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La voz de la "Rebelión"

  • Millones de egipcios piden la salida de Morsi y la convocatoria de elecciones
  • Los partidarios del presidente defienden la legitimidad de las urnas
  • Morsi cumple un año de gobierno con una sociedad profundamente dividida

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Morsi no cumple lo prometido

En los últimos dos meses, las calles de El Cairo se han llenado de activistas con folios y carteles encabezados con la palabra “tamarod”, o rebelión. “Eh, tú, ¿has firmado?”, gritaban a todo el que se cruzaba en su camino.

En menos de dos semanas habían conseguido 2 millones de firmas y, en menos de 8, según sus portavoces, la campaña "tamarod" consiguió y superó su objetivo: 15 millones de firmas que piden la salida de Morsi del poder y la celebración de elecciones anticipadas. De hecho, han asegurado haber conseguido 22 millones, lo que supera con creces los 13,2 millones de votos que recibió Morsi en la segunda vuelta de las elecciones de hace un año.

“La gente siente que no se han hecho progresos en la consecución de ninguno de los objetivos de la revolución desde que Mohamed Morsi llegó al poder. Estos objetivos eran el pan, la libertad, la justicia social, la dignidad humana y la independencia nacional. Morsi ha fracasado en todos los aspectos y ha demostrado ser incompetente para gobernar un país del tamaño de Egipto”.

Con estas palabras, los ciudadanos impulsores de la campaña expresan su descontento con el Gobierno que, por representar un sentir colectivo, ha convertido a Tamarod en un movimiento que ha crecido como la espuma y al que se han unido grupos y partidos opositores como el Movimiento 6 de Abril o el partido Al-Doustur de Al Baradei.

El movimiento desgrana en su manifiesto, una por una, las razones que les llevan a pedir la renuncia de un presidente que, según denuncian, “gobierna para los Hermanos Musulmanes y no para los egipcios”.

“Porque nuestras calles todavía no son seguras, no te queremos”, comienzan. La inseguridad es, sin duda, una de las quejas de los egipcios, que ven como cada uno se toma la justicia por su mano en un estado de absoluta impunidad y caos.

A ello, hay que añadirle las torturas y detenciones arbitrarias de la policía, que «continúa sembrando la violencia sistemáticamente, torturando e, incluso, a veces matando», según la Iniciativa Egipcia por los Derechos Individuales. Desde que Mubarak abandonara el poder, esta ong ha documentado más de 20 casos de ejecuciones extrajudiciales; once de ellas, durante la presidencia de Mohamed Morsi.

“Porque los pobres todavía no tienen espacio, no te queremos”, continúa el manifiesto. Aunque resulta casi utópico acabar con la pobreza en un país como Egipto, en el que hay casi 20 millones de personas con pocos recursos, lo cierto es que durante la presidencia de Morsi la situación económica ha empeorado, especialmente, para aquellos con más dificultades debido a una inflación rampante en productos básicos.

La situación económica es, sin duda, uno de los aspectos que ha acarreado mayor descontento. “Porque todavía estamos pidiendo dinero en el extranjero, no te queremos” (…) “Porque la economía está colapsada y se basa en pedir limosnas, no te queremos”.

La inyección de un crédito del FMI de al menos 4,8 millones de dólares, que el Ejecutivo de Morsi lleva un año negociando, dará un respiro a la economía –al igual que se lo han dado otros créditos provenientes de países como Qatar o Turquía- pero no evitará que Egipto sea un enfermo al que le insuflan el crédito y, lo que es peor, supondrá importantes subidas de impuestos y recortes de subsidios que perjudicarían directamente a las capas de población más pobres.

“Porque los mártires de la revolución todavía no han visto justicia (…) Porque nos han privado de dignidad (…) Porque Egipto todavía está subordinado a Estados Unidos”, le dicen a su presidente, “no te queremos”.

Las firmas, al Constitucional

Este domingo Morsi cumple un año en la presidencia y representantes del movimiento entregarán las firmas que piden su dimisión en el Tribunal Constitucional.

“He retirado mi confianza al presidente de la República, Dr. Mohamed Morsi, y pido convocar elecciones presidenciales anticipadas (…) para que juntos podamos hacer realidad una sociedad digna, justa y libre”, se puede leer en el documento.

Sin embargo, la Constitución egipcia no contempla la posibilidad de anular el mandato presidencial de 4 años, por lo que, lo único previsible son los enfrentamientos entre aquellos que, decepcionados, creen que es el momento de que los Hermanos Musulmanes abandonen el poder, y aquellos que apoyan la legitimidad del presidente.

Una sociedad fuertemente polarizada

Con una contracampaña denominada “tagarod” o neutralidad, los islamistas defienden que Morsi ha sido elegido en las urnas y acusan a la oposición de un intento de una especie de golpe de Estado.

Cientos de miles se han congregado los últimos días en demostraciones de fuerza en el barrio de Ciudad Naser de la capital, entre otros lugares; concentraciones que han transcurrido paralelas a aquellas que piden al presidente que se vaya en la plaza Tahrir o frente al palacio presidencial.

Al menos 8 personas han muerto en los últimos días, entre ellos un joven estadounidense que grababa las protestas en Alejandría, y el peligro está en que las protestas de este domingo hagan crecer la cifra pues unos y otros van a salir a la calle.

La tensión ha llegado a tal punto que la prestigiosa universidad Al Ázhar ha advertido de que hay peligro de que se desencadene una “guerra civil” en el país y el Ejército ha dejado claro que está “preparado para intervenir” si es necesario.

“El país está colapsado y queremos nuevas elecciones”, ha señalado Mohamad al-Baradei, uno de los dirigentes de la coalición opositora Frente Nacional de Salvación (FNS). La popularidad de Morsi ha caído del 78% al 47%, según las encuestas, pero estas también reflejan que los egipcios no confían en el FNS. De hecho, solo el 30% de los egipcios le votaría.

En un país fuertemente polarizado, la voz de la “Rebelión” es el grito de millones de ciudadanos descontentos, desilusionados y decepcionados con un Gobierno que, bajo su punto de vista, no persigue los valores por los que se levantaron en 2011.

Sin embargo, el terreno político egipcio está seco de alternativas fuertes que cuenten con la confianza de la ciudadanía. Para muchos, como el periodista y bloguero Wael Eskandar, “los ideales revolucionarios se han usado para derrocar un régimen pero aún no se han usado para construir otro”.

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