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El documental Wrecking Ball, la confesión más personal de Bruce Springsteen

  • El músico habla de sus raíces musicales, políticas y religiosas
  • Incluye fotos, vídeos musicales e imágenes de sus conciertos
  • RTVE.es lo estrena en exclusiva días después de su concierto en Madrid
  • Este miércoles 27, Carne cruda entrevista a Steve Van Zandt

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Bruce Springsteen se confiesa: "Nunca te equivocas en el rock and roll si estás cabreado"

"El Jefe" está cabreado. Bruce Springsteen ha vuelto a sentir de cerca los revolcones que la vida le dio junto a su familia muchos años atrás y, como no podía ser de otra manera en él, canta sobre ellos.

Esa enorme bola que derriba edificios es la imagen más impactante de su presente más cercano. Y la síntesis de su estado de ánimo. Por eso ha titulado Wrecking Ball a su último álbum.

Los argumentos son parte de la cotidianeidad. Están en cada calle, en cada casa y en el corazón de casi todos a los que sus admirados Pete Seeger o Woody Guthrie cantaron en otros tiempos que parecen volver a repetirse, como si Tom Joad hubiera resucitado y, desgraciadamente, se multiplicara a velocidad de vértigo.

Además, el pasado lunes se cumplió un año desde que la vida le arrebató a su compañero Clarence Clemons, The Big Man, el dueño que aquel saxo para el que quiso componer canciones. Se habían encontrado a la salida de un club de Asbury Park, en Nueva Jersey, y no se separaron nunca.

Un día antes de este trágico primer cumpleaños, "El Jefe", con sus amigos supervivientes de la E Street Band y un puñado de nuevas incorporaciones (entre ellas el sobrino de Clemons al saxo), le rindió homenaje (“echamos de menos a alguien”) sobre el césped del Santiago Bernabéu en el concierto más largo de su historia.

Fueron casi cuatro intensas horas dominadas por la complicidad (su dedicatoria a Nacho, un fan al que el destino privó de verle, fue escalofriante). Su sonido resucita las raíces más profundas de la música popular. Los sones tradicionales irlandeses se mezclan con el góspel y sus esencias de rock son más primitivas.

"El Jefe" está cabreado, pero conserva el aliento del irreductible, el grito del que no se somete, de quien se mantiene firme e incluso esperanzado. Pocos tienen ganada su fuerza moral y su casi infalible visión de la realidad convertida en banda sonora. La escucha de “Death To My Hometown” lo resume todo.