Trump sigue la estela de otros presidentes de EE.UU.: inició su ofensiva contra Irán sin la aprobación del Congreso estadounidense | Ver
Trump sigue la estela de varios presidentes: inició su ofensiva contra Irán sin la aprobación del Congreso

El pasado sábado de madrugada, Donald Trump publicó un vídeo en su red social anunciando que Estados Unidos ya estaba bombardeando Irán. Con ese...

05/03/2026 00:01:24
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Trump sigue la estela de varios presidentes: inició su ofensiva contra Irán sin la aprobación del Congreso 00:01:24 05/03/2026
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Sinopsis

El pasado sábado de madrugada, Donald Trump publicó un vídeo en su red social anunciando que Estados Unidos ya estaba bombardeando Irán. Con ese mensaje dejaba claro que la guerra había comenzado por decisión directa del presidente.

Pero surge una pregunta inmediata: ¿puede el presidente iniciar una guerra por sí solo? Según varios expertos en derecho constitucional estadounidense, la Constitución es clara al respecto: el poder de declarar la guerra corresponde al Congreso.

Sin embargo, esa prerrogativa no se ejerce formalmente desde la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, distintos presidentes han iniciado operaciones militares sin una declaración oficial de guerra. En algunos casos sí han buscado el respaldo del Capitolio. Tras los atentados del 11 de septiembre, por ejemplo, George Bush acudió al Congreso para obtener autorización para su ofensiva contra Al Qaeda.

En las últimas décadas se ha ido consolidando una especie de norma no escrita en la política estadounidense: cuando el conflicto implica el envío de tropas terrestres y se prevé que pueda prolongarse en el tiempo, se espera que el presidente obtenga la aprobación del Congreso.

Además, la Ley de Poderes de Guerra de 1973 establece un límite temporal: si el presidente despliega fuerzas armadas sin autorización del Congreso, dispone de un máximo de 90 días para retirarlas o conseguir el aval parlamentario.

Aun así, algunos analistas sostienen que el verdadero límite al poder del presidente ya no es el Congreso, sino la opinión pública. La experiencia de la guerra de Irak es un ejemplo claro: la incapacidad de encontrar armas de destrucción masiva y la prolongación de un conflicto que se había presentado como rápido y sencillo acabaron erosionando gravemente la presidencia de George Bush, especialmente por el elevado número de bajas estadounidenses.

Por ahora es imposible saber cuánto durará esta guerra. Pero el propio Trump ya ha adelantado cuál es su postura: continuará el tiempo que sea necesario.

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