Se cumplen 5 años de la erupción del volcán de La Palma
- Visitamos algunos de los lugares afectados por la erupción del volcán de La Palma
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Este sábado 19 de septiembre se cumplen 5 años de la erupción del volcán Tajogaite, también conocido como Cumbre Vieja, la octava desde que se tienen registros históricos en La Palma, a partir del siglo XV. En Aquí la Tierra repasamos cómo fueron aquellos momentos y revisitamos algunos de los lugares que conocimos en aquellos meses de 2021.
Todas se han ubicado en la mitad sur de la isla, salvo el dominio de Taburiente, que está al norte y está inactivo. Tacande, Tehuya, Martín, San Antonio, El Charco, San Juan, Tenequía y, por supuesto, Tajogaite, la más reciente, la más larga, extendiéndose a lo largo de 85 días, y, por supuesto, la que más daños ha provocado.
Cinco años de la erupción del volcán Tajogaite
Todo comenzó a las 15:13 hora insular del 19 de septiembre de 2021, tras registrarse veintiséis mil terremotos, el Tajogaite empezó a escribir su propia historia, expulsando lava a la superficie a través de ocho bocas eruptivas diferentes, ubicadas en dos grandes fisuras separadas entre sí por unos 200 metros.
Las coladas de lava, con su característica viscosidad y a una temperatura de más de 1000 grados, fueron avanzando por la abrupta orografía de la isla a una velocidad media de 0,7 km/h, o sea, 700 metros por hora, buscando su salida hacia el Océano Atlántico. No obstante, en los tramos con más desnivel, la lava llegó a moverse a 40 km/h. Tanto es así que solo una semana después del inicio de la erupción, el 26 de septiembre, 5 minutos antes de las 6 de la tarde, la lengua de lava destruyó el barrio de Todoque, en el municipio de los Llanos de Aridane, dejándonos una de las imágenes que más recordamos: la caída del campanario.
Dos días después, el 28 de septiembre sobre las 23:00, hora canaria, la primera colada de lava llegó al Océano en el municipio de Tazacorte, precipitándose a través de un acantilado de unos 200 metros de altitud. El contacto de la lava, a más de 1000ºC, con el agua del mar a unos 23, generó columnas de vapor y gases potencialmente nocivos. Así se comenzó a formar un primer delta lávico o fajana. No obstante, un mes y medio después, concretamente el 11 de noviembre, aumentó ligeramente su tamaño por el sur, cuando se fusionó con otra colada de menor magnitud. Por tanto, esta primera fajana quedó constituida con una extensión final de casi cuarenta y cuatro hectáreas ganadas al mar.
La segunda fajana llegó catorce días después, el 25 de noviembre. Fue más pequeña, de unas cinco hectáreas y en un punto situado dos kilómetros al norte.
El principio del fin
El 13 de diciembre, a las 22:30, tras 85 días y 8 horas de actividad ininterrumpida, desapareció por completo la señal de tremor volcánico. En ese momento, el Gobierno de Canarias dio por finalizado el episodio con un balance total de daños que ascendió a 842 millones de euros, 1.200 hectáreas cubiertas por la lava, 74 kilómetros de carreteras sepultadas, 2988 edificaciones destruidas, 400 explotaciones agrícolas y ganaderas afectadas y una emisión a la atmósfera de dióxido de azufre de 250 mil toneladas. Precisamente, una persona falleció por inhalación de gases al ir a alimentar a sus animales y siete mil tuvieron que ser evacuados de manera preventiva. Cinco años después, las heridas comienzan a cicatrizar.
Curando las heridas que causó el volcán
Cinco años después volvemos a Los Llanos de Aridane, donde se encuentra la finca de Víctor. “Cinco años después el paisaje sigue siendo desolador”, reconoce Nadia Kolotushkina en su visita por las tierras de Víctor, un agricultor de la zona que ve como sus plantaciones de plátanos quedaron sepultadas por toneladas de lava.
Fue en 2021 cuando visitamos a Víctor y vimos cómo luchaba por salvar sus tierras. En aquel momento la arena caía del cielo sin que hubiese forma de poder evitarlo. Ahora sus plátanos vuelven a crecer como si no hubiese pasado nada, pero detrás de eso hay un enorme trabajo de Víctor y compañía, que con mucha constancia han devuelto la normalidad a parte de sus plantaciones.
También hemos visitado a Julio César Leal, dueño de Quesos Tajogaite, que vivió una situación bastante similar. “Allí estaba mi casa, mi quesería, mis cabras…”, dice Julio señalando a un montón de laza. Ahora ha podido reconstruir su vida y su negocio, y sus quesos siguen creciendo gracias a la materia prima de calidad que tiene: sus cabras, que producen el mejor queso posible.
Él tiene claro lo que ha aprendido de toda esta experiencia: “La vida es un día y en cualquier momento te quedas sin nada, te quedas sin vida, y tienes que disfrutar lo que haces y lo que tienes”.