La FSO arranca su particular odisea en Madrid
Metrópolis
- Odisea es el nuevo espectáculo de la Film Shymphony Orchestra
- Dos horas y media de música, cine y emoción para emprender un viaje por algunos de los grandes clásicos de la historia del cine

'Odisea' es el nuevo espectáculo de la Film Symphony Orchestra (FSO)
La Film Symphony Orchestra ha emprendido su particular Odisea. El pasado viernes 2 de octubre, el Auditorio Nacional de Música de Madrid se convirtió en el punto de partida de la nueva gira de la FSO, que ofreció dos sesiones para inaugurar un viaje de dos horas y media a través de algunas de las bandas sonoras que han hecho del cine una experiencia inolvidable.
Al frente de la expedición, el director y divulgador musical Constantino Martínez-Orts que, con entusiasmo contagioso y una capacidad especial para contar lo que hay detrás de cada composición, va abriendo ante el público las puertas de cada película.
La FSO, formada por una base de 80 músicos profesionales, lleva desde 2012 acercando la música sinfónica y las grandes bandas sonoras del cine a públicos muy diversos. En Odisea, su última propuesta, esa vocación se convierte literalmente en un viaje: un recorrido por mundos, personajes, aventuras y paisajes sonoros que atraviesan varias generaciones de espectadores.
Porque una odisea no consiste solamente en llegar a un destino. Lo importante es todo lo que sucede por el camino.
Primer canto. Preludio: El amanecer del viaje
Las primeras notas del concierto Odisea parecen abrir las puertas de una aventura que acaba de comenzar: Así habló Zaratustra. Stanley Kubrick convirtió esta composición de Richard Strauss de 1896, en uno de los sonidos más reconocibles de 2001: Una odisea del espacio. La película comienza con esa música asociada al amanecer y a la aparición de una nueva etapa para la humanidad.
Fotograma de '2001, una odisea en el espacio' de Stanley Kubrick
Si en La Odisea Homero enviaba a Ulises a recorrer el Mediterráneo en busca de Ítaca, Kubrick lanzaba a sus personajes hacia las profundidades del espacio. Y ahora la FSO utiliza las mismas notas para lanzar al público a su propia travesía. El viaje comienza.
Segundo canto: Primeras escalas
El primer tramo del recorrido nos lleva por geografías muy diferentes. La vuelta al mundo en 80 días, con música de Victor Young, nos sitúa directamente ante la idea del viaje como aventura. Después llega Memorias de África, de John Barry, y con ella el viaje adquiere otra dimensión. Ya no se trata solamente de avanzar, sino también de recordar.
Memorias de África (Sidney Pollack, 1985)
La melodía de Barry tiene esa capacidad extraordinaria para evocar paisajes abiertos, distancia, deseo y nostalgia. Es una música que parece mirar hacia un horizonte que siempre está un poco más lejos. Quizá por eso funciona tan bien dentro de esta Odisea, porque todo viaje contiene también la nostalgia por aquello que se ha dejado atrás. Y si Ulises tenía Ítaca, aquí cada espectador aporta su propio lugar de regreso. Una película, una melodía, una escena que pertenece a la memoria.
Tercer canto: Los mundos que quedan atrás
El recorrido continúa con El último emperador, de Ryuichi Sakamoto, y con ella el viaje cambia de ritmo y de paisaje. Sakamoto construyó para la película de Bernardo Bertolucci una música capaz de mezclar tradición y modernidad, intimidad y dimensión épica. Su presencia en el programa introduce una de las características más interesantes de esta Odisea: no todos los viajes necesitan tener el mismo ritmo.
Fotograma de 'Dragonheart' (Rob COhen, 1996)5
Después llega la fantasía de la mano de Dragonheart, una composición de Randy Edelman, y la aventura adquiere una dimensión mágica que se completa con Stargate, de David Arnold, abriendo una puerta directamente hacia lo desconocido. Como en el poema de Homero, el viajero no sabe exactamente qué encontrará en la siguiente escala. Y esto nos lleva hasta la siguiente estación, el espacio, gracias a la música de Jerry Goldsmith para Star Trek: The Motion Picture. Si Ulises se echaba al mar sin saber qué encontraría al otro lado del horizonte, la tripulación de la nave Enterprise hace de la exploración su razón de ser.
Cuarto canto: Otros espacios
Pero si hay un momento en el que esta Odisea abandona definitivamente las fronteras terrestres, ese momento llega con Interstellar. Aquí Hans Zimmer convierte el órgano y las masas orquestales en una especie de lenguaje cósmico. La música parece empujar a los personajes hacia lugares donde las coordenadas habituales dejan de ser válidas. El viaje ya no es solamente geográfico, es un viaje a través del tiempo, del espacio y de los límites de aquello que podemos imaginar.
'Interstellar' (Christopher Nolan, 2014)
Maderas, metales, percusión, cuerda... Durante el concierto, el protagonismo pasa de unas secciones a otras y el sonido se transforma constantemente. Es una de las claves del espectáculo de la FSO: hacer visible aquello que normalmente permanece escondido detrás de una grabación. Y en este momento, el órgano del Auditorio Nacional cobra protagonismo.
Este instrumento parece añadir una nueva dimensión al viaje. Un sonido monumental que amplía el espacio y hace que la sala deje de parecer una sala de conciertos para convertirse, durante unos minutos, en otro de los territorios más lejanos de esta aventura, como la Antigua Roma. De nuevo con música de Hans Zimmer, la mítica Gladiator (2000) de Ridley Scott, nos trae la figura de Máximo, un hombre arrancado de su hogar que debe atravesar la violencia, la pérdida y la adversidad antes de encontrar su propio camino de regreso. Como Ulises, su viaje no es solamente hacia un lugar, es hacia aquello que ha perdido y que sólo vive en su recuerdo.
Quinto canto: Entre sirenas y monstruos
En su camino Ulises se enfrentó a cíclopes, monstruos marinos, hechiceras y sirenas. La FSO sustituye aquellas criaturas mitológicas por otras que forman parte del imaginario cinematográfico colectivo. La música de Dave Grusin para Los Goonies introduce una de las aventuras más reconocibles de la infancia de varias generaciones. Una película de mapas, tesoros, cuevas, persecuciones y amistad que conecta con una idea esencial de cualquier odisea: la aventura no tiene edad.
Junto a ella, las inolvidables composiciones de Harold Arlen para El mago de Oz (1939) que, siguiendo el camino de baldosas amarillas junto a Dorothy, nos introducen en un viaje inesperado por lo desconocido mientras busca el camino de regreso a casa.
Fotograma de 'Cinema Paradiso' ( Giuseppe Tornatore, 1988)
Y después de atravesar mundos fantásticos y aventuras imposibles, la Odisea de la Film Symphony Orchestra cambia de rumbo. Las primeras notas de Cinema Paradiso, con la música inolvidable de Ennio Morricone, tienen el poder de detener el tiempo. Ya no viajamos hacia tierras desconocidas, sino hacia un lugar mucho más difícil de alcanzar, la memoria. La película de Giuseppe Tornatore es también una historia de viaje: el de Totó que regresa para reencontrarse con el niño que un día fue.
Sexto canto: La llamada inesperada de la aventura
Y de repente, entre mundos fantásticos, grandes epopeyas y paisajes lejanos, aparece una melodía que resulta imposible no reconocer: Falcon Crest. La música de Bill Conti se cuela de manera inesperada en el recorrido. Una pequeña desviación de la ruta principal, una de esas escalas que recuerdan que una odisea también puede permitirse una sonrisa. Porque si Homero llenó su viaje de episodios inesperados, la FSO introduce aquí su propio pequeño giro de guion.
Séptimo canto: Viaje a la Tierra Media
Es entonces cuando llega una de las grandes escalas de esta travesía, con la música de Howard Shore que nos introduce en un universo construido a una escala verdaderamente épica. La Tierra Media de El Señor de los Anillos es, en sí misma, una gigantesca odisea: un grupo de viajeros debe atravesar territorios hostiles, superar peligros y enfrentarse a fuerzas capaces de cambiar el destino de todo un mundo. Como Ulises, también ellos saben que el regreso será imposible sin atravesar antes un territorio lleno de pruebas. Solo que aquí no se trata de regresar a Ítaca, sino de hacer posible que exista un Ítaca al que regresar.
Octavo canto: Pandora
La siguiente etapa del viaje llega a Pandora, ese lugar mágico que existe en la película Avatar. La música de James Horner vuelve a situarnos ante un mundo extraordinario que es al mismo tiempo fascinante y vulnerable. Pandora es un lugar que explorar, pero también un lugar que proteger. La aventura se transforma entonces en una cuestión de supervivencia y de responsabilidad.
Último canto: Regreso a Ítaca
Toda odisea llega, tarde o temprano, a su último capítulo. Después de atravesar mundos imposibles, viajar por el espacio y el tiempo, enfrentarse a dragones, héroes, imperios y criaturas fantásticas, la FSO alcanza el final de su recorrido con Juego de Tronos, una ejemplar historia de viajes. Sus personajes atraviesan continentes, abandonan sus hogares, buscan su lugar en el mundo, regresan, se pierden y vuelven a encontrarse.
Las primeras notas de la música de Ramin Djawadi anuncian que ha llegado el momento final. Una melodía que comienza casi contenida y va creciendo hasta convertirse en una poderosa marcha, como si todos los caminos recorridos desembocaran finalmente en este último escenario.
Pero ese no es el final porque la Odisea continúa. Madrid ha sido el punto de partida, pero este recorrido acaba de comenzar. La FSO tiene por delante muchos meses y decenas de escenarios para completar esta emocionante travesía: Valencia, Barcelona, Valladolid, Torremolinos, Murcia… Feliz viaje!