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La autoridad del profesor, papel mojado sin la implicación de las familias y más formación

  • Reconocer al docente como autoridad pública por sí solo no solucionará el problema

  • Los expertos consultados por RTVE.es apuntan a los padres como pieza clave

  • No obstante, coinciden en la importancia de que la medida ha abierto un debate necesario

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Reconocer que el profesor es una autoridad pública por escrito en un papel (aunque éste tenga rango de ley) no va a solucionar el problema de la indisciplina en las aulas. Sin embargo, el debate está ya sobre la mesa y eso es lo importante, según reconocen distintas voces del ámbito educativo consultadas por RTVE.es. Es un primer paso, dicen, que tiene que seguir por implicar a las familias y dar más recursos psicopedagógicos a los profesores.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, abrió la caja de pandora esta semana al anunciar que otorgaría rango de autoridad a los docentes en una ley regional. La consejera de Educación, Lucía Figar, aboga por que se elabore una ley nacional.

Mientras la medida se debatía en la Cámara autonómica, un padre agredía a la directora y amenazaba de muerte al jefe de estudios del colegio público Loyola de Palacio, en Vallecas (Madrid). El juez le ha dejado en libertad provisional con cargos y le ha prohibido acercarse a 500 metros del centro y de los domicilios de los dos profesores.

Los expertos consultados por RTVE.es señalan que los casos de agresiones son minoritarios pero que en las aulas existe "una conflictividad de baja intensidad" contra la que hay que luchar no sólo con leyes, sino implicando a las familias en la educación de sus hijos y formando mejor a los profesores.

El catedrático de Educación de la UNED José Luis García Garrido afirma que decir que reconocer al profesor como autoridad pública va a solucionar el problema "es decir mucho". Sin embargo, es una medida que considera "oportuna" porque uno de los "fallos fuertes del sistema educativo" hoy en día es la pérdida de valoración del docente.

García Garrido cree que reforzar la autoridad del profesor era "absolutamente necesario". En otro contexto como Finlandia una medida como esta hubiera sido "exagerada", pero en España "no está mal una medida legal que ponga en guardia", asegura. Este experto en Educación cree que la medida de Madrid puede servir de "sacacorchos" para abrir el debate de un problema que es muy complejo.

En este mismo sentido, se pronuncia la responsable de Comunicación del sindicato ANPE, Carmen Guaita Fernández. "Estamos construyendo un rompecabezas lleno de piezas, todas importantes, para mejorar la educación y la convivencia en los centros y en la sociedad y la autoridad del profesor es una pieza fundamental en el encaje que abre el debate".

Sin embargo, desde la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), Pedro Rascón, señala que la medida de Aguirre "no va a mejorar nada e incluso puede enrarecer el ambiente". Recuerda que los profesores, como funcionarios públicos, ya tienen ese estatus y que cuando se les agrede ya se considera delito si hay lesiones.

Rascón cree que "los problemas que tiene el sistema educativo no pasan por reconocer al profesor como autoridad pública" sino por un compromiso de todos, de una implicación de toda la sociedad en la educación" y apunta al futuro pacto de Estado por la Educación como marco para conseguirlo.

Qué es lo que falla


Lo que falla, según García Garrido, "es el ambiente socioeducativo de las familias, que no están por mojarse, están por delegar la educación de sus hijos". Se ha producido una "beatificación del hijo", "una concesión tácita a la voluntada del niño", hay una "especie de rendición de los padres". La solución debe pasar por "verdaderas políticas educativas familiares" y por medidas sociales enfoncadas al conciliación de la vida laboral y familiar, entre otras.

Guadalupe Rodríguez, profesora del IES Alejandría de Tordesillas (Valladolid), incide también en que se "ha cambiado el valor que se da al niño, que ahora es el rey de la casa al que no se puede cuestionar". Esta circunstancia ha hecho que se haya pasado de una situación en la que nunca se cuestionaba al profesor, a la actual en la que los padres no quitan la razón al niño por muy absurda que sea su versión.

Esta situación unido al "ninguneo" que los profesores han sufrido por parte de las administraciones en los últimos años han desembocado en esta situación, según esta docente. El reconocimiento de la autoridad por ley "hará que se lo piensen dos veces antes de agredir e insultar" pero la solución pasa, necesariamente, por el "cambio de concepción de la educación y el profesorado". Sin el respeto de la sociedad no hay respeto de los alumnos.

Más formación para los profesores

Juan Antonio Planas, presidente de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE), coincide en señalar que el debate abierto por el reconocimiento de la autoridad pública del profesor centra el debate en un "problema educativo de verdad" después de años de abordar "problemas artificiales como el debate entre escuela concertada y pública, crucifijos en las aulas o Educación para la Ciudadanía".

Planas, que es además profesor y orientador en el IES Tiempos Modernos de Zaragoza asegura que era necesario que las administraciones públicas "tomaran cartas en el asunto". La solución pasa, en su opinión, por implicar a toda la sociedad y dar más herramientas a los docentes para enfrentarse a lo que ocurre en las aulas.

Hay que "favorecer la formación de tipo psicopedagógico de los profesores que muchas veces carecen de medidas preventivas". Hay que aprender a dar clase, en definitiva.

"Conflictividad de baja intensidad"


Cree que es "clave" que se reconozca la autoridad del profesor para hacer frente a las agresiones, pero que esta medida no resuelve la "falta de autoridad" del profesor "blando" al que no respetan en clase o del que se ríen abiertamente. Es la llamada "conflictividad de baja intensidad" de los alumnos que molestan constantemente con ruidos o boicotean una lección levantándose constantemente.

En este mismo sentido se pronuncia María Rosa Espot, autora del libro La autoridad del profesor. Qué es la autoridad y cómo se adquiere. Una cosa es la autoridad como capacidad sancionadora y otra la "verdadera autoridad" que "no se basa en órdenes ni mandatos, ni imposiciones de ninguna clase, sino en la confianza que el alumno otorga al profesor al reconocerle un saber y unos valores en sus actitudes y en su conducta".

Por eso, "la autoridad no puede darse por decreto ley, sino que - como todos los profesores sabemos- tiene que ganársela uno mismo, día a día". Con medidas como la de Madrid "la madre, padre o alumno antes de agredir o insultar a un profesor se lo va a pensar dos veces" pero no desaparecerán ni los insultos ni las agresiones, según Espot. Hay que "ir al fondo de la cuestión" y "replantearnos cómo educamos a nuestros jóvenes desde que son niños".

"Padres y profesores, a una"


Y en ello tienen un papel protagonista los padres que "son los primeros responsables, insustituibles, de la educación de sus hijos". El profesor "colabora" en esa tarea. Lo importante, señala, es que "todos, padres y profesores vayan a una".

Planas va algo más allá e implica no sólo a las docentes y las familias sino a toda la sociedad en su conjunto. Porque el problema de un chico que insulta y agrede en el instituto es que mañana puede ser un delincuente o un violador. Para ello reclama que haya más orientadores en las aulas, pero también más trabajadores sociales y educadores familiares.

El reto que hay por delante es un trabajo de todos.

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