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En Irlanda se descarga la mayor parte del pescado que la flota española captura en el norte de Europa. El precio del combustible está disparado y sale más barato traer ese pescado en camiones que navegando. Un cambio logístico que resta peso y actividad a puertos gallegos como Vigo.

Proyecto Math4fish. Conocemos el Proyecto Math4fish que propone aplicar las matemáticas en el mundo de la pesca para lograr un equilibrio más sostenible. Está financiado por la Unión Europea y liderado por el Instituto Español de Oceanografía.

La caída del consumo en los hogares es constante en la última década. De 27 kilos de pescado, a algo más de 18 por persona y año. Un descenso especialmente acusado desde hace 3 años: un 25% menos. Según la OCU, seis de cada diez consumidores han reducido la ingesta de productos del mar.

Comercializadores, armadores y pescadores se echan las manos a la cabeza. De media, cierran 30 pescaderías al mes, y las empresas pesqueras también sufren las consecuencias. Alarmados por los datos, todos los eslabones de la cadena pesquera piden que se suprima, o al menos se rebaje el IVA del pescado para incentivar un consumo en caída libre que, recuerdan, además de alimento, es fuente de salud.

El cambio climático está provocando temporales cada vez más frecuentes y más virulentos. Un ejemplo lo vivimos la pasada semana. En Galicia, la borrasca arrastró a tierra toneladas de almejas y berberechos, y ahora las mariscadoras intentan recuperar las crías que aún siguen vivas para devolverlas al mar. Es la última oportunidad de salvar la campaña más importante del sector: la de Navidad.

Dentro del sector primario, en la pesca las mujeres han sido menos visibles o han ocupado puestos supuestamente secundarios. Sin embargo hay oficios donde ellas son mayoría, como el marisqueo a pie. Y donde tienen que estar también muy pendientes de las cuotas y la sostenibilidad.

Japón ha empezado este jueves a verter al Pacífico más de un millón de toneladas de agua contaminada procedente de la planta nuclear de Fukushima.

El Gobierno japonés decidió en 2021 que recurriría a este tipo de descarga controlada al mar como vía para deshacerse del agua contaminada que se acumulaba en las instalaciones nucleares. El espacio en los tanques de almacenamiento se estaba agotando ya y el vertido es un paso que el Ejecutivo considera fundamental para el desmantelamiento de Fukushima. El agua ha sido tratada para retirarle la mayor parte de los residuos radioactivos recurriendo a un proceso de depurado. El proceso, que se prolongará durante unos 30 años, está generando una oleada de protestas dentro y fuera del país.

La industria pesquera nipona ha rechazado el plan, asegurando que la medida impedirá que los pescadores de Fukushima puedan librarse del estigma radiactivo que pesa sobre sus capturas desde 2011. También se han posicionado contra el vertido algunos sectores de la sociedad nipona, voces de la comunidad científica internacional y organizaciones ecologistas como Greenpeace. Estos sectores y varios países vecinos, como China, consideran insuficientes las garantías de seguridad presentadas. De hecho, ha suspendido la importación de productos acuáticos de origen japonés.

Expira el acuerdo de pesca firmado entre la Unión Europea y Marruecos hace cuatro años. Desde esta medianoche, 47 embarcaciones andaluzas ya no podrán faenar en esos caladeros. No se espera alcanzar un nuevo pacto hasta que la justicia europea emita una sentencia definitiva sobre la legalidad de los acuerdos, que fueron declarados nulos en 2021 al considerar que la Comisión debería haber recabado el consentimiento del Frente Polisario como autoridad legítima.

España recurrió esa decisión y ahora todo depende, como decimos, de la sentencia definitiva del Tribunal General de la Unión Europea. Hoy, en la lonja de Barbate, pescadores gaditanos se han concentrado para denunciar su situación por la falta de trabajo, pero también por las algas invasoras que les impiden faenar.

A partir de esta medianoche, ningún pesquero europeo podrá faenar al sur del Estrecho. Termina el acuerdo entre Bruselas y Rabat que ha permitido desde 2019 a un centenar de buques españoles pescar en aguas de Marruecos y del Sáhara Occidental. Motivo que lleva al sector pesquero a preocuparse.

Expira el acuerdo de pesca firmado entre la Unión Europea y Marruecos hace cuatro años. Desde esta medianoche, 47 embarcaciones andaluzas ya no podrán faenar en esos caladeros. No se espera alcanzar un nuevo pacto hasta que la justicia europea emita una sentencia definitiva sobre la legalidad de los acuerdos, que fueron declarados nulos en 2021 al considerar que la Comisión debería haber recabado el consentimiento del Frente Polisario como autoridad legítima.

España recurrió esa decisión y ahora todo depende, como decimos, de la sentencia definitiva del Tribunal General de la Unión Europea. Hoy, en la lonja de Barbate, pescadores gaditanos se han concentrado para denunciar su situación por la falta de trabajo, pero también por las algas invasoras que les impiden faenar.

La falta de renovación del acuerdo pesquero entre la Unión Europea y Marruecos ha obligado a decenas de barcos españoles a modificar su actividad de los últimos meses. Gracias a ese pacto más de un centenar de buques comunitarios han podido faenar en aguas marroquíes y ahora, con las negociones entre Bruselas y Rabat pendientes de una sentencia europea, muchos pesqueros de nuestro país se quedan en una situación incierta.  Tomás Pacheco, presidente de la Asociación Barbateña de Empresarios Pesqueros, ha confesado en Las Mañanas de RNE que están “a la espera de que nos den instrucciones.” Asegura que el “pescado que se que se captura en Marruecos es de mucha calidad” y piden “estar más arropados por parte de la administración española.”