacemos una encuesta

a mucha más gente, qué dirían, pero,

una fiesta una vez en la vida...

¿No? Por 600 personas.

No me parece tan complicado.

Vale, ¿y qué pasaría

si llegasen esas 600 personas,

pero tenerlos y acogerlos implicara

invertir el dinero que se emplea para los parados?

¿Diríais "sí"?

Para mí, lo que se tiene que hacer es un planteamiento de...

Aquí, todo son personas y...

Si tienen precariedad, tienen precariedad de una forma u otra,

pues intentar repartirlo

de la mejor forma posible entre todos.

A mí no me vale: "Es mi país,

por eso yo me merezco antes el dinero que otra persona

que lo ha pasado fatal para llegar aquí".

Siempre pongo el mismo ejemplo cuando se plantea el dilema,

que tampoco lo es, porque nunca es A o B.

Cuando en una familia son tres hermanos

y llega un cuarto, llega un cuarto.

Las cosas se reparten y dan para todos.

Incluso poco a poco irá mejorando y siempre,

aunque comas un poquito menos, te satisfaces igual.

-No. Si tú, para empezar, ya tienes un problema en tu país

o en tu propio territorio,

por mucho que duela, tú no puedes proporcionarles ayuda a los de fuera.

Ya tienes un problema aquí. Por mucho que duela, no puedes.

Debe ser otro país, otra persona. No puedes ofrecerles ayuda.

-Me parece falso decir: "No hay recursos para nosotros".

Sí hay, y tenemos que potenciarlos. Y eso es una inversión, ¿no?

Me ha hecho gracia el verbo que has usado

de invertir en ellos en lugar de en los parados.

Es una inversión, no es un gasto de "pierdo este dinero y se pierde".

Todo eso sigue creciendo.

Y ahora, ¿qué pasaría si os digo que esas personas llegan

y se las puede atender, si eso implica

que los acojáis en vuestra casa?

¿Quiénes estaríais dispuestos? Yo no.

Yo no, porque creo que la solución no es acoger a alguien en tu casa

y hacer como una solución individual.

Es como si vas a un sitio y les solucionas una cosa

y te vas. No has solucionado nada.

Si la situación es:

"Te quedas en el mar o en mi casa", pues en casa.

Pero la solución no es "cada uno se mete en su casa

y compartimos nuestras cosas".

Eso es seguir potenciando lo mismo de siempre.

La del paro sí, podríamos gestionarlo de otra manera.

Pero traerte a alguien a tu casa me parece

que no va a ser útil a largo plazo.

-Claro. A largo plazo.

Pero, por ejemplo... Tenemos una situación extrema.

A largo plazo no lo arreglas, pero tenemos una situación extrema

de 600 personas.

Lo hago con un pacto: me lo quedo en casa,

pero como ayuntamiento,

nos ponemos de acuerdo y hacemos algo. No vale...

Como si fuera algo tuyo, porque es un problema de todos.

No sé si me explico.

-A mí, que me quiten el trabajo o no,

o la sanidad o no...

No me parece el mensaje.

Me parece el mensaje de "vamos a hacerlo bien,

vamos a acogerlos. Es gente inocente que viene aquí".

-Me cuesta mucho entender por qué aquellas personas

que dentro de 30 años sus hijos van a ser...

van a moverse a otro país, se nieguen a ello.

De todas formas, cuando nos ponemos en acción

para ayudar a alguien a salir de una situación injusta,

como esta de la que estamos hablando,

una situación injusta,

es normal tener en cuenta nuestra propia situación

y nuestra capacidad para poder ayudar.

Hasta dónde podemos llegar, de alguna manera.

Pero de lo que no cabe la menor duda es que se trata de derechos humanos,

no de una cuestión pequeñita,

sino de algo muy grande, ¿no?

Y, en ese sentido, no podemos mirar hacia otro lado.

No podemos hacerlo, nos corresponde a todos nosotros.

Pero para esto, para que meditemos sobre esto

y hablemos sobre esto, necesito que escuchéis,

que escuchemos juntos,

a Mohamed.

¿Vale?

Me llamo Mohamed, tengo 17 años.

Nací en Marruecos y llegué a España con 14 años.

Soy uno de esos niños a los que vosotros llamáis "menas".

A mí me costó mucho dejar a mi familia,

a mis padres, a mis hermanos y a mis amigos

para buscar un futuro mejor.

Llegué a España en patera.

Durante el viaje, no teníamos ni comida ni nada,

y muchos miedos.

Cuando llegamos aquí,

estuve unas semanas en un centro.

Y me llevaron al instituto.

Y cuando llegas al instituto, no sabes el idioma, no sabes nada.

Empezaron muchos jóvenes como yo

a insultarme y a reírse de mí.

Yo no sabía nada de lo que decían.

Yo me sentía muy mal.

La gente me miraba muy raro.

Como si fuera...

un bicho.

Ahora tengo la oportunidad de hablar con vosotros

frente a frente y me gustaría deciros algo.

Yo, durante seis años, he sentido el rechazo de mucha gente,

muchos jóvenes como vosotros.

Así que, antes de juzgar a alguien

por su color, su raza o su dinero,

tenéis que meteros en su situación.

Porque la vida puede cambiar

y encontraros en la misma situación

como me encuentro yo y miles de jóvenes.

Ahora os tengo delante y me gustaría haceros una pregunta.

Si tú estuvieras en mi lugar con 14 años,

¿serías capaz de dejar a tu madre, a tu padre,

a tus hermanos, para buscar un futuro mejor?

Se queda uno sin palabras, ¿verdad?

Pensad un segundo,

con absoluta honestidad.

Pensad en vuestros padres, hermanos, amigos,

vuestra casa,

vuestros compañeros de estudios,

vuestra cama,

vuestra gente...

Que, por una razón ajena a vosotros,

os vierais obligados a abandonarlos.

A subiros a un barco,

que no es un barco siquiera,

donde caben muchas posibilidades de que mueras.

Con 14 años, llegar a otro país,

donde nadie te entiende, y donde tú no entiendes a nadie.

Poneos realmente en esa situación.

¿Qué desearíais?

O sea, a mí me es muy difícil no...

no empatizar con eso.

El problema está en que, normalmente,

hablamos de una generalidad.

Los menas.

Los emigrantes.

Pero cada uno es un individuo

con una historia, con una vida, con unos problemas,

con un dolor, con una soledad...

Que tiene nombre y apellidos, que tiene familia.

Cuando los intentas ver desde ahí y te dan una cifra,

yo me muero.

¡Hay tantas personas

que tienen vida real, que no son un número!

¿No? De alguna manera.

No es lo mismo pensar en menas que en personas.

¿Quién quiere responderle?

A mí este tema me toca mucho personalmente porque...

al ser hija de inmigrantes...

Mis padres no vinieron en patera, no todos lo hacen.

Sin embargo, toda la vida me han contado,

toda la vida me han dicho, a mí y a mi hermana,

la suerte, la grandísima suerte que tenemos.

Porque, a pesar de no haber subido a una patera para salir del país,

han tenido...

salieron de sus países en su día, lucharon muchísimo,

lo pasaron fatal en su día, también.

Con también 14, 15 años.

Mi padre más tarde, mi madre más joven.

El caso es

que duele mucho ver en los ojos de tus padres cómo...

cómo es cierto. Tú lo ves en la pantalla,

y veo que os duele, ¿no? Pero verlo en persona...

te forja.

Y no solamente eso,

porque la misma discriminación de la que hablabas de este chico

la he vivido yo siendo española.

La he vivido en el instituto, en el colegio.

Esta discriminación, este racismo inexplicable.

Estas cosas las he vivido en mis propias carnes.

Me he sentido de fuera siendo de aquí.

-A mí me pasó a nivel personal

cuando fui a un campo de refugiados en Grecia.

Cuando tú escuchas las historias que tiene detrás,

lo mismo que al escuchar a Mohamed o cuando ella nos lo ha explicado,

es que...

Te das cuenta de que no hay distancia,

de que tenían sus vidas, eran profesores de inglés...

No sé, como realidades...

completas y construidas

y superarraigadas en su sitio,

y que lo último que querían era irse.

Y se han visto obligados.

Y si estuvieses en esa situación, hubieses hecho exactamente lo mismo,

con el mismo dolor y con la misma ruptura

de todo y con...

Entonces,

la empatía es hacer el viaje a la persona.

Y cuando has compartido tu historia, de pronto,

para mí, tú has cambiado, o sea, es como...

Te entiendo más, ¿no?

Estamos como conectadas de distinta manera.

-Parece que empatizar es irse a un campo de refugiados en Grecia,

es cruzar el charco,

es trabajar un mes en el barco que rescata pateras.

Y de verdad que no.

Creo que empatizar empieza en el entorno de uno mismo,

en su instituto, universidad, en su familia, con sus amigos.

-Siento que lo que voy a decir puede sonar un poco frío,

pero no significa para nada que no me conmueva lo que he visto,

pero creo que iba a conmover a cualquier persona.

Hay situaciones donde hacer un ejercicio de empatía más allá,

porque de primeras no son tan obvias que pueden dar...

pena o que te pueden generar más conexión.

Es como una empatía fácil.

Creo que una cosa es apelar a la empatía individual,

que es algo, entre comillas, más sencillo.

Porque tú puedes contar una situación como la que nos ha contado,

y tú, como individuo, sentir mucho eso.

Pero necesitas unas redes grandes, institucionales, que lo apoyen.

Para mí, lo interesante es que cuando tú lo pienses,

ya no hablo del mundo,

sino que cuando tú pienses en los menas,

pienses en que hay uno y otro y otro,

y cada uno tiene su historia, su dolor y su problema.

Es una realidad.

Y eso va a hacer que tú te plantees cosas como esas, ¿no?

Habría que cambiar las instituciones para que esto no suceda

o para que suceda de otra manera.

Y te plantearás de qué manera puedo yo contribuir,

aunque sea mínimamente,

a que esas cosas cambien de alguna forma.

Veréis, Jero García es un exboxeador

que fue campeón de España y de Europa

y que tiene títulos a mogollón.

Y ahora entrena a jóvenes, a gente joven,

y trabaja por la prevención de la violencia.

¿Vale? A través del deporte.

Y tengo muchas ganas de que escuchéis lo que dice.

Hace 15 años, por esa puerta,

entró una niña.

Y la entrenamos y empezamos poquito a poco, poquito a poco.

La niña tenía sus mimbres para ser campeona.

Y se veía, pero, de la noche a la mañana,

cambió su actitud.

Ya no miraba a los ojos, ya no...

No te contestaba, ni saludaba.

Una niña que estaba con una sonrisa en la boca cambió completamente.

Pero decías: "Son adolescentes, son jóvenes".

Es lo típico, lo normal.

No te das cuenta.

Y llega un día que vamos al ritual que tiene el boxeo,

que es un pesaje, hacemos un interclub.

Y yo vi que esa niña se tapaba demasiado, ¿no?

Y yo veía algo extraño: "Algo pasa, no tiene mucho sentido".

Yo veía que se tapaba y empecé a ver cosas raras.

Cuando ella se pesa, baja y yo le pregunto:

"Esas marcas no son normales. Esas marcas no son de boxeo".

Dice: "Sí, son de boxeo", y digo: "No.

Eso no te lo han hecho en el gimnasio. ¿Qué pasa?".

Esa niña se bloqueó, esa niña salió corriendo.

Yo salí detrás, no la encontré.

Pasaron unos días, las semanas, pasaron los meses

y me olvidé.

Al año y medio, entró otra vez por la puerta.

Me explicó que durante un año...

Mientras entrenaba conmigo,

sufría violencia de género.

Yo no lo vi.

Quince años después,

esa niña es Miriam Gutiérrez

y es campeona del mundo, es campeona de Europa,

cinco veces campeona de España.

Parece una victoria, ¿verdad?

Qué guay, ¿no?

Pues no, es una derrota, es un fracaso porque yo no lo vi.

Ese es mi fracaso.

Esa es mi penitencia y no me voy a olvidar.

Gracias a Dios salió bien, pero que no se me olvide nunca,

porque desde ese día empecé a formarme.

¿En qué? En prevención de las violencias.

Porque eso no voy a permitir que me vuelva a pasar.

¿Sabéis qué es lo que más me ha impactado

cuando he visto este vídeo?

Ver un ejercicio de empatía en directo,

ver cómo él,

fíjate que lo estoy diciendo y...

Cómo él empatiza con aquello que vivió y se parte.

Tiene puesta su atención, su escucha

y su sistema emocional

en lo que le ocurrió a aquella chica, pero, sobre todo,

en "¿qué hice yo mal?,

¿por qué no lo vi?", ¿no?

Yo voy a ser sincera.

A mí me toca mucho más escuchar a una mujer hablando de eso

que escuchar a un hombre

hablando de algo que le pasa a una mujer.

No es fácil, ¿eh? En plan, no es fácil para nada.

Yo lo entiendo perfectamente. Si a ti te viene una niña,

nadie te ha enseñado cómo actuar en esas situaciones.

¿Os ha pasado alguna vez lo que le ocurre a él?

Daros cuenta con el tiempo de que no percibisteis

que alguien estaba...

pasándolo mal.

Quizá vuestro padre o vuestra madre, o un amigo o tu hermana.

Y no os disteis cuenta.

¿Os ha pasado?

A mí, por ejemplo,

cuando pasó lo de la cuarentena y todas esas cosas,

realmente la situación económica que había era difícil.

Y yo veía que, por ejemplo, mi padre y mi madre estaban...

estábamos mi hermano y yo en casa,

y hacíamos cualquier cosa y mi padre se enfadaba.

Mi padre nos gritaba. O mi madre también pues...

Actuaban de otra forma,

porque mi padre y mi madre no nos gritan, ¿sabes? O sea, son...

Como que yo veía que no era su forma normal de actuar.

Y cuando fueron pasando los días

y vi y me iba enterando más o menos, por las cosas que les oía hablar,

de que la situación en casa era muy complicada, dije:

"No es que se ha levantado tres días de mal humor,

es que pasa algo, tiene un sentido protector

tan grande por nosotros

que nosotros no lo vemos".

Entonces digo: "Papá, qué pesado estás.

Mamá, qué pesada está, me grita mucho...".

Claro, pero lo que pasa es que está haciendo lo posible

por que en casa las cosas no se vayan...

Lo estaba pasando fatal.

Con los padres pasa muchísimo, muchísimo.

Damos por hecho que no tienen problemas

y que nos tienen que atender.

Sí.

¿No? Para eso están.

A ellos les toca cuidar,

y a mí, ser cuidado o cuidada, y punto.

Y tienen también sus problemas, y a veces nos pasan desapercibidos.

Y es terrible cuando te das cuenta.

Cuando he visto el vídeo me he emocionado porque...

en Jero he visto a mi madre.

Hace un par de años, tuve una experiencia muy dura.

Yo tuve anorexia.

Me he visto como esa chica. Al final no quieres que te ayuden.

Y la otra persona sufre, pero tú no quieres.

Es como un "mix" de cosas y de sentimientos.

Y cuando he visto a Jero, me he emocionado,

porque el mensaje que me gustaría mandarle,

que querría mandarle a mi madre, es que no se sienta culpable

por eso que le pasó.

Creo que es una culpa con la que va a cargar toda la vida.

Y yo soy la primera a la que le da muchísima pena ver cómo...

cómo fue una batalla que tenía que librar yo

antes de compartirla con ella,

pero siempre se va a sentir responsable.

-Bueno, tú antes... Me encantaría hablar del futuro,

la empatía y las generaciones que lo compartimos.

Antes lo decías. A nosotros nos preguntan:

"¿Somos empáticos?". Y yo pregunto:

"¿La gente adulta ha sido empática con los jóvenes?".

Quiero decir, se toman decisiones para el futuro,

nuestro presente, no solo su presente.

¿Por qué nosotros no estamos en esa toma de decisiones?

¿Por qué ahora sí que se no ofrecen espacios

donde se nos escuche y podamos decidir?

Macho, el futuro que se decide es mi presente.

Pregúntame cómo quiero que sea mi futuro.

Entiéndeme, empatiza. Interesante.

Entiendo que se nos ataque y digamos: "¡Jopé!

¿Sois empáticos como generación?".

Pues, hombre, tenemos fallos, ¿no? Pero ¿y vosotros?

¿No? -Le quiero dar la vuelta.

¿Somos empáticos con los mayores? Soy la primera que a veces no.

Eso es interesante. Mis padres...

No me he puesto en su lugar. Somos los oprimidos.

Y nosotros a veces también machacamos un poco a los que vienen.

Oye, antes hablábamos de las veces que a veces se nos escapa

que alguien está sufriendo y hemos sido poco empáticos.

¿Y al revés?

¿Os ha pasado de haber sufrido algo vosotras o vosotros

y la gente de alrededor no se ha dado cuenta?

Sí.

-Me recuerda a mi experiencia de instituto, sin ir más lejos.

Recuerdo ir con las típicas trenzas africanas,

porque es un peinado protector para nuestro pelo

que nos viene muy bien.

En esa época no estaba de moda como ahora.

Yo recuerdo que mis compañeros de clase

me pusieron un apodo, me solían llamar Peluca Predator.

No sabía qué era un Predator, no había visto las películas ni nada.

Me reía, me sentía parte de la clase.

Ja, ja. Peluca Predator. ¡Qué guay!

Seré parte de la de la panda, de la clase.

Me tienen en cuenta, ya no soy la rarita.

Años más tarde,

me di cuenta.

Me di cuenta de por qué el apodo.

Para mí ese momento fue un...

Marcó un antes y un después en mi adolescencia.

Eso no era un cumplido, no era parte de la panda.

Nunca fui parte de la clase.

Me estaban insultando.

¿Sentiste que la gente no se daba cuenta de...?

Sí, exacto, me sentía sola. Sola.

Todo el instituto, toda la educación, sola.

Completamente sola.

Y no era que... Porque tú dices:

"A lo mejor podrías haber explicado...".

Una niña negra de 15 años en el instituto,

¿cómo vas a defenderte, cómo vas a decir nada?

Ahí está, que hay veces que no es fácil poder verbalizar:

"Necesito ayuda", porque tu entorno no te lo permite.

Porque la gente que está a tu alrededor

precisamente ni te ve.

Como aquel que dice.

Me ha sorprendido muchísimo

que Almudena se abriese tanto a personas que acaba de conocer.

No sé si la habrá ayudado, pero tanto a nosotros,

que hemos estado compartiendo un espacio,

como para las personas que vean el testimonio de Almudena,

pues la...

Está ayudando diciendo su mensaje:

"Yo he pasado por esto y ahora estoy superfeliz. Tengo mi vida".

Nuestro siguiente invitado es el filósofo y escritor australiano

Roman Krznaric.

Y tengo muchas ganas de que escuchéis esto, veréis.

Uno de los aspectos principales de la empatía

es la habilidad de ponerse en los zapatos de otro

e imaginarse con sus experiencias.

Por ejemplo, un líder del Ku Klux Klan estadounidense

de los años 70 llamado Claiborne Paul Ellis,

que odiaba con pasión a los afroamericanos,

fue a una junta en un colegio para discutir problemas raciales.

Se le pidió que organizara la reunión junto a una afroamericana activista

por los derechos civiles llamada Ann Atwater.

Ellis la odiaba con todas sus fuerzas,

pero empezaron a trabajar juntos.

Tras intentar reclutar a gente para el comité de organizadores

durante unos días, Ann le dijo:

"Nadie en la comunidad negra quiere hablar conmigo

porque hablo con un supremacista blanco,

trabajando contigo, un miembro del Ku Klux Klan.

Los profesores se ríen de mis hijos".

Y Claiborne Paul Ellis dijo:

"Es lo que les pasa a mis hijos.

Todos sus amigos se ríen y nadie quiere hablar conmigo".

Y se dio cuenta de que tenían mucho en común,

que compartían su opresión por ser pobres,

ambos trabajaban limpiando casas.

Al final de esos diez días de junta escolar,

Ellis se presentó delante de mil personas

y rompió su tarjeta de miembro del Ku Klux Klan.

Y fue gracias a la empatía,

a darse cuenta de lo que compartimos con los demás,

de que no somos tan diferentes de los demás como creemos.

Alucinante.

¿No? ¿No os parece? Sí.

En este vídeo, cuando oyes a gente que tenía

un pensamiento inmóvil.

¿No? Que no se movía de un sitio. Y, de repente,

en el momento en que se junta con otra persona y conversan,

se dan cuenta de todo lo que tienen en común

y de que todo eso que era tan sólido no ha valido.

No entiendo por qué la gente sigue

como tan...

fija en "yo soy lo que opino, y así soy y no lo voy a cambiar.

Y voy a debatir contigo hasta el final,

creando argumentos u ofreciéndote todos mis argumentos".

Si lo que mola también es ver lo que te dice la otra persona

y añadirlo a tu identidad.

-Yo recuerdo una frase de un rapero que se llama El Chojin,

español de origen africano, que decía...

No sé si decía: "Para llegar a la democracia y la paz,

hay que aprender a respetar las diferencias".

Yo creo que nosotros no sabemos del todo

respetar las diferencias de los otros.

Ponte un caso, por ejemplo, de un homófobo.

No se va a entender con un gay, o viceversa.

Nosotros vivimos en un mundo en el que somos

completamente diferentes,

todos tenemos posturas diferentes.

Y yo creo que es clave, muy clave,

respetar las diferencias de las personas

y aprender a convivir con ellas.

¿Sabes la persona más diferente a ti que hay en este momento? Él.

(RÍEN) Ella.

Sí. Él.

Creemos que nos unen cosas,

pero en el fondo cada uno es distinto.

Esta historia que nos han contado son dos personas opuestas,

pero les estaba pasando lo mismo, lo mismo.

Para que exista diálogo tiene que haber escucha.

Estamos acostumbrados a oír a personas que hablan

y hablan y hablan y hablan, pero no se escuchan.

Me parece que es un gran ejemplo de lo que puede ser hoy día.

Por ejemplo, veo que hay una polarización en la sociedad,

y nos fijamos en lo que nos diferencia.

Al final dices: "Nos olvidábamos de lo que nos une".

-A veces lo más revolucionario que uno puede hacer

es hablar con personas que no piensan como tú, de la misma manera.

Creo que es una forma revolucionaria de poner en práctica la empatía.

-Yo creo que, sobre todo,

seguro que todos tenemos diferencias.

Y seguramente nosotros decimos: "Te entiendo, pero hasta este punto",

y es algo que a todos nos cuesta.

Aunque sea muy chocante, a nuestras ideas

o lo que hagamos, pensemos,

yo creo que romper esa barrera

es clave si queremos llegar a entender

esa diferencia y llegar a un consenso entre los dos.

De hecho, os digo, yo puedo entender que alguien piense de una manera

radicalmente distinta a la mía y que defienda, por ejemplo,

entiendo que pueda defender

que quiere ser superracista.

Lo puedo entender,

pero no tengo por qué compartirlo. Correcto.

Pero debo...

Lo interesante es entender por qué le pasa eso.

Pero la cosa es que la otra persona tenga interés en entenderte a ti.

Si tú quieres entender al racista, pero él pasa de ti...

Esto es lo de siempre: "Yo no soy bueno contigo si tú lo eres...".

A mí no me importa.

Si tú no quieres hacer el ejercicio de entenderme,

yo sí quiero hacerlo. Sales ganando tú.

¡Equilicuá!

Es lo inteligente. ¡Equilicuá!

Es como descubrir el poder discutir sobre algo.

Y en vez de estar enfurecido

con palabras sin sentido,

estar tranquilo y decir tus argumentos

que tienes claros y escuchar al otro. Te hace... O sea...

Te pones en otro sitio, además.

Y si el otro no lo comprende y sigue gritando,

tú estás en otro sitio. -Te da igual.

-Mucho mejor, pero mucho mejor de un lado que del otro.

Y de repente, dices: "Claro, entiendo por qué se pone así,

porque busca el enfrentamiento, y yo no me voy a enfrentar".

Pero de repente dices: "Entiendo por qué se pone así.

¿Qué le pasa? ¿Qué le crea inseguridad?".

Claro, las personas que gritan tanto

y defienden con tanta dureza una idea

es porque igual les produce inseguridad

decir se equivocan".

Y de repente los ves de otra manera.

Y dices: "Bueno, no es tan grave, pobre".

Parece que al gritar tienen razón, ¿no?

Cuanto más alto lo dices,

más razón tienes. Sí.

Yo creo que eso es en plan porque...

tú quieres que esa persona te entienda.

Hay un punto que tú dialogas, lo hablas, lo hablas,

pero es como que no lo entiende, y a ti eso te crea rabia.

Y buscas alternativas para expresarlo.

Y ahí puede venir que grites o que hagas algunas otras cosas.

-También, si quieres que te entiendan,

o sea, si quieres que empaticen con tu forma de pensar

respecto a lo que sea, también es algo muy carnal.

Por eso igual sacas esa rabia,

porque quieres que te entienda y que vea tu punto de vista.

-Cuando tú dices: "¿Dónde encuentro a alguien

o esos espacios?". Ahí, por ejemplo,

la cultura juega un papel importante, porque...

-Incluso con la educación.

O sea... -Obviamente.

-Ese es el principio porque, si en un colegio

te enseñan... En un colegio o en tu casa, en plan...

Te enseñan todo esto. Y en el colegio sería brutal, en plan...

Un poco menos de examen

y un poco de "a ver qué pensáis sobre esto".

-La empatía es algo que se inculca cuando eres muy chiquitín

y parece que ya se te introduce en el espíritu

y ya se deja de hablar de la empatía para siempre.

Es algo que ya tienes inherente a tu cuerpo y a tu comportamiento.

En cambio, hay otros valores que sí se siguen trabajando

en tu adolescencia, en tu adultez, etc.

No entiendo por qué la empatía se abandona tan pronto

si nos damos cuenta de que es tan importante.

Pero estamos llegando a conclusiones también,

hermosas conclusiones, que no son definitivas,

no son inamovibles,

pero por lo menos nos damos cuenta

de que, si lo ponemos en práctica y ejercitamos,

depende también de nosotros, porque...

Esto es otra cosa:

"Es muy difícil hacer esto porque el mundo...".

Bueno, pero yo, en mi parcela...

Total. Puedo trabajar en este tema.

Y seguir y continuar en ello.

Y si lo perdí en el camino, lo puedo recuperar de alguna forma.

Cuando hablamos de experiencia, uno dice:

"La experiencia... Por mi experiencia te digo...".

Si cada vez que penséis en la experiencia

le añadís un: "La experiencia que tengo hasta hoy".

Cada vez que habléis de "mi experiencia".

Siempre hablo de mi experiencia hasta hoy.

Mañana puede cambiar,

porque puedo tener una experiencia completamente distinta.

Eso es lo que te permite estar abierto.

Si he sufrido una determinada cosa y digo: "Esta es mi experiencia",

eso te va a condicionar para siempre.

Si tú dices: "Esta ha sido mi experiencia hasta hoy",

igual vuelves a abrir las puertas y a decir:

"A ver qué viene mañana, a ver cómo van llegando las cosas".

Me gustaría que escucharais

a una mujer que se llama Mary Gordon.

Ella es una de las mayores referentes mundiales

en el estudio de la empatía en niños y adolescentes.

¿Vale? Vamos a ver qué nos cuenta, veréis.

Estamos sufriendo una gran crisis de empatía.

Creo que corremos el riesgo

de no ser capaces de resolver los problemas

que tiene nuestro mundo hoy en día, problemas serios.

¿Cómo vamos a enfrentar el hecho

de que 65 millones de personas estén migrando en busca de hogares?

El hecho de que se van a producir desastres naturales

por el cambio climático,

y habrá refugiados víctimas de los mismos.

Debemos ser capaces de encontrar la humanidad en los demás,

darnos cuenta

de que los seres humanos compartimos algo,

que es la capacidad de sentir.

Se realizó un estudio muy interesante

en la Universidad de Michigan hace unos siete años.

La doctora Sarah Conrad comparó los estudiantes universitarios

de los años 70 con los de los 2000.

Y vio que su preocupación por los demás

había caído drásticamente,

en un 40 y pico por ciento.

Un porcentaje similar de personas

tampoco se ponían en el lugar del otro.

Y estos son los dos elementos de la empatía.

Si se ha reducido tan drásticamente la empatía

en el segmento más educado de la población,

¿qué dice eso de Norteamérica?

¿Y es un indicador de lo que pasa en el resto del mundo?

Necesitamos ser capaces de conectar los unos con los otros,

leer los sentimientos de los demás

y encontrar la humanidad que nos une a todos.

Está ahí.

Leer los sentimientos de los demás.

Después de esta conversación y haber escuchado

que vuestra generación es menos empática y solidaria,

me había planteado que no, que eso no podía ser.

Me he dado cuenta escuchándoos de que no es tan verdad.

Tienen que hacer esa estadística otra vez.

Creo que sois bastante empáticos

y bastante solidarios.

Y preocupados por vuestro entorno social,

cosa que me alegra muchísimo oír.

No dejéis nunca

de abriros a la posibilidad de sentir cosas que no esperabais,

de pensar cosas que no teníais previstas.

No pasa nada si algo os perturba y os deja noqueados.

No pasa nada. Yo vivo noqueada sistemáticamente.

Porque es hermoso, te hace crecer.

Siempre te va a hacer crecer.

Ha sido para mí un privilegio escucharos porque tengo la sensación

de que tengo con vosotros más en común

que con muchos de mi generación.

Vivimos tiempos muy difíciles y nada que me hubiera gustado más

que daros un abrazo individual.

Porque he aprendido un montón con vosotros.

Y os doy las gracias, de corazón.

Y a ti. Un placer.

Gracias.

A mi yo adolescente - Empatía

18 oct 2020

¿Vivimos una crisis de empatía global? ¿Son los jóvenes de hoy menos empáticos que los jóvenes de generaciones pasadas? ¿Se puede aprender a ser más empático? La actriz Blanca Portillo se reúne con un grupo de jóvenes para hablar sobre la empatía.

Contenido disponible hasta el 18 de octubre de 2021,

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