Hablamos con Elena Valenciano y Soraya Rodríguez , autoras de “Después del minuto de silencio" (La Esfera de los Libros)
Elena Valenciano y Soraya Rodríguez han presentado en Las Mañanas de RNE su libro Después del minuto de silencio (Ed. La Esfera de los Libros), en el que han dado voz a las familias de las víctimas de la violencia machista. "El machismo goza de muy buena salud en España", han advertido, reconociendo que han pecado "de una enorme ingenuidad" al pensar hace décadas que bastaría con visibilizar el problema para erradicarlo. Rodríguez ha subrayado que la violencia machista "no son conductas concretas, es una cultura" y ha relatado casos estremecedores que muestran cómo, en muchos asesinatos, no ha habido violencia física previa conocida, sino un control psicológico que ha desembocado directamente en el crimen cuando ellas han decidido romper la relación.
Las autoras han explicado que el libro ha querido poner el foco en quienes quedan después del asesinato: padres, madres, hermanos, abuelos e hijos. "Un asesinato machista tiene un impacto en cadena que destruye el sistema familiar", han señalado, describiendo la carga emocional y material que asumen, a menudo marcada por "la culpa, la puta culpa" de no haber sabido verlo venir. También han denunciado la falta de empatía social e institucional: los huérfanos "están muy solos", han dicho, y muchas familias no han hablado nunca con otras que hayan sufrido el mismo drama. El objetivo ha sido claro: que esas voces se escuchen y que nadie pueda minimizar "la lacra social de la violencia contra las mujeres".
En la entrevista ha participado también Joaquín Tagar, promotor del Fondo de Becas Soledad Cazorla Prieto, quien ha recordado que en diez años han atendido a 135 huérfanos y han concedido 288 becas para garantizar su continuidad educativa. Tagar ha pedido mayor implicación pública: "Yo pediría a las administraciones públicas que atiendan un poco más a estos niños y a estas familias", porque "no es una cantidad de dinero enorme la que necesitan", sino orientación y acompañamiento. Y ha recordado la convicción que siempre defendió Soledad Cazorla como base de la solución: "educación, educación, educación".