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En la portada de Las Eróticas se puede ver un sol de amanecida que parece ocultar, al proyectarse, unas vagas estrellas que se desdibujan bajo su halo creciente. Es fruto de la pericia del impresor Juan de Mongastón, que así lo publica en 1618, pero también de la intención polémica, de su autor. Porque, junto al dibujo, obra el grabador real Pedro Perret, también puede leerse una cita latina: Sicut sol matutinus. Me surgente, quid istae? Como el sol naciente. Apareciendo yo, ¿qué será de estas? Si, como parece -y como después descubre el texto- se refiere a la pléyade de poetas del Siglo de Oro, no extraña que Góngora y Quevedo, Cervantes y Lope de Vega, respondan a la provocación con irritación o desdén, imponiendo al final la indiferencia. Aunque el poeta primerizo es joven, sabe lo que hace: cuando se imprime Las Eróticas, Esteban Manuel de Villegas ya cuenta 29 años. Busca agitar, pero también el efecto rompedor de su obra al descubrir y divulgar, en España, la anacreóntica: esa composición lírica de arte menor, a menudo con una combinación estrófica de rima libre con tres endecasílabos y un verso pentasílabo, que celebra y canta el gozo, la ebriedad y el deseo, la mujer y el hombre en su sensualidad y el amor como sublimación de todos los sentidos. La sombra sugerente de Anacreonte, ese poeta griego que había nacido en Teos, más o menos al tiempo de la muerte de Safo de Lesbos, que siempre cantaría al hedonismo y a la salutación del placer, dota a la propuesta poética de Esteban Manuel de Villegas, en esa galaxia de estrellas de nuestro Siglo de Oro, de un pulso nuevo de modernidad que sabe proyectar su propio sol

Esta semana en "Los podcast de Villena", Luis Antonio nos acerca a la figura del crítico de arte y literatura italiano, autor de La agonía romántica, Mario Praz.

«Me da mucho miedo desencadenar una campaña de prensa moralista», se dice en alguna parte de Plataforma (del año 2001) la novela del poeta, novelista, ensayista y cineasta francés Michel Houellebecq (nacido en Saint Pierre, isla de la Reunión, 1958). Pero lo consiguió y no sería la primera vez, por cierto. La historia ya venía de antiguo, desde la primera parte (es decir, la novela Ampliación del campo de batalla, de 1994) de su cínica y descarnada trilogía dedicada a la decadencia y miseria afectiva del hombre contemporáneo y, en concreto, del hombre occidental, tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Luego llegaría un segundo, aunque autónomo, seísmo de la serie (la novela Las partículas elementales, de 1998), una fantasía utópica y genetista, que cerraba el siglo y a la que se le negó hasta el último momento el significativo último Goncourt del milenio. Aunque, de todos modos, el mítico galardón por fin llegaría, tras varios intentos y no sin polémica, en 2010, por su novela El mapa y el territorio. Provocador y detestado por muchos, aunque adorado por otros con pasión, a lo largo y ancho del mundo, desde Estados Unidos al Japón, pasando por Europa, Michel Houellebecq, es el escritor francés actual con más proyección en el exterior, que posee un público de incondicionales desde la primera de sus inequívocas e inimitables obras. Otras de sus más conocidas novelas son Sumisión, Serotonina y, una última, Aniquilación.

Podemos afirmar que "La saga de Atlas y Axis", escrita y dibujada por Pau, es un clásico contemporáneo del cómic. Publicado en más de 15 países, se trata de una aventura para todos los públicos protagonizada por dos perros en un universo de animales antropomórficos muy particular. Mitos y leyendas, evolución, filosofía, guerra, venganza? Son muchos los temas que se abordan a lo largo de esta gran historia. Hemos hablado con su autor, Pau, que quiere reeditarlo en una versión integral mejorada, mediante una campaña de micromecenazgo en Verkami (vkm.is/atlas&axis)

Desde su célebre trilogía de Nueva York pasando por Mr. Vértigo, repasamos la obra del escritor más influenciado por la gran manzana, su estilo y también como ha evolucionado a lo largo del tiempo.

Conversamos con Juan Antonio Bernier en el marco del festival Oh, Poetry!, que la semana pasada reunió en Albacete a una interesante nómina de autores llegados de muchos puntos del país. El poeta cordobés nos habla de su poemario más reciente, Fruto previo (Ed. Pre-Textos), y de la ascendencia en su vocación de su tío abuelo, el también poeta y miembro del grupo Cántico Juan Bernier, cuya voz recupera en el documental Miles in bello. Juan Bernier en la guerra de los españoles. 

Luego, Javier Lostalé nos lee unos versos de Gramática de mi madre (Ed. La uña rota), el primer poemario de Almudena Sánchez, una de las artífices de Oh, Poetry!, quien ya había publicado dos novelas en las que exploraba cómo el lenguaje puede llegar a alimentar la incomunicación.

En su sección, Ignacio Elguero nos sugiere otros títulos: la Poesía completa de la estupenda poeta peruana Blanca Varela en la editorial Visor, y Cuchillo (Ed. Random House), las impactantes memorias en las que Salman Rushdie habla por primera vez del atentado que sufrió hace dos años y de cómo la palabra puede ayudar a digerir lo impensable.

En Peligro en la estación, nuestro colaborador Sergio C. Fanjul nos invita a replantearnos muchas a cosas a propósito de Después del trabajo (Ed. Caja Negra), un ensayo de Helen Hester y Nick Srnicek sobre el presente y el futuro -con el desarrollo de la IA en el horizonte- del trabajo que no consideramos como tal, el no remunerado. Esto es, el trabajo reproductivo, doméstico, de crianza y cuidados.

Terminamos en compañía de Mariano Peyrou, que esta vez nos recomienda Metapoéticas (Ed. Pre-Textos), una voluminosa antología de poetas hispanoamericanas contemporáneas seleccionadas por Milena Rodríguez Gutiérrez, María Lucía Puppo y Alicia Salomone, que reúnen aquí poemas sobre el hecho mismo de escribir.

Esta semana conversamos con Roberto Anidos, autor de "Chicago Bulls. La dinastía inmortal", editado por Galobart. Un libro que repasa el impresionante periodo ganador de los Bulls y que, posiblemente, sea el mejor equipo de la historia de la NBA, con Michael Jordan a la cabeza. También nos acompaña Esteban Gómez, mítico periodista deportivo de RTVE, quien pudo disfrutar de estos éxitos a pie de pista y entrevistar a Jordan.

Guionista y directora de éxitos de los 90 como Tienes un email o Algo para recordar. Nora Ephron también fue periodista y escritora, aunque el cine difuminó un poco esta faceta. Falleció en 2012, pero las crónicas de su vida cotidiana, recuperadas en nuestro país por la pequeña editorial Libros del Asteroide, no paran de reeditarse, entre los que se encuentran No me gusta mi cuello o No me acuerdo de nada, relatos sobre el desgarro del divorcio, el temor a envejecer, la adoración por Nueva York o sus batallas con la tecnología

“Ahora estoy trabajando en una nueva comedia. Ya no será como las anteriores. Ahora es una obra en la que no puedo escribir nada, ni una línea, porque se han desatado y andan por los aires la verdad y la mentira, el hambre y la poesía. Se me ha escapado de las páginas. La verdad de la comedia es un problema religioso y económico-social. El mundo está detenido ante el hambre que asola a los pueblos”. Esta nueva comedia de la que habla Federico García Lorca al periodista Felipe Morales, de La Voz, el 7 de abril de 1936, es La casa de Bernarda Alba. Escrita, al parecer, solamente en unos días, tras un proceso, según sus palabras, de “una larga rumia”, Lorca no tendrá tiempo de ver representada la obra que supone una culminación de todo su teatro. Se la leerá a varios amigos, en lecturas privadas, en los meses siguientes, mayo y junio de 1936. El aire tiene ya ese sabor metálico de sangre que hace presagiar la que será nuestra mayor tragedia: esa guerra civil que se llevará por delante, a través de la muerte o del exilio, a nuestra Edad de Plata. El primero de ellos en caer será el propio Federico García Lorca, asesinado en Granada el 18 de agosto. Tiene sólo 38 años, está en la plenitud y deja un universo involuntariamente interrumpido, pero en una permanente expansión. La casa de Bernarda Alba, considerada como la cumbre de la expresión dramática lorquiana y concebida para Margarita Xirgu, no se estrenará hasta el 8 de marzo de 1945, en el Teatro Avenida de Buenos Aires.