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Monti, el técnico que salta a la arena política

  • Llegó al poder en noviembre de 2011 tras la dimisión de Berlusconi
  • Fue hombre de Goldman Sachs y excomisario europeo entre 1994 y 2004
  • Los sondeos le sitúan como la tercera o cuarta fuerza del país

Por
Mario Monti
El dimisionario primer ministro italiano Mario Monti, en una rueda de prensa en Roma.

Mario Monti (Varese, 1943), excomisario europeo, llegó al poder en Italia en noviembre de 2011, designado por Bruselas tras la dimisión de Silvio Berlusconi. Fue presentado como un "técnico", lo que se conoce como un experto supuestamente sin ideología política. Ahora representa una apuesta europeísta que buscará relanzar el crecimiento del país con la prioridad de mantener el rigor presupuestario, tras los elecciones del 24 y 25 de febrero.

Hombre de Goldman Sachs y avalado a sus 69 años por su trayectoria académica como economista, fue eligido como el líder de un Ejecutivo con el mandato de acometer duras reformas para el país. A diferencia de sus antecesores, no estaba condicionado por las urnas.

Doctorado en Ciencias Económicas y Comerciales por la Universidad Bocconi, fue captado en los años 70 por Guido Carli y Gianni Agnelli, quienes le introdujeron en los círculos de poder financiero italiano. De ahí pasó a formar parte de los consejos de administración de Fiat, Generalli y Comit.

Entre 1971 y 1985 fue profesor de Teoría y Política Monetaria en la Universidad de Bocconi, de la que fue rector entre 1989 y 1994 y presidente en 1994. Después, se convirtió en excomisario europeo, hasta 2004. Monti calificó la austeridad marcada por Europa como la "cura necesaria" para alcanzar, en una segunda fase, el crecimiento.

El ojo derecho de la Unión Europea

Con un estilo sobrio y alejado de las estridencias de Berlusconi, logró, en un primer momento, que Italia recuperara poco a poco la confianza perdida con medidas destinadas a acabar con el despilfarro y con reformas que pusieran las bases para relanzar el crecimiento, e intentó mantener siempre esa actitud de técnico llamado para solucionar la crisis económica italiana.

Sin embargo, tras su decisión de optar a un segundo mandato, anunciada a finales del pasado diciembre después de presentar su dimisión como primer ministro, fue abandonando poco a poco ese talante para entrar de pleno en la contienda electoral recurriendo a viejas estratagemas como ataques frontales a sus adversarios e incluso descalificaciones personales.

Su campaña, que se ha basado principalmente en numerosas apariciones televisivas y de fuerte presencia en las redes sociales, ha jugado en varias ocasiones la carta del prestigio del que goza en Europa y ha reivindicado con fuerza que la acción de su gobierno salvó a Italia del desastre, además de presentarse como "el único capaz de seguir adelante en ese camino de saneamiento y de credibilidad recuperada".

Su nombre no figurará en las listas

Con todo, la decisión de continuar en política de Monti no ha estado exenta de anomalías, ya que pese a aspirar a la presidencia del Gobierno, su nombre no aparecerá como candidato en las listas electorales debido a que por su condición de senador vitalicio ya cuenta con un escaño en el Parlamento y no puede optar a otro.

Monti ha presentado su iniciativa como el deseo de ser un punto de encuentro entre reformistas de cualquier corriente política, destinada a superar las dinámicas de partido vistas hasta ahora en Italia, centradas en la dicotomía izquierda-derecha.

El paro y la corrupción, ejes de su programa

Entre las prioridades de su programa figuran el trabajo, con especial atención a la ocupación juvenil; la reforma de la Justicia para luchar contra la corrupción endémica, y la necesidad de reforzar el rol de la mujer, así como una agenda para el sur del país, con el objetivo de mitigar las diferencias de desarrollo que existen con el norte.

Monti ha abierto, además, la puerta a la posibilidad de disminuir la presión fiscal y reducir los impuestos regionales sobre la producción, así como de establecer cambios en el Impuesto sobre Bienes Inmuebles a la primera casa -reintroducido por su gobierno- aceptando una mayor progresividad en la tasa.

Católico conservador, casado y con dos hijos, ha declarado que la familia está fundada en el matrimonio y constituida "por un hombre y una mujer", mientras que ha rechazado la adopción para las parejas del mismo sexo.

Con unos sondeos que le sitúan como la tercera o cuarta fuerza del país, en el último tramo de la campaña electoral, consciente de que es visto como una persona fría, ha intentado mostrar su faceta más humana, con entrevistas de carácter más personal, en las que se ha mostrado distendido, permitiéndose beber una cerveza y adoptando un perro en directo en un programa de televisión.