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La mayor crisis de la aviación

Azafata Hipóxica: "Hemos pasado de volar 20 días, a volar tres, dos o ninguno"

  • Hablamos con tres jóvenes azafatas sobre cómo está ahora mismo su sector
  • Dos de ellas ya están buscando otras alternativas: una es profesora de inglés y otra operaria de Amazon
  • La tercera está en ERTE parcial y realiza menos de 5 vuelos al mes

Por
 Azafatas
Azafatas cropper

Seguro que más de uno/a os habéis planteado ser auxiliares de vuelo en algún momento de vuestra vida, o tenéis algún amigo/a cercano que os ha mencionado la idea de lo guay que sería recorrer el mundo al mismo tiempo que ganas un sueldo que te permita mantenerte. Lo cierto es que la profesión tiene horarios muy flexibles, dando la oportunidad de trabajar y pegarse alguna que otra escapada de vez en cuando. Por eso no es de extrañar que ser azafato esté entre las opciones de muchos jóvenes. 

Precisamente esas ansias de conocer mundo fueron las que motivaron a Inma, Garbiñe y Andrea a sacarse en su día el curso de TCP. Las tres estudiaron carreras que poco o nada tienen que ver con la aviación o el turismo, pero sus caminos se juntaron en el avión de una compañía española de bajo coste para la que trabajaban, y que ahora tanto echan de menos. 

Según la página cursostcp.es para poder ser auxiliar de vuelo: "Es obligatorio cumplir los 18 años antes de la fecha del examen final, siendo el máximo de edad recomendada 35 años. A partir de esta edad puedes seguir accediendo al curso, pero tienes que tener presente que se reducen las oportunidades de obtener un trabajo en el sector". Lo cual hace que sea una alternativa mayoritariamente escogida por los menores de 30 años. Pero, ¿qué pasa ahora que las tornas han cambiado, que nuestros viajes se han reducido a la mínima expresión y que solo volamos en sueños? Pues que estos cursos se realizan mucho menos, ya que apenas hay demanda, y que personas como Inma y Garbiñe se han visto en la calle buscando profesiones más a ras del suelo. 

Inma, por ejemplo, ha encontrado trabajo como operaria de almacén de Amazon, ya que le queda cerca de casa y el sueldo que ofrecen "no está mal". A cambio, ha tenido que aceptar horarios nocturnos y un contrato temporal. Garbiñe, de madre australiana, ha aprovechado los conocimentos que tiene en su lengua materna para hacerse autónoma y dar clases de inglés a la vez que estudia un máster. La opción de mejorar sus conocimentos es algo a lo que también ha recurrido Inma, que aprovecha este tiempo fuera de la aviación para estudiar idiomas y empezar un máster en intervención humanitaria.

"Se supone que, teóricamente, nos tocaba el contrato fijo en marzo o abril, pero tocó otra cosa", apunta Garbiñe. Esa otra cosa de la que habla llegó de mano de la pandemia que ha trastocado la vida de millones de personas en todo el mundo. Sin duda, la aviación ha sido uno de los sectores más perjudicados, tal y como explican las tres. El Coronavirus ha bloqueado los contratos en aerolíneas como la suya. Antes de la pandemia, lo normal era encadenar un contrato eventual con otro. "Estuvimos volando dos años y medio seguidos. Se acababan los contratos y normalmente te renovavan enseguida", subraya Inma.

¿La mayor crisis a la que se enfrenta el sector de la aviación?

Ellas son solo tres nombres dentro de los cientos de miles de afectados por la mayor crisis, que muy probablemente, el sector de la aviación haya vivido en su historia. Su situación a día de hoy es como mínimo preocupante: "Ahora mismo, en lo que llevamos de febrero, hoy (24/02) ha sido mi cuarto vuelo este mes", dice Andrea (conocida en redes por su perfil de @AzafataHipóxica). Situación bastante mejor que la de Inma y Garbiñe que llevan desde el 30 de noviembre de 2019 sin volar. "Garbiñe y yo salimos justo en diciembre de 2019. No estamos volando, pero estamos en la bolsa de empleo de la compañía", afirma Inma con cierta esperanza de volver a incorporarse algún día.

En todo el mundo, alrededor de 400.000 trabajadores de aerolíneas han sido despedidos o se les ha dicho que pueden perder sus trabajos debido a la pandemia, según cálculos de Bloomberg. La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) se ha pronunciado advirtiendo de que 1,3 millones de puestos de trabajo en aerolíneas están en juego, a menos que los gobiernos actúen con rapidez. Esto pondría en peligro 3,5 millones de puestos de trabajo adicionales en el sector de la aviación, según ha dicho el director general y CEO de IATA, Alexandre de Juniac.

"Normalmente la compañía nos llama para empezar a volar en marzo, cuando cae la Semana Santa. En enero ya te estaban avisando que tenías que volver a Barcelona para firmar el nuevo contrato y hacer el curso de preparación. Te suelen avisar dos meses antes de la reincorporación. "Por eso Garbiñe se vino de Australia en febrero de 2020, porque en principio todo se esperaba que volviese a empezar en marzo", especifica Andrea. 

¿Cuántos vuelos hacían antes del Covid?

Andrea me pide tiempo para poder consultar varias de sus nóminas y así darme el dato exacto: "En enero de 2020, por ejemplo, tuve 30 vuelos y en agosto de 2019, hice 50. En general, hemos pasado de volar 20 días, a volar tres, dos o ninguno", explica la azafata que ahora mismo se encuentra en ERTE parcial. Un horizonte un poco mejor que el de sus compañeras que están fuera de la aerolínea. Aunque no desisten de su idea de volver a volar en un futuro cercano, ya se han puesto a buscar otras opciones de trabajo para sobrevivir a esta crisis. 

El hecho de ver cómo la pandemia se llevaba por delante miles de empleos, les ha hecho espabilar y buscar posibles soluciones a su situación actual. "Hace 5 años estudié trabajo social, pero hasta que no renueve conocimientos es muy difícil volver a trabajar de eso cuando hay un montón de gente que sale con el título reciente", destaca Inma. 

Para Garbiñe, en el momento que estudias otra carrera antes de ser azafata puedes estar más tranquila porque tienes ese plan B, o incluso, el plan A. "Yo primero estudié, empecé a trabajar de ello y luego me planteé hacer esto. Entonces, en ese sentido, no me sentí tan agobiada en el momento que se acabó. Me encantaba ser azafata, pero no me veía ahí toda la vida. También quería estudiar e irme fuera", aclara Garbiñe,  que aunque admite estar triste por tener que aparcar el trabajo de azafata, es capaz de ver lo positivo de poder dedicarse a otras cosas para las que antes no tenía tiempo.

Son las dos caras de la misma moneda y Andrea podría ser el borde entre ellas. "Para mí sí que era el plan A porque había conseguido en cierta forma la estabilidad con el contrato fijo. Aunque siempre tengo en mente un plan B y un plan C. Mi objetivo era el volar de cara a la estabilidad que te da un contrato indefinido e ingresos fijos, por ejemplo, a la hora de poder pedir un crédito o una hipoteca. Pero luego mi idea era poder compaginarlo con dar clases en alguna academia de TCP, que se paga muy bien, o subir a sobrecargo… Ya me había imaginado ascender dentro de la aerolínea y combinarlo con mis actividades. Pero claro, ahora mismo apenas hay cursos de TCP, ya que todo está bastante parado, entonces no se necesitan tantos instructores. Al final, es todo un círculo".

La nostalgia de volar 

Les pregunto si echan de menos volar y en este punto las tres coinciden: "Sí", es su respuesta casí al unísono. "Echo de menos hasta ponerme el uniforme", afirma Garbiñe que también añora los destacamentos: esos días que gran parte de la tripulación pasaban juntos en un buen hotel dentro la ciudad de destino que tocase: Amsterdam, París, Roma... "Yo echo de menos nuestro ritmo de vida normal. Al final, montarte en el avión era como una súper desconexión. Piensa que estamos ahí un montón de horas, sin cobertura, sin móvil y en contacto con un montón de gente de tu misma edad", detalla Andrea.

"Yo tengo muchas ganas, muchas, de volver a volar. Son ganas de volver a viajar, de estar ocupada. Teníamos un horario irregular, pero a mí me gustaba mucho. Tenías 3 días libres, y decías: pues venga me voy a París. Era una rutina que a mí me gustaba", destaca Inma con cierta morriña.

¿Cómo era volar durante la cuarentena más estricta?

Esto solo me lo puede explicar @azafatahipóxica pues es la única de las tres que siguió volando durante el confinamiento domiciliario más estricto. "De hecho, volé un montón porque muchos compañeros se tuvieron que quedar en sus comunidades autónomas y yo estaba en Barcelona. En ese entonces, como todo era tan nuevo y mucha gente era la primera vez que se enfrentaba a un vuelo en esta situación, todo el mundo era super respetuoso. Apenas había conflictos y la gente acataba todas nuestras órdenes".

A medida que la desescalada iba avanzando, Andrea siguió volando y llegó el temido o ansiado verano, según se mire. "Ahí la gente ya estaba un poco de vuelta y media. Empezaban las disputas, las quejas: ¿Por qué este señor no se pone la mascarilla? ¿Por qué éste otro está bebiendo todo el rato agua para quitársela? Los nervios se iban crispando y la cosa se ponía más complicada. Al principio, cuando todo era más estricto, apenas teníamos problemas. Después, había que estar siempre pendiente y en tensión. En vez de aprender y llevar las cosas mejor, cuando ya la gente empezó a salir todo fue a peor".

Tras este agitado verano llegaron las tan temidas segunda y tercera ola. ¿Cómo es ver los aviones y los aeropuertos vacíos?, le pregunto. "Pasar de lidiar con problemas de este tipo (muchos pasajeros, mucho equipaje) a verte en un avión con literal 6 pasajeros ha hecho que fuésemos un servicio casi personalizado. Atendías a la gente casi por nombre y apellido. Además, pasar de ver un aeropuerto como es el Prat, que tiene un ritmo frenético y nunca duerme, al extremo contrario fue rarísimo. Para mí era como estar en una película. Era y es súper raro".

¿Cuánto están dispuestas a esperar?

Eurocontrol no espera que el número de vuelos en el espacio aéreo europeo vuelva a los niveles de 2019 hasta 2026, según su última estimación. En el escenario más optimista, con el próximo plan de vacunas para verano de 2021, la cantidad de vuelos podría volver a la normalidad para 2024. 

Pongámonos ahora en la tesitura de que os dicen que no volveréis a volar hasta 2024. "Yo tanto no espero", se apresura a decir Garbiñe. "Yo depende… Si encontrara algo mientras trabajo en otra empresa, luego me reincorporaría a la aviación", apunta una esperanzada Inma. Garbiñe sostiene que no se puede estar de brazos cruzados esperando a que la aerolínea te vuelva a llamar. "Yo no tengo la esperanza de que tan a corto plazo nos vuelvan a llamar. Además, no me imagino el avión con la nueva normalidad: que si distancia, que si gel, que si mascarillas... A lo que Andrea, por experiencia, responde: "Bueno, estar en el avión no es muy diferente a estar en el supermercado".

Hablando de vueltas, me interesa saber qué opinión le merece a Andrea, que sigue trabajando, la frase: Salvemos la Semana Santa. "Que para salvar cualquier festividad primero hay que salvar la sanidad. Sin salud no hay viajes ni hay nada. Si eso falla, falla todo", concluye sin que le tiemble la voz la azafata.