Vamos al cine ¿Pero qué pasa con Bach?05/04/2018
TP

Como se han cumplido 333 años desde el nacimiento de una figura cumbre de la cultura occidental, nos acercamos a su lado más oscuro...en el cine. En la década de los 90 del pasado siglo, se insistió en asociar a Johann Sebastian Bach con asesinos. Escucharemos a Hannibal Lecter a través de las Variaciones Goldberg, en versión de Uri Caine (El silencio de los corderos, 1991). Iremos a la Biblioteca Pública de Nueva York con la Suite en re mayor, BWV 1068 en la voz de Bobby McFerrin y el violonchelo de Yo-Yo Ma (Seven, 1995). En la Alemania nazi escuchamos la Suite inglesa, nº 2 en la menor, BWV 807, en las manos de Glenn Gould (La lista de Schindler, 1993). Para el desequilibrado Mr. Ripley tenemos que escuchar el aria para bajo Mache dich mein Herze rein, de La Pasión según San Mateo, BWV 244 (El talento de Mr. Ripley, 1999). Y dos secuestradores en serie de jóvenes mujeres que obligan a éstas a interpretar la Partita para violín, nº 1, en re menor, BWV 1004 (El coleccionista de amantes, 1997), en la versión de la violinista Rachel Barton Pine. Y cerramos con ¿algo de alegría? y sin asesinos de por medio: en versión de jazz y flamenca escuchamos la Tocata y fuga para órgano, BWV 565: Charl du Plessis Trio y Ara Malakian junto al guitarrista José Luis Montón.

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