La boda veneciana de Jeff Bezos y Lauren Sánchez está siendo un espectáculo grandioso y hortera. Y ejemplifica muy bien un comportamiento curioso: millonarios que, cuando ya lo tienen todo, aspiran a ser famosos. Muy famosos.
Bezos no es el único magnate de la tecnología muy popular. Bill Gates, Steve Jobs o Mark Zuckerberg también son extremadamente conocidos. Pero el caso de Bezos es singular: él está comportándose casi como una estrella del pop mientras que los otros tres tienen una relación contradictoria con la fama.
Porque, no olvidemos esto nunca, un gran número de las grandes fortunas del planeta son anónimas. Esas listas de los más ricos del mundo que consumimos con avidez están cojas: faltan nombres. Y no podemos desmentir que otros incluso paguen por figurar en esos rankings.
Precisamente la misma semana en la que Jeff Bezos se casa, Bernard-Henri Pinault, dueño y gestor de Kering, el holding que controla Gucci o Balenciaga, se aparta de la dirección de su empresa y pone al frente a Luca de Meo, un hombre gris. HAce unas semanas se hizo viral una foto de Pinault con su esposa actual y su ex, ambas madres de hijos suyos. Y ambas señoras, digamos, conocidas: Salma Hayek y Linda Evangelista. Pero teniendo todas las cartas para ser famosísimo, Bernard-Henri Pinault preferiría no serlo.