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La victoria del presidente de Comoras el pasado 14 de enero, Azali Assoumani, ha estado rodeada de polémica. Los cinco candidatos opositores la rechazan por presuntas irregularidades en el proceso electoral mientras que el gobierno los acusa de estar detrás de las protestas que han dejado un fallecido y una decena de heridos por "no aceptar su derrota". Analizamos la situación del país con Ali Said Achimo, secretario general de comunicación del Colectivo de Defensa de la Integridad y la Soberanía de las Comoras.

Israel ha anunciado que uno de sus comandos ha entrado en el hospital Ibn Sina de Yenín, en el norte de la Cisjordania ocupada. Y lo han hecho disfrazados de mujer, personal sanitario, e incluso cargando con una mano un carrito de bebé y con la otra un rifle de asalto. Una operación en la que los agentes han matado a tres jóvenes palestinos que, según las autoridades israelíes, planeaban un atentado inminente.

Se trata de Mohamed Jalamneh, según Israel "un importante miembro de Hamas", y Basil y Mohammad al Ghazawi, supuestos miembros de la Yihad Islámica. El Ministerio de Sanidad palestino ha confirmado la muerte de los tres y ha denunciado una "nueva masacre de la ocupación". El grupo islamista Hamás ya ha prometido que responderá a lo que consideran otro crimen de guerra.

La seguridad rodea el cuartel general de la misión de la ONU en el sur Líbano. Desde aquí observan preocupados los constantes intercambios de fuego entre el Ejército de Israel y la milicia de Hizbulá.

El general Lázaro comanda una fuerza de 10.000 militares de 48 países. A pocos metros del cuartel de la ONU, Israel ha atacado una vivienda.

Aquí estaba la casa más grande y bonita de Naqura, dicen los vecinos de esta pequeña localidad del sur del Líbano. Pero dos bombas lanzadas por un avión israelí la han dejado convertida en ruinas.

La guerra ya ha desplazado a más de 70.000 personas. Los puntos rojos del mapa indican las zonas de peligro. No han dejado de crecer desde octubre.

FOTO: KAWNAT HAJU / AFP

El campo de refugiados de Al Farah, se construyó hace más de siete décadas para los miles de palestinos expulsados de sus tierras tras la creación del estado de Israel. Ya no hay tiendas de campañas, sino viviendas precarias donde la población vive agolpada, con altos niveles de pobreza y la única ayuda de UNRWA, la ahora cuestionada agencia de la ONU. 

No tienen nada. "Si cortan los fondos, esto va a ser un desastre, no lo soportaremos", asegura Aseem Barkat, gerente del campamento. Desde el inicio de la guerra ha crecido el paro hasta un 70%.